miércoles, 7 de febrero de 2024

CÓMO PASAR EL DÍA CON DIOS (tercera parte)


Salmo 25:5

« Encamíname en tu verdad, y enséñame,

 Porque tú eres el Dios de mi salvación;

 En ti he esperado todo el día. »

 

 

         Podríamos ampliar este deber de esperar en Dios citando otras expresiones de la Escritura que hablan de lo mismo, y que también hacen énfasis sobre el homenaje que debemos a Dios y la comunión que hemos de tener interés en conservar con Él. Verdaderamente nuestra comunión es con el Padre y con el Hijo Jesucristo.

«A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido.» (Salmo 16:8.) Es esperar en Él como a alguien que está cerca de nosotros, alguien siempre a nuestra diestra, y que tiene su mirada sobre nosotros, dondequiera que estemos y hagamos lo que hagamos; es más, como a uno en quien vivimos, nos movemos y somos, ante el cual somos responsables. Esto es impartido en nosotros como el gran principio de la obediencia del Evangelio: «Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto» Génesis 17;1. En esto consiste la rectitud que es nuestra perfección evangélica; en andar en todo tiempo delante de Dios y en procurar ser aprobados por Él.

Es tener nuestros ojos siempre dirigidos al Señor, como se nos dice aquí.” Mis ojos están siempre hacia Jehová, Porque él sacará mis pies de la red”. (Salmo 25:15.) Aunque no podemos verle, por razón de la distancia y la oscuridad, con todo, podemos mirar hacia Él, hacia el lugar en que reside su honor, como aquellos que desean el conocimiento y voluntad suyas, y lo dirigen todo a su honor como el blanco al que apuntan, esforzándose en esto para que, presentes o ausentes, puedan ser aceptados por Él. El esperar en Él es seguirle con nuestros ojos en todas aquellas cosas que Él se complace en manifestarnos, y admitir los descubrimientos de su ser y perfecciones.

Es reconocer a Dios en todos sus caminos. “Reconócelo en todos tus caminos,Y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:6), en todas las acciones de la vida, y en todos los asuntos de la vida hemos de andar de su mano y seguir en sus pasos. En todas nuestras empresas hemos de esperar en Él para conseguir su dirección y ser prosperados, y por fe y oración encomendarle nuestro camino, y hemos de llevarle con nosotros dondequiera que vayamos. Si tu presencia no ha de ir con nosotros no nos muevas de aquí. En todas nuestras consolaciones hemos de ver su mano que nos las proporciona, y en todas nuestras cruces hemos de ver la misma mano poniéndolas sobre nosotros para que podamos aprender a recibir lo bueno y lo malo, y bendecir la mano del Señor, tanto por lo que da como por lo que quita.

Es seguir al Señor plenamente como hizo Caleb. “Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión.” (Números 14:24.) Es poner por obra las palabras del Señor; respetar todos sus mandamientos y procurar poner por obra toda su voluntad.

Dondequiera que Dios nos guíe, yendo delante de nosotros, hemos de seguirle como hijos queridos; hemos de seguir al Cordero y tomarle por nuestro guía dondequiera que vaya.

Esto es esperar en Dios, y aquellos que lo hacen pueden esperarle alegremente porque aparecerá sin falta a su debido tiempo para su gozo, y esta palabra de Salomón les será aplicable: «Quien cuida la higuera comerá su fruto,Y el que mira por los intereses de su señor, tendrá honra..» (Proverbios 27:18.) Porque Cristo ha dicho: «Donde yo estoy, allí estará mi servidor.» En cuanto a lo segundo: Habiendo mostrado lo que es esperar en Dios, voy a continuación a mostrar que hemos de hacerlo cada día.

Hemos de esperar en nuestro Dios cada día. Ésta es una obra de cada día que debe ser hecha en su día porque el deber de cada día lo requiere. Los servidores en las cortes de los príncipes tienen sus semanas y meses de servicio asignados, y están obligados a servir sólo en ciertas ocasiones. Pero los siervos de Dios nunca están fuera de servicio: todos los días de nuestro tiempo designado, el tiempo de nuestro trabajo y nuestra campaña aquí en la tierra, hemos de esperar (Job 14:14 Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, Hasta que venga mi liberación), y no esperar o desear ser dados de alta de servicio hasta que lleguemos al cielo, donde estaremos sirviendo a Dios, como hacen los ángeles, más cerca y constantemente.

Hemos de esperar en Dios cada día. Tanto los domingos como los días de entre semana. El día del Señor fue instituido y designado con el propósito de acudir a los atrios de la casa de Dios para servirle y esperar en Él allí, para darle gloria, recibir órdenes y favores de Él. Sus ministros deben servir en su ministerio (Romanos 12:7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza;), y el pueblo debe esperar en Él también, diciendo como Cornelio de sí mismo y de sus amigos:  Hechos 10:33. Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado. Es para el honor de Dios, para ayudar a llenar las asambleas de aquellos que esperan y sirven en el estrado de su trono, para aumentar su número. Todo el tiempo del día del Señor, excepto el que se emplea en obras de necesidad y de misericordia, debe ser empleado en esperar y servir a Dios. Los cristianos son sacerdotes espirituales, y como tales, su ocupación es servir en la casa de Dios las horas designadas.

Pero esto no es suficiente; hemos de esperar en Dios durante la semana porque cada día de la semana queremos sus misericordias y tenemos trabajo que hacer para Él. Nuestro esperar en Él en los deberes públicos religiosos el primer día de la semana, está planeado para establecernos y equiparnos para la comunión con Él durante la semana que sigue, de modo que no respondemos a las intenciones del Día del Señor a menos que perduren en nosotros las impresiones del mismo, y entren con nosotros en los negocios de la semana, y permanezcan siempre en la imaginación de los pensamientos de nuestro corazón. Así, de un domingo al otro, y de una nueva luna a la otra, hemos de mantenernos en un marco de gracia y santidad. Tiene que ser así en el Espíritu del Día del Señor, para andar en el Espíritu toda la semana.

Tanto en los días de ocio como en los de actividad hemos de estar esperando en Dios. Algunos días de nuestra vida serán días de trabajo y de prisas cuando se nos exige diligencia en nuestra vocación, pero no hemos de pensar que esto haya de ser una excusa válida de nuestro constante esperar en Dios. Aunque nuestras manos estén ocupadas en sus tareas, nuestro corazón puede estar esperando en Dios por medio de una inclinación habitual hacia Él, a su providencia como nuestra guía, y a su gloria como nuestro fin en nuestros negocios del mundo, y por ello nosotros debemos permanecer con Él en ellos. «Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño.» (Salmo 127:2), la labor es en vano, es trabajo tirado al fuego.

Algunos días en la vida descansamos de nuestros asuntos y tomamos un recreo. Muchos tenéis vuestro tiempo para diversión, pero cuando ponéis aparte otros negocios, este esperar en Dios no puede ser puesto de lado. Cuando tú pones a prueba la alegría, como hizo Salomón, y dices que quieres gozar un poco del placer, con todo, la sabiduría debe permanecer contigo (Eclesiastés 2:1, 3 Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad//Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida.), que tus ojos se levanten a Dios, y procura que no pierdas la comunión con Él por causa de lo que tú llamas una conversación agradable con tus amigos. Tanto si es un día de la semana o un día de descanso, no hallaremos nada como el esperar en Dios para iluminar la tarea y endulzar el reposo. De modo que tanto si tenemos mucho que hacer o poco, en el mundo, todavía tenemos que seguir esperando en Dios para ser preservados de la tentación que acecha a los dos.

Tanto en los días de prosperidad como en los de adversidad tenemos que esperar en Dios. ¿Nos sonríe y nos festeja el mundo? A pesar de ello no nos olvidemos de Él para rendirle tributo y atención. Por más que tengamos mucha riqueza de este mundo no podemos decir que no tenemos necesidad de Dios ni ocasión para hacer uso de él, imitando en eso a David que se atrevió a decir, en su prosperidad, que nunca sería conmovido, pero pronto se dio cuenta de su error cuando Dios le escondió el rostro y entró en tribulaciones. (Salmo 30:6 En mi prosperidad dije yo: No seré jamás conmovido,.) Cuando nuestros asuntos prosperan y Dios pone prosperidad en nuestras manos, hemos de esperar en Dios como nuestro dueño y confesar nuestras obligaciones a Él. Hemos de esperar en la bondad y gracia de Dios para usar lo que tenemos en el mundo con miras a los fines para los que se nos ha confiado, sabiendo que tenemos que rendir cuentas y que esto será pronto. Y por más que tengamos buenas cosas de este mundo y que se nos haya provisto de ellas en abundancia para que disfrutemos, todavía tenemos que esperar en Dios para que nos dé cosas mejores, no sólo de las que el mundo da, sino de las que Él mismo da en este mundo. Señor, no me basta con esta porción.

Y cuando el mundo frunce el cejo sobre nosotros y las cosas nos van al revés no tenemos por qué inquietarnos de su ceño, o asustarnos, y por ello apartarnos de esperar en Dios, sino más bien ser llevados a ello. Las aflicciones nos son enviadas con este objetivo para llevarnos al trono de la gracia, para enseñarnos a orar, y para hacer la palabra de la gracia de Dios más preciosa para nosotros. En el día de nuestra aflicción hemos de esperar en Dios para que nos dé el consuelo que será suficiente para compensar nuestra pena. Job, estando en lágrimas, caía sobre su rostro y adoraba a Dios, tanto cuando le quitaba lo que tenía como cuando le añadía. En el día de nuestro terror debemos esperar en Dios para recibir el ánimo suficiente para apaciguar el miedo. Josafat, en su angustia, esperó en Dios y no esperó en vano, pues su corazón fue corroborado al hacerlo; y lo mismo ocurrió a David, con frecuencia, que hizo la resolución que fue un ancla para su alma: En tiempo de temor en ti confiaré.

Tanto en los días de la juventud como de la ancianidad tenemos que estar esperando en Dios. Los que son jóvenes deben empezar a hacerlo desde muy temprano: el niño Samuel ministraba al Señor, y en la historia de la Escritura se pone un énfasis particular en el honor de hacerlo, y Cristo se complació sobremanera con los hosanas de los niños que le esperaban cuando cabalgaba en triunfo hacia Jerusalén. Cuando Salomón, en su juventud, después de su acceso al trono, esperaba que Dios le diera sabiduría, se nos dice que agradaba al Señor. «Anda y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada.» (Jeremías 2:2.) El esperar en Dios, el acordarse del Creador, y el momento oportuno para hacerlo son los días de la juventud. (Eclesiastés 12:1. Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento; ) Los que esperan en Dios bien son aquellos que han empezado a hacerlo desde muy pronto; los cortesanos más cumplidos son los que han sido criados en la corte.

¿Y podríamos eximir a los antiguos siervos de Jesús de esperar en Él? No, su dedicación es necesaria todavía, y todavía serán aceptados; no serán echados por su Maestro en la hora de la vejez, y por tanto, no se quedarán sin recibir el merecimiento de su servicio. Cuando a través de las flaquezas y achaques de la edad no pueden ser obreros activos en la familia de Dios, todavía pueden ser siervos que esperan. Son, como Barzillay, ya incapaces de gozar de los placeres de la corte de los príncipes de la tierra, con todo, disfrutando de los placeres de la corte celestial como siempre. Los levitas, pasados los cincuenta, eran eximidos de los deberes gravosos de su ministración, pero seguían esperando y sirviendo a Dios, quietamente, para darle honor y para recibir su consuelo. Aquellos que han hecho la voluntad de Dios y su obra activa ha llegado a su final tienen necesidad de paciencia para que puedan esperar a heredar la promesa, y cuanto más cerca se hallan de la felicidad que esperan, más acendradamente deben esperar, aguardando estar pronto con Él eternamente.

Hemos de esperar en nuestro Dios todo el día, morir en Él como se nos dice. Cada día, de la mañana a la noche, tenemos que continuar esperando en Dios cualesquiera que sean los cambios que haya en nuestra ocupación; ésta debe ser la constante disposición de nuestra alma, el estar esperando en Dios y tener nuestros ojos siempre dirigidos a Él; no debemos permitirnos el alejarnos de Dios, o que otras cosas tengan prelación respecto a Él; hemos de estar subordinados a su voluntad y subordinados a su gloria. Hemos de echar nuestros cuidados diarios sobre Él. Cada día trae consigo nuevos problemas. Más o menos, éstos están a nuestro lado cuando nos despertamos por la mañana, y no tenemos que apresurarnos a buscar los problemas que tendremos mañana, pues le basta al día su propio afán.

Los que tenéis grandes problemas que atender en el mundo todo el día, aunque os los guardéis para vosotros mismos, con todo, están en vuestro regazo, y con vosotros se levantan, y os siguen, y los que hablan con vosotros apenas se dan cuenta de la carga que representan para vosotros. Algunos, por la debilidad de sus espíritus, apenas pueden hacer decisiones sino con miedo y temblando.

Echad esta carga sobre el Señor creyendo que su providencia se extiende sobre todos vuestros asuntos, todos los sucesos que os afectan, y todas las circunstancias de los mismos, incluso las más pequeñas que parecen accidentales; que vuestra situación está en su mano y todos los caminos a su disposición; creed en su promesa de que todas las cosas redundarán para bien de aquellos que le aman, y presentadle a Él todas las cosas para que haga con vosotros y con los vuestros como parezca bien a sus ojos, y descansad satisfechos después de hacerlo y decidid estar tranquilos. Llevad vuestros cuidados a Dios en oración por la mañana, presentádselos a Él, y luego, que se vea durante el día, por lo compuesto y alegre de vuestro espíritu, por vuestro ánimo y sosiego, que habéis hecho como Ana, cuando después de haber orado su rostro ya no aparecía triste. (1ª Samuel 1:18. Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste) Encomienda tu camino al Señor y sométete a su disposición aunque contradiga tus expectativas, y guarda la seguridad que Dios te ha dado, que El cuidará de ti como un padre cuida a su hijo tierno.

 

martes, 6 de febrero de 2024

CÓMO PASAR EL DÍA CON DIOS (segunda parte)

 

Salmo 25:5

« Encamíname en tu verdad, y enséñame,

 Porque tú eres el Dios de mi salvación;

 En ti he esperado todo el día. »

 

                Cada día es vivir una vida de deleite en Dios, como el amante espera a la amada. El deseo es el amor en movimiento, como un pájaro sobre el ala; el deleite es el amor en reposo, como un pájaro en el nido. Aunque nuestro deseo tiene que seguir siendo hacia Dios, como tenemos que estar deseando más de Dios, nuestros deleites también tienen que ser en Dios, hasta el punto que no tenemos que tener ningún otro deseo sino a Dios.

Al creer que es Dios suficiente totalmente, hemos de estar enteramente satisfechos en Él; nos basta con tenerle a Él. ¿Queremos amar a Dios? Es un placer para nosotros pensar que haya un Dios así; que Él es tal como se nos ha revelado, que Él es nuestro Dios por habernos creado y que puede disponer de nosotros según le plazca, nuestro Dios por el pacto, para disponer de nosotros según nuestro bien; esto es esperar en nuestro Dios, esperar en Él con placer.

De una forma u otra el alma tiene aquello de que se precia, algo en lo cual reposa; y ¿Qué es? ¿Dios o el mundo? ¿En qué ponemos nuestro orgullo? ¿De qué nos jactamos? Es lo natural en las personas del mundo que se jacten de la multitud de sus riquezas (Salmo 49:6 Los que confían en sus bienes, Y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan), y de su poder, y del poder de sus manos, que consideran les han conseguido estas riquezas. Las personas piadosas, por su parte, se caracterizan en que se enorgullecen de Dios todo el día. (Salmo 44:8.) « En Dios nos gloriaremos todo el tiempo, Y para siempre alabaremos tu nombre..» Esto es esperar en Dios; tener la vista siempre sobre Él con una secreta complacencia, como los hombres la tienen en aquello que es su gloria, en que pueden gloriarse.

¿En qué es que nos complacemos, que abrazamos con la mayor satisfacción, sobre lo que reclinamos nuestra cabeza y de cuya posesión nos felicitamos, como si lo tuviéramos todo? El rico mundano, con sus graneros llenos de trigo dijo a su alma: Huélgate, come, bebe y alégrate. El hombre piadoso no puede decir palabras así hasta que tiene su corazón lleno de Dios, de Cristo y de su gracia; y entonces dice: vuelve a tu reposo, oh, alma, descansa. El alma que ha recibido la gracia reposa en Dios, que es su hogar, y en Él se complace perpetuamente, y aunque hay muchas cosas en el mundo que la desazonan, halla todo en el Señor para compensarlo.

Cada día es vivir una vida de dependencia en Dios, como el niño depende de su padre, en quien tiene confianza, y sobre quien echa todos sus cuidados. El esperar en Dios es esperar todo el bien que nos llega de Él, como quien obra todo bien en nosotros y por nosotros, el que nos da toda buena dádiva y el que nos protege de todo mal. Así lo dice David en el Salmo 62:5. “Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza.”; no miro a otro para el bien que necesito porque sé que las criaturas, lo creado, son para mí sólo aquello que Él quiere que sean y nada más, y es Él quien controla todo juicio de los hombres. ¿Levantaremos nuestros ojos a los montes? ¿Viene de allí nuestro socorro? ¿No va más allá de las cumbres de las colinas el rocío que suaviza el valle? ¿Iremos más allá, y levantaremos nuestros ojos a los cielos, a las nubes? ¿Pueden darnos lluvia? No, si Dios no escucha a los cielos, los cielos no escuchan a la tierra; hemos, pues, de mirar más allá de los montes, más arriba de los cielos, porque nuestro socorro viene del Señor. Esto lo reconoció un rey que era un modelo de reyes. Si el Señor no te ayuda, ¿Cómo podré ayudarte desde el granero o desde el lagar? Y nuestras expectativas de Dios en tanto que son guiadas por la palabra que Él ha pronunciado y basadas en ella, tendrían que ser en humilde confianza y con plena seguridad de fe. Tenemos que saber y estar seguros de que ninguna palabra de Dios quedará colgando, que las expectativas de los pobres no perecerán. Las personas del mundo dicen al oro: tú eres mi esperanza; y al oro fino: tú eres mi confianza; y la riqueza es la fortaleza del rico, pero Dios es el único refugio y porción del hombre piadoso en la tierra de los vivientes; y es sólo a Él que dice con confianza: «Tú eres mi esperanza, Tú eres mi confianza.» Los ojos de todas las criaturas esperan en Él porque es bueno para todos, pero los ojos de sus santos lo hacen de modo especial porque Él es también, de un modo peculiar, bueno para Israel, bueno para ellos. Conocen su nombre y por ello confían en Él y triunfan en Él, como los que saben que no serán avergonzados de su esperanza.

Cada día es vivir una vida de devoción a Dios, como el siervo sirve a su amo dispuesto a observar su voluntad y hacer su trabajo, y en todo tiene en cuenta su honor y sus intereses. El esperar en Dios es estar atento de modo completo y sin reservas en su santa y sabia dirección, sus disposiciones, y estar alegremente conforme en ellas y cumplirlas. El siervo que sirve a su amo no escoge la manera en que lo hace, sino que sigue a su amo paso a paso; de esta forma tenemos que servir a Dios, como los que no tienen voluntad suya propia, sino sólo la de Él, y se esfuerzan para amoldarse a ella. El carácter de los redimidos del Señor es que siguen al Cordero donde quiera que va, con una fe y obediencia implícitas. Así como los ojos del siervo miran la mano de su amo, nuestros ojos deben mirar al Señor para hacer lo que nos manda. «Padre, hágase tu voluntad; Señor, sea hecha tu voluntad.»

El siervo sirve a su maestro no sólo para prestarle servicio, sino para hacerle honor; y así hemos de servir a Dios para que podamos ser motivo de alabanza a Él. Su gloria debe ser nuestro objetivo último, al cual hemos de dedicar todo lo que somos, tenemos y hacemos; hemos de llevar su marca, esperar en sus atrios, y seguir sus movimientos, como sus siervos, con miras a que Él sea glorificado en todas las cosas.

El esperar en Dios es hacer de su voluntad nuestra regla. El hacer de su voluntad expresada en el precepto la regla de nuestra conducta y hacer todo deber nuestro pensando en ella. Hemos de esperar en Él para recibir sus órdenes, decididos a cumplirlas por más que a veces contradigan nuestras inclinaciones corruptas o nuestros intereses seculares. Hemos de esperar en Él, como los santos ángeles que contemplan siempre la faz de su Padre, como todos los que están a su disposición, preparados a ejecutar la menor sugerencia de su voluntad. Así pues, hemos de hacer la voluntad de Dios, como la hacen los ángeles en el cielo, ministros suyos de su agrado, siempre alrededor del trono para hacerla, nunca apartados de él.

David ruega aquí que Dios quiera mostrarle su camino, y guiarle, y enseñarle, y guardarle, y enviarle a su deber; y así el texto viene como un ruego a poner en vigor la petición, «porque en Ti espero todo el día», listo para recibir la ley de tu boca, y en todo observar tus órdenes. Y luego implica esto; que sólo pueden esperar ser enseñados de Dios aquellos que están dispuestos y preparados a hacerla como se les dice. Si alguno quiere hacer su voluntad, si está resuelto en la fuerza de su gracia a ejecutarla, conocerá cuál es esta voluntad. David ruega: «Señor, dame entendimiento», y luego se dice a sí mismo: «Guardaré tu ley, sí, la observaré» como el siervo espera en su señor. Los que van a la casa de Jehová con la expectativa de que Él les enseñará sus caminos deben hacerlo con la humilde resolución de que caminarán por sus sendas. (Isaías 2:3 Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.) Señor, que la columna de nube y de fuego vaya delante de mí, porque estoy totalmente decidido a seguirla, y así a esperar en mi Dios todo el día.

El hacer de la voluntad de su providencia la regla de nuestra paciencia y soportar toda aflicción con miras a hacerla. Sabemos que es Dios quien ejecuta todas las cosas por nosotros, y Él lleva a cabo lo que nos es asignado; estamos seguros de que todo lo que hace Dios está bien, y redundará para bien de aquellos que le aman; con miras a esto tendríamos que estar de acuerdo y ajustamos a toda la voluntad de Dios. El esperar en el Señor es decir: Es el Señor, que Él haga conmigo como bien le pareciere, puesto que no hay nada que le parezca bueno a Él que no lo sea realmente. Y así lo veremos cuando podamos contemplar esta obra bajo plena luz, es decir: No como yo quiero, sino como Tú quieres. ¿Por qué tendría que ser según mi opinión? Con ello llevamos nuestra mente a una condición en que podemos conservar la calma y tranquilidad por más que ocurran cosas que nos las harían perder.

Y por ello hemos de sobrellevar la aflicción, sea lo que sea, porque es la voluntad de Dios; es lo que Él ha destinado o permitido, Aquel que obra según el consejo de su propia voluntad. Esto es la paciencia cristiana: quedé mudo y no abrí mi boca, no porque no hubiera servido de nada el quejarme, sino porque Tú lo hiciste y por tanto yo no tenía razón de hacerlo. Y esto nos reconciliará con toda aflicción, sea la que sea, pues siempre está dentro de la voluntad de Dios, y en consecuencia, no sólo debemos permanecer en silencio porque se trata de la soberanía de su voluntad, ¡ay de aquel que se enfrenta con su hacedor!, sino que debemos estar satisfechos debido a la sabiduría y bondad de ello. Cualquiera que sea la disposición de la providencia de Dios sobre aquellos que esperan en Él, hemos de estar seguros de que así como no quiere su daño, tampoco los perjudica; es más, deben decir, como el salmista, que incluso cuando era acosado todo el día y disciplinado cada mañana, decía que Dios era bueno, y por tanto, como Job: «Aunque me matare, en Él esperaré.»

domingo, 4 de febrero de 2024

CÓMO PASAR EL DÍA CON DIOS

               

Salmo 25:5

« Encamíname en tu verdad, y enséñame,

 Porque tú eres el Dios de mi salvación;

 En ti he esperado todo el día. »

 

¿Quién de nosotros puede decir esto? ¿Quién vive esta vida de comunión con Dios, que es nuestra ocupación principal y la mayor parte de nuestra bienaventuranza? ¡Cuán cortos nos quedamos del espíritu de David, aunque tenemos mucha más ayuda en nuestro conocimiento de Dios del que tenían los santos de entonces, a causa de la presente meditación de Cristo! Con todo, los cristianos débiles que son sinceros no tienen por qué desanimarse, sino que recuerden que el mismo David no siempre estaba en la misma disposición para poder decir esto; tenía sus flaquezas. Era, a pesar de ellas, un hombre conforme al corazón de Dios. Nosotros tenemos nuestras flaquezas, aunque si son lamentadas sinceramente, si nos esforzamos contra ellas y si nos inclinamos de modo habitual hacia a Dios y el cielo, seremos aceptados por medio de Cristo, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia.

Sin embargo, la profesión que hace David en el texto nos muestra cuál debería ser nuestra actitud: el esperar en Dios todo el día. Esto implica dos cosas: una expectativa paciente y una espera constante.

El texto habla de esperar en Él para obtener misericordia, y, además, todo el día debe ser tomado de modo figurado, pues es el tiempo en que queremos y deseamos misericordia que es diferido. David en la primera parte del versículo pide ser encaminado en la verdad de Dios y enseñado; estaba perdido, y deseaba conocer lo que Dios quería que hiciera, y estaba preparado a hacerlo, pero Dios le mantenía en suspense; no era claro, todavía, lo que Dios quería, el curso que debía seguir, y lo que debía hacer; ¿Podría seguir adelante sin la dirección divina? No: En ti he esperado todo el día. Así empezó Abraham que velaba sobre el sacrificio desde la mañana hasta el atardecer, antes de que Dios le diera la respuesta a sus preguntas respecto a su simiente (Génesis 15:5 Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia; 12 Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él), y Habacuc, que estaba en la torre del vigía para ver qué respuesta le daba Dios cuando él le consultó. Aunque esta respuesta no venga al momento, al fin llegará y no faltará.

David, en las palabras que preceden al texto, ha llamado a Dios, el Dios de su salvación, el Dios en quien dependía para su salvación, temporal y eterna, del cual esperaba liberación de sus presentes angustias, de las tribulaciones de su corazón, que habían aumentado, de las manos de aquellos enemigos que estaban a punto de triunfar sobre él, y de los que le odiaban con odio violento. Esperando que Dios será su Salvador, resuelve esperar en Él todo el día, como un hijo genuino de Jacob, el cual al morir dijo que había esperado del Señor su salvación. (Génesis 49:18 Tu salvación esperé, oh Jehová.) A veces Dios manda sus bendiciones a los suyos antes de que ellos se las pidan. « Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana.» (Salmo 46:5.) Pero en otras ocasiones parece que está distante, que demora su liberación y los hace esperar, sí, los tiene en suspense; la luz no es ni brillante ni ausente, es de día, pero está nublado y oscuro, y no es hasta el atardecer que viene la luz y el consuelo que habíamos estado esperando todo el día; es más, quizá no llega hasta la noche y es a medianoche que se oye el grito: He aquí el esposo que viene. La liberación a la iglesia de sus tribulaciones, su triunfo en la lucha, el descanso y rescate de la opresión de los malos, y el cumplimiento de todo lo que Dios le ha prometido es lo que hemos de continuar esperando humildemente de Dios, sin desconfianza ni impaciencia; y hemos de seguir esperando todo el día.

Aunque sea un día largo; aunque hayamos de estar esperando mucho tiempo, mucho más de lo que pensábamos. Aunque hayamos esperado mucho, todavía hemos de esperar más, y como el siervo del profeta, tenemos que ir siete veces (1ª Reyes 18:43 Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces.) antes de percibir el menor signo de que la misericordia se acerca. Esperábamos que la liberación de Israel tenía que venir de esto o de aquello, pero hemos quedado decepcionados; “Pasó la siega, terminó el verano, y nosotros no hemos sido salvos.” (Jeremías 8:20). Se prolonga el tiempo, las oportunidades se deslizan, la época de la siega termina, cuando nosotros pensábamos que podíamos cosechar el fruto de nuestras oraciones y esfuerzos, y la paciencia se está agotando y estamos tan lejos de la salvación como antes; Desde el día que llegó el arca a Quiriat-jearim pasaron muchos días, veinte años; y toda la casa de Israel lamentaba en pos de Jehová  (1ª Samuel 7:2.)

Pero aunque fue un período muy largo, es sólo como un día, y su fin es sólo conocido por el Señor (Zacarías 14:7 Será un día, el cual es conocido de Jehová, que no será ni día ni noche; pero sucederá que al caer la tarde habrá luz.). Parece largo mientras estamos esperando, pero el final feliz nos permitirá reflexionar sobre el hecho de que es corto, sólo un momento. No es más largo de lo que Dios ha decidido, y podemos estar seguros de que su tiempo es el mejor, y de que vale la pena que esperemos sus favores. El tiempo es largo, pero no es nada comparado con los días de la eternidad, cuando aquellos que tuvieron paciencia serán recompensados por ello con la salvación eterna.

Aunque sea un día oscuro, esperemos en Dios todo el día. Aunque mientras esperamos lo que Dios hará estemos a oscuras sobre lo que Él hace y lo que es mejor para nosotros, estemos contentos esperando en la oscuridad. Aunque no veamos ninguna señal, aunque no haya nadie que nos diga cuánto durará, sigamos esperando el tiempo que sea, pues, aunque no sepamos lo que Dios hace ahora, lo sabremos después, cuando se haya desvelado el misterio de Dios.

No hubo nunca un hombre más desconcertado que Job en sus tratos con Dios. «Me dirijo al Oriente y no lo hallo; y al Occidente, y no lo percibo; si muestra su poder al Norte yo no lo veo; al Sur me vuelvo y no lo encuentro.» (Job 23:8.) Con todo, espera confiado en que «Él conoce mi camino; me examinará y saldré como el oro» (Job 23; 10), o sea aprobado y mejorado. Dios está esperando como el refinador, y cuando el oro no necesite ser más refinado no volverá a ser metido en el horno. (Salmo 77, versículo 13 Oh Dios, santo es tu camino; ¿Qué dios es grande como nuestro Dios?  y 19 En el mar fue tu camino, Y tus sendas en las muchas aguas; Y tus pisadas no fueron conocidas.) Y aun cuando las nubes y la oscuridad le rodean, con todo, la justicia y el juicio son la habitación de su trono.

Aunque el día sea tempestuoso, tenemos que esperar en Dios todo el día. Aunque estamos inmóviles, sin poder avanzar, y el viento nos es contrario y nos empuja hacia atrás, y nos rodea la tempestad, y estamos a punto de hundirnos, no hemos de perder la esperanza; hemos de esperar y capear la tormenta con paciencia. Nos consuela saber que Cristo está en la barca, que la causa de la Iglesia es la causa de Cristo, pues Él la ha hecho suya; Él se halla junto a su pueblo, y por tanto, no hemos de temer; no cabe duda de que la barca llegará al puerto; aunque el presente Cristo parezca dormir, las oraciones de sus discípulos le despertarán y El increpará los vientos y las olas. Y esto no es todo, Cristo no sólo está en la barca, sino que está al timón; sea lo que sea lo que amenace a la Iglesia, el Señor Jesús lo permite o lo hace, y Él hará que redunde para su bien.

Son unas palabras apropiadas para el día de hoy. Lo que Dios hará de nosotros no lo podemos decir, pero de una cosa estamos seguros, Él es un Dios de juicios, infinitamente sabio y justo, y por tanto, benditos son aquellos que esperan en El. (Isaías 30:18 Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él.) Él hará su obra a su tiempo y a su manera, y aunque nos veamos empujados otra vez al desierto, cuando pensábamos que ya estábamos en la frontera de Canaán, sufrimos justamente por nuestra falta de fe y nuestras murmuraciones, pero Dios obra sabiamente, y veremos que es fiel a su promesa; el momento en que juzga a su pueblo y cambia el curso de las cosas es cuando ve que la fuerza de ellos está agotada. Esto se vio antaño en el monte del Señor, y se verá otra vez. Y por tanto hemos de continuar en una actitud de espera. Resiste con fe y paciencia porque es bueno que el hombre tenga esperanza y espere tranquilo la salvación del Señor.

El texto nos habla también de un esperar constante en él en el sentido de un deber. Y así comprendemos el «día» de modo literal; David tenía la costumbre de esperar en Dios todo el día. «Murlb» significa cada día y todo el día; lo mismo ocurre en la orden de Proverbios 23:17: «No tenga tu corazón envidia de los pecadores, sino permanece en el temor de Jehová todo el día

No basta con que empecemos cada día con Dios, sino que en Él hemos de esperar cada momento de todo el día.

Para empezar con esto vamos a mostrar en primer lugar lo que es esperar en Dios, y en segundo lugar que hemos de hacerlo cada día y todo el día.

En cuanto a lo primero, escudriñemos lo que es esperar en Dios. Ya hemos oído que es nuestro deber por la mañana hablarle en oración solemne. Pero ¿basta con esto para el resto del día? No, hemos de seguir esperando en Él, como con alguien con quien tenemos estrechos vínculos de parentescos y tenemos una fuerte obligación. El esperar en Dios es vivir una vida de deseo hacia Él, de deleite en Él, y devoción a Él.

Es vivir una vida de deseo hacia Dios; esperar en Él, como el mendigo espera en su benefactor con intenso deseo de recibir provisiones de él; como un paralítico en el estanque de Bestesda esperaba que las aguas fueran removidas para ser curado. Nuestro deseo tiene que ser no sólo hacia las buenas cosas que Dios nos da, sino hacia Dios mismo, su favor y amor, la manifestación de su nombre a nosotros, y las influencias de su gracia sobre nosotros. Entonces esperamos en Dios, cuando nuestras almas suspiran por Él, y su favor, cuando estamos sedientos de Dios, del Dios vivo; ¡oh, quién pudiera contemplar la hermosura del Señor! ¡Oh, quién me diera a probar su bondad! ¡Oh, quién pudiera llevar su imagen y ser moldeado conforme a su voluntad enteramente! Porque no hay nada en el cielo o en la tierra que desee en comparación con Él. ¡Oh, quién pudiera conocerle más, amarle más, ser llevado cerca de Él y ser hecho más apto para Él! Así, sobre las alas del santo deseo, nuestras almas deberían elevarse hacia Dios, siempre más arriba, siempre hacia el cielo.

No sólo hemos de orar solemnemente por la mañana, sino que el deseo que es la vida y alma de la oración, como el fuego sobre el altar, tiene que ser mantenido siempre ardiendo, presto para los sacrificios que han de ser ofrecidos sobre él. La tendencia e inclinación del alma en todos sus movimientos es hacia Dios el servirle en todo lo que hacemos y gozar de Él en todo lo que tenemos. Y esto se refiere de un modo especial a las órdenes que se nos dan para que oremos siempre, que oremos sin cesar, que continuemos orando. Incluso cuando no nos estamos dirigiendo realmente a Dios hemos de tener la inclinación acostumbrada hacia Él, como un hombre en salud, que aunque no esté constantemente comiendo, tiene una disposición, sin embargo, hacia la nutrición y los deleites del cuerpo. Así que debemos estar siempre esperando en Dios como nuestro sumo bien, y movernos en dirección a Él. (Continuará)

sábado, 3 de febrero de 2024

CÓMO EMPEZAR CADA DÍA CON DIOS

              

Salmo 5:3:

«¡Oh, Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré!»

 


Este verso no es tanto una oración como una resolución: “'Mi voz oirás', no seré mudo, no callaré, no retendré mi palabra, a ti clamaré, porque el fuego que habita en mi interior me obliga a orar”. Preferimos morir que vivir sin oración. Ninguno de los hijos de Dios está poseído por un demonio mudo.

Mi voz oirás por la mañana, oh Señor. "Por la mañana." Este es el momento más adecuado para tener relaciones con Dios. Una hora por la mañana vale dos por la tarde. Mientras el rocío esté sobre la hierba, que la gracia caiga sobre el alma. Demos a Dios las mañanas de nuestros días y la mañana de nuestras vidas. La oración debe ser la llave del día y la cerradura de la noche. La devoción debe ser tanto la estrella de la mañana como la estrella de la tarde. Estas palabras pueden considerarse como expresión de la confianza del salmista, de que el Señor lo escucharía y le respondería, y que en la mañana, cada mañana, tan pronto como y tantas veces como oró; o que lo escucharía temprano, rápidamente, prontamente, oportunamente y en el mejor momento; o bien como declarar lo que haría como consecuencia de su resolución de orar al Señor en Salmo 5:2(Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, Porque a ti oraré.) ; le oraba todas las mañanas: la mañana es un momento adecuado para la oración, tanto para dar gracias a Dios por el sueño reparador y el descanso, por la preservación de los peligros del nuevo día, de los ladrones y asesinos, como por las misericordias renovadas en la mañana; como también orar a Dios para que nos guarde de males y peligros; dar alimento diario y tener éxito en los negocios y en los empleos de la vida; y por una continuación de toda misericordia, temporal y espiritual. A Dios se le debe servir y buscar en primer lugar; y al hacerlo parece como si Dios estuviera con su pueblo, y ellos con él, cuando se despiertan por la mañana.

 .

Si simplemente leemos este verso en inglés y queremos una explicación de estas dos oraciones, la encontraremos en la figura de un arquero: "A ti dirigiré mi oración", pondré mi oración sobre el arco, la dirigiré hacia ti, hacia el cielo, y luego cuando haya disparado mi flecha, miraré hacia arriba para ver adónde ha ido. Pero el hebreo tiene un significado aún más completo que este: "Dirigiré mi oración". Es la palabra que se usa para poner en orden la leña y los pedazos de la víctima sobre el altar, y también se usa para poner los panes de la proposición sobre la mesa. Significa precisamente esto: "Organizaré mi oración delante de ti"; Por la mañana lo pondré sobre el altar, como el sacerdote prepara el sacrificio de la mañana. Arreglaré mi oración; u "ordenaré mis oraciones, las pondré en orden, invocaré todos mis poderes y les ordenaré que se coloquen en sus lugares apropiados, para que pueda orar con todas mis fuerzas y orar aceptablemente conforme a Tu voluntad”.

“Y miraré hacia arriba”, o, como se podría traducir mejor en hebreo, “'Estaré atento', estaré atento a la respuesta; después de haber orado, esperaré que llegue la bendición”. Miraré como desde una torre de vigilancia, Habacuc 2:1(Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para ver lo que se me dirá, y qué he de responder tocante a mi queja.); para ver si viene ayuda y para obtener una respuesta a la oración: la frase expresa esperanza, expectativa, fe y confianza en que se recibirá una respuesta; y por eso el salmista decide mirar hacia el cielo, hacia donde dirigió su oración, y de donde debe venir la respuesta; y mirar desde su torre de vigilancia, donde lo estaba esperando, y continuar esperándolo pacientemente hasta que lo tuviera: y la base de su confianza eran la naturaleza y las perfecciones de Dios, particularmente su pureza y santidad. Es una palabra que se usa en otro lugar donde leemos de los que velaron por la mañana. ¡Así estaré atento a tu respuesta, oh mi Señor! Extenderé mi oración como la víctima sobre el altar, y miraré hacia arriba, esperando recibir la respuesta mediante fuego del cielo para consumir el sacrificio.

La última parte de este versículo sugiere dos preguntas. ¿No nos perdemos gran parte de la dulzura y eficacia de la oración por falta de una cuidadosa meditación antes de ella y de una expectativa esperanzada después de ella? Con demasiada frecuencia nos precipitamos a la presencia de Dios sin previsión ni humildad. Somos hombres vivos que nos presentamos ante un rey sin una petición, y ¿Qué maravilla es que a menudo nos perdemos el final de la oración? Debemos tener cuidado de mantener siempre en marcha la corriente de la meditación; porque ésta es el agua para mover el molino de la oración. Es inútil levantar las compuertas de un arroyo seco y luego esperar ver girar la rueda. La oración sin fervor es como cazar con un perro muerto, y la oración sin preparación es como cazar con un halcón ciego. La oración es obra del Espíritu Santo, pero él obra por medios. Dios hizo al hombre, pero utilizó el polvo de la tierra como material: el Espíritu Santo es el autor de la oración, pero emplea los pensamientos de un alma ferviente como el oro con el que moldear el vaso. No dejemos que nuestras oraciones y alabanzas sean los destellos de un cerebro ardiente y apresurado, sino el ardor constante de un fuego bien encendido.

Pero, además, ¿No nos olvidamos de vigilar el resultado de nuestras súplicas? Somos como el avestruz, que pone sus huevos y no busca a sus crías. Sembramos la semilla y somos demasiado ociosos para buscar una cosecha. ¿Cómo podemos esperar que el Señor abra las ventanas de su gracia y nos derrame una bendición, si no abrimos las ventanas de la expectativa y buscamos el favor prometido? Dejemos que la preparación santa se una con la expectativa paciente y tendremos respuestas mucho más amplias a nuestras oraciones.

ESTUDIO DEL LIBRO DE JOB 16;1-5

  

Job 16:1 Respondió Job, y dijo:

Job 16:2 Muchas veces he oído cosas como estas;

 Consoladores molestos sois todos vosotros.

He oído cosas como estas: Como las que Elifaz ha estado hablando sobre el castigo de los impíos; Muchos casos de este tipo le habían sido informados por sus preceptores y por sus padres, y que ellos habían tenido de los suyos, así como Elifaz los había tenido de los suyos; y había escuchado estas cosas, o cosas similares, contadas "muchas veces" de uno a otro, como lo interpreta Ben Gersom; o "frecuentemente", como la versión latina Vulgata, sí, les había oído a sus amigos decir muchas cosas de este tipo; para que no se entregara nada nuevo, nada más que lo que era "crambe millies cocta", lo mismo una y otra vez; de tal manera que no sólo era innecesario e inútil, sino también nauseabundo y desagradable, y estaba lejos de conllevar convicción alguna, ni de tener peso e influencia sobre él; que solo lo escuchó, y eso fue todo, y apenas con paciencia, siendo del todo inaplicable para él: que los hombres malvados fueron castigados por sus pecados, él no lo negó; y que los hombres buenos también fueron afligidos, era un caso muy claro; y que ni el bien ni el odio, ni el interés en el favor de Dios o no, no se conocían por estas cosas; Tampoco se podría sacar tal conclusión de manera justa, que debido a que Job estaba afligido, por lo tanto, era un mal hombre:

Consoladores miserables sois todos vosotros; sus amigos vinieron a consolarlo y sin duda fueron sinceros en sus intenciones; tomaron métodos, según pensaban, adecuados para responder a tal fin; y fueron tan optimistas como para pensar que sus consuelos eran los consuelos de Dios, según su voluntad; y aburrió duramente a Job por parecer despreciarlos; a lo que Job aquí puede tener respeto; pero estaban tan lejos de administrar el consuelo divino, que no lo eran en absoluto, y peor que ninguno; en lugar de brindarle consuelo, lo que dijeron aumentó su problema y aflicción; eran, como podría decirse, "consoladores de problemas" o "consoladores problemáticos" (מנחמי עמל "consolatores molestiae", Vatablus, Drusius, Mercerus, Cocceius,), que es lo que los retóricos llaman un oxímoron; lo que dijeron, en lugar de aliviarlo, le impusieron pesos y presiones pesadas que no pudo soportar; al sugerir que sus aflicciones fueron por algún enorme crimen y pecado secreto que él vivió mientras cometía; y que no era más que un hipócrita: y a menos que se arrepintiera y se reformara, no podía esperar que le iría mejor; y este era el sentimiento de todos y cada uno de ellos: así, para las personas bajo un sentimiento de pecado y angustiadas por la salvación de sus almas, los predicadores legales son consoladores miserables, que los envían a una ley que los convence, condena y maldice, en busca de alivio; a sus deberes de obediencia a él para la paz, el perdón y la aceptación ante Dios; que denuncian la gracia de Dios en la salvación del hombre y claman las obras de los hombres; que dejan a un lado la persona, la sangre y la justicia de Cristo, el consuelo de Israel, y dejan fuera el Espíritu de Dios Consolador en sus discursos; y de hecho, todo lo que se puede decir o dirigir, además del consuelo que brota de Dios por Cristo, mediante la aplicación del Espíritu, no significa nada; porque si se pudiera obtener algún consuelo de cualquier otro, él no sería, como se le llama, el Dios de todo consuelo; todas las criaturas y los disfrutes de las criaturas, incluso los mejores, son cisternas rotas, y como los arroyos engañosos con los que Job compara a sus amigos, que decepcionan cuando se les plantea cualquier expectativa de consuelo.

 

Job 16:3 ¿Tendrán fin las palabras vacías?

 ¿O qué te anima a responder?

¿Tendrán fin las palabras vanas?... O “palabras de viento” (לדברי רוח "verbis venti", Beza, Bolducius), palabras vanas y vacías, grandes palabras hinchadas de vanidad, meras burbujas que parecen grandes y no contienen nada; aquí Job replica lo que Elifaz había insinuado sobre él y sus palabras; y él insinúa que tales discursos inútiles deberían tener un final rápido y no continuar por mucho tiempo, ya que ellos no lo soportan; y desea que hayan terminado, para no saber más de ellos; y sugiere que fue débil y tonto por su parte continuarlos; que si no pudieran hablar con mejor propósito, sería mejor guardar silencio.

¿O qué te anima a responder? Cuando los hombres están comprometidos en una buena causa, tienen la verdad de su lado y cuentan con argumentos suficientes para defenderla, esto los anima a levantarse en su defensa y a responder a sus adversarios y a responder cuando hay ocasión; pero Job no podía imaginar qué podría animar a Elifaz a responder nuevamente, cuando había sido suficientemente refutado; cuando su causa era mala y no tenía razones sólidas para defenderla; o "¿qué te ha exasperado" o "provocado"( מה ימריצך "quid exacerbat te", Junius) a responder? Aquí Job parece haber pensado que no había dicho nada irritante, aunque es notorio que lo hizo, tales eran su dolor y sus problemas; y estaba tan seguro de que tenía razón, que no pensó que las palabras y expresiones duras y severas que había usado hubieran excedido los límites debidos.

 

Job 16:4 También yo podría hablar como vosotros,

 Si vuestra alma estuviera en lugar de la mía;

 Yo podría hilvanar contra vosotros palabras,

 Y sobre vosotros mover mi cabeza.

Yo también podría hablar como lo haces... Como palabras grandes, con un tono tan alto, con un cuello tan rígido y con tanta altivez y altivez; o "¿debería hablar como tú" (ככם אדברה "sicut vos loqui deberem?" Schmidt)? Que no debería, ni tú pensarías que debería, si estuvieras en mi caso; o, siendo así, "¿hablaría como tú" ("Etiam ego ut vos loquerer?" Cocceius)? no, no lo haría, mi conciencia no me lo permitiría.

Si tu alma estuviera en lugar de mi alma; en el mismo estado y condición afligidos, en el mismo caso y circunstancias angustiantes; no es que lo deseara, como algunos expresan las palabras, porque un buen hombre no deseará daño a otro; sólo que él supone esto, ya que era un caso suponible, y no imposible, de ser un hecho, en algún momento u otro, en este estado de incertidumbre y cambio; sin embargo, es correcto ponernos en el caso de otros en nuestra propia imaginación, para que así pueda ser considerado desde el punto de vista adecuado, para que podamos juzgar mejor cómo debemos elegir ser tratados en tales circunstancias, y así enseñar hacer a los demás lo mismo que nos hubiésemos hecho a nosotros mismos.

Podría acumular palabras contra ti; háblame tan rápido como tú y te atropello con un gran torrente de palabras; Job tenía mucha fluidez, hablaba mucho en su estado afligido, demasiado de lo que pensaban sus amigos, quienes lo representan tratando con multitud de palabras, y como un hombre muy hablador. ¿Y qué podría haber hecho si hubiera tenido salud y en circunstancias prósperas como antes? Podría haber presentado muchos cargos y acusaciones contra ellos, como lo habían hecho contra él; o "¿Acumularía palabras contra ti?" o "¿Debería?" (אחבירה עליכם במלים "nectere deberem nexus contra vos verbis?" Schmidt.); no, no sería mi deber, ni lo haría; la humanidad y el buen sentido nunca me hubieran permitido hacerlo; sino, por el contrario, "me habría unido a ti", de manera social, libre y familiar, en palabras ("Adjungerem me super vos in sermonibus", Montanus, Bolducius), en un encuentro amistoso contigo, para que las palabras puedan ser leídas y parafraseadas. Habría venido a visitarte, me habría sentado a tu lado y habría entablado una conversación amable y compasiva contigo sobre tu caso y condición, y habría hecho todo lo posible para consolarte. Habría enmarcado y compuesto (como significa la palabra usada) un discurso determinado a propósito. Habría buscado todas las palabras aceptables y las habría reunido de la mejor manera posible para ti ("Vobis enim aptum sermonem accommodarem", Codurcus); Si tuviera lengua de sabios, la habría usado para hablaros a tiempo una palabra.

Y sacudo mi cabeza hacia ti; a modo de desprecio y burla, es decir, podría haberlo hecho tan bien como ellos; sacudir la cabeza se usa como señal de desprecio; o "¿lo haría", o "debería negar con la cabeza" (אניעה־ראשי "et caput meum quassarem super vobis", Cocceius; "movere deberem super vos caput meum?" Schmidt) si fuera mi caso? no, yo no lo haría; como no debía, hubiera desdeñado hacerlo; o el sentido puede ser: "Te habría negado con la cabeza", en una forma de lástima, lamentándome y consolándome por tu caso(Bar Tzemach, κινησας ρα καρη, Hom. II. 17. v. 200) 

 

 Job 16:5  Pero yo os alentaría con mis palabras,

 Y la consolación de mis labios apaciguaría vuestro dolor.

Pero te fortalecería con mi boca. Consuélalos con las palabras de su boca; así Dios fortalece a su pueblo con fortaleza en el alma, cuando les responde con palabras buenas y reconfortantes; un ángel fortaleció a Cristo como hombre en agonía, consolándolo, sugiriéndole cosas reconfortantes; para que un santo pueda fortalecer y consolar a otro cuando esté en apuros, ya sea de alma o de cuerpo; Salmo 138:3 (El día que clamé, me respondiste; Me fortaleciste con vigor en mi alma.); y así Job había fortalecido y consolado a otros, con sus palabras en tiempos anteriores, como el propio Elifaz reconoce, Job 4:3(He aquí, tú enseñabas a muchos, Y fortalecías las manos débiles;) y así lo haría nuevamente, si hubiera un cambio en sus circunstancias.

Y el movimiento de mis labios debería aliviar tu dolor: las palabras pronunciadas por él, que se hacen mediante el movimiento de los labios, deberían ser tales que tendieran a aliviar el dolor, detener, restringir, prohibir y disminuir el dolor; al menos para que no estallara de manera extravagante y excediera los límites, y para que sus amigos no se sintieran absorbidos por un dolor excesivo.

viernes, 2 de febrero de 2024

ESTUDIO DEL LIBRO DE JOB 15; 29-35


Job 15:29  No prosperará, ni durarán sus riquezas,

 Ni extenderá por la tierra su hermosura.

No prosperará… Aunque su corazón está puesto en ello, está decidido en cualquier caso a ser rico; trabaja por ello con todas sus fuerzas, y aún así no logrará lo que tanto desea; muchos, que se esfuerzan mucho por ser ricos, e incluso de manera legal, y son hombres entendidos en el comercio y los negocios, y, sin embargo, las riquezas no son su porción; y algunos que obtuvieron mucho, pero no se enriquecen; lo que obtienen, lo meten en una bolsa de agujeros, y cae tan rápido como lo meten; lo que obtienen de una manera pecaminosa lo consumen de otra, y por eso siempre son pobres; y otros, aunque han acumulado una vasta riqueza, todavía no son más que hombres pobres que no usan lo que tienen ni para su propio bien ni para el de los demás; y no se contentan con lo que tienen, sino que siempre anhelan más, y por eso son incluso pobres por sí mismos, al no tener lo que querrían tener; sin embargo, tal hombre no es rico para con Dios; porque en las cosas piadosas y espirituales está desprovisto de las verdaderas riquezas de la gracia y no tiene título para las riquezas de la gloria; y en cuanto a sus riquezas terrenales, estas no perdurarán; aunque sea rico por el momento, no lo será siempre; Y este sentido lo confirma la siguiente cláusula:

Ni su sustancia continuará; o "su fuerza" (חילו "ejus robur", Mercerus; "potentia ejus", Drusius) su poder, siendo la riqueza de un hombre rico su ciudad fuerte, en la que deposita su confianza; las riquezas se llaman "sustancia", aunque no son más que una sombra, sí, meras nada, cosas que no son, en comparación con las cosas celestiales; Proverbios 23:5 (¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas?  Porque se harán alas  Como alas de águila, y volarán al cielo.); al menos no son una sustancia duradera; son cosas inciertas, que hoy están aquí y mañana ya no están; que se hacen alas, y se alejan volando de sus dueños; o les son quitadas y no son como las riquezas de la gracia, que son riquezas duraderas; o como las de gloria; pero por un medio u otro son arrebatados de las manos de sus poseedores, y son reducidos a la pobreza: y esto "su sustancia no aumentará"; o más bien, "no resucitar" (לא יקום "neque resurgent opes ejus", Schmidt.), como se puede traducir la palabra; a pesar de todos los esfuerzos que puedan soportar, su sustancia no aumentará, crecerá ni aumentará; o no se elevó a las alturas anteriores, pero habiendo caído en la pobreza allí yacen.

Ni prolongará su perfección sobre la tierra; aunque, en verdad, no hay perfección en la criatura, ni en los goces de la criatura, ni en las riquezas y sustancias externas; los que han tenido la mayor parte de ellos, como David y Salomón, han declarado que han visto el fin de toda perfección, y que todas las cosas, los disfrutes más elevados, son vanidad y aflicción de espíritu; sin embargo, cuando los hombres llegan a la cumbre, la altura y la perfección de la felicidad exterior, como ellos u otros puedan pensar, esto no se prolonga ni continúa por mucho tiempo en la tierra, o ellos continuaron en ella; pero a menudo son derribados repentinamente de la cima del honor, la riqueza; de ahí que algunos traduzcan las palabras "y su prosperidad no quedará fijada en la tierra" (ולא יטה לארץ מנלם "nec mittet in terra radicem suam", V. L. "et non pangetur in terram prosperitas eorum", Schultens.); no echará raíces, aunque parezca que sí, Jeremías 12:2 (Los plantaste, y echaron raíces; crecieron y dieron fruto; cercano estás tú en sus bocas, pero lejos de sus corazones.); y así no se extenderá como lo hace un árbol bien enraizado; y al igual que la prosperidad espiritual, la perfección y la plenitud de los hombres buenos, que tienen en y por Cristo; arraigados en el amor de Dios, en la gracia de Cristo, y teniendo en ellos la raíz de la materia, echan sus raíces como el Líbano, y sus ramas se extienden, y quedan llenos de los frutos y bendiciones de la gracia, Oseas 14. :5 (Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano.).

 

Job 15:30  No escapará de las tinieblas;

 La llama secará sus ramas,

 Y con el aliento de su boca perecerá.

No saldrá de las tinieblas... De las tinieblas de la pobreza, la calamidad y la angustia entra y, de hecho, él mismo se desespera; y en sentido espiritual no sale de las tinieblas del pecado, del oscuro estado de la falta de regeneración; Tampoco saldrá de la oscuridad y la oscuridad reservadas para él en el futuro, cuando una vez entre en ella.

La llama secará sus ramas; aludiendo ya sea a una violenta sequía y calor, que seca los pastos, las hierbas y los árboles, y las ramas de los mismos; o a un viento, como la Septuaginta, un viento ardiente, en los países orientales, que consumía todas las cosas verdes; o a un relámpago que rompe, despoja y destruye ramas de árboles: aquí puede significar la ira de Dios, como una llama de fuego que consume la riqueza, la sustancia y las familias de los hombres malvados; cuyos hijos particularmente pueden compararse con ramas, y por lo tanto se puede respetar a los hijos de Job, que fueron repentinamente destruidos por un viento violento, que derribó la casa en la que estaban.

Y por el aliento de su boca se irá; fuera del mundo, una frase que expresa la muerte; ya sea por el aliento de su propia boca, como algunos en Jarchi, por sus blasfemias contra Dios y su pueblo, por sus maldiciones y juramentos de los que está llena su boca, y por las muchas palabras vanas, necias y ociosas que salen de ella,, y por el cual será condenado; o mejor "por el aliento de la boca de Dios".

Ya sea según su propósito y decreto, y por su orden, y la palabra que sale de su boca; el malvado se verá obligado a salir del mundo de inmediato, siendo asesinado por él, como lo fueron Ananías y Safira; o por su poderosa ira y venganza, cuyo aliento es como un chorro de azufre, y con el cual matará a los malvados de la tierra, y particularmente consumirá al malvado, el anticristo, incluso con el espíritu de su boca y con el brillo de su venida, Isaías 11:4 (sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío).

 

Job 15:31  No confíe el iluso en la vanidad,

 Porque ella será su recompensa.

El que es engañado, no confíe en la vanidad. O en la religión también; o por sus propios corazones, que son engañosos y desesperadamente malvados; o mediante el engaño del pecado, que promete ganancias, placer y libertad, y produce ruina, dolor y esclavitud; y por el engaño de las riquezas, que prometen satisfacción que no dan: y los que son engañados de esta manera son propensos a confiar en la vanidad; en los hombres, que en cualquier estado, alto o bajo, son completamente vanidad; y en los goces de las criaturas, en las riquezas y riquezas externas, que son todas vanidad y aflicción de espíritu; y en sus propios corazones, y en la vanidad de sus mentes, lo cual es una locura extrema; y en su justicia y privilegios externos, que no les serán de ningún servicio, en cuanto a su aceptación ante Dios y su felicidad eterna; y, por lo tanto, aquí se desalienta la confianza en todo lo que es vano y vacío, y que no proporciona una satisfacción sólida, un placer real y una ventaja; a menos que se permita que las palabras se traduzcan con justicia, como creo que es posible, "no confíes en aquel que se deja engañar por la vanidad" (בשוא נתעה "per vanitatem deceptus", Beza); por cualquiera de las cosas vanas anteriores, ya que él mismo debe ser un hombre vanidoso y, por lo tanto, no se debe confiar en él.

La razón que lo disuade es la siguiente: porque la vanidad será su recompensa; todo lo que obtiene un hombre confiando en la vanidad, o confiando en un hombre engañado, no es más que vacío y vanidad; no obtiene nada sólido y sustancial que pueda serle de alguna ventaja aquí o en el futuro; y, sin embargo, esto no lo creerá fácilmente; y así lee Beza las palabras: "el que se deja engañar por la vanidad no creerá que la vanidad será su recompensa".

 

Job 15:32  El será cortado antes de su tiempo,

 Y sus renuevos no reverdecerán.

Se cumplirá antes de su tiempo, ya sea la recompensa o premio de su vanidad confiada, en personas o cosas vanas, el castigo de tal confianza, los dolores y problemas que le siguen; estos vendrán sobre el impío "antes de su día" (בלא יומו "ante diem suam", Vatablus, Junius & Tremellius, Piscator), como se puede traducir; antes del día de su muerte, incluso antes de su vejez; antes de que lleguen los días malos en el curso de la naturaleza, y esos años en los que no tiene placer: o su vida, y los días de su vida, "se llenarán" (תמלא "complebitur", Montanus; "implebitur", Schultens.); o terminar antes de su tiempo; no antes del tiempo fijado en el decreto y propósito de Dios; pero antes de su tiempo, que él y sus amigos pensaron que podría haber vivido, y como prometía su saludable constitución; o antes del entonces término común de la vida humana; y por eso la frase es expresiva o una muerte inmadura.

Y su rama no será verde; pero se secó y se secó; sus riquezas y riquezas, sus hijos y su familia, se extinguirán por completo; en lugar de ser como una rama, verde y floreciente, será como un palo seco, inútil e inútil, sólo apto para quemar.

 

Job 15:33  Perderá su agraz como la vid,

 Y derramará su flor como el olivo.

Se sacudirá su uva inmadura como la vid, O el malvado mismo se sacudirá o perderá su sustancia; o Dios se desprenderá de él todo lo que era querido y valioso para él; o será sacudido por una providencia u otra, así como una vid es sacudida por un viento violento y una tempestad, y sus uvas inmaduras son azotadas por una tormenta de granizo, o arrancadas con la mano, o caídas por podredumbre; así lo significa esta metáfora, que un hombre malvado debe ser despojado de sus riquezas de manera repentina; o sus hijos deberían ser arrebatados de él en su juventud, antes de que hayan crecido hasta la madurez, y así como la uva verde; tal vez se tenga respeto por el caso de Job, tanto con respecto a su sustancia como a su familia.

Y arrojará su flor, como el olivo: el cual árbol, cuando se sacude violentamente, deja caer su flor, y así no da fruto; Los naturalistas observan que estos dos árboles, la vid y el olivo, florecen casi al mismo tiempo y sufren mucho por las tormentas y tempestades, que destruyen sus frutos, y especialmente cuando llueve en la época de su crecimiento y floración; algo se pretende en esta cláusula como en la anterior.

 

Job 15:34  Porque la congregación de los impíos será asolada,

 Y fuego consumirá las tiendas de soborno.

Porque la congregación de hipócritas será desolada... Los hipócritas son aquellos que parecen y se pensaría que son lo que no son; Son exteriormente justos ante los hombres, pero interiormente muy malvados; tienen apariencia de piedad, pero carecen del poder de ella, 2Timoteo 3:5 (que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.); pretenden tener mucha religión y ser adoradores de Dios, cuando es sólo en apariencias externas, y no en realidad y sinceridad: y como estos han sido en las congregaciones de los justos, en todas las edades; pero aquí Elifaz habla de una congregación de ellos, una sociedad, una familia de ellos; y muy probablemente tiene sus ojos puestos en los de Job, y representaría por la presente que él, el cabeza de su familia, y sus hijos, cuando vivían, y sus sirvientes y asociados, eran todos hipócritas, y ahora están desolados, reducidos a la miseria y la pobreza. y en circunstancias angustiantes: o estaban "solitarios" y solos; desprovistos de amigos y de las comodidades de la vida; y tal vez se pueda hacer referencia al estado futuro de tales, cuando se les pida en voz alta que se aparten de Dios, no tengan sociedad con ángeles y santos, sino que tendrán su porción con aquellos del mismo carácter que ellos, los hipócritas, en el grado más alto de tormento y miseria, Mateo 24:51(y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes.)

Y el fuego consumirá los tabernáculos del soborno; ya sea tiendas de campaña o casas que se construyeron con dinero recibido como soborno; Habacuc 2:12 (¡Ay del que edifica la ciudad con sangre, y del que funda una ciudad con iniquidad!); o donde vivían los que recibían sobornos; Jueces injustos, que tomaron don que ciega los ojos, para pervertir la justicia. Posteriormente, Elifaz representa a Job como si fuera un opresor, un magistrado malvado y culpable de crímenes similares a los que se señalan aquí; y el "fuego" que se dice que consume las viviendas de los tales puede entenderse como fuego material, como el que descendió del cielo y destruyó las ovejas de Job; o en sentido figurado, la ira de Dios a menudo se compara con el fuego, que aparecería de una forma u otra, para la ruina total de tales personas, sus habitaciones y los que habitaban en ellas.

 

Job 15:35  Concibieron dolor, dieron a luz iniquidad,

 Y en sus entrañas traman engaño.  

Conciben dolor. Es decir, personas tan malvadas como las descritas anteriormente; Meditan el pecado en sus mentes, idean cómo cometerlo y forman planes dentro de sí mismos para hacer daño a los demás.

Adelante vanidad; o pecado; porque la concupiscencia cuando es concebida produce pecado, y eso es vanidad, cosa vacía, y no produce provecho ni placer en el resultado, sino lo que es inútil e inservible, sí, dañino y ruinoso; porque el pecado, cuando es consumado, produce muerte, incluso muerte eterna, Santiago 1:14 (sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.);

Y su vientre prepara engaño; su interior trama e idea lo que está diseñado para engañar a los demás, y al final resulta engañoso para ellos mismos: la alusión es a una mujer embarazada, o más bien a una que parece estarlo, y cuya concepción resulta abortiva, y así engaña y se decepciona a sí misma y a los demás; Salmo 7:14(He aquí, el impío concibió maldad, Se preñó de iniquidad, Y dio a luz engaño.)