} EL CAMINO: LA SALVACIÓN ES POR FE EN JESUCRISTO

miércoles, 11 de febrero de 2026

OLVIDANDO, PARA CAMINAR HACIA CRISTO

 

 (Este texto ha sido publicado en Publicaciones y Artículos de la pagina web de la Iglesia Evangélica de Bonhome donde nos congregábamos hace unos años. A pesar de reunirnos en otra congregación, sigo  enviando los archivos de Biografía y Efemérides para esa web cada quince días, para bendición y edificación de los hermanos en la fe.)

 

 

Filipenses 3:13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,

 

REFLEXIÓN

La más grande Creación de Dios, sin lugar a dudas, es la mente humana.

Me atrevería a decir que el más extraordinario de los diseños de la mente humana, ha sido la memoria de nuestro cerebro. Para que nos hagamos una idea de esa maravillosa creación de Dios, baste decir que esa parte del cerebro humano utiliza 800 terabytes por segundo durante la vida media de una persona de 75 años. Aquellos que entienden algo de informática serán capaces de imaginar lo que esto significa, y las magnitudes a las que nos enfrentamos. Si a esto añadimos que las mentes más prodigiosas como Newton, Einstein, Fleming...etc. sólo utilizaron entorno al ocho por ciento de esa capacidad de la mente, nosotros, los comunes de los mortales no alcanzamos el dos por ciento, y muchos ni eso. Podríamos decir que la mente humana es la computadora más potente jamás diseñada, que nunca el hombre podrá imitar y menos conocer en su totalidad. Entonces, siguiendo con el símil, el disco duro que nuestro Diseñador ha implantado como memoria tiene una capacidad de almacenamiento casi ilimitado, porque el cien por cien seria el límite.

La memoria, como cualquier otro músculo del cuerpo, si no se ejercita se acaba atrofiando y perdiendo su capacidad. Se va viciando y termina degenerando. Ahora creo entender lo que Dios quiso enseñarle a Josué en 1:8-9:

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. 9 Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.

 

2

Memorizando día y noche la Palabra de Dios en la Biblia, para que quede guardada en nuestra memoria, para que no sea algo volátil que leemos y olvidamos, sino que sea almacenada y archivada en nuestro corazón; entonces Dios promete prosperarnos en nuestros caminos y nos irá bien en todo aquello que emprendamos.

Reconozco que he tardado en entender todo esto y que a mi edad ya es más complicado absorber y retener tantas cosas que debiera haber aprendido cuando me convertí. Por eso, hago hincapié en mis hijos que están en una edad con mentes vírgenes, su disco duro está limpio de basura y vivencias, para que memoricen versículos de la Palabra de Dios, los obedezcan y guarden como oro fino. Les repito hasta la saciedad, e insisto en que aprendan a retenerla porque así tendrán su mente guiada por la Palabra de Dios, el Espíritu Santo gobernará sus vidas y estará tan grabada que jamás nadie podrá borrarla.

Así como se graba la sana doctrina en ese disco de nuestra memoria, también se van entallando las ofensas y todo aquello que ha lastimado nuestro corazón; todo aquello que la gente nos ha hecho en el pasado; todas las malas experiencias de una religión idolátrica y las calumnias recibidas por apostatar del catolicismo; todos los vicios adquiridos que llegaron a formar un carácter; los recuerdos de aquella mala doctrina que hombres ávidos de ganancias nos enseñaron cuando éramos recién convertidos; los recuerdos de una vida errada...todo aquello que ha quedado tallado en la memoria, va a ser utilizado por Satanás para atacar nuestra mente, sembrar dudas de nuestra conversión, negar que hemos nacido de nuevo, va usar todo su engaño contra nosotros.

Entonces cabe preguntarse ¿Cómo podemos olvidar todo el pasado?

En la Palabra de Dios en la Biblia podemos leer cuatro pasajes que nos ayudaran a responder a esta pregunta, para librarnos de la pesada carga del pasado.

El primero de ellos está en 1aCorintios 13:4-5: 4 El que ama tiene paciencia en todo, y siempre es amable. El que ama no es envidioso, ni se cree más que nadie. No es orgulloso. 5 No es grosero ni egoísta. No se enoja por cualquier cosa. No se pasa la vida recordando lo malo que otros le han hecho. (Versión:Traducción Lenguaje Actual)

 

3

Vemos al final de este último versículo como nos clarifica que significa olvidar: “No se pasa la vida recordando lo malo que otros le han hecho”. En otras versiones de la Biblia se traduce el final del versículo 5 por: El amor no lleva cuenta de las ofensas. (Palabra de Dios para Todos) no toma en cuenta el mal recibido. (NBLH Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy) (La Biblia de las Américas) no guarda rencor; (RV60)

 

-Hoy no tenemos escusa para poder aprender de diferentes versiones bíblicas, la riqueza de las palabras originales, griego, hebreo y arameo, ya que contamos con los medios que nos proporciona internet, y si algo de bueno tiene es para empaparse hasta la médula de la Palabra de Dios en diversas versiones. Lo que ocurre es que nos hemos hecho demasiado cómodos. No es de extrañar que el Señor nos esté espoleando, esté espabilando a una iglesia que se está quedando dormida.-

 

Leímos que aquellas personas que no se pasan la vida recordando y lamentándose de su pasado, han comenzado a olvidar. Pero si estás viviendo en el pasado, trayendo a la memoria lo que te ha ocurrido eres propenso a guardar rencor, este engendra la amargura y esta genera la depresión. No perdonar significa, no olvidar. Y eso, créanme, lo sé por experiencia, lo he vivido y padecido y es terrible para uno mismo y para las personas que te rodean; llegas a tomar decisiones en medio de la depresión, que son fruto de las tinieblas, erróneas y fatales. Gracias a Dios que actuó e intervino cuando fue el tiempo, Su tiempo, para librarme de aquel infierno en que yo solito me había metido.

Las vivencias personales son un testimonio de primera mano para transmitir a otras personas para que no caigan en la misma situación, y si caen se refugien en la Palabra de Dios y el Señor acudirá en su auxilio, Él nunca deja tirado a un hijo que le llama. Todos hemos hecho cosas de las que nos avergonzamos y vivimos en la tensión de lo que hemos sido y de lo que queremos ser. Como nuestra esperanza está en Cristo, sin embargo, podemos olvidar la culpa pasada y proyectarnos a lo que El nos ayudará a ser. No nos estanquemos en el pasado.

Más bien, crezcamos en el conocimiento de Dios, concentrándonos en nuestra relación con Él ahora. Sabiendo que hemos sido perdonados vayamos en dirección a una vida de fe y obediencia. Proyectándonos hacia una vida plena y de mayor significado gracias a nuestra esperanza en Cristo.

 

Prosigamos con el segundo texto.

 Este lo hayamos en el Salmo 119:165 Mucha paz tienen los que aman tu ley, Y no hay para ellos tropiezo.

Las personas que aman la ley de Dios, los cristianos que meditan la Palabra de Dios en la Biblia día y noche, piensan en ella durante sus quehaceres, y la ponen en práctica en sus vidas, estarán tan ocupados en ella que no tendrán tiempo de perder un momento en algo del pasado que no pueden cambiar; estarán tan llenos de la Paz de Dios que no es posible quepa otro sentimiento que no sea de amor al prójimo; que haya siquiera un resquemor por algo que te hicieron; no reaccionas tan fácilmente ante las ofensas y cuando vienen las calumnias y agravios, por así decirlo, te resbalan. Porque la Paz de Dios interior que gobierna tu mente es más poderosa que cualquier intento de agresión externa.

 

El tercer pasaje que nos ayuda a comprender mejor que significa: olvidar el pasado, lo encontramos en Mateo 7:1-5 1 »No se conviertan en jueces de los demás, y así Dios no los juzgará a ustedes. 2 Si son muy duros para juzgar a otras personas, Dios será igualmente duro con ustedes. Él los tratará como ustedes traten a los demás. 3 » ¿Por qué te fijas en lo malo que hacen otros, y no te das cuenta de las muchas cosas malas que haces tú? Es como si te fijaras que en el ojo del otro hay una basurita, y no te dieras cuenta de que en tu ojo hay una rama. 4 ¿Cómo te atreves a decirle a otro: “Déjame sacarte la basurita que tienes en el ojo”, si en tu ojo tienes una rama? 5 ¡Hipócrita! Primero saca la rama que tienes en tu ojo, y así podrás ver bien para sacar la basurita que está en el ojo del otro. (TLA Traducción Lenguaje Actual)

 

Cuando criticamos a los demás por lo que nos han hecho, debemos recordar que nosotros no somos perfectos y que siempre habremos dañado a nuestros semejantes de un modo u otro. Si perdonamos el mal recibido podremos olvidar y Dios que ve nuestros corazones, ayudará a todos los que hicimos daños para que ellos nos perdonen y olviden nuestras ofensas. Según sembremos así recogeremos.

 

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Y el cuarto pasaje lo vamos a leer en Filipenses 3:12-14 12 Con esto no quiero decir que yo haya logrado ya hacer todo lo que les he dicho, ni tampoco que ya sea yo perfecto. Pero sí puedo decir que sigo adelante, luchando por alcanzar esa meta, pues para eso me salvó Jesucristo. 13 Hermanos, yo sé muy bien que todavía no he alcanzado la meta; pero he decidido no fijarme en lo que ya he recorrido, sino que ahora me concentro en lo que me falta por recorrer. 14 Así que sigo adelante, hacia la meta, para llevarme el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Jesucristo. (TLA Traducción Lenguaje Actual)

 

En este capítulo 3, Pablo enumera sus logros personales, sus alcances teológicos lo que el obtuvo antes de convertirse a Cristo. Su “Curriculum Vitae” era impresionante. Pero Pablo estimó todo aquello como, basura, por conocer a Cristo. Pablo fue capacitado por el Señor Jesús para reconocer sus debilidades, carencias e imperfecciones y lo deja muy claro en tres pensamientos para mí claves: no he alcanzado la meta; no fijarme en lo que ya he recorrido; me concentro en lo que me falta por recorrer.

Reconoce que es vulnerable, que necesita olvidar el pasado para avanzar hacia la meta, y se centra sólo en el conocimiento y la expansión de la Palabra de Dios.

Cuando veo a diaria cuantas son mis carencias a la luz de la Palabra de Dios en la Biblia, cuando descubro aquellas debilidades que la Palabra saca a la luz, cuando veo todos mis pecados que sólo pueden ser borrados por la preciosa sangre de Cristo, cuando veo las miserias que arrastro en mi cuerpo carnal, reconozco que nada bueno puede salir hacia los demás mientras no me entregue de forma absoluta a la voluntad de Dios Padre para que el obre en mí a su antojo. Le pertenezco, sin Él nada soy.

Sabiendo esto, dejemos y olvidemos el pasado, con nuestros logros y fracasos,

Ese lastre debe ser arrojado de nosotros para que no impida ni ralentice nuestro caminar hacia la meta que es Cristo Jesús.

En Isaías 54:4 »No tengas miedo, pues no te insultarán ni pasarás vergüenza. Cuando eras joven pasaste la vergüenza de no tener hijos. Después te quedaste sola como una viuda. Pero no volverás a acordarte de tu vergüenza, 5 porque Dios es tu creador y te tomará por esposa. »El Dios santo de Israel es tu salvador; es el Dios todopoderoso y reina en toda la tierra.

 

Debo confesar, como he relatado en otros capítulos de este blog, que sé lo que produce guardar rencor, sentir amargura y llegar a la depresión e intentar acabar con tu vida. Por eso deseo que nadie tenga que pasar por esa situación de tinieblas, de pecado. Para poder perdonar, poder olvidar, el Señor y Su Palabra tienen que intervenir, para salir de esa situación en la que me encontré. Dios ha intervenido en mi vida de forma milagrosa, lo que para el ser humano es imposible, para Dios es posible cuando dejas de luchar con tus fuerzas y te rindes a Él. Entonces actúa a tiempo y según Su Soberanía; todo está bajo su control. Lo único que sé con certeza, es que el Señor ha reemplazado todos los recuerdos y pensamientos del pasado, con Su Presencia. Lo sé porque todo aquello ha desaparecido, el pasado doloroso y cruel que me carcomía hace años, se ha esfumado de mi memoria, todo gracias a Dios.

La presencia de Dios, en mi vida y en tu vida, es la que hace que olvidemos el pasado.

En la medida en que seamos llenos del Espíritu, en la medida que sea lleno de Dios, es la medida en que podré, con su ayuda, olvidar el pasado, perdonar y proyectarme hacia la meta: Cristo Jesús. Llegaremos a decir que hemos olvidado, cuando reconozcamos que estamos aprendiendo a rehusar recordar el pasado, hasta que no sea enterrado con Cristo, no dejará de existir. El que ya está en Cristo nueva criatura es, las cosas viejas están enterradas y jamás Dios las traerá a Su memoria las cosas pasadas.

¿Por qué entonces le permitimos al diablo recordarnos el pasado? Es astuto y sutil, pero cuando el diablo nos diga: ¿Recuerdas lo que hiciste en tal día? No entremos a su juego y respondámosle: ¡Pues te yo voy a recordar lo que te espera en el Juicio de Dios, según la Palabra de Dios en la Biblia!

 

Por último, me atrevo a decir, que al olvidar el pasado, al desaparecer de mi mente, comprendo lo vulnerable que soy, ante el rencor y la falta de perdón de otras personas que vivan ancladas en el pasado. Olvidar todo aquello, me capacita para comprender mejor a otras personas, a otros hermanos. Al no guardar ningún rencor contra nadie, podré ser compasivo, comprensivo y misericordioso con el prójimo para entender las conductas y poder ayudar.

Olvidar me ha liberado para vivir el presente y el mañana, en lugar de atarme a pasado. El conocimiento de la Palabra de Dios en la Biblia ha pasado a formar mi vida, en ella encuentro la guía, la prudencia, la sabiduría necesarias para vivir conforme a la Voluntad de Dios

El que corre una carrera nunca debe detenerse antes de la meta, debe seguir adelante tan rápido como pueda, de esta manera, los que tenemos el cielo en nuestra mira, debemos aún seguir adelante en santo deseo, esperanza y esfuerzo constante. La vida eterna es la dádiva de Dios, pero está en Cristo Jesús, debe venirnos por medio de su mano, de la manera que Él la logró para nosotros. No hay forma de llegar al cielo como a nuestra casa, sino por medio de Cristo nuestro Camino. Los creyentes verdaderos, al buscar esta seguridad y al glorificarlo, buscaremos más de cerca parecernos a Él en sus padecimientos y muerte, muriendo al pecado y crucificando la carne con sus pasiones y concupiscencias. En estas cosas hay una gran diferencia entre los cristianos verdaderos, pero todos conocemos algo de ellas. Los creyentes hacemos de Cristo nuestro todo en todo y ponemos los corazones en el otro mundo. Si  diferimos unos de otros, y no tenemos el mismo juicio en cuestiones menores, aún así, no debemos juzgarnos unos a otros, porque todos nos reunimos ahora en Cristo y esperamos reunirnos en el cielo en breve. Que nos unamos en todas las cosas grandes en que concordemos y esperemos más luz en cuanto a las cosas menores en que no estamos de acuerdo.

A los enemigos de la cruz de Cristo no les importa nada, sino sus apetitos sensuales. El pecado es la vergüenza del pecador, especialmente cuando se gloría en eso. El camino de los que se ocupan de las cosas terrenales puede parecer agradable, pero la muerte y el infierno están al final. Si elegimos el camino de ellos, compartiremos su final.

La vida del cristiano está en el cielo donde está su Cabeza y su hogar, y donde espera estar dentro de poco tiempo, pone sus afectos en las cosas de arriba y donde esté su corazón, ahí estará su tesoro.

Hay gloria reservada para los cuerpos de los santos, gloria que se hará presente en la resurrección. Entonces el cuerpo será hecho glorioso, no sólo resucitado a la vida, sino resucitado para mayor ventaja. Estemos siempre preparados para la llegada de nuestro Juez; esperando tener nuestros cuerpos viles cambiados por su poder todopoderoso, y recurriendo diariamente a Él para que haga una nueva creación de nuestras almas para la piedad, para que nos libre de nuestros enemigos y que emplee nuestros cuerpos y nuestras almas como instrumentos de justicia a su servicio.

lunes, 9 de febrero de 2026

ESTUDIO LIBRO GÉNESIS 18; 1-5


Gen 18:1  Se le apareció Yahvéh a Abraham en el encinar de Mamré. Abraham estaba sentado a la entrada de la tienda, a la hora de más calor del día.

Gen 18:2  Alzó los ojos y vio a tres hombres de pie delante de él. En cuanto los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de la tienda, se postró en tierra,

Gen 18:3  y dijo: Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, ruégote no pases de largo junto a tu siervo.

Gen 18:4  Se traerá un poco de agua, os lavaréis los pies y os recostaréis debajo del árbol.

Gen 18:5  Traeré un bocado de pan y repondréis fuerzas; después seguiréis, ya que para eso habéis pasado junto a vuestro siervo. Ellos contestaron: Haz como has dicho.  

 

La escena con la que se inicia este capítulo resulta familiar para quien observa la vida nómada en Oriente. Bajo el calor abrasador y la luz cegadora del mediodía, mientras las aves buscan la espesura y los animales salvajes jadean en la espesura, todo está quieto y silencioso como la medianoche, Abraham se sienta a la puerta de su tienda bajo la frondosa encina de Mamre. Apático, lánguido y soñador como estaba, la repentina aparición de tres desconocidos lo despertó de inmediato, despertándolo por completo. Por notable que sin duda fuera su aparición, parece que Abraham no reconoció el rango de sus visitantes; fue, como dice el autor de Hebreos, «sin darse cuenta» que hospedó a ángeles. Pero cuando los vio de pie, como si invitaran a descansar, los trató como la hospitalidad exigía tratar a cualquier viajero. Se puso de pie de un salto, corrió, se postró en tierra y les rogó que descansaran y comieran con él. Con la extraordinaria, y como a nuestra naturaleza más fría le parece extravagante, cortesía de un oriental, este valora al mínimo las comodidades que puede brindar; solo puede darles un poco de agua para lavarles los pies, un trozo de pan para ayudarlos en el camino, pero le harán un favor si aceptan estas pequeñas atenciones. Sin embargo, da mucho más de lo que ofreció: busca el ternero cebado y sirve mientras sus invitados comen. Toda la escena es primitiva y oriental, y «presenta una imagen perfecta de la manera en que un jeque bedawee moderno recibe a los viajeros que llegan a su campamento»; la rápida cocción del pan, la celebración de la llegada de un invitado con la matanza de un animal que en otras ocasiones no se usa ni siquiera por los grandes pastores; la comida servida al aire libre, las negras tiendas del campamento extendiéndose entre los robles de Mamre, cada espacio disponible lleno de ovejas, asnos y camellos; todo es una de esas imágenes nítidas que solo la simplicidad de la vida primitiva puede producir. No solo como una introducción adecuada y atractiva que asegure nuestra lectura, la narración subsiguiente registra la hospitalidad con la que Abraham recibió a estos tres. Escritores posteriores vieron en ella una imagen de la belleza y la recompensa de la hospitalidad. Es muy cierto, en efecto, que las circunstancias de una vida pastoral errante son particularmente favorables para el cultivo de esta gracia. Los viajeros, al ser los únicos portadores de noticias, son recibidos tanto por un deseo egoísta de recibir noticias como por motivos más nobles. La vida en tiendas, también, necesariamente hace a los hombres más libres en sus modales. No tienen puerta que cerrar, ni habitaciones interiores a las que retirarse; su vida transcurre al aire libre, y su carácter tiende naturalmente a la franqueza y a liberarse de las sospechas, los temores y las restricciones de la vida urbana. En particular, la hospitalidad se considera la virtud indispensable, y su violación es tan culpable como la violación del sexto mandamiento, porque rechazar la hospitalidad equivale en muchas regiones a someter al viajero a peligros y penurias bajo las cuales es casi seguro que sucumba.

Aun así, por supuesto, estamos obligados a incorporar a nuestra vida todas las sugerencias de conducta bondadosa que cualquier otro estilo de vida nos brinda. Y el escritor a los Hebreos se refiere con precisión a esta escena y dice: "No olvidemos hospedar a extraños, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles". Y a menudo, de una manera bastante prosaica e incuestionable, se le hace evidente al anfitrión que el invitado que ha estado hospedando ha sido enviado por Dios, un ángel que ciertamente ministra a su salvación, renovando en él pensamientos que se habían ido apagando, llenando su hogar de luminosidad y vida como la sonrisa del propio rostro de Dios, suscitando sentimientos bondadosos, incitándolo al amor y a las buenas obras, ayudándolo eficazmente a seguir adelante y haciendo una etapa más de su vida soportable e incluso bendecida. Y no es de extrañar que nuestro Señor mismo haya inculcado continuamente esta misma gracia; pues durante toda su vida y por su dolorosa experiencia, los hombres fueron puestos a prueba para ver quién de ellos acogería al extraño. Él, que se hizo hombre por poco tiempo para consagrar para siempre la morada de Abraham y dejar una bendición en su casa, ahora se ha hecho hombre para siempre, para que aprendamos a vivir con cuidado y reverencia una vida cuyas circunstancias y condiciones, cuyas pequeñas sociabilidades y deberes, y cuyas grandes pruebas y tensiones, Él encontró aptas para servir al Padre. Este tabernáculo de nuestro cuerpo humano, por su presencia, se ha transformado de una tienda a un templo, y este mundo y todos sus caminos que Él aprobó, admiró y en los que anduvo, son tierra santa. Pero así como vino a Abraham confiando en su hospitalidad, sin enviar ante él, una legión de ángeles para venerar al patriarca, pero presentándose como un simple caminante, vino a los suyos e hizo su entrada entre nosotros, reclamando solo la consideración que exige para los más pequeños de su pueblo, y concediendo a quien se la ofreciera el descubrimiento de su naturaleza divina. Si hubiera habido hospitalidad ordinaria en Belén aquella noche antes del censo, una mujer en la condición de María habría sido atendida y no arrojada con arrogancia entre el ganado, y nuestra raza se habría librado del eterno reproche de negarle a su Dios una cuna para nacer y dormir su primer sueño, como le negó un lecho para morir y le dio la oportunidad de proporcionarle una tumba para dormir su último sueño. Y aun así, Él viene a todos nosotros, exigiendo de nosotros esta gracia de hospitalidad, no solo a quien nos pide un vaso de agua fría y a quien nuestro Señor mismo personificará en el último día y dirá: «Fui forastero y me acogisteis»; sino también con respecto a las exigencias de nuestra recepción que solo Él en su propia persona hace.

Este incidente en la vida de Abraham pretendía mostrar cómo Dios se reveló aún más, pero al mismo tiempo nos ofrece un ejemplo del deber de hospedar a los extraños, de mostrar hospitalidad a quienes necesitan tales oficios. Por supuesto, hay que tener en cuenta las diferentes condiciones de edad, país y costumbres, pero el principio del deber en sí es claro. La hospitalidad se presenta aquí como un deber que puede considerarse en tres aspectos:

1. Como un deber común. La hospitalidad puede considerarse como uno de los deberes comunes de la humanidad como tal, un deber que puede considerarse al margen de toda sanción religiosa. Puede surgir simplemente de un sentimiento natural de bondad, del instinto de compasión, y no buscar más allá de los intereses de este mundo presente. Hay deberes que los hombres se deben unos a otros, y que pueden considerarse únicamente con referencia a la sociedad. Los oficios de bondad promueven el bienestar de la sociedad y aumentan la felicidad humana. Hacen más tolerables los males de la vida. Si este mundo lo fuera todo, los hombres podrían ser amables entre sí por pura utilidad. La estricta adhesión a lo que la mera justicia exige entre los hombres no basta para la felicidad humana. Existe una ley superior de amor por la cual estamos tan obligados a hacer el bien a los demás como a no dañarlos, a satisfacer sus necesidades como a no robarles, a curar sus heridas como a no herirlos con el puño de la maldad. Hay deberes que se deben a la humanidad como tal. Por lo tanto, cuando alguien se niega a salvar la vida de un semejante o a prestar ayuda en una necesidad repentina y extraordinaria, decimos que su conducta es inhumana. El frío sentimiento de justicia no puede obligar a nadie a tales actos de bondad. Estos deben dejarse a los instintos comunes del corazón humano. Pero aunque tales obras de amor son hermosas en sí mismas y útiles, pueden realizarse independientemente de nuestra relación con Dios y el futuro. Podemos mostrar bondad a un hombre por el impulso de un sentimiento exactamente igual al que nos impulsa a mostrar bondad a un sabueso o a un caballo. Existe una caridad humana que no supera los intereses humanos y presentes. Es una bondad amorosa que no es mejor que la vida.

II. Como deber de piedad. En el caso de un hombre religioso, no puede haber deberes que se contengan en sí mismos y que no tengan referencia a nada más allá de ellos. Para él, todos los deberes tienen en cuenta el placer y la voluntad de Dios. Por lo tanto, miran más allá de los intereses humanos y de este mundo transitorio. Son deberes hacia Dios al mismo tiempo que hacia el hombre. Para el hombre religioso no se puede hacer una verdadera separación entre estos. No se puede aislar ninguna partícula de materia en el universo de modo que no sea influenciada por ninguna otra. De igual manera, no se pueden aislar los deberes de un creyente en Dios, pues todos están influenciados por una fuerza y ​​una tendencia constantes. Por lo tanto, la moral enseñada a los judíos en sus libros sagrados era superior, en este aspecto, a la de las naciones circundantes, pues inculcaban deberes porque estos agradaban a Dios. El hombre debe amar a su prójimo, no solo como un ser humano con ciertas relaciones con la sociedad, sino como alguien que también mantiene ciertas relaciones con Dios, y que, por lo tanto, debe ser amado por amor a Dios. Abraham fue el tipo del creyente, y su hospitalidad, por lo tanto, se ofreció con espíritu religioso. Esta visión del tema ennoblece todos los deberes:

1. En su forma. Abarcan un alcance más amplio y contemplan asuntos más elevados y nobles. Las virtudes se transfiguran en gracias y hacer el bien en bendición.

2. En su motivación. Se refieren continuamente a la voluntad y beneplácito de Dios. Se aprueban a sí mismos ante la más alta Voluntad y Presencia personal del universo. Así, todo deber se convierte en el servicio amoroso del buen Dios, quien solo desea lo mejor.

3. Se desarrollan las mejores cualidades del alma. La conducta de Abraham aquí se caracterizó por el amor, la humildad y la reverencia. Recibió a los extranjeros con amabilidad y les ofreció sus mejores provisiones. Fue cortés en su comportamiento y humilde en su trato con aquellos cuya superioridad evidentemente lo impresionaba. Estas son las gracias más selectas del alma humana y preparan al hombre para el servicio y la adoración a Dios. Cumplir con nuestro deber según el principio más elevado de todos es trabajar a la luz misma del rostro de Dios, donde las cosas más nobles del alma reviven y florecen.

III. Como un deber que profetiza algo más allá de sí mismo. El hecho de que Dios tenga una relación eterna con las almas de los creyentes imparte una solemne grandeza y significado a todas sus acciones. Las más pequeñas acciones realizadas por amor a Dios adquieren una importancia ilimitada. La acción de María, que se elogia en el Evangelio, fue bastante sencilla. Rompió una vasija de ungüento costoso y lo derramó sobre la cabeza de Jesús. Pero Él atribuyó a esa acción un propósito de gran alcance del que ella no tenía conocimiento. Sospecha. «Se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura» (Marcos 14:8). Por lo tanto, hay una profecía de cosas mayores en las acciones realizadas por fe y amor a Dios. El corazón amoroso alberga profundidades infinitas, completamente desconocidas para él mismo, hasta que la luz de Dios nos permite ver más profundamente en ellas. Así como el genio no siempre sabe todo lo que dice, el corazón fiel y amoroso no siempre puede expresar lo que contiene. Tal fue el caso de Abraham en esta historia. Su deber se eleva rápidamente en la forma y el significado del mismo.

1. Recibe a los hombres según los principios de la hospitalidad común. Vio a tres hombres y les rindió el respeto que merecía su estilo y apariencia. Los trata al principio como visitantes distinguidos, pero aún como hombres.

2. Recibe ángeles. Después de un tiempo, comprende la verdad de que son seres celestiales. En realidad, según el escritor de la Epístola a los Hebreos, “hospedó ángeles sin saberlo” (Hebreos 13:2). Su acción se extiende así al cielo.

3. Hospedó a Dios. Con los extranjeros, recibe al Señor mismo. Su deber, por lo tanto, alcanza al Altísimo. Literalmente, lo ha hecho todo para Dios.

El servicio de todo creyente, en cualquier deber, debe llegar a esto al final. El caso de Abraham fue peculiar en cuanto a la forma de esta visitación; sin embargo, lo mismo le ocurre a todo hombre espiritual. Sus acciones, en última instancia, tocan a Dios. Jesús dice de los pequeños actos de bondad realizados por los necesitados en su nombre: “A mí me lo hicisteis” (Mateo 25:40). Todo lo que es como Dios conduce finalmente a él. Las obras de amor, aunque se hagan para el bien de los hombres, en realidad se rinden a Dios. Para el creyente, cada deber se convierte en un servicio personal al Señor.

 

Yahvéh se le apareció. En los campos de Mamre. Literalmente, en los robles de Mature. Y se sentó a la puerta de la tienda. Literalmente, en la abertura de la tienda, un pliegue del cual estaba fijado a un poste cercano para dejar entrar el aire. En el calor del día, es decir, el mediodía, como el frescor del día o el viento del día, significa el atardecer. «El término habitual para mediodía es Tsohari, es decir, el momento de ‘doble o máxima luz’, mientras que una expresión más poética es ‘el apogeo del día’ (Proverbios 4:18), ya sea porque entonces el sol ha alcanzado su posición más exaltada, o porque parece estar detenido en el cenit»

Entre los orientales, el mediodía es el momento del descanso,y la hora de la cena. En este caso, el patriarca probablemente había cenado y estaba descansando después de la cena, pues, a la llegada de sus visitantes, debían comenzar los preparativos para su entretenimiento.

Y alzó los ojos y miró, y he aquí que tres hombres estaban junto a él. No además de, sino incluyendo a Yahvéh, cuya aparición al patriarca, habiendo sido enunciada de forma general en el versículo anterior, se describe ahora detalladamente:   

1. Su apariencia. Aparentemente tres hombres, en realidad eran tres ángeles, o, más correctamente, Jehová acompañado de dos asistentes celestiales, quienes, en un momento inesperado, se dirigían a la tienda de Abraham. Así también los hogares de los santos son frecuentemente visitados por ángeles sin que ellos se den cuenta (Hebreos 1:14¿Y qué son todos ellos sino espíritus al servicio de Dios, enviados para servir a los que van a heredar la salvación?  ), y, aún mayor honor, por aquel que los considera sus ministros (Salmos 8:4 ¿qué es el hombre, para que tú te acuerdes de él, el hijo de hombre, para que de él te ocupes?).

2. La recepción que recibieron. En cuanto Abraham percibió su llegada, se apresuró a saludarlos con el más respetuoso y cortés saludo, al más puro estilo oriental, arrodillándose e inclinándose hasta tocar el suelo con la cabeza. Una ilustración de esa hermosa cortesía hacia el prójimo (si aún solo consideraba a sus visitantes como hombres), o de esa reverencial humillación ante Dios (si ya había reconocido la dignidad superior de la figura principal de los tres) que debería caracterizar especialmente al pueblo creyente y pactado de Dios (véase Salmos 95:6 Venid y saludémoslo, postrados, doblemos la rodilla ante el Señor, nuestro hacedor.; 1 Pedro 3:8 En fin, sed todos unánimes, comprensivos, fraternales, misericordiosos y humildes).

3. La invitación que recibieron. Probablemente oprimidos por los sofocantes rayos del sol del mediodía, o quizás cansados ​​por el viaje, fueron, con genuina hospitalidad árabe, rogados por el patriarca a aprovechar el descanso y el descanso que su tienda, fresca y bien amueblada, les ofrecía. Y esta invitación del patriarca fue:

(1) Humildemente ofrecida, como si su aceptación fuera más un acto de gracia que le era conferido que un beneficio del que ellos mismos disfrutaban.

 (2) Descrito con modestia, como si, después de todo, solo fuera una nimiedad lo que les pedía que aceptaran, mientras su generoso corazón ideaba cosas generosas.

(3) Piadosamente impuesto, considerando que reconoció en su llegada a su tienda un llamado especial al cumplimiento del deber de la hospitalidad.

(4) Aceptado con prontitud, sin disculpas ni desaprobación alguna, pero con la misma generosa sencillez con que se ofreció. «Haz, pues, lo que has dicho».

En el banquete que Abraham improvisó para sus invitados celestiales bajo la umbría encina de Mamré había tres cosas que todos los que quisieran practicar la hospitalidad debían estudiar.

1. Alegre presteza. Que la invitación del patriarca no era un simple comentario convencional destinado a pasar desapercibido para quienes la recibían, lo demostró la cordialidad con la que emprendió los preparativos necesarios para el banquete ofrecido: recurrió a las expertas manos de Sara para hornear pasteles y encargó a un fiel sirviente de la casa que matara y preparara un ternero joven y tierno, seleccionado por él mismo de entre los rebaños. No hubo reticencia ni tibieza en Abraham en la obra de bondad a la que la Providencia lo había llamado. Así también los cristianos deben manifestar un espíritu de alegría y un hábito de prontitud en hacer el bien (Romanos 12:8 si el de exhortar, que exhorte; el que da, que dé con sencillez; el que preside, que lo haga con solicitud; el que practica la misericordia, que la practique con alegría. 2 Corintios 9:7 Cada uno dé como haya decidido en su corazón, no a disgusto ni a la fuerza; pues «Dios ama al que da con alegría» Proverbios 22; 9 El hombre bondadoso será bendecido, porque da su pan al pobre.).

2. Liberalidad sin límites. Modestamente caracterizado como un pequeño banquete, fue en realidad un suntuoso banquete el que se ofreció a los extranjeros. Abraham agasajó a sus invitados con una magnificencia principesca. La virtud moderna de la tacañería, o mezquindad, considerada por muchos una gracia cristiana, no había sido adquirida por el patriarca, y los discípulos de Cristo debían desaprenderla con la mayor rapidez posible. La hospitalidad hacia los santos y la beneficencia hacia todos, pero especialmente hacia los pobres, debían ser practicadas con diligencia, e incluso con santa prodigalidad, por todos los descendientes de Abraham (Lucas 14:12-14 Decía también al que lo había invitado: Cuando des una comida o una cena, no convides a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que también ellos a su vez te inviten, y ello te sirva de recompensa. 13  Al contrario, cuando des un banquete, invita a pobres, tullidos, cojos, ciegos. 14  Dichoso tú entonces, pues ellos no tienen con qué recompensarte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos.; Romanos 12:13 Socorred las necesidades de los hermanos en la fe. Practicad la hospitalidad. ; Hebreos 13:2 No olvidéis la hospitalidad: practicándola, algunos hospedaron ángeles sin saberlo.).

3. Actividad personal. Aunque Abraham era dueño de una casa numerosa, con 300 criados capacitados y el noble Eliezer a la cabeza, el patriarca no pensaba en delegar la importante labor de preparar el banquete a sus subordinados, sino que se ocupaba él mismo de su ejecución inmediata. De hecho, en toda la actividad que inundaba la tienda, su figura era siempre y en todas partes conspicua. Y cuando la comida está lista, la sirve con reverencia; de nuevo, un verdadero ejemplo de humildad, como si hubiera captado con anticipación el espíritu de las palabras de nuestro Salvador (Mateo 20:26 Pero no ha de ser así entre vosotros; al contrario, el que quiera entre vosotros ser grande, sea vuestro servidor); y un verdadero predicador del deber cristiano, afirmando que en la obra de Dios, el servicio personal es siempre mejor que trabajar por poder.

miércoles, 4 de febrero de 2026

ESTUDIO LIBRO GÉNESIS 5: 18-32 (continuación)

 

Gen 5:18  Vivió Jared ciento sesenta y dos años, y engendró a Enoc.

Gen 5:19  Y vivió Jared, después que engendró a Enoc, ochocientos años, y engendró hijos e hijas.

Gen 5:20  Y fueron todos los días de Jared novecientos sesenta y dos años; y murió.

Gen 5:21  Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén.

Gen 5:22  Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas.

Gen 5:23  Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años.

Gen 5:24  Caminó, pues, Enoc con Dios,(C) y desapareció, porque le llevó Dios.

Gen 5:25  Vivió Matusalén ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec.

Gen 5:26  Y vivió Matusalén, después que engendró a Lamec, setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas.

Gen 5:27  Fueron, pues, todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años; y murió.

Gen 5:28  Vivió Lamec ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo;

Gen 5:29  y llamó su nombre Noé,[a] diciendo: Este nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo.

Gen 5:30  Y vivió Lamec, después que engendró a Noé, quinientos noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas.

Gen 5:31  Y fueron todos los días de Lamec setecientos setenta y siete años; y murió.

Gen 5:32  Y siendo Noé de quinientos años, engendró a Sem, a Cam y a Jafet.

 

Génesis 5:21-24

 

Enoc fue el séptimo desde Adán. La piedad es caminar con Dios, lo cual demuestra reconciliación con Él, pues dos no pueden caminar juntos si no están de acuerdo (Amós 3:3). Enoc engendró a Matusalén, hijos e hijas, vivió trescientos sesenta y cinco años y no murió, “porque Dios se lo llevó”. Enoc es, por lo tanto, una maravillosa excepción a la ley natural de “y murió”, mencionada en los versículos anteriores y que se aplica a todos los hombres a lo largo de los siglos. El único otro descendiente de Adán que fue al cielo sin morir es Elías (2 Reyes 2:11 Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino.) Enoc “obtuvo testimonio de que antes de ser llevado arriba, agradaba a Dios” (Hebreos 11:5). La razón es que camina con Él. Enoc camina con Dios porque está de acuerdo con Él (Amos 3:3). Dios quería caminar con Adán en el jardín (Génesis 3:8), pero el pecado lo hizo imposible. Enoc cree en Dios y lo tiene en cuenta en todo.

Enoc advierte a sus contemporáneos del juicio venidero: “También sobre estos hombres profetizó Enoc, en la séptima generación desde Adán, diciendo: “He aquí, el Señor vino con muchos millares de sus santos, para ejecutar juicio sobre todos, y para dejar convictos a todos los impíos de todas las obras impías que han cometido impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra Él” (Judas 1:14-15). Dios le habló de esto a Enoc, porque siempre da a conocer sus pensamientos a quienes andan con Él y le agradan.

El hecho de que Enoc realmente anduvo con Dios se demuestra por el hecho de que no se guardó la comunicación de Dios para sí mismo, sino que la transmitió a quienes lo rodeaban. “Enoc” significa “enseñó”. Dios también nos ha enseñado lo que hará con el mundo. ¿Nos lleva esto también a un caminar con Dios y a predicar el juicio a quienes nos rodean para advertirles?

La vida de Enoc abarca todos los aspectos de una vida piadosa, justa y sobria. Caminar con Dios es ponerlo siempre delante de nosotros, actuar siempre bajo su supervisión. Es preocuparse constantemente, agradar a Dios en todo y no ofenderlo en nada. Es ser sus seguidores como hijos queridos. El Espíritu Santo, en lugar de decir: «Enoc vivió», dice: «Enoc caminó con Dios». Este fue su constante cuidado y trabajo; mientras otros vivían para sí mismos y para el mundo, él vivía para Dios. Fue el gozo de su vida. Enoc fue trasladado a un mundo mejor. Así como no vivió como el resto de la humanidad, tampoco dejó el mundo por la muerte como ellos. No fue hallado, porque Dios lo había trasladado (Hebreos 11:5). Había vivido solo 365 años, lo cual, según la edad de los hombres en aquel entonces, era apenas la mitad de sus días. Dios a menudo se lleva pronto a quienes más ama; el tiempo que pierden en la tierra, lo ganan en el cielo, para su indescriptible ventaja. Vea cómo se expresa la partida de Enoc: no estaba, porque Dios se lo llevó. Ya no estaba en este mundo; fue transformado, como lo serán los santos que vivan en la segunda venida de Cristo. Quienes comienzan a caminar con Dios desde jóvenes, pueden esperar caminar con él larga, cómoda y provechosamente. El caminar constante del verdadero cristiano en santidad, durante muchos años, hasta que Dios se lo lleve, será la mejor recomendación de esa religión a la que muchos se oponen y muchos abusan. Y caminar con Dios concuerda bien con las preocupaciones, las comodidades y los deberes de la vida; retrata una vida de piedad singularmente elevada. No solo una constante comprensión de la presencia divina, ni siquiera un esfuerzo perpetuo por la santa obediencia, sino también "un mantenimiento de la más confidencial relación con el Dios personal". Implica una situación de cercanía a Dios, si no en persona, al menos en espíritu; un carácter de semejanza con Dios y una vida de conversación con Dios. Siguiendo la LXX (εὐηρεÌστησε δεÌ ἘνωÌχ τῷ θεῷ), el escritor a los Hebreos la describe como una vida "agradable a Dios", que brota de la raíz de la fe (Hebreos 11:5). Sin embargo, aunque preeminentemente espiritual y contemplativa, Judas nos dice que la vida del patriarca tenía una perspectiva activa y agresiva hacia los tiempos malos en los que vivió.

Así como su piedad comenzó temprano, también perduró durante mucho tiempo; no fue intermitente ni fluctuante, sino firme y perseverante (Job 17:9 No obstante, proseguirá el justo su camino, Y el limpio de manos aumentará la fuerza; Proverbios 4:18 Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto.1 Corintios 15:58 Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.).

Y engendró hijos e hijas. «Por lo tanto, es innegablemente evidente que las leyes y el uso del matrimonio concuerdan perfectamente con el camino más riguroso de la santidad y con el oficio de profeta o predicador». Y todos los días de Enoc fueron trescientos sesenta y cinco años «el mismo período que el de la revolución de la tierra alrededor del sol». Tras completar su carrera, girando en torno a quien es la verdadera luz, que es Dios, en la órbita del deber, fue aprobado por Dios y llevado ante él.  

 Su vida enseña: (1) que el patriarca Enoc no vio la muerte, como todos los demás personajes dignos de la genealogía; y (2) que, de alguna manera misteriosa, «fue llevado de esta vida temporal y transfigurado a la vida eterna, como lo serán aquellos fieles que estarán vivos en la venida de Cristo para el juicio»

Enoc no estaba en la tierra ni entre los hombres; pues Dios lo tomó de este mundo pecaminoso y miserable para sí mismo. Fue trasladado, como se explica en Hebreos 11:5, para no ver la muerte, y no fue hallado por sus amigos que lo buscaron, como los hijos de los profetas buscaron a Elías (2 Reyes 2:17), porque Dios lo había trasladado, lo había tomado en cuerpo y alma para sí mismo, como después tomó a ese profeta. Fue transformado, como lo serán los santos que vivan en la segunda venida de Cristo. Pero ¿por qué Dios lo tomó tan pronto? Seguramente porque el mundo, que ya se había corrompido, era indigno de él, y porque su obra estaba hecha, y hecha más pronto, al ocuparse de ella y proseguirla con tanta diligencia. Pero es probable, también, que con su traslación, así como con la de Elías, Dios pretendiera dar a la humanidad, generalmente infiel a un estado futuro, una demostración de la realidad de tal estado y de su felicidad para los justos. Pues si no hubiera testigos de su traslación, como sí los hubo de la de Elías, la ausencia de su cuerpo, sumada a su eminente piedad, podría convencer, al menos a quienes fueran considerados, de que fue llevado a un mundo mejor.

 

 Matusalén engendró a Lamec —no confundir con el descendiente de Caín (Génesis 4:19-24)- Y engendró hijos e hijas; algunos, es muy probable, antes de engendrar a Lamec, ya que entonces tenía cerca de doscientos años, y otros después.. Tenía novecientos sesenta y nueve años, y murió. Es el hombre más viejo del mundo hasta la fecha. La larga vida de Matusalén no fue un accidente. Fue por la gracia de Dios. Cuando Matusalén murió, vino el diluvio. Dios lo mantuvo vivo más tiempo que a nadie para dar a la gente el mayor tiempo posible y que se arrepintieran. En el reino milenial de paz, la gente envejecerá aún más (Isaías 65:20 – 22 No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito. 21  Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. 22  No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos.)

Este fue el hombre más anciano que jamás haya vivido; ningún hombre ha llegado a los mil años: los judíos dan esta razón, porque mil años es el día de Dios, según el Salmo 90:4 (Porque mil años delante de tus ojos Son como el día de ayer, que pasó, Y como una de las vigilias de la noche.), y a nadie se le permite llegar a ese tiempo. Su nombre conllevaba una predicción del tiempo del diluvio, que ocurriría poco después de su muerte, como se ha observado.  Algunos dicen que murió en el año del diluvio; los escritores orientales coinciden en que murió antes del diluvio; los escritores árabes son muy precisos en cuanto a la fecha de su muerte; dicen que murió en el año seiscientos de Noé, un viernes, alrededor del mediodía, el vigésimo primer día de Elul, que es Tut; y Noé y Sem lo enterraron, embalsamado en especias, en la cueva doble, y lo lloraron cuarenta días: y algunos de los escritores judíos dicen que murió solo siete días antes de que viniera el diluvio, lo que deducen de Génesis 7:10 " Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra. "; es decir, como lo interpretan, después de siete días de luto por Matusalén.

 

Génesis 5:29

Y le puso por nombre Noé... Que significa descanso y consuelo; pues el descanso da consuelo, y el consuelo surge del descanso (2 Samuel 14:17 Tu sierva, pues, dice: Sea ahora de consuelo la respuesta de mi señor el rey, pues que mi señor el rey es como un ángel de Dios para discernir entre lo bueno y lo malo. Así Yahweh tu Dios sea contigo), donde una palabra de la misma raíz se traduce como "confortable", y concuerda con la razón del nombre, como sigue: diciendo: «Esto nos consolará de nuestro trabajo y del esfuerzo de nuestras manos, a causa de la tierra que el Señor ha maldecido». Esto lo dijo por espíritu de profecía, previendo lo que sería su hijo y los beneficios que traería para él, su familia y el mundo, tanto en lo temporal como en lo espiritual. En lo temporal: la tierra fue maldecida por el pecado del hombre inmediatamente después de la caída, y continuó bajo ella hasta el día de hoy, produciendo espinos y cardos en gran abundancia, lo que ocasionó mucha dificultad para arrancarlos, y nada más, sin cavar, plantar y sembrar. Y siendo estériles por la maldición, con gran dificultad los hombres conseguían sustento.

 Ahora Noé les alivió en gran medida sus esfuerzos y dificultades inventando instrumentos para arar, que antes no tenían, sino que labraban la tierra con sus manos y mediante el uso de palas o similares, lo cual era muy laborioso. Pero ahora, mediante el uso del arado y las bestias para tirar de él, sus vidas se hicieron mucho más fáciles y cómodas. De ahí que se diga que comenzó a ser un "labrador", o un "hombre de la tierra", que llevó la agricultura a una mayor perfección, habiendo descubierto una manera más fácil y rápida de cultivar la tierra. Y como se dice que fue el primero en plantar una viña, si fue el inventor del vino, esta fue otra forma en que fue un instrumento para dar refrigerio y consuelo a los hombres, siendo eso lo que alegra el corazón de Dios y de los hombres (Génesis 9:20 Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña;). Y si a los antediluvianos se les prohibió comer carne, y su dieta se limitó a los frutos de la tierra, Noé, sería un consuelo en relación con esto, porque a él, y en él a todo el mundo, Dios les daría libertad para comer carne; de ​​modo que no se verían obligados a obtener todo su sustento con las manos de la tierra.

Además, como Lamec pudo haber sido informado del diluvio por el nombre de su padre y la predicción de su abuelo, pudo haber previsto que él y su familia serían salvados, y serían los restauradores del mundo y los repoblarían tras su destrucción por el diluvio. Y puede tener interés en el consuelo en lo espiritual, ya sea considerándolo inicialmente como la descendencia prometida, el Mesías, en quien reside todo consuelo; o como un tipo de él, de quien provendría, quien los libraría de la maldición de la ley, de su esclavitud, y del trabajo y la búsqueda de la justicia por las obras de ella; o podría haber previsto que sería un buen hombre, un predicador de la justicia, y un bien público en su época y generación.

 

 Génesis 5:32

Y Noé tenía quinientos años... difícilmente se puede pensar que viviera hasta este momento una sola vida, sin tener hijos, los que pudo haber tenido de no haber muerto; aunque algunos creen que fue ordenado por la Providencia que no comenzara a procrear hijos hasta esta edad, porque siendo la voluntad de Dios salvarlo a él y a su familia del diluvio, si hubiera comenzado a la edad habitual, podría haber tenido más de lo que se podía proveer convenientemente en el arca; o algunos de ellos podrían haber sido malvados, y por lo tanto merecerían perecer con los demás.

Y Noé engendró a Sem, Cam y Jafet; no juntos, sino uno tras otro; y como Cam era el hijo menor, y Sem tenía cien años dos años después del diluvio, Génesis 11:10 (Estas son las generaciones de Sem: Sem, de edad de cien años, engendró a Arfaxad, dos años después del diluvio.) debía nacer en el año quinientos dos de la edad de su padre. Así que parece muy probable que Jafet fuera el hijo mayor, nacido a los quinientos uno años de edad; aunque Sem suele mencionarse primero debido a su superior dignidad y excelencia, siendo Dios, eminentemente, el Dios de Sem (Génesis 9:26 Dijo más: Bendito por Jehová mi Dios sea Sem, Y sea Canaán su siervo), de quien provendría el Mesías y en cuya línea se perpetuaría la iglesia de Dios en las épocas futuras. El nombre de Jafet se conserva en autores griegos y latinos, como Hesíodo, Horacio y otros, quienes lo llaman Japetos y Japeto.