lunes, 16 de diciembre de 2024

ESTUDIO LIBRO DE RUT 12

 

ÉL ES JEHOVÁ TU REDENTOR


Rut 3; 1 Después le dijo su suegra Noemí: Hija mía, ¿no he de buscar hogar para ti, para que te vaya bien?

Rut 3:2  ¿No es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas tú has estado? He aquí que él avienta esta noche la parva de las cebadas.

Rut 3:3  Te lavarás, pues, y te ungirás, y vistiéndote tus vestidos, irás a la era; mas no te darás a conocer al varón hasta que él haya acabado de comer y de beber.

Rut 3:4  Y cuando él se acueste, notarás el lugar donde se acuesta, e irás y descubrirás sus pies, y te acostarás allí; y él te dirá lo que hayas de hacer.

Rut 3:5  Y ella respondió: Haré todo lo que tú me mandes.

Rut 3:6  Descendió, pues, a la era, e hizo todo lo que su suegra le había mandado.

Rut 3:7  Y cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazón estuvo contento, se retiró a dormir a un lado del montón. Entonces ella vino calladamente, y le descubrió los pies y se acostó.

Rut 3:8  Y aconteció que a la medianoche se estremeció aquel hombre, y se volvió; y he aquí, una mujer estaba acostada a sus pies.

Rut 3:9  Entonces él dijo: ¿Quién eres? Y ella respondió: Yo soy Rut tu sierva; extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano.

Rut 3:10  Y él dijo: Bendita seas tú de Jehová, hija mía; has hecho mejor tu postrera bondad que la primera, no yendo en busca de los jóvenes, sean pobres o ricos.

Rut 3:11  Ahora pues, no temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa.

Rut 3:12  Y ahora, aunque es cierto que yo soy pariente cercano, con todo eso hay pariente más cercano que yo.

Rut 3:13  Pasa aquí la noche, y cuando sea de día, si él te redimiere, bien, redímate; mas si él no te quisiere redimir, yo te redimiré, vive Jehová. Descansa, pues, hasta la mañana.

Rut 3:14  Y después que durmió a sus pies hasta la mañana, se levantó antes que los hombres pudieran reconocerse unos a otros; porque él dijo: No se sepa que vino mujer a la era.

Rut 3:15  Después le dijo: Quítate el manto que traes sobre ti, y tenlo. Y teniéndolo ella, él midió seis medidas de cebada, y se las puso encima; y ella se fue a la ciudad.

Rut 3:16  Y cuando llegó a donde estaba su suegra, ésta le dijo: ¿Qué hay, hija mía? Y le contó ella todo lo que con aquel varón le había acontecido.

Rut 3:17  Y dijo: Estas seis medidas de cebada me dio, diciéndome: A fin de que no vayas a tu suegra con las manos vacías.

Rut 3:18  Entonces Noemí dijo: Espérate, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve el asunto; porque aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy.


        Luego de estudiar los primeros capítulos del libro, nos acercaremos a este tercero empleando la metodología de estudio característica. Es decir, la lectura y análisis del capítulo en clave teológica. Desde esta perspectiva, será posible identificar los aspectos relacionados con Dios, presentes en la narración. Lo cual indica que los aspectos del carácter, doctrinas y verdades relacionadas con Él serán estudiadas, analizadas y comentadas aquí, para posibilitar su reflexión y comprensión.

Ya consideramos verdades sobre Dios, su protección y ahora meditaremos en Él como Redentor. Por lo cual, nos valdremos de las figuras, ejemplos, diálogos y verdades que nos permitan resaltar la misericordia del Señor para estas mujeres desde la óptica de la redención. Por lo tanto, podremos ver la misericordia celestial para ellas al propiciarles un redentor. Lo cual implica que hay esperanza, perdón, reconciliación y salvación.

Como el presente escrito, emplea una ley judía a favor de las viudas, pobres y extranjeros, algunas de las verdades relacionadas con el tema de estudio, no son tan evidentes. Por lo cual recurriremos a presentar un estudio un tanto alegórico que nos permita relacionar, asociar y recrear estos principios y realidades desde la concepción de la redención, apuntando a la doctrina del sustituto, para salvar la vida de los suyos.

En este sentido, es interesante, considerar dimensiones y frases empleadas en la narración, en esta dirección. Por lo tanto, quienes se acerquen al texto de Rut, no pueden pasar por alto, esta costumbre judía que permite perpetuar el nombre de la familia y salvarlos de la miseria y el anonimato. Además, en sentido espiritual, quienes son acogidos por Cristo, encuentran en Él la esperanza, perdón y salvación segura y eterna por el sacrificio de Cristo para ellos. En consecuencia, quienes reciben vida en Jesús, vivirán por siempre, al lado de quien murió en su lugar, por su infinita gracia y para su completa gloria.

En el estudio entonces, abordaré tres expresiones que a nuestro modo de ver expresan la gracia de la redención. Estas frases de los labios del pariente redentor, son: yo te redimiré, descansa; bendita seas tú, hija mía; no descansaré y concluiré.

De los labios de Booz, se expresan estas extraordinarias verdades que cambian la vida de Rut y Noemí. También, dan evidencia de la soberanía de la redención para los elegidos y la completa gracia y generosidad que esta conlleva. Sin más preámbulos, comencemos el desarrollo del tema.

YO TE REDIMIRÉ, DESCANSA…

La narración se limita a decirnos en el cierre del capítulo dos el trabajo de Rut y su residencia.

Estuvo, pues, junto con las criadas de Booz espigando, hasta que se acabó la siega de la cebada y la del trigo; y vivía con su suegra” (2:23). El silencio se interrumpe con las palabras de Noemí a Rut. Todo indica que Noemí, no ha cesado de pensar en el futuro de ellas. Quizás, ella estaba interesada no sólo en Rut si no también en ella. La información que recibía Noemí cada día, al regreso de su nuera, alimentaba la expectativa de esta anciana. Por lo tanto, después de alimentar su intención en silencio, decide comunicarlo.

Después le dijo su suegra Noemí…” (Rut 3; 1). Es posible que ese después, sea al término de la cosecha de la cebada y del trigo. No aguanta más, considera que es la oportunidad para efectuar lo que ha planeado en su mente y la idea que la desvela. La relación de ellas es de madre a hija. Sus palabras son dulces, cariñosas, llenas de respeto y cordialidad. “…Hija mía…” (Rut 3; 1). No hay reproches, quejas ni reclamos entre ellas. Con la suavidad y materialidad de sus palabras si dirige a su esforzada nuera.

Su interrogatorio, esta en función del bienestar de Rut, por lo que justifica su estrategia, que hasta el momento desconocemos. “… ¿no he de buscar hogar para ti, para que te vaya bien?” (Rut 3; 1). Luego de su demostración para el bien de su nuera, Noemí, expresa un segundo interrogante, relacionado con el pariente más cercano de su difunto esposo. “¿No es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas tú has estado?...” (Rut 3; 2). Además, une su argumento al conocimiento que Rut tiene de Booz. Ya en el capítulo dos, el narrador nos advierte que el campo de trabajo de la moabita, es nada más, ni nada menos que la propiedad del pariente allegado a Elimelec. También, al cierre del capítulo dos, la misma Noemí, manifiesta que él es la persona indicada y responsable de redimirlas. “Y dijo Noemí a su nuera: Sea él bendito de Jehová, pues que no ha rehusado a los vivos la benevolencia que tuvo para con los que han muerto. Después le dijo Noemí: Nuestro pariente es aquel varón, y uno de los que pueden redimirnos” (Rut 2:20).

Con esa verdad en mente, relacionada con la redención de ellas y la bondad del Señor para ellas, enfrentan este periodo de silencio. No obstante, Noemí, no ha cesado de pensar en esta oportunidad. Su fe y confianza se aumentan cada vez más. La alimenta la familiaridad que tiene con éste pariente. Sin embargo, el tiempo pasa, pero no la idea y esperanza de Noemí. Por lo que al comienzo de este capítulo tres, manifiesta su plan.

Noemí, por ser conocedora de las leyes judías, confía que Booz, se case con su nuera y levante descendencia. A eso se refiere la expresión pariente redentor. Esta costumbre, era una ley mosaica para salvaguardar la familia y levantar descendencia al cuñado, que moría y dejaba la viuda sin hijos.

-“El levirato, costumbre por la cual un hombre puede casarse con la mujer de su hermano fallecido, fue practicado principalmente por los antiguoshebreos con el fin de preservar la relación existente entre las familias”. -

Lo que intenta Noemí, es encontrar al que legalmente le corresponde casarse con su querid nuera, que es para ella como una hija. La sabiduría y estrategia de Noemí, le llevan a planear la estrategia de tal manera, que se logre el compromiso de Booz, con la joven viuda. En este sentido, se apoya en la legislación existente y valida los derechos que como ciudadana tiene derecho. Antes había sido Rut la que se acogió al derecho del espigueo, ahora es la suegra, quien se apoya en este principio de solidaridad familiar.

Nos sorprende, el conocimiento que tiene Noemí de los movimientos de Booz, por lo que la orientación a su nuera es precisa y detallada. “…He aquí que él avienta esta noche la parva de las cebadas” (Rut 3; 2). Ella sabe que esta noche es la oportuna para lograr su cometido.

Por lo cual se; dirige amable y cariñosamente a Rut para comunicarle su estrategia y esperar que ella acceda en cumplirla. No sabemos que la tiene tan segura a ella, de la obediencia de Rut. Quizás, las anteriores y múltiples manifestaciones de obediencia y sujeción de esta joven mujer para con ella, la hacen pensar que en esta ocasión será igual.

Algunas de las instrucciones de Noemí para Rut son las siguientes, las cuales expresan la obra redentora de Cristo para sus seguidores. Veamos:

Rut 3; 3: Te lavarás Justificación Por el sacrificio de Cristo

Te ungirás Regeneración Por la obra del Espíritu Santo

Te vestirás Santificación Por la adopción de hijos

Lo cierto del caso, es que después de algunas instrucciones al respecto, Rut, como siempre lo ha hecho, accede voluntaria y decididamente a cumplir lo que para ella es una orden.

Rut, no es una mujer egoísta, y orgullosa. La hemos visto actuar con sencillez, sujeción y decisión. El grado de respeto y admiración hacia su suegra ha sido notorio. Una vez esta al lado de Booz, como se le indico, se desarrolla el resto de la narración en perspectiva redentiva. Ya no es solo Noemí quien quiere que Booz, las redima, también Rut esta comprometida y deseosa de hallar gracia en Booz, para este propósito.

Al lado de Booz, la obediente y arriesgada mujer, es interpelada por el pariente cercano. “Entonces él dijo: ¿Quién eres?...” (Rut 3: 9). La forma como él se dirige a ella, es tierna y dulce. No la reprocha, ni la cuestiona, si no que le interroga sobre su identidad. En la oscuridad de la noche y el profundo sueño, en el que posiblemente se encontraba, necesitaba saber quien esta a su lado. La respuesta sobre la identidad de la mujer que esta junto a él, le permitirá avanzar en su dialogo interrogatorio.

La joven Rut, no duda en presentarse y hacer su solicitud. Se presenta con su nombre propio, lo cual no había hecho hasta ahora. Siempre ha estado asociada, con su nacionalidad, la moabita; con su familiaridad, la nuera de Noemí; con su tragedia y dolor, la viuda del hijo de… No obstante, en esta oportunidad, ya Rut esta siendo restaurada, por lo que presumimos presenta su identidad de mujer, con su nombre propio y con seguridad. “…Y ella respondió: Yo soy Rut tu sierva…” (Rut 3; 9).

Aprovecha para presentarse como es ella. También, establece un puente de comunicación con Booz, al decirle soy tu sierva. En primer lugar reconoce su posición, no puede igualarse con el jefe de la hacienda. Su expresión es un acto de reconocimiento de su posición, además, una confesión de humildad, sujeción y disposición de servir a su amo. Por lo cual, se dirige a él como su sierva. “Y ella dijo: Señor mío, halle yo gracia delante de tus ojos; porque me has consolado, y porque has hablado al corazón de tu sierva, aunque no soy ni como una de tus criadas” (Rut 2:13). Su reconocimiento de su identidad y posición, son altamente alabados en esta sabia mujer. Por lo que no duda en acercarse a él, sabiendo quien es, su posición, condición y necesidad. No obstante, ella, no se acerca a Booz, por lo que ella es, si no por lo que él es. El pariente más cercano de Elimelec su suegro, por consiguiente, quien puede redimirla de su soledad y viudez.

Otras mujeres en la Biblia, fueron capacitadas para comprender su indignidad y rendirse agradecidas al Señor por su benevolencia sin límites. Una de ellas es María, cuando es visitada por el ángel y se le anuncia la misión extraordinaria para a la que ha sido llamada.

Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38). También lo ratifican unos versículos más adelante. “Porque ha mirado la bajeza de su sierva; Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones” (Lucas 1; 48). En este sentido, la actitud de Rut es similar a la de María, al estar frente a su Señor. María por ser el vaso escogido para que naciera el Salvador y Rut por estar frente a quien la puede redimir. Los encuentros de las dos son salvíficos.

Ya junto a Booz, e identificándose a él, no le queda más duda a él, de quien es la hermosa mujer que lo acompaña. Lo que sí quiere saber es cual es la finalidad de esa sorpresiva visita, la cual le ha despertado en la oscuridad de la noche. Sin embargo, no necesita preguntar a ella, el fin de su presencia nocturna. Es ella misma la que continúa presentándose como mujer y también la razón que la tiene a su lado. “…extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano” (Rut 3; 9). Extender su manto sobre ella y cubrirla, es indicio para ella de ser redimida.

La escena es recreada por la oscuridad de la noche, para mostrarnos lo íntimo y profundo de este encuentro. Los actos redentores, afectan profunda e íntimamente a quienes son cubiertos por el manto del Señor. “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas” (Isaías 61:10). El profeta Ezequiel también, habla de la bendición de ser cubierto por el manto del Redentor.

Al igual que en este relato, el ser cubierto con el manto, es indicio de salvación y vida plena. “Y pasé yo otra vez junto a ti, y te miré, y he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y te di juramento y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor, y fuiste mía” (Ezquiel 16:8). También, es este acto, una expresión de genuino amor. Una segura relación fiel y amorosa sale de este encuentro.

Los textos dan la idea de estar desnudos, cuando nos alcanzó el manto del Señor y nos cubrió. Quizás, así estaba Rut, un tanto desnuda y descubierta. Una vez, Booz, extiende su mano para cubrirla con su manto, ella recibe el gozo, la seguridad y el amor de tan delicado acto de amor. Esto indica una relación pactual, en el sentido, que quienes están en el pacto de redención serán traídos bajo las alas del omnipotente.

Booz, aprovecha para informarle que hay otro pariente más cercano, al cual le corresponde el acto redentor. “Y ahora, aunque es cierto que yo soy pariente cercano, con todo eso hay pariente más cercano que yo” (Rut 3; 12). En este sentido, él actúa con honestidad y verdad.

No la utiliza, engaña o defrauda. Su delicadeza, respeto, verdad y carácter piadoso se manifiestan para esta mujer. Una vez Rut le informa su propósito, el también le informa, la existencia de un pariente más cercano, al cual le corresponde redimirla.

Junto a esta información, suponemos nueva para Rut, él procede a invitarla a pasar junto a él la noche. Esto nos indica a nosotros y muy seguramente a ella, que él esta dispuesto a redimirla. Ya la ha cubierto con su manto, ahora la invita a permanecer a su lado, hasta la mañana. “Pasa aquí la noche, y cuando sea de día…” (Rut 3; 13). La actitud de Booz, parece ser la de todo un caballero. Su propuesta esta llena de ternura, respeto y seriedad. No esta pidiéndole que permanezca a su lado, para sacar provecho de ella. Por el contrario, hemos de considerar que mientras ella descansa tranquila y confiadamente, él esta meditando como actuar en el día siguiente para definir el asunto respecto a Rut.

Booz, lo manifiesta a ella clara y abiertamente. “…si él te redimiere, bien, redímate; mas si él no te quisiere redimir, yo te redimiré…” (Rut 3; 13). Él le ratifica una y otra vez que hay esperanza para ella. Si no la redime el pariente más allegado, entonces lo hará él. Esta es una buena noticia para esta mujer. Hay alguien que está comprometido en responder a sus necesidades y anhelos. Además, él sabe y conoce como debe actuar. Él le informa y le dice, déjalo en mis manos. Yo respondo por el asunto. Junto a esta confesión de redención y promesa de respuesta para ella, procede a poner a Dios por testigo, del asunto. “…vive Jehová…” (Rut 3; 13). Jehová el Señor, es el gran testigo, que se encargará de hacer que este propósito se cumpla. Booz es un hombre temeroso de Dios y confía en sus designios. La ha visto todos los días trabajando en su finca. Ahora debe decidir si la recibe como esposa.

Al escuchar la confesión y juramente de Booz, le invita a descansar. “…Descansa, pues, hasta la mañana” (Rut 3; 13). La invitación es a descansar tranquila. Hemos de suponer la fatiga, ansiedad, preocupación e incertidumbre que experimenta Rut durante estos meses y de manera especial, en esta arriesgada misión. No obstante, ya ha recibió respuesta de parte de Booz. Él la ordena descansar. El verdadero descanso es el que produce la presencia del Señor en nuestro corazón y su gracia derramada en nosotros. Sus alas cubriendo nuestra desnudez y su palabra asegurando que ésta comprometido en redimirnos, nos permiten descansar a su lado. Esa es la experiencia de Rut al lado de su señor; Booz.

La confianza en un redentor y la seguridad de su poder Salvador nos alienta y fortalecen para continuar. Además, nos advierten que la tragedia de la soledad y marginalidad ha terminado. Su redención se manifiesta en reconciliar, traer transformación completa y restaurar nuestras fatigadas emociones. “Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo” (Job 19:25). La idea de un redentor, esta asociada a la esperanza de vida abundante, también a la protección y defensa que se recibe cerca de Él. “El redentor de ellos es el Fuerte; Jehová de los ejércitos es su nombre; de cierto abogará la causa de ellos para hacer reposar la tierra, y turbar a los moradores de Babilonia” (Jeremías 50:34). Con la convicción que Jehová es nuestro redentor, podemos dormir tranquilos y descansar.

sábado, 14 de diciembre de 2024

ESTUDIO LIBRO RUT 11

 

 

 UNA CASA DONDE VIVIR

 

Como han cambiado las cosas desde que llegaron a tierra de Belén. Todo está siendo transformado para estas queridas mujeres. A su llegada a Belén estaban en conocida y manifiesta desventaja. Sin oportunidades, sin respaldo, solas, tristes, afligidas y llenas de incertidumbre. No obstante, las cosas ahora al final del capítulo dos toman otro rumbo.

El narrador nos indica que Noemí y Rut siguen juntas en Belén. No nos revela que reacción produjo en Rut el recibimiento de las mujeres de Belén y sus comentarios respecto a Noemí. Tampoco nos da pistas sobre los pensamientos, sentimientos y reacción ante las revelaciones públicas de su suegra. Lo que nos dice es que se quedaron juntas en una casa, al llegar a este pueblo. Por lo cual, el capítulo dos, comienza hablando de la solicitud que hace Rut a Noemí, para ir a buscar un campo donde trabajar. No sabemos si la necesidad, es lo que moviliza tan tempranamente a Rut a salir a espigar. Tampoco sabemos como Rut tuvo conocimiento de las leyes que le favorecían en Israel. Lo que sabemos es que decide ir a espigar. Para lo cual solicita la aprobación y respaldo de su suegra.

En este sentido, Rut esta en casa con su suegra, y se rompe el silencio de la mañana con las palabras de súplica de Rut respecto a su salida al campo. “Y Rut la moabita dijo a Noemí: Te ruego que me dejes ir al campo, y recogeré espigas…” (2). Recibe la respuesta contundente y precisa, no sin ternura y familiaridad de su suegra. “…Y ella le respondió Ve, hija mía…” (2). Por lo cual, Rut no espera ni un segundo más. Se levanta y se prepara para salir. Por consiguiente, la escena del día del capítulo dos inicia en casa, bajo el refugio de la casa, el ambiente privado y familiar y lo expectante de la mañana.

La narración se limita a decirnos que Rut se fue en la dirección comunicada a su suegra para buscar a alguien que la recibiera con gracia para su labor. También, nos dice que llegó a un campo, lo cual nos muestra el cumplimiento del objetivo y del deseo expresado claramente en el versículo anterior. “Fue, pues, y llegando…” (3). Rut salió y llegó al campo de destino. Noemí se ha quedado en casa, esperando hasta el regreso de su nuera para informarse de cómo le ha ido en su intento de buscar alimento.

Respecto a su salida y llegada al campo, podemos reconocer que esto es posible sólo por la dirección providente de Dios. Es interesante, como el narrador nos dice que llegó. Nos preguntamos ¿Rut sabía para donde iba? ¿Por qué dice y llegando? ¿A dónde llegó? ¿Cuál era el destino de esta mujer? Podemos advertir que al decir llegó, no es a un lugar conocido previamente por ella. Sabemos que ella desconoce el lugar a donde se dirige. No obstante, llega a un lugar donde la reciben y comienza a trabajar. Por su parte, desde la perspectiva de la soberanía de Dios, sabemos que cuando salió estaba guiada por el Señor a un único y determinado lugar al cual efectivamente llegó. El lugar al cual va a espigar no llegó por casualidad, sino por la fiel guía del Señor, quien prospera y dirige sus pasos.

El mayordomo de la finca relaciona a Rut con su suegra Noemí, al ser interrogado por Booz sobre ella. “…Es la joven moabita que volvió con Noemí de los campos de Moab” (6).

Rut es reconocida por los trabajadores en la era como la extranjera moabita y como la compañera y nuera de Noemí. Es decir, es reconocida por su procedencia nacional y por su relación o familiaridad con Noemí. Estos dos aspectos se repiten en el libro sobre la identidad de ella. Parte de su identidad y presentación es ser moabita y nuera de Noemí.

Por lo tanto, es altamente revelador que se asocie permanentemente a ella con su suegra. Pareciera a simple vista que Rut no tiene identidad propia, sino en relación con otras personas y lugares. No obstante, se nos está comentando, la inmensa bendición de estar al lado de esta mujer sufrida, lo cual le posibilita una identidad y posición en Belén. Booz mismo al dirigirse a ella, le expresa lo que sabe de ella. Era conocido por él su parentesco con Noemí su suegra, su tragedia por la pérdida de su esposo y su decisión de convertirse al Dios de Israel. También, su desprendimiento de sus relaciones nacionales y familiares, por lo que Booz, le augura una hermosa bendición. “Y respondiendo Booz, le dijo: He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes” (11). Pese a llegar a una tierra y pueblo desconocido, esta siendo recompensada porque quien dirigía sus pasos es el Dios de esa tierra.

Rut esta altamente agradecida con su suegra y no tiene temor, ni vergüenza de ser asociada a esta vieja y sufrida mujer. Por el contrario, se refugia a su lado y descubre las bendiciones de semejante amistad y relación. Es tan importante la actitud de Rut hacía su suegra que mientras come esta pensando en ella. Al saciarse, no desaprovecha la oportunidad para guardar lo que le sobró y empacarlo a su suegra. ¡Que cuadro más tierno y especial!

Una amistad y amor verdadero ha crecido entre estas mujeres. No ve la hora de llegar a casa para compartir con ella las alegrías de su bendición y el alimento que le ha guardado.

Pareciera que Rut tiene en su retina la amargura de su suegra al llegar a Belén y en sus oídos las palabras de reconocimiento y amargura de ella: “Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías…” (21). Por tanto, se esfuerza en llegar a casa con las manos llenas, los bolsillos llenos, la boca llena, la mente llena y el corazón lleno.

Al anochecer Rut tiene una ruta segura, la casa de Noemí. Tiene un lugar donde llegar y una querida mujer que la espera. La emoción del encuentro es altamente motivador para Rut. Por lo tanto, se esfuerza en llegar pronto y comunicar las bendiciones de este maravilloso día. “Y lo tomó, y se fue a la ciudad; y su suegra vio lo que había recogido. Sacó también luego lo que le había sobrado después de haber quedado saciada, y se lo dio” (18). Quizás, es oscuro ya, cuando Rut llega a la casa de donde salió muy temprano en la mañana. Un lugar seguro, íntimo, privado y familiar la espera.

Ya en casa, Rut bendice a su suegra con toda la provisión recibida en sus horas de trabajo incansable. Ella se ocupa de estar con su suegra, acompañarla, animarla y testificarle de los resultados. Podemos imaginarnos su rostro radiante y satisfecho mientras cuenta lo que le ha acontecido. Noemí, con su rostro sereno y confiado, escucha gustosamente a su nuera, mientras su paladar se deleita con el alimento preparado que le trajo su fiel nuera.

En la mañana la casa estaba en silencio, vacía de provisión, sin historias que contar, sin nada que compartir. Solo había incertidumbre y expectativa. En la noche, esta casa es un lugar seguro, un refugio especial. Se llena de noticias, alimento, esperanza y alabanza. Hay bendiciones, oraciones, exclamaciones y expresiones de fulgurante júbilo. Las manos llenas de Rut son presentadas a Noemí en la intimidad de la casa. Su bocado es puesto en la mesa para que disfrute Noemí de la provisión. Su corazón lleno y satisfecho testifica a Noemí de las maravillas del Señor y de su gracia para con los pobres, extranjeros y viudas.

No existe el silencio incierto, si no alabanza y adoración. La amargura de Noemí, se torna en dulzura. Su lenguaje de queja y dolor, en esperanza. Su actitud de malestar y aflicción, en expectante alegría y manifiesta gratitud. “…Bendito sea el que te ha reconocido…” (19). “Y dijo Noemí a su nuera: Sea él bendito de Jehová, pues que no ha rehusado a los vivos la benevolencia que tuvo para con los que han muerto…” (20). La esperanza que les embarga en casa, es prodigiosa. Ya no ven la muerte como una tragedia, si no como una bendición. Antes hablaba en el pueblo de su dolor, ahora en lo profundo de su casa, en la intimidad de sus sentimientos manifiesta la bondad de Dios para con vivos y muertos.

Esto nos permite reconocer que en lo más profundo de su ser Noemí esta siendo restaurada. La compañía de Rut, aunque le insistió que regresara a Moab, se ha convertido en un refugio para ella. Dios, está usando todas las circunstancias para mostrar su bondad, gracia y protección. Ahora ve la muerte de su esposo y sus hijos, no como una tragedia que le produce amargura y aflicción. En lo recóndito de la noche, bajo la seguridad de su casa, expresa la gracia y bendición de que es objeto. Acepta y proclama que la muerte de sus seres queridos, ha servido para tejer el plan de Dios a favor de los vivos.

La casa se convierte no en lugar de luto y conmiseración, si no en un lugar de encuentro, transformación y recreación, por la gracia de Dios. Esta hermosa actitud de valor y cambio de actitud, le permite ver respuesta donde antes no las veía. “…Después le dijo Noemí: Nuestro pariente es aquel varón, y uno de los que pueden redimirnos” (20). En el peregrinar por el camino, Noemí solo veía obstáculos. Vieja, sola, afligida, sin hijos, con sus manos vacías. Ahora, ss ojos espirituales, pueden ver oportunidades, esperanza y redención, para ella, su nuera y el recuerdo de los que murieron.

Al ser mirada por la gracia de Dios, ella es transformada en su forma de pensar y ver las circunstancias. Con frecuencia se nos olvida que todas las cosas tienen un buen propósito en la providencia de Dios para sus hijos. “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago. 1:2-4). También, San Pablo nos advierte, que todas las cosas obran para bien a los amados de Dios. “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).

La casa es para Noemí y Rut un lugar de unión, comunión, esperanza y promesa. En ella, están siendo nutridas con las promesas de redención y salvación definitiva. Allí, están siendo recíprocamente sustentadas para continuar en medio de las adversidades. Son recreadas allí y viven en una auténtica familia. Es un lugar de bendiciones, intercambio, solidaridad, compañía, dialogo, restauración. Las mujeres que fueron públicamente torturadas y afligidas, ahora son íntimamente restauradas, por la gracia de Dios.

El capítulo termina diciendo que Rut vivía con su suegra. Es muy diciente, la expresión vivía con Noemí. “…y vivía con su suegra” (23). Cada día Rut era más reconocida y admirada por sus virtudes, su estadía en Belén es más alentadora y esperanzadora. Esto hubiese podido ocasionar que se separara de su suegra. La vejez, soledad, intimidad del hogar, hubiera podido hacer que su nuera cambiara de opinión respecto a su resolución de vivir con ella siempre y morir juntas. No obstante, ella se mantiene fiel.

Son importantes las palabras del cierre del capítulo para indicar que mientras salía todos los días a trabajar al campo de Booz, durante la cosecha, vivía junto a su suegra. Que cuadro más excelente de fidelidad, entrega, servicio y relacionalidad. Sólo la gracia de Dios mirando a estas mujeres, puede producir lazos tan fuertes de unión y fraternidad. Cada vez nos damos cuenta que a ellas no las une el dolor o la soledad, tampoco las circunstancias. Están unidas por un amor sobrenatural y sacrificial y por una esperanza segura y alentadora: su redención por parte del pariente cercano, por el cual fueron ya saciadas.

De esta forma, llegamos al cierre del capítulo dos. Al igual que el primero, se da una narración bastante circular. Comienza en la casa y termina en la casa. Los ámbitos de lo privado a lo público y luego a lo privado, marcan la narración. Ahora esta mujer extranjera puede descansar tranquila en casa, con la expectativa de la redención, por parte de su pariente protector. No ha llegado a cualquier campo. Ha sido dirigida al campo preciso; el de su pariente. Para nosotros, que casualidad, para Dios que fidelidad. Para nosotros que afortunada, para Dios que gracia y misericordia soberana. Suponemos que el sueño de las dos esta noche, fue reconfortante y vitalizador. Quizás, se acostaron muy tarde, pero esas horas fueron suficientes para vitalizar su cuerpo y levantarse nuevamente al trabajo. Con este día de trabajo y la noche de descanso, dejamos el capítulo dos.

Con todas estas ideas en mente y las reflexiones sobre el desarrollo del mismo, concluimos el estudio del capítulo dos. La meditación, análisis y observación nos sirven para afianzar las verdades bíblicas de esta narración. Los cristianos tenemos el privilegio de ser pastoreados por el Señor. Su gracia soberana es derramada en nuestro corazón. Aunque la tierra nos es desconocida, tenemos a nuestro lado y en nuestro corazón al que todo lo conoce. Esa seguridad nos permite confiar en su provisión y su segura y definitiva redención. Al igual que Noemí y Rut podemos dormir tranquilos con la seguridad de su gracia generosa obrando en nuestro corazón.

ESTUDIO LIBRO RUT 10

 


 

BENDICIÓN Y REFUGIO

Una de las verdades que saltan a la vista, en el último estudio, es la de la bendición que recibe Rut al ser admitida en la hacienda de Booz, para espigar. Tal privilegio abre las puertas de las posibilidades y las ventanas de las oportunidades para esta extranjera moabita. Las consideraciones que haremos en esta lección están referidas a la forma como Dios bendice y provee refugio para sus seguidores. En tal sentido, seremos desafiados a confiar en sus promesas y ser guiados por su providente diestra de amor y bondad.

Rut, cada día que pasa esta aprendiendo a confiar en el Señor de Israel y a ver las bendiciones de haber sido admitida como parte del pueblo escogido. El capítulo uno terminó mostrando la nueva ciudadanía de la que hace parte Rut. Ahora comienzan a narrarse algunos detalles sobresalientes de las ventajas y privilegios de esta nueva ciudadanía. En este sentido, la narración comienza, relacionando la familia de Elimelec con la de Booz, el dueño del campo al que será guiada Rut a espigar y en quien quedarán cifradas todas las esperanzas de redención y protección.

Noemí y Rut descansan en casa en Belén y ésta última aguarda el amanecer para emprender las labores. Por consiguiente, el hábil narrador de la escena, nos pinta como ella con la resolución de la cual nos estamos acostumbrando a verle, decide salir a espigar, no sin antes contar con la aprobación de Noemí. La historia, nos permite la imaginación ante algunos interrogantes que cruzan por nuestra mente. Además, se guarda silencio y se omiten algunos detalles que nos gustaría conocer al respecto. No obstante, lo que podemos considerar es que no son de trascendental importancia para el desarrollo de la temática que presenta el autor. Por lo cual, lo que esta presente en el texto, es lo relevante para esta historia de providencia y justicia a favor de los excluidos y marginados.

El capítulo dos nos advierte aspectos legales, de los que Rut se vale para la supervivencia.

También de símbolos y figuras que nos permiten ver la gracia de Dios obrando a favor de ella. Por lo tanto, tiene una mediación muy significativa a nivel pedagógico, pastoral y práctico para la vida del creyente. Por medio de ella, podemos articular dinámicas de la vida cristiana y sus consecuentes beneficios para los elegidos. En este apartado, nos es posible considerar aspectos altamente teológicos y verdades espirituales de las cuales se apropian los llamados a aceptar el Dios de Israel.

Meditaremos en la providencia que disfruta Rut y de la cual  necesitamos apropiarnos para comprender las bendiciones de quienes han sido admitidos bajo las alas del Señor Dios. Noemí y Rut llegan a Belén con las manos vacías, al final del capítulo dos las dos tendrán un campo donde trabajar, unas criadas con cuales acompañarse durante la faena y una casa donde vivir. De lo íntimo a lo privado y de lo laboral a lo familiar. Las escenas o espacios que son recreados en esta lección son la casa y la era. Los lugares son la familia, el trabajo, el cuerpo.

UN CAMPO DONDE ESPIGAR

Luego de la larga travesía de unos ochenta kilómetros de distancia, se establecen en Belén.

El capítulo comienza la narración hablando de un pariente cercano que tiene Noemí, el cual era adinerado y bien reconocido en Belén. “Tenía Noemí un pariente de su marido, hombre rico de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz”. Después de esa información adicional que se provee al lector por parte del narrador, comienza en desarrollo de la historia, comentando un día inolvidable para éstas mujeres.

Rut nos sorprende con su diligencia en madrugar a prepararse para salir a buscar un campo para espigar. Es muy interesante reconocer que aunque Rut no sabía a donde ir, es alimentada por una esperanza sin límites, y una confianza en el Dios de Noemí. “Y Rut la moabita dijo a Noemí: Te ruego que me dejes ir al campo, y recogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracia...” (2). El escritor nos advierte que quien va a salir al campo es una extranjera moabita, para dar más realce y fuerza a la decisión. La osadía de Rut es admirable. Ella misma toma la iniciativa de salir a buscar un campo donde espigar, con la seguridad, según lo manifiesta de que hallará gracia ante algún hombre para tal fin.

El desarrollo de la historia nos indica que se fue y llegó. Efectivamente, sin saberlo ella, llega al campo de Booz, el pariente, que el narrador nos ilustró al comienzo del capítulo.

Como dirían algunos, que casualidad. “Fue, pues, y llegando, espigó en el campo en pos de los segadores; y aconteció que aquella parte del campo era de Booz, el cual era de la familia de Elimelec” (3). Ella desconocía por completo que estaba espigando en el campo de propiedad del familiar de su suegra y de su esposo fallecido.

Lo cierto del caso, es que ella, comienza su dura labor de recoger espigas, con el único fin de colectar lo necesario para el sustento de ella y su suegra amparada por la ley del espigueo la cual le favorece para su osada determinación. No obstante, al llegar el dueño de la hacienda, pregunta a los segadores en pos de quien ella va, sobre la identidad y procedencia de la mujer. “Y Booz dijo a su criado el mayordomo de los segadores: ¿De quién es esta joven?” (5). Rut esta dando muestras de su osadía resolución, coraje y fortaleza. Es una mujer admirable, por su compromiso, sencillez y sujeción.

Booz al verla, es inquietado a tener información precisa sobre la procedencia y función de esta mujer en su propiedad. Los segadores le informan en detalle todo lo que se sabe de ella en la aldea. También, le comunican el permiso que solicitó ella para espigar en el campo. “y ha dicho: Te ruego que me dejes recoger y juntar tras los segadores entre las gavillas” (7). El mayordomo de la finca, informa como esta abnegada mujer es ejemplo por su dedicación, diligencia y cordialidad. Tanto así, que llama la atención a los mismos segadores y posteriormente a Booz. “…Entró, pues, y está desde por la mañana hasta ahora, sin descansar ni aun por un momento” (7). Una de las cosas que más llama la atención sobre Rut a los trabajadores, es que desde la mañana cuando llegó no ha descansado. Todo el día la han visto trabajar sin parar. ¿Era tanta la necesidad de alimento que Rut no descansa? ¿Estaba tan comprometida Rut con su suegra, que no quiere desaprovechar la oportunidad de recoger las espigas? ¿Considera que de pronto no regresa a ese campo y por tanto, trabaja duramente? Lo cierto del caso es su dedicación.

Luego de verla trabajar Booz, se le acerca y le habla. Llama la atención que los segadores se refieren a ella como la moabita, y él se dirige a ella como un padre. “…Oye, hija mía, no vayas a espigar a otro campo, ni pases de aquí…” (8). Lo que él hace es ratificarle que ha sido aceptada en el campo para trabajar. El mismo dueño se acerca a ella, algo no visto antes, y en tono paternal le ordena no ir a otro campo a espigar durante la cosecha. En este sentido, Rut encontró un campo donde espigar, no por un día, si no por toda la cosecha.

Además, Booz, el cordial hombre rico, le da una serie de instrucciones las cuales le ratifican su deseo y propósito de que ella permanezca en su finca. Las advertencias tienen que ver con las órdenes que él dio a los criados respecto a ella y las provisiones que él ha hecho para cuidar de ella. Es decir, se ha ocupado de ella al darle trabajo, legislar para su seguridad y proveer para su sustento. Lo que desconocía Rut era que iba a recibir tanto. No obstante, en la declaración que hace al salir de casa, es que hallará gracia ante los ojos de un hombre. Efectivamente, esta viendo y meditando en la bendición de lo que había en su mente y corazón en la mañana. Necesitaba un campo para espigar, en el transcurso del día tiene más que eso. Muchas son las bendiciones agregadas a esta que llevaba en su corazón.

Tanta es la admiración y gratitud de ella por esto, que no duda en interrogar a su benefactor. Lo hace reconociendo su procedencia e indignidad. Rut es una mujer que reconoce sus orígenes, su falta de mérito y su verdadera condición. Pese a ser conciente de ello, también lo es de la gracia de Dios que dirige sus pasos y prospera su camino. Al igual que el siervo de Abraham, es posible que actuase Rut, al ver la bendición y prosperidad de Dios. “El hombre entonces se inclinó, y adoró a Jehová, y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de mi amo Abraham, que no apartó de mi amo su misericordia y su verdad, guiándome Jehová en el camino a casa de los hermanos de mi amo” (Génesis 24:26-27).

Sin embargo, sigue diligente y responsablemente su tarea de espigar. “Luego se levantó para espigar” (15). Después de este gesto de laboriosidad de Rut, él continúa dando instrucciones y órdenes a sus siervos respecto a ella. “Y Booz mandó a sus criados… Que recoja… entre las gavillas, y no la avergoncéis; y dejaréis también caer… de los manojos… para que lo recoja, y no la reprendáis”. Las cuatro órdenes son: déjenla recoger entre las gavillas, no la avergoncéis, dejen caer más de lo legal, no la reprendan. Estos mandatos tienen el propósito de bendecirla en su recolección y protegerla como mujer. Es decir, él se interesó y legisló a su favor como persona y trabajadora.

La narración nos indica que Rut espigó todo el día. Al oscurecerse salió de su labor de recolección y procedió a preparar lo recolectado. “Espigó, pues, en el campo hasta la noche, y desgranó lo que había recogido, y fue como un efa de cebada” (17). La tarea de espigar es una labor ardua y agotadora. Implicaba estar agachada todo el día. Aún así, ella tiene fuerzas para preparar el grano que ha recogido. Cuando tenemos sueños y somos alimentados por grandes esperanzas, nuestro ser es fortalecido. Se une a esto la gracia del Señor llenando su vida y consolándola por medio de su trabajo.

Parece que ella carga todo lo que ha recolectado durante el día. Su fortaleza de ánimo y las buenas noticias para contar a su suegra la fortalecen para llevar a casa lo recogido. Al llegar a casa, cuenta a su suegra las bendiciones del día. Además, Noemí manifiesta a Rut que ese varón que la ha recibido en su campo, es el pariente cercano que puede redimirlas. ¿Será que Noemí esta pensando en un futuro matrimonio entre Booz y Rut? ¿Se imagina Noemí que esta es la oportunidad para reivindicarse con el parentesco de él y su esposo?

Noemí, emite dos bendiciones para este hombre, que ha demostrado su benevolencia para con su fiel y abnegada nuera. Rut comenta sin omitir detalle, todo lo que le ha acontecido y lo que le ha dicho este varón. Una de las cosas que impresionó a Rut es la orden de seguir a sus criadas hasta el final de la cosecha. “Y Rut la moabita dijo: Además de esto me ha dicho: Júntate con mis criadas, hasta que hayan acabado toda mi siega” (21). Por lo cual, ella llega a casa segura de tener un campo donde trabajar. A diferencia de la mañana cuando salió, iba con rumbo desconocido y para ella un tanto incierto. Al regresar, trae la satisfacción de un lugar seguro y específico donde dirigirse todos los días. La bendición de Dios se ha hecho evidente para ella en otorgarle un solo y permanente lugar de trabajo para proveer el sustento de las dos. Ahora su suegra le indica que él es el pariente redentor. Su suegra Noemí, como una mujer vieja y sabia, le ratifica el consejo de Booz de no ir a otro campo, si no seguir en compañía de sus criadas. “Y Noemí respondió a Rut su nuera: Mejor es, hija mía, que salgas con sus criadas, y que no te encuentren en otro campo” (22). Nos preguntamos, ¿esta observación de Noemí, esta unida a su deseo de redención? ¿Ella esta meditando en la forma como pueden arreglar un matrimonio? ¿Por qué le dice que es mejor estar con sus criadas y que no la encuentren en otro campo? ¿Podría ser afectada su reputación y alejada de Booz, el pariente cercano?

A las anteriores interrogantes no encontramos respuesta evidente en el pasaje. Lo cierto del caso, es que Rut aceptó voluntariamente este sabio consejo y continúo en su campo espigando. “Estuvo, pues, junto con las criadas de Booz espigando, hasta que se acabó la siega de la cebada y la del trigo…” (23). Todos estos meses, esta dedicada mujer y buena hija, recibe y disfruta la bendición de tener un campo donde ir. Al rayar el alba se levanta con una dirección segura y por el mismo camino va y regresa cada día de su satisfactoria labor. Pese a ser duro el trabajo, ella está satisfecha y agradecida por la bondad de Dios al prosperar su viaje y proveer en abundancia para el sustento de las dos.

UNAS CRIADAS CON QUIENES TRABAJAR

Rut al cabo de su primer día de labores, no solo tiene un campo donde ir cada día, también, cuenta con un grupo de criadas, con la cuales trabajar. Al llegar es una desconocida y solitaria trabajadora. Al final del día esta rodeada de los segadores, las criadas y la mirada protectora y defensora de Booz, el dueño de la propiedad. “Fue, pues, y llegando, espigó en el campo en pos de los segadores…” (3). Ella cuenta con una compañía de hombres y mujeres que la protegen, cuidan y defienden. No esta sola, si no bien rodeada.

La compañía de los segadores es una bendición para esta joven mujer. La relación del dueño con los segadores es muy especial. Esta marcada por el respeto, la comunicación, la comunión y la bendición. Es Dios mismo quien une a este hombre con sus obreros. Por su parte los obreros, disfrutan de la bendición de servir a este respetable varón de Belén. “Y he aquí que Booz vino de Belén, y dijo a los segadores: Jehová sea con vosotros. Y ellos respondieron: Jehová te bendiga” (4). Él los saluda con bendición y ellos le responden con bendición. El Dios de Israel, es el centro de sus relaciones laborales, por lo tanto, ella ha sido llevada a un buen campo de trabajo. Inician con bendición y terminan con bendición. Extraordinario ejemplo para nuestras relaciones de familia, trabajo e iglesia.

El mayordomo responde a Booz las preguntas respecto a la joven y su procedencia. Luego él mismo se dirige a ella y la invita a seguir en la compañía de sus criadas. “…Oye, hija mía… aquí estarás junto a mis criadas” (8). Después de la expresión cariñosa y tierna, indicándole su aceptación como parte del personal de la hacienda, le comunica que puede disfrutar de la relación, compañía y apoyo de sus criadas. No será reconocida como una extranjera espigadora, si no como una mujer digna, con las criadas del jefe a su servicio.

Hay un dialogo progresivo entre Booz y los criados dando órdenes, indicaciones y restricciones respecto al cuidado y seguridad de Rut. Después de ser una pobre mujer que ruega se le permita espigar, ahora es el centro del dialogo. Todo en la hacienda comienza a girar en torno a lo que el dueño, hace por ella, su nueva identidad, posición, relación y dignificación. Rut recibe la gracia de ser aceptada y tenida muy en cuenta.

Ante estas manifestaciones de afecto y aprobación, ella reconoce que no es una sierva de Booz, porque según ella, no es ni como una de sus criadas. “Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros”, (Lucas 15:19). Rut tiene la capacidad de reconocer quien es en indignidad para disfrutar de semejantes relaciones. Ella esta admirada al ver la gracia con la que la ha mirado el Señor. Las criadas del dueño están a su entera disposición. Todos en la finca, saben quien es esta joven y tienen advertencias precisas y claras respecto al trato y proceder con ella. El mismo Booz se encargará que lo que ha ordenado respecto a ella se cumpla. Rut disfruta de la bendición de estar acompañada. De la misma forma, los creyentes al ser traídos a Cristo, tenemos una familia que nos recibe, atiende y cuida con especial cuidado; la iglesia.

Podemos reconocer lo que eso significa para una joven extranjera. Rut además de su condición de inmigrante, esta sufriendo el dolor de la soledad, pérdida de su esposo y adaptación a la nueva ciudad y trabajo. Por consiguiente, hemos de suponer sus prevenciones y silencio. No obstante, la gracia del Señor se hace patente, al traerla al lugar indicado, el campo de Booz y proveerle la comunión que ella necesita. Ya no es una desconocida y apartada mujer. Ahora disfruta de la felicidad de la comunión.

Una de las bendiciones de los hijos de Dios es estar en la comunión de su hijo Jesucristo y de sus seguidores. “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, Y a ellos hará conocer su pacto” (Salmo 25:14). En la iglesia de los Hechos, una de las cosas más extraordinarias de los creyentes, es la comunión en el Espíritu Santo, unos con otros. “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos. 2:42). De igual forma, Rut esta deleitándose en la abundante gracia de estar en comunión con las criadas de su amo y rodeada de los demás obreros. Por eso tiene muchas noticias para contar a su suegra al regresar a casa.

Rut llega donde su suegra por la noche, no para acostarse a dormir, después de tan duro día de trabajo. Por el contrario, se quedan hasta tarde compartiendo las experiencias tan significantes del día. Una de las cosas que ella le refiere es lo relacionado a las criadas. “Y Rut la moabita dijo: Además de esto me ha dicho: Júntate con mis criadas, hasta que hayan acabado toda mi siega” (21). Podemos inferir que una de las cosas que más admiración le causó a ella, fue el interés que Booz manifestó en que ella estuviera al lado de sus criadas. Esta convencida que esa nueva relación le es provechosa para el desarrollo de su trabajo. Rut salió en la mañana en busca de un campo para trabajar. En la noche regresa con eso y mucho más. Tiene unas criadas con quienes trabajar.

Noemí su suegra no desaprovecha la oportunidad para dar sus consejos a Rut. Le comunica que lo mejor para ella es obedecer lo que el patrón le ha ordenado a los trabajadores y a ella; trabajar al lado de sus criadas. “Y Noemí respondió a Rut su nuera: Mejor es, hija mía, que salgas con sus criadas, y que no te encuentren en otro campo” (22). En este sentido, lo que Noemí esta haciendo es retomando el deseo y orden de Booz y hablando a su nuera de los beneficios que hay en esta buena y solícita decisión. Comienzan a revivir estas solitarias y dolidas mujeres. La tragedia del hambre, ocurrida en el capítulo primero, parece estar solucionada, con las buenas noticias y la cebada traída a casa por Rut.

El narrador de la escena nos muestra la obediencia sin reproche de esta mujer a este consejo, casi imperativo que recibe de Booz y que retoma Noemí para que sea cumplido. “Estuvo, pues, junto con las criadas de Booz espigando, hasta que se acabó la siega de la cebada y la del trigo…” (23). Lo que se nos informa es la obediencia de Rut a permanecer en compañía de las criadas de la hacienda. Como lo hemos dicho, esto representa para ella una gran bendición, la cual debe ser compartida y celebrada.

De la soledad pasa a la compañía. Del desconocimiento al conocimiento. De la incertidumbre a la certeza. De la escasez a la abundancia. Nuevamente el capítulo dos, como en el capítulo uno, este está lleno de contrastes. En cada uno de ellos, se pone de manifiesto la radicalidad del cambio y la transformación de quienes son traídos por Dios a su finca. Ellos son saciados y satisfechos para su gloria y la bendición de otros.