Gen 19:6 Lot salió a ellos y se paró en el umbral de la puerta, cerrando la puerta detrás de él,
Gen 19:7 y dijo: "De ninguna manera, mis hermanos, no hagan cosa tan perversa.
Gen 19:8 Miren aquí, yo tengo dos hijas que no han conocido hombre. Yo las sacaré a ustedes, y las usan como les complazca; sólo que a estos hombres no hagan ninguna injusticia, porque han venido bajo el cobijo de mi techo."
Gen 19:9 "¡Échate hacia atrás!" Ellos respondieron. "Este tipo vino a vivir aquí, y ahora ha decidido jugar de juez. ¡Por eso trataremos peor contigo que con el resto!" Entonces se amontonaron sobre Lot, para poder acercarse y tumbar la puerta.
Gen 19:10 Pero los hombres dentro extendieron las manos, trajeron a Lot dentro de la casa a ellos, y cerraron la puerta (Versión Kadosh)
Gen 19:6 Lot salió donde ellos a la entrada, cerró la puerta detrás de sí,
Gen 19:7 y dijo: "Por favor, hermanos, no hagáis esta maldad.
Gen 19:8 Mirad, aquí tengo dos hijas que aún no han conocido varón. Os las sacaré y haced con ellas como bien os parezca; pero a estos hombres no les hagáis nada, que para eso han venido al amparo de mi techo."
Gen 19:9 Mas ellos respondieron: "¡Quita allá! Uno que ha venido a avencindarse, ¿va a meterse a juez? Ahora te trataremos a ti peor que a ellos." Y forcejearon con él, con Lot, de tal modo que estaban a punto de romper la puerta.
Gen 19:10 Pero los hombres alargaron las manos, tiraron de Lot hacia sí, adentro de la casa, cerraron la puerta, (Toráh)
Y Lot salió a la puerta, cerró la puerta tras sí y dijo: «Hermanos, no cometáis tal maldad. Mirad, tengo dos hijas que no han conocido varón; os ruego que las saque y haced con ellas como bien os parezca; pero a estos hombres no les hagáis nada, pues por eso vinieron a la sombra de mi tejado» (Génesis 19:6-8).
Esto, por supuesto, muestra en primer lugar la baja estima que se tenía a la mujer en esa cultura en particular. Lot estaba dispuesto a sacrificar a sus dos hijas a esta turba, con todo y su virginidad. Estaba dispuesto a entregar a sus dos hijas a la turba para que hicieran lo que quisieran con ellas, y aun así, buscaba proteger a los dos hombres que le eran desconocidos. Sin embargo, si recibías a una visita en tu casa, asumías la responsabilidad de cuidarla por completo. Pero las mujeres eran tenidas en muy baja estima en aquella época, en aquella cultura y en muchas de las culturas primitivas.
Mujeres, den gracias a Jesucristo y al cristianismo, porque Jesús es quien realmente trajo la elevación de la condición femenina y el honor a las mujeres. Y esa igualación del honor y la bendición, y todo eso, y es realmente a través del cristianismo que las mujeres han podido ascender y ocupar el lugar que les corresponde, no como subordinadas o de ninguna manera subordinadas a los hombres, sino en igualdad de condiciones con ellos. Pero no encontrarán eso en ninguna cultura fuera de donde se ha extendido el evangelio cristiano. Y donde ha llegado la cultura cristiana, siempre se ha elevado la condición de la mujer.
En Grecia, en la cultura griega, que se suponía era una nación tan culta, las mujeres ocupaban un lugar muy bajo, especialmente la esposa. Se la consideraba solo un escalón por encima de la esclava. Así que es el evangelio de Jesucristo, que declaró que no hay diferencia entre hombre y mujer, esclavo o libre, sino que nos dio a todos un estatus igual en Cristo. “donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. " (Colosenses. 3:11), y en él y por medio de él se ha establecido la igualdad.
Pero aquí, Lot, y creo que también en segundo lugar, se demuestra que incluso el propio Lot, en su moral y sus valores, se había corrompido al vivir en Sodoma. No veo cómo se puede vivir en medio de tal corrupción sin que esto tenga alguna influencia.
Viviendo como vivimos en esta época en el siglo XXI, estamos bajo constante bombardeo y presión para aceptar el mal, tolerarlo y aceptar la perversión como algo natural. Y si te atreves a decir algo contra los homosexuales, te espera un desfile o un delito de odio. Presentarán demandas y todo lo demás. Y se llega al punto en que la gente se acobarda y simplemente no declara sus creencias. Si te atreves a decir en una clase universitaria que Jesús es el único camino a la salvación, se burlan de ti. Te menosprecian. Te llaman estrecho, intolerante y todo lo demás. Si haces cualquier afirmación... Si uno tiene fe y cree en vivir una vida moral, pura y justa, se le acusa de ser, ya sabe, extremista y de vivir anclado en el pasado, debido a las tremendas presiones. Por eso es difícil vivir en una sociedad tan corrupta sin que se nos pegue un poco. Al menos no nos pronunciamos sobre los temas que deberíamos abordar porque nos sentimos amenazados.
La moral de Lot se había corrompido hasta el punto de estar dispuesto a entregar a sus hijas para que estos hombres las maltrataran. No fue un gesto agradable por parte de Lot. Fue un gesto que mostró su propia depravación moral como resultado de vivir en Sodoma. Lot decidió mudarse a la llanura. Puso su tienda en Sodoma. Ese fue el comienzo. Pero ahora tiene su casa en Sodoma.
Existe un peligro en poner la tienda en el mundo. Es interesante: «Bienaventurado el hombre que no anda en consejo de malos, ni se detiene en camino de pecadores, ni se sienta en silla de escarnecedores» (Salmo 1:1). Hay una progresión aquí. Primero, escuchas el consejo de los impíos. Después, estás con ellos y, de repente, te encuentras sentado en su compañía. Lot se dirigió a Sodoma. Después vivió en Sodoma. Pero la ofrenda de sus hijas a esta multitud tuvo un efecto en su vida y en sus valores morales.
Pero a ellos no les interesaban sus hijas. Deseaban a estos hombres que habían venido a Lot. Entonces Lot dijo: «No les hagas esta maldad a estos hombres. Vinieron a la sombra de mi tejado. Están bajo mi protección».
Y ellos dijeron: «Apártate». Y entonces empezaron a decir: «Este hombre vino a vivir con nosotros como forastero, y ahora va a intentar juzgarnos; dijeron que te trataremos peor que a ellos». Y presionaron con fuerza a Lot, y estuvieron a punto de romper la puerta. Pero los hombres [es decir, los ángeles] extendieron la mano, metieron a Lot en la casa y cerraron la puerta. Y a todos los hombres que estaban fuera de la puerta los hirieron con ceguera, de modo que se cansaron de encontrar la puerta. Ahora bien, aunque Lot no escapó completamente de la contaminación de Sodoma, y la Biblia da testimonio de él en Pedro, "ese hombre justo", refiriéndose a Lot, y habla de cómo se sentía molesto por la forma en que vivía la gente a su alrededor. Si bien era lo suficientemente fuerte, gracias a sus antecedentes y experiencias con su tío Abraham, para sobrevivir en esta sociedad corrupta, vivir en medio de ella le costó su familia y la moral de sus hijos.
A veces oigo a la gente decir: "Bueno, tengo mi propia filosofía y me rindo. No necesito el cristianismo; es solo una muleta".
-Recuerdo estar sentado una noche con un hombre de mi quinta, hijo de una familia acaudalada de la villa donde resido; se creía un tipo duro… me decía: "El cristianismo es solo una fábula para los débiles". Hablaba sin parar, de cómo era un hombre hecho a sí mismo; de sus logros y metas cumplidas: estudios, proyectos,bienes y un largo etcétera. Tenía su propia filosofía y podía salir adelante. Claro, bebía cubatas todo el tiempo mientras hablaba conmigo. Pero vi a los tres hijos de ese hombre, (de edades similares a los míos) de ese hombre en particular, cómo se metían en las drogas. Y vi a sus hijos totalmente destruidos por las drogas. Así que, donde él podría haber sobrevivido a la sociedad con la bebida, sus hijos no pudieron. Y todos se destruyeron a sí mismos con las drogas. Y a día de hoy, no queda más que el lamento de una madre viuda de marido e hijos-
Muchas veces un hombre dice: "Pero yo puedo. Puedo resistir. Soy fuerte" y todo eso. Pero, en realidad, a menos que des un buen ejemplo, un ejemplo espiritual en tu hogar, tus hijos no podrán soportar las presiones de la sociedad en la que vivimos, y realmente estás sacrificando a tus hijos a este mundo corrupto. Puedes tener una filosofía. Puedes tener algo que te permita resistir. Pero tus hijos se enfrentan a presiones impías y necesitan más que una simple filosofía. Necesitan el poder del Espíritu Santo en sus vidas. Y por eso, tú, por su bien, necesitas reconciliarte con Dios y darles un buen ejemplo espiritual, porque nunca sobrevivirán.
De cómo procedieron estos ángeles. No incitan a los habitantes de Sodoma a una virtud anormal ni les dan oportunidad de una iniquidad insólita. Les dan la oportunidad de actuar como siempre. Nada podría ser más común que la entrada a la ciudad de dos desconocidos al atardecer. No hay nada en esto que emocione, que desespere a los hombres, que desequilibre la rutina diaria ni que exagere algún rasgo especial del carácter. Así somos juzgados todos: por las insignificantes circunstancias en las que actuamos sin reflexionar, sin recordar conscientemente un juicio inminente, con todo el corazón y el alma, y con pleno gozo.
Primero, Lot es juzgado. Su carácter es singularmente heterogéneo. A pesar de todo su egoísmo, era hospitalario y cívico. Amante de la buena vida, como sin duda lo era, su valentía y fortaleza de carácter son inconfundibles. Su presencia en la puerta al anochecer para ofrecer hospitalidad puede interpretarse como una indicación de su deseo de ocultar la maldad de sus conciudadanos y proteger al forastero de su brutalidad. Por el estilo con que la turba se dirigía a él, es obvio que se había vuelto ofensivo al intervenir para evitar la maldad. Lo apodaban "el Censor" y se creía que su mirada era condenatoria. Es cierto que no hay evidencia de que su oposición hubiera servido de nada. ¿Cómo iba a servirle a hombres que sabían perfectamente que, a pesar de todas sus denuncias sobre sus malas costumbres, prefería su compañía lucrativa a la desolación de las colinas, donde no se sentiría molesto por ninguna conversación obscena, pero tampoco encontraría mercado? Aun así, es digno de elogio que en una ciudad así, sin nadie que lo observara, aplaudiera ni secundara, haya podido preservar su pureza de vida y resistir con firmeza la maldad. Sería cínico decir que cultivó la austeridad y renunció a los vicios populares como bálsamo para una conciencia herida por su propia codicia.
Que poseía la valentía que yace en la raíz de la fortaleza de carácter se hizo evidente a medida que transcurría la última noche oscura de Sodoma. Salir entre una turba desenfrenada y sin ley, enloquecida por la pasión y enfurecida por la oposición —salir y cerrar la puerta tras él— fue un acto de verdadera valentía. Su confianza en la influencia que había adquirido en la ciudad no pudo haberlo cegado ante el temperamento de la multitud furiosa que tocaba a su puerta. Para defender a sus desconocidos invitados, se puso en una situación en la que con frecuencia se han perdido vidas.
En las primeras horas de su última noche en Sodoma, hay mucho de admirable y patético en la conducta de Lot. Pero al decir que era audaz y que odiaba los pecados ajenos, hemos agotado el lado más atractivo de su carácter. La inhumana serenidad mental con la que, en medio de una tremenda calamidad pública, podía maquinar para su propio bienestar es la clave de todo su carácter. Carecía de sentimientos. Era de sangre fría, calculador, profundamente atento a sus propios intereses, con toda su inteligencia para sacar provecho de cada desastre; el tipo de hombre del que nacen los destructores, capaces de arrancar con entusiasmo anillos de oro de los dedos de los condenados; del que nacen los villanos capaces de saquear los bolsillos de sus camaradas muertos en el campo de batalla, o los políticos que aún pueden cabalgar sobre la ola que hunde a su país en las rocas. Cuando Abraham le dio a elegir un lugar de pastoreo, ningún arrebato de sentimiento ni ningún sentimiento de gratitud le impidió aprovechar al máximo la oportunidad. Cuando su casa fue asaltada, tuvo la serenidad, al salir a la multitud, de cerrar la puerta tras él para que los de dentro no oyeran su trato. Cuando el ángel, casi podría decirse, se sintió aturdido por la inminente y terrible destrucción, y se apresuraba a alejarlo, Lot tuvo la calma suficiente para comprender de un vistazo toda la situación y tomar medidas inmediatas. No hubo necesidad de decirle que no mirara atrás como lo hizo su esposa: ninguna emoción profunda lo dominaría, ningún anhelo inconquistable de ver al último de sus queridos amigos en Sodoma le haría perder un segundo de su tiempo. Ni siquiera la pérdida de su esposa fue un asunto tan importante como para hacerle olvidarse de sí mismo y lamentarse. En cada acto registrado de su vida aparece esta misma característica desagradable.
Entre Lot y Judas hay una similitud instructiva. Ambos tuvieron suficiente discernimiento y decisión de carácter para entregarse a la vida de fe, abandonando su residencia y estilo de vida originales. Ambos tuvieron un final vergonzoso, porque incluso el motivo de los sacrificios que hicieron fue el interés propio. Ninguno habría tenido una carrera tan oscura si hubiera estimado con mayor justicia su propio carácter y capacidades, y no hubiera emprendido una vida para la que no estaba preparado. Ambos se pusieron en una posición falsa; nada tiende más rápidamente a deteriorar el carácter que la situación actual. Lot estaba en una posición doblemente falsa, porque en Sodoma, como en el campamento cambiante de Abraham, se sentía fuera de lugar. Se unió voluntariamente a hombres a quienes no podía amar. Una faceta de su naturaleza estaba paralizada; y esa faceta en él requería especialmente desarrollo. Es la influencia de la vida familiar, de un entorno amable, de las amistades, de un trabajo agradable, de todo lo que evoca la libre expresión de lo mejor de nosotros; es esto lo que constituye un factor fundamental en el desarrollo de cada ser humano. Pero en lugar de la influencia afable y fecunda de las amistades dignas y del amor ennoblecedor, Lot tuvo que fingir buena voluntad donde no la sentía, y el engaño y la frialdad se apoderaron de él en lugar de la caridad. Además, un hombre en una posición falsa en la vida, de la que puede liberarse con cualquier sacrificio, nunca está en paz con Dios hasta que se libera. Y cualquier intento de vivir una vida recta con mala conciencia está condenado al fracaso. Y si aún se cree que Lot fue castigado con extrema severidad, y que si todo hombre que eligiera un buen pasto o una posición en la vida que probablemente aumentara su fortuna estuviera condenado a terminar sus días en una cueva y bajo la más oscura marca moral, la sociedad se desintegraría por completo, debe recordarse que, para promover sus intereses en la vida, Lot sacrificó mucho de lo que un hombre está obligado a apreciar; y además, debe decirse que nuestros destinos están así determinados. Toda la iniquidad y las consecuencias finales de nuestra disposición no se nos presentan en conjunto: pero dar rienda suelta a cualquier mala disposición es ceder el control de nuestra propia vida y entregarnos a una guía que no puede resultar en bien, y es de tal naturaleza que puede resultar en absoluta vergüenza y miseria.
Pasando de los rescatados a los destruidos, reconocemos cuán suficiente fue la presencia de los ángeles para probar su condición moral. Los habitantes de Sodoma demuestran rápidamente que están listos para el juicio. No hacen nada peor de lo que su conducta habitual los llevó a hacer. No es por este único crimen que son castigados: su enormidad es solo la instancia legible que de por sí los condena. No son conscientes de la naturaleza espantosa del crimen que buscan cometer. Se imaginan que es solo una renovación de su práctica constante. Se precipitan hacia la destrucción y no lo saben. ¿Cómo puede ser de otra manera? Si un hombre no toma advertencia, si persiste en el pecado, entonces llega el día en que es traicionado a la iniquidad cuya naturaleza espantosa no percibió, pero que es el resultado natural de la vida que ha llevado. Continúa y no renunciará a su pecado hasta que al final comete el acto condenatorio final que sella su destino. El carácter tiende a expresarse en un acto perfectamente representativo. La pasión habitual, sea lo que sea, siempre está viva y buscando expresión. A veces una consideración la reprime, a veces otra; Pero estas consideraciones no son constantes, mientras que la pasión sí lo es, y por lo tanto, algún día debe encontrar su oportunidad; su oportunidad no para esa expresión moderada, cautelosa y disimulada que pasa desapercibida, sino para la expresión plena de su esencia misma. Así fue aquí: toda la ciudad, pequeños y grandes, jóvenes y viejos, de todos los rincones, se unieron unánimes y deseosos de perseguir la más vil maldad. No se necesitaron más investigaciones ni pruebas; de hecho, se ha convertido en proverbio: «Declaran su pecado como Sodoma».
Castigar mediante una comisión especial de investigación es bastante inusual en el gobierno de Dios. Las naciones son castigadas por la inmoralidad, por la mala administración de la ley o por el descuido de los principios sanitarios por obra de las leyes naturales. Es decir, existe una conexión claramente rastreable entre el delito y su castigo; uno es la causa natural del otro. Que las naciones se debiliten, se despueblen y, finalmente, se hundan en la insignificancia, es el resultado natural del desarrollo del espíritu tirano de un país y del amor a la gloria. Que una población sea diezmada por el cólera o la viruela o el sida es el resultado inevitable de descuidar las leyes inteligibles de la salud. Me parece absurdo incluir la destrucción de Sodoma en la misma categoría. El descenso de meteoritos no es el resultado natural de la inmoralidad. Los vicios de estas ciudades tienen consecuencias nacionales desastrosas, claramente inscritas en algunas razas que existen en la actualidad. No se trata de lo natural, sino de lo milagroso. Por supuesto, cualquiera podría decir: «Fue meramente accidental, fue una mera coincidencia que una tormenta de rayos tan violenta como para incendiar el suelo bituminoso rugiera en el valle, mientras que en las colinas, a una o dos millas de distancia, todo estaba sereno; fue una mera coincidencia que meteoritos o algún instrumento de conflagración incendiara precisamente estas ciudades, no solo una, sino cuatro, y no más». Y, ciertamente, si no hubiera nada más en qué basarse que el hecho de su destrucción, esta coincidencia, por extraordinaria que fuera, debe aún ser admitida como completamente natural, sin relación con el carácter de las personas destruidas. Podría considerarse un accidente puro y clasificarse junto con las tormentas marinas o las erupciones volcánicas, que se deben a causas físicas y no tienen relación con el carácter moral de los involucrados, pero destruyen indiscriminadamente a todos los presentes.
Pero debemos explicar no solo el hecho de la destrucción, sino también su predicción tanto a Abraham como a Lot. Sin duda, es razonable admitir que dicha predicción fue sobrenatural; y siendo así, también es razonable aceptar el relato del evento dado por quienes lo predijeron, y entenderlo no como una catástrofe física ordinaria, sino como un evento planificado con miras al carácter moral de los involucrados, y concebido como castigo por ofensas morales. Y antes de objetar un estilo de trato con las naciones tan diferente de todo lo que ahora detectamos, debemos estar seguros de que en ese momento no se requería un estilo de trato completamente diferente. Si existe una educación inteligente para el mundo, debe seguir la misma ley que exige que un padre trate de una manera a su hijo de diez años y de otra a su hijo adulto.
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