sábado, 27 de marzo de 2021

SOMOS LENTOS EN COMPRENDER


Mar 8:11  Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle.

Mar 8:12  Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación.

Mar 8:13  Y dejándolos, volvió a entrar en la barca, y se fue a la otra ribera.

Mar 8:14  Habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca.

Mar 8:15  Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes.

Mar 8:16  Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan.

Mar 8:17  Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?

Mar 8:18  ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis?

Mar 8:19  Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce.

Mar 8:20  Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete.

Mar 8:21  Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?

  

Este pasaje arroja un haz de luz muy intensa sobre las mentes de los discípulos. Estaban pasando al otro lado del mar de Galilea, y se habían olvidado de llevar suficiente pan. Obtendremos mejor el sentido de este pasaje si lo relacionamos estrechamente con lo precedente. Jesús estaba pensando en la demanda que los fariseos Le habían hecho de una señal, y también en la reacción aterrada de Herodes hacia Sí mismo. «¡Cuidado -les dijo, traduciéndolo literalmente- con la levadura de los fariseos y la de Herodes!» Para los judíos, la levadura era un símbolo de la corrupción. La levadura era una pizquita de masa fermentada de la hornada anterior que se había guardado. Para los judíos, la fermentación era lo mismo que la putrefacción, y de ahí que la levadura representara el mal, sobre todo el mal moral.

Algunas veces los judíos usaban la palabra levadura en el sentido del pecado original, o de la maldad de la naturaleza humana. Rabí Alejandro decía: «Está claro para Ti que nuestra voluntad es hacer Tu voluntad. ¿Y qué lo impide? La levadura que está en la masa, y la esclavitud a los reinos de este mundo. Sea Tu voluntad librarnos de sus manos.» Representaba, por así decirlo, la mancha de la naturaleza humana, el pecado original, la levadura corruptora que impedía al hombre hacer la voluntad de Dios. Así que, cuando Jesús dijo esto, lo que quería decir era: «Manteneos en guardia frente a la mala influencia de los fariseos y de Herodes. No sigáis el camino por el que ellos van.»

¿Qué relación existía entre los fariseos y Herodes? Los fariseos acababan de pedir una señal. Para un judío -veremos esto más claramente dentro de poco- lo más fácil del mundo era pensar en el Mesías en términos de maravillas y conquistas y sucesos milagrosos y triunfos nacionalistas y supremacía política. Herodes había tratado de edificar la felicidad adquiriendo poder y riqueza e influencia y prestigio. En un sentido, el Reino de Dios era un reino terrenal tanto para los fariseos como para Herodes; se basaba en poder y grandeza terrenales, y en las victorias que podía obtener la fuerza. Era como si Jesús, con Su sugerencia, estuviera preparando a Sus discípulos para algo que había de suceder muy pronto. Era como si les dijera: «Puede que pronto os amanezca el hecho de que Yo soy el Ungido de Dios, el Mesías. Cuando lleguéis a esa convicción, no penséis en términos de poder y gloria terrenales, como hacen los fariseos y Herodes.» Del verdadero sentido no les dijo nada de momento. Aquella sombría Revelación habría de esperar su momento.

De hecho, esta insinuación de Jesús les pasó por encima de la cabeza a los discípulos. No podían pensar en nada más que en el hecho de que se habían olvidado de llevar pan, y que pasarían hambre. Jesús vio que estaban preocupados por el pan material. Bien puede ser que les hiciera estas preguntas, no enfadado, sino con una sonrisa, como el que trata de conducir a un torpe chiquillo a descubrir una verdad evidente. Les recordó que por dos veces había satisfecho el hambre de grandes multitudes con comida suficiente y de sobra. Es como si les dijera: " ¿Por qué os preocupáis? ¿No os acordáis de lo que ha sucedido antes? ¿No habéis aprendido por propia experiencia que no tenéis que preocuparos por esas cosas cuando estáis conmigo?»

Notemos el solemne apercibimiento que nuestro Señor dirige a sus discípulos al principio de este pasaje. Dice, "Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos,  y de la levadura de Herodes...

No tenemos que ponernos a conjeturar la significación de ese apercibimiento, pues nos lo aclara el pasaje paralelo en el Evangelio de S. Mateo. Allí leemos  que Jesucristo no se refería a levadura "de pan," sino a levadura de "doctrina." El formalismo y la justificación propia de los fariseos, la mundanalidad y el  escepticismo de los cortesanos de Herodes, eran los objetos de las precauciones de nuestro Señor. Encarga a sus discípulos que se pongan en guardia contra  esos defectos.

Tales apercibimientos son muy importantes, y sería un gran bien para la iglesia de Cristo que se recordasen con más frecuencia. Las persecuciones no le han  hecho a la iglesia ni la mitad del daño que le ha acarreado la aparición en su seno de falsas doctrinas. Falsos profetas y falsos maestros en su campamento han  producido más daños en la cristiandad que todas las persecuciones tan sangrientas de los emperadores romanos. La espada del enemigo no ha perjudicado  tanto la causa de la verdad como la lengua y la media verdad.

Las doctrinas que nuestro Señor especifica son precisamente las que más han dañado la causa del Cristianismo. El formalismo por una parte, y el escepticismo  por otro, han sido dolencias crónicas en la que profesa ser iglesia de Cristo. En todas épocas muchos cristianos se han visto atacados por ellas y por eso se ha  necesitado en todo tiempo mucha vigilancia y mucho cuidado para preservarse.

La expresión que nuestro Señor usa al hablar de las falsas doctrinas es muy significativa y apropiada; las llama "fermento." No hubiera podido emplearse otra  palabra más exacta: pinta de una manera gráfica los comienzos humildes de la falsa doctrina, la manera sutil y callada con que se difunde insensiblemente  introduciendo en la religión del, creyente el poder mortífero con que transforma todo el carácter del Cristianismo; cualidades que constituyen el peligro más  grande de una doctrina falsa. Si se aproximase tremolando su verdadero estandarte, poco daño haría; pero el secreto de sus triunfos es su sutileza y su  semejanza con la verdad. Se ha dicho que todo error en religión es una verdad desfigurada.

"Examinémonos con frecuencia para ver si estamos en la fe," y guardémonos de la "levadura. "No miremos con indiferencia una doctrina falsa por  insignificante que nos parezca, como no lo hacemos con un acto inmoral o con una mentira por ligeros que sean a nuestro entender. Admitida una vez en  nuestros corazones no sabemos cuán lejos nos podrá extraviar. El comenzar a desviarnos de la verdad pura es como dejar correr las aguas, gotas al principio y  después torrentes. Un poco de levadura hace fermentar toda la masa. Gal_5:9.

Paremos la atención en la obtusa inteligencia de los discípulos cuando el Señor les dirigió el apercibimiento que encierra este pasaje. Creyeron que la  "levadura " de que habla, debía ser levadura de pan. No se les ocurrió por un momento que se refiriera a ninguna doctrina, y así es que se atrajeron este duro  reproche " ¿No percibís aun, ni entendéis? ¿Tenéis aun el corazón endurecido? ¿Cómo es que no comprendéis?" Aunque los discípulos eran creyentes, y  estaban convertidos y renovados, comprendían aún con dificultad las cosas espirituales. Tenían aún los ojos confusos, y su percepción era muy lenta en todo  lo que se refería al reino de Dios.

Útil nos será recordar lo que aquí se refiere de los discípulos; puede servirnos para modificar la alta idea que estamos dispuestos a formarnos de nuestra  sabiduría, y para mantenernos en la humildad y en la sumisión espiritual. No debemos imaginarnos, que en cuanto nos convertimos, lo sabemos todo. Nuestro  conocimiento, como todas nuestras gracias, es siempre imperfecto, y nunca está más lejos de la perfección como cuando empezamos a dar los primeros pasos  en el servicio del Señor. Hay más ignorancia en nosotros de la que podemos imaginarnos. "Si alguno piensa que sabe algo, aún no sabe cosa alguna como le  conviene saber." 1 Cor. 8.2.

Útil nos será sobre todo recordar lo que en este pasaje se refiere a nuestras relaciones con cristianos jóvenes. No podemos esperar que un recién convertido sea  perfecto. No podemos declararlo destituido de gracia, sin conocimiento de Dios, y falso maestro, porque no discierne al principio sino una parte de la verdad y  comete muchos errores. Posible es que a los ojos de Dios esté en el buen camino, y sea, sin embargo, como los discípulos lento en comprender las cosas del  Espíritu. Debemos ser tolerantes y pacientes con él y no dejarlo a un lado como inútil. Démosle tiempo para que crezca en gracia y conocimiento, y quizás en  sus últimos días lo veamos lleno de sabiduría, como Pedro y Juan. Que bendición es pensar que Jesús, nuestro Maestro celestial, no desprecia a ningún  miembro de su pueblo. Por extraordinaria y digna de crítica que sea su torpeza para aprender, es indudable que Su paciencia nunca se agota. Continúa  enseñándoles, "renglón tras renglón, y precepto tras precepto." Hagamos lo mismo; sea nuestra regla invariable no mirar con desprecio la debilidad y torpeza  de los cristianos jóvenes. Esperemos y seamos bondadosos, siempre que descubramos una chispa de verdadera gracia por pálida que sea, y aunque esté  mezclada con mucha debilidad. Hagamos lo que desearíamos que hicieran con nosotros.

 

viernes, 26 de marzo de 2021

COMPASIÓN Y DESAFÍO


Mar 8:1    En aquellos días, como había una gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo:

Mar 8:2  Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer;

Mar 8:3  y si los enviare en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos.

Mar 8:4  Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?

Mar 8:5  El les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete.

Mar 8:6  Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante de la multitud.

Mar 8:7  Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante.

Mar 8:8  Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas.

Mar 8:9  Eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió.

Mar 8:10  Y luego entrando en la barca con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta.

 

 Vemos otra vez a nuestro Señor dando de comer a una gran multitud con unos pocos panes y peces. Conocía el corazón del hombre, y veía la nube de  disputadores y escépticos que iba a levantarse, y que pondrían en duda la realidad de las obras portentosas que hacía. Repite el milagro asombroso que aquí  se refiere para cerrar la boca a todos los que no se empeñan en cerrar los ojos a la evidencia. Muestra la grandeza de su poder por segunda vez ante cuatro  mil testigos.

Observemos en este pasaje cuán grande es la bondad y compasión de nuestro Señor Jesucristo. Veía en torno suyo a una "multitud muy grande," que no  tenía nada que comer; sabía que una gran mayoría lo seguían tan solo por mera curiosidad, y no tenían el más ligero título para ser considerados como  discípulos suyos. Sin embargo, cuando los vio hambrientos y destituidos, se compadeció de ellos: "Tengo compasión de la multitud, porque hace tres días  que están conmigo, y no tienen nada que comer...

En estas palabras se descubre lo sensible del corazón de nuestro Señor Jesucristo. Se compadece aun de aquellos que no son miembros de su pueblo, de los  infieles, de los que no tienen gracia, de los adoradores del mundo; por ellos se enternece, aunque ellos no lo conocen; muere por ellos, aunque ellos se cuidan  muy poco de lo que El hizo en la cruz. Los recibiría graciosamente, y les concedería un perdón absoluto y gratuito, si tan solo se arrepintieran y creyeran en  El. Guardémonos de medir el amor de Cristo con medidas humanas. Indudable es que tiene un amor especial a los creyentes que forman su pueblo, pero se  compadece amorosamente aun de los malos y de los mal agradecidos. Su amor" excede todo conocimiento." Efes.3:19.

Empeñémonos en hacer a Jesús nuestro modelo tanto en este particular, como en todo. Seamos bondadosos, compasivos, piadosos y corteses con todos los  hombres; estemos siempre dispuestos a hacer bien a todos, y no solo a los amigos ni a los que pertenecen a la familia de los creyentes. Practiquemos la orden  de nuestro Señor, "Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen." Mat_5:44. Esto es tener el espíritu de  Cristo; esta es la mejor manera de amontonar carbones encendidos sobre la cabeza de nuestros enemigos, y convertirlos en amigos. Rom_12:20.

Observemos, en segundo lugar, según este pasaje, que para Cristo nada es imposible. Los discípulos dijeron "¿de dónde puede un hombre hartar a estos  hombres de pan, aquí en el desierto?" Bien podían decirlo. Sin la mano de Aquel que hizo al principio el mundo de la nada, no hubiera podido realizarse. Pero  en las manos omnipotentes de Jesús siete panes y unos pocos peces resultaron suficientes para satisfacer a cuatro mil hombres. Nada es muy difícil para el  Señor.

No nos permitamos nunca dudar del poder de Cristo para subvenir a las necesidades espirituales de todo su pueblo. Tiene "pan bastante y aun de sobra" para  toda alma que en El confía. Por débiles, enfermos, corrompidos, y vacíos que se encuentren los creyentes, que no desesperen jamás, pues Cristo vive. Hay en  El tesoro inagotable de misericordia y gracia, reservado para el uso de todos los miembros creyentes, y listo para ser concedido a todo aquel que en sus  oraciones lo pidiera. "Plugo al Padre que en El residiera toda la plenitud." Col_1:19.

No dudemos nunca del cuidado providencial que Cristo se toma para remediar las necesidades temporales de todo su pueblo. Está informado de sus  circunstancias; conoce todas sus necesidades, y no permitirá que les falte nada que realmente sea para su bien. Su corazón no ha cambiado después que subió  al cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Vive aún el que tuvo compasión de las turbas hambrientas en el desierto, y socorrió su necesidad. ¿Con cuanta más  razón no debemos suponer que remediará las necesidades de los que confían en El? De seguro que las remediará; podrá poner su fe a prueba algunas veces;  algunas veces tendrán quizás que esperar largo tiempo y se encontrarán agobiados; pero el creyente no quedará destituido. "Pan recibirá; su agua estará  segura." Isa_33:16.

Observemos, por último, que gran pesar la incredulidad causa a nuestro Señor Jesucristo. Se nos dice que cuando "los fariseos empezaron a altercar con El,  pidiéndole un signo del cielo, tentándolo, suspiró profundamente en su espíritu." ¡Cuanto significaba ese suspiro! Se escapaba de un corazón que se lamentaba de la ruina que esos malvados estaban acarreando a sus propias almas. Aunque enemigos suyos, Jesús no podía contemplar sin dolor como se endurecían en la  incredulidad.

El sentimiento que nuestro Señor Jesucristo manifiesta en esta ocasión será siempre el de todos los cristianos verdaderos. Dolerse de los pecados de nuestros  prójimos es una prueba evidente de la gracia. El que está verdaderamente convertido mirará al inconverso con piedad e interés. Así pensaba David: "  Contemplé a los transgresores y me afligí." Salmo_119:138. Así sentían los buenos en los días de Ezequiel: "Suspiran y claman por las abominaciones que se  cometen en la tierra." Ezeq. 9:4. Ese era el espíritu que dominaba á Lot: "Su alma recta se angustiaba con las maldades de los que lo rodeaban."  2Pe_2:8.

Lo mismo sucedía con Pablo: " Que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón." Rom_9:2. En todos estos casos descubrimos algo del espíritu de  Cristo. Como siente la Cabeza excelsa de la iglesia, así sienten los miembros. Todos se afligen cuando ven el pecado.

No concluyamos con este pasaje sin examinarnos escrupulosamente. ¿Sabemos lo que es imitar a Cristo, y tener sus mismos sentimientos? ¿Nos sentimos  lastimados, afligidos y angustiados cuando vemos a los hombres persistir en sus pecados y en su incredulidad? ¿Nos lamentamos é interesamos por la  condición de los inconversos? Estas son cuestiones importantes, íntimas, y que demandan seria consideración. Hay pocos signos más seguros de un corazón  inconverso, que la indiferencia y el descuido respecto a las almas de los demás.

No olvidemos finalmente que la incredulidad y el pecado son ahora causa tan grande de dolor para nuestro Señor como lo  fueron hace dos mil  años. Luchemos y oremos para que ningún acto ó hecho nuestro vaya a aumentar ese dolor.

Muchos cometen continuamente el pecado de afligir a Cristo sin pensarlo y sin reflexionarlo. No ha cambiado Aquel que  suspiro al ver la incredulidad de los fariseos. ¿Podemos dudar que se aflija cuando ve a alguno que persiste ahora en su  incredulidad? ¡Permita Dios que nos veamos libres de semejante pecado!

domingo, 21 de marzo de 2021

HACIENDO BIEN TODAS LAS COSAS


Mar 7:31  Volviendo a salir de la región de Tiro, vino por Sidón al mar de Galilea, pasando por la región de Decápolis.

Mar 7:32  Y le trajeron un sordo y tartamudo, y le rogaron que le pusiera la mano encima.

Mar 7:33  Y tomándole aparte de la gente, metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua;

Mar 7:34  y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto.

Mar 7:35  Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien.

Mar 7:36  Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban.

Mar 7:37  Y en gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar.   

 

 

Lo primero que en estos versículos debe fijar nuestra atención es el milagro extraordinario que aquí se relata. Leemos que le llevaron á nuestro Señor "á uno  que estaba sordo y que tenía un impedimento para hablar," y le suplicaron "que le impusiese las manos." Les concedió al punto lo que pedían y queda curado.

Una palabra y un toque dan instantáneamente a aquel hombre oído y palabra. "Y luego fueron abiertos sus oídos, y fue desatada la ligadura de su lengua, y  hablaba bien..

Si nos fijamos tan solo en la manifestación del poder divino de nuestro Señor, no comprendemos sino la mitad de la enseñanza que encierra este pasaje; no  hay duda que hay algo más que eso en este ejemplo. Profundicemos más allá de la superficie y descubriremos en este pasaje preciosas verdades espirituales.

Debemos ver en este milagro el poder del Señor para curar a los que están sordos espiritualmente; puede dar al pecador más endurecido oído que pueda oír;  puede hacer que sea su deleite escuchar ese mismo Evangelio que antes ridiculizó y despreció.

Debemos ver también en él el poder del Señor para curar a los que están mudos espiritualmente. Puede enseñar al más empedernido de los transgresores a  clamar a Dios. Puede hacer en tonar canciones nuevas a labios que nunca se ocuparon sino de hablar del mundo. Puede hacer que los más viles de los hombres hablen de cosas espirituales, y  sean testigos del Evangelio de gracia.

Cuando Jesús difunde su Espíritu, nada es imposible. No debemos desesperar nunca de nadie, ni considerar nuestros corazones demasiado perversos para que  puedan cambiarse. Vive todavía Aquel que curó al sordo y al mudo. Casos que la filosofía moral declara incurables, no lo son si los pacientes son llevados a  Cristo.

Lo que en segundo lugar debe fijar en estos versículos nuestra atención, es la manera especial con que nuestro Señor tuvo por bien hacer el milagro que aquí  se relata. Se nos dice que cuando el sordomudo fue llevado á Jesús, "lo separó de la multitud, le metió los dedos en las orejas, y escupiendo tocó su lengua; y  mirando al cielo gimió," y entonces, y solo entonces se oyeron las palabras de mando, "Ephphatha; es decir, Sé abierto..

No hay duda que hay mucho de misterioso en estos actos; no sabemos porque los ejercitó. Tan fácil hubiera sido para el Señor restaurar con solo su palabra la  salud al enfermo como haciendo lo que hizo. No se nos dicen las razones que tuvo para adoptar ese procedimiento; solo sabemos que el resultado fue el  mismo que en otras ocasiones, el hombre quedó curado.

Pero algo podemos aprender de la conducta de nuestro Señor en esta circunstancia; que Cristo no se ceñía al empleo de unos medios especiales tan solo para  realizar sus obras entre los hombres. Algunas veces consideraba conveniente trabajar de un modo, y otras de otra manera; sus enemigos nunca pudieron decir,  que no podía conseguir ningún resultado sino empleando ciertos me-dios que eran siempre los mismos.

Vemos que lo mismo acontece todavía en la iglesia de Cristo. Tenemos pruebas repetidas que el Señor no se sujeta a usar exclusivamente los mismos medios  para transmitir su gracia a las almas. Es su placer influir algunas veces por medio de la Palabra predicada en público, otras por medio de la Palabra leída en  privado. Despierta algunas veces a los dormidos por medio de las enfermedades y aflicciones, otras por las reconvenciones y los consejos de los amigos.

Emplea a veces medios de gracia para desviar a los hombres de la senda del pecado, y a veces atrae su atención con algún hecho providencial, sin usar ningún  medio de gracia. No quiere que ninguno de estos se exalte y convierta en una especie de ídolo con menosprecio de los demás, pues es su voluntad que ninguno  se desprecie como inútil, ni se considere como desprovisto de todo valor. Todos son buenos y valiosos, y pueden emplearse alternadamente para lograr el  mismo gran fin, que es la conversión de las almas. Todos están en la mano del que "no da cuenta de sus actos," y sabe mejor cual debe usar para curar en cada  caso especial.

Lo que demanda, por último, nuestra atención en estos versículos, es el notable testimonio que dieron los que vieron el milagro qué aquí se relata. Dijeron  hablando de nuestro Señor, "Ha hecho todas las cosas bien..

Es más que probable que los que pronunciaron esas palabras estaban muy lejos de comprender todo su significado aplicadas a Cristo. Como Caifas, "no  hablaban por sí mismos." Jn_11:61. Pero la verdad que expresaban es un tesoro de consuelo profundo é indecible, y deben recordarla diariamente todos los  verdaderos cristianos.

Recordémosla al repasar en nuestra memoria los días pasados de nuestra existencia desde el momento de nuestra conversión. "Nuestro Señor ha hecho todas  las cosas bien." Al sacarnos primero de las tinieblas a la luz, al humillarnos y mostrarnos nuestra debilidad, nuestras culpas y nuestra locura, al despojarnos de  nuestros ídolos, y escoger por nosotros nuestra condición, al colocarnos en el puesto en que estamos, y al darnos lo que poseemos, ¡Qué bien lo ha hecho  todo! ¡Qué gran misericordia que no hayamos realizado nuestros deseos! Recordémosla cuando fijemos nuestra vista en los días del porvenir. No sabemos si serán brillantes u oscuros, muchos o escasos; pero sabemos que están en  mano de Aquel "que hace todas las cosas bien." No se equivocará cuando se trate de nosotros. Quitará y dará, afligirá y consolará, moverá y fijará, con  perfecta sabiduría, en el tiempo preciso y de la manera apropiada. El gran Pastor de las ovejas no se equivoca; guía a todos los corderos de su rebaño por el  camino recto a la ciudad en que habita.

No comprenderemos toda la belleza de estas palabras hasta el día de la resurrección final. Al recordar entonces nuestras  vidas veremos la explicación de todos sus eventos desde el principio hasta el fin. Recordaremos todos los caminos porque  fuimos conducidos, y confesaremos que todo fue "bien hecho." La explicación, las causas, y las razones de todo lo que  ahora nos deja perplejos, aparecerán claras y sencillas como el sol al mediodía. Nos admiraremos de nuestra ceguedad  pasada, y nos asombraremos de haber podido dudar del amor de nuestro Señor. "Porque ahora vemos al través de un espejo  oscuramente, más entonces cara a cara. Ahora conozco en parte; mas entonces conoceré como soy conocido." 1Co_13:12.

ORANDO E INTERCEDIENDO POR LOS DEMÁS

Mar 7:24  Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse.

Mar 7:25  Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies.

Mar 7:26  La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio.

Mar 7:27  Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.

Mar 7:28  Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos.

Mar 7:29  Entonces le dijo: Por esta palabra, vé; el demonio ha salido de tu hija.

Mar 7:30  Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama.

  

 

Nada sabemos de la mujer que aquí se menciona, excepto los hechos que se refieren. Su nombre, su historia anterior, la causa que la movió a dirigirse a nuestro Señor, siendo gentil y viviendo en las fronteras de Tiro y Sidón, son misterios ocultos para nosotros. Pero los hechos que de ella se narran están  llenos de preciosas enseñanzas. Estudiémoslas para aprender.

En primer lugar, este pasaje tiene por objeto estimularnos a orar por otros. No hay duda, que debió estar profundamente afligida la mujer que, personaje  principal de esta historia, se dirigió a nuestro Señor. Veía a una hija amada poseída de un espíritu inmundo, y en una condición tal, que así como la enseñanza  no podía penetrar en su espíritu, ninguna medicina podía sanar su cuerpo, condición apenas menos mala que la muerte misma. Oye hablar de Jesús, y le  suplica, "que lance el demonio del cuerpo de su hija" Le dirige esa plegaria a favor de una persona que no podía orar, y no cesa hasta que no le concede su  petición. Obtiene por medio de la oración una cura que no podía obtenerse por ningún medio humano, y la hija queda curada por la plegaria de la madre. La  hija no podía decir una palabra, pero la madre habla por ella al Señor, y no lo hizo en vano. Desahuciada y desesperada como al parecer era su condición, tenía  una madre que sabía orar y cuando se tiene tal madre hay siempre esperanza.

La verdad que aquí se nos enseña es de gran importancia. Pocos deberes son recomendados con más fuerza en los ejemplos que nos presenta la Escritura,  como el deber de las plegarias intercesoras. Hay un largo catálogo de ejemplos en las Escrituras, que muestran las bendiciones que podemos conferir a otras  personas orando por ellas. El hijo del noble en Capernaúm, el siervo del centurión, la hija de Jairo, son todos casos muy notables. Por admirable que nos  parezca, no hay duda que Dios se complace en hacer grandes cosas a favor de almas, por las que amigos y parientes se deciden a orar. "La oración eficaz del  justo puede mucho". Santiago 5.16 Los padres son los que están especialmente obligados a recordar el caso de esta mujer. No pueden dar un nuevo corazón a sus hijos; pueden, si, darles  educación cristiana y mostrarles la senda de la vida. No pueden darles voluntad para escoger el servicio de Cristo, ni disposición para amar a Dios, pero pueden hacer una cosa, y es orar por ellos. Pueden orar por la conversión de hijos libertinos, que se empeñan en dar rienda a sus pasiones y se hunden  desatentadamente en el pecado. Pueden orar por la conversión de hijas mundanas, que concentran sus afectos en las cosas de la tierra y aman el placer más que  a Dios. Esas plegarias son oídas en el cielo y hacen descender de él muchas bendiciones. Nunca, nunca nos olvidemos que rara vez se pierden por completo los  hijos por quienes se han hecho muchas oraciones. Oremos por nuestros hijos; aun cuando no nos permitan hablarles de religión, no pueden impedirnos que  nos dirijamos a Dios a favor suyo.

En segundo lugar, este pasaje tiene por objeto enseñarnos a perseverar en nuestras oraciones a favor de otras personas. La mujer, cuya historia leemos, al  parecer no obtuvo nada primero con haberse dirigido a nuestro Señor; al contrario, la respuesta de nuestro Señor fue para desanimarla. Sin embargo, no  abandonó desesperanzada su demanda; continuó orando sin flaquear; apoyó su súplica con argumentos ingeniosos; no se dio por vencida al ver que rehusaba  acceder; impetró unas pocas "migajas" de misericordia, antes que no recibir nada; y su santa importunidad tuvo al fin buen éxito, pues oyó estas palabras  placenteras: "Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija".

Es un punto de gran momento la perseverancia en la oración. Tenemos demasiada propensión a refriarnos y ser indiferentes, y a imaginarnos que es inútil  acercarnos a Dios; dejamos muy pronto caer nuestras manos cansadas y nuestras rodillas se debilitan. Satanás está trabajando de continuo en hacernos cesar  en nuestras oraciones, y suministrarnos razones para ello. Si esto es cierto en referencia a toda plegaria en general, lo es aún más respecto a las plegarias  intercesoras. Son siempre más escasas y pobres de lo que debieran ser; se hacen por un corto período, y luego se suspenden, porque no recibimos una  respuesta inmediata, porque vemos que las personas por quienes oramos continúan en sus pecados y de ahí sacamos la consecuencia, que es inútil orar por  ellas, y suspendemos nuestra intercesión.

Para armarnos con argumentos que nos animen a perseverar nuestras plegarias intercesoras, meditemos con frecuencia en la historia de esta mujer.

Recordemos que oró y no flaqueó a pesar de los motivos tan grandes que tuvo para desalentarse, y fijémonos en la circunstancia que al fin se fue a su casa  regocijada, resolviéndonos, con el favor de Dios, a seguir su ejemplo.

¿Sabemos orar por nosotros? Esta es la primera cuestión y la más importante que debemos dirigirnos. El hombre que nunca habla a Dios de su propia alma,  mal puede orar por otros; está sin Dios, sin Cristo, y sin esperanza y tiene que aprender los primeros rudimentos de la religión; que despierte y clame a Dios.

Pero si oramos por nosotros, ocupémonos también de orar por otros. Guardémonos de ser egoístas en nuestras oraciones;  que no sean raciones que se refieran tan solo a nuestros intereses personales, y en las que no dejemos lugar para otras  almas. Mencionemos continuamente ante Dios a todos los que amemos; oremos por todos, por los más malos, por los más  endurecidos, por los más incrédulos. Oremos por ellos un año y otro, a pesar de su continuada incredulidad. Quizás el  tiempo de la misericordia de Dios sea remoto; quizás no veamos respuesta a nuestra intercesión; puede que la respuesta se  dilate diez, quince o veinte años; quizás no venga hasta que no hayamos cambiado las oraciones en himnos de alabanza y  estemos muy lejos de este mundo, pero mientras vivamos, oremos por los demás.

 

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viernes, 19 de marzo de 2021

LA VERDADERA CONTAMINACIÓN

  

Mar 7:1   Se juntaron a Jesús los fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén;

Mar 7:2  los cuales, viendo a algunos de los discípulos de Jesús comer pan con manos inmundas, esto es, no lavadas, los condenaban.

Mar 7:3  Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen.

Mar 7:4  Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos.

Mar 7:5  Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas?

Mar 7:6  Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito:

 Este pueblo de labios me honra,  Mas su corazón está lejos de mí.

Mar 7:7  Pues en vano me honran,  Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.

Mar 7:8  Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes.

Mar 7:9  Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.

Mar 7:10  Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.

Mar 7:11  Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte,

Mar 7:12  y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre,

Mar 7:13  invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas.

Mar 7:14  Y llamando a sí a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended:

Mar 7:15  Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre.

Mar 7:16  Si alguno tiene oídos para oír, oiga.

Mar 7:17  Cuando se alejó de la multitud y entró en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola.

Mar 7:18  Él les dijo: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar,

Mar 7:19  porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos.

Mar 7:20  Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre.

Mar 7:21  Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,

Mar 7:22  los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez.

Mar 7:23  Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.

 

Vemos el comienzo de este pasaje cuan difícilmente comprenden los hombres las cosas espirituales. "Escuchadme" dice nuestro Señor al pueblo,  "escuchadme cada uno de vosotros, y comprended" "¿Estáis así desprovistos de inteligencia?" Dice a los discípulos, ¿No percibís? La corrupción de la naturaleza humana es una enfermedad universal; no solamente afecta el corazón, la voluntad y la conciencia del hombre, sino su espíritu,  su memoria y su inteligencia. La misma persona que es lista y avisada en cosas mundanas, dejará muchas veces de comprender por completo las más simples  verdades del cristianismo; no le será posible aceptar los más sencillos razonamientos del Evangelio. No le encontrará sentido a los propios más claros que la  doctrina evangélica, que le sonarán como necios o misteriosos. Los escuchará como quien oye hablar una lengua extranjera y comprende alguna que otra  palabra, pero no el todo de la conversación. "El mundo no conoce a Dios por medio de la sabiduría" 1 Cor.1.21 Oye, pero no entiende.

Debemos pedir diariamente al Espíritu Santo que nos enseñe si queremos hacer progresos en el conocimiento de las cosas divinas. Sin Él, muy poco nos hará  avanzar, la inteligencia más poderosa y el más fuerte raciocinio. Cuando leemos la Biblia y oímos sermones, todo depende de la manera con que leemos y  oímos. Una disposición del espíritu humilde, infantil, ansioso de aprender, es el gran secreto del éxito. Feliz aquel que dice a menudo con David, "Enséñame  tus estatutos" Salmo 119.64 ese comprenderá tan bien como oye.

Vemos, en segundo lugar, por este pasaje, que el corazón es la fuente principal de la corrupción y de la impureza a los ojos de Dios. La pureza moral no  depende de lavarse o de no lavarse, de tocar ciertas cosas o de no tocarlas, de comer algo o de no comerlo, como enseñaban los escribas y los fariseos. "No  hay nada fuera del hombre que entrando en el pueda contaminarlo, sino lo que sale del hombre, eso es lo que mancha al hombre.”

Hay en estas palabras una verdad profunda que con frecuencia pasa desapercibida. Rara vez tomamos en cuenta como se debe nuestra pecabilidad original y  nuestra inclinación natural al mal. Se atribuye, en general, la maldad del hombre a los malos ejemplos, a las malas compañías a tentaciones especiales o a los  lazos que tiende el diablo. Parece olvidarse que cada hombre lleva consigo un manantial de maldades. No necesitamos que las malas compañías nos enseñen,  ni que el diablo nos tiente, para sumirnos en el pecado. Llevamos en nuestro interior la simiente de todos los pecados.

Debemos recordar esto en la disciplina y educación de los niños; no olvidemos en nuestro manejo de ellos, que en sus corazones existen las semillas de la  maldad. No es bastante tener a los muchachos en casa y alejarlos de toda tentación externa, pues llevan en sus pechos un corazón dispuesto a pecar y mientras  ese corazón no se muda, no están seguros, hagamos lo que queramos. Cuando los niños cometen una falta, es práctica común atribuir toda la culpa a las malas  compañías; pero hacerlo así es ignorancia, ceguedad y tontería. No hay duda que las malas compañías es un gran mal que debe evitarse lo más que sea  posible. Pero ningún mal compañero enseña a un muchacho ni la mitad de los pecados que le sugiere su propio corazón, si no está renovado por el Espíritu.

Dentro llevamos el principio de toda maldad. Si los padres fueran tan diligentes en orar por la conversión de sus hijos como lo son en guardarlos de malas  compañías, sus hijos saldrían mejores de lo que son.

Vemos, por último, en este pasaje, que catálogo tan negro de males encierra el corazón humano. "Del corazón del hombre" dice nuestro Señor, "proceden  malos pensamientos, adulterios, fornicaciones, asesinatos, robos, codicia, envidia, blasfemia, orgullo, necedad; todas estas cosas malas salen de dentro".

Comprendamos bien, al leer estas palabras, que nuestro Señor está hablando del corazón humano en general. No se refiere tan solo al libertino conocido, ni al  criminal que está en una cárcel; habla del género humano. Todos nosotros, nobles o pecheros, ricos o pobres, amos o siervos, viejos o jóvenes, sabios o  ignorantes, todos, por naturaleza, tenemos el corazón que Jesús describe en este pasaje. Las simientes de todos los males que aquí menciona, yacen escondidas  en nuestro interior. Quizás permanezcan inertes toda nuestra vida, quizás el miedo de las consecuencias, la restricciones de la opinión pública, el  temor de la publicidad, el deseo de parecer respetables y sobre todo, la gracia omnipotente de Dios, las ahoguen y las contengan en su desarrollo. Pero todo  hombre lleva en si la raíz de todos los pecados.

 

Aunque no nos lo parezca, este pasaje, cuando se dijo por primera vez, debió de ser casi el más revolucionario del Nuevo Testamento. Jesús había estado discutiendo con los expertos legales acerca de diversos aspectos de la ley tradicional. Había mostrado la irrelevancia de los lavatorios elaborados. Había mostrado que la adherencia rígida a la ley tradicional podía conducir realmente a la desobediencia a la Ley de Dios. Pero aquí dice algo aún más alucinante. Declara que nada que entre en el cuerpo desde el exterior puede contaminarla, porque el cuerpo tiene un proceso natural y normal para deshacerse de ello. Ningún judío creyó eso nunca, ni hasta nuestros días. Levítico 11 tiene una larga lista de animales que son inmundos, y por tanto no se pueden comer. Hasta qué punto esto se tomaba en serio se puede ver en muchos de los incidentes de los tiempos de los Macabeos. En aquel tiempo, en rey sirio Antíoco Epífanes estaba decidido a erradicar la fe judía. Una de las cosas que les exigía a los judíos era que comieran cerdo; pero ellos estaban dispuestos a morir a centenares antes que hacer eso. «Sin embargo, muchos de Israel estaban plenamente decididos y firmes en sí mismos a no comer ninguna cosa inmunda. Por tanto, elegían antes morir que contaminarse con comidas, para no quebrantar el pacto santo; así es que morían» (1 Macabeos 1: 62s). 4 Macabeos 7 cuenta la historia de una viuda y sus siete hijos. Se les exigió que comieran carne de cerdo. Ellos se negaron. Al primero, le arrancaron la lengua, le cortaron los extremos de sus miembros, y luego le asaron vivo en una gran caldera; al segundo, le arrancaron el pelo y el cuero cabelludo; así los torturaron a todos uno tras otro hasta la muerte mientras su anciana madre los miraba y los animaba a ser fieles. Murieron antes que comer una carne que era para ellos inmunda.

En ese contexto Jesús hizo esta afirmación revolucionaria de que nada que entre en el cuerpo de una persona puede hacerla inmunda. Estaba borrando con un solo gesto las leyes por las que los judíos habían sufrido y dado la vida. No nos sorprende que los discípulos estuvieran alucinados.

En realidad, Jesús estaba diciendo que las cosas no pueden ser limpias o inmundas en un sentido religioso. Solamente lo pueden ser las personas; y lo que contamina a una persona son sus propias acciones, que son el producto de su propio corazón. Esto era una nueva doctrina, y de lo más sorprendente. Los judíos tenían, y todavía tienen, todo un sistema de cosas que son limpias o inmundas. Con un pronunciamiento definitivo, Jesús declaró toda la cuestión irrelevante, y que la inmundicia no tenía nada que ver con lo que una persona comiera, sino con todo lo que le saliera del corazón.

Veamos las cosas que Jesús lista que proceden del corazón humano y hacen inmundas a las personas.

Empieza por las malas intenciones (dialoguismoi). Cualquier pecado externo procede de una decisión interior; por tanto, Jesús empieza por los malos pensamientos de los que se deriva toda mala acción.

Luego vienen los deseos sexuales incontrolados (porneíai); a continuación incluye en la lista acciones adulteras (moijeíai); pero la primera palabra es la más general, y quiere decir cualquier clase de tráfico en el vicio sexual. Siguen los robos (klopai). En griego hay dos palabras para ladrón -kléptés y léstés. Léstés es un bandolero; Barrabás era un léstés (Jn_18:40 ), y un bandolero puede ser muy valiente, aunque esté fuera de la ley. Kléptés es un ladrón; Judas era un kléptés, que sisaba de la caja (Jn_12:6 ). Un kléptés es un ratero vulgar, engañoso, cobarde, sin ni siquiera la cualidad positiva del bandolero audaz de las viejas historias. Los asesinatos (fonoi) y los adulterios vienen a continuación, y su significado está claro.

Luego vienen las ansias (pleonexíai). Pleonexía viene de dos palabras griegas que quieren decir tener más. Se ha definido como un deseo maldito de poseer. También como «el espíritu que se apropia de lo que no tiene ningún derecho a poseer,» "la funesta hambre de lo que pertenece a otros.» Es el espíritu que arrebata cosas, no para atesorarlas como un avaro, sino para gastarlas en lujos y excesos desmedidos.

Cowley lo definía como "un apetito voraz de ganancias, no por sí mismas, sino por el placer de malgastarlas inmediatamente por vías de lujo y orgullo.» No es meramente el deseo de dinero o de cosas; incluye también el de poder, la insaciable codicia de la naturaleza humana caída. Platón decía: "El deseo de una persona es como una criba o un recipiente con un agujero, que no se puede llenar nunca por mucho que se intente.»

 Pleonexía es la codicia de poseer que tiene en el corazón el que busca la felicidad en las cosas en vez de en Dios.

Siguen las malas acciones. En griego hay dos palabras para malo: kakós, que describe una cosa que es mala en sí, y ponérós, que describe a una persona o cosa que es activamente mala. Ponéríai es la palabra que se usa aquí. El hombre que es ponérós es aquel en cuyo corazón hay un deseo de dañar. Está, como decía Bengel, " entrenado en toda clase de crimen, y totalmente equipado para infligir mal a cualquier otra persona.»

Jeremy Taylor definía esta ponéría como «aptitud para jugar malas pasadas, para deleitarse en desgracias y tragedias; complacencia en causar problemas y en complicar la vida. Irritación, perversidad y retorcimiento en nuestras relaciones.» Ponéría no solamente corrompe al que la practica, sino también a los demás. Ponérós -el Maligno- es el título de Satanás. El peor de los hombres, el que hace la obra de Satanás, es el que, siendo malo en sí mismo, hace a otros tan malos como él.

A continuación viene dolos, que traducimos como la astucia. Viene de una palabra que quiere decir el cebo; se usa con astucia y engaño; por ejemplo, en una ratonera. Cuando los griegos estaban sitiando Troya, no pudiendo ganar una entrada, les enviaron a los troyanos el regalo de un gran caballo de madera como señal de buena voluntad. Los troyanos abrieron sus puertas y lo metieron dentro; pero el caballo estaba lleno de griegos, que salieron por la noche y sembraron la muerte y la destrucción en Troya. Eso es exactamente dolos. Es una traición inteligente, astuta y engañosa.

Lo siguiente en la lista es la maldad desmadrada (asélgueia). Los griegos definían asélgueia como "la actitud del alma que rechaza toda disciplina,» como "el espíritu que no acepta restricciones, que lo arriesga todo para conseguir su capricho e insolencia desmadrada.» La gran característica de la persona que es culpable de asélgueia es que ha perdido todo sentido de vergüenza y decencia. Uno que es malo puede que oculte su pecado; pero el que tiene asélgueia peca sin remordimientos y no vacila en escandalizar a sus semejantes. Jezabel fue el ejemplo clásico de asélgueia cuando construyó un altar pagano en la santa ciudad de Jerusalén.

 

La envidia se traduciría literalmente por el mal ojo, el ojo que mira el éxito y la felicidad de otro como si quisiera echarle una maldición si pudiera. La palabra siguiente es blasfemia. Cuando se usa en relación con las personas quiere decir calumnia; cuando se usa en relación con Dios es la blasfemia. Quiere decir insultar a las personas o a Dios.

Sigue en la lista el orgullo (hyperéfanía). La palabra griega quiere decir literalmente «ponerse uno por encima de los demás.» Describe la actitud de la persona «que siente desprecio hacia todo lo que no sea ella misma.» Lo interesante de esta palabra como la usaban los griegos es que describe una actitud que puede que nunca se manifieste públicamente. Puede que en lo más íntimo de su corazón uno se esté siempre comparando con los demás. Podría ser que se presentara hipócritamente humilde, y sin embargo fuera orgulloso de corazón. Algunas veces, por supuesto, el orgullo es autoevidente.

Los griegos tenían una leyenda sobre este orgullo. Decían que los gigantes, los hijos de Tártaro y de Gué, trataron en su orgullo de asaltar el Cielo, pero Hércules los echó otra vez abajo. Eso es hyperéfanía. Es ponerse contra Dios; es «invadir las prerrogativas de Dios.» Eso es lo que se ha llamado "el Everest de todos los vicios,» y por lo que «Dios resiste a los soberbios» (Stg_4:6 ).

Por último viene la locura (afrosyné). No quiere decir la necedad debida a la falta de sensatez o de cabeza, sino la locura moral. Describe, no al que es un estúpido insensato, sino al que se hace el tonto para salirse con la suya.

Es una lista verdaderamente terrible de las cosas que salen del corazón humano la que nos presenta Jesús. Cuando la examinamos, sentimos un escalofrío. Sin embargo, es un desafío, no a evitar tales cosas por vergüenza, sino a examinar honradamente nuestros corazones.

¡Cuán humildes no deberíamos ser al leer estos versículos" "Todos somos inmundos" a los ojos de Dios. Isaías 64.6 Descubre en cada uno males sin cuento,  que el mundo nunca ve, porque El lee en nuestros corazones. De todos los pecados a que estamos sujetos de seguro que el más impropio es el de creernos  justos en virtud de un poder que no sea personal.

 

¡Cuán agradecidos no debemos estar por el Evangelio, cuando leemos estos versículo" El Evangelio encierra una provisión completa para todas las  necesidades de nuestras pobres y corrompidas naturalezas. La sangre de Cristo puede "limpiarnos de todo pecado". El Espíritu Santo puede transformar  nuestros corazones pecadores y mantenerlos limpios, después de transformados. El hombre que no se gloría en el Evangelio, sabe muy poco de la letra que  abriga en su interior.

¡Qué vigilantes deberíamos estar, cuando recordamos estos versículos! ¡Qué guardia tan cuidadosa no deberíamos hacer  para refrenar nuestra imaginación, nuestra lengua, y nuestra conducta diaria! A la cabeza de la negra lista del contenido de  nuestros corazones, se encuentran "los malos pensamientos". No lo olvidemos nunca.