A
raíz de esta guerra entre Israel, EE.UU contra Irán, he visto y escuchado en el
mundo “evangélico” verdaderos delirios escatológicos que me dan vergüenza. Israel un estado ateo, donde Tel Aviv es la
capital del mundo homosexual; donde los judíos no creen en Jesús como el
Mesías, y los sionistas cometen atrocidades a todas horas… salen “pastores,
pastoras supuestamente “evangélicos” , con su “evangelio de la prosperidad”
orando en el capitolio por el presidente y los soldados.
Sería
para partirse de risa, pero la realidad y la gravedad es que apartan a las personas para acercarse
al Evangelio de Cristo, y a los “creyentes” que se limitan a escuchar, sin
comprobar en la Palabra de Dios en la Biblia, los llevan con sus doctrinas al
mismo infierno. ¿Qué dice las Sagradas
Escrituras sobre Israel? Aquella persona
que no cree en Jesús, sea judío o gentil. Es HIJO DEL DIABLO.
Esto no es antisemitismo, lo dice la
Palabra de Dios en la Biblia.
Para
muestra veamos en el Antiguo Testamento en:
Deuteronomio
28:1 Pero, en cambio, si de verdad
escuchas la voz de Yahvéh, tu Dios, y cuidas de practicar todos los
mandamientos que yo te prescribo hoy, Yahvéh, tu Dios, te exaltará por encima
de todas las naciones de la tierra.
Deu 28:2 Y vendrán sobre ti y te alcanzarán todas
estas bendiciones, por haber escuchado la voz de Yahvéh, tu Dios.
Deu 28:3 Bendito serás en la ciudad y bendito en el
campo.
Deu 28:4 Bendito el fruto de tu vientre, el de tu
suelo y el de tu ganado, los partos de tus vacas y las crías de tus ovejas.
Deu 28:5 Bendita tu cesta y tu artesa.
Deu 28:6 Bendito tú en tu entrar y en tu salir.
Deu 28:7 Yahvéh hará que los enemigos que se alcen
contra ti sean abatidos en tu presencia; por un camino saldrán contra ti y por
siete huirán delante de ti.
Deu 28:8 Yahvéh mandará a la bendición que esté contigo,
en tus graneros y en todo lo que emprendan tus manos, y te bendecirá en el país
que Yahvéh, tu Dios, te va a dar.
Deu 28:9 Yahvéh te establecerá como pueblo consagrado
a él, como te lo ha jurado, si guardas los mandamientos de Yahvéh, tu Dios, y
andas por sus caminos.
Deu 28:10 Todos los pueblos de la tierra verán que el
nombre de Yahvéh es invocado sobre ti y te temerán.
Deu 28:11 Yahvéh te hará sobreabundar en bienes: en el
fruto de tu vientre, en el de tu ganado y en el de tu suelo, en el suelo que
Yahvéh juró a tus padres que te había de dar.
Deu 28:12 Yahvéh te abrirá los cielos, su rico tesoro,
para darle a su tiempo la lluvia a tu tierra y para bendecir todas las obras de
tus manos; así tú prestarás a muchas naciones, y de ninguna tendrás que tomar
prestado.
Deu 28:13 Yahvéh te pondrá a la cabeza y no a la cola,
estarás siempre encima y nunca debajo, si escuchas los mandamientos de Yahvéh,
tu Dios, que yo te prescribo hoy, observándolos y llevándolos a la práctica,
Deu 28:14 sin desviarte a la derecha ni a la izquierda
de ninguna de las disposiciones que yo te prescribo hoy, y si no te vas tras
otros dioses para servirlos.
Deu 28:15 Pero si no escuchas la voz de Yahvéh, tu
Dios, y no pones cuidado en practicar todos estos mandamientos y preceptos que
yo te prescribo hoy, vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas maldiciones:
Deu 28:16 Maldito serás tú en la ciudad y maldito en el
campo.
Deu 28:17 Malditas tu cesta y tu artesa.
Deu 28:18 Maldito el fruto de tu vientre y el de tu
suelo, los partos de tus vacas y las crías de tus ovejas.
Deu 28:19 Maldito tú en tu entrar y en tu salir.
Deu 28:20 Yahvéh enviará contra ti la maldición, el
pánico, el desconcierto y el fracaso en todo cuanto emprendan tus manos, hasta
quedar exterminado y perecer rápidamente por la maldad de tus obras, por las
que me has abandonado.
Deu 28:21 Yahvéh hará que la peste se te pegue, hasta
que ella acabe contigo sobre el suelo en cuya posesión vas a entrar.
Deu 28:22 Yahvéh te herirá de consunción, de fiebre, de
inflamación, de gangrena, de sequía, de milden y de tizón, que te perseguirán
hasta exterminarte.
Deu 28:23 Los cielos, sobre tu cabeza, serán de bronce;
y el suelo, debajo de ti, de hierro.
Deu 28:24 En vez de lluvia, Yahvéh mandará sobre tu
tierra polvo y arena, que bajarán del cielo sobre ti, hasta que perezcas.
Deu 28:25 Yahvéh hará que seas derrotado ante tus
enemigos; irás contra ellos por un solo camino, y por siete huirás de ellos, y
serás objeto de horror para todos los reinos de la tierra.
Deu 28:26 Tu cadáver será pasto de todas las aves del
cielo y de todas las bestias de la tierra, y no habrá nadie que las espante.
Deu 28:27 Yahvéh te herirá con forúnculos de Egipto,
con hemorroides, con sarna y con tina, de que no podrás ser curado.
Deu 28:28 Yahvéh te herirá de locura, de ceguera y de
idiotez;
Deu 28:29 en pleno día andarás a tientas, como a
tientas va el ciego en las tinieblas. Nunca tendrás éxito en tus empresas, y
estarás siempre oprimido y despojado, sin que nadie salga en tu defensa.
Deu 28:30 Te desposarás con una mujer, y otro hombre
dormirá con ella; construirás una casa, y no la habitarás; plantarás una viña,
y no cosecharás sus frutos.
Deu 28:31 Tu buey será degollado en tu presencia, y no
comerás de él; tu asno te será arrebatado en tu presencia, y no te será
devuelto; tus ovejas serán entregadas a tus enemigos, sin que nadie salga en tu
defensa.
Deu 28:32 Tus hijos y tus hijas serán entregados a un
pueblo extraño: tus ojos lo verán y se consumirán mirando todo el día hacia
ellos, pero tus manos nada podrán hacer.
Deu 28:33 Un pueblo que no conoces comerá el fruto de
tu suelo y todos tus productos. Serás siempre oprimido y maltratado.
Deu 28:34 Enloquecerás ante el espectáculo de lo que
verán tus ojos.
Deu 28:35 Yahvéh te herirá de forúnculos malignos en
las rodillas y en las piernas, de los que no podrás ser curado, desde la planta
del pie hasta la coronilla.
Deu 28:36 Yahvéh te conducirá, a ti y al rey que hayas
puesto sobre ti, a una nación que no has conocido, ni tú ni tus padres, y allí
servirás a otros dioses, de madera y de piedra,
Deu 28:37 y serás objeto de asombro, de irrisión y de
mofa en todos los pueblos a los que Yahvéh te llevará.
Deu 28:38 Echarás mucha semilla en tu campo y recogerás
poco, porque la langosta la devorará.
Deu 28:39 Plantarás viñas y las trabajarás, pero no
beberás vino ni harás provisión de él, porque lo echará a perder el gusano.
Deu 28:40 Tendrás olivos en todo tu territorio, pero no
te ungirás con su aceite, porque la aceituna se caerá.
Deu 28:41 Engendrarás hijos e hijas, pero no serán para
ti, porque irán al cautiverio.
Deu 28:42 Todos tus árboles y los frutos de tu suelo
los consumirán los insectos.
Deu 28:43 El extranjero que esté en medio de ti se
alzará por encima de ti cada vez más alto, y tú caerás cada vez más bajo;
Deu 28:44 él te prestará y tú no le podrás prestar; él
vendrá a ser cabeza, y tú serás la cola.
Deu 28:45 Vendrán sobre ti todas estas maldiciones, te
perseguirán y te alcanzarán hasta que desaparezcas, por no haber escuchado la
voz de Yahvéh, tu Dios, al no guardar los mandamientos y preceptos que te
ordenó;
Deu 28:46 y ellas serán como señal y prodigio contra ti
y contra tu posteridad para siempre.
Deu 28:47 Por no haber servido a Yahvéh, tu Dios, con
alegría y buen corazón mientras abundabas de todo,
Deu 28:48 habrás de servir en hambre y en sed, en
desnudez y en privación, al enemigo que Yahvéh mandará contra ti; pondrá sobre
tu cuello un yugo de hierro, hasta que te extermine.
Deu 28:49 Yahvéh traerá contra ti, desde lejos, desde
los confines de la tierra, como águila que se cierne, a un pueblo, a un pueblo
cuya lengua no entenderás,
Deu 28:50 a un pueblo de rostro fiero, que no respetará
al anciano ni tendrá piedad del niño.
Deu 28:51 El se comerá las crías de tus ganados y los
productos de tu suelo hasta que perezcas; no te dejará trigo, ni mosto, ni
aceite, ni partos de tus vacas, ni crías de tus ovejas, hasta que perezcas.
Deu 28:52 Pondrá sitio a todas tus ciudades, hasta que,
en todo tu país, se derrumben las murallas más altas y mejor fortificadas, en
las que tú confiabas; que te asediará en todas tus ciudades, en toda la tierra
que Yahvéh, tu Dios, te haya dado.
Deu 28:53 Llegarás a comer el fruto de tus entrañas, la
carne de tus hijos y de tus hijas que te haya dado Yahvéh, tu Dios, en la
angustia y en la miseria a la que te reducirá tu enemigo.
Deu 28:54 El más delicado y el más tierno de entre los
tuyos, mirará con ojos torvos a su hermano, a la mujer que reposa en su seno y
a los hijos que le queden,
Deu 28:55 por miedo de tener que partir con alguno de
ellos la carne de sus hijos, que él comerá, por no quedarle otra cosa que comer
en el asedio y en la angustia a que te someterá tu enemigo en todas tus
ciudades.
Deu 28:56 La más delicada y la más tierna de las
mujeres de tu pueblo, que de tan delicada y tierna no osaba poner en el suelo
la planta de su pie, mirará con malos ojos al hombre de su corazón, a su hijo y
a su hija,
Deu 28:57 y se esconderá de ellos para devorar en
secreto, por no tener otra cosa, las secundinas que salgan de su seno y el hijo
que acaba de dar a luz; tanta será la angustia y la miseria a que te reducirá
tu enemigo dentro de tus ciudades.
Deu 28:58 Si no cuidas de poner en práctica todas las
disposiciones de esta ley escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso
y terrible, el de Yahvéh, tu Dios,
Deu 28:59 Yahvéh te enviará, a ti y a tu posteridad,
castigos terribles, castigos enormes y persistentes, enfermedades malignas y
crónicas.
Deu 28:60 Traerá sobre ti todas aquellas plagas de
Egipto ante las cuales quedabas aterrorizado, y se pegarán a ti.
Deu 28:61 Además, Yahvéh hará que te alcancen todas las
enfermedades y todas las plagas no escritas en el libro de esta ley, hasta que
seas exterminado.
Deu 28:62 Y quedaréis pocos, vosotros que erais tan
numerosos como las estrellas del cielo, por no haber escuchado la voz de
Yahvéh, tu Dios.
Deu 28:63 Sucederá, pues, que cuanto se complacía
Yahvéh en haceros bien y en multiplicaros, tanto se gozará contra vosotros en
destruiros y exterminaros, hasta arrancaros del suelo en cuya posesión vas a
entrar.
Deu 28:64 Yahvéh te dispersará por entre todos los
pueblos, desde un extremo al otro de la tierra, y allí servirás a otros dioses,
de madera y de piedra, que no conocías, ni tú ni tus padres.
Deu 28:65 Entre esas naciones no tendrás sosiego ni
hallarás lugar donde posar la planta de tu pie. Allí te dará Yahvéh un corazón
trémulo, ojos lánguidos y congoja de espíritu.
Deu 28:66 Tendrás la vida pendiente de un hilo, de día
y de noche temerás y nunca darás por segura tu vida.
Deu 28:67 Por la mañana dirás: ¡Oh si fuese ya de
noche! ; y a la noche exclamarás: ¡Oh, si fuese ya de día!, por el terror que
invadirá tu corazón y por el espectáculo que verán tus ojos.
Deu 28:68 Yahvéh te hará volver en naves a Egipto por
el camino del que te había dicho: No volverás a verlo más. Y allí os pondréis
en venta ante vuestros enemigos como esclavos y como esclavas, sin que haya
siquiera quien os compre.
Sucederá
que si escuchas atentamente [la condición: si escuchas atentamente] la voz del SEÑOR tu Dios, para guardar y
cumplir todos sus mandamientos (Deuteronomio 28:1).
Esto
se repite una y otra vez porque era la condición del pacto. Mediante el cual
podían tener esta tierra y habitar en ella. Esta era la condición de la
bendición de Dios: la obediencia a sus mandamientos.
Dios
te pondrá por encima de todas las naciones de la tierra. Y todas estas
bendiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán, si escuchas la voz del SEÑOR tu
Dios. Bendito serás en la ciudad, y bendito serás en el campo. Bendito será el
fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, y el fruto de tu ganado, el
aumento de tus vacas, tus rebaños, tus ovejas. Bendita será tu canasta y tu
despensa. Serás bendecido cuando entres y bendecido cuando salgas. El SEÑOR
hará que tus enemigos que se levanten contra ti sean derrotados delante de tu
rostro: saldrán contra ti por un camino y huirán de ti por siete caminos. El
SEÑOR mandará la bendición sobre ti en tus graneros y en todo lo que tu mano
emprenda; el SEÑOR bendecirá tu tierra que te da. Él te establecerá como un
pueblo santo para sí mismo... Y todos los pueblos de la tierra verán que eres
llamado por el nombre del SEÑOR; y te temerán. Y el SEÑOR te hará abundante en
bienes, en el fruto de tu vientre y en el fruto de tu ganado... El SEÑOR te
abrirá su buen tesoro, el cielo para dar lluvia a la tierra en su tiempo,...
prestarás a muchas naciones y no pedirás prestado. Y Yahweh te pondrá por
cabeza, y no por cola;… si obedeces los mandamientos de Yahweh tu Dios, para
guardar y cumplirlos, y no te apartas de ellos (Deuteronomio 28:1-14).
Ahora
bien, todas las bendiciones que Dios
les promete están condicionadas a que guarden y cumplan sus mandamientos.
Pero
sucederá que si no obedeces la voz de Yahweh tu Dios, para guardar y cumplir
todos sus mandamientos y sus estatutos [y demás], entonces maldito serás en la
ciudad y en el campo. Maldita será tu canasta y tu despensa. Maldito será el
fruto de tu vientre y el fruto de la tierra, el aumento de las vacas, los
rebaños y las ovejas. Maldito serás al entrar, y maldito al salir... Yahweh
hará que la peste se adhiera a ti,... y Jehová te herirá con tisis... Y el
cielo que está sobre ti será como bronce, y la tierra será como hierro, la
sequía. [Versículo veinticinco] Yahweh hará que seas herido delante de tus
enemigos: saldrás contra ellos por un camino, y huirás delante de ellos por
siete caminos; y serás trasladado a todos los reinos de la tierra. Y tu cadáver
será alimento para las aves del cielo, y las bestias de la tierra, y nadie los
despellejará. Yahweh te herirá con la tiña de Egipto, y con los esmeredos, y
con la sarna, y con la picazón, por tanto que no podrás ser sanado. El Señor te
herirá con locura y ceguera, para asombro de todos; y andarás a tientas al
mediodía (Deuteronomio 28:15-19, 21-23, 25-29).
Dios
continúa anunciándoles las maldiciones que les sobrevendrán si se apartan de Él
y comienzan a adorar y servir a otros dioses, los dioses de la tierra. Esto es
lo que va a suceder.
Ahora
bien, estamos ante una ley fundamental de Dios. Y es importante que la
reconozcamos. La ley de Dios se expresa en otro versículo de las Escrituras,
que declara: «La justicia engrandece a la nación, pero el pecado es la afrenta
de los pueblos» (Proverbios 14:34).
Si
una nación se establece como una nación justa, si pone a Dios en el centro de
su vida nacional, reconociéndolo y alabándolo, esa nación será bendecida
abundantemente por Dios. Eso era precisamente lo que nuestros padres fundadores
tenían en mente cuando establecieron los Estados Unidos de América. Querían
fundar una nación que garantizara la libertad religiosa, una nación que honrara
a Dios en su corazón y en la vida misma. Su propósito era que el pueblo fuera
consciente de su dependencia de Dios.
Y
gracias a que nuestra nación se fundó de esta manera, fue grandemente bendecida
por Dios. «América, América, Dios derramó su gracia sobre ti». Y nuestra nación
creció fuerte y poderosa entre las naciones de la tierra. Y hoy, quienes
vivimos en esta nación disfrutamos de los beneficios que ha recibido gracias a
la sabiduría de los padres fundadores al crear una nación con Dios en el
centro, incluso imprimiendo en las monedas: «En Dios confiamos». Intentando
inculcar en el pueblo una conciencia nacional sobre la necesidad de Dios y su
centralidad en la vida nacional. Y la nación se fortaleció; La nación prosperó.
Pero
ahora, en medio de nuestra prosperidad, tenemos hombres en la Corte Suprema y
en todos nuestros procesos gubernamentales que no creen que Dios deba formar
parte de la nación. Estos hombres están controlados por filosofías humanistas, (cuando
no el sionismo), cuyo dios es el materialismo. Y debido a su humanismo, han
intentado expulsar a Dios de la conciencia nacional. Estos humanistas no solo
controlan nuestro gobierno, sino también los principales medios de comunicación
en Estados Unidos. No se puede comprar tiempo en las principales cadenas para
programas religiosos porque están controladas por los humanistas. No quieren
nada que pueda generar una conciencia nacional de Dios. Han comenzado a
prohibir la oración en las escuelas públicas, la Biblia y ahora la celebración
de la Navidad, excepto en un sentido secular.
Han
enviado un documento a nuestros distritos escolares locales dirigido a todos
los maestros, donde les ordena eliminar cualquier relato navideño que trate
sobre María y el Niño Jesús. Que no deben cantar villancicos que tengan algo
que ver con el nacimiento de un bebé en Belén o con Jesucristo. Y les dice que
deben ser sutiles en estas cosas para evitar una gran reacción negativa. Y
continúa instruyéndolos sobre su programa navideño, cómo hacerlo para no
ofender a los cristianos porque Cristo ha sido completamente eliminado. Pero
también cita ciertos edictos de la Corte Suprema que hacen necesario prohibir
incluso los villancicos y a Cristo en la Navidad. Incluso están cambiando el
nombre y ya no lo llaman "tus vacaciones de Navidad", porque ni
siquiera quieren la palabra Navidad porque contiene a Cristo.
No
creo que sea necesario decirles que nuestra nación se encuentra en una posición
muy precaria. Y una nación fuerte, grande y poderosa, se está deteriorando muy
rápidamente. Precisamente aquello que nos hizo fuertes, lo estamos tratando de
eliminar de nuestra vida nacional. Y aunque Dios bendijo a nuestra nación
porque estuvimos dispuestos a ponerlo en el centro de nuestra vida nacional,
incluso ahora que hemos optado por excluirlo de ella, comenzamos a experimentar
las maldiciones, que se están agravando. Nuestra nación se está deteriorando
rápidamente. Nos enfrentamos a problemas insuperables. Se habla de
racionamiento de gasolina justo mientras dura esta guerra. Ya sabemos que no pueden hacer nada con la
economía, que está en un completo caos. Y vemos el deterioro de esta nación
porque hemos intentado, mediante leyes y sentencias judiciales, excluir a Dios
de nuestra vida nacional. Nuestra nación era fuerte porque se fundó sobre
principios divinos. Se está debilitando al intentar excluirlo.
Lo
más triste de todo esto es que aquí estamos, disfrutando de los beneficios de
nuestros antepasados, quienes tuvieron la visión de crear la Constitución y
garantizar la libertad religiosa, lo que nos otorgó el derecho a todo esto.
Según el fallo de la Corte Suprema, los estudiantes homosexuales tienen derecho
a reunirse en el campus, a disponer de una sala acondicionada para sus reuniones,
donde puedan defender y debatir sobre la vida gay, distribuir literatura y
demás. Cuentan con un fallo judicial, un fallo de la Corte Suprema, que les
otorga ese privilegio. Sin embargo, esa misma Corte Suprema dictaminó que los
niños no tienen derecho a reunirse en un edificio escolar público para estudiar
o hablar sobre la Biblia, incluso si se reúnen allí por elección propia. Y aun
así, seguimos teniendo impresa en nuestras monedas la frase "En Dios
confiamos". ¡Qué hipocresía la de una nación! Cada vez que hay una
emergencia nacional, el Presidente dice "oren", siempre y cuando no
estén en un edificio escolar.
Ahora
bien, se trata de un principio básico. Cuando una nación sigue a Dios, esa
nación es bendecida; cuando una nación se aparta de Dios, esa nación es
maldecida. Oro para que Dios nos traiga un avivamiento nacional. Creo que esa
es la única esperanza para esta nación: un verdadero avivamiento que lleve al
pueblo a regresar a Dios y a elegir legisladores y presidentes que nombren a
los jueces de la Corte Suprema y otros cargos judiciales, no a personas como
nuestro presidente que usa las religiones como a su antojo. Hoy soy católico, mañana
judío, sionista o creo un gabinete de “fe” y coloco en el cargo a una pastora jefa
del evangelio de la prosperidad.
Sino
a hombres con conciencia de Dios, que teman a Dios, que comprendan que no son
el juez final, sino que algún día comparecerán ante él para rendir cuentas.
Hombres con sentido de la responsabilidad. Si un hombre no cree en Dios, carece
de sentido de la responsabilidad. Se convierte en la autoridad en sí mismo. Y
cuando un hombre se convierte en autoridad en sí mismo, hay anarquía, incluso
dentro del sistema judicial, ya que los tribunales se convierten en autoridades
para determinar la ley. Dice: «Y si un hombre no teme a Dios en su corazón,
¿cómo puede esperar un juicio justo? ¡Oh, que Dios nos ayude como cristianos a
levantarnos de nuestros sofás y a participar activamente en el patrocinio de
hombres piadosos para cargos públicos! Siento que tenemos la obligación de
hacerlo, de lo contrario no tenemos derecho a quedarnos de brazos cruzados y
lamentarnos cuando todo se vaya al traste».
Así
pues, Dios pronuncia las maldiciones que vendrán y continúa, en el versículo
treinta y siete, diciéndoles que serán expulsados a otras naciones.
Y
serán motivo de asombro, proverbio y burla entre todas las naciones adonde el
Señor te lleve (Deuteronomio 28:37).
Ahora
bien, es interesante que esto le haya sucedido al judío. Al ser expulsados a
otras naciones, se convirtieron en burla y parece que fueron odiados, a veces
incluso sin motivo, por la gente. Hoy en día hay personas con fuertes
sentimientos antisemitas, y el término «judío» se ha convertido casi en un
insulto. Un refrán, una maldición, por haber desobedecido los mandamientos de
Dios.
Versículo
cuarenta y cinco:
Además
de todas ellas, te sobrevendrán maldiciones [es decir, hombre, si esto no
basta, Dios continúa], que te perseguirán y te alcanzarán hasta destruirte,
porque no obedeciste la voz del Señor tu Dios, ni guardaste sus mandamientos y
estatutos que te mandó. Y porque no serviste al Señor [versículo cuarenta y
siete] con alegría y gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas
(Deuteronomio 28:45-47).
¡Qué
triste y trágico! Dios nos ha dado tanto que murmuramos y nos quejamos. Dios
nos ha bendecido tanto. Nos quejamos porque las botas nuevas de cien dólares
que compramos están rígidas y tenemos que amoldarlas, ¿y qué hay de esos pobres
camboyanos que ni siquiera tienen zapatos? ¿Leprosos que ni siquiera tienen
pies? Tenemos tanto por lo que estar agradecidos y deberíamos servir a Dios con
alegría y gozo. Dios ama la alegría. Dios quiere que le sirvas con gozo, no con
quejas. Si no puedes servir a Dios sin quejarte, entonces no le sirvas. Si no
puedes darle a Dios sin quejarte, entonces no le des. Es un insulto a Dios
quejarte de lo que le has dado. ¡Qué terrible insulto! Así que, si no puedes
darlo con alegría, no lo des; no insultes a Dios quejándote de lo que has dado
o de lo que has hecho o tenido que hacer por Él. Mejor no hacerlo.
No
queremos un servicio a Dios lleno de quejas. Todo lo que hagas por Dios, hazlo
de corazón y con alegría, o no lo hagas. Por eso esperamos a que la gente venga
a nosotros y pregunte cómo puede servir al Señor antes de ofrecerles cualquier
trabajo. Nunca te pediremos que sirvas al Señor. Eso tiene que venir de tu
propio corazón, de tu propio deseo. Todo lo que hagas por Dios, hazlo con
alegría y gozo, y Dios lo acepta, lo recibe y lo aprecia. De ninguna otra forma
le interesa a Dios lo que tengas para Él. Ahora bien, por no haber servido al
Señor tu Dios con alegría, servirás a tus enemigos con hambre, sed, desnudez y
carencias; y tus enemigos te pondrán un yugo de hierro en el cuello, hasta
destruirte. Y el Señor traerá contra ti una nación de lejos, del extremo de la
tierra, veloz como vuela el águila; una nación cuya lengua no entenderán. [que
es una referencia al Imperio Romano.] Una nación de rostro fiero, que no
respetará al anciano ni mostrará favor al joven: y devorará el fruto de tu
ganado y el fruto de tu tierra, [y todo] y te sitiará en todas tus puertas...
[y en el versículo cincuenta y tres, Dios dijo] incluso comerás el fruto de tu
propio cuerpo, [en otras palabras, tendrás tanta hambre que comerás a tus
propios hijos.] (Deuteronomio 28:48-51, Deuteronomio 28:53)
Y
esta terrible maldición se cumplió en la historia de este pueblo, pues el
hambre los llevó a comerse a sus propios hijos, como se registra en 2 Reyes,
capítulo seis.
Versículo
cincuenta y ocho:
Si
no guardas y cumples todas las palabras de esta ley que están escritas en este
libro, para que temas este nombre glorioso y temible, Yahweh tu Dios; Entonces
el SEÑOR hará terribles tus plagas, afligirá a tu descendencia y te dará
enfermedades dolorosas y prolongadas. Y traerá sobre ti todas las enfermedades
de Egipto. Y quedarás reducido a un pequeño número, cuando eras como las
estrellas del cielo, porque no quisiste obedecer la voz del SEÑOR tu Dios
(Deuteronomio 28:58-60, 28:62).
¿Ves
cómo la obediencia está entretejida en todo esto? Si obedeces, considera tus
bendiciones, pero porque no obedeces, porque no obedeciste, entonces vendrán
todas las maldiciones. Este es el pacto que Dios estableció. Dios dice: «Está
bien, les daré esta tierra. Estableceré este pacto con ustedes. Obedézcanme,
síganme, y la disfrutarán, serán bendecidos. Desobedézcanme, apártense de mí, y
las maldiciones los seguirán». Es precisamente el pacto por el cual Dios les
dio la tierra.
Y
el Señor te dispersará entre todos los pueblos, [versículo sesenta y cuatro]
desde un extremo de la tierra hasta el otro; y allí servirás a otros dioses,
que ni tú ni tus padres conocieron. [Y odiarás la vida; la vida te será muy
dolorosa.] Por la mañana dirás: «¡Ojalá fuera de noche!», y por la noche dirás:
«¡Ojalá fuera de mañana!» (Deuteronomio 28:64, 28:67).
Deu 29:1 Éstas son las palabras de la alianza que
Yahvéh mandó a Moisés concluir con los hijos de Israel en la tierra de Moab,
además de la alianza que había concluido con ellos en el Horeb.
Deu 29:2 Convocó Moisés a todo Israel, y le dijo:
Vosotros habéis visto todo cuanto hizo Yahvéh ante vuestros propios ojos en
tierra de Egipto con el Faraón, con todos sus servidores y con todo su país:
Deu 29:3 las grandes pruebas que tus ojos vieron, esos
signos y prodigios grandiosos.
Deu 29:4 Pero hasta hoy no os había dado Yahvéh
corazón para entender, ojos para ver y oídos para escuchar.
Deu 29:5 Os hice andar cuarenta años por el desierto,
sin que vuestros vestidos se hayan envejecido sobre vosotros, ni tu sandalia se
haya deteriorado en tu pie.
Deu 29:6 No habéis comido pan, ni habéis bebido vino
ni bebida fermentada, para que sepáis por experiencia que yo soy Yahvéh,
vuestro Dios.
Deu 29:7 Llegasteis a este lugar y os salió al
encuentro, para combatiros, Sijón, rey de JeSbón, y Og, rey de Balan, pero los
derrotamos,
Deu 29:8 nos apoderamos de su país y se lo dimos en
herencia a Rubén, a Gad y a la mitad de la tribu de Manases.
Deu 29:9 Guardad, pues, las palabras de esta alianza y
ponedlas en práctica, para que tengáis éxito en todas vuestras empresas.
Deu 29:10 Hoy todos vosotros estáis presentes ante
Yahvéh, vuestro Dios: vuestros jefes de tribu, vuestros ancianos, vuestros
escribas, todos los hombres de Israel;
Deu 29:11 vuestros pequeñuelos, vuestras mujeres y aun el
extranjero que mora en tu campamento, desde el que corta para ti la leña hasta
el que saca para ti el agua.
Deu 29:12 Estáis para entrar en la alianza, acompañada
de juramento imprecatorio, que Yahvéh, tu Dios, concluye hoy contigo,
Deu 29:13 para hacer él hoy de ti su pueblo y para ser
él tu Dios, como te lo ha dicho y como lo juró a tus padres: Abraham, Isaac y
Jacob.
Deu 29:14 Y no sólo con vosotros concluyo yo hoy esta
alianza y este juramento,
Deu 29:15 sino con los que están hoy aquí presentes con
nosotros delante de Yahvéh, nuestro Dios, y también con los que no están hoy
aquí con nosotros.
Deu 29:16 Vosotros sabéis cómo fuimos moradores en el
país de Egipto y cómo pasamos por medio de los pueblos por los que habéis
pasado;
Deu 29:17 habéis visto sus abominaciones y sus ídolos:
madera y piedra, plata y oro, que hay en ellos.
Deu 29:18 No haya entre vosotros hombre ni mujer,
familia ni tribu, cuyo corazón se desvíe hoy de Yahvéh, nuestro Dios, para ir a
servir a los dioses de esos pueblos; no haya entre vosotros raíz de la que
brote veneno y ajenjo.
Deu 29:19 Si al escuchar las palabras de este juramento
imprecatorio, alguien se promete en su corazón la bendición diciéndose: Tendré
paz, aunque ande en la obstinación de mi corazón, pues lo bien mojado calmará
lo seco,
Deu 29:20 Yahvéh no querrá perdonarle, sino que se
encenderá contra él la cólera y el celo de Yahvéh ; descargará sobre él todas
las maldiciones escritas en este libro y Yahvéh borrará su nombre de debajo de
los cielos.
Deu 29:21 Yahvéh lo separará de todas las tribus de
Israel para desgracia suya, conforme a todas las maldiciones de la alianza
escrita en este libro de la Ley.
Deu 29:22 La generación venidera, vuestros hijos, los
que surgirán después de vosotros, y el extranjero que llegue de un país lejano,
a la vista de las plagas de este país y de las enfermedades que les habrá
infligido Yahvé, dirán:
Deu 29:23 Azufre, sal, tierra calcinada es toda esta
tierra; no podrá sembrarse ya más; nada brotará en ella ni crecerá hierba
alguna, como en la catástrofe de Sodoma y Gomorra, de Admá y Seboyim, que asoló
Yahvéh en su cólera y en su furor.
Deu 29:24 Y todas las naciones exclamarán: ¿Por qué
Yahvéh ha tratado así a esta tierra? ¿Qué significa el ardor de esta gran cólera?
Deu 29:25 Y les responderán: Porque abandonaron la
alianza de Yahvéh, el Dios de sus padres, la que hizo con ellos cuando los sacó
del país de Egipto;
Deu 29:26 porque se fueron a servir a otros dioses y se
postraron ante ellos, dioses que no conocían ni él les había dado en suerte.
Deu 29:27 Por eso se encendió la cólera de Yahvéh
contra esta tierra, y descargó sobre ella todas las maldiciones escritas en
este libro;
Deu 29:28 y Yahvéh los arrancó de su país con ira, con
furor y con grande indignación, y los arrojó a otras tierras, donde están hoy.
Deu 29:29 Las cosas ocultas pertenecen a Yahvéh,
nuestro Dios; pero las manifiestas son para nosotros y para nuestros hijos por
siempre, para que practiquemos todas las disposiciones de esta ley.
En
el capítulo veintinueve, Dios continúa con este pacto.
Estas
son las palabras del pacto que el Señor mandó a Moisés que hiciera con los
hijos de Israel. Y Moisés llamó a todo Israel y les dijo: «Habéis visto lo que
el Señor ha hecho delante de vuestros ojos en la tierra de Egipto, a Faraón y a
sus siervos. Las grandes tentaciones que vuestros ojos han visto, las señales y
los grandes milagros. Sin embargo, el Señor no os ha dado hasta el día de hoy
un corazón para comprender, ni ojos para ver, ni oídos para oír. Porque os he
guiado cuarenta años en el desierto; vuestra ropa no es vieja, ni vuestro
calzado está desgastado. No habéis comido pan, ni habéis bebido vino ni bebida
fuerte, para que sepáis que yo soy el Señor vuestro Dios» (Deuteronomio
29:1-6).
En
otras palabras, Moisés dijo que habíais visto estas cosas de Dios, pero que se
habían vuelto comunes, que ya ni siquiera las veíais. ¿Acaso no te das cuenta
de que después de cuarenta años, mira tus zapatos? Ni siquiera se han gastado.
Tu ropa sigue en buen estado. No has podido sembrar ni cosechar, pero Dios ha
provisto tu alimento. Llegaste a los reyes Sehón y Og. Dios los entregó en tus
manos, tomaste sus tierras y Dios te las dio en herencia.
Por
lo tanto, guardad las palabras de este pacto y cumplidlas, para que prosperéis
en todo lo que hagáis (Deuteronomio 29:9).
Su
prosperidad estaba directamente ligada a que guardaran y cumplieran los
mandamientos de Dios. Ese es el pacto que Dios estableció.
Ahora
estáis todos vosotros delante del SEÑOR vuestro Dios;... Vuestros pequeños,
vuestras esposas,... para que entréis en el pacto con el SEÑOR vuestro Dios y
en su juramento, que el SEÑOR vuestro Dios hace hoy con vosotros: para que él
os establezca hoy como pueblo para sí, y para que él sea para vosotros un Dios,
como os ha dicho y como ha jurado a vuestros padres, a Abraham, a Isaac y a
Jacob. No solo con vosotros hago este pacto y este juramento; Pero con aquel
que está hoy aquí con nosotros delante del SEÑOR nuestro Dios, (porque sabéis
cómo habitamos en la tierra de Egipto, y cómo pasamos por las naciones que
vosotros habéis visto; y habéis visto sus abominaciones y sus ídolos, algunos
de ellos de madera, otros de piedra, otros de plata y oro, que estaban entre
ellos:) para que no haya entre vosotros hombre, ni mujer, ni familia, ni tribu,
cuyo corazón se aparte hoy de Jehová nuestro Dios, para ir y servir a los
dioses de estas naciones; para que no haya entre vosotros raíz que produzca
hiel y ajenjo; Y sucederá que, al oír las palabras de esta maldición, se
bendecirá en su corazón, diciendo: «Tendré paz, aunque ande en la fantasía de
mi corazón, añadiendo embriaguez a la sed». Jehová no lo perdonará, sino que la
ira de Jehová y su celo arderán contra él, y todas las maldiciones escritas en
este libro caerán sobre él (Deuteronomio 29:10-20). Esto es terrible: cuando se
da la palabra de Dios, una persona la contradice en su corazón. Cuando la
Palabra de Dios dice: «No escaparás de la ira de Dios», y piensas: «Ja, ja, eso
no es cierto», o «Yo escaparé», o «Esto no me afecta», o lo que sea. Es trágico
que la gente haga esto con frecuencia. Cuando Dios pronuncia una maldición,
sonríen para sí mismos y dicen: «A mí no me pasará». En Hebreos leemos: «¿Cómo
escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?» (Hebreos 2:3).
No hay escapatoria. La Palabra de Dios se cumplirá; no se dejen engañar. Nadie
se burla de Dios, sin embargo, hay quienes se burlan de Él. «Guarden, pues, las
palabras de este pacto y pónganlas por obra, para que prosperen en todo lo que
hagan».
Ahora
bien, en el versículo veinticuatro:
Todas
las naciones dirán: «¿Por qué ha hecho Jehová esto a la tierra? ¿Qué significa
el ardor de esta gran ira?». Y dirán: «Porque han abandonado el pacto que
Jehová, Dios de sus padres, hizo» (Deuteronomio 29:24-25).
Así
también en el versículo veintinueve:
Las
cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas nos
pertenecen a nosotros, a nuestros hijos para siempre, para que pongamos por obra
todas las palabras de la ley (Deuteronomio 29:29).
De
nuevo, la puesta en práctica de la ley.
Y
en el Nuevo Testamento:
Juan 8:39 Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es
Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham
haríais. 40 Pero ahora procuráis matarme
a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto
Abraham. 41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.
Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre
tenemos, que es Dios. 42 Jesús entonces
les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de
Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me
envió. 43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no
podéis escuchar mi palabra. 44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y
los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el
principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando
habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. 45 Y a
mí, porque digo la verdad, no me creéis.
46 ¿Quién de vosotros me
redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me
creéis? 47 El que es de Dios, las palabras de Dios oye;
por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios. 48 Los judíos le respondieron: ¿No decimos, con
razón, que tú eres samaritano y que estás endemoniado? 49 Contestó Jesús: Yo no estoy endemoniado, sino
que honro a mi Padre, mientras que vosotros me quitáis todo honor. 50 Pero yo no busco mi gloria; ya hay uno que la
juzga y la busca. 51 De verdad os
aseguro: El que guarda mi palabra, no morirá jamás. 52 Dijéronle los judíos: Ahora sí que estamos
seguros de que estás endemoniado. Murió Abraham y los profetas. Y tú dices: El
que guarda mi palabra, no experimentará la muerte jamás. 53 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre
Abraham, que murió? Y también los profetas murieron. ¿Por quién te tienes tú? 54 Respondió Jesús: Si yo me glorificara a mí
mismo mi gloria no valdría nada; es el Padre el que me glorifica, de quien
vosotros decís que es vuestro Dios, 55
pero al que no conocéis. En cambio, yo sí lo conozco. Y si dijera que no
lo conozco, yo sería, al igual que vosotros, un embustero. Pero sí lo conozco y
guardo su palabra. 56 Vuestro padre
Abraham se llenó de gozo con la idea de ver mi día, y lo vio, y se llenó de
júbilo. :57 Contestáronle los judíos:
¿Todavía no tienes cincuenta años, y has visto a Abraham? 58 Respondióles Jesús: De verdad os aseguro: Antes
que Abraham existiera, yo soy. 59
Entonces tomaron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió
del templo.
Ahora
les está diciendo claramente quién lo envió: «Si Dios fuera vuestro Padre, me
amaríais, porque yo salí de Dios y vine por mi propia cuenta». Una clara declaración
de Jesús de que salió de Dios y vino por su propia cuenta.
Hay
quienes dicen: «Bueno, Jesús nunca afirmó ser el Hijo de Dios». Un momento.
Aquí mismo les está proclamando y declarando claramente: «Yo salí de Dios y
vine por mi propia cuenta. No vine por mi propia cuenta, sino que él me envió».
¿Y
por qué no entienden lo que digo? incluso porque no pueden escuchar mi palabra.
Porque ustedes son de su padre el diablo
(Jn_8:43-44).
Ellos
dijeron: «Tenemos a Abraham por padre». Y luego dijeron: «Tenemos un solo
padre, Dios». Y Jesús dijo: «Oh, no.
Dios no es su padre, sino que ustedes son de su padre el diablo». y harán
los deseos de su padre El deseo de Satanás de destruir a Jesús, lo vas a
lograr.
Él
fue un asesino desde el principio (Juan 8:44). Me vas a asesinar. No permaneció
en la verdad, porque no hay verdad en él. Y cuando habla mentira, habla de su
propia naturaleza; porque es mentiroso, y padre de la mentira. Y como les digo
la verdad, no me creen. ¿Quién de ustedes puede convencerme de pecado? Y si
digo la verdad, ¿por qué no me creen? El que es de Dios oye la palabra de Dios;
por eso ustedes no la oyen, porque no son de Dios (Juan 8:44-47).
Ahora
bien, esto es algo muy serio. Porque estando aquí esta noche, ¿están escuchando
la palabra de Dios o es solo palabrería sin sentido? Están diciendo: «Bueno, ya
basta, hombre. Quiero irme a casa». ¿De verdad... la palabra de Dios habla a tu
corazón? ¿La recibes? ¿Te impacta? ¿Te reconforta? ¿Te ministra y te alimenta,
o es algo que simplemente ignoras? Puedes discernir rápidamente quién es tu
padre. «El que es de Dios oye las palabras de Dios; por eso vosotros no las
oís, porque no sois de Dios».
Entonces
los judíos le respondieron: «¿No dijimos bien que eras samaritano y que tenías
un demonio?». Jesús respondió: «No tengo un demonio; honro a mi Padre, y
vosotros me deshonráis. No busco mi propia gloria; hay quien busca y juzga. De
cierto, de cierto os digo: Si alguno guarda mis palabras, no verá la muerte
jamás» (Juan 8:48-51).
Jesús
no los va a dejar escapar. Va a ahondar en el tema. Está preparado para la
controversia. ¿Quieren escucharlo? Bien, adelante... vamos a ello.
Y
ahora esta declaración radical: «Si
alguien guarda mi palabra, no verá la muerte jamás». Entonces los judíos le
dijeron: «Ahora sabemos que tienes un demonio. Porque Abraham y los profetas
han muerto, y tú dices que si alguien guarda mi palabra, no gustará la muerte
jamás».
A
menudo se malinterpretaba a Jesús porque hablaba de cosas espirituales y estas
personas solo podían pensar en términos materiales. Existe una definición
bíblica de la muerte y una definición material. Desde una perspectiva humana,
la muerte es la separación de la conciencia de una persona de su cuerpo. Si le
hacen un electrocardiograma a una persona y la lectura es plana, sin movimiento
alguno, y veinticuatro horas después le vuelven a hacer el electrocardiograma y
la lectura sigue siendo plana, si entonces, como suelen hacer, desconectan el
aparato y observan el electrocardiograma para ver si aún hay movimiento plano,
la persona está clínicamente muerta. Significa que no hay actividad cerebral
alguna. El cerebro o la conciencia de la persona se ha ido; no hay actividad
cerebral. Está muerto, su conciencia se ha separado o ha abandonado su cuerpo.
Una
definición espiritual de la muerte es la separación de la conciencia de Dios.
La Biblia dice que si una persona vive solo para el placer, está muerta
mientras aún vive. Si el placer es tu dios, si el placer es tu principal
objetivo, si vives simplemente para el placer, entonces tu conciencia está
separada de Dios, por lo tanto, estás muerto. Aunque físicamente sigas vivo,
estás muerto porque tu conciencia está separada de Dios. Dios no está en tu
conciencia, dice la Biblia.
Entonces
Jesús, refiriéndose a esa definición espiritual, dijo: «Si alguien guarda mis
palabras, jamás verá la muerte». Nunca
estaré conscientemente separado de Dios.
Mi
conciencia puede abandonar este cuerpo, pero no estaré muerto. Seré más
consciente de Dios que nunca, porque estaré en su presencia. Muy vivo. «El que guarda mi palabra no verá la muerte
jamás», lo creo. Lo creo
completamente. Creo que un día mi conciencia abandonará este cuerpo y
la gente que me rodea dirá: «Alberto Sobrino murió». Eso es una mala definición
de mi nuevo estado consciente, inexacto, por decir lo menos. Para registrarlo
con precisión, deberían escribir: «Alberto Sobrino se mudó de una tienda de
campaña destartalada y desgastada a una hermosa mansión nueva que el Señor había
ido a preparar a los que en Él confían». No estaré muerto, estaré muy vivo
allí, en la presencia de Dios, en su reino eterno. Porque sabemos que cuando
este tabernáculo terrenal se disuelva, tendremos un edificio de Dios, no hecho
por manos humanas, eterno en los cielos. Por eso, los que estamos en estos
cuerpos a menudo gemimos con fervor, deseando partir. No para ser un espíritu
encarnado, sino para poder entrar en ese nuevo cuerpo que está en el cielo.
Porque sé que mientras viva en este cuerpo, estoy ausente del Señor. Así que
prefiero estar ausente de este cuerpo y estar presente con el Señor. Así que un
día me mudaré de la tienda a la casa celestial. No muerto, solo mudado.
Los
judíos le dijeron: «Ahora sabemos que tienes un demonio, porque Abraham y los
profetas han muerto, y tú dices que si alguien guarda mi palabra, no morirá
jamás». Se equivocaron al suponer que Abraham era un demonio. ¿Recuerdan cuando
Jesús habló con los saduceos y les hizo la pregunta...? Ellos, ya saben,
estaban... los que no creían en la resurrección, ni en espíritus ni en ángeles.
Jesús dijo: «¿Cómo es que cuando Dios habló con Moisés en la zarza ardiente, le
dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”?» Él no es el Dios de
los muertos, sino de los vivos. Se equivocaron al decir que Abraham estaba
muerto. Abraham estaba muy vivo en ese momento. De hecho, estaba consolando a
todos los que esperaban al Mesías. Lucas, capítulo dieciséis, narra cómo el
ángel llevó al pobre hombre al seno de Abraham, donde consolaba a los que
esperaban.
¿Acaso
eres tú mayor que nuestro padre Abraham, que murió? ¿Y que los profetas que
murieron? ¿Quién te crees que eres? Y Jesús respondió: Si yo me honrara a mí
mismo, mi honra no vale nada; es mi Padre quien me honra, de quien ustedes
dicen que es su Dios; pero no lo conocen. Pero yo lo conozco; y si dijera que
no lo conozco, sería un mentiroso como ustedes; pero yo lo conozco y guardo sus
palabras (Juan 8:53-55).
Como
ven, Jesús no se anda con rodeos con estos hombres. Les está diciendo las cosas
claras. Y luego dijo:
Vuestro
padre Abraham se regocijó al ver mi día; y lo vio, y se alegró. Y los judíos le
dijeron: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Y Jesús les
dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy (Juan
8:56-58).
Esto
es todo. Esta es su declaración clara y abierta de su divinidad. Usando ahora
el nombre del Dios eterno. Cuando Moisés preguntó: «¿Quién diré que me envió?»,
«Di: Yo soy el que yo soy te ha enviado». El nombre que expresa la naturaleza
eterna de Dios. «No tienes cincuenta años. ¿Quieres decir que Abraham te vio?»
Y Jesús dijo: «Antes que Abraham existiera, yo soy».
Entonces
comprendieron lo que decía, porque tomaron piedras para apedrearlo; pero Jesús
se ocultó y salió del templo, pasando por en medio de ellos, y así pasó de
largo (Juan 8:59).
¿Cuándo
lo vio Abraham? «Vuestro padre Abraham se regocijó al ver mi día; lo vio y se
alegró». ¿Cuándo lo vio Abraham? Es muy posible que se trate de una referencia
a Melquisedec en el Antiguo Testamento. Porque cuando Abraham regresó de la
victoria sobre los cinco reyes, salió a su encuentro el rey de Salem, el rey de
paz, y le ofreció pan y vino, o la comunión. Y Abraham le dio el diezmo de todo
lo que tenía, o la décima parte de todo el botín. Este sacerdote del Antiguo
Testamento, Melquisedec, era llamado sacerdote del Dios Altísimo. Honrado por
Abraham, quien le entregó sus bienes, el diezmo de todo lo que tenía. Y es muy
posible que Melquisedec fuera lo que se conoce como una teofanía, la aparición
de Dios en el Antiguo Testamento en la forma de Jesucristo. «Antes que Abraham
existiera, yo soy. Y Abraham se regocijó al ver mi día, y lo vio». Hay otras
pruebas que demuestran que Melquisedec bien podría haber sido Jesucristo. Se
dice que no hay registro de su genealogía. No provenía del sacerdocio levítico,
porque Leví ni siquiera había nacido. Leví era descendiente de Abraham, de
quien descendía el sacerdote... la familia del sacerdote. Así que es muy
posible que Melquisedec fuera en realidad una aparición de Jesús a Abraham en
el Antiguo Testamento.
Existe
otra posibilidad, y es que, cuando el ángel del Señor se dirigía a destruir la
ciudad de Sodoma, al leer el texto con atención, Abraham hablaba con Jehová, o
Jesucristo, intercediendo por las ciudades de Sodoma y Gomorra. «¿Y si hay
cincuenta justos, destruirás a los justos junto con los impíos? ¿Acaso el Señor
no debe ser justo?» Al leer esto, verás que Abraham se dirige a Jehová y Jehová
le responde. Así que es posible que allí Abraham viera a Jesús y se alegrara de
ver su día. Pero Jesús existió desde el principio y se manifestó durante el
período del Antiguo Testamento. Este es un detalle interesante.
Hechos 3:18
Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos
sus profetas, que su Cristo había de padecer. 19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que
sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos
de refrigerio, 20 y él envíe a
Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21
a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de
la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos
profetas que han sido desde tiempo antiguo. 22
Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará
profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas
que os hable; 23 y toda alma que no oiga
a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.24 Y todos los profetas desde Samuel en
adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. 25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y
del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente
serán benditas todas las familias de la tierra. 26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo
levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se
convierta de su maldad.
Pero
Dios cumplió lo que había anunciado de antemano por boca de todos sus profetas:
que Cristo debía padecer (Hechos 3:18).
En
otras palabras, lo que sucedió no fue casualidad. La crucifixión de Jesús fue
algo que Dios había planeado, pues estaba predicho en las Escrituras: el
sufrimiento del Mesías anunciado por los profetas. Entonces Pedro llega a la
aplicación, hablando a los judios:
Arrepiéntanse,
pues, y conviértanse, para que sus pecados sean borrados, para que vengan
tiempos de refrigerio de la presencia del Señor (Hechos 3:19).
Así,
llama al pueblo al arrepentimiento y a la conversión, para que reciban el
perdón de sus pecados y la gloriosa obra del Espíritu de Dios en tiempos de
refrigerio.
Y
él [Dios] enviará a Jesucristo, que les fue anunciado de antemano (Hechos
3:20).
Jesús
vendrá de nuevo. El Padre lo enviará de nuevo. Jesús dijo: «Si me voy,
volveré». La semana pasada, en nuestra lección de Hechos, capítulo 1, mientras
Jesús ascendía al cielo y ellos estaban allí mirando hacia la nube que lo había
ocultado de su vista, dos hombres vestidos de blanco que estaban cerca dijeron:
«Hombres de Galilea, ¿por qué están aquí mirando al cielo? Porque este mismo
Jesús volverá, así como lo han visto ir al cielo» (Hechos 1:11). ¡Él viene de
nuevo! Dios enviará a Jesucristo, quien les fue anunciado.
A
quien el cielo debe recibir hasta los tiempos de la restauración de todas las
cosas, de la cual Dios habló por boca de todos los santos profetas desde el principio
del mundo (Hechos 3:21).
Ahora
bien, a partir de este breve pasaje bíblico se ha desarrollado toda una
doctrina sobre la restauración final de todas las cosas. Y esa restitución
final de todas las cosas tendrá lugar cuando Satanás finalmente se arrodille,
confiese su culpa y sea reintegrado como hijo de Dios, y Dios finalmente haya
restaurado a todos y a todo, a todos los pecadores, y todos serán salvos. La
restitución final de todas las cosas. Esta herejía en particular se ha basado
en este pequeño pasaje bíblico. Que no se refiere a la restauración de los
impíos en una fecha futura es obvio por el hecho de que dijo que es algo de lo
que todos los profetas han hablado.
Y
cuando volvemos a los profetas del Antiguo Testamento y ellos hablan de la
restitución de todas las cosas, ¿a qué se refieren? Se refieren a la
restauración de la nación de Israel al favor divino. Israel, debido a su rechazo de Dios, será exterminado. Serán
dispersados. Serán esparcidos por todo el mundo. Serán maldición y burla. Serán
quemados en hornos, como predijeron los profetas. Pero cada uno de los que predijeron
la terrible y trágica miseria que los judíos sufrirían durante la gran
dispersión, todos vislumbraron la luz al otro lado, cuando Dios volvería a
tomar a su esposa infiel, la limpiaría, la vestiría y la recibiría de nuevo
como su esposa. Y restauraría a la esposa infiel a su posición anterior. Oseas
y todos los profetas hablan de esta restauración de la obra y la gracia de Dios
a la nación de Israel, y a eso se refieren, no a que Dios vaya a restaurar a
todos los malvados, incluido Satanás. De eso hablan todos los profetas. No
encontrarán esta otra doctrina, la restitución de todas las cosas, es decir,
que todos los hombres serán salvados. En última instancia... no encontrarán eso
en ninguno de los profetas del Antiguo Testamento. Pero siempre se trata de la
nación de Israel. Y recuerden que se dirige a: «Varios israelitas, ¿por qué os
maravilláis de esto?». Así que esta restitución es la restitución de Dios de su
obra con Israel que vendrá. El apóstol Pablo, en el capítulo once de Romanos,
dijo: «Parte de Israel está ciega hasta que entre la plenitud de los gentiles.
Pero entonces todo Israel será salvo. Porque de Sion vendrá el Libertador»
(Romanos 11:25-26), para reconciliar a los hijos con sus padres. Y hace
referencia a esta restauración de la obra de Dios entre el pueblo judío que
tendrá lugar. Jesús dijo: «No me volverán a ver hasta que digan: “¡Bendito el
que viene en el nombre del Señor!”» (Mateo 23:39).
La
tierra tiene que soportar un período más de siete años. Porque se determinaron
setenta semanas para la nación de Israel: para terminar las transgresiones,
para acabar con el pecado, para expiar la iniquidad, para cumplir las profecías
del Mesías y para ungir el Lugar Santísimo. Y habría sesenta y nueve períodos
de siete años desde el momento en que la profecía anunciara la restauración y
reconstrucción de Jerusalén hasta la venida del Mesías Príncipe. Pero queda un
período de siete años sin cumplir, que aún está por venir. Durante este
período, Dios tratará con la nación de Israel, y la ceguera que había cubierto
sus ojos durante casi 2000 años será eliminada.
Ahora
bien, la ceguera ha afectado a Israel. En parte, es decir, para la mayoría. Hay
quienes no han estado ciegos. Hay una parte de Israel hoy a la que Dios le ha
abierto los ojos para ver la verdad. ¡Qué evangelistas suelen ser cuando Dios
les abre los ojos y pueden ver que Jesús era, en efecto, el Mesías prometido!
Pero es asombroso cuán ciega está la mayoría de la gente. Y realmente no
conocen bien sus propias Escrituras. Conocen las tradiciones, las leyes
dietéticas y todo lo demás, los sábados, pero están ciegos a la verdadera obra
de Dios. Y habiendo abandonado el camino de Dios, han intentado establecer una
justicia por medio de las obras, por medio de las buenas obras. La Biblia nos
dice: «Por las obras de la ley nadie será justificado delante de Dios» (Gálatas
2:16). La Biblia también nos dice: «Porque sin derramamiento de sangre no hay
remisión de pecados» (Hebreos 9:22).
Ahora
bien, durante este tiempo en que Dios trata con la nación de Israel, comenzarán
a llorar por su ceguera como una mujer que llora por la pérdida de su único
hijo. Llorarán porque fueron ciegos a la gracia y la bondad de Dios y al Mesías
que Dios les proveyó. Porque reconocerán que Jesús es, en verdad, el Mesías. Al
ver que las Escrituras se cumplen tal como fueron predichas, se darán cuenta de
que se equivocaron al rechazar a Jesús como nación, lo aceptarán y dirán:
«¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!». En ese momento, Jesús
regresará con miles de sus santos para establecer su reino en la tierra. «He
aquí que el Señor viene con miles de sus santos», y «Cuando Cristo, que es nuestra
vida, se manifieste, entonces nosotros también nos manifestaremos con él en
gloria» (Colosenses 3:4). Al venir con él para establecer el reino de Dios aquí
en la tierra.
Por
lo tanto, los cielos deben guardarlo hasta el tiempo de la restauración de todas
las cosas que Dios predijo en los profetas desde el principio del mundo. Desde
el Jardín del Edén, donde Dios prometió que la descendencia de la mujer aplastaría
el talón de la serpiente.
Porque
Moisés dijo a los padres: «El Señor vuestro Dios os levantará un profeta de
entre vuestros hermanos, como yo». A él escucharéis en todo lo que os diga. Y
sucederá que toda persona que no escuche a ese profeta será exterminada de
entre el pueblo. Y todos los profetas desde Samuel y los que le siguieron,
cuantos hablaron, también anunciaron estos días. Vosotros sois hijos de los
profetas y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: «En
tu descendencia serán benditas todas las familias de la tierra». Y a vosotros
primero Dios, habiendo resucitado a su Hijo Jesús, lo envió para bendeciros,
apartando a cada uno de vosotros de sus iniquidades (Hechos 3:22-26).
Así
pues, Dios ha cumplido las promesas que hizo a través de los profetas del
Antiguo Testamento. Ellos hablaron de estos días; hablaron del Mesías. Y Él
vino. «Y sucederá que si no le escucháis, seréis destruidos de entre el pueblo.
Sois hijos de los profetas y de los pactos que Dios hizo con nuestros padres. Y
así, a vosotros primero se los reveló Dios». Así que Pablo, al hablar del Evangelio,
dijo: «No me avergüenzo del Evangelio de Jesucristo, que es poder de Dios para
salvación; al judío primero, y también al griego» (Romanos 1:16).
El
Evangelio llegó primero al judío. «Daréis testimonio de mí en Jerusalén, en
toda Judea y Samaria». Primero al judío, y luego hasta los confines de la
tierra. Y cuando el judío rechazó el Evangelio, Pablo se volvió y dijo: «De
ahora en adelante voy a los gentiles. Puesto que os consideráis indignos de la
vida eterna, voy a los gentiles». Y se nos abrió la puerta a nosotros, que
estábamos sentados en tinieblas, para entrar en la gloriosa luz del amor y la
verdad de Dios.
Gálatas 3:6 Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado
por justicia.7 Sabed, por tanto, que los
que son de fe, éstos son hijos de Abraham.8
Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los
gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán
benditas todas las naciones.9 De modo
que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.10 Porque todos los que dependen de las obras de
la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no
permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para
hacerlas.11 Y que por la ley ninguno se
justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá;
12 y la ley no es de fe, sino que dice:
El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. 13
Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición
(porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero, 14 para que en Cristo Jesús la bendición de
Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la
promesa del Espíritu.
Así
como Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia (Gálatas 3:6).
¿Qué?
Su fe en Dios. Ahora bien, es cierto que su fe en Dios se manifestó mediante su
obediencia. No se trata solo de decir:
«Bueno, creo en el Señor. Creo en Jesús». Es más que un simple asentimiento verbal a la verdad. Si realmente
creo, mi fe se demostrará con mis acciones.
Ahora
bien, si una persona simplemente dice: «Creo en Jesús. Sí, creo», pero sus
acciones no concuerdan con lo que declara, entonces hay muchas razones para
dudar de si realmente lo cree. Si creo sinceramente en algo, entonces mis
acciones concordarán con mi creencia y la confirmarán.
Así
pues, las acciones de Abraham confirmaron lo que creía. Sus acciones se basaban
en su fe. Abraham creía en Dios, y fue la creencia en que Dios justificaba la
justicia, no las acciones en sí, sino la creencia la que impulsó las acciones.
Como dijo Santiago: «La fe sin obras está muerta» (Santiago 2:26). «¿Dices que
crees? Pues bien, muéstrame tus obras y yo te mostraré tu fe». En otras
palabras, Santiago señala que el simple asentimiento verbal a la verdad no es
suficiente. Debe demostrarse con acciones si se trata de una fe verdadera, si
se trata de una creencia verdadera. Pero Dios no se fija en las acciones, sino
en la fe que las impulsa. En el caso de Abraham, fue su fe la que Dios le
atribuyó como justicia.
Sabed,
pues, que los que son de fe, estos son hijos de Abraham (Gálatas 3:7).
Así
pues, Abraham fue el padre, no de una estirpe física, sino de una estirpe
espiritual. Las promesas a Abraham no fueron para la descendencia física, sino
para la espiritual. Por eso Pablo pronto señalará que nosotros, como hijos de
Abraham, quien es el padre de los que creen, al creer, nos convertimos en hijos
de Abraham por medio de la fe. Y así, el pacto que Dios hizo con Abraham se
convierte en el pacto de Dios con nosotros, al convertirnos en hijos de
Abraham, el padre de los que creen. Así que, puede que seas descendiente físico
de Abraham, pero si no crees, en realidad no eres descendiente de Abraham en
ese sentido espiritual.
Y
la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció
de antemano el evangelio a Abraham, diciendo: «En ti serán benditas todas las
naciones». Así que los que son de fe son bendecidos con el fiel Abraham
(Gálatas 3:8-9).
La
promesa de Dios a Abraham, previendo que los gentiles serían justificados por
la fe, le prometió esta bendición de la cual tú participas.
Ahora
bien, a aquellos que estaban dispuestos a volver a la ley, a aquellos que
estaban dispuestos a considerar la ley como la base de una posición justa ante
Dios, Pablo les dijo: «¿No se dan cuenta de que...?»
Porque
todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues
escrito está: «Maldito todo aquel que no permanece en todas las cosas escritas
en el libro de la ley para cumplirlas» (Gálatas 3:10).
Un
mensaje contundente. ¿Quieres ser justificado ante Dios por guardar la ley?
Entonces debes guardarla toda siempre, y si la quebrantas una sola vez en
cualquier aspecto, estás perdido. Estás bajo la maldición. Porque «maldito el
hombre que no permanece en toda la ley para hacer todo lo que en ella está
escrito».
Santiago
dijo que «si guardamos toda la ley, pero la quebrantamos en un solo punto,
somos culpables de toda» (Santiago 2:10). Ahora bien, no importa qué punto
hayas quebrantado; si quebrantas cualquier punto de la ley, eres culpable de
toda. Si quieres ser justo ante Dios por tus obras, entonces debes ser
perfecto. Y si no eres perfecto, entonces es mejor que escuches el evangelio de
la gracia por medio de la fe, porque lo necesitas. Así que esto es para
personas imperfectas. Los demás pueden irse a casa en este punto.
Pero
que nadie es justificado por la ley delante de Dios, es evidente, pues [la
Biblia dice]: «El justo vivirá por la fe» (Gálatas 3:11).
Esta
escritura fue dada a Dios al atribulado profeta Habacuc, quien se quejaba a
Dios en un momento de decadencia nacional. La nación se deterioraba
rápidamente. Había todo tipo de corrupción en el gobierno. Y Habacuc vio la
corrupción que... Estaba allí. Él comprendió el problema y dijo: «Dios, por
favor, hazme un favor. No me dejes ver nada más; no puedo soportarlo. Todo el
sistema se está yendo al traste y tú no haces nada al respecto». Dios dijo:
«Habacuc, estoy haciendo una obra, y si te dijera lo que estoy haciendo, no me
creerías». Entonces Habacuc dijo: «Bueno, inténtalo». Y Dios dijo: «Estoy
preparando a Babilonia, y voy a traer a Babilonia como mi instrumento para
juzgar a este pueblo por su iniquidad». «Un momento, Señor, eso no es justo.
Nosotros somos malos, sí, pero ellos son horribles. Son mucho peores que
nosotros. ¿Por qué usarías una nación aún más malvada para castigarnos?». Dios
dijo: «Te dije que no lo creerías». Entonces Habacuc dijo: «Señor, no sé qué
hacer. Me sentaré en la torre y esperaré en ti a ver qué haces».
Así
que entró en la torre para sentarse allí y esperar en Dios. Y mientras estaba
sentado, la palabra del Señor vino a Habacuc, el profeta, diciendo: «Habacuc,
el justo vivirá por la fe. Créeme. Confía en mí. Las cosas se pondrán
difíciles, Habacuc. La nación irá al cautiverio, ya sabes, pero créeme, confía
en mí, el justo vivirá por la fe».
Aquí
Pablo cita de nuevo esta maravillosa declaración de Dios: el justo, o aquellos
que son justificados, serán justificados por la fe. Por eso la ley no puede
justificarte. No puede hacerte justo.
Y
la ley no se basa en la fe (Gálatas 3:12):
La
ley se basa en las obras. La ley dice:
Pero
el que las cumple vivirá por ellas (Gálatas 3:12).
La
ley pone énfasis en la acción, en la obediencia, mientras que la fe pone
énfasis en la confianza en Dios. Por lo tanto, todos los que están bajo la ley
están bajo la maldición de la ley, a menos que la cumplan por completo. Pero
Cristo nos redimió de la maldición de la ley, haciéndose maldición por
nosotros, pues escrito está: Maldito todo el que cuelga de un madero (Gálatas
3:13).
Así
que Jesús, colgado en el madero, en la cruz, se hizo maldición por nosotros
para redimirnos de la maldición de la ley. Una vez más, aquí tenemos una
gloriosa visión de la gracia de Dios hacia nosotros en Cristo. Porque «aunque
era rico, por amor a vosotros se hizo pobre, para que por su pobreza
conocierais las riquezas de Dios» (2 Corintios 8:9). Es decir, ¡qué gran
sacrificio! Él era tan rico, y sin embargo, por amor a nosotros se despojó de
todo. Él se hizo pobre para que, por medio de su pobreza, conociéramos las
riquezas del amor y la gracia de Dios.
«Porque
Dios lo hizo pecado por nosotros, a quien no conoció pecado» (2 Corintios
5:21). Muchas veces, cuando bajamos a bautizar en el mar, el agua está bastante
fría. Y cuando la gente se sumerge en esa agua helada, a veces les quita el
aliento. Y al salir a la superficie, se les ve jadeando por el frío, tratando
de recuperar la compostura. Es un shock para el cuerpo, cuando está caliente,
sumergirse de repente en agua fría. Es un shock para el cuerpo.
Me
pregunto qué clase de shock habrá sido para Jesús, que era tan puro, tan
totalmente puro, que de repente le arrojaran sobre sí los pecados del mundo.
Cada cosa podrida y malvada que el hombre haya cometido. Cada perversión
cometida por el hombre, arrojada sobre Él. ¡Qué shock habrá sido! Pero aun así,
«Dios hizo que aquel que no conoció pecado se hiciera pecado por nosotros, para
que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios por medio de él» (2 Corintios
5:21). Así pues, nos redimió de la maldición de la ley, porque se hizo
maldición por nosotros al ser crucificado.
Para
que la bendición de Abraham alcanzara a los gentiles por medio de Jesucristo;
para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe (Gálatas 3:14).
Por
lo tanto, Jesús vino a redimirnos, tomando sobre sí nuestra maldición. Pero, de
nuevo, esto es negativo. Lo positivo es que recibiéramos las bendiciones que
Dios le prometió a Abraham, la promesa del Espíritu mediante la fe.
Gálatas 3:23 Pero antes que viniese la fe, estábamos
confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada.
24 De manera que la ley ha sido nuestro
ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. 25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo,
26 pues todos sois hijos de Dios por la
fe en Cristo Jesús; 27 porque todos los
que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. 28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni
libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
29 Y si vosotros sois de Cristo,
ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.
Pero
antes de que llegara la fe, mejor dicho. Antes de la venida de Jesucristo, la
relación con Dios se basaba en la ley. Así era como el hombre se relacionaba
con Dios. Tenía que ofrecer el sacrificio; tenía que expiar su pecado. Pero una
vez que Jesús vino, ya no necesitamos la ley.
Por
tanto, la ley fue nuestro tutor para llevarnos a Cristo (Gálatas 3:24), o hasta
el tiempo de la venida de Cristo, para que fuéramos justificados por la fe
(Gálatas 3:24).
La
ley solo me muestra cuánto he fallado en ser lo que Dios me exige. Es el
tutor. El hombre estuvo bajo la ley hasta la época de Cristo.
Pero
después de que llegó la fe [la venida de Jesucristo], ya no estamos bajo un
tutor (Gálatas 3:25).
Pablo
dijo que Cristo es el fin de la ley para los que creen. Es decir, la ley como
base de mi relación con Dios. Mi relación con Dios ya no se basa en el
cumplimiento de la ley. Mi relación con Dios ahora se basa en mi fe en Jesús.
Cristo.
Porque
todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que habéis
sido bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido. Ya no hay judío ni
griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, porque todos sois uno en
Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, entonces sois descendientes de Abraham y
herederos según la promesa (Gálatas 3:26-29).
Así
pues, Jesús se ha convertido en el denominador común entre los hombres. De modo
que todos nos relacionamos con Dios en igualdad de condiciones a través de
Jesucristo. Tengo el mismo acceso a Dios a través de Jesucristo que Billy
Graham, el Papa o cualquier otra persona, porque ellos tienen que venir de la
misma manera. Tengo que venir a través de Jesucristo y por la fe en Jesucristo.
De hecho, a veces creo tener más acceso, porque sé que tengo que venir por la
fe, y algunas de esas buenas personas podrían pensar que a veces pueden venir
por sí mismas. Pero yo sé que no puedo.
Así
que tú, como hijo de Dios por la fe en Jesucristo, tienes acceso a Dios, y no
importa cuál sea tu origen. Porque en lo que respecta a nuestra unión con
Cristo, «no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay hombre ni
mujer». No hay superioridad masculina. Dios no escucha a los hombres con más
facilidad que a las mujeres. O, por otro lado, no escucha a las mujeres con más
facilidad que a los hombres. Todos somos llevados a un denominador común en
Jesucristo y todos somos uno en Él.