} EL CAMINO: LA SALVACIÓN ES POR FE EN JESUCRISTO

martes, 14 de junio de 2022

CARTA DEL APOSTOL PABLO A LOS ROMANOS CAPÍTULO 8.

 

Romanos 8; 1-4

 

  1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

 2  Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

 3  Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne;

 4  para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

 

     El Apóstol ha mostrado, en el capítulo anterior, nuestra incapacidad para alcanzar nuestros ideales sin los refuerzos de la energía divina. ¡Aquí está la fuerza motriz para impulsar nuestra maquinaria! ¡Aquí está el poder vivificante de la primavera, que hará que las semillas enterradas dentro de nosotros broten en el jardín del Señor!   Isaías_61:10-11.    En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas. Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su semilla, así Jehová el Señor hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones.

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. 3 Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; 4 para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu

 “Ahora, pues” Aquí están los dos lados del Nuevo Pacto: (1) es un regalo (gratuito) en Cristo; y (2) es un estilo de vida, que requiere una respuesta basada en el pacto. La justificación es tanto objetiva como subjetiva. Es tanto un estado de ser como un estilo de vida. 

 “para los que están en Cristo Jesús” Esta frase característica de Pablo es equivalente a la expresión moderna de “tener una relación personal.” Pablo conocía, amaba, servía y se regocijaba en Cristo. El evangelio es tanto un mensaje para ser creído, como una Persona que debe ser recibida. El poder para vivir la vida cristiana resultaba de su relación con el Cristo resucitado, a Quien Pablo conoció en el camino a Damasco. Su experiencia con Cristo antecede su teología de Jesús. Su experiencia se manifestaba no en un misticismo apartado, sino en un servicio misionero agresivo. Conocer a Cristo es servir a Cristo. ¡El cristianismo maduro contiene un mensaje, una Persona, y un estilo de vida! 

No hay necesidad de vivir en autocondenación perpetua. Así como el ave viviente, obedeciendo las leyes del vuelo, es superior a la atracción de la gravedad, así donde la vida de Jesús es forjada y sostenida en el corazón por las incesantes comunicaciones del Espíritu Santo, se nos da la victoria sobre el perpetuo tirada hacia abajo del pecado.  El creyente se considera muerto a la vieja naturaleza, pero vivo a cada impulso del Espíritu Santo de Dios. La vida, la paz y la justicia moran en el templo interior. De este modo se produce en nosotros una bondad más perfecta que la que podría haber logrado cualquier obediencia externa al código del Sinaí.

Allí hemos visto en el capítulo 7,  las luchas inútiles de un judío despierto, que buscó el perdón y la santidad de esa ley que era consciente de haber quebrantado; y en el que no pudo encontrar provisión para el perdón, ni poder para santificar. Habiéndole llevado esta convicción al borde mismo de la desesperación, y estando a punto de perder toda esperanza, oye hablar de la redención por Jesucristo, da gracias a Dios por la perspectiva que tiene de salvación, la solicita y la recibe; y ahora magnifica a Dios por el don inefable del cual ha sido hecho partícipe.

Aquellos que restringen la palabra ahora, para indicar por ella la dispensación del Evangelio solamente, no toman todo el significado de los apóstoles. El apóstol no se ha ocupado sólo de asuntos generales, sino también de los particulares. Él no ha estado señalando simplemente la diferencia entre las dos dispensaciones, la Mosaica y la cristiana; pero señala el estado de un penitente bajo el primero, y el de un creyente bajo el segundo. El último capítulo se cerró con un relato de la profunda angustia del penitente; éste se abre con un relato de su salvación. El ahora, por lo tanto, en el texto, debe referirse más a la feliz transición de las tinieblas a la luz, de la condenación al perdón, que ahora disfruta este creyente, que a la dispensación cristiana tomando el lugar de la economía judía.

Este pasaje resulta difícil de puro comprimido, y también porque Pablo alude a cosas de las que ya ha hablado antes. Hay dos palabras que aparecen una y otra vez en este pasaje: carne (sarx) y espíritu (pneuma). No podremos seguir el razonamiento de Pablo a menos que entendamos el sentido que les da a estas dos palabras.

(i) Sarx quiere decir literalmente carne. Una lectura de corrido de las cartas de Pablo nos bastaría para descubrir que usa esta palabra con mucha frecuencia y con un sentido especial. En términos generales la usa de tres maneras diferentes:

(a) La usa en su sentido literal. Habla de la circuncisión física, literalmente «en la carne» (Romanos 2:28 ).

(b) Una y otra vez emplea la frase kata sarka, literalmente de acuerdo con la carne, que quiere decir casi siempre mirando las cosas desde el punto de vista humano. Por ejemplo, dice que Abraham es nuestro antepasado kata sarka, en cuanto a la naturaleza humana. Dice que Jesús es hijo de David kata sarka Romanos_1:3, es decir, en cuanto a su naturaleza humana. Habla de los judíos como sus parientes kata sarka (Romanos_9:8 ); es decir, por parentesco natural. Cuando Pablo usa la expresión kata sarka, siempre implica que está considerando las cosas desde el punto de vista humano.

 (c) Pero otras veces usa la palabra sarx en un sentido que le es característico. Hablandó de los cristianos, se refiere al tiempo cuando estábamos en la carne (en sarkí, Romanos_7:5 ). Habla de los que andan conforme a la carne en contraposición a los que viven la vida cristiana (Romanos_8:4  s). Dice que los que están en la carne no pueden agradar a Dios (Rom_8:8 ). Dice que la mentalidad de la carne es muerte, y enemiga de Dios (Rom_8:6; Rom_8:8 ). Habla de vivir de acuerdo con la carne (Rom_8:12 ). Les dice a sus amigos cristianos: «Vosotros no estáis en la carne» (Rom_8:9 ).

Está muy claro, sobre todo en el último ejemplo, que Pablo no usa la palabra carne refiriéndose al cuerpo, como cuando nosotros hablamos de carne y hueso. Lo que quiere decir realmente es la naturaleza humana con todas sus debilidades y su vulnerabilidad al pecado. Se refiere a la parte de nuestra persona que le sirve de cabeza de puente al pecado; es decir, nuestra naturaleza pecadora, aparte de Cristo; todo lo que nos ata al mundo en lugar de a Dios. Vivir conforme a la carne es llevar una vida dominada por los dictados y deseos de la naturaleza pecadora en lugar de una vida gobernada por el amor de Dios. La carne representa lo más bajo de la naturaleza humana.

Tenemos que damos cuenta de que, cuando Pablo piensa en la clase de vida que está dominada por sarx, no está pensando exclusivamente en los pecados sexuales o corporales. Cuando da una lista de las obras de la carne en Gal_5:1921 , incluye los pecados sexuales y corporales, pero también la idolatría, el odio, la ira, la agresividad, las herejías, la envidia y el asesinato.  

(ii) Está la palabra espíritu; en este solo capítulo aparece no menos de veinte veces. Esta palabra tiene, como la anterior, un trasfondo que le viene del Antiguo Testamento. En hebreo existe la palabra rúaj, que contiene dos ideas básicas:

 (a) No quiere decir sólo espíritu, sino también viento; siempre tiene el sentido de algo poderoso, como un potente viento de tempestad.

(b) En el Antiguo Testamento siempre contiene la idea de algo que es más que humano. El Espíritu, para Pablo, representa un poder divino.

Así es que Pablo dice en este pasaje que hubo un tiempo cuando el cristiano estaba a merced de su propia naturaleza humana pecadora. En ese estado, la Ley era algo que le hacía pecar, de modo que iba de mal en peor, derrotado y frustrado. Pero, cuando fue convertido al Evangelio, vino a su vida el poder del Espíritu de Dios; y, en consecuencia, entró en una vida de victoria.

Pablo habla del efecto de la Obra de Jesús en nosotros. Es complicado y difícil de entender, pero Pablo quiere decir lo siguiente: Recordemos que empezó este tema diciendo que todos pecamos en Adán. Ya hemos visto cómo la idea judía de la solidaridad le permitía afirmar que, literalmente, todos los seres humanos estamos implicados en el pecado de Adán y en su consecuencia, la muerte. Pero esto tiene otra cara: Jesús ha venido a este mundo con una naturaleza puramente humana; y le ha ofrecido a Dios una vida de perfecta obediencia, de perfecto cumplimiento de Su voluntad. Ahora bien: como Jesús era plenamente humano, de la misma manera que éramos uno con Adán somos ahora uno con Cristo; y de la misma manera que nos vimos involucrados en el pecado de Adán, ahora lo estamos en la perfección de Cristo. En Cristo, la humanidad Le ofreció a Dios la perfecta obediencia, lo mismo que en Adán le había ofrecido una desobediencia fatal. Los hombres que estaban antes involucrados en el pecado de Adán son ahora salvos porque están incluidos en la bondad de Cristo. Ese es el razonamiento de Pablo; y para él y para los que le leían era algo totalmente convincente, aunque sea difícil de entender para nosotros. Gracias a la Obra de Cristo, se nos ofrece a los cristianos una vida que no está dominada por la carne, sino por el Espíritu de Dios, que llena al hombre de un poder que antes no tenía ni conocía. Se le anula el castigo de su pasado y se le asegura la fuerza para su futuro.

Los que no andáis conforme a la carne, etc. - En este versículo encontramos el poder y la virtud del esquema evangélico; perdona y santifica; la ley judía no podía hacer nada. Por la fe en nuestro Señor Jesucristo, el penitente, condenado por la ley, es perdonado; el hombre carnal, que trabaja bajo la abrumadora influencia del pecado de su naturaleza, es santificado. Primero es justificado gratuitamente; no siente condenación; está plenamente santificado; no anda conforme a la Carne, sino conforme al Espíritu.

(1) Que el evangelio no pronuncia condenación como la Ley. Su función es perdonar; la función de la ley es condenar. El uno nunca ofrece liberación, sino que siempre condena; el objeto del otro es liberar de la condenación y poner el alma en libertad.

(2) No hay condenación final bajo el evangelio. La función, el diseño y la tendencia del evangelio es liberarnos de la sentencia condenatoria de la ley. Este es su primer y glorioso anuncio, que libera a los pueblos perdidos y arruinados de una temible y terrible condenación.

(El primer versículo de este capítulo parece ser una inferencia de toda la discusión anterior. Habiendo establecido el apóstol la doctrina de la justificación, y contestado las objeciones que comúnmente se formulan contra ella, ahora afirma su conclusión triunfante: “Hay, pues, etc.; es decir, se sigue de todo lo que se ha dicho acerca de la justificación del creyente por la justicia de Cristo, y su completa liberación de la Ley como un pacto, que para él no puede haber condenación. tanto para afirmar las diferentes funciones de la Ley y el evangelio, como simplemente afirmar el hecho con respecto a la condición de cierta clase, a saber, los que están en Cristo. Para ellos no hay condenación alguna, no sólo ninguna condenación final. , pero ninguna condenación ahora, desde el momento de su unión con Cristo, y liberación de la maldición de la Ley. La razón es esta: que Cristo soportó la pena, y obedeció el precepto de la Ley en lugar de ellos.

 

 (NOTA: La Versión Revisada (de la Biblia en Inglés), entre otras, correctamente omite “los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Desde la traducción del Rey Santiago, hace más de 300 años, muchas y las mejores y más exactas traducciones de los antiguos manuscritos griegos han sido recuperadas; y gracias también a los hombres consagrados que han seguido adelante con el tedioso pero fructífero trabajo de corregir los errores que se han introducido en los manuscritos copiados. Porque como es de todos conocido, no tenemos los manuscritos originales de las Escrituras: Dios ha tenido a bien privarnos de ellos debido a que los hijos de los hombres son criaturas tan dadas a la idolatría. Debemos terminar el versículo 1 con las palabras “en Cristo Jesús,” por cuatro razones:

(1) La evidencia de los manuscritos griegos es en sobremanera a favor de la omisión de la cláusula “los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” del versículo 1, -así como la evidencia es universal en incluir estas palabras en el versículo 4.

 (2) el discernimiento espiritual también está de acuerdo, porque la introducción de estas palabras en el versículo 1 hace que nuestra seguridad dependa de nuestro caminar cristiano, y no del Espíritu de Dios. Pues todos los que están en Cristo están guardados de la condenación, como se enseña claramente en las epístolas. De lo contrario, nuestra seguridad dependería de nuestro andar, y no de nuestra posición en Cristo.

 (3) La cláusula está claramente en el lugar correcto al final del versículo 4, -donde se está hablando de la manera de vivir del creyente, y no de la seguridad de ser guardados de la condenación.

 (4) Que la cláusula al final del versículo 1 en la Versión del Rey Santiago es una nota marginal hecha por algunos copistas se ve no solo por su omisión en los manuscritos unciales principales, como Aleph, A, B, C, D, F, G; A, D (corr.); con algunas buenas cursivas y versiones antiguas (Olshausen, Meyer, Alford, J. F. y B,. y la excelente discusión de Darby en su Synopsis, Sinopsis); sino también se ve por la similitud de notas marginales hechas por copistas hechas por temores legalistas, encontrados en otros pasajes.

Que Dios escogió tener Su Palabra traducida y que aún sea autoritativa se ve en el uso del Nuevo Testamento de la traducción griega del Antiguo Testamento Hebreo, la Septuaginta. Debemos agradecer a Dios por esos hombres devotos que han pasado sus vidas en el profundo estudio de los manuscritos que Dios nos haya dejado, y que nos hayan dado una traducción tan perfecta como la que tenemos hoy. Debemos diferenciar a tales eruditos completamente y para siempre de los arrogantes “Modernistas” (o como se les llamaba anteriormente: la Alta Critica”); Modernistas que se dan a la tarea de decirnos lo que Dios debiera de decir en la Biblia, en vez de buscar con profunda humildad lo que Dios ya ha dicho”)  

 

Porque la ley del Espíritu de vida - El Evangelio de la gracia de Cristo, que no es sólo una ley o regla de vida, sino que proporciona esa energía soberana por la cual la culpa es removida de la conciencia, el poder del pecado quebrantado, y su influencia contaminante eliminada del corazón. La ley era espíritu de muerte, por el cual los que estaban bajo ella estaban atados, a causa de su pecado, a condenación y muerte. El Evangelio proclama a Jesús el Salvador; y lo que la ley ataba para muerte, lo desata para vida eterna. Y así dice el apóstol, ya sea de sí mismo o del hombre a quien todavía personifica, la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. La mayoría de la gente admite que San Pablo está hablando aquí de su propio estado; y este estado es tan totalmente diferente del descrito en el capítulo anterior, que es absolutamente imposible que hayan sido el estado del mismo ser, al mismo tiempo. Ninguna criatura podría ser carnal, vendida al pecado, llevada cautiva a la ley del pecado y de la muerte; y al mismo tiempo ser liberados de esa ley del pecado y de la muerte, por la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús! Hasta que los absurdos y contradicciones más palpables puedan reconciliarse, estos dos estados opuestos nunca pueden existir en la misma persona al mismo tiempo.

 

Porque lo que la ley no pudo hacer - La ley no pudo perdonar; la ley no podía santificar; la ley no podía prescindir de sus propias requisiciones; es la regla de la justicia, y por lo tanto debe condenar la injusticia. Esta es su naturaleza inalterable. De haber habido perfecta obediencia a sus dictados, en lugar de condenar, habría aplaudido y premiado; pero como la carne, el principio carnal y rebelde, había prevalecido, y había tenido lugar la transgresión, se volvió débil, ineficaz para deshacer esta palabra de la carne, y traer al pecador a un estado de perdón y aceptación con Dios.

Dios enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado - Es decir, Dios hizo, o cumplió, eso, al enviar a su Hijo, lo que la Ley no podía hacer. La palabra hizo, o cumplió, es necesario entenderla aquí, para completar el sentido. En la semejanza de la carne de pecado - Es decir, él se parecía tanto a la carne de pecado que participó de la carne, o la naturaleza del hombre, pero sin ninguna de sus propensiones o deseos pecaminosos. No era la naturaleza humana; no, como enseñaban los docetas, la naturaleza humana sólo en apariencia; pero era la naturaleza humana Sin ninguna de sus corrupciones. Hizo lo que la ley no podía hacer; es decir, compró el perdón para el pecador y trajo a cada creyente al favor de Dios. Y esto se efectúa por la encarnación de Cristo: Aquel, en quien habitaba corporalmente la plenitud de la Deidad, tomó sobre sí la semejanza de la carne de pecado, es decir, un cuerpo humano como el nuestro, pero no pecaminoso como el nuestro; y por el pecado, και περι ἁμαρτιας, y como Sacrificio por el Pecado, (este es el sentido de la palabra en una multitud de lugares), condenó el pecado en la carne - condenó a muerte y destrucción lo que nos había condenado a ambos.

Condenó el pecado en la carne - El diseño y objeto de la encarnación y sacrificio de Cristo fue condenar el pecado, ejecutarlo y destruirlo; no tolerarlo como algunos piensan, ni someterlo a los propósitos de su gracia, como otros; sino para aniquilar su poder, culpa y ser en el alma de un creyente.

Porque lo que la ley no podía hacer - La Ley de Dios, la ley moral. No podía librarse del pecado y la condenación. Esto el apóstol lo había mostrado completamente en Rom. 7.

A través de la carne - Como consecuencia de la fuerza del pecado, y de los malos y corruptos deseos del corazón no renovado. La falta no estaba en la Ley, que era buena Rom_7:12, sino que se debía a la fuerza de las pasiones naturales ya la pecaminosidad del corazón no renovado; véase Rom_7:7-11, donde se explica completamente esta influencia.

   

Y por el pecado - “Por un sacrificio por el pecado.” La expresión evidentemente significa, por una Ofrenda por el pecado, o que fue dado como Sacrificio a causa del pecado. Su entrega tuvo respeto al pecado. Condenó el pecado en la carne - La carne es considerada como la fuente del pecado; Nota, Rom_7:18. Siendo la carne el asiento y el origen de la transgresión, el sacrificio expiatorio se hizo en semejanza de la carne de pecado, para que así pudiera encontrar el pecado, por así decirlo, en su propio terreno, y destruirlo. Se puede decir que condenó el pecado de esta manera,

(1) Porque el hecho de que él fue entregado por ella, y murió por causa de ella, fue una condenación de ella. Si el pecado hubiera sido aprobado por Dios, no habría hecho una expiación para asegurar su destrucción. La profundidad e intensidad de los ayes de Cristo por su cuenta muestran el grado de aborrecimiento con el que Dios lo considera.

(2) La palabra “condenar” puede usarse en el sentido de destruir, vencer o someter; 2Pedro 2:6, “Y reduciendo a cenizas las ciudades de Sodoma y Gomorra, las condenó con destrucción.” En este sentido el sacrificio de Cristo no tiene; sólo condenó el pecado como malo, pero ha debilitado su poder y destruido su influencia, y finalmente aniquilará su existencia en todos los que se salvan por esa muerte.

(Por el sacrificio de Cristo, Dios ciertamente mostró su aborrecimiento del pecado, y aseguró su destrucción final. Sin embargo, no es de la influencia santificadora de este sacrificio de lo que el apóstol parece hablar aquí, sino de su poder justificador. El sentido, por lo tanto, es que Dios dictó una sentencia judicial sobre el pecado, en la persona de Cristo, a causa de la cual se ha efectuado lo que la Ley no podía efectuar (es decir, la justificación). El pecado es condenado en la naturaleza humana de Cristo no puede ser condenado y castigado en las personas de los representados por él. Deben ser justificados.

Para que la justicia de la ley se cumpla en nosotros - Para que la culpa sea perdonada por el mérito de ese sacrificio; y que seamos capacitados, por el poder de su propia gracia y Espíritu, para caminar en novedad de vida; amando a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos: y así la justicia, el espíritu, el diseño y el propósito de la ley se cumple en nosotros, por la fuerza del Espíritu de Cristo, que se opone aquí a la debilidad de la ley por la carne.

  Trata con los dos aspectos de la salvación. Primero, Jesús cumplió los requisitos del Antiguo Pacto y a través de la fe en Él está justicia es transferida a los creyentes como un regalo gratuito aparte del mérito personal. Nosotros le llamamos a esto justificación o santificación posicional. Dios da a los creyentes un nuevo corazón y un nuevo espíritu. Nosotros andamos ahora en el Espíritu, no en la carne. Esto es llamado “santificación progresiva.” El cristianismo es un nuevo pacto que tiene tanto derechos (como el regalo de la salvación) y responsabilidades  

jueves, 9 de junio de 2022

ANTIGÜEDADES DE LOS JUDIOS - Desde la creación hasta la muerte de Isaac (3833 años) (Flavio Josefo)

 

CAPÍTULO 3  DEL DILUVIO; Y DE QUÉ MANERA FUE SALVADO NOÉ EN UN ARCA, CON SU PARENTE, Y MORÓ DESPUÉS EN LA LLANURA DE SINAR


1. Ahora esta posteridad de Seth continuó estimando a Dios como el Señor del universo, y teniendo un total respeto por la virtud, durante siete generaciones; pero con el tiempo se pervirtieron y abandonaron las prácticas de sus antepasados; y no pagaron los honores a Dios que les fueron señalados, ni tuvieron ninguna preocupación de hacer justicia con los hombres. Pero por el grado de celo que antes habían mostrado por la virtud, ahora mostraban con sus acciones un doble grado de maldad, por lo que hicieron de Dios su enemigo. Porque muchos ángeles de Dios se juntaron con mujeres, y engendraron hijos injustos y despreciadores de todo lo bueno, por la confianza que tenían en su propia fuerza; porque la tradición es que estos hombres hicieron lo que se parecía a los actos de aquellos a quienes los griegos llaman gigantes. Pero Noah estaba muy inquieto por lo que hicieron; y estando disgustado por su conducta, los persuadió para que cambiaran sus disposiciones y sus actos para mejor; pero viendo que no se sometían a él, sino que eran esclavos de sus malos placeres, temió que lo mataran a él, junto con su esposa e hijos, y los que se hubieren casado; así que partió de aquella tierra.

 

2. Ahora bien, Dios amó a este hombre por su justicia: sin embargo, no sólo condenó a esos otros hombres por su maldad, sino que determinó destruir toda la raza de la humanidad, y hacer otra raza que debería ser pura de maldad; y acortando sus vidas, y haciendo que sus años no fueran tantos como antes vivían, sino ciento veinte solamente, convirtió la tierra seca en mar; y así fueron destruidos todos estos hombres: pero sólo Noé se salvó; porque Dios le sugirió el siguiente artificio y vía de escape: - Que hiciera un arca de cuatro pisos de alto, trescientos codos de largo, cincuenta codos de ancho, y treinta codos de alto. En consecuencia, entró en el arca, y su esposa, sus hijos y sus esposas, y puso en ella no solo otras provisiones para satisfacer sus necesidades allí, sino que también envió con el resto toda clase de criaturas vivientes, el macho y su hembra, para la conservación de sus géneros; y otros de ellos por sietes. Ahora bien, este arca tenía paredes firmes y un techo, y estaba apuntalada con vigas transversales, para que de ninguna manera pudiera ser ahogada o dominada por la violencia del agua. Y así fue preservado Noé, con su familia. Ahora bien, él era el décimo desde Adán, por ser hijo de Lamec, cuyo padre era Matusela; él era el hijo de Enoc, el hijo de Jared; y Jared era hijo de Malaleel, quien, con muchas de sus hermanas, eran hijos de Cainán, hijo de Enós. Ahora bien, Enós era el hijo de Set, el hijo de Adán,  

 

3. Esta calamidad sucedió en el año seiscientos del gobierno de Noé, [edad,] en el segundo mes, llamado por los macedonios Dius, pero por los hebreos Marchesuan: porque así ordenaron su año en Egipto. Pero Moisés dispuso que Nisán, que es lo mismo que Xántico, fuera el primer mes de sus fiestas, porque los sacó de Egipto en ese mes: de modo que este mes comenzó el año en cuanto a todas las solemnidades que observaron para el honor de Dios, aunque conservó el orden original de los meses en cuanto a comprar y vender, y otros asuntos ordinarios. Ahora dice que esta inundación comenzó el día veintisiete [diecisiete] del mes mencionado; y esto fue dos mil seiscientos cincuenta y seis [mil seiscientos cincuenta y seis] años desde Adán, el primer hombre; y el tiempo está escrito en nuestros libros sagrados,

 

4. Porque en verdad Set nació cuando Adán tenía doscientos treinta años, y vivió novecientos treinta años. Set engendró a Enós a los doscientos cinco años; el cual, cuando había vivido novecientos doce años, entregó el gobierno a Cainán su hijo, a quien tuvo en su año ciento noventa. Vivió novecientos cinco años. Cainán, cuando había vivido novecientos diez años, tuvo a su hijo Malaleel, que nació a los ciento setenta años. Este Malaleel, habiendo vivido ochocientos noventa y cinco años, murió, dejando a su hijo Jared, a quien engendró cuando tenía ciento sesenta y cinco años. Vivió novecientos sesenta y dos años; y luego le sucedió su hijo Enoc, que nació cuando su padre tenía ciento sesenta y dos años. Ahora él, cuando había vivido trescientos sesenta y cinco años, partió y fue a Dios; de donde es que no han escrito su muerte. Ahora bien, Matusela, hijo de Enoc, que le nació cuando tenía ciento sesenta y cinco años, tuvo a Lamec por hijo cuando tenía ciento ochenta y siete años; a quien entregó el gobierno, cuando lo hubo retenido novecientos sesenta y nueve años. Ahora bien, Lamec, cuando hubo gobernado setecientos setenta y siete años, nombró a Noé, su hijo, como gobernante del pueblo, que le nació a Lamec cuando tenía ciento ochenta y dos años, y retuvo el gobierno nueve ciento cincuenta años. Estos años reunidos constituyen la suma antes de establecerse. Pero que nadie indague sobre la muerte de estos hombres; porque prolongaron su vida junto con sus hijos y nietos;

 

5. Cuando Dios dio la señal, y comenzó a llover, el agua se derramó cuarenta días enteros, hasta que llegó a ser quince codos más alta que la tierra; por lo cual no se conservó mayor número, ya que no tenían adónde volar. Cuando cesó la lluvia, el agua apenas comenzó a disminuir después de ciento cincuenta días (es decir, en el día diecisiete del séptimo mes), y luego dejó de disminuir por un poco de tiempo. Después de esto, el arca descansó en la cima de cierta montaña en Armenia; la cual, cuando Noé entendió, la abrió; y al ver un pequeño pedazo de tierra a su alrededor, continuó tranquilo, y concibió algunas alegres esperanzas de liberación. Pero unos días después, cuando las aguas habían disminuido en mayor grado, envió un cuervo, como deseoso de saber si alguna otra parte de la tierra había quedado seca por el agua, y si podría salir del arca con seguridad; pero el cuervo, encontrando toda la tierra todavía inundada, volvió a Noé otra vez. Y después de siete días envió una paloma, para conocer el estado de la tierra; el cual volvió a él cubierto de lodo, y trayendo una rama de olivo: en esto supo Noé que la tierra se había limpiado del diluvio. Después de haber estado siete días más, envió fuera del arca a los seres vivientes; y él y su familia salían, cuando él también sacrificaba a Dios, y comía con sus compañeros. Sin embargo, los armenios llaman a este lugar, (GRIEGO) El Lugar del Descenso; porque estando el arca guardada en aquel lugar, sus restos son mostrados allí por los habitantes hasta el día de hoy.  

 

6. Ahora bien, todos los escritores de historias bárbaras hacen mención de este diluvio y de esta arca; entre los cuales está Berosus el Caldeo. Porque cuando está describiendo las circunstancias del diluvio, continúa así: "Se dice que todavía queda una parte de este barco en Armenia, en la montaña de Cordyaeans, y que algunas personas se llevan pedazos del betún, que quitan y usan principalmente como amuletos para evitar males". Hieronymus el egipcio también, que escribió las Antigüedades fenicias, y Mnaseas, y muchos más, hacen mención de lo mismo. No, Nicolás de Damasco, en su libro noventa y seis, tiene una relación particular acerca de ellos; donde habla así: "Hay una gran montaña en Armenia, sobre Minyas, llamada Baris, sobre la cual se informa que muchos de los que huyeron en el momento del Diluvio se salvaron; y el que era llevado en un arca llegó a la orilla sobre la parte superior de ella; y que los restos de la madera se conservaron mucho tiempo. Este podría ser el hombre sobre el cual escribió Moisés, el legislador de los judíos".

 

7. Pero en cuanto a Noé, tuvo miedo, ya que Dios había determinado destruir a la humanidad, no sea que inunde la tierra cada año; así que ofreció holocaustos, y rogó a Dios que la naturaleza continuara de ahora en adelante en su antiguo curso ordenado, y que no traería más un juicio tan grande, por el cual toda la raza de las criaturas pudiera estar en peligro de destrucción: pero que, habiendo ahora castigado a los impíos, él, por su bondad, perdonaría al resto, y a los que hasta entonces había juzgado apropiados para ser librados de tan severa calamidad; porque de lo contrario estos últimos deben ser más miserables que los primeros, y que deben ser condenados a una condición peor que los otros, a menos que se les permita escapar por completo; esto es, si se reservan para otro diluvio; mientras deben ser afligidos por el terror y la vista del primer diluvio, y también debe ser destruido por un segundo. También rogó a Dios que aceptara su sacrificio y concediera que la tierra nunca más sufriera los efectos similares de 'su ira; que a los hombres se les permita continuar alegremente cultivando lo mismo; construir ciudades y vivir felizmente en ellas; y para que no se les privara de ninguna de las cosas buenas que disfrutaban antes del Diluvio; pero podría alcanzar la misma duración de los días y la vejez a la que la gente antigua había llegado antes.  

 

8. Cuando Noé hubo hecho estas súplicas, Dios, que amaba al hombre por su justicia, concedió pleno éxito a sus oraciones, y dijo que no era él quien trajo la destrucción de un mundo contaminado, sino que ellos sufrieron esa venganza en cuenta de su propia maldad; y que no hubiera traído a los hombres al mundo si él mismo hubiera determinado destruirlos, siendo un ejemplo de mayor sabiduría no haberles dado vida alguna, que, después de haberla dado, procurar su destrucción; Pero las injurias, dijo, que hicieron a mi santidad y virtud, me obligaron a traerles este castigo por sus malas acciones futuras, y especialmente a causa de tus oraciones. Pero si en algún momento enviaré tempestades de lluvia, de una manera extraordinaria, no te asustes por la magnitud de las lluvias; porque las aguas nunca más cubrirán la tierra. Sin embargo, os pido que os abstengáis de derramar la sangre de los hombres, y que os conservéis puros del homicidio; y para castigar a los que cometen tal cosa. Os permito hacer uso de todos los demás seres vivientes a vuestro gusto y según os lleve vuestro apetito; porque os he puesto por señores de todos ellos, tanto de los que andan sobre la tierra, como de los que nadan en las aguas, y de los que vuelan en las alturas de las regiones del aire, excepto su sangre, porque en ella está la vida. Pero os daré una señal de que he dejado mi ira por mi arco [por lo que se refiere al arco iris, porque determinaron que el arco iris era el arco de Dios].   Dios dijo y prometió que así sería.

 

9. Ahora bien, cuando Noé había vivido trescientos cincuenta años después del Diluvio, y que todo ese tiempo felizmente, murió, habiendo vivido el número de novecientos cincuenta años. Pero nadie, al comparar la vida de los antiguos con la nuestra, y con los pocos años que ahora vivimos, piense que es falso lo que hemos dicho de ellos; o hacer de la brevedad de nuestras vidas en la actualidad un argumento, que tampoco alcanzaron una duración de vida tan larga, porque esos antiguos eran amados de Dios, y [últimamente] hechos por Dios mismo; y porque su comida era entonces más adecuada para la prolongación de la vida, bien podría vivir un número tan grande de años: y además, Dios les concedió un tiempo de vida más largo a causa de su virtud, y el buen uso que hicieron de ella en astronómico. y descubrimientos geométricos, lo cual no habría proporcionado el tiempo de predecir [los períodos de las estrellas] a menos que hubieran vivido seiscientos años; porque el gran año se completa en ese intervalo. Ahora bien, tengo por testigos de lo que he dicho, a todos los que han escrito Antigüedades, tanto entre los griegos como entre los bárbaros; porque incluso Manetón, que escribió la Historia egipcia, y Beroso, que recopiló los Monumentos caldeos, y Moco, y Hesteo, y, además de estos, Jerónimo el egipcio, y los que compusieron la Historia fenicia, están de acuerdo con lo que aquí digo: Hesíodo también, y Hecatseus, Hellanicus, y Acusilaus; y, además de estos, Éforo y Nicolás cuentan que los antiguos vivieron mil años. Pero en cuanto a estas cosas, que cada uno las mire como mejor le parezca.  

ANTIGÜEDADES DE LOS JUDIOS - Desde la creación hasta la muerte de Isaac (3833 años) (Flavio Josefo)

 

 

CAPÍTULO 2  SOBRE LA POSTERIDAD DE ADÁN Y LAS DIEZ GENERACIONES DESDE ÉL HASTA EL DILUVIO

 

1. ADAM y Eva tuvieron dos hijos: el mayor de ellos se llamó Caín; cuyo nombre, cuando se interpreta, significa una posesión: el menor era Abel, que significa dolor. También tuvieron hijas. Ahora bien, los dos hermanos estaban complacidos con diferentes cursos de vida: porque Abel, el más joven, era un amante de la justicia; y creyendo que Dios estaba presente en todas sus acciones, sobresalió en virtud; y su empleo era el de un pastor. Pero Caín no sólo era muy malvado en otros aspectos, sino que estaba completamente empeñado en obtener; y primero se las arregló para arar la tierra. Mató a su hermano en la ocasión siguiente: - Habían resuelto sacrificar a Dios. Ahora bien, Caín trajo los frutos de la tierra y de su labranza; pero Abel trajo leche y las primicias de sus rebaños: pero Dios se deleitó más con la última ofrenda, cuando fue honrado con lo que creció naturalmente por sí mismo, que lo fue con lo que fue la invención de un hombre codicioso, y obtenido forzando la tierra; de donde fue que Caín estaba muy enojado porque Abel era preferido por Dios antes que él; y mató a su hermano, y escondió su cadáver, pensando en escapar de ser descubierto. Pero Dios, sabiendo lo que había sucedido, vino a Caín y le preguntó qué había sido de su hermano, porque hacía muchos días que no lo había visto; mientras que solía observarlos conversando juntos en otras ocasiones. Pero Caín dudaba consigo mismo y no sabía qué respuesta dar a Dios. Al principio dijo que él mismo estaba perdido por la desaparición de su hermano; pero cuando fue provocado por Dios, quien lo presionó con vehemencia, como resuelto a saber de qué se trataba, respondió que él no era el guardián ni el guardián de su hermano, ni fue un observador de lo que hizo. Pero, a cambio, Dios condenó a Caín por haber sido el asesino de su hermano; y dijo: "Me maravillo de ti, que no sepas lo que ha sido de un hombre a quien tú mismo has destruido". Dios, por lo tanto, no infligió el castigo [de muerte] sobre él, a causa de su ofrenda de sacrificio, y por lo tanto le suplicó que no fuera extremo en su ira hacia él; pero lo hizo anatema, y ​​amenazó a su posteridad en la séptima generación. También lo arrojó a él, junto con su esposa, fuera de esa tierra. Y cuando tuvo miedo de que, vagando, caería entre las fieras, y así perecería, Dios le mandó que no abrigara tan melancólica sospecha, y que recorriera toda la tierra sin temor a los daños que pudiera sufrir de las bestias salvajes, ganado; y poniéndole una señal,

 

2. Y cuando Caín había viajado por muchos países, él, con su esposa, construyó una ciudad, llamada Nod, que es un lugar llamado así, y allí estableció su morada; donde también tuvo hijos. Sin embargo, no aceptó su castigo para enmendarse, sino para aumentar su maldad; porque él sólo pretendía procurar todo lo que era para su propio placer corporal, aunque lo obligara a ser perjudicial para sus vecinos. Aumentó los bienes de su casa con mucha riqueza, por rapiña y violencia; incitó a sus amistades a procurar placeres y botines mediante el robo, y se convirtió en un gran líder de hombres en caminos perversos. También introdujo un cambio en esa forma de sencillez en que antes vivían los hombres; y fue el autor de medidas y pesos. Y mientras vivieron inocente y generosamente mientras no sabían nada de tales artes, transformó el mundo en astucia astuta. Primero puso límites a las tierras: edificó una ciudad, y la fortificó con muros, y obligó a su familia a reunirse en ella; y llamó a esa ciudad Enoc, por el nombre de su hijo mayor, Enoc. Ahora bien, Jared era hijo de Enoc; cuyo hijo fue Malaliel; cuyo hijo fue Mathusela; cuyo hijo fue Lamec; quien tuvo setenta y siete hijos de dos esposas, Silla y Ada. De esos hijos de Ada, uno fue Jabal: erigió tiendas de campaña y amaba la vida de un pastor. Pero Jubal, que nació de la misma madre que él, se ejercitó en la música e inventó el salterio y el arpa. Pero Tubal, uno de los hijos de la otra mujer, excedía en fuerza a todos los hombres, y era muy experto y famoso en los espectáculos marciales. Obtuvo lo que tendía a los placeres del cuerpo por ese método; y ante todo inventó el arte de hacer latón. Lamec también fue padre de una hija, cuyo nombre era Naama. Y debido a que era tan hábil en asuntos de revelación divina, que sabía que iba a ser castigado por el asesinato de su hermano por parte de Caín, se lo hizo saber a sus esposas. No, incluso mientras Adán estaba vivo, sucedió que la posteridad de Caín se volvió extremadamente malvada, cada uno muriendo sucesivamente, uno tras otro, más malvados que los primeros. Eran intolerables en la guerra y vehementes en los robos; y si alguno tardó en asesinar a la gente, sin embargo, fue atrevido en su comportamiento libertino, en actuar injustamente y en causar daños por ganancia.  

 

3. Ahora Adán, quien fue el primer hombre, y hecho de la tierra, (porque nuestro discurso ahora debe ser acerca de él), después de que Abel fue asesinado, y Caín huyó, a causa de su asesinato, fue solícito por la posteridad, y tenía gran deseo de tener hijos, siendo él de doscientos treinta años; después de lo cual vivió otros setecientos, y luego murió. De hecho, tuvo muchos otros hijos, pero Seth en particular. En cuanto al resto, sería tedioso nombrarlos; Por lo tanto, solo intentaré dar cuenta de los que procedieron de Seth. Ahora bien, este Seth, cuando creció y llegó a esos años en los que podía discernir lo que era bueno, se convirtió en un hombre virtuoso; y como él mismo era de un carácter excelente, así dejó hijos detrás de él que imitaron sus virtudes. Todos estos resultaron ser de buenas disposiciones. Ellos también habitaron el mismo país sin disensiones y en una condición feliz, sin que les cayera ninguna desgracia, hasta que murieron. También fueron los inventores de ese tipo peculiar de sabiduría que se ocupa de los cuerpos celestes y su orden. Y para que sus inventos no se perdieran antes de que fueran suficientemente conocidos, sobre la predicción de Adán de que el mundo sería destruido en un momento por la fuerza del fuego, y en otro momento por la violencia y la cantidad de agua, hicieron dos pilares, uno de ladrillo, el otro de piedra: inscribieron sus descubrimientos en ambos, para que en caso de que la columna de ladrillo fuera destruida por la inundación, la columna de piedra pudiera permanecer, y exhibir esos descubrimientos a la humanidad; y también informarles que había otro pilar de ladrillo erigido por ellos.

 

lunes, 6 de junio de 2022

CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS Romanos 7:13-25


Romanos 7:13-25

  13  ¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso.

 14  Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.

 15  Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.

 16  Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.

 17  De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.

 18  Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.

 19  Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.

 20  Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.

 21  Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.

 22  Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;

 23  pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

 24  ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?

 25  Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.        

    

 

        Pablo nos presenta su alma al desnudo; y nos habla de una experiencia que es de la misma esencia de la situación humana. Sabía lo que estaba bien, y quería hacerlo; y sin embargo, por alguna razón, no podía hacerlo. Sabía lo que estaba mal, y lo último que querría sería hacerlo; y, sin embargo, lo hacía. Se daba cuenta de que tenía una personalidad dividida, como si hubiera dos personas diferentes dentro de su piel, tirando cada una en un sentido diferente. Le perseguía este sentimiento de frustración; su capacidad para ver lo que estaba bien, y su incapacidad para hacerlo; su capacidad para reconocer lo que estaba mal, y su incapacidad para resistirse a hacerlo.

Los contemporáneos de Pablo conocían muy bien este sentimiento, lo mismo que lo conocemos nosotros. Séneca lo llamaba «nuestra indefensión en las cosas necesarias», y decía que los hombres odian sus pecados y los aman al mismo tiempo. Ovidio, el gran poeta latino, había escrito la famosa sentencia: «Veo las cosas mejores y las apruebo; pero sigo las peores.»

Nadie conocía este problema mejor que los judíos. Lo planteaban diciendo que, en toda persona, hay dos naturalezas, a las que llamaban yétser hatob y yétser hará -tendencia al bien y tendencia al mal-. Los judíos estaban convencidos de que Dios había hecho al hombre con un buen impulso y con un mal impulso.

Había rabinos que creían que el mal impulso estaba en el embrión antes del nacimiento. Era una «segunda personalidad malévola.» Era "el implacable enemigo del hombre.» Estaba acechando toda la vida para destruir al hombre. Pero los judíos veían con la misma claridad, en teoría, que nadie tiene por qué sucumbir a ese mal impulso.  

Cuando atacaba el mal impulso, los judíos creían que la sabiduría y la razón lo podían derrotar; el estar ocupado en el estudio de la Palabra de Dios era su seguridad; la Ley era un profiláctico; en tales momentos se podía pedir la ayuda del buen impulso.

Pablo sabía todo eso; y también sabía que, si bien todo era cierto en teoría, no lo era en la práctica. Había cosas en la naturaleza humana -eso era lo que él quería decir con este cuerpo fatal- que respondían a la seducción del pecado. Es parte de la situación humana que conocemos el bien pero hacemos el mal, que nunca somos tan buenos como sabemos que debemos ser. Al mismo tiempo y a la vez nos atraen la bondad y la maldad.

Desde cierto punto de vista este pasaje se podría llamar el de las incapacidades.

 Pablo menciona tres lecciones que aprendió al enfrentar sus antiguos deseos pecaminosos. (1) El conocimiento no es la respuesta. Pablo se sentía bien mientras no entendía lo que la Ley demandaba. Cuando aprendió la verdad, supo que estaba condenado.

(2) La autodeterminación (luchar con nuestras fuerzas) no da resultado (7.15). Pablo descubrió que pecaba en formas que ni aun le eran atractivas.

(3) Con ser cristiano no se logra desarraigar todos los pecados en la vida de creyente (7.22-25).

Nacer de nuevo requiere un momento de fe, pero llegar a ser como Cristo es un proceso de toda la vida. Pablo compara el crecimiento cristiano a una buena carrera o pelea (1Corintios_9:24-27; 2Timoteo 4:7). Tal como Pablo viene enfatizando desde el comienzo de su carta a los Romanos, nadie en el mundo es inocente, nadie merece ser salvo, ni el pagano que desconoce las leyes de Dios, ni el cristiano ni el judío que sí las conoce y procura guardarlas. Todos debemos depender por completo de la obra de Cristo en cuanto a nuestra salvación. No la podemos ganar con buena conducta.

  Describe la experiencia de cualquier cristiano que lucha contra el pecado o trata de agradar a Dios guardando reglas y leyes sin la ayuda del Espíritu Santo. Nunca debemos subestimar el poder del pecado. Nunca debemos intentar luchar con nuestras fuerzas. Satanás es un tentador astuto y nosotros tenemos una gran capacidad de excusa. En lugar de enfrentar el pecado con el poder humano, debemos apropiarnos del poder enorme de Cristo que está a nuestra disposición. Esta es la provisión de Dios para vencer el pecado. Él envía al Espíritu Santo para vivir en nosotros y darnos poder. Y cuando caemos, amorosamente nos ayuda a levantarnos.

   El hijo de Dios tiene “la naturaleza divina” (2 Pedro 1:4), pero también la naturaleza pecadora (Génesis 5:17). Potencialmente el pecado esta hecho inoperable (Romanos 6:6), pero la experiencia humana sigue mostrando nuestra debilidad y poder de atracción hacia él. Los judíos dicen que en el corazón de cada hombre hay un perro negro y uno blanco. El que uno alimente más es el que crecerá más.

 Mientras leo este pasaje yo en la experiencia siento el dolor de Pablo al describir el conflicto diario de nuestras dos naturalezas. Los creyentes hemos sido liberados de la naturaleza caída, pero continuamos siendo atraídos como un imán. Es sorprendente como la guerra espiritual comienza después de la salvación. La madurez, entonces, se compone de tener compañerismo con el Dios Trino y de luchar con el pecado diariamente.

Vivimos bajo la influencia de propensiones pecaminosas e inclinaciones y deseos carnales. Esto representa la fuerte propensión nativa al pecado; e incluso el poder de la propensión corrupta bajo la influencia restrictiva del evangelio. Podemos observar:

(1) Que la propensión predominante; la inclinación fija habitual de la mente del cristiano es hacer lo correcto. El camino malo es odiado, el camino correcto es amado. Esta es la característica de una mente piadosa. Distingue a un hombre santo de un pecador.

(2) El mal que se hace es desaprobado; es una fuente de dolor; y el deseo habitual de la mente es evitarlo y ser puro. Esto también distingue al cristiano del pecador.

(3) No hay necesidad de avergonzarse aquí con dificultades metafísicas o preguntas sobre cómo puede ser esto; por.

(a) es, de hecho, la experiencia de todos los cristianos. La inclinación habitual y fija y el deseo de nuestras mentes es servir a Dios. Tenemos un aborrecimiento fijo del pecado; y, sin embargo, somos conscientes de la imperfección, el error y el pecado, que es la fuente de inquietud y problemas. La fuerza de la pasión natural puede vencernos en un momento de descuido. El poder de los largos hábitos de pensamientos anteriores puede molestarnos. Un hombre que era un incrédulo antes de su conversión, y cuya mente estaba llena de escepticismo, cavilaciones y blasfemias, encontrará que el efecto de sus antiguos hábitos de pensamiento persiste en su mente y perturba su paz durante años. Estos pensamientos se iniciarán con la rapidez del relámpago. Así ocurre con todos los vicios y todas las opiniones. Es uno de los efectos del hábito. “El mismo paso de un pensamiento impuro a través de la mente deja contaminación tras de sí,” y donde el pecado ha sido consentido por mucho tiempo, deja su efecto fulminante y desolador en el alma mucho tiempo después de la conversión, y produce ese estado de conflicto con el cual todo cristiano está familiar.

(b) Todas las personas sienten un efecto algo similar. Todos están conscientes de hacer eso, bajo la excitación de la pasión y el prejuicio, que su conciencia y mejor juicio desaprueban. Por lo tanto, existe un conflicto que se presenta con tanta dificultad metafísica como la lucha en la mente del cristiano a la que se hace referencia aquí.

 No es ese yo el que constituye la razón y la conciencia, sino las inclinaciones sensuales y corrompidas por el pecado que moran en mí y que tienen todo el dominio sobre mi razón, oscureciendo mi entendimiento y pervirtiendo mi juicio; para lo cual hay condenación en la ley, pero no cura. Así encontramos aquí que hay un principio en el hombre no regenerado más fuerte que la razón misma; un principio que, propiamente hablando, no es de la esencia del alma, sino que actúa en ella, como su señor, o como un tirano. Este es un pecado innato y que mora en nosotros: la simiente de la serpiente; por lo cual toda el alma se oscurece, confunde, pervierte y excita a la rebelión contra Dios.

Ya no soy yo quien lo hace - Este es evidentemente un lenguaje figurado, porque es realmente el hombre el que peca cuando se comete el mal. Pero el apóstol hace una distinción entre el pecado y lo que quiere decir con el pronombre “yo”. Por lo primero evidentemente se refiere a su naturaleza corrupta. Con esto último se refiere a su naturaleza renovada, a sus principios cristianos. Quiere decir que no lo aprueba ni lo ama en su estado actual, sino que es el resultado de sus propensiones y pasiones innatas. En su corazón, conciencia y sentimiento habitual, no eligió cometer pecado, sino que lo aborreció. Así, todo cristiano puede decir que no elige hacer el mal, sino que desearía ser perfecto; que odia el pecado y, sin embargo, sus pasiones corruptas lo desvían.

  Mis pasiones corruptas y propensiones nativas. Morando en mí como su hogar. Esta es una expresión fuerte, que denota que el pecado se había instalado en la mente y moraba allí. Todavía no se había desalojado por completo. Esta expresión contrasta con otra que ocurre, donde se dice que “el Espíritu de Dios mora” en el cristiano, Romanos_8:9; 1Corintios_3:16. El sentido es que está fuertemente influenciado por el pecado por un lado, y por el Espíritu por el otro. De esta expresión ha surgido la frase tan común entre los cristianos, el pecado que habita en nosotros.

  He aprendido por experiencia que en un hombre no regenerado no hay bien. No hay principio por el cual el alma pueda ser llevada a la luz; ningún principio por el cual pueda ser restaurado a la pureza: solo prevalecen los apetitos carnales; y el bruto huye con el hombre.

  Aunque toda el alma ha sufrido indescriptiblemente por la Caída, hay algunas facultades que parecen haber sufrido menos que otras; o más bien han recibido mayores medidas de la luz sobrenatural, porque su concurrencia con el principio Divino es tan necesaria para la salvación del alma. Incluso los más despreocupados por las cosas espirituales tienen entendimiento, juicio, razón y voluntad. Y por medio de estos hemos visto incluso a los que se burlan de la revelación divina llegar a ser muy eminentes en las artes y las ciencias; algunos de nuestros mejores metafísicos, médicos, matemáticos, astrónomos, químicos, etc., han sido conocidos -para su reproche sea dicho y publicado- sin religión; es más, algunos de ellos la han blasfemado, dejando a Dios fuera de su propia obra, y atribuyendo a un ídolo propio, al que llaman naturaleza, las operaciones de la sabiduría, poder y bondad del Altísimo. Es cierto que muchos de los más eminentes en todas las ramas del conocimiento antes mencionadas han sido creyentes concienzudos en la revelación divina; pero el caso de los demás prueba que, caído como está el hombre, posee poderes extraordinarios, que son capaces de cultivar y mejorar muy alto. En resumen, el alma parece capaz de cualquier cosa menos de conocer, temer, amar y servir a Dios. Y no sólo es incapaz, por sí mismo, de ningún acto verdaderamente religioso; pero lo que muestra su caída de la manera más indiscutible es su enemistad con las cosas sagradas. Que un hombre no regenerado finja lo que le plazca, su conciencia sabe que odia la religión; su alma se rebela contra ella; su mente carnal no está sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede estarlo. No se puede reducir este principio inicuo a la sujeción; es Pecado, y pecado es rebelión contra Dios; por tanto, el pecado debe ser destruido, no sujeto; si se sometiera, dejaría de ser pecado, porque el pecado está en oposición a Dios: por eso el apóstol dice, de manera más concluyente, que no puede ser sometido, es decir, debe ser destruido, o destruirá el alma para siempre.

Cuando el apóstol dice que el querer está presente en mí, muestra que la voluntad está del lado de Dios y de la verdad, en cuanto que consiente en la conveniencia y necesidad de la obediencia. Se ha levantado un extraño clamor contra esta facultad del alma, como si en ella habitara la esencia misma del mal; mientras que el apóstol muestra, a lo largo de este capítulo, que la voluntad estaba regularmente del lado de Dios, mientras que todas las demás facultades parecen haber estado en contra de él. La verdad es que los hombres han confundido la voluntad con las pasiones, y han puesto a cargo de la primera lo que pertenece propiamente a la segunda. La voluntad es correcta, pero las pasiones están equivocadas. Discierne y aprueba, pero no tiene capacidad para realizar: no tiene poder sobre los apetitos sensuales; en estos mora el principio de la rebelión: anula el mal, quiere el bien, pero sólo puede mandar por el poder de la gracia divina: pero esto la persona en cuestión, el hombre no regenerado, no lo ha recibido.

  En mi naturaleza no renovada; en mis propensiones e inclinaciones antes de la conversión. ¿No muestra esta expresión calificativa que en esta discusión estaba hablando de sí mismo como un hombre renovado? Por lo tanto, tiene cuidado de dar a entender que en ese momento había en él algo que era correcto o aceptable ante Dios, pero que no le pertenecía por naturaleza.

  Su alma estaba totalmente ocupada por lo que era malo. Se había apoderado por completo.

Nada bueno: no podría haber una expresión más fuerte de creencia en la doctrina de la depravación total. Es la propia representación de Pablo de sí mismo. Prueba que su corazón era totalmente malo. Y si esto era verdad para él, es verdad para todos los demás. Es una buena manera de examinarnos a nosotros mismos, de averiguar si tenemos tal visión de nuestro propio carácter nativo como para decir que sabemos que en nuestra carne no mora nada bueno. El sentido aquí es que en lo que se refiere a la carne, es decir, con respecto a sus inclinaciones y deseos naturales, no había nada bueno; todo estaba mal. Esto fue cierto en toda su conducta antes de la conversión, donde los deseos de la carne reinaban y se amotinaban sin control; y era cierto después de la conversión, en lo que respecta a las inclinaciones y propensiones naturales de la carne. Todas esas operaciones en cada etapa fueron malas, y no menos malas porque se experimentan bajo la luz y en medio de las influencias del evangelio.

  El propósito uniforme, regular y habitual de la mente del cristiano es hacer lo correcto. Los obstáculos no son naturales, sino los que surgen de una larga indulgencia en el pecado; la fuerte propensión nativa al mal.

No hay un hombre entre diez millones que observe cuidadosamente las operaciones de esta facultad, que la encuentre opuesta al bien y obstinadamente unida al mal, como generalmente se supone. Es más, se encuentra casi uniformemente del lado de Dios, mientras que todo el sistema sensual está en su contra. - No es la Voluntad la que extravía a los hombres; sino las pasiones corruptas que se oponen y oprimen la voluntad. Es verdaderamente asombroso en cuántos errores innumerables han caído los hombres en este punto, y qué sistemas de divinidad se han construido sobre estos errores. La voluntad, esa casi única amiga de Dios en el alma humana, ha sido calumniada como la peor enemiga de Dios, ¡y hasta por aquellos que tenían ante sus ojos el capítulo séptimo de los Romanos! No, se ha considerado tan enemigo de Dios y de la bondad que está atado con las cadenas diamantinas de una terrible necesidad de hacer solamente el mal; y la doctrina de la voluntad (absurdamente llamada libre albedrío, como si la voluntad no implicara esencialmente lo que es libre) ha sido considerada una de las herejías más destructivas. Que tales personas se pongan a la escuela con sus Biblias y con el sentido común.

El estado claro del caso es este: el alma está tan completamente caída, que no tiene poder para hacer el bien hasta que recibe ese poder de lo alto. Pero tiene poder para ver el bien, para distinguir entre eso y el mal; reconocer la excelencia de este bien, y quererlo, desde la convicción de esa excelencia; pero más lejos no puede ir. Sin embargo, en varios casos, se solicita y consiente en pecar; y por ser voluntad, esto es, por ser principio libre, debe poseer necesariamente esta potencia; y aunque no puede hacer ningún bien a menos que reciba la gracia de Dios, es imposible forzarlo a pecar. Incluso el mismo Satanás no puede hacer esto; y antes de que pueda hacerlo pecar, debe obtener su consentimiento. Así Dios en su infinita misericordia ha dotado a esta facultad de un poder en el cual, humanamente hablando, reside la salvación del alma; y sin esto el alma debe haber continuado eternamente bajo el poder del pecado, o haberse salvado como una máquina inerte, absolutamente pasiva; cuya suposición iría casi a probar que era tan incapaz del vicio como de la virtud.

“Pero, ¿no destruye este argumento la doctrina de la gracia inmerecida?” ¡No! establece esa doctrina.

1. Es por la gracia, la bondad inmerecida de Dios, que el alma tiene tal facultad, y que no ha sido extinguida por el pecado.

2. Esta voluntad, aunque es un principio libre, en lo que respecta a anular el mal y escoger el bien, sin embargo, propiamente hablando, no tiene poder por el cual pueda subyugar el mal o realizar el bien.

Sabemos que el ojo tiene el poder de discernir los objetos, pero sin luz este poder es perfectamente inútil, y ningún objeto puede ser discernido por él. Así, de la persona aquí representada por el apóstol, se dice: El querer está presente en mí, το γαρ θελειν παρακειται μοι. El querer está siempre listo, está siempre a mano, está constantemente ante mí; pero cómo realizar lo que es bueno, no lo encuentro; es decir, el hombre no es regenerado y busca la justificación y la santidad de la ley. La ley nunca fue diseñada para dar estos - da el conocimiento, no la cura del pecado; por lo tanto, aunque anule el mal y quiera el bien, no puede vencer el uno ni realizar el otro hasta que reciba la gracia de Cristo, hasta que busque y encuentre la redención en su sangre.

 Ya no soy yo, mi voluntad está en contra; mi razón y mi conciencia lo condenan. Pero el pecado que mora en mí, el principio del pecado, que se ha apoderado de todos mis apetitos y pasiones carnales, y así somete mi razón y domina mi alma. Por lo tanto, estoy en perpetua contradicción conmigo mismo. Dos principios luchan continuamente en mí por el dominio: mi razón, sobre la cual resplandece la luz de Dios, para mostrar lo que es malo; y mis pasiones, en las que obra el principio del pecado, para dar fruto de muerte.

 Hay una ley cuya operación experimento cada vez que intento hacer el bien. Ha habido varias opiniones sobre el significado de la palabra “ley” en este lugar. Es evidente que se usa aquí en un sentido algo inusual. Pero conserva la noción que comúnmente se le atribuye de lo que ata o controla. Y aunque esto a lo que se refiere difiere de una ley, en cuanto que no es impuesta por un superior, que es la idea habitual de una ley, sin embargo, tiene el sentido de ley en la medida en que obliga, controla, influye o es aquello a lo que estaba sujeto. No puede haber duda de que se refiere aquí a su naturaleza carnal y corrupta; a las malas propensiones y disposiciones que lo estaban descarriando. El representar esto como una ley está de acuerdo con todo lo que dice de él, que es servidumbre, que está sujeto a ella y que impide sus esfuerzos por ser santo y puro. El significado es este: “Encuentro un hábito, una propensión, una influencia de pasiones y deseos corruptos que, cuando quiero hacer lo correcto, impiden mi progreso y me impiden lograr lo que quiero”. Todo cristiano está tan familiarizado con esto como lo estaba el apóstol Pablo.

Se pone en marcha espontáneo y no deseado. Está en el camino, y nunca nos abandona, sino que siempre está lista para impedir nuestro camino y apartarnos de nuestros buenos designios; compárese con Salmo 65:3, “Las iniquidades prevalecen contra mí”. El sentido es que hacer el mal es agradable a nuestras fuertes inclinaciones y pasiones naturales.

Porque me deleito - La palabra usada aquí Συνήδομαι Sunēdomai, no aparece en ninguna otra parte del Nuevo Testamento. Propiamente significa regocijarse con cualquiera; y expresa no sólo la aprobación del entendimiento, como la expresión, “consiento en la ley,” en Romanos 7:16, sino más que eso, denota placer sensible en el corazón. Indica no sólo asentimiento intelectual, sino emoción, una emoción de placer en la contemplación de la Ley. Y esto muestra que el apóstol no está hablando de un hombre no renovado. De tal hombre podría decirse que su conciencia aprobaba la Ley; que su entendimiento estaba convencido de que la Ley era buena; pero nunca ocurrió todavía que un pecador impenitente encontrara emociones de placer en la contemplación de la Ley pura y espiritual de Dios. Si esta expresión puede aplicarse a un hombre no renovado, tal vez no haya ni una sola marca de una mente piadosa que no pueda aplicarse con igual propiedad. Es el modo natural, obvio y habitual de denotar los sentimientos de piedad, un asentimiento a la Ley divina seguido de emociones de sensible deleite en la contemplación. Salmo 119:97, “¡Oh, cuánto amo yo tu ley; Es mi meditación todo el día." Salmos 1:2, “sino que en la ley de Jehová está su delicia.”  

  La palabra "ley" aquí se usa en un sentido amplio, para denotar todas las comunicaciones que Dios había hecho para controlar al hombre. El sentido es que el apóstol estaba complacido con el todo. Una señal de piedad genuina es estar complacido con la totalidad de los requisitos divinos.

  La expresión “el hombre interior” se usa a veces para denotar la parte racional del hombre en oposición a la sensual; a veces la mente en oposición al cuerpo (2Corintios 4:16; 1Pedro 3:4). Por lo tanto, es utilizado por los escritores clásicos griegos. Aquí se usa evidentemente en oposición a una naturaleza carnal y corrupta; a las malas pasiones y deseos del alma en un estado no renovado; a lo que en otra parte se llama “el hombre viejo que se corrompe según las concupiscencias engañosas”. Efesios 4:22. El “hombre interior” es llamado en otra parte “el nuevo hombre” Efesios_4:24; y no denota el mero intelecto o la conciencia, sino que es una personificación de los principios de acción por los cuales se gobierna un cristiano; la nueva naturaleza; la santa disposición; la inclinación del corazón que se renueva.

  Todo judío, y todo hombre no regenerado, que recibe el Antiguo Testamento como una revelación de Dios, debe reconocer la gran pureza, excelencia y utilidad de sus máximas, etc., aunque quiera encuentre siempre que sin la gracia de nuestro Señor Jesús nunca podrá actuar de acuerdo con esas máximas celestiales; y sin la misericordia de Dios, nunca puede ser redimido de la maldición que pesa sobre él por sus transgresiones pasadas. Decir que el hombre interior significa la parte regenerada del alma, no es sustentable por ningún argumento. Ὁ εσω ανθρωπος, y ὁ εντος ανθρωπος, especialmente la última, son expresiones de uso frecuente entre los escritores de ética griegos más puros, para significar el alma o parte racional del hombre, en oposición al cuerpo de carne.  

 Los judíos tienen la misma forma de expresión; así en Yalcut Rubeni, fol. 10, 3, se dice: La carne es la vestidura interior del hombre; pero el Espíritu es el hombre Interior, cuya vestidura es el cuerpo; y San Pablo usa la frase precisamente en el mismo sentido en 2 Corintios 4:16 y Efesios 3:16. Si se dice que es imposible para un hombre no regenerado deleitarse en la ley de Dios, la experiencia de millones contradice la afirmación. Todo verdadero penitente admira la ley moral, anhela fervientemente una conformidad con ella y siente que nunca podrá estar satisfecho hasta que despierte a esta semejanza divina; y se odia a sí mismo, porque siente que lo ha quebrantado, y que sus malas pasiones están todavía en un estado de hostilidad hacia él.

Las siguientes observaciones de un piadoso y sensato escritor sobre este tema no pueden ser inaceptables: “El hombre interior siempre significa la mente; que puede o no ser objeto de la gracia. Lo que se afirma del hombre interior o del exterior, a menudo lo realiza un miembro o poder, y no con el todo. Si algún miembro del cuerpo realiza una acción, se dice que la hacemos con el cuerpo, aunque los demás miembros no estén empleados. Del mismo modo, si se emplea algún poder o facultad de la mente en alguna acción, se dice que el alma actúa. Esta expresión, por tanto, me deleito en la ley de Dios según el hombre interior, no puede significar más que esto, que hay algunas facultades internas en el alma que se deleitan en la ley de Dios. Esta expresión se adapta particularmente a los principios de los fariseos, de los cuales San Pablo era uno antes de su conversión. Recibieron la ley como los oráculos de Dios, y confesaron que merecía la consideración más seria. Su veneración estaba inspirada por un sentido de su original y una plena convicción de que era verdadero. A algunas partes de él les prestaron la más supersticiosa consideración. Lo tenían escrito en sus filacterias, que llevaban consigo en todo momento. A menudo se leía y exponía en sus sinagogas: y se deleitaban en estudiar sus preceptos. Por eso, tanto los profetas como nuestro Señor concuerdan en decir que se deleitaron en la ley de Dios, aunque no consideraron sus principales y más esenciales preceptos

Lejos, pues, de ser cierto que nadie sino un hombre regenerado puede deleitarse en la ley de Dios, encontramos que incluso un fariseo orgulloso y sin humildad puede hacerlo; y mucho más un pobre pecador, que se humilla bajo el sentido de su pecado, y ve, a la luz de Dios, no sólo la espiritualidad, sino la excelencia de la ley divina.

Pero veo otra ley en mis miembros: aunque la persona en cuestión esté más o menos bajo la influencia continua de la razón y la conciencia, que ofrecen un testimonio constante contra el pecado, mientras que la ayuda se busca solo en la ley y la gracia de Cristo en el Evangelio no es recibido, las amonestaciones de la razón y la conciencia quedan sin efecto por el predominio de las pasiones pecaminosas; los cuales, de repetidas gratificaciones, han adquirido toda la fuerza del hábito, y ahora dan ley a todo el hombre carnal.

Luchando contra la ley de mi mente - Aquí hay una alusión al caso de una ciudad sitiada, finalmente tomada por asalto, y sus habitantes llevados al cautiverio; αντιστρατευομενον, llevar a cabo un sistema de guerra; poniendo sitio continuo al alma; repitiendo incesantemente sus ataques; acosar, golpear y asaltar el espíritu; y, por todos estos asaltos, reduciendo al hombre a la miseria extrema. Nunca hubo un cuadro más impresionantemente dibujado y más eficazmente terminado; porque la siguiente oración muestra que esta ciudad espiritual fue finalmente tomada por asalto, y los habitantes que sobrevivieron al saqueo fueron llevados al cautiverio más vergonzoso, doloroso y opresivo.

Llevándome cautivo a la ley del pecado - Él no habla aquí de una ventaja ocasional ganada por el pecado, fue una victoria completa y final ganada por la corrupción; que, habiendo asaltado y reducido la ciudad, llevó a los habitantes con fuerza irresistible, al cautiverio. Esta es la consecuencia de ser vencido; ahora estaba en manos del enemigo como cautivo legítimo del vencedor; y este es el significado de la palabra original, αιχμαλωτιζοντα, y es el mismo término usado por nuestro Señor cuando habla de la ruina final, la dispersión y el cautiverio de los judíos. Él dice, αιχμαλωτισθησονται, serán llevados cautivos a todas las naciones, Lucas_21:24.

Considerando todo lo leído, ¿Quién podrá aplicarlo al alma santa del apóstol de los gentiles? ¿Hay algo en él que pueda pertenecer a su estado de gracia? Seguramente nada. El más vil esclavo del pecado, al que le queden frenos de conciencia, no puede ser llevado a peor estado que el descrito aquí por el apóstol. El pecado y la corrupción tienen un triunfo final; y la conciencia y la razón son hechas prisioneras, encadenadas y vendidas como esclavas.  

En mis miembros - En mi cuerpo; en mi carne; en mis propensiones corruptas y pecaminosas; El cuerpo está compuesto de muchos miembros; y como la carne es considerada como la fuente del pecado Romanos 7:18, se dice que la ley del pecado está en los miembros, es decir, en el cuerpo mismo.

 

La ley de mi mente - Esto se opone a las inclinaciones prevalecientes de una naturaleza corrupta. Significa lo mismo que fue expresado por la frase “el hombre interior”, y denota los deseos y propósitos de un corazón renovado y llevándome en cautiverio, haciéndome prisionero o cautivo. Esta es la finalización de la figura con respecto a la guerra. Un cautivo tomado en la guerra estaba a disposición del vencedor. De modo que el apóstol se presenta a sí mismo como comprometido en una guerra; y como vencido, y hecho cautivo involuntario a las malas inclinaciones del corazón. La expresión es fuerte; y denota fuertes propensiones corruptas. Pero aunque fuerte, se cree que es un lenguaje que todos los cristianos sinceros pueden adoptar por sí mismos, como expresión de ese conflicto doloroso ya menudo desastroso en sus corazones cuando luchan contra las propensiones innatas de sus corazones.

 

¡Miserable de mí! - El sentimiento que implica este lamento es el resultado de este doloroso conflicto; y esta sujeción frecuente a propensiones pecaminosas. El efecto de este conflicto es,

(1) Para producir dolor y angustia. A menudo es una lucha angustiosa entre el bien y el mal; una lucha que perturba la paz y hace la vida miserable.

(2) Tiende a producir humildad. Es humillante para el hombre estar así bajo la influencia de malas pasiones. Es degradante para su naturaleza; una mancha en su gloria; y tiende a hacerlo caer en el polvo, que está bajo el control de tales propensiones, y tan a menudo les da indulgencia. En tales circunstancias, la mente se siente abrumada por la miseria e instintivamente suspira de alivio. ¿Puede la Ley ayudar? ¿Puede el hombre ayudar? ¿Puede ayudar alguna fuerza innata de la conciencia o de la razón? En vano se prueba todo esto, y luego el cristiano consiente tranquila y agradecidamente en los consuelos del apóstol, que la ayuda sólo puede obtenerse a través de Jesucristo.

¿Quién me librará? ¿Quién me rescatará? la condición de una mente en profunda angustia, y consciente de su propia debilidad, y en busca de ayuda.

El cuerpo de esta muerte - La expresión “cuerpo de esta muerte” es un hebraísmo, que denota un cuerpo mortal en su tendencia; y toda la expresión puede significar los principios corruptos del hombre; los afectos carnales, malos, que conducen a la muerte o a la condenación. La expresión es de gran fuerza y ​​fuertemente característica del apóstol Pablo. Esto indica,

(1) Que estaba cerca de él, asistiéndolo, y era angustioso en su naturaleza.

(2) Un deseo ferviente de ser librado de ella.

Algunos han supuesto que se refiere a una costumbre practicada por los antiguos tiranos, de atar un cadáver a un cautivo como castigo, y obligarlo a arrastrar la pesada y ofensiva carga consigo donde quiera que fuera.  Pero tal hecho puede usarse como una ilustración llamativa y tal vez no impropia del significado del apóstol aquí. Ninguna fuerza de palabras podría expresar un sentimiento más profundo; ninguno indica con más sentimiento la necesidad de la gracia de Dios para lograr aquello para lo cual los poderes humanos por sí solos son incompetentes.

Naturalmente, podemos suponer que el grito de tal persona sería: ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cadáver? ¡Y qué bien se aplica esto al caso de la persona a quien se refiere el apóstol! Un cuerpo, toda una masa de pecado y corrupción, estaba atado a su alma con cadenas que no podía romper; y el contagio mortal, transfundido por toda su naturaleza, lo oprimía a las amargas penas de una muerte eterna. Ahora descubre que la ley no puede proporcionarle ninguna liberación; y desespera de ayuda de cualquier ser humano; pero mientras está emitiendo su último, o casi expirando, gemido, se le anuncia la redención por Cristo Jesús; y, si el apóstol se refiere a su propio caso, Ananías lo aborda inesperadamente con: ¡Hermano Saulo! el Señor Jesús, que se te apareció en el camino, me ha enviado a ti para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Ve entonces una puerta abierta de esperanza, e inmediatamente, aunque en la perspectiva de esta liberación, da gracias a Dios por la esperanza bien fundada que tiene de la salvación, por Jesucristo nuestro Señor.

  Lo que la conciencia no pudo hacer, lo que la Ley no pudo hacer, lo que la fuerza humana sola no pudo hacer, ha sido realizado por el plan del evangelio; y se puede esperar la liberación completa allí, y solo allí. Este es el punto al que había tendido todo su razonamiento; y habiendo así demostrado que la Ley era insuficiente para efectuar esta liberación ahora está preparado para pronunciar el lenguaje del agradecimiento cristiano de que puede ser efectuado por el evangelio. La superioridad del evangelio sobre la Ley para vencer todos los males bajo los cuales el hombre se fatiga, queda así triunfalmente establecida;  

Entonces, como resultado de toda la investigación, hemos llegado a esta conclusión.

(1) Una visión del triste y doloroso conflicto entre el pecado y Dios. Se oponen en todas las cosas.

(2) Vemos el efecto devastador del pecado en el alma. En todas las circunstancias tiende a la muerte y al dolor.

(3) Vemos la debilidad de la Ley y de la conciencia para vencer esto. La tendencia de ambos es producir conflicto y aflicción.  

(4) Vemos que sólo el evangelio de Jesucristo puede vencer el pecado. Para nosotros debe ser un tema de gratitud cada vez mayor, que lo que no pudo ser realizado por la Ley, puede ser realizado por el evangelio; y que Dios ha ideado un plan de Redención que así efectúa la liberación completa, y que da al cautivo en el pecado un triunfo eterno.