A raíz de esta guerra entre Israel, EE.UU contra Irán, he visto y escuchado en el mundo “evangélico” verdaderos delirios escatológicos que me dan vergüenza. Israel un estado ateo, donde Tel Aviv es la capital del mundo homosexual; donde los judíos no creen en Jesús como el Mesías, y los sionistas cometen atrocidades a todas horas… salen “pastores, pastoras supuestamente “evangélicos” , con su “evangelio de la prosperidad” orando en el capitolio por el presidente y los soldados.
Sería para partirse de risa, pero la realidad y la gravedad es que apartan a las personas para acercarse al Evangelio de Cristo, y a los “creyentes” que se limitan a escuchar, sin comprobar en la Palabra de Dios en la Biblia, los llevan con sus doctrinas al mismo infierno. ¿Qué dice las Sagradas Escrituras sobre Israel? Aquella persona que no cree en Jesús, sea judío o gentil. Es HIJO DEL DIABLO.
Esto no es antisemitismo, lo dice la Palabra de Dios en la Biblia.
Para muestra veamos en el Antiguo Testamento en:
Deuteronomio 28:1 Pero, en cambio, si de verdad escuchas la voz de Yahvéh, tu Dios, y cuidas de practicar todos los mandamientos que yo te prescribo hoy, Yahvéh, tu Dios, te exaltará por encima de todas las naciones de la tierra.
Deu 28:2 Y vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas bendiciones, por haber escuchado la voz de Yahvéh, tu Dios.
Deu 28:3 Bendito serás en la ciudad y bendito en el campo.
Deu 28:4 Bendito el fruto de tu vientre, el de tu suelo y el de tu ganado, los partos de tus vacas y las crías de tus ovejas.
Deu 28:5 Bendita tu cesta y tu artesa.
Deu 28:6 Bendito tú en tu entrar y en tu salir.
Deu 28:7 Yahvéh hará que los enemigos que se alcen contra ti sean abatidos en tu presencia; por un camino saldrán contra ti y por siete huirán delante de ti.
Deu 28:8 Yahvéh mandará a la bendición que esté contigo, en tus graneros y en todo lo que emprendan tus manos, y te bendecirá en el país que Yahvéh, tu Dios, te va a dar.
Deu 28:9 Yahvéh te establecerá como pueblo consagrado a él, como te lo ha jurado, si guardas los mandamientos de Yahvéh, tu Dios, y andas por sus caminos.
Deu 28:10 Todos los pueblos de la tierra verán que el nombre de Yahvéh es invocado sobre ti y te temerán.
Deu 28:11 Yahvéh te hará sobreabundar en bienes: en el fruto de tu vientre, en el de tu ganado y en el de tu suelo, en el suelo que Yahvéh juró a tus padres que te había de dar.
Deu 28:12 Yahvéh te abrirá los cielos, su rico tesoro, para darle a su tiempo la lluvia a tu tierra y para bendecir todas las obras de tus manos; así tú prestarás a muchas naciones, y de ninguna tendrás que tomar prestado.
Deu 28:13 Yahvéh te pondrá a la cabeza y no a la cola, estarás siempre encima y nunca debajo, si escuchas los mandamientos de Yahvéh, tu Dios, que yo te prescribo hoy, observándolos y llevándolos a la práctica,
Deu 28:14 sin desviarte a la derecha ni a la izquierda de ninguna de las disposiciones que yo te prescribo hoy, y si no te vas tras otros dioses para servirlos.
Deu 28:15 Pero si no escuchas la voz de Yahvéh, tu Dios, y no pones cuidado en practicar todos estos mandamientos y preceptos que yo te prescribo hoy, vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas maldiciones:
Deu 28:16 Maldito serás tú en la ciudad y maldito en el campo.
Deu 28:17 Malditas tu cesta y tu artesa.
Deu 28:18 Maldito el fruto de tu vientre y el de tu suelo, los partos de tus vacas y las crías de tus ovejas.
Deu 28:19 Maldito tú en tu entrar y en tu salir.
Deu 28:20 Yahvéh enviará contra ti la maldición, el pánico, el desconcierto y el fracaso en todo cuanto emprendan tus manos, hasta quedar exterminado y perecer rápidamente por la maldad de tus obras, por las que me has abandonado.
Deu 28:21 Yahvéh hará que la peste se te pegue, hasta que ella acabe contigo sobre el suelo en cuya posesión vas a entrar.
Deu 28:22 Yahvéh te herirá de consunción, de fiebre, de inflamación, de gangrena, de sequía, de milden y de tizón, que te perseguirán hasta exterminarte.
Deu 28:23 Los cielos, sobre tu cabeza, serán de bronce; y el suelo, debajo de ti, de hierro.
Deu 28:24 En vez de lluvia, Yahvéh mandará sobre tu tierra polvo y arena, que bajarán del cielo sobre ti, hasta que perezcas.
Deu 28:25 Yahvéh hará que seas derrotado ante tus enemigos; irás contra ellos por un solo camino, y por siete huirás de ellos, y serás objeto de horror para todos los reinos de la tierra.
Deu 28:26 Tu cadáver será pasto de todas las aves del cielo y de todas las bestias de la tierra, y no habrá nadie que las espante.
Deu 28:27 Yahvéh te herirá con forúnculos de Egipto, con hemorroides, con sarna y con tina, de que no podrás ser curado.
Deu 28:28 Yahvéh te herirá de locura, de ceguera y de idiotez;
Deu 28:29 en pleno día andarás a tientas, como a tientas va el ciego en las tinieblas. Nunca tendrás éxito en tus empresas, y estarás siempre oprimido y despojado, sin que nadie salga en tu defensa.
Deu 28:30 Te desposarás con una mujer, y otro hombre dormirá con ella; construirás una casa, y no la habitarás; plantarás una viña, y no cosecharás sus frutos.
Deu 28:31 Tu buey será degollado en tu presencia, y no comerás de él; tu asno te será arrebatado en tu presencia, y no te será devuelto; tus ovejas serán entregadas a tus enemigos, sin que nadie salga en tu defensa.
Deu 28:32 Tus hijos y tus hijas serán entregados a un pueblo extraño: tus ojos lo verán y se consumirán mirando todo el día hacia ellos, pero tus manos nada podrán hacer.
Deu 28:33 Un pueblo que no conoces comerá el fruto de tu suelo y todos tus productos. Serás siempre oprimido y maltratado.
Deu 28:34 Enloquecerás ante el espectáculo de lo que verán tus ojos.
Deu 28:35 Yahvéh te herirá de forúnculos malignos en las rodillas y en las piernas, de los que no podrás ser curado, desde la planta del pie hasta la coronilla.
Deu 28:36 Yahvéh te conducirá, a ti y al rey que hayas puesto sobre ti, a una nación que no has conocido, ni tú ni tus padres, y allí servirás a otros dioses, de madera y de piedra,
Deu 28:37 y serás objeto de asombro, de irrisión y de mofa en todos los pueblos a los que Yahvéh te llevará.
Deu 28:38 Echarás mucha semilla en tu campo y recogerás poco, porque la langosta la devorará.
Deu 28:39 Plantarás viñas y las trabajarás, pero no beberás vino ni harás provisión de él, porque lo echará a perder el gusano.
Deu 28:40 Tendrás olivos en todo tu territorio, pero no te ungirás con su aceite, porque la aceituna se caerá.
Deu 28:41 Engendrarás hijos e hijas, pero no serán para ti, porque irán al cautiverio.
Deu 28:42 Todos tus árboles y los frutos de tu suelo los consumirán los insectos.
Deu 28:43 El extranjero que esté en medio de ti se alzará por encima de ti cada vez más alto, y tú caerás cada vez más bajo;
Deu 28:44 él te prestará y tú no le podrás prestar; él vendrá a ser cabeza, y tú serás la cola.
Deu 28:45 Vendrán sobre ti todas estas maldiciones, te perseguirán y te alcanzarán hasta que desaparezcas, por no haber escuchado la voz de Yahvéh, tu Dios, al no guardar los mandamientos y preceptos que te ordenó;
Deu 28:46 y ellas serán como señal y prodigio contra ti y contra tu posteridad para siempre.
Deu 28:47 Por no haber servido a Yahvéh, tu Dios, con alegría y buen corazón mientras abundabas de todo,
Deu 28:48 habrás de servir en hambre y en sed, en desnudez y en privación, al enemigo que Yahvéh mandará contra ti; pondrá sobre tu cuello un yugo de hierro, hasta que te extermine.
Deu 28:49 Yahvéh traerá contra ti, desde lejos, desde los confines de la tierra, como águila que se cierne, a un pueblo, a un pueblo cuya lengua no entenderás,
Deu 28:50 a un pueblo de rostro fiero, que no respetará al anciano ni tendrá piedad del niño.
Deu 28:51 El se comerá las crías de tus ganados y los productos de tu suelo hasta que perezcas; no te dejará trigo, ni mosto, ni aceite, ni partos de tus vacas, ni crías de tus ovejas, hasta que perezcas.
Deu 28:52 Pondrá sitio a todas tus ciudades, hasta que, en todo tu país, se derrumben las murallas más altas y mejor fortificadas, en las que tú confiabas; que te asediará en todas tus ciudades, en toda la tierra que Yahvéh, tu Dios, te haya dado.
Deu 28:53 Llegarás a comer el fruto de tus entrañas, la carne de tus hijos y de tus hijas que te haya dado Yahvéh, tu Dios, en la angustia y en la miseria a la que te reducirá tu enemigo.
Deu 28:54 El más delicado y el más tierno de entre los tuyos, mirará con ojos torvos a su hermano, a la mujer que reposa en su seno y a los hijos que le queden,
Deu 28:55 por miedo de tener que partir con alguno de ellos la carne de sus hijos, que él comerá, por no quedarle otra cosa que comer en el asedio y en la angustia a que te someterá tu enemigo en todas tus ciudades.
Deu 28:56 La más delicada y la más tierna de las mujeres de tu pueblo, que de tan delicada y tierna no osaba poner en el suelo la planta de su pie, mirará con malos ojos al hombre de su corazón, a su hijo y a su hija,
Deu 28:57 y se esconderá de ellos para devorar en secreto, por no tener otra cosa, las secundinas que salgan de su seno y el hijo que acaba de dar a luz; tanta será la angustia y la miseria a que te reducirá tu enemigo dentro de tus ciudades.
Deu 28:58 Si no cuidas de poner en práctica todas las disposiciones de esta ley escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y terrible, el de Yahvéh, tu Dios,
Deu 28:59 Yahvéh te enviará, a ti y a tu posteridad, castigos terribles, castigos enormes y persistentes, enfermedades malignas y crónicas.
Deu 28:60 Traerá sobre ti todas aquellas plagas de Egipto ante las cuales quedabas aterrorizado, y se pegarán a ti.
Deu 28:61 Además, Yahvéh hará que te alcancen todas las enfermedades y todas las plagas no escritas en el libro de esta ley, hasta que seas exterminado.
Deu 28:62 Y quedaréis pocos, vosotros que erais tan numerosos como las estrellas del cielo, por no haber escuchado la voz de Yahvéh, tu Dios.
Deu 28:63 Sucederá, pues, que cuanto se complacía Yahvéh en haceros bien y en multiplicaros, tanto se gozará contra vosotros en destruiros y exterminaros, hasta arrancaros del suelo en cuya posesión vas a entrar.
Deu 28:64 Yahvéh te dispersará por entre todos los pueblos, desde un extremo al otro de la tierra, y allí servirás a otros dioses, de madera y de piedra, que no conocías, ni tú ni tus padres.
Deu 28:65 Entre esas naciones no tendrás sosiego ni hallarás lugar donde posar la planta de tu pie. Allí te dará Yahvéh un corazón trémulo, ojos lánguidos y congoja de espíritu.
Deu 28:66 Tendrás la vida pendiente de un hilo, de día y de noche temerás y nunca darás por segura tu vida.
Deu 28:67 Por la mañana dirás: ¡Oh si fuese ya de noche! ; y a la noche exclamarás: ¡Oh, si fuese ya de día!, por el terror que invadirá tu corazón y por el espectáculo que verán tus ojos.
Deu 28:68 Yahvéh te hará volver en naves a Egipto por el camino del que te había dicho: No volverás a verlo más. Y allí os pondréis en venta ante vuestros enemigos como esclavos y como esclavas, sin que haya siquiera quien os compre.
Sucederá que si escuchas atentamente [la condición: si escuchas atentamente] la voz del SEÑOR tu Dios, para guardar y cumplir todos sus mandamientos (Deuteronomio 28:1).
Esto se repite una y otra vez porque era la condición del pacto. Mediante el cual podían tener esta tierra y habitar en ella. Esta era la condición de la bendición de Dios: la obediencia a sus mandamientos.
Dios te pondrá por encima de todas las naciones de la tierra. Y todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán, si escuchas la voz del SEÑOR tu Dios. Bendito serás en la ciudad, y bendito serás en el campo. Bendito será el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, y el fruto de tu ganado, el aumento de tus vacas, tus rebaños, tus ovejas. Bendita será tu canasta y tu despensa. Serás bendecido cuando entres y bendecido cuando salgas. El SEÑOR hará que tus enemigos que se levanten contra ti sean derrotados delante de tu rostro: saldrán contra ti por un camino y huirán de ti por siete caminos. El SEÑOR mandará la bendición sobre ti en tus graneros y en todo lo que tu mano emprenda; el SEÑOR bendecirá tu tierra que te da. Él te establecerá como un pueblo santo para sí mismo... Y todos los pueblos de la tierra verán que eres llamado por el nombre del SEÑOR; y te temerán. Y el SEÑOR te hará abundante en bienes, en el fruto de tu vientre y en el fruto de tu ganado... El SEÑOR te abrirá su buen tesoro, el cielo para dar lluvia a la tierra en su tiempo,... prestarás a muchas naciones y no pedirás prestado. Y Yahweh te pondrá por cabeza, y no por cola;… si obedeces los mandamientos de Yahweh tu Dios, para guardar y cumplirlos, y no te apartas de ellos (Deuteronomio 28:1-14).
Ahora bien, todas las bendiciones que Dios les promete están condicionadas a que guarden y cumplan sus mandamientos.
Pero sucederá que si no obedeces la voz de Yahweh tu Dios, para guardar y cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos [y demás], entonces maldito serás en la ciudad y en el campo. Maldita será tu canasta y tu despensa. Maldito será el fruto de tu vientre y el fruto de la tierra, el aumento de las vacas, los rebaños y las ovejas. Maldito serás al entrar, y maldito al salir... Yahweh hará que la peste se adhiera a ti,... y Jehová te herirá con tisis... Y el cielo que está sobre ti será como bronce, y la tierra será como hierro, la sequía. [Versículo veinticinco] Yahweh hará que seas herido delante de tus enemigos: saldrás contra ellos por un camino, y huirás delante de ellos por siete caminos; y serás trasladado a todos los reinos de la tierra. Y tu cadáver será alimento para las aves del cielo, y las bestias de la tierra, y nadie los despellejará. Yahweh te herirá con la tiña de Egipto, y con los esmeredos, y con la sarna, y con la picazón, por tanto que no podrás ser sanado. El Señor te herirá con locura y ceguera, para asombro de todos; y andarás a tientas al mediodía (Deuteronomio 28:15-19, 21-23, 25-29).
Dios continúa anunciándoles las maldiciones que les sobrevendrán si se apartan de Él y comienzan a adorar y servir a otros dioses, los dioses de la tierra. Esto es lo que va a suceder.
Ahora bien, estamos ante una ley fundamental de Dios. Y es importante que la reconozcamos. La ley de Dios se expresa en otro versículo de las Escrituras, que declara: «La justicia engrandece a la nación, pero el pecado es la afrenta de los pueblos» (Proverbios 14:34).
Si una nación se establece como una nación justa, si pone a Dios en el centro de su vida nacional, reconociéndolo y alabándolo, esa nación será bendecida abundantemente por Dios. Eso era precisamente lo que nuestros padres fundadores tenían en mente cuando establecieron los Estados Unidos de América. Querían fundar una nación que garantizara la libertad religiosa, una nación que honrara a Dios en su corazón y en la vida misma. Su propósito era que el pueblo fuera consciente de su dependencia de Dios.
Y gracias a que nuestra nación se fundó de esta manera, fue grandemente bendecida por Dios. «América, América, Dios derramó su gracia sobre ti». Y nuestra nación creció fuerte y poderosa entre las naciones de la tierra. Y hoy, quienes vivimos en esta nación disfrutamos de los beneficios que ha recibido gracias a la sabiduría de los padres fundadores al crear una nación con Dios en el centro, incluso imprimiendo en las monedas: «En Dios confiamos». Intentando inculcar en el pueblo una conciencia nacional sobre la necesidad de Dios y su centralidad en la vida nacional. Y la nación se fortaleció; La nación prosperó.
Pero ahora, en medio de nuestra prosperidad, tenemos hombres en la Corte Suprema y en todos nuestros procesos gubernamentales que no creen que Dios deba formar parte de la nación. Estos hombres están controlados por filosofías humanistas, (cuando no el sionismo), cuyo dios es el materialismo. Y debido a su humanismo, han intentado expulsar a Dios de la conciencia nacional. Estos humanistas no solo controlan nuestro gobierno, sino también los principales medios de comunicación en Estados Unidos. No se puede comprar tiempo en las principales cadenas para programas religiosos porque están controladas por los humanistas. No quieren nada que pueda generar una conciencia nacional de Dios. Han comenzado a prohibir la oración en las escuelas públicas, la Biblia y ahora la celebración de la Navidad, excepto en un sentido secular.
Han enviado un documento a nuestros distritos escolares locales dirigido a todos los maestros, donde les ordena eliminar cualquier relato navideño que trate sobre María y el Niño Jesús. Que no deben cantar villancicos que tengan algo que ver con el nacimiento de un bebé en Belén o con Jesucristo. Y les dice que deben ser sutiles en estas cosas para evitar una gran reacción negativa. Y continúa instruyéndolos sobre su programa navideño, cómo hacerlo para no ofender a los cristianos porque Cristo ha sido completamente eliminado. Pero también cita ciertos edictos de la Corte Suprema que hacen necesario prohibir incluso los villancicos y a Cristo en la Navidad. Incluso están cambiando el nombre y ya no lo llaman "tus vacaciones de Navidad", porque ni siquiera quieren la palabra Navidad porque contiene a Cristo.
No creo que sea necesario decirles que nuestra nación se encuentra en una posición muy precaria. Y una nación fuerte, grande y poderosa, se está deteriorando muy rápidamente. Precisamente aquello que nos hizo fuertes, lo estamos tratando de eliminar de nuestra vida nacional. Y aunque Dios bendijo a nuestra nación porque estuvimos dispuestos a ponerlo en el centro de nuestra vida nacional, incluso ahora que hemos optado por excluirlo de ella, comenzamos a experimentar las maldiciones, que se están agravando. Nuestra nación se está deteriorando rápidamente. Nos enfrentamos a problemas insuperables. Se habla de racionamiento de gasolina justo mientras dura esta guerra. Ya sabemos que no pueden hacer nada con la economía, que está en un completo caos. Y vemos el deterioro de esta nación porque hemos intentado, mediante leyes y sentencias judiciales, excluir a Dios de nuestra vida nacional. Nuestra nación era fuerte porque se fundó sobre principios divinos. Se está debilitando al intentar excluirlo.
Lo más triste de todo esto es que aquí estamos, disfrutando de los beneficios de nuestros antepasados, quienes tuvieron la visión de crear la Constitución y garantizar la libertad religiosa, lo que nos otorgó el derecho a todo esto. Según el fallo de la Corte Suprema, los estudiantes homosexuales tienen derecho a reunirse en el campus, a disponer de una sala acondicionada para sus reuniones, donde puedan defender y debatir sobre la vida gay, distribuir literatura y demás. Cuentan con un fallo judicial, un fallo de la Corte Suprema, que les otorga ese privilegio. Sin embargo, esa misma Corte Suprema dictaminó que los niños no tienen derecho a reunirse en un edificio escolar público para estudiar o hablar sobre la Biblia, incluso si se reúnen allí por elección propia. Y aun así, seguimos teniendo impresa en nuestras monedas la frase "En Dios confiamos". ¡Qué hipocresía la de una nación! Cada vez que hay una emergencia nacional, el Presidente dice "oren", siempre y cuando no estén en un edificio escolar.
Ahora bien, se trata de un principio básico. Cuando una nación sigue a Dios, esa nación es bendecida; cuando una nación se aparta de Dios, esa nación es maldecida. Oro para que Dios nos traiga un avivamiento nacional. Creo que esa es la única esperanza para esta nación: un verdadero avivamiento que lleve al pueblo a regresar a Dios y a elegir legisladores y presidentes que nombren a los jueces de la Corte Suprema y otros cargos judiciales, no a personas como nuestro presidente que usa las religiones como a su antojo. Hoy soy católico, mañana judío, sionista o creo un gabinete de “fe” y coloco en el cargo a una pastora jefa del evangelio de la prosperidad.
Sino a hombres con conciencia de Dios, que teman a Dios, que comprendan que no son el juez final, sino que algún día comparecerán ante él para rendir cuentas. Hombres con sentido de la responsabilidad. Si un hombre no cree en Dios, carece de sentido de la responsabilidad. Se convierte en la autoridad en sí mismo. Y cuando un hombre se convierte en autoridad en sí mismo, hay anarquía, incluso dentro del sistema judicial, ya que los tribunales se convierten en autoridades para determinar la ley. Dice: «Y si un hombre no teme a Dios en su corazón, ¿cómo puede esperar un juicio justo? ¡Oh, que Dios nos ayude como cristianos a levantarnos de nuestros sofás y a participar activamente en el patrocinio de hombres piadosos para cargos públicos! Siento que tenemos la obligación de hacerlo, de lo contrario no tenemos derecho a quedarnos de brazos cruzados y lamentarnos cuando todo se vaya al traste».
Así pues, Dios pronuncia las maldiciones que vendrán y continúa, en el versículo treinta y siete, diciéndoles que serán expulsados a otras naciones.
Y serán motivo de asombro, proverbio y burla entre todas las naciones adonde el Señor te lleve (Deuteronomio 28:37).
Ahora bien, es interesante que esto le haya sucedido al judío. Al ser expulsados a otras naciones, se convirtieron en burla y parece que fueron odiados, a veces incluso sin motivo, por la gente. Hoy en día hay personas con fuertes sentimientos antisemitas, y el término «judío» se ha convertido casi en un insulto. Un refrán, una maldición, por haber desobedecido los mandamientos de Dios.
Versículo cuarenta y cinco:
Además de todas ellas, te sobrevendrán maldiciones [es decir, hombre, si esto no basta, Dios continúa], que te perseguirán y te alcanzarán hasta destruirte, porque no obedeciste la voz del Señor tu Dios, ni guardaste sus mandamientos y estatutos que te mandó. Y porque no serviste al Señor [versículo cuarenta y siete] con alegría y gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas (Deuteronomio 28:45-47).
¡Qué triste y trágico! Dios nos ha dado tanto que murmuramos y nos quejamos. Dios nos ha bendecido tanto. Nos quejamos porque las botas nuevas de cien dólares que compramos están rígidas y tenemos que amoldarlas, ¿y qué hay de esos pobres camboyanos que ni siquiera tienen zapatos? ¿Leprosos que ni siquiera tienen pies? Tenemos tanto por lo que estar agradecidos y deberíamos servir a Dios con alegría y gozo. Dios ama la alegría. Dios quiere que le sirvas con gozo, no con quejas. Si no puedes servir a Dios sin quejarte, entonces no le sirvas. Si no puedes darle a Dios sin quejarte, entonces no le des. Es un insulto a Dios quejarte de lo que le has dado. ¡Qué terrible insulto! Así que, si no puedes darlo con alegría, no lo des; no insultes a Dios quejándote de lo que has dado o de lo que has hecho o tenido que hacer por Él. Mejor no hacerlo.
No queremos un servicio a Dios lleno de quejas. Todo lo que hagas por Dios, hazlo de corazón y con alegría, o no lo hagas. Por eso esperamos a que la gente venga a nosotros y pregunte cómo puede servir al Señor antes de ofrecerles cualquier trabajo. Nunca te pediremos que sirvas al Señor. Eso tiene que venir de tu propio corazón, de tu propio deseo. Todo lo que hagas por Dios, hazlo con alegría y gozo, y Dios lo acepta, lo recibe y lo aprecia. De ninguna otra forma le interesa a Dios lo que tengas para Él. Ahora bien, por no haber servido al Señor tu Dios con alegría, servirás a tus enemigos con hambre, sed, desnudez y carencias; y tus enemigos te pondrán un yugo de hierro en el cuello, hasta destruirte. Y el Señor traerá contra ti una nación de lejos, del extremo de la tierra, veloz como vuela el águila; una nación cuya lengua no entenderán. [que es una referencia al Imperio Romano.] Una nación de rostro fiero, que no respetará al anciano ni mostrará favor al joven: y devorará el fruto de tu ganado y el fruto de tu tierra, [y todo] y te sitiará en todas tus puertas... [y en el versículo cincuenta y tres, Dios dijo] incluso comerás el fruto de tu propio cuerpo, [en otras palabras, tendrás tanta hambre que comerás a tus propios hijos.] (Deuteronomio 28:48-51, Deuteronomio 28:53)
Y esta terrible maldición se cumplió en la historia de este pueblo, pues el hambre los llevó a comerse a sus propios hijos, como se registra en 2 Reyes, capítulo seis.
Versículo cincuenta y ocho:
Si no guardas y cumples todas las palabras de esta ley que están escritas en este libro, para que temas este nombre glorioso y temible, Yahweh tu Dios; Entonces el SEÑOR hará terribles tus plagas, afligirá a tu descendencia y te dará enfermedades dolorosas y prolongadas. Y traerá sobre ti todas las enfermedades de Egipto. Y quedarás reducido a un pequeño número, cuando eras como las estrellas del cielo, porque no quisiste obedecer la voz del SEÑOR tu Dios (Deuteronomio 28:58-60, 28:62).
¿Ves cómo la obediencia está entretejida en todo esto? Si obedeces, considera tus bendiciones, pero porque no obedeces, porque no obedeciste, entonces vendrán todas las maldiciones. Este es el pacto que Dios estableció. Dios dice: «Está bien, les daré esta tierra. Estableceré este pacto con ustedes. Obedézcanme, síganme, y la disfrutarán, serán bendecidos. Desobedézcanme, apártense de mí, y las maldiciones los seguirán». Es precisamente el pacto por el cual Dios les dio la tierra.
Y el Señor te dispersará entre todos los pueblos, [versículo sesenta y cuatro] desde un extremo de la tierra hasta el otro; y allí servirás a otros dioses, que ni tú ni tus padres conocieron. [Y odiarás la vida; la vida te será muy dolorosa.] Por la mañana dirás: «¡Ojalá fuera de noche!», y por la noche dirás: «¡Ojalá fuera de mañana!» (Deuteronomio 28:64, 28:67).
Deu 29:1 Éstas son las palabras de la alianza que Yahvéh mandó a Moisés concluir con los hijos de Israel en la tierra de Moab, además de la alianza que había concluido con ellos en el Horeb.
Deu 29:2 Convocó Moisés a todo Israel, y le dijo: Vosotros habéis visto todo cuanto hizo Yahvéh ante vuestros propios ojos en tierra de Egipto con el Faraón, con todos sus servidores y con todo su país:
Deu 29:3 las grandes pruebas que tus ojos vieron, esos signos y prodigios grandiosos.
Deu 29:4 Pero hasta hoy no os había dado Yahvéh corazón para entender, ojos para ver y oídos para escuchar.
Deu 29:5 Os hice andar cuarenta años por el desierto, sin que vuestros vestidos se hayan envejecido sobre vosotros, ni tu sandalia se haya deteriorado en tu pie.
Deu 29:6 No habéis comido pan, ni habéis bebido vino ni bebida fermentada, para que sepáis por experiencia que yo soy Yahvéh, vuestro Dios.
Deu 29:7 Llegasteis a este lugar y os salió al encuentro, para combatiros, Sijón, rey de JeSbón, y Og, rey de Balan, pero los derrotamos,
Deu 29:8 nos apoderamos de su país y se lo dimos en herencia a Rubén, a Gad y a la mitad de la tribu de Manases.
Deu 29:9 Guardad, pues, las palabras de esta alianza y ponedlas en práctica, para que tengáis éxito en todas vuestras empresas.
Deu 29:10 Hoy todos vosotros estáis presentes ante Yahvéh, vuestro Dios: vuestros jefes de tribu, vuestros ancianos, vuestros escribas, todos los hombres de Israel;
Deu 29:11 vuestros pequeñuelos, vuestras mujeres y aun el extranjero que mora en tu campamento, desde el que corta para ti la leña hasta el que saca para ti el agua.
Deu 29:12 Estáis para entrar en la alianza, acompañada de juramento imprecatorio, que Yahvéh, tu Dios, concluye hoy contigo,
Deu 29:13 para hacer él hoy de ti su pueblo y para ser él tu Dios, como te lo ha dicho y como lo juró a tus padres: Abraham, Isaac y Jacob.
Deu 29:14 Y no sólo con vosotros concluyo yo hoy esta alianza y este juramento,
Deu 29:15 sino con los que están hoy aquí presentes con nosotros delante de Yahvéh, nuestro Dios, y también con los que no están hoy aquí con nosotros.
Deu 29:16 Vosotros sabéis cómo fuimos moradores en el país de Egipto y cómo pasamos por medio de los pueblos por los que habéis pasado;
Deu 29:17 habéis visto sus abominaciones y sus ídolos: madera y piedra, plata y oro, que hay en ellos.
Deu 29:18 No haya entre vosotros hombre ni mujer, familia ni tribu, cuyo corazón se desvíe hoy de Yahvéh, nuestro Dios, para ir a servir a los dioses de esos pueblos; no haya entre vosotros raíz de la que brote veneno y ajenjo.
Deu 29:19 Si al escuchar las palabras de este juramento imprecatorio, alguien se promete en su corazón la bendición diciéndose: Tendré paz, aunque ande en la obstinación de mi corazón, pues lo bien mojado calmará lo seco,
Deu 29:20 Yahvéh no querrá perdonarle, sino que se encenderá contra él la cólera y el celo de Yahvéh ; descargará sobre él todas las maldiciones escritas en este libro y Yahvéh borrará su nombre de debajo de los cielos.
Deu 29:21 Yahvéh lo separará de todas las tribus de Israel para desgracia suya, conforme a todas las maldiciones de la alianza escrita en este libro de la Ley.
Deu 29:22 La generación venidera, vuestros hijos, los que surgirán después de vosotros, y el extranjero que llegue de un país lejano, a la vista de las plagas de este país y de las enfermedades que les habrá infligido Yahvé, dirán:
Deu 29:23 Azufre, sal, tierra calcinada es toda esta tierra; no podrá sembrarse ya más; nada brotará en ella ni crecerá hierba alguna, como en la catástrofe de Sodoma y Gomorra, de Admá y Seboyim, que asoló Yahvéh en su cólera y en su furor.
Deu 29:24 Y todas las naciones exclamarán: ¿Por qué Yahvéh ha tratado así a esta tierra? ¿Qué significa el ardor de esta gran cólera?
Deu 29:25 Y les responderán: Porque abandonaron la alianza de Yahvéh, el Dios de sus padres, la que hizo con ellos cuando los sacó del país de Egipto;
Deu 29:26 porque se fueron a servir a otros dioses y se postraron ante ellos, dioses que no conocían ni él les había dado en suerte.
Deu 29:27 Por eso se encendió la cólera de Yahvéh contra esta tierra, y descargó sobre ella todas las maldiciones escritas en este libro;
Deu 29:28 y Yahvéh los arrancó de su país con ira, con furor y con grande indignación, y los arrojó a otras tierras, donde están hoy.
Deu 29:29 Las cosas ocultas pertenecen a Yahvéh, nuestro Dios; pero las manifiestas son para nosotros y para nuestros hijos por siempre, para que practiquemos todas las disposiciones de esta ley.
En el capítulo veintinueve, Dios continúa con este pacto.
Estas son las palabras del pacto que el Señor mandó a Moisés que hiciera con los hijos de Israel. Y Moisés llamó a todo Israel y les dijo: «Habéis visto lo que el Señor ha hecho delante de vuestros ojos en la tierra de Egipto, a Faraón y a sus siervos. Las grandes tentaciones que vuestros ojos han visto, las señales y los grandes milagros. Sin embargo, el Señor no os ha dado hasta el día de hoy un corazón para comprender, ni ojos para ver, ni oídos para oír. Porque os he guiado cuarenta años en el desierto; vuestra ropa no es vieja, ni vuestro calzado está desgastado. No habéis comido pan, ni habéis bebido vino ni bebida fuerte, para que sepáis que yo soy el Señor vuestro Dios» (Deuteronomio 29:1-6).
En otras palabras, Moisés dijo que habíais visto estas cosas de Dios, pero que se habían vuelto comunes, que ya ni siquiera las veíais. ¿Acaso no te das cuenta de que después de cuarenta años, mira tus zapatos? Ni siquiera se han gastado. Tu ropa sigue en buen estado. No has podido sembrar ni cosechar, pero Dios ha provisto tu alimento. Llegaste a los reyes Sehón y Og. Dios los entregó en tus manos, tomaste sus tierras y Dios te las dio en herencia.
Por lo tanto, guardad las palabras de este pacto y cumplidlas, para que prosperéis en todo lo que hagáis (Deuteronomio 29:9).
Su prosperidad estaba directamente ligada a que guardaran y cumplieran los mandamientos de Dios. Ese es el pacto que Dios estableció.
Ahora estáis todos vosotros delante del SEÑOR vuestro Dios;... Vuestros pequeños, vuestras esposas,... para que entréis en el pacto con el SEÑOR vuestro Dios y en su juramento, que el SEÑOR vuestro Dios hace hoy con vosotros: para que él os establezca hoy como pueblo para sí, y para que él sea para vosotros un Dios, como os ha dicho y como ha jurado a vuestros padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob. No solo con vosotros hago este pacto y este juramento; Pero con aquel que está hoy aquí con nosotros delante del SEÑOR nuestro Dios, (porque sabéis cómo habitamos en la tierra de Egipto, y cómo pasamos por las naciones que vosotros habéis visto; y habéis visto sus abominaciones y sus ídolos, algunos de ellos de madera, otros de piedra, otros de plata y oro, que estaban entre ellos:) para que no haya entre vosotros hombre, ni mujer, ni familia, ni tribu, cuyo corazón se aparte hoy de Jehová nuestro Dios, para ir y servir a los dioses de estas naciones; para que no haya entre vosotros raíz que produzca hiel y ajenjo; Y sucederá que, al oír las palabras de esta maldición, se bendecirá en su corazón, diciendo: «Tendré paz, aunque ande en la fantasía de mi corazón, añadiendo embriaguez a la sed». Jehová no lo perdonará, sino que la ira de Jehová y su celo arderán contra él, y todas las maldiciones escritas en este libro caerán sobre él (Deuteronomio 29:10-20). Esto es terrible: cuando se da la palabra de Dios, una persona la contradice en su corazón. Cuando la Palabra de Dios dice: «No escaparás de la ira de Dios», y piensas: «Ja, ja, eso no es cierto», o «Yo escaparé», o «Esto no me afecta», o lo que sea. Es trágico que la gente haga esto con frecuencia. Cuando Dios pronuncia una maldición, sonríen para sí mismos y dicen: «A mí no me pasará». En Hebreos leemos: «¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?» (Hebreos 2:3). No hay escapatoria. La Palabra de Dios se cumplirá; no se dejen engañar. Nadie se burla de Dios, sin embargo, hay quienes se burlan de Él. «Guarden, pues, las palabras de este pacto y pónganlas por obra, para que prosperen en todo lo que hagan».
Ahora bien, en el versículo veinticuatro:
Todas las naciones dirán: «¿Por qué ha hecho Jehová esto a la tierra? ¿Qué significa el ardor de esta gran ira?». Y dirán: «Porque han abandonado el pacto que Jehová, Dios de sus padres, hizo» (Deuteronomio 29:24-25).
Así también en el versículo veintinueve:
Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas nos pertenecen a nosotros, a nuestros hijos para siempre, para que pongamos por obra todas las palabras de la ley (Deuteronomio 29:29).
De nuevo, la puesta en práctica de la ley.
Y en el Nuevo Testamento:
Juan 8:39 Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais. 40 Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham. 41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios. 42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. 43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. 44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. 45 Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis. 46 ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? 47 El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios. 48 Los judíos le respondieron: ¿No decimos, con razón, que tú eres samaritano y que estás endemoniado? 49 Contestó Jesús: Yo no estoy endemoniado, sino que honro a mi Padre, mientras que vosotros me quitáis todo honor. 50 Pero yo no busco mi gloria; ya hay uno que la juzga y la busca. 51 De verdad os aseguro: El que guarda mi palabra, no morirá jamás. 52 Dijéronle los judíos: Ahora sí que estamos seguros de que estás endemoniado. Murió Abraham y los profetas. Y tú dices: El que guarda mi palabra, no experimentará la muerte jamás. 53 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Abraham, que murió? Y también los profetas murieron. ¿Por quién te tienes tú? 54 Respondió Jesús: Si yo me glorificara a mí mismo mi gloria no valdría nada; es el Padre el que me glorifica, de quien vosotros decís que es vuestro Dios, 55 pero al que no conocéis. En cambio, yo sí lo conozco. Y si dijera que no lo conozco, yo sería, al igual que vosotros, un embustero. Pero sí lo conozco y guardo su palabra. 56 Vuestro padre Abraham se llenó de gozo con la idea de ver mi día, y lo vio, y se llenó de júbilo. :57 Contestáronle los judíos: ¿Todavía no tienes cincuenta años, y has visto a Abraham? 58 Respondióles Jesús: De verdad os aseguro: Antes que Abraham existiera, yo soy. 59 Entonces tomaron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.
Ahora les está diciendo claramente quién lo envió: «Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais, porque yo salí de Dios y vine por mi propia cuenta». Una clara declaración de Jesús de que salió de Dios y vino por su propia cuenta.
Hay quienes dicen: «Bueno, Jesús nunca afirmó ser el Hijo de Dios». Un momento. Aquí mismo les está proclamando y declarando claramente: «Yo salí de Dios y vine por mi propia cuenta. No vine por mi propia cuenta, sino que él me envió».
¿Y por qué no entienden lo que digo? incluso porque no pueden escuchar mi palabra. Porque ustedes son de su padre el diablo (Jn_8:43-44).
Ellos dijeron: «Tenemos a Abraham por padre». Y luego dijeron: «Tenemos un solo padre, Dios». Y Jesús dijo: «Oh, no. Dios no es su padre, sino que ustedes son de su padre el diablo». y harán los deseos de su padre El deseo de Satanás de destruir a Jesús, lo vas a lograr.
Él fue un asesino desde el principio (Juan 8:44). Me vas a asesinar. No permaneció en la verdad, porque no hay verdad en él. Y cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza; porque es mentiroso, y padre de la mentira. Y como les digo la verdad, no me creen. ¿Quién de ustedes puede convencerme de pecado? Y si digo la verdad, ¿por qué no me creen? El que es de Dios oye la palabra de Dios; por eso ustedes no la oyen, porque no son de Dios (Juan 8:44-47).
Ahora bien, esto es algo muy serio. Porque estando aquí esta noche, ¿están escuchando la palabra de Dios o es solo palabrería sin sentido? Están diciendo: «Bueno, ya basta, hombre. Quiero irme a casa». ¿De verdad... la palabra de Dios habla a tu corazón? ¿La recibes? ¿Te impacta? ¿Te reconforta? ¿Te ministra y te alimenta, o es algo que simplemente ignoras? Puedes discernir rápidamente quién es tu padre. «El que es de Dios oye las palabras de Dios; por eso vosotros no las oís, porque no sois de Dios».
Entonces los judíos le respondieron: «¿No dijimos bien que eras samaritano y que tenías un demonio?». Jesús respondió: «No tengo un demonio; honro a mi Padre, y vosotros me deshonráis. No busco mi propia gloria; hay quien busca y juzga. De cierto, de cierto os digo: Si alguno guarda mis palabras, no verá la muerte jamás» (Juan 8:48-51).
Jesús no los va a dejar escapar. Va a ahondar en el tema. Está preparado para la controversia. ¿Quieren escucharlo? Bien, adelante... vamos a ello.
Y ahora esta declaración radical: «Si alguien guarda mi palabra, no verá la muerte jamás». Entonces los judíos le dijeron: «Ahora sabemos que tienes un demonio. Porque Abraham y los profetas han muerto, y tú dices que si alguien guarda mi palabra, no gustará la muerte jamás».
A menudo se malinterpretaba a Jesús porque hablaba de cosas espirituales y estas personas solo podían pensar en términos materiales. Existe una definición bíblica de la muerte y una definición material. Desde una perspectiva humana, la muerte es la separación de la conciencia de una persona de su cuerpo. Si le hacen un electrocardiograma a una persona y la lectura es plana, sin movimiento alguno, y veinticuatro horas después le vuelven a hacer el electrocardiograma y la lectura sigue siendo plana, si entonces, como suelen hacer, desconectan el aparato y observan el electrocardiograma para ver si aún hay movimiento plano, la persona está clínicamente muerta. Significa que no hay actividad cerebral alguna. El cerebro o la conciencia de la persona se ha ido; no hay actividad cerebral. Está muerto, su conciencia se ha separado o ha abandonado su cuerpo.
Una definición espiritual de la muerte es la separación de la conciencia de Dios. La Biblia dice que si una persona vive solo para el placer, está muerta mientras aún vive. Si el placer es tu dios, si el placer es tu principal objetivo, si vives simplemente para el placer, entonces tu conciencia está separada de Dios, por lo tanto, estás muerto. Aunque físicamente sigas vivo, estás muerto porque tu conciencia está separada de Dios. Dios no está en tu conciencia, dice la Biblia.
Entonces Jesús, refiriéndose a esa definición espiritual, dijo: «Si alguien guarda mis palabras, jamás verá la muerte». Nunca estaré conscientemente separado de Dios.
Mi conciencia puede abandonar este cuerpo, pero no estaré muerto. Seré más consciente de Dios que nunca, porque estaré en su presencia. Muy vivo. «El que guarda mi palabra no verá la muerte jamás», lo creo. Lo creo completamente. Creo que un día mi conciencia abandonará este cuerpo y la gente que me rodea dirá: «Alberto Sobrino murió». Eso es una mala definición de mi nuevo estado consciente, inexacto, por decir lo menos. Para registrarlo con precisión, deberían escribir: «Alberto Sobrino se mudó de una tienda de campaña destartalada y desgastada a una hermosa mansión nueva que el Señor había ido a preparar a los que en Él confían». No estaré muerto, estaré muy vivo allí, en la presencia de Dios, en su reino eterno. Porque sabemos que cuando este tabernáculo terrenal se disuelva, tendremos un edificio de Dios, no hecho por manos humanas, eterno en los cielos. Por eso, los que estamos en estos cuerpos a menudo gemimos con fervor, deseando partir. No para ser un espíritu encarnado, sino para poder entrar en ese nuevo cuerpo que está en el cielo. Porque sé que mientras viva en este cuerpo, estoy ausente del Señor. Así que prefiero estar ausente de este cuerpo y estar presente con el Señor. Así que un día me mudaré de la tienda a la casa celestial. No muerto, solo mudado.
Los judíos le dijeron: «Ahora sabemos que tienes un demonio, porque Abraham y los profetas han muerto, y tú dices que si alguien guarda mi palabra, no morirá jamás». Se equivocaron al suponer que Abraham era un demonio. ¿Recuerdan cuando Jesús habló con los saduceos y les hizo la pregunta...? Ellos, ya saben, estaban... los que no creían en la resurrección, ni en espíritus ni en ángeles. Jesús dijo: «¿Cómo es que cuando Dios habló con Moisés en la zarza ardiente, le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”?» Él no es el Dios de los muertos, sino de los vivos. Se equivocaron al decir que Abraham estaba muerto. Abraham estaba muy vivo en ese momento. De hecho, estaba consolando a todos los que esperaban al Mesías. Lucas, capítulo dieciséis, narra cómo el ángel llevó al pobre hombre al seno de Abraham, donde consolaba a los que esperaban.
¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Abraham, que murió? ¿Y que los profetas que murieron? ¿Quién te crees que eres? Y Jesús respondió: Si yo me honrara a mí mismo, mi honra no vale nada; es mi Padre quien me honra, de quien ustedes dicen que es su Dios; pero no lo conocen. Pero yo lo conozco; y si dijera que no lo conozco, sería un mentiroso como ustedes; pero yo lo conozco y guardo sus palabras (Juan 8:53-55).
Como ven, Jesús no se anda con rodeos con estos hombres. Les está diciendo las cosas claras. Y luego dijo:
Vuestro padre Abraham se regocijó al ver mi día; y lo vio, y se alegró. Y los judíos le dijeron: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy (Juan 8:56-58).
Esto es todo. Esta es su declaración clara y abierta de su divinidad. Usando ahora el nombre del Dios eterno. Cuando Moisés preguntó: «¿Quién diré que me envió?», «Di: Yo soy el que yo soy te ha enviado». El nombre que expresa la naturaleza eterna de Dios. «No tienes cincuenta años. ¿Quieres decir que Abraham te vio?» Y Jesús dijo: «Antes que Abraham existiera, yo soy».
Entonces comprendieron lo que decía, porque tomaron piedras para apedrearlo; pero Jesús se ocultó y salió del templo, pasando por en medio de ellos, y así pasó de largo (Juan 8:59).
¿Cuándo lo vio Abraham? «Vuestro padre Abraham se regocijó al ver mi día; lo vio y se alegró». ¿Cuándo lo vio Abraham? Es muy posible que se trate de una referencia a Melquisedec en el Antiguo Testamento. Porque cuando Abraham regresó de la victoria sobre los cinco reyes, salió a su encuentro el rey de Salem, el rey de paz, y le ofreció pan y vino, o la comunión. Y Abraham le dio el diezmo de todo lo que tenía, o la décima parte de todo el botín. Este sacerdote del Antiguo Testamento, Melquisedec, era llamado sacerdote del Dios Altísimo. Honrado por Abraham, quien le entregó sus bienes, el diezmo de todo lo que tenía. Y es muy posible que Melquisedec fuera lo que se conoce como una teofanía, la aparición de Dios en el Antiguo Testamento en la forma de Jesucristo. «Antes que Abraham existiera, yo soy. Y Abraham se regocijó al ver mi día, y lo vio». Hay otras pruebas que demuestran que Melquisedec bien podría haber sido Jesucristo. Se dice que no hay registro de su genealogía. No provenía del sacerdocio levítico, porque Leví ni siquiera había nacido. Leví era descendiente de Abraham, de quien descendía el sacerdote... la familia del sacerdote. Así que es muy posible que Melquisedec fuera en realidad una aparición de Jesús a Abraham en el Antiguo Testamento.
Existe otra posibilidad, y es que, cuando el ángel del Señor se dirigía a destruir la ciudad de Sodoma, al leer el texto con atención, Abraham hablaba con Jehová, o Jesucristo, intercediendo por las ciudades de Sodoma y Gomorra. «¿Y si hay cincuenta justos, destruirás a los justos junto con los impíos? ¿Acaso el Señor no debe ser justo?» Al leer esto, verás que Abraham se dirige a Jehová y Jehová le responde. Así que es posible que allí Abraham viera a Jesús y se alegrara de ver su día. Pero Jesús existió desde el principio y se manifestó durante el período del Antiguo Testamento. Este es un detalle interesante.
Hechos 3:18 Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. 19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20 y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21 a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. 22 Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; 23 y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.24 Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. 25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. 26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.
Pero Dios cumplió lo que había anunciado de antemano por boca de todos sus profetas: que Cristo debía padecer (Hechos 3:18).
En otras palabras, lo que sucedió no fue casualidad. La crucifixión de Jesús fue algo que Dios había planeado, pues estaba predicho en las Escrituras: el sufrimiento del Mesías anunciado por los profetas. Entonces Pedro llega a la aplicación, hablando a los judios:
Arrepiéntanse, pues, y conviértanse, para que sus pecados sean borrados, para que vengan tiempos de refrigerio de la presencia del Señor (Hechos 3:19).
Así, llama al pueblo al arrepentimiento y a la conversión, para que reciban el perdón de sus pecados y la gloriosa obra del Espíritu de Dios en tiempos de refrigerio.
Y él [Dios] enviará a Jesucristo, que les fue anunciado de antemano (Hechos 3:20).
Jesús vendrá de nuevo. El Padre lo enviará de nuevo. Jesús dijo: «Si me voy, volveré». La semana pasada, en nuestra lección de Hechos, capítulo 1, mientras Jesús ascendía al cielo y ellos estaban allí mirando hacia la nube que lo había ocultado de su vista, dos hombres vestidos de blanco que estaban cerca dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué están aquí mirando al cielo? Porque este mismo Jesús volverá, así como lo han visto ir al cielo» (Hechos 1:11). ¡Él viene de nuevo! Dios enviará a Jesucristo, quien les fue anunciado.
A quien el cielo debe recibir hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de la cual Dios habló por boca de todos los santos profetas desde el principio del mundo (Hechos 3:21).
Ahora bien, a partir de este breve pasaje bíblico se ha desarrollado toda una doctrina sobre la restauración final de todas las cosas. Y esa restitución final de todas las cosas tendrá lugar cuando Satanás finalmente se arrodille, confiese su culpa y sea reintegrado como hijo de Dios, y Dios finalmente haya restaurado a todos y a todo, a todos los pecadores, y todos serán salvos. La restitución final de todas las cosas. Esta herejía en particular se ha basado en este pequeño pasaje bíblico. Que no se refiere a la restauración de los impíos en una fecha futura es obvio por el hecho de que dijo que es algo de lo que todos los profetas han hablado.
Y cuando volvemos a los profetas del Antiguo Testamento y ellos hablan de la restitución de todas las cosas, ¿a qué se refieren? Se refieren a la restauración de la nación de Israel al favor divino. Israel, debido a su rechazo de Dios, será exterminado. Serán dispersados. Serán esparcidos por todo el mundo. Serán maldición y burla. Serán quemados en hornos, como predijeron los profetas. Pero cada uno de los que predijeron la terrible y trágica miseria que los judíos sufrirían durante la gran dispersión, todos vislumbraron la luz al otro lado, cuando Dios volvería a tomar a su esposa infiel, la limpiaría, la vestiría y la recibiría de nuevo como su esposa. Y restauraría a la esposa infiel a su posición anterior. Oseas y todos los profetas hablan de esta restauración de la obra y la gracia de Dios a la nación de Israel, y a eso se refieren, no a que Dios vaya a restaurar a todos los malvados, incluido Satanás. De eso hablan todos los profetas. No encontrarán esta otra doctrina, la restitución de todas las cosas, es decir, que todos los hombres serán salvados. En última instancia... no encontrarán eso en ninguno de los profetas del Antiguo Testamento. Pero siempre se trata de la nación de Israel. Y recuerden que se dirige a: «Varios israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto?». Así que esta restitución es la restitución de Dios de su obra con Israel que vendrá. El apóstol Pablo, en el capítulo once de Romanos, dijo: «Parte de Israel está ciega hasta que entre la plenitud de los gentiles. Pero entonces todo Israel será salvo. Porque de Sion vendrá el Libertador» (Romanos 11:25-26), para reconciliar a los hijos con sus padres. Y hace referencia a esta restauración de la obra de Dios entre el pueblo judío que tendrá lugar. Jesús dijo: «No me volverán a ver hasta que digan: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”» (Mateo 23:39).
La tierra tiene que soportar un período más de siete años. Porque se determinaron setenta semanas para la nación de Israel: para terminar las transgresiones, para acabar con el pecado, para expiar la iniquidad, para cumplir las profecías del Mesías y para ungir el Lugar Santísimo. Y habría sesenta y nueve períodos de siete años desde el momento en que la profecía anunciara la restauración y reconstrucción de Jerusalén hasta la venida del Mesías Príncipe. Pero queda un período de siete años sin cumplir, que aún está por venir. Durante este período, Dios tratará con la nación de Israel, y la ceguera que había cubierto sus ojos durante casi 2000 años será eliminada.
Ahora bien, la ceguera ha afectado a Israel. En parte, es decir, para la mayoría. Hay quienes no han estado ciegos. Hay una parte de Israel hoy a la que Dios le ha abierto los ojos para ver la verdad. ¡Qué evangelistas suelen ser cuando Dios les abre los ojos y pueden ver que Jesús era, en efecto, el Mesías prometido! Pero es asombroso cuán ciega está la mayoría de la gente. Y realmente no conocen bien sus propias Escrituras. Conocen las tradiciones, las leyes dietéticas y todo lo demás, los sábados, pero están ciegos a la verdadera obra de Dios. Y habiendo abandonado el camino de Dios, han intentado establecer una justicia por medio de las obras, por medio de las buenas obras. La Biblia nos dice: «Por las obras de la ley nadie será justificado delante de Dios» (Gálatas 2:16). La Biblia también nos dice: «Porque sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados» (Hebreos 9:22).
Ahora bien, durante este tiempo en que Dios trata con la nación de Israel, comenzarán a llorar por su ceguera como una mujer que llora por la pérdida de su único hijo. Llorarán porque fueron ciegos a la gracia y la bondad de Dios y al Mesías que Dios les proveyó. Porque reconocerán que Jesús es, en verdad, el Mesías. Al ver que las Escrituras se cumplen tal como fueron predichas, se darán cuenta de que se equivocaron al rechazar a Jesús como nación, lo aceptarán y dirán: «¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!». En ese momento, Jesús regresará con miles de sus santos para establecer su reino en la tierra. «He aquí que el Señor viene con miles de sus santos», y «Cuando Cristo, que es nuestra vida, se manifieste, entonces nosotros también nos manifestaremos con él en gloria» (Colosenses 3:4). Al venir con él para establecer el reino de Dios aquí en la tierra.
Por lo tanto, los cielos deben guardarlo hasta el tiempo de la restauración de todas las cosas que Dios predijo en los profetas desde el principio del mundo. Desde el Jardín del Edén, donde Dios prometió que la descendencia de la mujer aplastaría el talón de la serpiente.
Porque Moisés dijo a los padres: «El Señor vuestro Dios os levantará un profeta de entre vuestros hermanos, como yo». A él escucharéis en todo lo que os diga. Y sucederá que toda persona que no escuche a ese profeta será exterminada de entre el pueblo. Y todos los profetas desde Samuel y los que le siguieron, cuantos hablaron, también anunciaron estos días. Vosotros sois hijos de los profetas y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: «En tu descendencia serán benditas todas las familias de la tierra». Y a vosotros primero Dios, habiendo resucitado a su Hijo Jesús, lo envió para bendeciros, apartando a cada uno de vosotros de sus iniquidades (Hechos 3:22-26).
Así pues, Dios ha cumplido las promesas que hizo a través de los profetas del Antiguo Testamento. Ellos hablaron de estos días; hablaron del Mesías. Y Él vino. «Y sucederá que si no le escucháis, seréis destruidos de entre el pueblo. Sois hijos de los profetas y de los pactos que Dios hizo con nuestros padres. Y así, a vosotros primero se los reveló Dios». Así que Pablo, al hablar del Evangelio, dijo: «No me avergüenzo del Evangelio de Jesucristo, que es poder de Dios para salvación; al judío primero, y también al griego» (Romanos 1:16).
El Evangelio llegó primero al judío. «Daréis testimonio de mí en Jerusalén, en toda Judea y Samaria». Primero al judío, y luego hasta los confines de la tierra. Y cuando el judío rechazó el Evangelio, Pablo se volvió y dijo: «De ahora en adelante voy a los gentiles. Puesto que os consideráis indignos de la vida eterna, voy a los gentiles». Y se nos abrió la puerta a nosotros, que estábamos sentados en tinieblas, para entrar en la gloriosa luz del amor y la verdad de Dios.
Gálatas 3:6 Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.7 Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.8 Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.9 De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; 12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. 13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero, 14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.
Así como Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia (Gálatas 3:6).
¿Qué? Su fe en Dios. Ahora bien, es cierto que su fe en Dios se manifestó mediante su obediencia. No se trata solo de decir: «Bueno, creo en el Señor. Creo en Jesús». Es más que un simple asentimiento verbal a la verdad. Si realmente creo, mi fe se demostrará con mis acciones.
Ahora bien, si una persona simplemente dice: «Creo en Jesús. Sí, creo», pero sus acciones no concuerdan con lo que declara, entonces hay muchas razones para dudar de si realmente lo cree. Si creo sinceramente en algo, entonces mis acciones concordarán con mi creencia y la confirmarán.
Así pues, las acciones de Abraham confirmaron lo que creía. Sus acciones se basaban en su fe. Abraham creía en Dios, y fue la creencia en que Dios justificaba la justicia, no las acciones en sí, sino la creencia la que impulsó las acciones. Como dijo Santiago: «La fe sin obras está muerta» (Santiago 2:26). «¿Dices que crees? Pues bien, muéstrame tus obras y yo te mostraré tu fe». En otras palabras, Santiago señala que el simple asentimiento verbal a la verdad no es suficiente. Debe demostrarse con acciones si se trata de una fe verdadera, si se trata de una creencia verdadera. Pero Dios no se fija en las acciones, sino en la fe que las impulsa. En el caso de Abraham, fue su fe la que Dios le atribuyó como justicia.
Sabed, pues, que los que son de fe, estos son hijos de Abraham (Gálatas 3:7).
Así pues, Abraham fue el padre, no de una estirpe física, sino de una estirpe espiritual. Las promesas a Abraham no fueron para la descendencia física, sino para la espiritual. Por eso Pablo pronto señalará que nosotros, como hijos de Abraham, quien es el padre de los que creen, al creer, nos convertimos en hijos de Abraham por medio de la fe. Y así, el pacto que Dios hizo con Abraham se convierte en el pacto de Dios con nosotros, al convertirnos en hijos de Abraham, el padre de los que creen. Así que, puede que seas descendiente físico de Abraham, pero si no crees, en realidad no eres descendiente de Abraham en ese sentido espiritual.
Y la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció de antemano el evangelio a Abraham, diciendo: «En ti serán benditas todas las naciones». Así que los que son de fe son bendecidos con el fiel Abraham (Gálatas 3:8-9).
La promesa de Dios a Abraham, previendo que los gentiles serían justificados por la fe, le prometió esta bendición de la cual tú participas.
Ahora bien, a aquellos que estaban dispuestos a volver a la ley, a aquellos que estaban dispuestos a considerar la ley como la base de una posición justa ante Dios, Pablo les dijo: «¿No se dan cuenta de que...?»
Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: «Maldito todo aquel que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley para cumplirlas» (Gálatas 3:10).
Un mensaje contundente. ¿Quieres ser justificado ante Dios por guardar la ley? Entonces debes guardarla toda siempre, y si la quebrantas una sola vez en cualquier aspecto, estás perdido. Estás bajo la maldición. Porque «maldito el hombre que no permanece en toda la ley para hacer todo lo que en ella está escrito».
Santiago dijo que «si guardamos toda la ley, pero la quebrantamos en un solo punto, somos culpables de toda» (Santiago 2:10). Ahora bien, no importa qué punto hayas quebrantado; si quebrantas cualquier punto de la ley, eres culpable de toda. Si quieres ser justo ante Dios por tus obras, entonces debes ser perfecto. Y si no eres perfecto, entonces es mejor que escuches el evangelio de la gracia por medio de la fe, porque lo necesitas. Así que esto es para personas imperfectas. Los demás pueden irse a casa en este punto.
Pero que nadie es justificado por la ley delante de Dios, es evidente, pues [la Biblia dice]: «El justo vivirá por la fe» (Gálatas 3:11).
Esta escritura fue dada a Dios al atribulado profeta Habacuc, quien se quejaba a Dios en un momento de decadencia nacional. La nación se deterioraba rápidamente. Había todo tipo de corrupción en el gobierno. Y Habacuc vio la corrupción que... Estaba allí. Él comprendió el problema y dijo: «Dios, por favor, hazme un favor. No me dejes ver nada más; no puedo soportarlo. Todo el sistema se está yendo al traste y tú no haces nada al respecto». Dios dijo: «Habacuc, estoy haciendo una obra, y si te dijera lo que estoy haciendo, no me creerías». Entonces Habacuc dijo: «Bueno, inténtalo». Y Dios dijo: «Estoy preparando a Babilonia, y voy a traer a Babilonia como mi instrumento para juzgar a este pueblo por su iniquidad». «Un momento, Señor, eso no es justo. Nosotros somos malos, sí, pero ellos son horribles. Son mucho peores que nosotros. ¿Por qué usarías una nación aún más malvada para castigarnos?». Dios dijo: «Te dije que no lo creerías». Entonces Habacuc dijo: «Señor, no sé qué hacer. Me sentaré en la torre y esperaré en ti a ver qué haces».
Así que entró en la torre para sentarse allí y esperar en Dios. Y mientras estaba sentado, la palabra del Señor vino a Habacuc, el profeta, diciendo: «Habacuc, el justo vivirá por la fe. Créeme. Confía en mí. Las cosas se pondrán difíciles, Habacuc. La nación irá al cautiverio, ya sabes, pero créeme, confía en mí, el justo vivirá por la fe».
Aquí Pablo cita de nuevo esta maravillosa declaración de Dios: el justo, o aquellos que son justificados, serán justificados por la fe. Por eso la ley no puede justificarte. No puede hacerte justo.
Y la ley no se basa en la fe (Gálatas 3:12):
La ley se basa en las obras. La ley dice:
Pero el que las cumple vivirá por ellas (Gálatas 3:12).
La ley pone énfasis en la acción, en la obediencia, mientras que la fe pone énfasis en la confianza en Dios. Por lo tanto, todos los que están bajo la ley están bajo la maldición de la ley, a menos que la cumplan por completo. Pero Cristo nos redimió de la maldición de la ley, haciéndose maldición por nosotros, pues escrito está: Maldito todo el que cuelga de un madero (Gálatas 3:13).
Así que Jesús, colgado en el madero, en la cruz, se hizo maldición por nosotros para redimirnos de la maldición de la ley. Una vez más, aquí tenemos una gloriosa visión de la gracia de Dios hacia nosotros en Cristo. Porque «aunque era rico, por amor a vosotros se hizo pobre, para que por su pobreza conocierais las riquezas de Dios» (2 Corintios 8:9). Es decir, ¡qué gran sacrificio! Él era tan rico, y sin embargo, por amor a nosotros se despojó de todo. Él se hizo pobre para que, por medio de su pobreza, conociéramos las riquezas del amor y la gracia de Dios.
«Porque Dios lo hizo pecado por nosotros, a quien no conoció pecado» (2 Corintios 5:21). Muchas veces, cuando bajamos a bautizar en el mar, el agua está bastante fría. Y cuando la gente se sumerge en esa agua helada, a veces les quita el aliento. Y al salir a la superficie, se les ve jadeando por el frío, tratando de recuperar la compostura. Es un shock para el cuerpo, cuando está caliente, sumergirse de repente en agua fría. Es un shock para el cuerpo.
Me pregunto qué clase de shock habrá sido para Jesús, que era tan puro, tan totalmente puro, que de repente le arrojaran sobre sí los pecados del mundo. Cada cosa podrida y malvada que el hombre haya cometido. Cada perversión cometida por el hombre, arrojada sobre Él. ¡Qué shock habrá sido! Pero aun así, «Dios hizo que aquel que no conoció pecado se hiciera pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios por medio de él» (2 Corintios 5:21). Así pues, nos redimió de la maldición de la ley, porque se hizo maldición por nosotros al ser crucificado.
Para que la bendición de Abraham alcanzara a los gentiles por medio de Jesucristo; para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe (Gálatas 3:14).
Por lo tanto, Jesús vino a redimirnos, tomando sobre sí nuestra maldición. Pero, de nuevo, esto es negativo. Lo positivo es que recibiéramos las bendiciones que Dios le prometió a Abraham, la promesa del Espíritu mediante la fe.
Gálatas 3:23 Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. 24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. 25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, 26 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; 27 porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. 28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. 29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.
Pero antes de que llegara la fe, mejor dicho. Antes de la venida de Jesucristo, la relación con Dios se basaba en la ley. Así era como el hombre se relacionaba con Dios. Tenía que ofrecer el sacrificio; tenía que expiar su pecado. Pero una vez que Jesús vino, ya no necesitamos la ley.
Por tanto, la ley fue nuestro tutor para llevarnos a Cristo (Gálatas 3:24), o hasta el tiempo de la venida de Cristo, para que fuéramos justificados por la fe (Gálatas 3:24).
La ley solo me muestra cuánto he fallado en ser lo que Dios me exige. Es el tutor. El hombre estuvo bajo la ley hasta la época de Cristo.
Pero después de que llegó la fe [la venida de Jesucristo], ya no estamos bajo un tutor (Gálatas 3:25).
Pablo dijo que Cristo es el fin de la ley para los que creen. Es decir, la ley como base de mi relación con Dios. Mi relación con Dios ya no se basa en el cumplimiento de la ley. Mi relación con Dios ahora se basa en mi fe en Jesús. Cristo.
Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido. Ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, entonces sois descendientes de Abraham y herederos según la promesa (Gálatas 3:26-29).
Así pues, Jesús se ha convertido en el denominador común entre los hombres. De modo que todos nos relacionamos con Dios en igualdad de condiciones a través de Jesucristo. Tengo el mismo acceso a Dios a través de Jesucristo que Billy Graham, el Papa o cualquier otra persona, porque ellos tienen que venir de la misma manera. Tengo que venir a través de Jesucristo y por la fe en Jesucristo. De hecho, a veces creo tener más acceso, porque sé que tengo que venir por la fe, y algunas de esas buenas personas podrían pensar que a veces pueden venir por sí mismas. Pero yo sé que no puedo.
Así que tú, como hijo de Dios por la fe en Jesucristo, tienes acceso a Dios, y no importa cuál sea tu origen. Porque en lo que respecta a nuestra unión con Cristo, «no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay hombre ni mujer». No hay superioridad masculina. Dios no escucha a los hombres con más facilidad que a las mujeres. O, por otro lado, no escucha a las mujeres con más facilidad que a los hombres. Todos somos llevados a un denominador común en Jesucristo y todos somos uno en Él.
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