jueves, 17 de noviembre de 2016

CORTINAS DE HUMO


 A continuación transcribo el relato de este libro que estoy leyendo, para que cada cual saque sus propias conclusiones. Es desgarrador, histórico y está al alcance de cualquiera, pues su descarga es gratuita. Pero bueno aquí les dejo una semblanza de lo leído:

El 22 de agosto de 1572 comenzó la sangrienta masacre de San Bartolomé. Este debía ser un golpe fatal para destruir el movimiento protestante en Francia. El rey de Francia astutamente había arreglado el matrimonio de su hermana con el almirante Coligny, el máximo líder protestante. Hubo un gran banquete y mucha celebración. Después de cuatro días de festejo, los soldados recibieron una señal. A las 12:00 de la noche ingresaron a la fuerza, y al mismo tiempo, a las casas de todos los protestantes. Asesinaron al almirante, lanzaron su cuerpo a la calle por una ventana, luego lo decapitaron y su cabeza la enviaron al papa. También le cortaron los brazos y genitales, y durante tres días arrastraron su cuerpo por las calles, hasta que finalmente lo llevaron fuera de la ciudad y lo colgaron de los talones. También mataron a muchos otros protestantes conocidos. En los primeros tres días asesinaron a más de 10 mil protestantes. Sus cuerpos los tiraban al río y la sangre corría por las calles hacia el río, hasta que éste parecía una corriente de sangre. Su ira infernal era tal, que mataban aun a sus seguidores si sospechaban que la creencia de ellos en el papa no era muy firme. De París, la destrucción se extendió a todo el país. Más de ocho mil personas fueron asesinadas entonces. Muy pocos protestantes escaparon de la furia de sus perseguidores. En 1641, una masacre similar ocurrió en Irlanda. Para ello, los conspiradores escogieron el 23 de octubre, la fiesta de Ignacio de Loyola, fundador de la orden jesuita. El plan consistía en un levantamiento general en todo el país. Todos los protestantes serían asesinados a la vez. A fin de que estuvieran desprevenidos mientras preparaban los planes, realizaron actos extraordinarios de bondad hacia los protestantes. Esa mañana, muy temprano, los conspiradores salieron armados y mataron a todos los protestantes que encontraban. No tuvieron misericordia. Mataron a todos, desde niños hasta ancianos. Ni siquiera los inválidos se libraron. Fueron tomados por sorpresa. Por muchos años habían vivido en un ambiente de paz y seguridad, pero en esa ocasión no encontraron ningún lugar a donde huir. Fueron masacrados por sus vecinos, amigos y aun por sus familiares.
 Escena de la masacre irlandesa en 1642, cuando los papistas mataron cruelmente a 40 mil protestantes. En muchos casos, lo que menos temían era la muerte. A las mujeres las ataban a postes, las desnudaban hasta la cintura, luego les cortaban los senos con tijeras y las dejaban sangrando hasta morir. A las que estaban embarazadas, las ataban a las ramas de los árboles, y mientras sus esposos eran forzados a mirar, sacaban a los bebés para dárselos a los perros como alimento. Lo que acaba de leer está documentado y son hechos históricos reales. Se encuentra en Book of Martyrs (Libro de los mártires) de Foxe.
Deseo que se dé cuenta de que estos dos asaltos criminales del Vaticano contra los cristianos de Francia e Irlanda, siguieron un plan similar. Antes de cada ataque, hubo un tiempo de reconciliación, cuando los católicos romanos actuaban amigables y cariñosos, y en ambos casos los cristianos sintieron un alivio tal que se confiaron, bajaron la guardia y dieron por sentado que el Vaticano había cambiado. Este fue su error fatal y les costó la vida. Mi oración es que usted no olvide lo que acaba de leer.
Como cristiano, ¿qué debo hacer en cuanto a la ramera del Apocalipsis? Se me acusa de no mostrar amor y ser muy duro al denunciar el catolicismo. ¿Es contrario a la Biblia lo que digo? Veamos: Doctrinalmente, el cristianismo bíblico y el catolicismo romano están tan separados como el este del oeste. Uno se basa en la Biblia y el otro en las tradiciones de hombres. Entonces, ¿cómo podríamos caminar juntos sin transigir en nuestras convicciones? Es imposible. Muchos protestantes y católicos carismáticos afirman que el Espíritu Santo los está uniendo. Pero, ¿es el Espíritu Santo de Dios? ¿O podría ser un espíritu diferente? ¿Están los católicos carismáticos alejándose de la ramera del Apocalipsis? ¿O están siendo usados para atraer a los protestantes a Roma? Algunos católicos carismáticos declaran que después de haber sido bautizados por el Espíritu Santo, tienen una relación más profunda con la virgen María, pueden recitar el rosario en lenguas, y cosas por el estilo. Nada de esto se encuentra en la Biblia. Son inventos de hombres.
En 2 Corintios 11:2-4 dice: "Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis". Pablo les advierte aquí que no sigan a cualquiera que predique otro evangelio. En Juan 16:13 dice: "Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir". Dios el Espíritu Santo es el espíritu de verdad. ¿Cómo podría El guiar a alguien para que caiga aún más profundamente en el error? Es imposible.
Ese es otro espíritu y no proviene de Dios. Satanás es el maestro del engaño, y este es su astuto juego religioso para conducir a los protestantes bajo el control de la ramera. ¿Ha cambiado Roma? Cuando la ramera del Apocalipsis elimine las misas y la veneración (o adoración) a María; cuando se deshaga de sus rosarios y se arrepienta por declarar que María estuvo libre del pecado original, como lo estuvo Jesucristo; cuando admita que inventó la idea del purgatorio; y cuando los sacerdotes de Roma acepten el sacerdocio de todos los creyentes; cuando la ramera del Apocalipsis haga todo eso, entonces creeré que está cambiando.
Algunos dicen que ella ya está cambiando, pero sólo está cambiando sus tácticas. ¿Cómo seduce a sus víctimas una prostituta o ramera? Proverbios 7:6-10 nos dice lo siguiente: "Porque mirando yo por la ventana de mi casa, por mi celosía, vi entre los simples, consideré entre los jóvenes, a un joven falto de entendimiento, el cual pasaba por la calle, junto a la esquina, e iba camino a la casa de ella, a la tarde del día, cuando ya oscurecía, en la oscuridad y tinieblas de la noche. Cuando he aquí, una mujer le sale al encuentro, con atavío de ramera y astuta de corazón". Luego los versículos 21-22, 24-27 dicen: "Lo rindió con la suavidad de sus muchas palabras, le obligó con la zalamería de sus labios. Al punto se marchó tras ella, cómo va el buey al degolladero, y como el necio a las prisiones para ser castigado... Ahora pues, hijos, oídme, y estad atentos a las razones de mi boca. No se aparte tu corazón a sus caminos; no yerres en sus veredas. Porque a muchos ha hecho caer heridos, y aun los más fuertes han sido muertos por ella. Camino al Seol es su casa, que conduce a las cámaras de la muerte".
 La Biblia dice que la madre de las rameras seducirá con su astucia a reyes y naciones, y que éstas han sido embriagadas; es decir, están confundidas, desorientadas, inestables, por lo que ella fácilmente puede engañarlas y conquistarlas. Hoy, la ramera ha engañado y adulado a nuestros líderes cristianos para hacerles creer que ella es parte del verdadero cuerpo de Cristo, y que es simplemente una iglesia rebelde o apóstata.
Me sorprendió mucho cuando se me acusó de dividir a los hermanos en Cristo. Los que lo hicieron, citaron el siguiente versículo: "Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones, que os apartéis de ellos". Pero, ¿por qué no incluyeron la parte central del versículo? ¿Acaso hay algo erróneo en esas palabras? Dice así: "Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos". Este versículo se encuentra en Romanos (16:17), el gran libro de la salvación por la fe y no por las obras. Dice que nos apartemos de aquellos que enseñan otra doctrina que no sea la salvación por la fe sola en Cristo. Es una advertencia contra las sectas. Una secta es todo aquello que nos aleja del sacrificio suficiente de Cristo en el Calvario.
 Es cierto que estoy causando una división, pero no entre los hermanos en Cristo. Debemos aclarar a cuál tipo de división nos referimos. No debemos crear división entre nuestros hermanos en Cristo, los que creen en el verdadero evangelio de la salvación por la fe, y sólo por la fe. Pero la Biblia nos dice que debemos separarnos de aquellos que enseñan una doctrina falsa -otro evangelio. Es una división entre los salvos y los perdidos.
 En Mateo 10:34-39, Jesucristo dijo: "No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará". Jesucristo está hablando de separación. Cualquiera que sea el costo, debemos permanecer fieles al evangelio. Creo que las palabras de un apreciado hermano en Cristo nos ayudarán a ver las cosas desde una perspectiva correcta. El dijo: "Puesto que vivimos en un tiempo cuando tanto atraen términos como amor y unidad, es muy difícil decir que estas palabras se sacaron de su contexto y que tienen un significado distinto al que creemos. Amor sin verdad es corrupción. Transigir es rechazar el evangelio, y sin el evangelio, no hay esperanza. Si tuviéramos que escoger entre unidad y verdad, la unidad debe someterse ante la verdad, porque es mucho mejor estar divididos por la verdad, que estar unidos en el error".
Dios dice en su Palabra que lo importante es la verdad, que debemos alejarnos de aquellos que no apoyan la verdad. Dios dice que debemos examinar todo con cuidado, aferrarnos a lo que es bueno y rechazar lo que es malo. ¿Nos atreveremos a rechazar lo que dice Dios? Algunos afirman que estamos a punto de llegar al final de la era protestante y que veremos el nacimiento de la super iglesia. Sin embargo, esa super iglesia siempre ha estado aquí. Como pueblo de Dios, debemos oponernos a ella y decirles a los católicos romanos que, en obediencia a Cristo, deben salir de allí.
 En Efesios 5:11, la Palabra de Dios nos dice: "Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas". Reprender significa expresar desacuerdo con algo, reprender, desenmascarar. Respecto a la madre de todas las rameras, Apocalipsis 18:6-7 dice: "Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble según sus obras; en el cáliz en que ella preparó bebida, preparadle a ella el doble. Cuanto ella se ha glorificado y ha vivido en deleites, tanto dadle de tormento y llanto".
Ese es el único lugar en las Escrituras en que se nos dice que debemos pelear. Es nuestra responsabilidad. Ella ha traicionado al pueblo católico. Está destruyendo al protestantismo. Pero, por la gracia de Dios, le quitaremos a esa ramera las vestiduras de falsa religiosidad y dejaremos al descubierto sus sucias llagas infectadas, sus mentiras, sus crímenes, la sangre que hay en sus manos, y sus intenciones criminales contra el pueblo de Dios. Cuando la desenmascaremos y el pueblo católico y el mundo vean lo que ha hecho, huirán de ella y retornarán a Cristo. ¿En qué clase de guerra deben estar los cristianos? ¡En una guerra espiritual! No tenemos que tomar armas de fuego y perseguir al pueblo católico. Debemos entender lo que esto implica. Nos encontramos en guerra espiritual por las almas de las personas.
 La Biblia dice: "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Efesios 6:12). La Biblia lo explica en Efesios 6. Si obedecemos y nos armamos para pelear la guerra espiritual, entonces saldremos victoriosos. Sin embargo, Cristo tiene que ir delante de nosotros.
Hermano, estamos en una guerra espiritual. Permanezcamos en la ofensiva. No nos rindamos nunca. Satanás odia la oración. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, ejerzamos autoridad sobre los poderes de las tinieblas. Ataquemos las puertas del infierno y Satanás retrocederá. El nos hará daño sólo si Dios le da la autoridad; por eso él alardea, miente, amenaza, etc. Cualquiera que sea su técnica para confundirnos, si el Señor Jesucristo es ensalzado, Satanás es perjudicado. Y cuando terminemos, debemos tener valor para mantenernos firmes. Nosotros no podemos hacerlo solos... únicamente por medio de la gracia y poder de Dios. Cuando vayamos a la batalla, pidamos siempre al Señor que vaya delante de nosotros. ¿Estoy equivocado al desenmascarar a la ramera? ¡No! Estoy obedeciendo la Palabra de Dios. Tal vez nuestro punto de vista no sea el más aceptado, pero nuestro propósito no es agradar a las personas.
 Gálatas 1:10 dice: "Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo".
 El Vaticano siempre mira hacia el futuro y hace planes con 25, 50 ó 100 años de anticipación. Después de la Segunda Guerra Mundial, el Vaticano tenía que elegir y apoyar a un personaje de los Estados Unidos que fuera su amigo, un hombre al que ayudarían a poner en un pedestal y que fuera amado por todos. ¡De ninguna manera podía ser un Martín Lutero! Este personaje influyente debía atraer a la gente, conquistar los corazones del pueblo norteamericano y conseguir su apoyo. Sería un líder que usarían para llevar sutilmente a los evangélicos hacia los brazos del papa. Querían encontrar a un hombre que fuera buen orador; uno con carisma que pudiera llenar estadios; uno que pudiera predicar un mensaje del evangelio, pero con indulgencia; uno que nunca atacara al Vaticano. Así que, cuando lo encontraron, William Randolph Hearst, un editor católico romano, usó su cadena de periódicos para llevar a la fama a Billy Graham. Por 30 años Billy Graham habló a multitudes y llegó a ser muy amado, respetado e imitado. Cuando él predicaba, la gente lo honraba y alababa. Cuando Cristo predicó, lo mataron. A menudo leo lo que dice la Biblia: "Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios" (Stg. 4:4). Los periódicos nunca difamaron a Billy Graham. Las revistas dijeron que era uno de los hombres más apreciados del mundo. Pero, por alguna razón, mi mente seguía percibiendo una señal de advertencia. He apreciado a Billy Graham, he orado por él y lo he apoyado. Sin embargo, sentía que algo no estaba bien.
OAKLAND TRIBUNE, 29 de julio de 1971
El obispo de Oakland, Floyd Begin, conversa con Billy Graham Dialogan sobre un libro jesuita que alaban el ministerio de Graham Belmont Abbey College Belmont, Carolina del Norte 19 de Marzo de 1965 Sr. Julius C. Taylor 100 Cardinal Drive Taylors, South Carolina Estimado Sr. Taylor: Su amable carta dirigida al Rdo. John Oetgen, me fue entregada para que le diera respuesta. El padre John ya no es el rector, y está en la Universidad de Carolina del Norte, trabajando en su tesis para obtener el título de Doctor en Literatura. Yo fue quien, después de conocer a Billy Graham, lo invitó para que hablara a los padres, monjas, estudiantes e invitados, y con gusto responderé a sus preguntas. Billy Graham dio un discurso inspirador y teológicamente bordado, que bien pudiera haber presentado el obispo Fulton J. Sheen u otro predicador católico. He seguido la carrera de Billy Graham y debo hacer hincapié en que ha sido más católico que lo contrario, y digo esto no en forma partidista, sino porque es la realidad. Conociendo la tremenda influencia de Billy Graham entre los protestantes, y ahora la comprensión y reconocimiento entre los católicos de su sincero y devoto llamado a las enseñanzas de Jesucristo que sólo él predica, yo afirmaría que él podría unir a católicos y protestantes en un saludable espíritu ecuménico. Yo fui el primer católico que invitó a Billy Graham; sé que él próximo mes hablará en otras tres universidades católicas; creo que en el futuro será invitado por más universidades católicos que protestantes. Por tanto, me complace responder a su pregunta: Billy Graham está predicando una teología moral y evangélica que es muy aceptable para los católicos. Con saludos cordiales, quedo de Ud. Su seguro servidor, (El Rdo.) Cuthbert E. Allen, O.S.B. Vicepresidente Ejecutivo CEA: mc
BILLY GRAHAM Y LA IGLESIA DE ROMA
Billy Graham recibe el yugo de ROMA en la Universidad Católica Romana de Belmont. Esta universidad católica le concedió a Graham un Doctorado Honorífico. Graham dijo a los presentes: "EL EVANGELIO QUE FUNDÓ ESTA UNIVERSIDAD, ES EL MISMO EVANGELIO QUE YO PREDICO HOY
  Cuando se descubre o desenmascara una conspiración católica, Roma llama a especialistas para que resuelvan el problema. A éstos se les conoce como tergiversadores de la verdad. Ellos lanzan ataques para contrarrestar las advertencias que otros tratan de difundir. En la Segunda Guerra Mundial, cuando el Vaticano estaba masacrando a los miembros de la Iglesia Ortodoxa Griega en Yugoslavia, los sobrevivientes, con pruebas documentadas, trataron de llegar a los Estados Unidos para denunciar esos crímenes. Una vez que comenzó a llegar la información respecto a lo que sucedía en Yugoslavia, los peritos tergiversadores de la verdad se movilizaron. ¡Calificaron esa información de intolerancia y propaganda anticatólica! Para confundir al público, minimizaron las atrocidades. Uno de ellos fue Louis Adamic. Su tarea era convencer al pueblo norteamericano de que los informes sobre las horribles masacres en Yugoslavia, eran falsos. Adamic y el grupo católico que trabajaba con él, convencieron al presidente Roosevelt y a su esposa, Eleanor, de que esas masacres -los peores crímenes de la Segunda Guerra Mundial- eran sólo propaganda. Adamic convenció a la señora Roosevelt de que los informes eran falsos. Cuando ella descubrió que eran verdaderos, era demasiado tarde. Casi un millón de personas habían sido asesinadas en forma atroz. Los jesuitas se dieron cuenta de que esta era una área crítica en la comunidad cristiana y que ayudaría al Vaticano. Necesitaban un grupo de expertos que investigaran a las sectas, pero que nunca hablaran de Roma como enemigo. Sería otra cortina de humo. En la comunidad cristiana hay personas de mucha confianza, amadas y respetadas. Creo que ellas, a sabiendas o no, están haciendo para el Vaticano el mismo trabajo que hizo Louis Adamic. Están cegando los ojos y tapando los oídos de los creyentes cristianos, convenciéndoles de que el papa es nuestro amigo. El trabajo de ellos es ridiculizar y destruir la reputación de cualquiera que trate de advertir en cuanto al Vaticano, de manera que no le den importancia. A los cristianos que se preocupan por las advertencias, les dicen que son mentiras, afirmaciones absurdas en las que no deben confiar; que ese material y las pruebas son engaños, y que deben desecharlos como basura. Los jesuitas iban a necesitar a alguien que ocupara un puesto clave para protegerlos en los círculos protestantes. Si encontraban tal persona, ésta podría alcanzar una posición de confianza, como un guardián que protegería de las sectas a los protestantes. Debía ser un hombre que se uniera a los que denunciaban las enseñanzas antibíblicas de los Testigos de Jehová, los Mormones, la secta de Moon y las religiones orientales; pero no debía atacar jamás a la Institución Católica Romana como la ramera del Apocalipsis, sino referirse a este sistema como "una iglesia cristiana apóstata", lo que, por supuesto, es el argumento que usan los jesuitas. Una persona tal sería muy valiosa para la causa del catolicismo romano. Sería una cortina de humo perfecta. Cualquiera que intentara hacer sonar la alarma respecto a la ramera del Apocalipsis, tratando de advertir a los cristianos en cuanto a una nueva inquisición, fácilmente sería desprestigiado por ese experto en sectas, porque muchos confiarían en él.
Los noticieros estaban informando desde el lugar de la devastación. Pero, luego transmitieron desde los Estados Unidos. El senador Kennedy [el hombre que entonces muchos esperaban elegir como el próximo presidente] miró a la cámara con una expresión de tristeza y dijo: "Nosotros, los norteamericanos, por compasión debemos enviar por lo menos 45 millones de dólares para reconstruir esa ciudad devastada". Quizás algunos lo recuerden. Ahora permítame citar de LOS BILLONES DEL VATICANO, escrito por Avro Manhattan. Creo que le indignará tanto como a mí. Además, esta información se publicó hace muchos años, y probablemente hoy las cantidades hayan aumentado considerablemente. "El Vaticano tiene grandes inversiones con los Rothschild de Inglaterra, Francia y Estados Unidos; el Banco Hambros; y el Credit Suisse de Londres y Zurich. En los Estados Unidos tiene grandes inversiones en el Banco Morgan, Banco Chase-Manhattan, First National Bank de Nueva York, Bankers Trust Company y otros. El Vaticano tiene cientos de millones de acciones en las más poderosas corporaciones internacionales, tales como Gulf Oil, Shell, General Motors, Bethlehem Steel, General Electric, International Business Machines, TWA y muchas otras. Haciendo un cálculo conservador, sólo en los Estados Unidos sus inversiones sobrepasan los 500 millones de dólares. "En una declaración publicada en relación con el prospecto de un bono, la arquidiócesis de Boston declaró que su haber era de seiscientos treinta y cinco millones ($635,891,004) de dólares, que representa 9.9 veces más que sus obligaciones financieras. Esto deja una ganancia neta de quinientos setenta y un millones ($571,704,953). Si sumamos la riqueza de las 28 arquidiócesis y 122 diócesis de los Estados Unidos -y algunas de ellas son más ricas que la arquidiócesis de Boston-, no es difícil descubrir a cuánto llega la asombrosa riqueza de la iglesia. "Por las declaraciones de un miembro de la Conferencia Católica de Nueva York, podemos tener una idea de los bienes raíces y otras formas de riqueza que controla la iglesia católica; él dijo 'que probablemente su iglesia ocupa el segundo lugar sólo después del gobierno de Estados Unidos en el total de compras anuales'. Tal vez es aún más reveladora la declaración que hizo un sacerdote católico y periodista nacionalmente conocido. El dijo: 'La iglesia católica sin duda es la corporación más grande de los Estados Unidos. Tenemos una sucursal en cada vecindario. Nuestro capital y bienes raíces probablemente sobrepasen los de Standard Oil, A.T.&T. y U.S. Steel juntos. Y nuestra lista de miembros que pagan cuotas seguramente está en segundo lugar sólo después de la lista de contribuyentes de impuestos del Gobierno de los Estados Unidos'. "Cuando se toma en cuenta el total de su capital activo, la iglesia católica es el más grande corredor de bolsa del mundo. Independientemente de cada sucesión papal, el Vaticano ha enfocado su creciente interés en los Estados Unidos. The Wall Street Journal dijo que los tratos financieros del Vaticano, sólo en los Estados Unidos, eran tan grandes que frecuentemente vendía o compraba oro en lotes de un millón de dólares o más a la vez. "United Nations World Magazine calculó que el tesoro de oro sólido del Vaticano llega a varios cientos de millones de dólares. Una gran cantidad está almacenada en lingotes de oro en el Banco de Reserva Federal de los Estados Unidos, y el resto está en bancos de Inglaterra y Suiza. Pero esta es sólo una pequeũa porción de la riqueza del Vaticano, que sólo en los Estados Unidos supera a la de las cinco corporaciones gigantes más ricas del país. Cuando a ella se suman todos los bienes raíces, propiedades, bonos y acciones en el extranjero, entonces la asombrosa acumulación de riqueza de la iglesia católica llega a ser tan grande que es difícil de evaluar racionalmente. "La iglesia católica es la mayor potencia financiera, acumuladora de riqueza y propietaria de bienes que existe actualmente. Posee más riquezas materiales que cualquier otra institución, corporación, banco, fiduciaria, gobierno o estado en todo el mundo. Por tanto, el papa, como administrador visible de esta inmensa riqueza, es la personas más rica del siglo XX. Nadie puede calcular en forma realista cuánto vale él en términos de billones de dólares". Y, recuerdo cómo el papa, la persona más rica de este planeta, se acercó a ese pobre hombre italiano que yacía entre los escombros, puso una mano sobre su cabeza y le dijo: "Bendito seas". Luego se alejó y simplemente lo dejó allí. Sin duda es el colmo de la hipocresía. Después, el senador Kennedy, el servidor del papa en los Estados Unidos, lanzó la responsabilidad al pueblo norteamericano para que sufragara los gastos de reconstrucción de esa ciudad destruida, allí, en el territorio del papa. ¡Qué plan!
  Le pregunté al Dr. Rivera acerca de la información que recibió en el Vaticano cuando era sacerdote jesuita. Yo quería saber si le habían dicho cómo planeaba el Vaticano apoderarse de los Estados Unidos. Me dijo que su adoctrinamiento incluía material desde la época de los peregrinos que colonizaron los Estados Unidos. Puesto que los primeros colonizadores tenían conocimiento de la Inquisición y de la matanza de cristianos que llevaba a cabo el sistema católico romano, ellos aprobaron leyes para mantener a los jesuitas fuera de los Estados Unidos y prohibir la misa... a fin de protegerse de una posible toma de control de parte del Vaticano. A estas comunidades cristianas les preocupaban profundamente las intenciones de la ramera del Apocalipsis. Los jesuitas comenzaron a llegar a los Estados Unidos cuando llegó el segundo grupo de peregrinos. Usaron distintos nombres en sus documentos de identificación. Años más tarde, les siguieron multitudes de familias católicas de Inglaterra, Irlanda y Francia enviadas por el Vaticano, las que se hicieron pasar como protestantes en las colonias. Esas familias eran espías. Desafiando las leyes, celebraban misas en secreto. En esos días ningún católico romano debía ocupar un cargo en el gobierno civil. Los jesuitas tomaron las medidas necesarias para borrar y eliminar esa parte de nuestra historia. El siguiente paso importante de los jesuitas fue destruir o controlar todas las escuelas cristianas en los Estados Unidos. A través de los años, trabajando secretamente, los jesuitas han llegado a formar parte de comités especiales en las juntas escolares. El objetivo era eliminar el énfasis en la enseñanza de la Biblia y reemplazarla con la psicología, tal como se ve en los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola, fundador de la Sociedad Jesuita.
Más tarde por todo el país se establecieron escuelas y universidades católicas controladas por los jesuitas. Hoy posiblemente superan en número a todas las escuelas y universidades cristianas juntas. La tercera etapa fue introducirse en las cortes, la legislación y las agencias del poder judicial, ocupando cargos como jueces y abogados para manipular la Constitución a su favor hasta que se pudiera cambiar. Una vez logrado este objetivo, el próximo avance se dirigió a la política para controlar los partidos políticos. Luego siguieron las fuerzas militares y los periódicos. Ya en los tiempos de Lincoln, el Vaticano controlaba más de la mitad de los periódicos en los Estados Unidos.
  ¿Quiere decir esto que debemos luchar contra el pueblo católico romano que fue traicionado por sus líderes? No. Nuestra lucha es contra la ramera del Apocalipsis, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra. Dios nos ha ordenado que ataquemos ese sistema. Nuestro trabajo es desenmascararla, permitiendo así que los católicos romanos vean a qué están atados realmente -la esclavitud, y la realidad de que todos van camino al lago de fuego. Ellos necesitan ser liberados. Tienen que comprender que Cristo es la respuesta. No es María ni las demás enseñanzas antibíblicas que Roma les lanza. Nuestra responsabilidad es ganarlos para Cristo. No estamos aquí para complacer a los pastores, iglesias o denominaciones. Estamos aquí para agradar a Cristo. Lo hemos dado todo. Esta guerra es de Él. Es su batalla. Él nos ha bendecido. Por fe hemos ampliado nuestras instalaciones, porque sabemos que Dios está levantando un ejército y ganaremos al precioso pueblo católico romano. Ese es el objetivo. ¡GANAR a este pueblo! ¡No es tirarles piedras! No somos nazis. No somos miembros del Ku Klux Klan. Nos preocupamos por esas personas. Sin embargo, no lo hacemos con ese amor mundano y egoísta que tanto se enseña hoy, que preferiría verlos ir al infierno que ofenderlos con la verdad. Estamos haciendo todo lo posible para tratar de ganarlos para Cristo. Y, por la gracia de Dios, lo haremos. Por todo el país muchos católicos están conociendo la salvación. En realidad, el número está creciendo tanto que el Vaticano está preocupado. Alabado sea Dios porque vemos que hay esperanza. Los católicos están siendo salvados. Escuchamos informes de que en todo el país la gente está abriendo los ojos y diciendo: "Lo que Chick dice es verdad". Y están comenzando a leer algunos libros como THE SECRET HISTORY OF THE JESUITS (La Historia Secreta de los Jesuitas) y 50 YEARS IN THE 'CHURCH' OF ROME (50 Años en la 'Iglesia' de Roma).
Vemos que sacerdotes y monjas están dejando el sistema romano para acercarse a Cristo. Los falsos escalan a posiciones superiores, pero los verdaderos salen de ese sistema. Se acerca un levantamiento que tomará fuerza. Es tiempo de que nos pongamos de rodillas, que nos quebrantemos delante del Señor y que clamemos para que los católicos romanos sean salvos, porque es el poder de Dios el que se moverá por medio nuestro. Los campos están blancos para la cosecha y ahora es el tiempo para salir, llevar el evangelio y ganar a esas preciosas almas para Cristo. Que Dios le bendiga.


P. D. Hace años, cuando estaban surgiendo sociedades John Birch por todo los Estados Unidos, la gente gritaba: "¡El tiempo ha llegado! ¡Vienen los comunistas!" "Están tomando el control. Sólo nos quedan unos años." Con gran entusiasmo y fervor, los cristianos se reunieron para pelear contra ese monstruo y detenerlo, aunque para ello tuvieran que unir fuerzas con los católicos romanos. Esa fue una gran cortina de humo para desviar la mirada de los cristianos, a fin de que no vieran lo que el Vaticano estaba haciendo para tomar el control mundial. Ahora está sucediendo otra vez. Sólo se ha cambiado el nombre. El movimiento más reciente se conoce con el nombre de "Movimiento de la Nueva Era", y tiene mucha fuerza. Pero, ¿quién está detrás de él? Sabemos que ese movimiento es una abominación, y la Biblia nos dice que la madre de las abominaciones es la ramera de Apocalipsis 17, la Institución Católico Romana. Puede estar seguro de que los jesuitas, los Illuminati, el Opus Dei y los masones están dirigiendo sus actividades, y el resultado es otra gigantesca cortina de humo que ya está alejando la atención de los cristianos, mientras que el Vaticano usa secretamente este movimiento para lograr sus metas. El obispo Fulton Sheen atacó el comunismo en el pasado y, aunque la Nueva Era es un subproducto de Roma, la atacarán violentamente para cumplir con sus propósitos. Los católicos tratarán de unirse a los cristianos para atacar juntos al "Movimiento de la Nueva Era". Los cristianos ya cayeron en la trampa y los jesuitas están desternillándose de risa. 

Poco antes que se publicara la edición original de este libro en inglés, recibimos la siguiente carta de un hombre que había escuchado la grabación que sirvió de base para el libro: Estimado Jack: Ayer escuché su grabación CORTINAS DE HUMO que un hermano en Cristo me prestó. Ahora son más de las 2:30 a.m. No podía dormir y necesitaba escribirle esta carta. Los hechos terribles que menciona son sencillamente aterradores. Crecí en Alemania oriental, en una área que es mayormente católica, y conocí algunas de las cosas que usted menciona. Recuerdo haber visto en Munster las jaulas de acero, colgadas de los campanarios de la catedral, en las que dejaban que los anabaptistas murieran de hambre hasta que las aves se comían su carne. Hace 27 años se podían ver esas jaulas. No sé si todavía están allí. Personalmente, creo que en su grabación no se ha dicho ni la mitad de lo ocurrido, aunque lo que dice ya es horroroso. W.K., Linden, N.J.

LA LUZ VINO AL MUNDO


          El término hebreo ´ohr y el griego fos hacen referencia a aquello que irradia un cuerpo luminoso, como una lámpara (Jer 25:10) o el Sol; lo opuesto a la oscuridad, tanto en sentido literal como figurado. (Isa 5:20; Jn 11:10, 11.) Por lo común se cree que la luz se compone de partículas de energía que se desplazan formando ondas. Sin embargo, ni siquiera hoy el hombre puede dar una respuesta completa a la pregunta que hace más de tres milenios planteó el Creador de la luz: “¿Dónde, pues, está el camino por el cual se distribuye la luz?”. (Job 38:24.)
La luz del Sol es una combinación de colores, en la que cada color tiene una diferente longitud de onda. Los rayos de luz de cierta longitud de onda que la superficie de un objeto refleja determinan su color. De modo que gracias a la luz percibimos los muchos tonos que deleitan al ojo humano. También es esencial para la continuidad de la vida en la Tierra: vegetal, animal y humana.

       Jehová Dios es el Formador de la luz y el Creador de la oscuridad. (Isa 45:7.) En el primer día creativo dijo: “Llegue a haber luz”. (Gé 1:3.) Anteriormente había creado los cielos (incluidas “las grandes luces”: el Sol, la Luna y las estrellas; Sl 136:7-9) y la Tierra. (Gé 1:1.) Por tanto, para que ‘llegase a haber luz’ en la Tierra, había que quitar de forma gradual aquello que al parecer obstaculizaba la penetración de los rayos del Sol hasta la superficie de este planeta. La “división” entre la luz y la oscuridad debió ser consecuencia del movimiento de rotación de la Tierra en su traslación alrededor del Sol. (Gé 1:4, 5.) Mucho después, Jehová plagó con oscuridad a los adoradores egipcios del Sol, una oscuridad que no afectó a los israelitas. (Éx 10:21-23.) Después, cuando condujo a su pueblo fuera de Egipto, les suministró luz por medio de una columna de fuego. (Éx 13:21; 14:19, 20; Sl 78:14.)
Las Escrituras asocian repetidas veces la luz con su Creador. El salmista exclamó: “Oh Jehová Dios mío, te has mostrado muy grande. Con dignidad y esplendor te has vestido, al envolverte en luz como en una prenda de vestir”. (Sl 104:1, 2.) Esta exclamación concuerda bien con la descripción que hizo Ezequiel de la visión que tuvo: “Y llegué a ver algo como el fulgor del electro, como la apariencia del fuego todo alrededor en el interior, desde la apariencia de sus caderas y hacia arriba; y desde la apariencia de sus caderas y hacia abajo vi algo como la apariencia del fuego, y él tenía un resplandor todo alrededor. Había algo como la apariencia del arco que ocurre en una masa de nubes en el día de una lluvia fuerte. Así era la apariencia del resplandor que había alrededor. Era la apariencia de la semejanza de la gloria de Jehová”. (Eze 1:27, 28.) Siglos antes, una simple manifestación parcial de aquella gloria hizo que el rostro de Moisés emitiera rayos. (Éx 33:22, 23; 34:29, 30.)
“Dios es luz y no hay oscuridad alguna en unión con él.” (1Jn 1:5.) Él es justo, recto y santo (Dt 32:4; Apc 4:8), y no tiene nada en común con las prácticas degradantes e inmundas que comúnmente están vinculadas a la oscuridad. (Job 24:14-16; 2Co 6:14; 1Te 5:7, 8.) Por lo tanto, el que anda en la oscuridad por odiar a su hermano y no practicar la verdad nunca estará en unión con Él. (1Jn 1:6; 2:9-11.)
Jehová es el “Padre de las luces celestes”. (Snt 1:17.) No solo es el “Dador del sol para luz de día, los estatutos de la luna y las estrellas para luz de noche” (Jer 31:35), sino que también es la Fuente de toda iluminación espiritual. (2Co 4:6.) Su ley, sus decisiones judiciales y su palabra son una luz para los que se dejan guiar por ellas. (Sl 43:3; 119:105; Pr 6:23; Isa 51:4.) El salmista escribió: “Por luz de ti podemos ver luz”. (Sl 36:9; Sl 27:1; 43:3.) Igual que cuando amanece la luz del Sol va haciéndose cada vez más brillante hasta que “el día queda firmemente establecido”, de la misma manera, la senda de los justos, iluminada por la sabiduría divina, se hace más y más clara. (Pr 4:18.) El proceder de acuerdo con las instrucciones de Jehová es andar en su luz. (Isa 2:3-5.) Por otro lado, cuando una persona mira las cosas de manera impura o con un propósito malo, está en una gran oscuridad espiritual. Jesús lo expuso así: “Si tu ojo es inicuo, todo tu cuerpo estará oscuro. Si en realidad la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande es esa oscuridad!”. (Mt 6:23;Dt 15:9; 28:54-57; Pr 28:22; 2Pe 2:14.)

La luz y el Hijo de Dios.
     Desde que resucitó y ascendió al cielo, Cristo Jesús, “el Rey de los que reinan y Señor de los que gobiernan como señores”, “mora en luz inaccesible”. Esa luz es tan gloriosa que hace que a los débiles ojos humanos les resulte imposible contemplarlo. (1Ti 6:15, 16.) De hecho, hubo un hombre, Saulo de Tarso (Pablo), que fue cegado por la luz que vio procedente del cielo cuando el glorificado Hijo de Dios se reveló a este perseguidor de sus seguidores. (Hch 9:3-8; 22:6-11.)
Durante su ministerio terrestre, Jesucristo fue una luz para aquellos que iban a conseguir el favor divino. Les dio la iluminación espiritual sobre los propósitos y la voluntad de Dios. (Jn 9:5; Isa 42:6, 7; 61:1, 2; Lu 4:18-21.) En un principio solo se beneficiaron de aquella “gran luz” “las ovejas perdidas de la casa de Israel”. (Isa 9:1, 2; Mt 4:13-16; 15:24.) Pero esa iluminación espiritual no se limitaría a los judíos naturales y prosélitos. (Jn 1:4-9;  Hch 13:46, 47.) Cuando Jesús, recién nacido, fue presentado en el templo, el anciano Simeón se refirió a él como “una luz para remover de las naciones el velo”. (Lu 2:32.)

        Pablo explicó a los efesios que los gentiles incircuncisos habían estado en oscuridad con respecto a Dios y sus propósitos: “En otro tiempo ustedes eran gente de las naciones en cuanto a la carne; ‘incircuncisión’ eran llamados por lo que se llama ‘circuncisión’, hecha en la carne con las manos... que estaban en aquel mismo tiempo sin Cristo, alejados del estado de Israel y extraños a los pactos de la promesa, y no tenían esperanza, y estaban sin Dios en el mundo”. (Ef 2:11, 12.) Sin embargo, cuando se llevaron las buenas nuevas sobre el Cristo a los no judíos, los que respondieron de manera favorable fueron ‘llamados de la oscuridad a la luz maravillosa de Dios’. (1Pe 2:9.) Pero otros siguieron dejándose cegar por el que se transforma a sí mismo en “ángel de luz” (2Co 11:14), el “dios de este sistema de cosas”, de manera que ‘no pasó a ellos la iluminación de las buenas nuevas acerca del Cristo’. (2Co 4:4.) Prefirieron la oscuridad, pues querían seguir su derrotero egoísta. (Jn 3:19, 20.)

Los seguidores de Cristo reflejamos su luz.
        Los que ejercieron fe en Cristo Jesús como “la luz del mundo” y llegaron a ser sus seguidores se convirtieron en “hijos de la luz”. (Jn 3:21; 8:12; 12:35, 36, 46.) Dieron a conocer a otros los requisitos necesarios para conseguir el favor de Dios y la vida, haciéndolo “en la luz”, es decir, abiertamente. (Mt 10:27.) De manera similar, Juan el Bautista había sido como una luz cuando estaba “predicando bautismo en símbolo de arrepentimiento” y señalando la venida del Mesías. (Lu 3:3, 15-17; Jn 5:35.) Los seguidores de Cristo también hicieron brillar su luz por sus obras excelentes, por palabra y por ejemplo. (Mt 5:14, 16; Ro 2:17-24.) “El fruto de la luz consiste en toda clase de bondad y justicia y verdad.” Por consiguiente, pone al descubierto la bajeza de las obras vergonzosas que pertenecen a la oscuridad (fornicación, inmundicia de toda clase, avaricia, etc.) y que practican los “hijos de la desobediencia”. Como resultado, estas obras vergonzosas se ven tal como son y ellas mismas llegan a ser luz, en el sentido de que se manifiestan  como ejemplo de las cosas condenadas por Dios. (Ef 5:3-18; 1Te 5:4-9.) Los cristianos tenemos una lucha “contra los gobiernos, contra las autoridades, contra los gobernantes mundiales de esta oscuridad, contra las fuerzas espirituales inicuas en los lugares celestiales”, pero debido a que se han equipado con las “armas de la luz”, están capacitados para permanecer firmes como siervos aprobados de Dios. (Ro 13:12-14; Ef 6:11-18.)

  Las Escrituras contienen muchas referencias a la luz en sentido figurado. Con las palabras “la luz de mis propios ojos” (Sl 38:10) se indica la capacidad de ver. El que Dios ‘dé luz’ a alguien significa que le da la vida o le permite que continúe viviendo. (Job 3:20, 23; Sl 56:13.) Los “niños que no han visto la luz” son los que han nacido muertos. (Job 3:16;Sl 49:19.) La expresión: “Bueno es para los ojos ver el sol” puede entenderse como: “¡Qué agradable es estar vivo!”. (Ec 11:7.)
Cuando se describe gráficamente la luz de la mañana, se dice que se ‘ase de las extremidades de la tierra y sacude de ella a los inicuos’, porque el amanecer dispersa a los malhechores. La oscuridad es su “luz”, pues están acostumbrados a llevar a cabo sus actos malos al amparo de la oscuridad, pero pierden esa “luz” figurativa cuando brilla la luz literal del amanecer. (Job 38:12-15; Job 24:15-17.)
Tal como la luz del Sol se ve con facilidad, así también los juicios adversos de Jehová son obvios. Este hecho se indica en Oseas 6:5: “Los juicios sobre ti serán como la luz que sale”.
La ‘luz del rostro de Dios’ significa el favor divino. (Sl 44:3; 89:15.) “Alza la luz de tu rostro sobre nosotros” es una expresión que significa “muéstranos favor”. (Sl 4:6.) De manera similar, para hacer referencia al favor de un gobernante, se habla de “la luz del rostro del rey”. (Pr 16:15.)
La luz puede denotar esplendor o alegría, lo opuesto a la tristeza. (Job 30:26.) Esto puede explicar las palabras de Job (29:24): “La luz de mi rostro no echaban abajo”. Aunque otros estuvieran tristes o desalentados, Job no cambiaba de disposición volviéndose como ellos.
A veces, con el símbolo de la luz se hace alusión a una perspectiva prometedora, como la salvación o la liberación. (Est 8:16; Sl 97:11; Isa 30:26; Miq 7:8, 9.) El que Jehová hiciera que su gloria brillara sobre Sión señaló que sería liberada del cautiverio, y como resultado se convertiría en una fuente de iluminación para las naciones. (Isa 60:1-3, 19, 20; Apo 21:24; 22:5.) Por otro lado, el que el Sol, la Luna y las estrellas no dieran su luz significaría calamidad. (Isa 13:10, 11; Jer 4:23; Eze 32:7, 8; Mt 24:29.)

Después de leído esto me atrevo a preguntarte: ¿Reflejas la luz de Cristo? Examina tu estilo d vida a la luz de la Palabra de Dios en la Biblia y te será revelada la respuesta.


¡Maranatha!

miércoles, 16 de noviembre de 2016

¿CONOCEMOS LA VERDAD?

 (Estudio bíblico familiar 16 noviembre 2016)
1 Juan 2:20-21  Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.
 21  No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad.

En el versículo 20, Juan pasa a recordarnos que todos los nacidos de nuevo poseemos conocimiento revelado por el Espíritu Santo a través de la Palabra de Dios en la Biblia.
Los que habían salido de nostros (versículo 19) eran gnósticos, que pretendían que se les había dado a ellos un conocimiento secreto, especial y avanzado, que no estaba a disposición de los cristianos ordinarios. Juan nos recuerda que, en asuntos de fe, el más humilde cristiano no tiene por qué tener ningún sentimiento de inferioridad ante el investigador más erudito. Es verdad que hay asuntos de investigación técnica, de lenguaje, de historia, que hay que reservarle al experto; pero las cosas esenciales de la fe son posesión de cada uno.
En contraste con estos apóstatas están los fieles, que hemos recibido la unción del Santo y poseemos el verdadero conocimiento, que nos permite distinguir el error de la verdad. Y como la unción con óleo se llevaba a cabo en los reyes, sacerdotes y profetas cuando eran elegidos o consagrados para desempeñar su alta misión, de ahí que el óleo de la unción haya venido a tener un valor simbólico. Por lo general, unción se refiere al derramamiento de un aceite especial. El aceite se usaba para consagrar a los reyes y a las personas especiales para el servicio (1Samuel 16:1, 1Samuel 16:13), y también se usa en la iglesia cuando alguien está enfermo (Santiago 5:14). "Pero vosotros tenéis la unción del Santo" se podría leer: "Se le ha dado a usted el Espíritu Santo por el Padre y el Hijo". Cuando una persona se entrega a Cristo recibe el Espíritu Santo. Una de las formas en que el Espíritu Santo ayuda al creyente y a la Iglesia es por comunicar la verdad. Jesucristo es la verdad (Juan 14:6) y el Espíritu Santo guía a los creyentes a Él (Juan 16; 13). Los que están en contra de Cristo también están en contra de la verdad, y el Espíritu Santo no obra en sus vidas. Cuando somos guiados por el Espíritu podemos permanecer en contra de los falsos maestros y del anticristo. Pidámosle al Espíritu que nos guíe cada día.


Esto condujo a Juan al último punto de esta sección. Les escribe; no porque no conocieran la verdad, sino porque la conocían. "El objetivo del apóstol al escribir no era comunicar un conocimiento nuevo, sino sacar a un uso activo y decisivo el conocimiento que ya poseían sus lectores.» La más grande defensa cristiana consiste sencillamente en recordar lo que ya sabemos. Lo que nos hace falta no es una nueva verdad, sino que la verdad que ya conocemos se convierta en activa y efectiva en nuestra vida.

Este es un enfoque que Pablo usa constantemente. Les escribe a los tesalonicenses: «Acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que se os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios a amaros unos a otros» (1Tesalonicenses 4:9). Lo que necesitaban no era una nueva verdad, sino poner en práctica la verdad que ya conocían. Escribe a los Romanos: "En cuanto a mí, estoy satisfecho por lo que respecta a vosotros, hermanos míos, de que estéis llenos de bondad, henchidos de todo conocimiento, y seáis capaces de instruiros mutuamente. Pero sobre algunas cuestiones me he atrevido a escribiros, por la gracia de Dios que se me ha concedido, para haceros recordar" (Romanos 15:14..). Lo que necesitaban no era tanto que se les enseñara como que se les recordara.

Es un hecho indiscutible de la vida cristiana que las cosas cambiarían inmediatamente conque nosotros pusiéramos en práctica lo que ya sabemos. Eso no es decir que no tenemos necesidad de aprender ninguna cosa nueva; pero sí es decir que, aun como somos, tenemos suficiente luz para caminar en ella si estamos dispuestos a usarla. El evangelio es acción, no inacción. Y muchos apagan el primer amor por no obedecer la Palabra, su estilo de vida en nada se diferencia de los que son del mundo; son simples oidores, carecen de la madurez para producir fruto del Espíritu (Gálatas 5; 22-25)


martes, 15 de noviembre de 2016

CRIBANDO LA IGLESIA

(Estudio bíblico familiar 15 noviembre 2016)

1 Juan 2:19  Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.

Por cómo se han producido las cosas, Juan ve en la Iglesia un tiempo de zarandeo. Los falsos maestros habían salido voluntariamente de la comunidad cristiana; y ese hecho había dejado bien claro que realmente no formaban parte de ella. Eran ajenos, y su propia conducta lo había demostrado. Estos muchos anticristos habían sido miembros de la iglesia. Pertenecieron a la organización visible, pero Juan se apresura a decir que no eran de nosotros. Y añade que salieron, para que fuera evidente que no todos eran de nosotros. Su membresía había sido meramente apariencia. Es la doctrina de “la iglesia invisible” si bien esa terminología se incorporó al léxico siglos después.

Los anticristos no fueron totalmente extraños a la iglesia; un día salieron de ella, pero en realidad no pertenecieron a ella. Juan no dio una razón por la que no permanecieron. Es claro que sus razones para formar parte, al comienzo, fueron equivocadas. Hoy muchas personas son "cristianas" por menos que las mejores razones. Quizás ir a la iglesia sea una tradición familiar. A lo mejor gustan de los contactos sociales y de negocios que pueden desarrollar allí. O posiblemente el ir a la iglesia es un hábito de años, y nunca se detuvieron a preguntarse por qué lo hacían.
 ¿Cuál es tu razón fundamental para ser cristiano? A menos que sea una razón cristocéntrica, podrías en realidad no serlo. No debieras conformarte con menos de lo que es mejor. Tú puedes relacionarte con Cristo personalmente y llegar a ser un discípulo leal y confiable.
«Todos ellos no son de nosotros,» o, como podríamos decir mejor: «Ninguno de ellos es de nosotros.» Es decir: que, por muy simpáticos que se hicieran algunos de ellos, y por muy elevada que pareciera su enseñanza, sólo era conocimiento intelectual nada más, eran todos juntamente ajenos a la Iglesia.
Es posible que lo que la frase quiere decir sea que estos hombres habían salido de la Iglesia para dejar bien claro que  “no todos los que están en la Iglesia pertenecen a ella realmente.” "La membresía de la Iglesia no garantiza a nadie de que una persona pertenezca a Cristo y no al Anticristo.» «La membresía externa no es prueba de la unión interna.» Como Pablo había dicho: «Porque no todos los que son descendientes de Israel pertenecen a Israel» (Romanos 9:6). Un tiempo como el que había venido sobre el pueblo de Juan tenía su valor, porque cribaba lo falso de lo verdadero. . “Son como humores malos en el cuerpo de Cristo, la Iglesia: cuando se los expele, entonces el cuerpo queda aliviado: el cuerpo de Cristo está aún en tratamiento, y no ha alcanzado aún la perfecta salud que tendrá sólo en la resurrección.”
El apóstol exhorta a los cristianos a permanecer fieles en la comunión cristiana ante el gran peligro que les amenaza. Porque los anticristos ya están en el mundo. Son los herejes que se esfuerzan por apartar a los fieles de Cristo. La aparición de estos seductores y anticristos es señal de que la hora de la parusía está próxima. El tema de la proximidad de la parusía era una doctrina enseñada en toda la Iglesia primitiva .
Los anticristos de que habla el apóstol eran los falsos doctores, que antes habían pertenecido a la comunidad a la cual se dirige San Juan. Formaban parte de ella sólo exteriormente, porque no le pertenecían interiormente. No poseían su fe ni su espíritu. Eran falsos hermanos, lobos con piel de oveja  . Y la prueba de que no eran verdaderos cristianos está en que no han permanecido con nosotros. Su espíritu de hipocresía no era compatible con el Espíritu de verdad que mora en los cristianos. Como miembros muertos del Cuerpo místico de Cristo, se separaron del resto de los cristianos: De los nuestros han salido. Esta separación fue providencial, pues así la comunidad ha sido purificada, y ha desaparecido un peligro grave de contaminación.  
  Juan, al decir que no eran de los nuestros, no quiere significar que quien cae en el error o en el pecado no haya estado antes en la verdad o en la justicia. Lo que quiere decir es que ordinariamente los que caen en el error es que antes no se habían adherido sinceramente a la verdad de la fe salvadora. El cristiano auténtico entra tan de lleno y tan decididamente en la nueva luz divina de Cristo, que de ningún modo puede volverse atrás, contando siempre, naturalmente, con la ayuda eficaz de la gracia. Sin embargo, en el plan divino entra que la doctrina de Jesucristo sea motivo de separación entre los que la reciben y los que la rechazan. Y una tal separación pondrá de manifiesto la fidelidad de los verdaderos cristianos. Juan identifica otros anticristos, como los herejes (los «creyentes» falsos, divisionistas y destructivos) que abandonaron la Iglesia (1 Tesalonicenses 5:14-19).
Todo hombre que niega la Persona o alguno de los oficios de Cristo es anticristo; y al negar al Hijo, niega también al Padre, y no tiene parte en su favor porque rechaza su gran salvación. Que esta profecía la aparición de seductores en el mundo cristiano nos resguarde de ser seducidos. La Iglesia no sabe bien quiénes son sus miembros verdaderos, ni quienes no lo son, pero así se prueba a los verdaderos cristianos que se hacen más vigilantes y humildes. Los verdaderos cristianos son los ungidos, como su nombre lo expresa: son los ungidos por el Espíritu Santo con gracia, con dones y privilegios espirituales. Las mentiras más grandes y perjudiciales que difunde el padre de mentira en el mundo suelen ser falsedades y errores relativos a la persona de Cristo. Sólo la unción del Santo puede guardarnos de los engaños. Mientras juzgamos favorablemente a todos los que confían en Cristo como el Salvador Divino, y obedecen su palabra y procuran vivir unidos con ellos, tengamos lástima y oremos por los que niegan la deidad de Cristo o su expiación y la obra de nueva creación que hace el Espíritu Santo. Protestemos contra la doctrina anticristiana y guardémonos de ellos lo más que podamos.

Para ser cristiano es indispensable permanecer en "lo oído desde el principio”  y en la confesión adecuada de la fe. Jesús es el Cristo. Los que lo niegan son anti-cristos ; y su aparición es signo evidente de que estamos en el tiempo último, pues, según la concepción bíblico-cristiana, su presencia era predecesora del fin. La comunidad está ungida por el Santo, que es Jesucristo; y ella lo sabe; sabe que ha sido santificada por el don del Espíritu. Es la creencia esencial del cristianismo primitivo. El cristiano ha recibido el Espíritu.
Hay más falsos maestros y profetas hoy, que nosotros predicando verdad, y muchos prestan atención a sus doctrinas de demonios, niegan al Mesías, apostatan de la fe; estos son los que retroceden y después ya no tienen regreso Hebreos 6:4.

lunes, 14 de noviembre de 2016

LA OBRA Y LAS OBRAS DE LA GRACIA


Efesios 2; 1-7

1 Y a vosotros, que estabais muertos por vuestras culpas y pecados, 2 en los que a la sazón caminabais según el eón de este mundo, según el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que actúa ahora entre los hijos de la desobediencia... 3 Entre los cuales también nosotros todos vivíamos entonces según las concupiscencias de nuestra carne; cumplíamos los deseos de la carne y de los impulsos y éramos, por naturaleza, hijos de ira exactamente como los otros. 4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por el mucho amor con que nos amó, 5 y muertos como estábamos por nuestros pecados, nos ha vivificado con Cristo -por gracia habéis sido salvados-,6 y con Él nos resucitó, y con Él nos sentó en los lugares celestiales con Cristo Jesús 7 para mostrar en los siglos venideros la extraordinaria riqueza de su gracia por su bondad hacia nosotros en Cristo Jesús.

Según Pablo la humanidad se divide en dos grupos, por muy desiguales que sean en número y magnitud: judíos y gentiles. No se trata de un nacionalismo de vía estrecha, en el que hubiera caído el judío Pablo. Es Dios el que ve así a la humanidad, Dios para quien no cuenta el número y la masa. Por su elección especial y por el misterio de su misión este pequeño pueblo escogido por Dios sirve de contrapeso al mundo pagano, por innumerables que sean sus pueblos. Esta división fundamental sirve de base a Pablo para diferenciar a judíos y gentiles.

Pero, mientras en la carta a los Romanos, Pablo describe minuciosamente el estado de pecado entre gentiles y judíos, aquí se contenta con destacar en ambos el fundamento y la fuente de su antigua esclavitud respecto al pecado.
Pablo había empezado diciendo que nos encontrábamos en una condición de muerte espiritual en pecados y transgresiones; ahora dice que Dios, en Su amor y misericordia, nos ha dado la vida en Jesucristo. ¿Qué quiere decir exactamente con eso? Ya vimos que estaban implicadas tres cosas en estar muertos en pecados y transgresiones. Jesús tiene algo que hacer con cada una de estas cosas.
(i) Ya hemos visto que el pecado mata la inocencia. Ni siquiera Jesús puede devolverle a una persona la inocencia que ha perdido, porque ni siquiera Jesús puede atrasar el reloj; pero lo que sí puede hacer Jesús, y lo hace, es librarnos del sentimiento de culpabilidad que conlleva necesariamente la pérdida de la inocencia.
Lo primero que hace el pecado es producir un sentimiento de alejamiento de Dios. Cuando una persona se da cuenta de que ha pecado, se siente oprimida por un sentimiento de que no debe aventurarse a acercarse a Dios. Cuando Isaías tuvo la visión de Dios, su primera reacción fue decir: «¡Ay de mí, que estoy perdido! Porque soy un hombre de labios inmundos, y vivo entre personas que tienen los labios inmundos» Isaías 6:5). Y cuando Pedro se dio cuenta de Quién era Jesús, su primera reacción fue: «¡Apártate de mí, porque yo soy un hombre pecador, oh Señor!» (Lucas 5:8).
Jesús empieza por quitar ese sentimiento de alejamiento.
Él vino para decirnos que, estemos como estemos, tenemos la puerta abierta a la presencia de Dios. Supongamos que hubiera un hijo que hubiera hecho algo vergonzoso, y luego hubiera huido porque estaba seguro de que no tenía sentido volver a casa, porque la puerta estaría cerrada para él. Y entonces, supongamos que alguien le trae la noticia de que la puerta la tiene abierta, y le espera una bienvenida cálida en casa. ¡Qué diferentes haría las cosas esa noticia! Esa es la clase de noticia que nos ha traído Jesús. Él vino para quitar el sentimiento de alejamiento y de culpabilidad, diciéndonos que Dios nos quiere tal como somos.
(ii) Ya vimos que el pecado mata los ideales por los que viven las personas. Jesús despierta el ideal en el corazón humano. Cristo nos da la gloria.
 La gracia de Jesucristo enciende de nuevo los ideales que habían extinguido las caídas sucesivas en pecado. Y al encenderse de nuevo, la vida se convierte otra vez en una escalada.
(iii) Por encima de otras cosas, Jesucristo aviva y restaura la voluntad perdida. Ya vimos que el efecto mortífero del pecado es que destruía lento pero seguro la voluntad de la persona, y que la indulgencia que había empezado por un placer se había convertido en una necesidad. Jesús crea otra vez la voluntad.
Eso es de hecho lo que hace siempre el amor. El resultado de un gran amor es siempre purificador. Cuando uno se enamora de veras, el amor le impulsa a la bondad. Su amor al ser amado es tan fuerte que quebranta su antiguo amor al pecado.
Eso es lo que Cristo hace por nosotros. Cuando Le amamos a Él, ese amor recrea y restaura nuestra voluntad hacia la bondad.  
Los étnico cristianos estaban en otro tiempo al servicio de poderes enemigos de Dios. Eran, por decirlo así, ciudadanos pleno iure en el reino del príncipe de este mundo, instrumentos arbitrarios de su odio profundo hacia Dios, aspecto éste del pecado que, a pesar de olvidarse frecuentemente, merecería una reflexión muy seria.

Con un lenguaje, para nosotros desacostumbrado y condicionado por la época, se dice aquí de Satán que actúa en el eón de este mundo. La palabra «eón» tiene muchas significaciones: eternidad, época histórica, espacio histórico, espacio aéreo. Aquí hay que suponer una significación especial, que no podemos explicar con plena seguridad. Con esta palabra se indica algo que nosotros llamaríamos, de manera muy imperfecta, el espíritu del tiempo; pues en el concepto «eón» se contenía, para el mundo de los destinatarios de la carta, algo de eterno, personal e incluso divino. Cuando aquí se trata del eón del mundo o, más bien, del mundo como eón, no es el mundo como realidad visible, ni tampoco se insinúa una especial significación o perspectiva del universo. Es un uso, totalmente particular, de la palabra «mundo», considerado como un ser soberano por sí mismo, que se basta a sí mismo y que, por ello, prácticamente se enfrenta con Dios. «Eón de este mundo» quería, por tanto, decir: un poder satánico y antidivino que empuja a considerar al mundo como Dios y a adoptar ante él la actitud consiguiente.

Por debajo de Dios está realmente, como fuerza propiamente impulsora, Satán, «el príncipe de la potestad del aire». El aire (incluso el cielo), concebido como la zona inferior de la atmósfera, era considerado como la zona residencial de los malos espíritus. Esta situación «elevada» los coloca en una actitud superior, y, en su calidad de invisibles e inalcanzables, los hace doblemente peligrosos. Tienen un señor que manda sobre ellos. Es Satán. Podemos podar esta concepción del follaje mítico de la época, y nos encontramos ante una gran verdad: Dios tiene en Satán un adversario (aunque en plano inferior), y este adversario tiene poder en el mundo, y en la guerra entre Dios y Satán se trata precisamente de los hombres.

Todavía queda una tercera denominación: «del espíritu que actúa ahora entre los hijos de la desobediencia...» Es el mismo Satán, aunque no deja de ser extraño que, por las exigencias gramaticales, haya que igualarlo con el aire, de cuyo dominio se venía hablando. El príncipe de este mundo domina y define el aire, es decir, la atmósfera en que los hombres viven.

Esta atmósfera es su arma eficaz y peligrosa, y sabe muy bien servirse de ella. Es el aire, al que los «hijos de la rebelión» se entregan incondicionalmente. Es el aire, en el que la cristiandad de origen pagano tiene que vivir. Es esa atmósfera, con la que el «príncipe de este mundo» presenta al hombre la realidad como eón, como algo soberano que sólo obedece a su propio mecanismo de leyes y viene finalmente a reemplazar al mismo Dios. El hombre, que incurre en ello, se pone como fin y meta de su vida a este mundo satánico, así entendido. Introduce el pecado y el mal en su propio corazón, que llegan a tomar incremento y a poner un dique al primitivo impulso del hombre hacia el bien. Y así al final viene éste a convertirse en esclavo del príncipe de las tinieblas y cosecha la muerte («que estabais muertos por vuestras culpas y pecados»). Éste es el pasado tenebroso que los étnico cristianos no deberían olvidar; el oscuro subsuelo, sobre el que puede proyectarse la luz de la salvación con redoblada fuerza, fuente de una duradera y siempre renovada alegría y de un agradecimiento desbordante.
Otra vez vuelve el Apóstol a la raíz del pecado. Pero aquí, como se trata de los que antes eran judíos, no predomina la perspectiva del engaño seductor del mundo y de los poderes satánicos que se sirven de aquél. Pues el judío conoce los caminos de Dios, conoce su voluntad expresada en la ley. Más bien sucumbe a las fuerzas subsidiarias, que para el mundo y Satán representan las tendencias íntimas del hombre, y que aquí se llaman «las concupiscencias de nuestra carne».

Pero para Pablo el concepto «carne» tiene mayor extensión de lo que nosotros a primera vista entendemos, cuando hablamos de los pecados de la carne. Carne es para san Pablo todo el hombre, en cuanto que -abandonado a sus propias fuerzas-, como hijo y heredero del primer padre caído, «está inclinado al mal desde su juventud» (Génesis 6:5). ¿Dónde está la debilidad radical de este hombre? Sencillamente en que, por su propio natural, no es consciente de su absoluta e impensable dependencia de Dios. Y así tiene siempre la tentación de convertir al propio yo en medida, instrumento y meta de todo su pensar, su querer y su hacer. Por eso podemos definir la «carne» en sentido paulino como el egoísmo natural del hombre caído. Y siendo esta adhesión al yo la infraestructura de todo pecado, será bienvenido todo lo que nos pueda ayudar a buscar sólo a Dios y a Cristo y a servirlos en nuestra vida.

«...por naturaleza, hijos-de-ira» significa aquí claramente la imposibilidad natural de evitar el pecado y escapar a la ira de Dios con las solas fuerzas de la naturaleza caída. Y si, siguiendo más adelante, nos preguntamos cómo se ha llegado a este «estado natural», tendríamos que recurrir a la doctrina del pecado original. En una palabra, gentiles y judíos, toda la humanidad, están sin salvación bajo el dominio del pecado.

Pero ¿es correcta esta descripción? Prescindiendo de la María, ¿no nos da la Escritura testimonio de la vida de una Isabel, de un Zacarías, de un Juan Bautista? Y el mismo Pablo ¿no escribe sinceramente que, cuando era fariseo, vivía «irreprensible» en la observancia de la ley divina (Filipenses 3:6)? ¿Cómo considera ahora a todos las demás hijos de ira, que han vivido «según las concupiscencias de la carne»? La respuesta es ésta: aquí, como más expresamente en la carta a los Romanos, parece como si Pablo, para probar la universalidad del pecado humano, sacara un argumento de la experiencia y de la historia. Pero un «argumento» así no es naturalmente posible, y en el fondo Pablo no se demora mucho en ello. Él parte siempre de la revelación. Por ella sabe que sólo en Cristo Jesús está la salvación para todos. No hay ningún camino, fuera de él, que lleve a la salvación. Por eso concluye lógicamente: luego todos están necesitados de redención, luego «todos han pecado y están privados de la gloria de Dios». Esta es la verdad revelada que Pablo aquí -y mucho más en la carta a los Romanos- amplía retóricamente, al describir a todos como esclavos del pecado. Aquí, como muchas veces en la Sagrada Escritura, hay que distinguir entre la verdad que el escritor quiere expresar, y la manera como lo hace. Pablo ha señalado el fondo tenebroso. Esto lo hace adrede. Cree que es muy importante que a sus fieles les quede muy grabada en la conciencia su situación inicial, una situación humanamente sin perspectiva. Y es muy comprensible: sin conciencia de pecado no hay necesidad de salvación, sin necesidad de salvación no hay alegría de redención, sin alegría de redención no hay verdaderamente un alegre mensaje. Si con nuestra palabra y nuestra vida no traemos a los hombres alegría, paz, felicidad, le falta entonces a nuestro cristianismo y a nuestro mensaje fuerza de penetración. Esto explica por qué san Pablo insiste tanto en nuestra situación inicial, humanamente hablando, desesperada; y esto con razón tanto mayor cuanto que anteriormente ha hablado con entusiasmo de las vicisitudes del gran don que Dios nos ha hecho en Jesucristo.

La situación inicial de paganos y judíos ha quedado descrita: perdición sin remedio. Ahora viene el viraje repentino: «Pero Dios...»: sí, sólo él puede aquí ayudarnos y lo ha hecho realmente. Pero téngase en cuenta cómo cada palabra del Apóstol subraya el carácter marcadamente gratuito de esta intervención divina: «Dios, que es rico en misericordia», «por el mucho amor», «muertos como estábamos». No es ésta simplemente una muerte que consiste en la falta de vida; sino una muerte que consiste en la separación de Dios, en la enemistad con él. Es la misma idea expuesta en la carta a los Romanos: «Dios nos demuestra su amor en el hecho de que Cristo murió por nosotros cuando aún éramos pecadores... Cuando aún éramos sus enemigos, nos ha reconciliado por la muerte de su Hijo» (Rm 5; 8).

A decir verdad, en nosotros no había nada que pudiera «estimular» el amor de Dios. Pero así es precisamente el amor de Dios: no necesita, como el amor humano, el aliciente de la amabilidad del objeto. El amor de Dios crea la amabilidad de su objeto. Uno no es amado por Dios porque sea amable, sino que es amable porque es amado por Dios.

«Nos ha vivificado con Cristo». Al pronunciar estas palabras, de tal manera se apretujan en la mente de Pablo las impensables hazañas de Dios (encarnación, crucifixión, resurrección y el bautismo cristiano como participación de todo esto), que llega como a perder el hilo de su pensamiento. Tiene que interrumpirse (cosa en él frecuente), pero aquí con una llamada de atención incidental (cosa en él muy rara): lo que bulle en su interior pugna por salir fuera, y no puede menos que sacudir la atención de sus lectores, para empujarlos hacia el objetivo, en que para él descansa todo: «por gracia habéis sido salvados».

«Salvados». Hay que haberlo vivido. Hay que haber sido literalmente arrancado de una muerte segura, para comprender en la más íntima fibra del propio ser lo que significa «salvado», aun cuando no fuera más que en esta pobre y corta existencia terrena. Si queremos que la Palabra de Dios se convierta para nosotros en una vivencia, hemos de intentar bucear en la escuela de las experiencias de la vida, con las que los conceptos descarnados e incoloros adquirirán una nueva luz. Éste es el caso de la vivencia de la propia salvación. La vida está llena de parábolas, y Jesús con su lenguaje parabólico nos ha enseñado a valorar la vida de cada día a la luz del mensaje de Dios.

Esto por lo que se refiere a la expresión «salvados». Pero el énfasis particular de la llamada incidental del Apóstol no está ahí, sino en la expresión «por gracia». Esto es lo que preocupa a Pablo en primer plano. Es el pensamiento fundamental y orientador de su ya larga lucha por un Evangelio liberado de la ley.
Pablo cierra este pasaje con una gran exposición de aquella paradoja que siempre subyace en el corazón de esta visión del Evangelio. Esta paradoja tiene dos caras.
(i) Pablo insiste en que es por gracia como somos salvos. No hemos ganado la salvación ni la podríamos haber ganado de ninguna manera. Es una donación de Dios, y nosotros no tenemos que hacer más que aceptarla. El punto de vista de Pablo es innegablemente cierto. Y esto por dos razones.
(a) Dios es la suprema perfección; y por tanto, solo lo perfecto es suficientemente bueno para él. Los seres humanos, por naturaleza, no podemos añadir perfección a Dios; así que, si una persona ha de obtener el acceso a Dios, tendrá que ser siempre Dios el Que lo conceda, y la persona quien lo reciba.
(b) Dios es amor; el pecado es, por tanto, un crimen, no contra la ley, sino contra el amor. Ahora bien, es posible hacer reparación por haber quebrantado la ley, pero es imposible hacer reparación por haber quebrantado un corazón. Y el pecado no consiste tanto en quebrantar la ley de Dios como en quebrantar el corazón de Dios. Usemos una analogía cruda e imperfecta.
Supongamos que un conductor descuidado mata a un niño. Es detenido, juzgado, declarado culpable, sentenciado a la cárcel por un tiempo y/o a una multa. Después de pagar la multa y salir de la cárcel, por lo que respecta a la ley, es asunto concluido. Pero es muy diferente en relación con la madre del niño que mató. Nunca podrá hacer compensación ante ella pasando un tiempo en la cárcel y pagando una multa. Lo único que podría restaurar su relación con ella sería un perdón gratuito por parte de ella.
Así es como nos encontramos en relación con Dios. No es contra las leyes de Dios solo contra lo que hemos pecado, sino contra Su corazón. Y por tanto solo un acto de perdón gratuito de la gracia de Dios puede devolvernos a la debida relación con 11.
(ii) Esto quiere decir que las obras no tienen nada que ver con ganar la salvación. No es correcto ni posible apartarse de la enseñanza de Pablo aquí -y sin embargo es aquí donde se apartan algunos a menudo. Pablo pasa a decir que somos creados de nuevo por Dios para buenas obras. Aquí tenemos la paradoja paulina. Todas las buenas obras del mundo no pueden restaurar nuestra relación con Dios; pero algo muy serio le pasaría al cristiano si no produjera buenas obras.
No hay nada misterioso en esto. Se trata sencillamente de una ley inevitable del amor. Si alguien nos ama de veras, sabemos que no merecemos ni podemos merecer ese amor. Pero al mismo tiempo tenemos la profunda convicción de que debemos hacer todo lo posible para ser dignos de ese amor.
Así sucede en nuestra relación con Dios. Las buenas obras no pueden ganarnos nunca la salvación; pero habría algo que no funcionaría como es debido en nuestro cristianismo si la salvación no se manifestara en buenas obras.
Como decía Lutero, recibimos la salvación por la fe sin aportar obras; pero la fe que salva va siempre seguida de obras. No es que nuestras buenas obras dejen a Dios en deuda con nosotros, y Le obliguen a concedernos la salvación; la verdad es más bien que el amor de Dios nos mueve a tratar de corresponder toda nuestra vida a ese amor esforzándonos por ser dignos de él.
Sabemos lo que Dios quiere que hagamos; nos ha preparado de antemano la clase de vida que quiere que vivamos, y nos lo ha dicho en Su Libro y por medio de Su Hijo. Nosotros no podemos ganarnos el amor de Dios; pero podemos y debemos mostrarle que Le estamos sinceramente agradecidos, tratando de todo corazón de vivir la clase de vida que produzca gozo al corazón de Dios.

«...y con Él nos resucitó y con Él nos sentó en los lugares celestiales, en Cristo Jesús». Podíamos parafrasear este versículo d este modo: “Seremos resucitados juntamente con Cristo a una vida en la nueva creación, y podemos hablar de eso como si fuera algo ya logrado porque, primero, el hecho decisivo de la resurrección del Hombre representativo, Jesús, ya sucedió, y segundo, ya comenzamos a participar de algunos aspectos de esa vida en la nueva creación en nuestra actual unión con él.”
 Tres «nos» que encontramos en los versículos 5 y 6 señalan nuestra unión con Cristo: 1) en su resurrección; 2) en su ascensión; y 3) en su papel actual a la diestra de Dios. Desde este lugar de compañerismo,Él nos concede que participemos en las obras del poder de su reino.
Debido a la resurrección de Cristo, sabemos que nuestros cuerpos también resucitarán (1Co 15:2-23) y que ya se nos ha dado el poder para vivir ahora la vida cristiana (1Co 1:19). Estas ideas se hallan combinadas en la imagen de Pablo cuando habla de estar sentado con Cristo en "lugares celestiales" . Nuestra vida eterna con Cristo es cierta, porque estamos unidos en su poderosa victoria.
 He aquí una audaz e inaudita visión de la realidad cristiana, de la que hemos tenido ya ocasión de hablar. Nuestra cabeza está elevada sobre todos los cielos a la derecha del Padre, nuestra cabeza, cuyos miembros somos nosotros y que con ella formamos un cuerpo, aún más un hombre (Gálatas 3:28). En ella también hemos sido glorificados. Hay algo que nos separa de esta realidad fundamental, siendo así que nuestra efectiva participación en la gloria de Dios es todavía una mera esperanza; pero tenemos la garantía del Espíritu Santo, poseído ya por nosotros, y que es la «prenda de nuestra herencia». Esto, para la fe de Pablo, quiere decir ser cristiano.
Pablo alude tres veces a esta idea: el último objetivo de la actuación de Dios no puede reposar en el hombre, sino que es «alabanza de la gloria de su gracia». Igualmente aquí en toda misericordia, en todo amor, el último objetivo sólo puede ser la gloria de Dios. Durante toda la eternidad se reconocerá y glorificará, con admiración siempre nueva, la inconmensurabilidad de su gracia, manifestada en la bondad que nos ha mostrado «en el Amado».


¡Maranatha!