} EL CAMINO: LA SALVACIÓN ES POR FE EN JESUCRISTO

jueves, 31 de julio de 2014

JUAN CAPÍTULO 6




Juan narra el milagro de alimentar a la multitud para referirse al sermón que sigue. Obsérvese el efecto de este milagro sobre la gente. Hasta los judíos comunes esperaban que el Mesías viniera al mundo y fuese un gran Profeta. Los fariseos los despreciaban por no conocer la ley, pero ellos sabían más de Aquél que es el fin de la ley. Sin embargo, los hombres pueden admitir que Cristo es ese Profeta y aún hacer oídos sordos.
Aquí estaban los discípulos de Cristo en el camino del deber, y Cristo ora por ellos; no obstante, están afligidos. Puede haber peligros y aflicciones de este tiempo presente donde hay interés en Cristo. Las nubes y las tinieblas suelen rodear a los hijos de la luz y del día para tratar de impedir que los cristianos pongamos nuestros ojos en Jesús.
Ven a Jesús caminando sobre el mar. Aun cuando se acercan el consuelo y la liberación suelen entenderlo tan mal que se convierten en ocasión para temer. Nada es más fuerte para convencer a pecadores que la palabra: “Yo soy Jesús, al que persigues”; nada más fuerte para consolar a los santos que esto: “Yo soy Jesús al que amas”. Si hemos recibido a Cristo Jesús, el Señor, aunque la noche sea oscura y el viento fuerte, aún así, podemos consolarnos que estaremos en la orilla antes que pase mucho tiempo.
En vez de responder a la pregunta de cómo llegó allí, Jesús los reprende por preguntar.

La mayor seriedad debiera emplearse para buscar la salvación en el uso de los medios señalados, pero debe buscarse solamente como don del Hijo del hombre. Al que el Padre ha sellado, le prueba que es de Dios. Él declara que el Hijo del hombre es el Hijo del Dios con poder.
El ejercicio constante de la fe en Cristo es la parte más importante y difícil de la obediencia exigida de nosotros, en cuanto a pecadores que buscan salvación. Cuando somos capacitados por su gracia para llevar una vida de fe en el Hijo de Dios, siguen los temperamentos santos y pueden hacerse gracias aceptables.
Dios, su propio Padre, que dio ese alimento del cielo a sus antepasados para sustentar su vida natural, ahora les dio el Pan verdadero para la salvación de sus almas.
Ir a Jesús y creer en Él significa lo mismo. Cristo muestra que Él es el Pan verdadero; es para el alma lo que el pan es para el cuerpo, nutre y sustenta la vida espiritual. Es el Pan de Dios. El pan que da el Padre, es el que ha hecho para alimento de nuestras almas. El pan nutre sólo por los poderes del cuerpo vivo, pero Cristo mismo es el Pan vivo y nutre por su propio poder. La doctrina de Cristo crucificado es ahora tan fortalecedora y consoladora para el creyente como siempre lo ha sido. Él es el Pan que vino del cielo. Denota la divinidad de la persona de Cristo y su autoridad; además, el origen divino de todo lo bueno que nos viene por medio de Él. Digamos, con inteligencia y fervor, Señor, danos siempre este Pan.

 El descubrimiento de la culpa, peligro y remedio para ellos, por medio de la enseñanza del Espíritu Santo, hace que los hombres se dispongan y alegren de ir, y rindan todo lo que impide ir a Él en busca de salvación. La voluntad del Padre es que ninguno de los que fueron dados al Hijo, sea rechazado o perdido por Él. Nadie irá hasta que la gracia divina lo someta y, en parte, cambie su corazón; por tanto, nadie que acuda será echado fuera. El evangelio no halla a nadie dispuesto a ser salvado en la forma santa y humillante que aquí se da a conocer, pero Dios atrae con su palabra y el Espíritu Santo y el deber del hombre es oír y aprender, es decir, recibir la gracia ofrecida y responder a la promesa.
Nadie ha visto al Padre sino su amado Hijo y los judíos deben esperar ser enseñados por su poder interior ejercido sobre su mente, y por su palabra y los ministros que les mande.

 La ventaja del maná era poca, sólo servía para esta vida; pero el Pan de vida es tan excelente que el hombre que se alimenta de él, nunca morirá. Este pan es la naturaleza humana de Cristo que tomó para presentar al Padre como sacrificio por los pecados del mundo; para adquirir todas las cosas correspondientes a la vida y la piedad, para que se arrepientan y crean en Él los pecadores de toda nación.

 La carne y la sangre del Hijo del hombre muestran al Redentor en su naturaleza humana; Cristo, y Él crucificado, y la redención obrada por Él, con todos los beneficios preciosos de la redención: el perdón de pecado, la aceptación de Dios, el camino al trono de la gracia, las promesas del pacto, y la vida eterna. Se les llama carne y sangre de Cristo, porque fueron comprados debido a que su cuerpo fue partido y su sangre, derramada. Además, porque son comida y bebida para nuestra alma. Comer esta carne y beber esta sangre significa creer en Cristo. Participamos de Cristo y sus beneficios por fe. El alma que conoce correctamente su estado y su necesidad, encuentra en el Redentor, en Dios manifestado en carne, todas las cosas que pueden calmar la conciencia y fomentar la santidad verdadera. Meditar en la cruz de Cristo da vida a nuestro arrepentimiento, amor y gratitud. Vivimos por Él así como nuestros cuerpos viven por la comida. Vivimos por Él como las extremidades dependen de la cabeza, las ramas de la raíz: porque Él vive nosotros también viviremos.

 La naturaleza humana de Cristo no había estado antes en el cielo, pero, siendo Dios y hombre, se dice verazmente que esa maravillosa Persona descendió del cielo. El reino del Mesías no era de este mundo; ellos tenían que entender por fe lo que dijo de un vivir espiritual en Él y en su plenitud. Como sin el alma del hombre la carne no vale, así mismo sin el Espíritu de Dios que vivifica, todas las formas de religión son muertas y nulas. El que hizo esta provisión para nuestras almas es el único que puede enseñarnos estas cosas y atraernos a Cristo para que vivamos por fe en Él. Acudamos a Cristo, agradecidos que se haya declarado que todo aquel que quiera ir a Él será recibido.

Cuando admitimos en nuestra mente duros pensamientos acerca de las palabras y obras de Jesús, entramos en la tentación de modo que, si el Señor no lo evitara en su misericordia, terminaríamos retrocediendo. El corazón corrupto y malo del hombre hace que lo que es materia del mayor consuelo sea una ocasión de ofensa. Nuestro Señor había prometido vida eterna a Sus seguidores en el sermón anterior; los discípulos se adhirieron a esa palabra sencilla y resolvieron aferrarse a Él, cuando los demás se adhirieron a las palabras duras y lo abandonaron.

La doctrina de Cristo es la palabra de vida eterna, por tanto, debemos vivir y morir por ella. Si abandonamos a Cristo, abandonamos nuestras propias misericordias.

Ellos creyeron que este Jesús era el Mesías prometido a sus padres, el Hijo del Dios vivo. Cuando estamos tentados a descarriarnos, bueno es que recordemos los principios antiguos y nos mantengamos en ellos.

Recordemos siempre la pregunta de nuestro Señor: ¿Nos alejaremos y abandonaremos a nuestro Redentor? ¿A quién podemos acudir?
Él solo puede dar salvación por el perdón de pecados. Esto solo da confianza, consuelo y gozo y hace que el temor y el abatimiento huyan. Gana la única dicha firme en este mundo y abre el camino a la dicha del próximo.

JUAN CAPÍTULO 7 (II)




La Fiesta de los Tabernáculos se narra en Levítico 23:34 Habla a los hijos de Israel y diles: A los quince días de este mes séptimo será la fiesta solemne de los tabernáculos a Jehová por siete días. Este hecho tenía lugar en octubre, alrededor de seis meses después de la celebración de la Pascua. La fiesta conmemoraba los días en que los israelitas peregrinaban por el desierto y vivían en tiendas.
Enramadas: Esta fiesta la celebraban los israelitas al término de la cosecha. Construían chozas con ramas, para recordar la vida de los antepasados en el desierto, después de la salida de Egipto. Durante esta fiesta, cada día se llevaba agua desde el estanque de Siloé hasta el templo. Un coro repetía Isaías 12:3-5  Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación.  Y diréis en aquel día: Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido.
Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra..., y luego el sacerdote vertía el agua en tierra.

A los hermanos de Jesús les resultaba difícil creer en El. A la larga, algunos de estos hermanos llegarían a convertirse en líderes de la iglesia (Santiago, por ejemplo), pero durante varios años se avergonzaron de Jesús. Después de la muerte y resurrección de Jesús, por fin creyeron.
Hoy en día tenemos toda razón de creer porque contamos con la narración completa de los milagros, la muerte y la resurrección de Jesús. También contamos con la evidencia de lo que el evangelio ha obrado en la vida de las personas a través de los siglos. No perdamos esta oportunidad de creer en el Hijo de Dios.

Como el mundo odiaba a Jesús, quienes lo seguimos podemos esperar que la gente también nos odie. Si las circunstancias marchan demasiado bien, preguntémonos si seguimos a Cristo como debiéramos. Podemos estar agradecidos cuando la vida transcurre sin dificultad, pero debemos asegurarnos de que no sea a costa de seguir a Cristo a medias o de no seguirlo.
Así hoy, en muchos lugares del planeta, nuestros hermanos en la fe de Cristo son perseguidos y ejecutados.  Es terrible lo que está aconteciendo. Ayer sin ir más lejos el ISIS, ese estado islámico que quiere expandirse y volver al siglo VII, ha publicado un video que al parecer es estremecedor. Todo es licito verlo, pero no todo conviene ser visto pues lo que entra por los ojos, queda en el cerebro y como conozco el resultado de ver ciertas cosas, mejor evito se cuelen ciertas cosas que no son edificantes para el espíritu. El príncipe de este mundo, está dando sus coletazos y apretando el acelerador del terror contra todo lo que represente la fe en Jesucristo, los seguidores del Evangelio de Jesús y los que hemos nacido de nuevo por la fe en Jesucristo en todo el mundo. Aun vendrán tiempos peores, la Palabra de Dios en la Biblia así nos lo hace saber. Por eso debemos, ahora que podemos, dedicar todo el tiempo posible a conocer con mayor profundidad todas las enseñanzas que se encierran en la Palabra, para apartarnos de los falsos profetas y sus falsas enseñanzas. Insisto, es de vital importancia conocer el Verdadero Evangelio de Jesús para con la ayuda del Espíritu Santo fortalecer nuestro carácter, abrir el entendimiento para adquirir la Sabiduría que procede de Dios Padre, que da sobremanera a quienes la buscan.

Jesús vino con el regalo más grande ofrecido jamás, el perdón de los pecados a todos los que creen en Él
Los líderes religiosos lo odiaban y muchos rechazaban su regalo de salvación no importaba lo que dijera o hiciera. Cuanto más enseñaba y obraba Jesús en público, más problemas causaban dichos líderes a Jesús y a sus seguidores. De modo que era necesario que Jesús enseñase y obrase con la mayor discreción posible. Muchas personas hoy en día cuentan con el privilegio de enseñar, predicar y adorar públicamente enfrentándose a muy poca persecución. Estos creyentes debieran estar agradecidos y aprovechar al máximo sus oportunidades de proclamar el evangelio. Es un privilegio inmerecido, que Dios da a aquellos que Él en Su Soberanía decide.

Los líderes religiosos tenían gran influencia sobre la gente común. Al parecer no pudieron hacerle gran cosa a Jesús durante este tiempo, pero amenazaban a cualquiera que pudiera apoyarlo públicamente. La expulsión de la sinagoga era una de las represalias por creer en Cristo. Para un judío, esto constituía un castigo severo.

¡Todos hablaban de Jesús! Pero cuando llegó el momento de hablar a su favor en público, callaron. Tuvieron temor. El temor puede ahogar nuestro testimonio. Aunque muchos hablan de Cristo en la iglesia, cuando llega el momento de hacer una declaración pública de fe, a menudo sienten vergüenza. Jesús dice que nos reconocerá delante de Dios si lo reconocemos delante de los hombres (Mat_10:32 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos). ¡Tengamos valor! ¡Hablemos de Cristo!

Los que procuramos conocer la voluntad de Dios y cumplirla sabemos de forma intuitiva que Jesús dijo la verdad. ¿Hemos escuchado alguna vez a oradores religiosos y nos hemos  preguntado si decían la verdad? Debemos probarlos: (1) sus palabras deben estar de acuerdo con la Biblia, no contradecirla; (2) sus palabras deben señalar a Dios y a su voluntad, no a ellos mismos.

Los fariseos pasaban sus días tratando de alcanzar la santidad mediante la observación de las reglas meticulosas que habían agregado a la Ley de Dios. Todo de forma externa, para ser vistos y admirados. La acusación de Jesús de que no guardaban la Ley de Moisés los hirió profundamente. A pesar del pomposo orgullo propio y del que sentían por sus reglas, ni siquiera llegaban a cumplir con su religión legalista, pues vivían muy por debajo de lo que requería la Ley de Moisés. El homicidio sin duda iba en contra de la Ley. Los seguidores de Jesús debemos hacer más de lo que demanda la ley moral y esto no se logra con añadiduras a sus requisitos, sino yendo por encima y por debajo de los simples permisos y prohibiciones de la ley para llegar al espíritu de la misma.


A Jesús lo llamaron bueno, engañador, endemoniado, el Cristo  y el profeta. Debemos determinar en nuestras mentes quién era Jesús, sabiendo que cualquier cosa que decidamos tendrá consecuencias eternas.

Una tradición popular decía que el Mesías sencillamente aparecería. Pero los que creían esta tradición pasaban por alto las Escrituras que anunciaban con claridad el lugar de nacimiento del Mesías (Miqueas_5:2 Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad).

Las palabras de Jesús, "Venga a mí y beba", hacían alusión al tema de muchos pasajes bíblicos que hablan acerca de las bendiciones generadoras de vida del Mesías (Isaias_12:2-3 He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí.
Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación; Isaias_44:3-4 Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos; y brotarán entre hierba, como sauces junto a las riberas de las aguas.
; Isaias_58:11 Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan). Al prometer dar el Espíritu Santo a todo el que creyese, Jesús declaraba ser el Mesías, ya que eso era algo que solo el Mesías podía hacer.

Jesús usó la expresión agua viva en  para referirse a la vida eterna. Aquí utiliza la expresión para referirse al Espíritu Santo. Los dos van juntos: dondequiera que se acepte el Espíritu Santo, trae vida eterna. El Espíritu Santo dio poder a los seguidores de Jesús en Pentecostés  y desde entonces ha estado al alcance de todos los que aceptan a Jesús como Salvador.

La multitud hacía preguntas acerca de Jesús. Algunos creían, otros eran hostiles y otros lo descalificaban como Mesías porque era de Nazaret, no de Belén. Pero El nació en Belén, aunque creció en Nazaret. Si hubiesen prestado más atención, no habrían arribado a conclusiones erróneas. Cuando busquemos la verdad de Dios, asegurémonos de escudriñar la Biblia con atención y reflexión conservando abierto el corazón. No lleguemos a conclusiones antes de informarnos bien de lo que dice la Biblia.

Aunque los romanos gobernaban Palestina, daban autoridad a los líderes religiosos judíos en los casos de asuntos civiles y religiosos de menor cuantía. Los líderes religiosos supervisaban a sus propios alguaciles y los investían de poder para arrestar a cualquiera que provocase un disturbio o quebrantase cualquiera de sus leyes ceremoniales. Como dichos líderes desarrollaron cientos de leyes triviales, resultaba casi imposible que cualquiera, incluso ellos mismos, escapase de quebrantar, pasar por alto o al menos desconocer alguna en un momento dado. Pero estos alguaciles no podían encontrar justificación para arrestar a Jesús. Y al escucharlo con la intención de descubrir alguna evidencia, no pudieron evitar escuchar las maravillosas palabras que decía.

Los líderes judíos se veían como un grupo selecto que era el único poseedor de la verdad, y rechazaban la verdad en cuanto a Cristo porque no había partido de ellos. Es fácil pensar que somos dueños de la verdad y que los que no están de acuerdo con nosotros están totalmente equivocados. Pero la verdad de Dios está al alcance de todos. No copiemos la actitud egoísta y estrecha de los fariseos.

miércoles, 30 de julio de 2014

JUAN CAPÍTULO 7




 Los hermanos o parientes de Jesús se disgustaron cuando se dieron cuenta que no tenían posibilidades de lograr ventajas mundanales con Él.
Los hombres impíos se ponen, a veces, a aconsejar a los ocupados en la obra de Dios, pero sólo aconsejan lo que parezca probable para fomentar ventajas en este mundo.
La gente discrepó acerca de su doctrina y de sus milagros, mientras los que le favorecían no se atrevieron a reconocer abiertamente sus sentimientos. Los que consideran que los predicadores del evangelio son estafadores, dicen lo que piensan, mientras muchos que los favorecen, temen que les reprochen por reconocer que los consideran buenos.


 Todo ministro fiel puede adoptar humildemente las palabras de Cristo. Su doctrina no es de su propia invención, pero es de la Palabra de Dios por medio de la enseñanza de su Espíritu.
Y en medio de las disputas que perturban al mundo, si un hombre de cualquier nación procura hacer la voluntad de Dios, sabrá si la doctrina es de Dios o si los hombres hablan de sí mismos. Sólo los que odian la verdad serán entregados a errores que les serán fatales. Jesús les dijo que decidieran sobre su conducta según la importancia espiritual de la ley divina. No debemos juzgar a nadie por su aspecto externo, sino por su valor y por los dones y la gracia del Espíritu de Dios en él.

 Cristo proclamó en voz alta que estaban equivocados en lo que pensaban sobre su origen. Fue enviado por Dios, quien se demostró fiel a sus promesas. Esta declaración, de que ellos no conocían a Dios, con su pretensión de tener un conocimiento peculiar, provocó a los oyentes; y procuraron detenerlo, pero Dios puede atar las manos de los hombres aunque no convierta sus corazones.
 Los sermones de Jesús convencieron a muchos de que Él era el Mesías, pero no tenían el valor de reconocerlo. Consuelo para los que están en este mundo, pero que no son de este mundo, y por tanto, son odiados y están cansados de él, es que no estarán para siempre en el mundo. Bueno es que nuestros días sean pocos por ser malos. Los días de vida y de gracia no duran mucho y cuando los pecadores estén en desgracia, se alegrarán de la ayuda que ahora desprecian.
  Si cualquiera desea ser feliz verdaderamente para siempre, que venga a Cristo y sométase a Él.
La sed significa el fuerte deseo de bendiciones espirituales, que ninguna otra cosa puede satisfacer así, pues, las influencias santificadoras y consoladoras del Espíritu Santo están representadas por las aguas, a las cuales Jesús invita que vayan y beban. El consuelo fluye abundante y constante como un río, fuerte como un torrente para derribar la oposición de las dudas y los temores. Hay en Cristo una plenitud de gracia sobre gracia. El Espíritu que habita y obra en los creyentes es como fuente de agua viva, corriente de la cual fluyen arroyos abundantes, que refrescan y limpian como el agua. No esperemos los dones milagrosos del Espíritu Santo, pero podemos solicitar sus influencias más corrientes y más valiosas. Estos arroyos han fluido desde nuestro Redentor glorificado hasta esta fecha, y hasta los rincones más remotos de la tierra. Deseemos darlos a conocer al prójimo.


 La maldad de los enemigos de Cristo siempre es irracional y, a veces, no se puede contar con que sea refrenada. Nunca un hombre habló con su sabiduría, poder, y gracia, esa claridad convincente y dulzura, con que hablaba Cristo. ¡Ay, muchos de los que estuvieron por un tiempo refrenados y que hablaron bien de la palabra de Jesús, perdieron rápidamente sus convicciones y siguieron en sus pecados! La gente es neciamente motivada en materias de peso eterno por motivos externos, estando dispuestos hasta ser condenados por amor a la moda. Como la sabiduría de Dios escoge frecuentemente cosas que los hombres desprecian, así la necedad de los hombres desprecia corrientemente a quienes Dios ha elegido. El Señor saca adelante a sus discípulos tímidos y débiles, y a veces los usa para derrotar los designios de sus enemigos.

JUAN CAPÍTULO 8 (II)




Los líderes judíos menospreciaron la Ley al arrestar solo a la mujer. La Ley exigía que se apedrearan ambas personas involucradas en el adulterio (Levitico_20:10 Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos; y en  Deuteronomio_22:22 Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada con marido, ambos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer también; así quitarás el mal de Israel.). Los líderes usaron a la mujer como una trampa para hacer caer a Jesús. Si decía que no debía apedrearse a la mujer, lo acusarían de violar la Ley de Moisés. Si los instaba a ejecutarla, lo acusarían frente a los romanos, que no permitían a los judíos llevar a cabo sus propias ejecuciones.

Como Jesús ratificó el castigo aplicable al adulterio, no fue posible acusarlo de estar en contra de la Ley. Pero al decir que solo quien estuviese libre de pecado podía arrojar la primera piedra, destacó la importancia de la compasión y el perdón.
Cuando se descubre a otros en pecado, ¿somos rápidos para emitir un juicio? Hacerlo equivale a actuar como si nunca hubiésemos pecado. Es Dios el que debe juzgar, no nosotros. A nosotros nos toca mostrar perdón y compasión.

No queda claro si Jesús al escribir en tierra sencillamente hacía caso omiso de los acusadores o si hacía una lista de los pecados o escribía los Diez Mandamientos.

Cuando Jesús dijo que solo quien no hubiera pecado podía arrojar la primera piedra, los líderes se alejaron en silencio, desde los más viejos hasta los más jóvenes. Era evidente que los hombres más adultos tenían mayor conciencia de sus pecados que los más jóvenes. La edad y la experiencia a menudo moderan la actitud de creerse muy justo típica de la juventud.
Pero sea cual sea nuestra  edad, echemos  una sincera mirada a nuestra vida. Reconozcamos nuestra naturaleza pecaminosa y busquemos maneras de ayudar a otros en lugar de lastimarlos.

Jesús no condenó a la mujer acusada de adulterio, pero tampoco pasó por alto su pecado. Le dijo que abandonase su vida de pecado. Jesús está dispuesto a perdonar cualquier pecado que haya en nuestra vida, pero la confesión y el arrepentimiento implican un cambio de corazón. Con la ayuda de Dios podemos aceptar el perdón de Cristo y poner fin a nuestras malas obras.

Jesús hablaba en el lugar del templo donde se ponían las ofrendas   donde se encendían lámparas que simbolizaban la columna de fuego que guió al pueblo de Israel por el desierto (Éxodo _13:21-22 Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche.
Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.)
En este contexto, Jesús dijo ser la luz del mundo. La columna de fuego representaba la presencia, la protección y la dirección de Dios. Jesús trae la presencia, la protección y la guía de Dios. ¿Es El la luz de nuestro mundo?

¿Qué significa seguir a Cristo? Así como un soldado sigue a su capitán, nosotros debemos seguir a Cristo, nuestro Capitán. Como un esclavo sigue a su amo, nosotros debemos seguir a Cristo, nuestro Señor. De la misma manera que seguimos la sugerencia de un consejero de confianza, debemos seguir los mandatos que nos da Jesús en las Escrituras. Del mismo modo que obedecemos las leyes de nuestra nación, debemos obedecer las leyes del reino de los cielos.

Los fariseos pensaban que Jesús era un lunático o un mentiroso. Jesús les ofreció una tercera alternativa: que les decía la verdad. Como la mayoría de los fariseos se negó a considerar la tercera alternativa, nunca lo reconocieron como Mesías y Señor. Si nosotros buscamos saber quién es Jesús, no cerremos ninguna puerta antes de mirar sinceramente lo que hay detrás de ella. Únicamente con una mente abierta podremos conocer la verdad de que Él es Mesías y Señor.

Los fariseos argumentaban que lo que declaraba Jesús no tenía validez legal porque no contaba con otros testigos. Jesús respondió que el testigo que lo confirmaba era Dios mismo. Jesús y el Padre sumaban dos testigos, el número requerido por la Ley (Deuteronomio_19:15 No se tomará en cuenta a un solo testigo contra ninguno en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquiera ofensa cometida. Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación).

El tesoro del templo se ubicaba en el atrio de las mujeres. Allí se colocaban trece arcas o urnas para recibir el dinero de las ofrendas. Siete de ellas eran para el impuesto del templo; las otras seis eran para ofrendas voluntarias. En otra ocasión, una viuda colocó su dinero en una de estas arcas y Jesús enseñó una profunda lección a partir de esa acción (Lucas_21:1-4   Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos.
Porque todos aquéllos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía.).

La gente morirá en sus pecados si rechazan a Cristo, porque desprecian el único camino que los rescata del pecado.
Es lamentable, pero muchos están tan atrapados por los valores de este mundo que quedan ciegos ante el regalo de incalculable valor que ofrece Cristo. ¿Hacia dónde miramos nosotros? No concentremos nuestra  atención en los valores de este mundo perdiendo así lo que es de más valor: la vida eterna con Dios.

Jesús mismo es la verdad que nos liberta. Es la fuente de la verdad, la norma perfecta de lo que es bueno. Nos liberta de las consecuencias del pecado, del autoengaño y del engaño de Satanás. Nos muestra claramente el camino a la vida eterna con Dios. Jesús no nos da libertad de hacer lo que queramos, sino libertad para seguir a Dios. Al procurar servir a Dios, la verdad perfecta de Jesús nos liberta para que seamos todo lo que Dios quiso que fuésemos.

El pecado busca la manera de esclavizarnos, controlarnos, dominarnos y dictar nuestros actos. Jesús puede liberarnos de esa esclavitud que nos impide ser la persona que Dios tuvo en mente al crearnos. Si el pecado  nos limita, nos domina o nos esclaviza, Jesús puede destruir el poder que el pecado tiene sobre nuestra vida.

Jesús hace distinción entre los hijos de la carne y los hijos legítimos. Los líderes religiosos descendían del patriarca Abraham (fundador de la nación judía) y por lo tanto afirmaban ser hijos de Dios. Pero sus acciones demostraban que eran verdaderos hijos de Satanás, porque vivían bajo la dirección de este. Los verdaderos hijos de Abraham (fieles seguidores de Dios) no se comportaban como ellos lo hacían. Ni el hecho de ser miembro de una iglesia ni las relaciones familiares, ni haber nacido en el seno de una familia evangélica nos hacen un verdadero hijo de Dios. Ser hijos de Dios no se hereda.

Los líderes religiosos no eran capaces de entender porque no querían escuchar. Satanás utilizó su obstinación, su orgullo y sus prejuicios para impedirles que creyesen en Jesús.

Las actitudes y acciones de estos líderes claramente los identifica como seguidores de Satanás. Es posible que no hayan tenido conciencia de esto, pero su desprecio por la verdad, sus mentiras y sus intenciones homicidas indicaban cuánto control tenía el diablo sobre ellos. Eran sus herramientas para llevar a cabo sus planes; hablaban el mismo idioma de mentiras. Satanás sigue usando a las personas para obstruir la obra de Dios (Romanos_5:12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron).

Nadie podía acusar a Jesús de pecado alguno. La gente que lo odiaba y deseaba verlo muerto escudriñó su comportamiento, pero no pudo hallar nada malo. Por su vida libre de pecado, Jesús probó que era Dios encarnado. Él es el único ejemplo perfecto que podemos seguir.

En varios lugares Jesús desafió con toda intención a sus oyentes a ponerlo a prueba. Aceptaba gustoso a los que deseaban cuestionar sus declaraciones y su carácter, siempre y cuando tuviesen disposición de obrar en base a lo que descubrían. El desafío de Jesús sacaba a la luz las dos razones más frecuentes que las personas pasan por alto cuando se encuentran con El: (1) nunca aceptan su desafío de ponerlo a prueba, o (2) lo ponen a prueba pero no están dispuestos a creer lo que descubren. ¿Hemos cometido nosotros alguno de estos dos errores?

Guardar la palabra de Jesús significa escuchar sus palabras y obedecerlas. Cuando Jesús dice que el que la guarda no morirá, se refiere a la muerte espiritual, no a la física. Sin embargo, incluso la muerte física al final se vencerá. Los que seguimos a Cristo resucitaremos para vivir eternamente con Él.

Dios prometió a Abraham, el padre de la nación judía, que todas las naciones serían benditas por él.  Abraham pudo verlo mediante los ojos de la fe. Jesús, un descendiente de Abraham, bendijo a todas las personas a través de su muerte, resurrección y oferta de salvación.

Cuando dijo que existía desde antes del nacimiento de Abraham, sin duda proclamaba su divinidad. No solo dijo que existía desde antes de Abraham, también adoptó el nombre santo de Dios (Yo soy). Esta declaración exige una respuesta. No puede pasarse por alto. Los líderes judíos trataron de apedrearlo por blasfemia porque declaraba ser igual a Dios. Pero Jesús es Dios. ¿Cómo hemos respondido a Jesús, el Hijo de Dios?

En obediencia a la Ley (Levítico_24:16 Y el que blasfemare el nombre de Jehová, ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará; así el extranjero como el natural, si blasfemare el Nombre, que muera), los líderes religiosos estaban dispuestos a apedrear a Jesús por declarar que era Dios. Entendían a la perfección lo que Jesús declaraba y, como no creían que fuese Dios, lo acusaron de blasfemia. ¡Lo irónico es que los verdaderos blasfemos eran ellos, ya que maldecían y atacaban al mismo Dios que declaraban servir!