lunes, 4 de mayo de 2015

LA INMANENCIA DE DIOS


Efesios 4:14  para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,
 15  sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,
 16  de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

Inmanencia:  se refiere a lo inherente a algún ser o que se presenta unido a ese ser de una manera inseparable a su esencia porque forma parte de su naturaleza y no depende por tanto de algo externo. Dios interviene en el universo, es decir, está presente y activo en el mundo natural y, al mismo tiempo, lo trasciende, es decir, siguiendo una metáfora figurativa, se eleva sobre el universo que ha creado.

 
En todos los creyentes habita Dios Padre como en su santo templo, por su Espíritu y gracia especial.
A cada creyente no es dado algún don de la gracia para que nos ayudemos mutuamente. Todo se da según a Cristo le parezca bien otorgar a cada uno. Él recibió para ellos, para darles a ellos, una gran medida de dones y gracias; particularmente el don del Espíritu Santo. No es un simple conocimiento intelectual ni un puro reconocimiento de Cristo como Hijo de Dios, sino como quien produce confianza y obediencia. Hay una plenitud en Cristo y una medida de esa plenitud dada en el consejo de Dios a cada creyente, pero nunca llegaremos a la medida perfecta sino hasta que lleguemos al cielo. Los hijos de Dios estamos creciendo mientras vivamos en este mundo; y el crecimiento del cristiano busca la gloria de Cristo. Mientras más impulsado se encuentre un hombre a aprovechar su estado, conforme a su medida y todo lo que haya recibido, para el bien espiritual del prójimo, más ciertamente puede creer que tiene la gracia del amor y la caridad sincera arraigada en su corazón.
Dios nos ha escogido para ser los representantes de Cristo en la tierra. A la luz de esta verdad, Pablo nos desafía a tener vidas dignas al llamado que hemos recibido, el maravilloso privilegio de ser llamados propiedad de Cristo. Esto incluye ser humilde, gentil, paciente, comprensivo y pacificador. La gente observa nuestra vida. ¿Pueden ver a Cristo en nosotros? ¿Qué tal cumplimos como representantes?

  Pablo dice que somos parte de un solo cuerpo. La unidad no aparece por sí sola, hay que trabajar para lograrla. Muchas veces las diferencias que existen entre las personas, pueden conducir a la división; esto no necesariamente tiene que ser así en la iglesia. En lugar de concentrarnos en lo que nos divide, debiéramos recordar qué nos une: ¡un cuerpo, un Espíritu, una misma esperanza, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios!
¿Sabemos apreciar a las personas diferentes a nosotros? ¿Somos capaces de ver cómo los dones y puntos de vista distintos pueden contribuir a que la iglesia cumpla con la obra de Dios? Aprendamos a disfrutar cómo los miembros del cuerpo de Cristo nos complementamos unos a otros (1 Corintios 12:12-13  Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. 13  Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu).

  Nadie logrará ser perfecto aquí en la tierra, por lo tanto debemos aceptar y amar a otros cristianos a pesar de sus faltas. Cuando vemos errores en otros creyentes, debiéramos actuar con paciencia y amabilidad. ¿Nos incomodan las acciones de alguien o su personalidad? En lugar de detenernos en las debilidades o buscar errores de dicha persona, oremos por ella. Luego hagamos algo más, pasemos tiempo juntos y veamos si podemos lograr ser de su agrado.

  Guardar la unidad es una de las funciones importantes del Espíritu Santo. El guía, pero debemos estar dispuestos a que nos guíe. Lo hacemos al poner nuestra mira en Dios y no en nosotros mismos.  

  Todos los creyentes en Cristo pertenecemos a un solo cuerpo, todos nos hemos unido bajo la misma cabeza, que es Cristo mismo (1 Corintios 12:12-26). Dios otorgó a cada creyente habilidades que pueden fortalecer todo el cuerpo. Nuestra habilidad especial pudiera parecernos pequeña o grande, pero está en nosotros para usarla en el servicio de Dios. Pidamos a Dios que useemos nuestros dones para contribuir al fortalecimiento y la salud del cuerpo de creyentes.

  Dios está sobre todos nosotros, esto muestra su cuidado de Supremo Soberano. El está por todos, y en todos, esto muestra su presencia activa en el mundo y en las vidas de los creyentes (inmanencia). Cualquier visión de Dios que viole su transcendencia o su inmanencia no es una imagen real de El.

  El Salmo 68:18 Tú subiste a lo alto, llevando cautivos a los prisioneros. Allí recibiste ofrendas de los seres humanos, a incluso de los que se habían rebelado contra ti, Señor Dios, muestra a Dios como un conquistador que marcha y obtiene tributos de la ciudad vencida. Pablo usa esa figura para enseñar que Cristo, en su crucifixión y resurrección, obtuvo la victoria sobre Satanás. Cuando ascendió al cielo, dio dones a la Iglesia, algunos de los cuales detalla en Efesios 4; 11-13.

  Cristo es el Señor de todo el universo, presente, pasado y futuro. Nada ni nadie está oculto de El. El Señor de todo vino a la tierra y aceptó la muerte para rescatar a todos. Nadie está fuera de su alcance.

  Nuestra unidad con Cristo no destruye nuestra individualidad. El Espíritu Santo ha dado a cada cristiano dones especiales para edificar la Iglesia. Ahora que los tenemos es crucial usarlos. ¿Tenemos la madurez suficiente para ejercitar los dones que Dios nos ha dado? Si sabemos cuáles son nuestros dones, busquemos oportunidades para servirle. Si no lo sabemos, pidamos a Dios que nos los muestre, quizá mediante nuestros ministros o amigos cristianos. Luego, a medida que empecemos a reconocer nuestro campo de servicio especial, usemos los dones para fortalecer y alentar a la iglesia.

  Dios ha dado a su Iglesia una enorme responsabilidad: hacer discípulos en todas las naciones (Mateo 28:18-20). Involucra predicar, enseñar, sanar, nutrir, dar, administrar, edificar y muchas tareas más. Si tuviéramos que cumplir este mandato como individuos, podríamos rendirnos aun antes de intentarlo, sería tarea imposible. Pero Dios nos ha llamado a ser miembros de su cuerpo. Algunos podemos cumplir con una tarea, otros harán otra. Juntos podemos obedecerle mejor de lo que lo haríamos en forma individual. Trabajando juntos, como el cuerpo de Cristo, podemos expresar la plenitud de El  

  Cristo es la Verdad  y el Espíritu Santo que guía a la Iglesia es el Espíritu de verdad   Satanás, por el contrario, es el padre de mentira (Juan 8:44). Como seguidores de Cristo, debemos dedicarnos a la verdad. Esto significa que nuestras palabras serán sinceras como también nuestras acciones reflejarán la integridad de Cristo. Seguir la verdad en amor no siempre es fácil, conveniente ni placentero, pero es necesario si la Iglesia va a cumplir con la obra de Cristo en el mundo.

  Algunos cristianos tememos que cualquier error destruya nuestro testimonio por el Señor. Vemos nuestra propia debilidad y sabemos que muchos incrédulos parecen tener un carácter más fuerte del que en realidad tienen. ¿Cómo crecemos en Cristo? La respuesta es que El nos forma en un cuerpo, en un grupo de individuos unidos en su propósito y en su amor unos por otros y por Cristo. Si uno de ellos tambalea, el resto está allí para apoyarlo y ayudarle a caminar con su Señor otra vez. Si otro peca, puede hallar restauración mediante la iglesia (Galatas 6:1 Hermanos, es posible que alguno de ustedes caiga en la trampa del pecado. Ustedes, que son guiados por el Espíritu, acérquense a él y ayúdenle a corregir su error. Pero ¡ojo!, háganlo con humildad pues ustedes también pueden caer en tentación), al mismo tiempo que esta continúa testificando la verdad de Dios. Como miembro del cuerpo de Cristo, ¿reflejamos ser parte del carácter de Cristo y llevamos a cabo nuestra función especial en la obra?

  No vivamos en "la vanidad de su mente" la tendencia natural y humana de pensar sus caminos lejos de Dios. El orgullo intelectual, la racionalización y las excusas alejan a la gente de Dios. No nos sorprendamos si las personas no aceptan el evangelio. El evangelio parecerá locura a quienes abandonan la fe y se apoyan en su propio entendimiento.

  La gente debiera poder ver una diferencia entre los cristianos y los que no lo son por la forma de vivir de los primeros. Ahora vivimos como hijos de luz . Pablo dice a los efesios que deben dejar la vida pasada de pecado, ahora que son seguidores de Cristo. La vida cristiana es un proceso. Aunque tenemos una nueva naturaleza, no adquirimos automáticamente todos los pensamientos y las actitudes buenas cuando nos convertimos en nuevas personas en Cristo. Pero si nos mantenemos atentos a Dios, siempre estaremos cambiando.
¿Notamos un proceso de cambio para mejorar pensamientos, actitudes y acciones en comparación con los años pasados? A pesar de que el cambio puede ser lento, ocurrirá de todas maneras si confíamos en que Diosnos cambiará.  

  Nuestra vieja manera de vivir, la que teníamos antes de que creyéramos en Cristo, es cosa del pasado. Debemos dejarla atrás como ropa vieja que necesita desecharse. Esto es tanto una decisión que hacemos para toda la vida cuando decidimos aceptar el regalo de salvación que Cristo nos da, como un compromiso consciente diario. No andamos por impulsos ni deseos. Debemos ubicarnos en nuestro nuevo papel, apuntar en la nueva dirección y apropiarnos de la nueva línea de pensamiento que el Espíritu Santo nos da a traves de la Palabra de Dios en la Biblia.

  La Biblia no nos dice que debemos evitar sentir enojo, pero sí destaca que debemos saber controlarlo apropiadamente. Si somos descuidados al hablar, el enojo herirá a otros y destruirá las relaciones. Si las guardamos, motivará amargura y nos destruirá por dentro. Pablo nos dice que debemos enfrentar nuestro enojo de inmediato, de modo que edifique relaciones antes que las destruya. Si alimentamos nuestro enojo, daremos a Satanás la oportunidad para dividirnos.
¿Estamos molestos con alguien en este momento? ¿Qué puedo hacer para resolver las diferencias? No dejemos que termine el día antes de que empecemos a hacer algo para solucionar el conflicto y salvar nuestra  relación.

  Podemos contristar al Espíritu Santo por la forma en que vivimos. Pablo nos amonesta en contra del lenguaje vulgar, sin sentido, uso inapropiado del lenguaje, amargura, palabras torpes y actitudes impropias contra otros. En cambio, debiéramos perdonar, así como Dios lo hizo con nosotros. ¿Lastimamos o agradamos a Dios con nuestras actitudes y acciones? Actuemos en amor con nuestros hermanos en Cristo en la forma que Dios lo hizo al enviar a su Hijo para morir por nuestros pecados. El Espíritu de Dios en nosotros es un sello de que le pertenecemos.  

  Dios no nos perdona porque perdonamos a otros, sino por su gran misericordia. Al entender su misericordia, sin embargo, anhelaremos ser como El. Ya que hemos sido perdonados, actuaremos de igual modo con otros. Los que no están dispuestos a perdonar no llegan a ser uno con Cristo. El estuvo dispuesto a perdonar aun a los que lo crucificaron (Lucas 23:34).

 Dependamos más de Dios Nuestro Padre en el nombre de su Hijo amado, nuestro  Salvador y Señor. Miremos al cielo, pues en cualquier momento, vendrá de nuevo Jesús.



ABRAZADOS A LA PALABRA DE DIOS


2Timoteo 3:16  Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,
 17  a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

  Los nuevos creyentes necesitamos crecer en el conocimiento de la Palabra, porque la ignorancia nos puede convertir en vulnerables al engaño. En él  caímos, mi esposa y yo. Creímos que por el mero hecho de llevar una Biblia ya era cristiano, quién se presentó como Pastor. Presumía de no sé cuantos estudios de teología, que había impartido cursos bíblicos...lanzando el señuelo para que bebés en la fe como nosotros mordiéramos el anzuelo; y como se dice picó el pez. Caímos en sus redes. Hoy, con el auxilio del Espíritu Santo y el temor del Señor estamos seguros en Cristo, puestos los ojos en una única dirección, Jesús. Sin mirar a los hombres que somos tan falibles; con amor corregir al sencillo, y orando por el orgulloso. Por eso estaremos orando por los nuevos hemanos en la fe que han sido bautizados para que se aferren a la Palabra de Dios, para que asistan a los estudios de la Biblia en la congregación, a los cultos de oración y pongan como prioritario en sus vidas al Señor. Velemos unos por otros, y oremos por nuestros pastores, ancianos, maestros, evangelistas que son los primero en recibir los ataques, para destruir despues al rebaño.

Voy a seguir con la reflexión de la Palabra de Dios que viene a tratar sobre el tema.

Asediado por los falsos maestros y las presiones inevitables de un ministerio en crecimiento, Timoteo pudo fácilmente abandonar su fe o modificar su doctrina. Una vez más Pablo le aconseja que mire su pasado y se aferre a las enseñanzas básicas acerca de Jesús que son verdades eternas. Como Timoteo, nosotros también estamos rodeados por falsas enseñanzas, pero no debemos permitir que nuestra sociedad distorsione o aplaste la verdad eterna de Dios.  Muchos falsos evangelios se predican, que como su doctrina ningún efecto produce en quienes lo oyen.
Cada día dediquemos tiempo a pensar en los fundamentos de nuestra fe cristiana que se encuentran en la Palabra de Dios, las grandes verdades que edifican nuestra vida.

En muchas partes del mundo, hoy parece difícil ser cristiano. La gente es apresada por leer la Biblia o ejecutada por predicar a Cristo.  No cedamos a las presiones de la sociedad. No busquemos la comodidad sin compromiso. Enfrentemos la maldad viviendo como Dios quiere que su pueblo lo haga.

  La "apariencia" de piedad incluye ir a la iglesia, conocer la doctrina cristiana, usar imágenes cristianas y seguir las tradiciones cristianas de la comunidad. Dichas prácticas pueden hacer aparecer bien a una persona pero si no hay actitudes internas de creer, amar y adorar, la apariencia externa no tendrá sentido. Pablo nos previene para que no seamos engañados por personas que sólo tienen la apariencia de cristianos. Al principio, puede ser difícil distinguirlos de los verdaderos cristianos, pero sus conductas diarias los denunciarán.  
 Es posible ser un estudiante perpetuo y nunca graduarse para poner la teoría en práctica. Pero los que escudriñan con honestidad y los verdaderos estudiantes buscan respuestas. Recuerde esto cuando estudie la Palabra de Dios. Busque hasta encontrar la verdad y voluntad de Dios para su vida.
El pecado trae sus consecuencias y nadie podrá evitarlas. Vivamos cada día como si lo que hacemos algún día será conocido por todos. Ahora es el momento para cambiar lo que no quisieramos que se revelara después.

  Pablo le dice a Timoteo que quienes obedecen a Dios y viven para Cristo serán perseguidos. No nos sorprenda cuando la gente nos malentienda,  critique y aún trate de causarnos daño por nuestra fe y forma de vida. No nos rindamos. Vivamos como   sabemos que debemos vivir. Dios es el único a quien debemos agradar.

  No esperemos que los falsos maestros y la gente mala se reformen y cambie por sus propios medios. Si los dejamos solos, irán de mal en peor. Si tenemos la oportunidad, corríjamoslos para traerlos a creer en Cristo. Peleemos por la verdad, en especial para proteger a los nuevos creyentes.

   Timoteo fue uno de los primeros en la segunda generación de cristianos: llegó a ser cristiano no por medio de la predicación de un evangelista que hubiera predicado un tremendo sermón, sino debido a que su madre y su abuela le enseñaron las Sagradas Escrituras desde que era un niño. La labor de los padres es de una importancia vital. Tanto en casa como en la iglesia es necesario entender que enseñar a los niños es tanto una oportunidad como una responsabilidad. Jesús quería que los niños vinieran a El (Mateo 19:13-15 Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. 14  Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.).
A semejanza de la madre y abuela de Timoteo, Eunice y Loida, hagamos nuestra parte en guiar a nuestros hijos a Cristo.Es lo más importante que unos padres pueden enseñar a sus hijos, darles a conocer la Palabra de Dios y a través de ella a Jesucristo..

  Para Timoteo, "las Sagradas Escrituras" era el Antiguo Testamento, desde Génesis hasta Malaquías. El Antiguo Testamento es importante pues apunta a Jesucristo. Al mismo tiempo, la fe en Cristo hace que la Biblia entera sea comprensible.

  La Biblia no es una colección de historias, fábulas, mitos o simplemente ideas humanas acerca de Dios. No es un libro humano. Por medio del Espíritu Santo, Dios reveló su persona y su plan a ciertos creyentes que escribieron su mensaje para su pueblo (2Pedro 1:20-21 entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada,  21  porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.). Este proceso es conocido como inspiración. Los escritores escribieron desde su contexto personal, histórico y cultural. Aunque usaron sus propias mentes, talentos, idioma, y estilo, escribieron lo que Dios quería que escribieran. La Escritura es absolutamente confiable porque Dios controló sus escritos. Sus palabras son completamente autoritativas para nuestra fe y vidas. La Biblia es inspirada por Dios.  

  Toda la Biblia es la Palabra inspirada de Dios. Porque es inspirada y confiable, debemos leerla y aplicarla a nuestras vidas. La Biblia es la norma para probar todo aquello que pretende ser verdad. Es nuestra protectora de las enseñanzas falsas y nuestra fuente de dirección para saber cómo vivir. Es nuestra única fuente de conocimiento acerca de cómo podemos ser salvos. Dios quiere mostrarnos lo que es verdadero para vivir para El.

¿Cuánto tiempo empleamos o dedicamos a la Palabra de Dios? Leamosla regularmente para descubrir la verdad de Dios y llegar a tener seguridad en nuestra vida y descansar en el Señor.  

  En nuestro celo por la verdad de las Escrituras, nunca debemos olvidar su propósito: capacitarnos para hacer bien y depender en todo momento del Señor. No deberíamos estudiar la Palabra de Dios sólo para incrementar nuestro conocimiento o prepararnos para ganar argumentos. Deberíamos estudiar la Biblia para saber cómo llevar a cabo la obra de Cristo en el mundo. Nuestro conocimiento de la Palabra de Dios no será útil a menos que fortalezca nuestra fe y nos lleve a amar a Dios con toda nuestra mente, todo nuestro corazón y todas nuestras fuerzas y del mismo modo a nuestro prójimo.



domingo, 3 de mayo de 2015

REFLEXIONES EN VOZ ALTA (Eclesiastés)


Debemos acordarnos de los pecados cometidos contra nuestro Creador, arrepentirnos, y pedir perdón. Debemos recordar nuestro deber y afrontarlo, buscando en Él la gracia y el poder. Esto debe hacerse temprano, mientras el cuerpo es fuerte y el espíritu activo. Cuando el hombre siente dolor al revisar una vida malgastada, de no haber abandonado el pecado ni las vanidades del mundo hasta que se ve obligado a decir: yo no tengo en ellos contentamiento, su sinceridad se vuelve muy cuestionable.    
 Una vida sin Dios produce una persona vieja amargada, solitaria y sin esperanza. Una vida centrada en Dios es plena, hace que los "años malos" -cuando las incapacidades, las enfermedades y los impedimentos pueden ser barreras que nos impiden disfrutar de la vida- nos satisfagan debido a la esperanza de la vida eterna. Ser joven es emocionante. Pero la emoción de la juventud puede convertirse en un obstáculo para acercarse a Dios si hace que la gente joven centre su atención en los placeres pasajeros en lugar de en los valores eternos. Pongamos nuestras capacidades al servicio de Dios cuando todavía sean nuestras: durante la juventud. No las desperdiciemos en actividades malas o sin significado que pueden volverse malos hábitos y hacernos insensibles. Busquemos a Dios ahora.

  Con cuánta facilidad nos llega la muerte, con cuánta rapidez y sin esperarlo podemos regresar al polvo del que salimos. Por lo tanto, deberíamos tener la vida como un recurso que hay que usar sabiamente y no despilfarrarla frívolamente. Despojados del Espíritu de Dios, nuestros cuerpos regresan al polvo. Despojados del propósito de Dios, nuestro trabajo es en vano. Despojados del amor de Dios, nuestro servicio es vanidad. Debemos poner a Dios primero sobre todo y en todo lo que hacemos, porque sin El no tenemos nada. Saber que la vida es vanidad sin Dios motiva a la persona sabia a buscar a Dios primero.

  Cuando el Predicador dice que los muertos no saben nada y que no hay trabajo, ni planificación, ni conocimiento, ni entendimiento en la muerte, no está contrastando la vida con la vida después de la muerte, sino la vida con la muerte. Una vez que uno muere, no puede cambiar lo que ha hecho. La resurrección a una nueva vida después de la muerte era un concepto vago para los creyentes en la época del Antiguo Testamento. Sólo quedó claro después de que Jesús se levantó de los muertos.

  Considerando las incertidumbres del futuro y la certeza de la muerte, Salomón recomienda disfrutar la vida como un regalo de Dios. Quizá pudo haber estado criticando a quienes posponen todos los placeres por acumular riquezas. Salomón pregunta: "¿De qué valen las riquezas?" Es importante disfrutar de los regalos de Dios mientras podamos, porque el futuro es muy incierto.

  Qué triste es estar casado y no apreciar ni disfrutar el gozo y el compañerismo que Dios nos ha dado.
  Dar generosamente, aunque parezca que se tira y se pierde. Dar a muchos. No te excuses del bien que tienes aún para hacer, con un bien que ya hiciste. No se pierde, sino que es un bien depositado. Tenemos razón para esperar el mal, porque nacimos problemas; sabiduría es hacer el bien en el día de la prosperidad.
Las riquezas no nos pueden aprovechar si no beneficiamos a los demás. Todo hombre debe trabajar para ser una bendición en el lugar donde la providencia de Dios lo ponga. Donde estemos podemos hallar buena obra que hacer, si tenemos el corazón dispuesto.
Si magnificamos cada pequeña dificultad, planteamos objeciones y penurias fantásticas, nunca iremos adelante y, mucho menos, terminaremos con nuestra obra. Los vientos y las nubes de la tribulación están en las manos de Dios preparados para probarnos. La obra de Dios será según su palabra, sea que lo veamos o no. Bien podemos confiar en que Dios nos provea, sin nuestros afanes ansiosos e inquietos. No te canses de hacer el bien, porque, a su tiempo, en el tiempo de Dios, cosecharás.
  La vida encierra riesgos y oportunidades. Debido a que la vida no ofrece garantías, debemos estar preparados. Sólo por el hecho de que la vida sea incierta no quiere decir que no hagamos nada. Necesitamos un espíritu de confianza y aventura. Debemos enfrentar los riesgos y oportunidades de la vida con entusiasmo y fe dirigidos por Dios.

  Esperar a que lleguen las condiciones perfectas significará inactividad. Este razonamiento práctico se aplica en especial a la vida espiritual. Si esperamos el tiempo y el lugar perfectos para leer la Biblia, nunca comenzaremos a leerla. Si esperamos una iglesia perfecta, nunca nos congregaremos. Si esperamos un ministerio perfecto, nunca serviremos. Tomemos medidas ahora para crecer espiritualmente. No esperemos a que lleguen condiciones que nunca existirán.

  La Palabra nos alienta para que nos regocijemos todos los días pero que recordemos que la eternidad es mucho más larga que la expectativa de vida de una persona. El Salmo 90:12 dice: "Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría". La persona sabia no sólo piensa en el impacto del momento, echa un vistazo a largo plazo hacia la eternidad. Demos a nuestras decisiones un enfoque desde una perspectiva de Dios. Consideremos el impacto que tendrán dentro de diez años y para siempre. Vivamos con la actitud de que si bien la vida es corta, viviremos con Dios para siempre.

  A menudo escuchamos a la gente decir: "No importa". Pero muchas de nuestras decisiones son irreversibles: permanecerán con uno el resto de la vida. Lo que uno hace cuando es joven sí importa. Disfrutemos de la vida ahora, pero no hagamos nada físico, moral o espiritual que pueda impedirnos disfrutar de la vida cuando seamos viejos. Hoy estamos viviendo en el presente las decisiones que tomamos en el pasado.
En esta vida lo mejor que se puede hacer es gozar de las bendiciones de Dios y todo valor absoluto debe trascender esta vida, y estar afianzado en la justicia de Dios. El saber que Dios juzgará todas las cosas, debe motivarnos a vivir moralmente en obediencia, mientras gozamos de aquello con lo que Dios nos ha bendecido


  No es difícil pensar en casos donde el más rápido o el más fuerte no gana, el sabio pasa hambre y los inteligentes no son recompensados con riqueza ni honor. Cuando se ven casos así, la gente dice que la vida es injusta, y tienen razón. El mundo es finito y el pecado ha torcido la vida, haciendo de ella todo lo contrario a lo que es el propósito de Dios.   El libro de Proverbios enfatiza cómo sería la vida si todos actuáramos con justicia. Eclesiastés explica lo que sucede a menudo en nuestro mundo imperfecto y pecaminoso. Debemos mantener nuestra perspectiva. No dejemos que las injusticias de la vida nos impidan realizar un trabajo serio y dedicado. Nosotros servimos a Dios, no a la gente (Colosenses 3:23 Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo).

  Nuestra sociedad sitúa la riqueza, la belleza física y el éxito por encima de la sabiduría espiritual. Sin embargo, la sabiduría es un bien mayor que la fortaleza, a pesar de que con frecuencia las masas no lo reconocen. Aun cuando es más efectiva, no siempre se escucha a la sabiduría, y los sabios con frecuencia pasan desapercibidos. El sabio piadoso está más alerta que el pecador insensato, aunque a veces resbala. Mejor un diamante con una falla que un guijarro perfecto. Las violaciones de la verdadera sabiduría vuelven a caer sobre los perpetradores.
 El futuro no es conocido por los simples mortales.  Los que profesan la fe deben, especialmente, guardarse de toda apariencia de mal. El sabio tiene una gran ventaja sobre el necio, que siempre pierde cuando tiene algo que hacer. El pecado es el reproche de los pecadores, donde quiera que vayan, y muestra la necedad de ellos. Al describir estas circunstancias que no son justas o no tienen sentido, el Predicador quiere decir que la sabiduría por sí sola no puede proporcionar justicia. Salomón continúa basando su conclusión en el hecho de que todo lo que tenemos (desde la sabiduría hasta las riquezas) sin Dios no son nada. Pero cuando Dios usa lo poco que tenemos, se convierte en todo lo que pudiéramos querer o necesitar.

  Tratar de hacer algo sin las habilidades o herramientas necesarias es como cortar madera con un hacha sin filo. Si una herramienta está desafilada, uno debe afilarla para poder trabajar mejor. De manera similar, si nos faltan habilidades, debemos afilarnos por medio de la capacitación y la práctica. En cada situación, afilar el hacha significa reconocer dónde radica el problema, adquirir o pulir las habilidades (o herramientas) para hacer un mejor trabajo, y luego salir y llevarlo a cabo. Debo encontrar los aspectos de mi vida en donde mi "hacha" no tiene filo, y afilarla para que pueda ser más eficaz.

  Cada vez que los hebreos tuvieron líderes inmaduros o irresponsables, la nación se derrumbó. Los dos libros de Reyes describen la decadencia de los reinos cuando los líderes sólo se preocupaban por sí mismos. 

  Los gobiernos, los negocios, las familias y hasta las iglesias se ven atrapadas en la idea de que el dinero es la respuesta a todos los problemas. Lanzamos dinero a nuestros problemas, pero de la misma forma en la que la sensación de euforia que provoca el vino es sólo temporal, el efecto sedante de la última compra pronto se desvanece y tenemos que comprar más. Las Escrituras reconocen que el dinero es necesario para la subsistencia, pero nos alertan en cuanto al amor al dinero (Mateo 6:24; 1Timoteo 6:10, Hebreos 13:5). El dinero es peligroso porque nos engaña al hacernos pensar que la riqueza es la forma más fácil de obtener todo lo que queremos. El amor al dinero es pecado ya que confiamos en él en vez de confiar en que Dios ha de resolver nuestros problemas. Los que van en pos de sus promesas vacías un día descubren que no tienen nada, debido a que están en bancarrota espiritual.
No tenemos que pensar que nuestra búsqueda en la palabra o las obras de Dios sea inútil porque no podamos explicar todas las dificultades. Podemos aprender muchas cosas buenas para nosotros mismos y útiles para los demás. Pero el hombre no puede decidir siempre quién es objeto del amor especial de Dios o quién está sometido a su ira; ciertamente Dios hará una diferencia entre lo precioso y lo vil, en el otro mundo. La diferencia en cuanto a la felicidad presente surge de los apoyos y consuelos interiores que disfruta el justo, y el beneficio que deriva de las diversas pruebas y misericordias. En cuanto a los hijos de los hombres concierne, son dejados a sí mismos, sus corazones llenos de mal, y la prosperidad en pecado les hace desafiar a Dios, atreviéndose a hacer el mal. Aunque a este lado de la muerte a menudo parece que al justo y al malo les va igual, al otro lado habrá una diferencia inmensa entre ellos.

El patrimonio del hombre vivo más despreciable es preferible al del más noble que muere impenitente. La Palabra exhorta al sabio y piadoso a confiar alegremente en Dios cualquiera sea su condición en la vida. El bocado más vil, viniendo del amor de su Padre, como respuesta a la oración, tendrá un deleite peculiar. No que establezcamos nuestros corazones en los deleites sensuales, sino que podamos usar con sabiduría lo que Dios nos ha dado.  
Este es el mundo del servicio; el venidero es el mundo de la recompensa. Todos en sus posiciones pueden hallar alguna obra que hacer. Y por sobre todo, los pecadores tienen que cuidar de la salvación de su alma, los creyentes tienen que probar su fe, adornar el evangelio, glorificar a Dios y servir a su generación.
El éxito de los hombres rara vez iguala a sus expectativas. Debemos usar los medios, pero no confiar en ellos: si triunfamos debemos alabar a Dios; si fracasamos, debemos someternos a su voluntad. Los que postergan la gran preocupación por sus almas, son atrapados en la red de Satanás, en la cual él pone como carnada algún objeto mundano, por el cual ellos rechazan o descuidan el evangelio y siguen pecando hasta que, súbitamente, caen en la destrucción.

Por su sabiduría el hombre puede hacer que ocurra lo que nunca haría por su fuerza. Si Dios es por nosotros, ¿quién puede estar contra nosotros, o resistir ante nosotros? El hombre de fe observa el poder de la sabiduría, aunque pueda esforzarse mucho bajo las desventajas externas. ¡Cuán persuasivas son las palabras rectas! Pero los hombres sabios y buenos a menudo deben contentarse con la satisfacción de haber hecho algo bueno o, al menos, haberse propuesto hacerlo, cuando no pueden hacer el bien que quisieran, ni tener la alabanza que debieran.   Reverenciar y obedecer a Dios es el todo del hombre, algo que se halla en completa oposición a las cosas de este mundo consideradas «vanidad». Estas cosas pasarán, pero nuestra relación con Dios perdurará hasta que juzgue a la tierra.
Como un aguijón, una palabra sabia o una verdad importante puede ser desagradable cuando se aplica por primera vez, pero nos mantendrá en marcha en dirección de Dios.
 Existen opiniones interminables acerca de la vida y filosofías acerca de la forma en la que debemos vivir, que pueden ser leídas y estudiadas por siempre. No es malo estudiarlas, pero deberíamos pasar la mayor parte del tiempo alimentándonos de la verdad de la Palabra de Dios. La sabiduría debe llevar a la acción. Los estudiantes sabios de la Biblia comprenderán y harán lo que se les ha enseñado. Debido a que nuestro tiempo en la tierra es muy corto, debemos usarlo para aprender verdades importantes, las que afectan esta vida y la eternidad.

  Quienes carezcan de propósito y dirección en la vida deben respetar a Dios y seguir sus principios para la vida. Los que piensan que la vida es injusta deben recordar que Dios analizará la vida de cada persona para determinar cómo le ha respondido a El y traerá a juicio todo hecho.

¿He comprometido mi vida presente y futura con Dios? ¿Está mi vida a la altura de las normas de Dios?

  No importan cuáles sean los misterios y las aparentes contradicciones de la vida, debemos trabajar hacia el único propósito de conocer a Dios. Debemos disfrutar de la vida, pero esto no nos exime de obedecer los mandamientos de Dios. Debemos buscar el propósito y el significado de la vida, pero no se pueden encontrar en los logros humanos. Debemos reconocer la maldad, necedad e injusticia en la vida, y aun así mantener una actitud positiva y una fe sólida en Dios.
Todas las personas tendrán que comparecer delante de Dios y ser juzgadas por lo que hicieron en esta vida. No podremos utilizar las incongruencias de la vida como excusas de no haber vivido adecuadamente.
Para vivir bien, necesitamos:  
Reconocer que el esfuerzo humano separado de Dios es vanidad.
Colocar a Dios en primer lugar... ahora.
 Recibir todo lo bueno como un regalo de Dios.
Darnos cuenta que Dios juzgará tanto lo malo como lo bueno.
 Saber que Dios juzgará la calidad de vida de toda persona.

 Resulta muy extraño que nos pasemos la vida entera luchando por alcanzar el verdadero gozo que Dios nos da como regalo.


viernes, 1 de mayo de 2015

CRUCIFICANDO NUESTROS ÍDOLOS



Colosenses 3:5  Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;
 6  cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,
 7  en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas.


Jeremias 18:15  Porque mi pueblo me ha olvidado, incensando a lo que es vanidad, y ha tropezado en sus caminos, en las sendas antiguas, para que camine por sendas y no por camino transitado,


1 Juan 5:21  Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén.


Eidolon (εδωλον ) primariamente un fantasma o semejanza o una idea, imaginación; un ídolo, una imagen para representar a un dios falso; el dios falso adorado en una imagen. Vanidad, cosa de nada, nada en el mundo.


REFLEXIÓN:

Hoy la Palabra de Dios en la Biblia me ha enseñado que los principios confirmados por el Espíritu Santo a través de la sana doctrina, por la gracia del Señor, están transformando mi vida, se han afirmado sobre la Roca inamovible, Cristo.  La gracia de Dios me capacita para madurar en la fe de Jesucristo, cuando someto mi voluntad en obediencia, con todas las potencias de mi corazón, con toda la intensidad de mi mente al Señor Jesucristo. Cuando pongo a los pies  de la cruz de Cristo todo aquello que no edifica a Dios, que me aparta de Dios, lo que se interpone ante Dios; sea lo que sea tiene que ser puesto a la Luz, exhibido y descubierto por la Palabra y señalado por el Espiritu Santo, para ser quitado de raiz. No sólo son palabras, es el propósito de mi voluntad para ser rendida en obediencia, en la medida que Dios me ha dado para obedecer y ponerlo en práctica en mi vida.

Los pecadores llaman libertad vivir sin restricción; aunque ser esclavo de sus pasiones es la esclavitud peor del hombre. Abandonaron a Dios a cambio de los ídolos. Cuando los hombres están resecos por el calor, y encuentran aguas frías y refrescantes, las usan sin medida. En esto los hombres no dejan lo cierto por lo dudoso, pero Israel dejó los caminos antiguos designados por la ley divina. Anduvieron, no por el camino real por el cual hubieran ido a salvo, sino por un camino con tropiezos; tal fue el camino de la idolatría y tal es el camino de la iniquidad. Esto desoló su tierra y los hizo miserables.

Las calamidades pueden soportarse si Dios nos sonríe cuando estamos sometidos a ellas, pero si está descontento y niega su ayuda, entonces estamos perdidos. Las multitudes olvidan al Señor y su Cristo, y se desvían de los caminos antiguos para andar en los caminos de su propia concepción, pero, ¿qué harán en el día del juicio?
Conforme el alfarero moldeaba o daba forma a la vasija de barro en su rueda, a menudo iban apareciendo los defectos. El alfarero tenía poder sobre el barro, para dejar los defectos o para volver a moldear la vasija. Asimismo, Dios tenía poder para volver a dar forma a la nación y conformarla según sus propósitos. Nuestra estrategia no debería ser volvernos inconscientes ni pasivos (un aspecto del barro), sino con voluntad y receptivos al impacto de Dios en nosotros. En la medida que se lo permitimos, Dios vuelve a darnos forma para que seamos vasijas valiosas.

  Nuestra sociedad admira la agresividad, independencia y desafío a la autoridad. En una relación con Dios estas cualidades se transforman en testarudez, presunción y resistencia a escuchar o cambiar. Si no se controla, la testarudez se convierte en un estilo de vida hostil a Dios.
Es necesario mortificar los pecados porque si no los matamos, ellos nos matarán a nosotros. El evangelio cambia las facultades superiores e inferiores del alma, y sostiene la regla de la recta razón y de la conciencia por sobre el apetito y la pasión.

Ahora no hay diferencia de país, de condición o de circunstancia de vida. Es deber de cada uno ser santo, porque Cristo es el Todo del cristiano, su único Señor y Salvador, y toda su esperanza y felicidad. Debiéramos considerarnos muertos e insensibles a la fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia. Así como las ramas enfermas de un árbol, estas prácticas deben ser cortadas antes de que nos destruyan. Debemos hacer cada día una decisión concienzuda para quitar cualquier cosa que sostenga o alimente estos deseos y depender del poder del Espíritu Santo.
Centrar el interés y las aspiraciones en lo celestial implica despojarse de determinados vicios y cultivar ciertas virtudes. Los pecados de indulgencia con la sensualidad, las actitudes erróneas, el lenguaje deshonesto y los prejuicios de la mente deben morir en nosotros de una vez por todas. Cristo debe gobernar y convertirse en el centro de las relaciones y el culto de los hijos de Dios.



¡Dondequiera que la Biblia es oída y obedecida, las vidas son cambiadas! El cristianismo, más que una colección de hechos interesantes, es el poder de Dios a todo aquel que cree. ¿Qué ha hecho el poder de Dios en nuestra vida desde el primer momento en que recibimos la gracia de la fe?

  El Espíritu Santo cambia a la gente cuando esta acepta el evangelio. Cuando hablamos a otros de Cristo, debemos depender del Espíritu Santo para que abra sus ojos y los convenza de que necesitan salvación. Es el poder de Dios el que cambia a las personas, no nuestra habilidad o persuasión. Sin la obra del Espíritu Santo, nuestras palabras no tienen sentido. El Espíritu Santo no sólo convence a la gente de su pecado sino que también le da seguridad de la verdad del evangelio.  
Los cristianos cometemos pecados, por supuesto, pero pedimos a Dios que nos perdone y luego continuamos sirviéndole. Dios nos libertó de la esclavitud de Satanás y nos mantiene protegidos de los ataques continuos de Satanás. El resto del mundo no tiene la libertad de los cristianos para obedecer a Dios. A menos que acudan a Cristo con fe, no tienen otra opción que la de obedecer a Satanás. No hay un lugar intermedio: se es de Dios y se le obedece, o se vive bajo el dominio de Satanás.

  Un ídolo es todo lo que sustituye a la fe verdadera, cualquier cosa que niega la absoluta humanidad y deidad de Cristo, cualquier concepto humano que diga tener más autoridad que la Biblia, cualquier lealtad que sustituya a Dios como el centro de nuestra vida. Lo que pensemos acerca de Cristo es fundamental en nuestras enseñanzas, predicación y estilo de vida. Jesucristo es Dios y hombre, totalmente Dios y totalmente humano al mismo tiempo. Vino a la tierra para morir en nuestro lugar por nuestros pecados. Mediante la fe en El, podemos tener vida eterna y el poder para hacer su voluntad.  

 Todos nosotros debiéramos responder a las Buenas Nuevas, volvernos a Dios, servir a Dios y esperar por el regreso de su Hijo, Cristo. Deberíamos volvernos del pecado a Dios porque Cristo viene a juzgar la tierra. Deberíamos ser fervientes en nuestro servicio porque disponemos de poco tiempo antes de que Cristo vuelva. Debiéramos estar preparados para el regreso de Cristo porque no sabemos cuando vendrá.

Toda la humanidad está dividida en dos partes o esferas: el que pertenece a Dios y el que pertenece al maligno. Los creyentes verdaderos pertenecemos a Dios; somos de Dios y venimos, por gracia, de Él, para Él y por Él; mientras el resto, de lejos la gran mayoría, está en el poder del maligno; hacen sus obras y apoyan su causa.
Esto comprende a todos los incrédulos, cualquiera sea su profesión, situación o posición o cualquiera sea el nombre por el que se llamen. El Hijo guía a los creyentes al Padre y ellos están en el amor y el favor de ambos; en unión con ambos, por la morada y obra del Espíritu Santo. ¡Dichosos aquellos a los que es dado saber que el Hijo de Dios ha venido, y tienen un corazón que confía y descansa en el que es verdadero! Que este sea nuestro privilegio: que seamos guardados de todos los ídolos y las falsas doctrinas, y del amor idólatra a los objetos mundanos, y que seamos mantenidos por el poder de Dios, por medio de la fe, para salvación eterna. A este verdadero Dios vivo sea la gloria y el dominio por siempre jamás. Amén.