} EL CAMINO: LA SALVACIÓN ES POR FE EN JESUCRISTO

lunes, 8 de junio de 2020

EL PROCESO DE LA SALVACIÓN


Romanos 10:13-15

13  y «todo el que invoque el nombre del Señor, será salvo». 14  Ahora bien, ¿cómo podrían invocar a aquel en quien no tuvieron fe? ¿Y cómo podrán tener fe en aquel de quien no oyeron hablar? ¿Y cómo van a oír, sin que nadie lo proclame? 15  ¿Y cómo podrán proclamarlo, sin haber sido enviados? Como está escrito: «¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian cosas buenas!»

 

           Observemos, amigos lectores, que en el versículo 13 de este capítulo, nos es presentado el camino de la salvación en las palabras más sencillas: "Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo."

Recuerdo que por espacio de muchos meses mi alma recibió sostén por medio de este versículo.

Yo anhelaba la salvación, pero creía que no había esperanza alguna para mí, y que sería rechazado de Dios por demasiado pecador y duro de corazón para con él, y que otros serían salvados, y yo, perdido. Pero leyendo estas palabras, hice lo que quisiera que vosotros hicieseis; me así de él, lo acepté, me lo apropié, y fue para mí como un salvavidas arrojado a un náufrago.

"Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." ¡Ah!, dije yo: Invoco aquel bendito nombre e invocaré aquel nombre glorioso; aunque perezca, no dejaré de invocar aquel nombre sagrado.

La invocación del nombre de Dios, la confianza en Dios, y, por consiguiente, el reconocimiento de Dios, esto es lo que salva el alma.

Pero debemos fijarnos más minuciosamente en estas palabras: "Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo."

Dice primero: Todo aquel. Estas palabras son muy extensas.

He oído contar, que cuando un hombre desea hacer testamento antes de morir y piensa dejar todos sus bienes a una sola persona, su esposa, por ejemplo, debe decir todos, y esto basta. No es preciso que detalle las cosas ni que haga una lista de los bienes que deja, a fin de que, por olvido, no se omita alguna cosa.

Lo mismo sucede tocante al testamento de Dios. No ha detallado quién, sino dice: Todo aquel, para que su testamento comprenda a todo hombre; tanto al negro como al blanco y al amarillo. Tanto al rico como al pobre, al sabio como al ignorante. Comprende a los de todas las clases y hasta al que por su bajeza parece estar excluido de todas, o al que por sus privilegios parece ser de todas juntas.

Las palabras todo aquel, me incluyen a mí y os incluyen a vosotros, quienquiera que seáis.

Así, sin detalle, está muy bien, pues de otro modo alguien podría quedar olvidado. Muchas veces he pensado que si yo hubiese leído en las Sagradas Escrituras las palabras: "Si  Alberto invocare el nombre del Señor, será salvo," no me darían estas palabras tanta seguridad  de la salvación como me dan las otras, porque pudiera ser que haya otro del mismo nombre, y entonces tendría yo que decir: "Seguramente tales palabras no pueden referirse a mí." Pero cuando el Señor dice: "Todo aquel," no puedo salir de este círculo. Es como una gran red que coge al hombre entre sus mallas. "Todo aquel;" es decir: si yo invocare el nombre del Señor, si tú lo invocares, si el hombre postrado, moribundo, invocare el nombre del Señor, seremos salvos.

¡Qué extensión abarcan las palabras: "Todo aquel" Lo que sigue a esta, ¡qué fácil es! "Todo aquel que invocare el nombre del Señor."

 Cualquier persona puede invocar el nombre del Señor; todos saben lo que es llamar, pedir auxilio. En momentos de apuro o de peligro, habéis clamado:

¡Ayudadme, socorredme! ¿No es así? Pues bien; el que puede clamar así, puede también invocar a Dios, invocar su ayuda y misericordia y anhelar su piedad. Haciéndolo con fe, como al hacerlo mostráis, creyendo que Dios escuchará, el hombre será salvo. No hay, pues, aquí dificultad alguna que exija un teólogo para explicarla. Las palabras: "Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo," son bien sencillas, y cualquiera, por ignorante que sea, las puede comprender. ¡Ojalá vosotros las comprendierais y comenzáseis a invocar el nombre del Señor en oración ferviente!

Pero he aquí otra palabra; una palabra de seguridad. "Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." No hay aquí, "puede ser" ni "tal vez", no hay duda alguna, sino la palabra gloriosa será. Nuestras promesas son débiles, pero cuando Dios dice "será salvo," es más firme que las montañas de rocas. "Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo," tan cierto como que Dios existe. El Señor no se ha equivocado; no revocará su declaración por algún cambio en su propósito. "Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." ¡Ojalá muchos invocaran su nombre hoy y hallasen salvación inmediata, que les duraría en esta vida y por toda la eternidad; pues la promesa "será salvo," llega hasta allí. Tenemos, pues, aquí, amigos, un remedio maravilloso para la enfermedad del pecado; un remedio sencillo y abundante, pero la dificultad consiste en hacerlo llegar a la gente que lo necesita. Voy a hablaros de esto en lenguaje muy sencillo porque quiero ser práctico, y ruego que, con la ayuda del Espíritu de Dios, lo sea en todo este escrito.

 En el texto hay cuatro necesidades en que el apóstol San Pablo insiste.

La oración a Dios invocando su nombre, salvará al hombre; pero, en primer lugar, no hay oración verdadera sin creer en el Señor. "¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído?" En segundo lugar, No hay creencia sin oír: "¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?" En tercer lugar, No es posible oír sin haber quien predique: "¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?" Y en cuarto lugar. No hay predicación efectiva si no han sido enviados: "¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?"

 

I. En primer lugar, pues, no hay oración verdadera sin creer en el Señor. De lo cual deduzco esta moral, a saber: desde el momento que sentimos necesidad de dirigirnos a Dios implorando de él algún beneficio, creemos: que sólo por la oración de fe podemos hallar la salvación; que no habiendo oración sin creer, el Señor nos ayuda a creer; pues ¿cómo oraríamos si no creyéramos, ni cómo podríamos recibir respuesta a nuestra oración?

Creo que aquí entre los presentes hay personas que han empezado a rogar a Dios, y estoy seguro que si vuestra oración es sincera, hay fe en ella; pues, ¿pedirías a Dios la salvación si no tuvieses la creencia que necesitas ser salvado? Hay en esto cierto grado de fe. ¿Pediríais de Dios la salvación si no creyeras que hay un medio de salvación por el cual él te puede salvar? Hay cierto grado de fe en creerlo así. Pienso que tienes la creencia que hay un Salvador. Hay también en esto cierto grado de fe y fe eficaz en creer, que, no obstante tus pecados y tu inclinación al mal, se ha provisto salvación y un Salvador, que puede también salvar perpetuamente a los que por él se allegan a Dios. Puede ser que no tengas mucha fe, pero debes de tener algo, si estás orando a Dios verdaderamente de corazón y rogándole que te salve.

Creo, también que tienes un poco de fe en que el Salvador te salvará. ¿Has  rogado que lo haga? ¿Habrías expresado tal deseo y te habrías acercado en oración a él si no hubiese algo de fe en tu corazón? Deseo explicar el asunto sin exageraciones, pero con toda claridad. Recordemos que el valor de la fe no se mide por su cantidad sino por su calidad; de modo que un hombre que  tiene mucha fe es más feliz, pero no está más seguro que otro de poca fe, puesto que la tiene, aunque sea en poca cantidad.

Aunque la tuya sea débil, el Señor te dirá: "Tu fe te he salvado; vete en paz." La fe que llega detrás de Cristo y toca el borde de su manto, es una fe eficaz; y creo que es esto lo que estás haciendo cuando dices:

"Señor Jesús, sálvame." Si esto es oración verdadera, si no es fingido, si sale del corazón, hay, al menos, una sombra, un tinte, sino un color real, de fe en tu alma. Si no fuese así, ¿cómo podrías invocar a aquél en el cual no habías creído? ¿Invocaríamos la ayuda de una persona si dudásemos de su poder o de su voluntad en ayudarnos? No; el acto mismo de pedir a alguno su ayuda, prueba que tenemos alguna confianza en que tal persona puede y quiere ayudarnos. Pues si tú crees tanto tocante a Cristo y si tú confías en él, creyendo que serás salvo, aquella fe te llevará al cielo. Sin embargo, yo quisiera que tuvieses todavía más fe.

Creo también que Cristo puede y quiere oírte. Tú no habrás estado en tu dormitorio invocando la misericordia de Dios, si no hubieras creído que él estaba escuchándote. Los seres racionales no piden al vacío. Tú crees que Cristo puede oírte y que, por cierto, oye tus oraciones.

Creo poder agregar también que tú confías, hasta cierto grado, en Jesucristo. Siendo que tú oras a menudo a él pidiendo el perdón de tus pecados y que te dé nueva vida, es prueba de que tienes alguna fe en él. Por tanto, permíteme suplicarte que mientras sigas elevando tus peticiones, mezcles más fe en ellas. "Con todas tus ofrendas ofrecerás sal," y con todas tus oraciones ofrecerás fe. Cuando pidieres algo de Dios, cree y recibirás; cuando pidieres la misericordia de Dios, cree en su misericordia; cuando pidieres su socorro, cree que Dios te lo dará pues la fe es poderosa. "Conforme a vuestra fe os sea hecho" (Mat. 9:29). Todos sabéis lo que es creer. Creed y orad y la oración de fe salvará vuestras almas. "Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”… ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? La fe tiene que estar primero. Cree, pues, antes de hacer otra cosa. ¡Dios conceda, en su misericordia, que algún pobre pecador haya dejado de confiar en las obras y en sus propios sentimientos, y que confíe en Jesucristo! Ahí estás, suspendido de un árbol, tienes miedo de caerte y por eso te sujetes con todas tus fuerzas; pero un hombre fuerte se pone debajo y te dice: "Déjate caer en mis brazos; yo te sostendré y soportaré tu peso." Si tienes confianza en él, te dejarás caer en sus brazos. Eso mismo tienes que hacer con Jesucristo; confíate a él y deja toda otra confianza. Déjate caer en sus brazos misericordiosos y serás salvo.

Acuérdate, pues, de esta primera lección, que no puedes orar bien sin la fe.

 

II. Ahora daremos otro paso adelante y llegaremos a la segunda necesidad: Nadie cree si no oye. "¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? La palabra "oído" tiene aquí un sentido muy amplio; el leer es una manera de oír. No lo es solamente el escuchar con el oído; pero es indispensable que de alguna manera llegues al conocimiento de la verdad y no puedes conocer lo que no has oído, ni leído, ni aprendido. La verdad debe serte presentada para que la conozcas; de otro modo no es posible que tengas fe. Pero nuestra fe no debe ser como la de un hombre que, cuando le preguntaron qué creía, dijo que creía lo mismo que cree la Iglesia. Bueno, le dijeron; ¿y qué cree la Iglesia? Lo mismo que creo yo, contestó. Sí; pero ¿qué es lo que creen usted y la Iglesia? insistieron. Pues, dijo creemos una misma cosa; y no supo decir más. Claro es que esta clase de creencia no contiene ninguna clase de fe, sino ignorancia absoluta, y nada más. "¿Cómo creerán en aquel del cual no han oído?" Para poder creer una cosa es necesario conocerla del todo. Para llegar al conocimiento de ella, se puede ir por el camino de la lectura o por el de la audición.

El que desea tener fe, ¿qué deberá hacer para obtenerla? ¿Deberá sentarse tranquilamente y decir: "me esforzaré en creer"? De ninguna manera. Supongamos que yo te anunciase esta noche la muerte del rey de España y que dijeses que quisieras creerlo. No podrías conseguirlo por un esfuerzo mental, sino buscarías pruebas que te confirmaran la certeza de mi anuncio, o esperarías a leer las noticias a la mañana siguiente y así te convencerías de si era o no verdad. Así, no es un acto de voluntad solamente lo que produce la fe. "La fe viene por el oír." Oye, pues. Cuanto más a menudo oigas el evangelio, tanto mejor para ti; quiero decir: si hasta ahora no has creído en el evangelio, mientras estés oyéndolo hay esperanza de que llegues a creerlo; puede ser que, insensiblemente, penetre en tu corazón la verdad. Habiéndola oído repetidamente, puede ser que te encuentres creyendo que Jesús murió en la cruz por ti. Yo aconsejo a todos los que buscan a Cristo que escuchen muy a menudo el evangelio de Jesucristo.

Pero te aconsejo además, que escuches bien el evangelio. Oye y entiende a la vez; escucha como escucharías si el predicador te explicase la manera de ganar una fortuna en diez minutos.

¡Cómo escucharíais todos en tal caso, y todos os esforzaríais para tener buen sitio para oír bien! Y ¡cómo tomaríais nota de todo lo que oyeseis! Oye, pues, amigo, el evangelio de esta manera, ya que se trata de algo mucho más valioso que una fortuna; se trata de tu alma inmortal. Tu dicha eterna, o tu eterna condenación depende de oír o no oír el evangelio. Oye con frecuencia, pues, y oye bien.

Trata de oírlo de tal manera que puedas comprenderlo, y si no puedes encontrar un predicador que proclame el evangelio completo, haz lo que es mejor, escudriña la Biblia misma.

Lee todo este bendito libro, estúdialo con la ayuda de los mejores comentaristas; esfuérzate en comprender la verdad y pruébala por experiencia. Estudia el Santo Libro y vete al culto haciéndote estas o parecidas reflexiones: "Tengo que creer algo y estoy resuelto a saber qué; quiero enterarme del principio al fin, a fondo y en sus detalles, y así sabré qué creo y por qué lo creo. Si vienes a oír con semejante preparación, creerás.

Finalmente, oye el evangelio, pero asegúrate de que lo que oyes es el evangelio. Oímos, a veces, hermanos elocuentes y hábiles, pero, generalmente, se puede decir que estos hábiles y elocuentes son los peores, pues donde se ven tanto las cualidades del hombre, suele verse poco de su Señor. Cuando se pone todo el empeño en emplear figuras retóricas, en redondear las frases y en entusiasmar a la gente por medio de la elocuencia, suele perderse de vista el evangelio. ¡Que tengan estos hombres su tribuna en un ateneo, los lunes; pero tengamos nosotros los domingos y dediquémoslos, especialmente, a la tarea de presentar a Cristo como Salvador de los hombres!

No conviene el palabreo; si los hombres no van al cielo, van al infierno, y es menester esforzarnos para que no caigan en la desdicha eterna. ¡Dios nos ayude en este asunto importantísimo!

Oye lo que Dios ha enviado para tu corazón y tu conciencia. Oye la palabra que te habla del Cristo, del cielo y de cómo llegar allí; oyéndolo, estás en camino de creerlo.

 

III. En tercer lugar, No se oye el evangelio sin que haya quien lo predique... "¿Y cómo oirán si no hay quien les predique?" Pues prediquemos. Alguien tiene que hacer conocer la verdad a los hombres; si no hay quien lo anuncie, no llegarán a conocer la verdad de que hay un Salvador.

El evangelio no será revelado a los hombres por medios sobrenaturales; tenemos que ir a anunciarlo. No aprenderán si no hay quien se lo enseñe; nadie tendrá conocimiento del mismo si no hay quien lo dé a conocer, ya en conversación, ya por medio de lectura o por medio de la predicación. Hay que darlo a conocer a las personas, pues... "¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído, y cómo oirán si no hay quien les predique?" ¿Quién, pues, debe predicar el evangelio? Todos los que pueden, deben anunciarlo. El que tiene el don de predicar, es responsable del uso de este don. Me extraña mucho ver que algunos cristianos toman tan a pecho y con tanto entusiasmo las cuestiones políticas, sociales o de cualquier otra clase, pero que nunca hablan de Jesucristo. Tendrán que dar cuenta de haber empleado mal este don; pues el hombre que sabe razonar, argumentar o discutir un asunto cualquiera, debe también saber anunciar el evangelio y cuidar de hacerlo. Hay muchos que debieran predicar el evangelio que no lo hacen; y todos los que lo conocen están obligados a darlo a conocer. "Y el que oye diga: Ven" (Apoc. 22:17). Tal vez diga alguno: "Yo creía que esto era trabajo especial del sacerdote."

Es cierto; es para sacerdotes. Pero todo creyente en Cristo, es un sacerdote. Por su gracia, Cristo Jesús nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios (Apoc. 1:6). Por eso es nuestro deber, como también un privilegio, ejercer esta bendita función sacerdotal de anunciar a los hombres cómo pueden ser salvos. Cada persona, pues, que conoce a Cristo, sea varón o hembra, sea joven o vieja, debe anunciar su glorioso evangelio, de un modo u otro, a todos los que están a su alrededor. Para efectuar este trabajo, no es preciso poseer grandes dotes. La Sagrada Escritura no nos dice:

"¿Cómo oirán si no hay un gran teólogo que les predique?" Ni tampoco: "¿Cómo oirán si no hay un predicador popular que les predique?" ¡Oh, no! Algunos de nosotros estaríamos perdidos si no fuese posible salvarse sin oír a un predicador de grandes dotes oratorias. Doy gracias a Dios que mi conversión fue por medio de una persona desconocida a través de las ondas de radio, el 14 de enero de 1984 cuando residía de forma temporal en Shilbrug-Dorf, Zurich, Suiza. Una emisora de radio hispana: “La Voz de Salvación”. Años más tarde reconocí y puse rostro a aquella voz escuchada aquel día. Su nombre era David Morse

 

No se precisa instrucción universitaria para poder anunciar el evangelio de Jesucristo, como lo prueba el que muchos de los mejores obreros de muchas iglesias son hombres de bien poca instrucción, pero saben atraer a muchos hacia Cristo. Continuad, hermanos, aunque tengáis pocos dones, anunciando el amor de Cristo para con los hombres.

 

Si anunciamos a los hombres la historia de la cruz de Jesucristo, estamos libres de una responsabilidad.

Si perecen después, no será por no haber oído y sabido. Y si perecen por ignorancia, ésta no será causada por nuestra negligencia en enseñarles. ¡Ojalá que yo pudiese estimular a todo creyente a que fuese un predicador del evangelio, a fin de hacer conocer a todos la historia maravillosa de la cruz de Cristo! Hablad a un individuo o escribidle una carta, y si no podéis escribir una carta, enviadle un sermón impreso, un periódico, un tratado, etc., a fin de que de un modo u otro venga a conocer el evangelio. Si cada creyente hiciese conocer el evangelio cada día a una persona, ¡oh, qué organización misionera seríamos! "¿Cómo oirán si no hay quien les predique?" Hágase, pues, cada creyente un predicador del evangelio en el sentido del texto sagrado, anunciando de una manera u otra, y así, haciendo saber a otros la doctrina maravillosa de la salvación por la fe en Jesucristo. ¡Qué lástima que alguno viva y muera sin haber oído el evangelio! ¡Despiértate, creyente! ¡Anuncia el evangelio de Jesucristo! La predicación del verdadero evangelio es el único remedio seguro para apagar los fuegos fatuos. Clamad otra vez con el fervor de Lutero: "¡Vivid por fe!" Clamad otra vez con la firmeza de Calvino: "¡La salvación es toda de gracia, sólo de gracia por la fe en Jesucristo!" ¡Ojalá que todos predicásemos así! Si todo creyente anunciara de esta manera el evangelio de la gracia de Dios, los hombres escucharían y creerían, y hombres que creen, son hombres salvados.

 

IV. La cuarta necesidad es: No hay predicación efectiva si no es enviado el predicador. "¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?" ¡Ah!, dirá alguno: aquí surge, pues, una dificultad; pues según eso no debemos ir a predicar si no somos enviados. Si no eres enviado, no vayas; pero, ¿qué quieren decir las palabras: "Cómo predicarán si no fueren enviados?" El que anuncia a otros el evangelio, debe sentir que es enviado a hacerlo; de otra manera no predicará bien ni con eficacia.

El que es enviado, en primer lugar recibe el mensaje.

No se dice al criado: "Ve al norte o al sur, al este o al oeste," y nada más, sino que antes de mandarlo a tal o cual parte, se le da el mensaje que ha de llevar a tal o cual persona, bien de palabra o bien por escrito. No se le manda que vaya a decir lo que quiera. Ningún amo diría a su criado: "Juan, ve mañana por la mañana a casa de D. F. y dile... lo primero que se te ocurra." No se hace esto jamás; y, sin embargo, algunas personas tienen tal idea de un predicador del evangelio y creen que es uno que andando va formando su mensaje, que es un "pensador", que es uno que fabrica el evangelio en su propio cerebro. He oído hablar de un alemán que construyó un camello que se movía e imitaba en muchas cosas a los naturales. Podrá ser esto verdad, pero estoy seguro de que nadie podrá construir así el evangelio; debe recibirlo por revelación de Dios; lo otro no es el plan de Pablo al preguntar: "¿Cómo predicarán si no fuesen enviados?"

En primer lugar, pues, recibe de Dios el mensaje y no quieras saber otra cosa entre los hombres, sino lo que el Señor mismo nos ha revelado en su Palabra, por la instrucción del Espíritu Santo.

Nosotros, a quienes el texto hace referencia y que somos los predicadores del evangelio de la paz, decimos a todo pecador: "Pecador, detén tus armas; no pelees más contra Dios; ven y haz la paz con él, la cual te es proclamada por medio de Jesucristo."

Él te perdonará toda transgresión e iniquidad y está dispuesto a borrarlo y perdonarlo todo. Además, te invita a reconciliarte con él, y este es el mensaje que te anunciamos. A todos cuantos nos escuchan anunciamos las buenas nuevas de paz con Dios, gozo, pleno perdón de todo lo pasado y renovación de tu corazón para que puedas ser nueva criatura en Cristo Jesús. Esto te será dado ahora mismo y también fortaleza para luchar en el futuro contra el pecado. Fuerza para vencer y tener al dragón bajo tus pies; poder para ser hecho hijo de Dios, heredero del cielo, participe de la protección de la Providencia y de la guía del Espíritu Santo. Estas buenas nuevas se anuncian a todos: aun a los más alejados de Jesucristo, de la esperanza y de la paz con Dios. Creed en Jesucristo; confiad en él; confiad en Dios manifestado en carne humana; confiad en el que derramó su sangre en la cruz y pagó el rescate de nuestra alma. Hará para vosotros todo lo que sea necesario; os salvará y os llevará a su diestra en la gloria.

Todas estas cosas os habré anunciado en vano si el Señor no las dirigiere a vuestro corazón y no las creyerais. No esperéis a que otros crean por vosotros. Confiad en Cristo cada uno por sí y creed en él ahora mismo. Amén.

 


LA SEXUALIDAD HUMANA

 


A.    Los cristianos han sido influenciado de una manera incorrecta por el ascetismo griego, que hace tanto al cuerpo humano y sus actividades normales malas. La Biblia afirma lo bueno de la creación física (Gn. 1:31), pero reconoce los resultados de la rebelión humana (Gn. 3). Un día esta maldición será removida (Ro. 8:18-22)

 

B.     ¡La masculinidad y la feminidad son ideas de Dios! La sexualidad humana es parte del plan y creación de Dios para los seres humanos hechos a Su imagen (Gn.1:26-27). El sexo no es algo que hacemos; es algo que somos. Cada área de nuestros pensamientos y vidas está afectada por la orientación sexual, tal como es interpretado por nuestras culturas.

 

Base Bíblica

 

A.    De Génesis:

1.      Hubo una mutualidad original entre el hombre y la mujer (Gn. 1:26-27; 2:18;   “ayuda idónea” de Gn. 1:18)

2.      El procrear hijos es un mandato de Dios (Gn.1:28)

Gen 1:28  Dios los bendijo, diciéndoles: Sed fecundos y multiplicaos; llenad la tierra y dominadla; señoread sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo viviente que se mueve sobre la tierra.

3.    Toda la creación (incluyendo la actividad sexual) es afirmado como “muy bueno” en Génesis 1:31

Gen 1:31  Y contempló Dios toda su obra y ésta estaba muy bien. Y hubo tarde y mañana: día sexto

4.      Las mujeres no son opuestas a los hombres, sino complementos de ellos (Gen. 2:18)

Gen 2:18  Dijo Yahvéh -Dios: No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle una ayuda que se acomode a él.

5.      La rebelión abierta de Adán y Eva les “abrió los ojos” afectando a todos y nuestro mundo, incluyendo la sexualidad (Gn. 3:7,16; Ro. 5:12-21)

Gen 3:7  Se abrieron entonces los ojos de ambos, y al darse cuenta de que estaban desnudos, cosieron hojas de higuera y se hicieron unos ceñidores

Gen 3:16  A la mujer le dijo: Multiplicaré en gran manera tus sufrimientos y tus préñeles; darás a luz hijos con dolor. Hacia tu marido será tu anhelo, pero el te dominará.

Rom 5:12-21  Por esta razón, como por medio de un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte; y así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Porque ya antes de la ley existía pecado en el mundo, aunque el pecado no se imputa cuando no hay ley. Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre aquellos que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir. Pero no fue la falta de igual categoría que el don. Pues, si por la falta de uno solo todos incurrieron en la muerte, mucho más la gracia de Dios, o sea, el don contenido en esa gracia, en la de un solo hombre, Jesucristo, redundó profusamente sobre todos. Ni sucede con el don como sucedió por causa de aquel uno que pecó: pues, a consecuencia de una sola falta, el juicio terminó en condenación; mientras que el don, partiendo de muchas faltas, culminó en justificación. Porque si por la falta de uno solo reinó la muerte por mediación de este solo, mucho más por medio de uno solo, Jesucristo, reinarán en la vida los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así pues, como por la falta de uno solo recayó sobre todos los hombres la condenación, así también por la acción justa de uno solo recae sobre todos los hombres la justificación que da vida. Pues, al igual que por la desobediencia de un solo hombre todos quedaron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos quedaran constituidos justos. La ley intervino para que se multiplicaran las faltas; pero, donde se multiplicó el pecado, mucho más sobreabundó la gracia, a fin de que, así como el pecado reinó para la muerte, así también la gracia, mediante la justicia, reine para vida eterna por Jesucristo nuestro Señor.

 

B.     El amor físico se afirma en las Escrituras aun después de la caída

 

1.      Proverbios 5:15-23, se aprueba la monogamia de por vida y actividad sexual regular.

Pro 5:15-23 Bebe el agua de tu cisterna, la que dimana de tu propio pozo. ¿Correrán tus fuentes hacia fuera o tus arroyos a las plazas públicas? Sean solamente para ti; no los compartas con extraños. Bendita sea tu fuente: disfruta con la mujer de tu juventud, cierva preciosa, linda gacela. Embriáguente siempre sus encantos y siempre estés prendado de su amor. Pues Yahvéh conoce los caminos del hombre y observa todos sus senderos. El malvado se enreda en sus propias maldades y es capturado en el lazo de su culpa. Morirá por falta de instrucción, le perderá la magnitud de su locura.

 

2.      Eclesiastés 9:7-9 disfruta de la vida en todos sus aspectos mientras se puede

Eclesiastés 9:7-9  Anda, pues, y come con gozo tu pan y bebe tu vino, porque ya Dios se ha complacido en tu conducta. Lleva en todo tiempo blancas vestiduras, y no falte el perfume en tu cabeza. Goza de la vida con la mujer que amas durante todos los días de la vana existencia que Dios te concede bajo el sol, porque tal es tu suerte en la vida y en las fatigas que te tomas bajo el sol.

3.      El Cantar de los cantares es una afirmación del amor físico sexual (se asume monogamia)

 

4.      Dios es un Espíritu eterno incorpóreo, y sin embargo, “Él” utiliza metáforas sexuales humanas para describirse a Sí Mismo (Os. 1-3; 11)

 

 

Los limites dados por Dios para expresar la actividad sexual humana

 

A.    El matrimonio

 

1.      La norma en el Antiguo y Nuevo Testamentos

 

2.      Usado como un ejemplo de “la vida llena del Espíritu”, Ef. 5:15-6:9

Efes.5:15  aprovechando el tiempo, porque los días son malos.

Efes. 6; 9 Y vosotros, los amos, haced lo mismo con ellos. Dejad de lado las amenazas, sabiendo que en los cielos está el Señor tanto de ellos como de vosotros, y en él no hay acepción de personas.

 

3.      1 Corintios 7:3-5, el sexo es más que procreación

1Co 7:3-5  El marido pague el débito a la mujer, y lo mismo la mujer al marido. La mujer no es dueña de su propio cuerpo, sino el marido; lo mismo que el marido no es dueño de su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis uno a otro, a no ser de común acuerdo, por algún tiempo, para dedicaros a la oración. Pero volved de nuevo a vivir como antes, no sea que Satán os tiente por vuestra incontinencia.

 

a.       El cuerpo le pertenece a Dios, 1 Co. 6:19-20

1Co 6:19-20  ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en vosotros, y que lo tenéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis a vosotros mismos? Porque habéis sido comprados a precio. Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.

 

b.      El cuerpo pertenece a la pareja de uno, 1 Co. 7:4      

1Co 7:4  La mujer no es dueña de su propio cuerpo, sino el marido; lo mismo que el marido no es dueño de su propio cuerpo, sino la mujer.

 

B.        La sexualidad humana usada para ilustrar a Dios y Su amor

 

1.      Gálatas 3:28 describe la nueva era en la cual el evangelio, su disponibilidad e igualdad para todos (Joel 2:28-29)

 

Gal 3:28  Ya no hay judío ni griego; ya no hay esclavo ni libre; ya no hay varón ni hembra; pues todos sois uno solo en Cristo Jesús.

Joel 2; 28-29  Después de esto, derramaré mi espíritu sobre toda carne: profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, sueños soñarán vuestros ancianos, visiones verán vuestros jóvenes. Aun sobre los esclavos y sobre las esclavas, en aquellos días, derramaré mi Espíritu.

 

2.      Efesios 5:21-31, el hogar cristiano llega hacer un ejemplo de la relación entre Cristo y su iglesia (como en Oseas 1-3 usa el matrimonio de Oseas como una forma para explicar el amor de Dios para Israel)

Efes 5:2-31  Someteos los unos a los otros en el temor de Cristo. Las mujeres sométanse a los propios maridos, como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, como también Cristo es cabeza de la Iglesia, su cuerpo, del cual es también salvador. Ahora bien, como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. Los maridos amad a vuestras esposas, como también Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella, para santificarla, purificándola con el baño de agua en la palabra, para presentársela a sí mismo toda gloriosa, sin mancha, sin arruga o cosa parecida, sino, por el contrario, santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Pues nadie odió jamás a su propia carne, sino que la nutre y la calienta, como hace también Cristo con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. «Por lo cual dejará el hombre al padre y a la madre, y se unirá a su mujer, y resultarán los dos una sola carne.»

 

C.     Dios Mismo es descrito tanto masculino como femenino

 

1.      Masculino, muy común

 

a.       Padre, Dt. 1:31; Sal. 103:13; Is. 63:16; 64:8; Jer. 3:4,19; 31:9; Oseas 11:1; Malaquías 3:17

Deu 1:31  y en el desierto, donde has visto que Yahvéh, tu Dios, te ha llevado como un hombre lleva a su hijo, a lo largo de todo el camino por el que habéis andado hasta llegar a este lugar

Salm 103:13  Como se apiada el padre de los hijos, tal se apiada el Señor del que le teme.

Isa 63:16  Porque tú eres nuestro padre; Abraham no sabe de nosotros, ni Israel nos reconoce. Tú, Yahvéh, eres nuestro padre; tu nombre de antaño es nuestro redentor.

Jer 3:4  ¿No acabas de implorarme ahora mismo: ¡Padre mío! el amigo de mi juventud eres tú?

Jer 3:19  Yo había pensado: ¡Cómo quiero ponerte entre los hijos para darte un país delicioso, la herencia más preciosa de las naciones! Y me decía: Me llamarás Padre mío, y de mi seguimiento no te apartarás.

Jer 31:9  Vienen con llanto y los guio con alivio; los llevo a torrentes de agua, por camino recto, donde no tropiecen, porque soy para Israel un padre, y Efraím es mi primogénito.

Os 11:1  Así haré con vosotros casa de Israel, por vuestra inmensa maldad. Al alba desaparecerá por completo el rey de Israel.

Mal 3:17  Ellos serán para mí- dice Yahvéh Sebaot -propiedad particular, el día en que yo actúe. Y seré indulgente con ellos, como un hombre es indulgente con el hijo que le sirve.

 

 b.      Marido, Os. 11:3-4

Os11:3-4  Cuanto más los llamaba yo, más se apartaban de mí; sacrificaban a los baales y quemaban incienso a los ídolos. Yo enseñé a Efraím a andar, los llevé en mis brazos; pero no comprendieron que yo los cuidaba

 

2.      Femenino

 

a.       Gn. 1:2, el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas

Gen 1:2  La tierra estaba desierta y vacía. Había tinieblas sobre la faz del abismo y el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas.

b.      Gn. 17:1, El Shaddai puede tener una connotación femenina (raíz árabe)

Gen 17:1  Tenía Abram noventa y nueve años cuando se le apareció Yahvéh y le dijo: Yo soy El Sadday; anda en mi presencia y sé perfecto.

c.       Dt. 32:18, Dios representado como Roca madre

Dt 32:18  A la Roca que te engendró desdeñas, olvidas al Dios que te puso en el mundo.

d.       Éx. 19:4, Dios representado como una madre águila

Exo 19:4  Habéis visto cuanto yo he hecho en Egipto, y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído hasta mí.

 

e.       Is. 49:14-15; 66:9-13, Dios es comparado con una madre que amamanta

Isa 49:14-15  Sión ha dicho: Yahvéh me abandonó, me olvidó el Señor. ¿Olvida una mujer a su niño, una madre al hijo de sus entrañas? Pues aunque ellas lo olvidaran, yo no me olvidaría de ti

Is. 66;9-13  ¿Abriría yo la matriz y no dejaría dar a luz? - dice Yahvéh -. Yo, que hago dar a luz, ¿cerraré la matriz? - dice tu Dios -. Alegraos con Jerusalén y jubilad por ella, todos los que la amáis; alegraos por ella, gozosos, todos los que hacéis duelo por ella; para que maméis a sus pechos y os hartéis de sus consuelos; para que chupéis y os solacéis de su seno glorioso.Porque así dice Yahvéh: Aquí estoy yo dirigiendo hacia ella, como un río, la paz; y como un torrente desbordado, la gloria de las naciones. Mamaréis; en el regazo seréis llevados, y acariciados sobre las rodillas. Como uno a quien su madre consuela, así os consolaré yo: en Jerusalén seréis consolados. 

 

 IV.         Las perversiones hechas por la humanidad del don dado por Dios de la sexualidad

 

A.    Relaciones prematrimoniales (fornicación) y extra maritales (adulterio), homosexualidad, lesbianismo, transexualidad, y todas las filias que nos podamos imaginar.

 

B.     Algunos textos seleccionados:

 

1.      I Corintios 6:15-20

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Voy entonces a arrancar los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una meretriz? ¡Ni pensarlo! ¿O es que no sabéis que el que se junta con la meretriz se hace con ella un solo cuerpo? «Porque serán -dice- los dos una sola carne» (Gén 2,24). Pero el que se junta con el Señor se hace con él un solo espíritu. Huid de la fornicación. Los demás pecados que el hombre comete, quedan fuera del cuerpo; pero el que comete fornicación peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en vosotros, y que lo tenéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis a vosotros mismos? Porque habéis sido comprados a precio. Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.

 

2.      Gálatas 5:19-21

Ahora bien, las obras de la carne están patentes a saber: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, magia, enemistades, discordia, celos, animosidades, rivalidades, partidos, sectas;  envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes a éstas. Acerca de estos vicios os digo que quienes los practican no heredarán el reino de Dios.

 

3.      Hebreos 13:4

Téngase en alta estima el matrimonio por parte de todos; y el lecho conyugal quede incontaminado. Pues Dios condenará a fornicarios y adúlteros.

 

C.     El sexo (tanto en pensamiento como acción, Mt. 5:27-28) puede llegar a ser una licencia para usar a la gente como cosas para gratificación personal

 

D.    El Divorcio

 

1.      Siempre será una opción peor que no divorciarse

 

2.      Permitido en el Antiguo Testamento, Dt. 24:1-4, pero restringido por Jesús, Mt. 5:27-32; 19:3-12

 

 

E.     La homosexualidad (tratado con anterioridad)

 

1.      Nunca es la voluntad de Dios:

 

a.       Lv. 20:13

 

b.      Ro. 1:26-27

 

c.       1 Co. 6:9-11

 

2.      Es un asunto serio porque es un estilo de vida pecaminoso, pero no peor que otros estilos de vida sexual pecaminosos (como la fornicación, o el adulterio o la lujuria). No es el “pecado imperdonable” (que es la incredulidad)

 

3.      ¡Todos los humanos caídos luchan con la sexualidad humana. ¡Este deseo generalizado, persistente, poderoso, instintivo, y de los apetitos con el que se lucha a diario por cada uno de nosotros!

 

4.      Muchos creyentes anteriormente eran homosexuales y aún estaban asociados con los templos paganos, pero después de la salvación ya no eran esclavos de nada ni de nadie, 1 Corintios 6:9,11

 

 

 

 IV.            Declaraciones a manera de conclusión:

 

A.       La sexualidad es el plan de Dios para un mundo poblado

 

B.        La sexualidad es por un tiempo, no por toda la eternidad, Mt. 22:30; Mr. 12:25; Lc. 20:34-36

 

C.        La sexualidad fue afectada por la caída. Cada uno de nosotros es de manera natural una persona egoísta y que piensa solamente en sí misma

 

D.       La sexualidad tiene el propósito de ayudarnos como gente redimida a tener más dominio propio, (es la piedra angular del fruto del Espíritu en Gálatas 5:23).

 

E.        Los cristianos juegan un papel principal en ayudar a las familias, comunidades, y a las naciones a abordar este asunto generalizado y poderoso. Puede ser una carga o una ayuda. Somos modelos de la gracia divina. ¡la mejor educación sexual que los hijos pueden tener es dos padres que se aman el uno al otro sin egoísmo!

 

F.         El sexo puede ser maravilloso o algo terrible. Tenía originalmente la intención de:

 

1.      Llenar la tierra

 

2.      Unir a dos personas

 

3.      Formar a la familia y a las comunidades

 

4.      ¡Ser placentero!


sábado, 6 de junio de 2020

LA HOMOSEXUALIDAD ¿QUÉ DICE LA PALABRA DE DIOS EN LA BIBLIA?


 

Lev 18:22  "No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación.

Lev 20:13  "Si alguno se acuesta con varón como los que se acuestan con mujer, los dos han cometido abominación; ciertamente han de morir. Su culpa de sangre sea sobre ellos.

 

Rom 1:21-32.   21Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. 22  Profesando ser sabios, se volvieron necios, 23  y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. 24  Por consiguiente, Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos; 25  porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, quien es bendito por los siglos. Amén. 26  Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza; 27  y de la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío. 28  Y como ellos no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para que hicieran las cosas que no convienen;29  estando llenos de toda injusticia, maldad, avaricia y malicia; colmados de envidia, homicidios, pleitos, engaños y malignidad; son chismosos, 30  detractores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos, inventores de lo malo, desobedientes a los padres,31  sin entendimiento, indignos de confianza, sin amor, despiadados; 32  los cuales, aunque conocen el decreto de Dios que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también dan su aprobación a los que las practican.

1Co 6:9  ¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales,


            

      Hay mucha presión social moderna para que la homosexualidad sea aceptada como un estilo de vida alterno apropiado. La Biblia lo menciona como un estilo de vida destructivo, fuera de la voluntad de Dios para Su Creación, porque:

1.    Viola el mandato de Génesis 1 de procrear y multiplicarse.

2.    Es juzgado en Génesis 19 (2 P. 2:6-8; Judas v. 7) y Jueces 19 y 20

3.     Caracteriza a la cultura y la adoración pagana (Levítico 18:22; 20:13; Romanos 1:18-28; Judas v.7)

4.   Revela una egoísta independencia personal apartada de Dios (1 Corintios 6:9-10; 1 Ti. 1:10)

 

    La palabra griega (malakos) significa “suave”, “delicado”, “blando”, y de las cuatro veces que aparece en el Nuevo Testamento, tres veces y con referencia a ropa, se traduce así (Mat_11:8; Luc_7:25, dos veces). Aquí casi todas las versiones traducen la palabra, “afeminados”. Son hombres que “se tienen para propósitos contranaturales”. Son quienes toman el papel de la mujer en el acto homosexual.

-- ni los que se echan con varones -- Otras versiones emplean la palabra “homosexuales”, o “ sodomitas”. Estos son quienes toman el papel del hombre en el acto homosexual. Gén_19:1-11 (de este caso viene la palabra, “sodomita”); Lev_18:22; Lev_20:13; Deu_23:17; Josué capítulo 19,20; Rom_1:26-27; 1Ti_1:10; 2Pe_2:6-10; Jud_1:7-8). A pesar de tanto pasaje que expone la vileza de la homosexualidad, hay iglesias modernas que aprueban este acto y defienden el derecho de los homosexuales de servir como clérigos. Desde luego, son iglesias modernistas.  

La homosexualidad (cambio o abandono de las relaciones sexuales naturales) se había propagado en los días de Pablo como en los nuestros. Muchas prácticas paganas lo alentaban. La voluntad de Dios es recibir a todo el que acuda a Él en fe y los cristianos deben amar a los demás sin importar su procedencia. Sin embargo, la homosexualidad está estrictamente prohibida en las Escrituras (Lev_18:22). En el mundo de hoy, muchos consideran aceptable esta práctica, incluso algunas iglesias. Pero la sociedad no es la que establece el patrón para las leyes de Dios. Muchos homosexuales creen que sus deseos son normales y que tienen el derecho de expresarlos. Pero Dios no nos obliga ni anima a satisfacer todos nuestros deseos (aun los que son normales). Los deseos que violan sus leyes son indebidos y deben controlarse.

Déjenme afirmar el amor y el perdón de Dios para con todos los seres humanos desobedientes. Este no es “el pecado imperdonable.” Los cristianos no tienen ningún derecho de actuar de manera odiosa y arrogante para con este pecado en particular, especialmente cuando es obvio que todos pecamos (Mt. 5:27-28).  Logran más en este caso: la oración, la preocupación, el testimonio y la compasión que la condenación vehemente.  La Palabra y el Espíritu de Dios harán su trabajo apropiado si se los permitimos. Todos los pecados sexuales, no sólo éste, son aborrecibles para Dios, y conducen al juicio. La sexualidad es un don divino para el bienestar humano, el gozo y la estabilidad social. Pero este poderoso deseo dado por Dios con frecuencia se ha convertido en una búsqueda rebelde y egoísta del placer con la etiqueta: “Quiero más para mí sin importar el precio que tenga que pagar” (Romanos 8:1-8; Gálatas 6:7-8).

Dios ama a todas las personas y desea su bienestar, salud y vitalidad de todos aquellos hechos a Su imagen y semejanza (Gn. 1:26-27).  Son condenados aquellos actos o cosas que interrumpen la felicidad y salud de la persona, o de la comunidad. ¡Dios quiere lo mejor para nosotros! Pero nosotros queremos nuestra gratificación personal, ¡sin importar lo que nos cueste!

Solo unas palabras más a manera de conclusión, sé que un porcentaje de cristianos tienen luchas en esta área. El problema está en la acción. Algunos estudiantes ministeriales en la Universidad batallan con otros asuntos que tienen que ver con lo sexual (son impulsos muy fuertes durante la juventud). Aquellos que escogen limitar sus deseos (es decir, abstenerse) en esta área de los deseos sexuales son ciertamente candidatos para posiciones ministeriales. Esto es también cierto con los que luchan con la homosexualidad. Cada persona toma sus decisiones en esta área (como en todas las áreas).

Si usted tiene estos deseos, puede y debe resistirlos. Conscientemente evite lugares o actividades que sabe inflamará tentaciones de esta naturaleza. No menosprecie el poder de Satanás para tentarlo ni el potencial para causarle un daño serio si cede a esas tentaciones. Recuerde, Dios puede y perdonará pecados sexuales así como perdona otros pecados. Ríndase a la gracia y a la misericordia de Dios pidiéndole que le muestre el camino para salir del pecado e ir a la luz de su libertad y amor. La oración, el estudio de la Biblia y el firme compañerismo de los cristianos en una iglesia centrada en la Biblia pueden ayudarle a cobrar energías para resistir estas tentaciones poderosas. Si usted es una persona que anda en este pecado, tendrá que buscar la ayuda de un pastor que sea confiable, profesional y buen consejero.

 

¡Somos sin duda responsables de nuestras decisiones ante Dios!