lunes, 15 de febrero de 2016

ROMANOS 13; 1-14

13.1 ¿Hay momentos en los que uno tiene que desobedecer a las autoridades? No debemos permitir que los gobernantes nos obliguen a desobedecer a Dios. Jesús y sus apóstoles nunca desobedecieron a las autoridades por razones personales; cuando lo hicieron fue por ser leales a Dios. Su desobediencia les costó caro: los amenazaron, los golpearon, los pusieron en prisión, los torturaron y los ejecutaron por sus convicciones. Como ellos, si nos vemos obligados a desobedecer, debemos estar dispuestos a sufrir las consecuencias.
  Pablo exhorta a sus lectores a cumplir sus deberes con el estado.

  Daniel_4:32;  Salmo_75:6-7. Pablo no sugiere que Dios aprueba un gobierno corrupto, funcionarios sin Dios o una legislación injusta. Algunas veces, sin embargo, en castigo por los pecados de la gente, o por otras razones sólo por Dios conocidas, el Señor permite que gobernantes malvados detenten el poder por un tiempo, como los profetas del AT testificaron frecuentemente. En teoría, Dios concede autoridad para servir a fines elevados. Cómo se ejerce esta autoridad le será requerido a quienes la hayan recibido.

  Los cristianos interpretan Romanos 13 de diferentes maneras. Todos los cristianos estamos de acuerdo en que debemos vivir en paz con el estado, siempre y cuando este nos permita obrar de acuerdo a nuestras convicciones religiosas. Por cientos de años, sin embargo, ha habido al menos tres interpretaciones de cómo debemos hacerlo.
(1) Algunos cristianos creen que el estado es demasiado corrupto y que por lo tanto deben relacionarse con él lo menos posible. Aunque deben ser buenos ciudadanos mientras puedan sin comprometer sus creencias, los cristianos no deben trabajar para el gobierno, ni votar en las elecciones, ni servir en el ejército.
(2) Otros creen que Dios ha dado al estado autoridad en ciertos asuntos y a la iglesia en otros. Los cristianos pueden ser leales a ambos y pueden trabajar para cualquiera de los dos. Sin embargo, no deben confundirlos a los dos. La iglesia y el estado tienen intereses en esferas totalmente diferentes, la espiritual y la física, que se complementan pero no actúan juntas.
(3) Otros creyentes piensan que los cristianos tienen la responsabilidad de lograr que el estado mejore. Lo pueden hacer desde el campo político, eligiendo cristianos u otros líderes con altos principios. También lo pueden hacer en lo moral, sirviendo de influencia positiva en la sociedad. Según este punto de vista, idealmente la iglesia y el estado han de trabajar juntos para el bien de todos.
Ninguno de estos puntos de vista defiende la rebelión ni rechaza la obediencia a las leyes o regulaciones establecidas por las autoridades, a menos que estas demanden con claridad que se violen normas morales reveladas por Dios. Dondequiera que nos hallemos, debemos actuar como ciudadanos y cristianos responsables.

13. 2 La gracia del evangelio nos enseña sumisión y silencio cuando el orgullo y la mente carnal sólo ven motivos para murmurar y estar descontentos. Sean quienes sean las personas que ejercen autoridad sobre nosotros, debemos someternos y obedecer el justo poder que tienen. En el transcurso general de los asuntos humanos, los reyes no son terror para los súbditos honestos, tranquilos y buenos, sino para los malhechores. Tal es el poder del pecado y de la corrupción que muchos son refrenados de delinquir sólo por el miedo al castigo. Tú tienes el beneficio del gobierno, por tanto, haz lo que puedas por conservarlo, y nada para perturbarlo. Esto es una orden para que los individuos se comporten con tranquilidad y paz donde Dios los haya puesto, 1 Timoteo 2; 1, 2. Los cristianos no deben usar trucos ni fraudes. Todo contrabando, tráfico de mercaderías de contrabando, la retención o evasión de los impuestos, constituyen una rebelión contra el mandamiento expreso de Dios. De esta manera, se roba a los vecinos honestos, que tendrán que pagar más, y se fomentan los delitos de los contrabandistas y otros que se les asocian. Duele que algunos profesantes del evangelio estimulen tales costumbres deshonestas. Conviene que todos los cristianos aprendan y practiquen la lección que aquí se enseña, para que los santos de la tierra sean siempre hallados como los tranquilos y pacíficos de la tierra, no importa cómo sean los demás.
Aunque obedecer a las autoridades de este mundo es la regla general, un claro principio bíblico es que deberíamos desobedecer si el gobierno obliga a pecar, porque la lealtad hacia Dios siempre tiene prioridad sobre cualquier autoridad humana (Ester_4:16; Daniel_3:12-18; Daniel_3:6-10; Mateo_2:12; Hechos_5:29; Hebreos_11:23).

13.3, 4 Cuando las autoridades civiles son injustas, las personas honestas temen. En este versículo, Pablo se refiere a los magistrados que cumplen con su tarea. Cuando son justos, los que actúan con honestidad no tienen nada que temer. Cuando funcionarios gubernamentales utilizan la fuerza para reprimir o castigar el mal no están actuando equivocadamente.   Algunos estudiosos piensan que el hecho de que Dios autorice al gobierno como su siervo a utilizar la fuerza, hasta el punto de privar a alguien de su vida, no contradice el mandamiento: «No matarás» de Éxodo_20:13. La palabra usada en ese mandamiento se refiere al asesinato criminal y no incluye el procedimiento judicial por el cual alguien pierde la vida, ni se refiere al «matar» en la guerra, acciones que se expresan con otras palabras en el AT.


 13.5 Pablo ofrece dos razones por las que debemos obedecer al gobierno:
 1) por razón del castigo que el gobierno ejecuta contra quien comete un delito.
2) por causa de la conciencia limpia que queremos mantener delante de Dios, que ha establecido el gobierno y nos manda a obedecerlo. Esta segunda razón significa que aun cuando no exista ninguna amenaza de ser arrestado o castigado, los cristianos deben obedecer estrictamente las previsiones legales.

Esto se ha dicho tocante a la magistratura en general, considerada como ordenanza divina; y lo dicho se aplica igualmente a todas las formas de gobierno, desde el despotismo desenfrenado—tal como el que florecía cuando se dictaban estas palabras, bajo el emperador Nerón—hasta la democracia pura. Aquí se deja sin tocar el derecho inalienable de alterar o mejorar la forma de gobierno bajo el cual ellos vivían. Pero, por cuanto se acusaba constantemente a los cristianos de trastornar el mundo, y por cuanto había en el cristianismo suficientes elementos para producir una revolución moral y espiritual—y así dar plausibilidad a la acusación—y para tentar a los nobles espíritus, oprimidos bajo el gobierno malo, a tomar la corrección en sus propias manos, era de especial significancia que el pacífico, sumiso, leal espíritu de aquellos cristianos que vivían en la gran sede del poder político, diera pruebas visibles que refutaran dicha acusación.

13.6 “Esta es la razón por la cual pagáis las contribuciones necesarias para mantener el gobierno civil.” Después de referirse a los magistrados el apóstol escribe ahora tocante a los demás oficiales, y después acerca de los hombres que tuvieren alguna relación con nosotros.  

13. 7 Tanto Pablo como Jesús instan a los creyentes a pagar el impuesto exigido por el gobierno romano, que ciertamente no era inocente ni justo en todas sus acciones. Al igual que con todos los mandamientos de Dios, debemos de obedecer en esto con alegría, no a regañadientes. Cada vez que nos sintamos desalentados con las imperfecciones de nuestro gobierno, o atribulados a causa de las cargas impositivas que éste nos impone, haríamos bien en recordar que la alternativa a ello, la anarquía, es mucho peor (véase Jue 17-21).


13.8 El tiempo presente de la prohibición debe ser traducido como: «No continúes debiéndole a nadie nada». El versículo probablemente no prohibía todo tipo de deudas, pero ciertamente no aprueba una actitud condescendiente ante el endeudamiento, o la idea de que endeudarse es algo normal. Es decir: “Desembarazaos de todas las obligaciones menos el amor, el que es una deuda que nunca se termina de pagar.” Porque la ley misma no es sino el amor en acción multiforme, considerado como un asunto de deber.
¿Por qué el amor a otros se considera una deuda? Estamos permanentemente en deuda con Cristo por su amor sin límites derramado a nuestro favor. La única forma en que podemos empezar a pagar la deuda es amando a otros. Si realmente comprendemos y seguimos el mandamiento de amar al prójimo, cumpliremos todos los deberes sociales y especialmente aquellos mandamientos que tienen que ver con las relaciones humanas. Ya que el amor de Cristo siempre será infinitamente superior al nuestro, tenemos la obligación de amar a nuestro prójimo. Los cristianos deben evitar los gastos inútiles y tener cuidado de no contraer deudas que no puedan pagar. También deben alejarse de toda especulación aventurera y de los compromisos precipitados, y de todo lo que puedan exponerlos al peligro de no dar a cada uno lo que le es debido. No debáis nada a nadie. Dad a cada uno lo que le corresponda. No gastéis en vosotros lo que debe al prójimo. Sin embargo, muchos de los que son muy sensibles a los problemas, piensan poco del pecado de endeudarse.
El amor al prójimo incluye todos los deberes de la segunda tabla (de los mandamientos). Los últimos cinco mandamientos se resumen en esta ley real: Amarás a tu prójimo como a ti mismo; con la misma sinceridad con que te amas a ti, aunque no en la misma medida y grado. El que ama a su prójimo como a sí mismo, deseará el bienestar de su prójimo. Sobre este se edifica la regla de oro: hacer como queremos que nos hagan. El amor es un principio activo de obediencia de toda la ley. No sólo evitemos el daño a las personas, las conexiones, la propiedad y el carácter de los hombres, pero no hagamos ninguna clase ni grado de mal a nadie, y ocupémonos de ser útiles en cada situación de la vida.


13.9  El amor compendia la ley moral de Dios, aunque lo que sirve de síntesis no debe contradecir ningún aspecto de lo recopilado. De ahí que decir que el amor por el prójimo exige quebrar de vez en cuando alguno de los mandamientos de Dios (como en una «situación límite») es mal interpretar la Escritura.
A veces tenemos la idea de que amarse uno mismo es malo. Pero si este fuera el caso, sería vano amar al prójimo como a nosotros mismos. Pablo explica lo que significa amarse. A pesar de que usted quizás tenga un bajo concepto de sí mismo, dudo que vaya a estar dispuesto a dejar de comer. Se viste razonablemente bien. Procura que exista un techo sobre su cabeza. Trata de que no lo defrauden ni injurien. Y se enfurece si alguien trata de arruinar su matrimonio. Este es el tipo de amor que debemos brindar a nuestro prójimo. ¿Se preocupa usted de que otros se alimenten, tengan ropa y vivienda? ¿Nos preocupan los asuntos relacionados con la justicia social? Amar a otros como a nosotros mismos significa participar activamente en que las necesidades de otros se suplan. Es interesante, pero es muy raro que entre los que se preocupan por otros antes que por ellos mismos se hallen personas que sufran de una baja autoestima.

13.10 Ya que el amor, por su misma naturaleza, se deleita en agradar al prójimo, su misma existencia es una seguridad eficaz en contra de toda injuria voluntaria al mismo. En seguida se dan motivos generales para el fiel desempeño de estas obligaciones
Los cristianos deben someterse a la ley del amor, que reemplaza a las leyes religiosas y civiles. ¡Cuán fácil es disculpar nuestra indiferencia hacia otros alegando no tener obligación legal de ayudarles, e incluso justificar el daño que les causamos si lo que les hacemos es técnicamente legal! Pero Jesús no deja brechas en la ley del amor. Cuando el amor lo demande, debemos estar dispuestos a ir aún más allá de los requisitos legales e imitar al Dios de amor. Si desea más información sobre la ley del amor, Santiago 2:8-9; Santiago_4:11 y 1Pedro_2:16-17.

13.11 Esto está en consonancia con toda la enseñanza de nuestro Señor, que representa como cercano el día decisivo de la segunda aparición de Cristo, para que los creyentes estén siempre en la actitud de expectación alerta, pero sin referencia alguna a la proximidad ni distancia cronológicas de dicho evento. Pablo insiste en una norma moral elevada de conducta, teniendo especialmente en cuenta la proximidad del regreso del Señor, cuando se consumará nuestra salvación.


13.12-  Es decir, “apartémonos de todas las obras que atañen al reino y al período de las tinieblas, con las que, por ser seguidores del Salvador resucitado, nuestra conexión ha sido disuelta.
La noche se refiere al tiempo presente de maldad. El día alude al regreso de Cristo. Algunas personas se sorprenden de que Pablo incluya contiendas y envidias en la lista en que están los crasos y obvios pecados de glotonería, borrachera y lascivia. Como Jesús en su Sermón del Monte (Mateo 5-7), Pablo considera que las actitudes son tan importantes como las acciones. Así como el odio lleva al asesinato, el celo conduce a la contienda y la lascivia al adulterio. Cuando Cristo vuelva, quiere hallar a su pueblo limpio por dentro y por fuera.

13.13 Aquí se enseñan cuatro cosas, como una lista del trabajo diario del cristiano. Cuando despertarse: ahora; y despertarse del sueño de la seguridad carnal, la pereza y la negligencia; despertarse del sueño de la muerte espiritual, y del sueño de la muerte espiritual. Considera el tiempo: un tiempo ocupado, un tiempo peligroso. Además, la salvación está cerca, a la mano. Ocupémonos de nuestro camino y hagamos nuestra paz, que estamos más cerca del final de nuestro viaje.
Además, preparémonos. La noche casi ha pasado, el día está a la mano; por tanto, es tiempo de vestirnos. Obsérvese qué debemos quitarnos: la ropa usada en la noche. Desechad las obras pecaminosas de las tinieblas. Obsérvese qué debemos ponernos, cómo vestir nuestras almas. Vestíos la armadura de la luz. El cristiano debe reconocerse desnudo si no está armado. Las gracias del Espíritu son esta armadura, para asegurar al alma contra las tentaciones de Satanás y los ataques del presente mundo malo. Vestíos de Cristo: eso lo incluye todo. Vestíos de la justicia de Dios para la justificación. Vestíos el Espíritu y la gracia de Cristo para santificación. Debéis vestiros del Señor Jesucristo como Señor que os gobierna, como Jesús que os salva; y en ambos casos, como Cristo ungido y nombrado por el Padre para la obra de reinar y salvar.
Cómo caminar. Cuando estamos de pie y listos, no tenemos que sentarnos tranquilamente, sino salir afuera: andemos. El cristianismo nos enseña a andar para complacer a Dios que nos ve siempre. Anda honestamente, como de día evitando las obras de las tinieblas. Donde hay tumultos y ebriedad suele haber libertinaje y lascivia, discordia y envidia. Salomón las juntó a todas, Proverbios 23; 29-35. Fíjate en la provisión que harás. Nuestro mayor cuidado debe ser por nuestras almas: ¿pero debemos no cuidar nuestros cuerpos? Sí, pero hay dos cosas prohibidas. Confundirnos con afán ansioso y perturbador, y darnos el gusto de los deseos ilícitos. Las necesidades naturales deben ser suplidas, pero hay que controlar y negarse los malos apetitos. Nuestro deber es pedir carne para nuestras necesidades, se nos enseña a orar pidiendo el pan cotidiano, pero pedir carne para nuestras lujurias es provocar a Dios.
Los hombres escogen la noche para sus orgías, pero nuestra noche ha pasado, porque somos hijos de la luz y del día: hagamos pues solamente aquello que puede exhibirse a la luz de tal día.  Es decir, formas variadas de intemperancia, que representa la jarana en general, la cual comúnmente termina en borrachera.  Formas varias de aquel sentimiento venenoso entre los hombres que anulan la ley del amor.
El camino de la excelencia moral tiene dos vías. La positiva: Debemos vestirnos del Señor Jesucristo, someternos a su voluntad, aceptar sus normas morales, vivir en constante compañerismo con él y depender de su fuerza. La negativa: No debemos hacer provisión para los deseos de la carne, sus reclamos y apetitos (Gálatas_5:16-25).


13.14 ¿Cómo nos vestimos del Señor Jesucristo? Primero, nos identificamos con El mediante el bautismo (Gálatas_3:27). Esto demuestra nuestra solidaridad con otros cristianos y con la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. Segundo, demostramos las cualidades que Jesús reveló mientras estuvo en la tierra: amor, humildad, verdad, servicio. Nos preguntamos qué haría Jesús en nuestro lugar (Efesios_4:24-32; Colosenses_3:10-17). Tampoco debemos dar a nuestros deseos ninguna oportunidad de llevarnos a pecar. Evitemos las situaciones que abran la puerta a satisfacer deseos pecaminosos.
Podemos decir: “no prestéis atención alguna a la concupiscencia de vuestra naturaleza corrupta, para lograr la satisfacción de la misma.”
En resumen:
(1) ¡Cuán gloriosamente se adapta el cristianismo a la sociedad en todas las condiciones! Como no está en pugna directa con ningunas formas específicas de gobierno, tampoco recomienda ninguna. Mientras que sus santos y benignos principios aseguran la abolición final de todo gobierno inicuo, el respeto que ensefña hacia la magistratura, bajo la forma que fuere, como institución divina, asegura la lealtad y la apacibilidad de sus discípulos en medio de toda la turbulencia y las distracciones de la sociedad civil, y hace que sus preceptos sean provechosos a los mejores intereses de todos los estados los cuales le dan acogida dentro de sus términos; y en este sentido, así como en todo otro, los cristianos vienen a ser “la sal de la tierra, la luz del mundo” ( 1-5).
(2) El cristianismo es el gran remedio para la purificación y la elevación de todas las relaciones sociales, que inspira la prontitud en el desempeño de todas las obligaciones, y que, más que todo, implanta en sus discípulos aquel amor que asegura a todos los hombres en contra de todo peligro, por cuanto es el cumplimiento de la ley (6-10).
(3) La rápida marcha del reino de Dios, la etapa a que hemos llegado en el avance del mismo, y la siempre creciente aproximación del día perfecto—tanto más cercano a cada creyente cuanto más tiempo vive—debiera inspirar a todos los hijos de luz a “redimir el tiempo;” y puesto que anhelan tales cosas, a ser diligentes, para que sean hallados por él en paz, sin mancha y sin culpa (2Pedro_3:14).
(4) Por causa del “poder expulsivo que produce un afecto nuevo y más poderoso,” el gran secreto de una santidad perseverante en toda suerte de conversación, será hallado en que “Cristo está en nosotros, quien es la esperanza de la gloria” (Colosenses_1:27), y en estar “vestidos de Cristo,” siendo ésta la única forma en que podemos brillar delante de los hombres (2Colosenses_3:3) (13- 14).





domingo, 14 de febrero de 2016

ROMANOS 12; 1-21




12.1 Cuando se sacrificaba un animal de acuerdo a la Ley de Dios, el sacerdote daba muerte al animal, lo cortaba en pedazos y lo ponía sobre el altar. El sacrificio era importante, pero aun en el Antiguo Testamento Dios aclara que la obediencia de corazón es mucho más importante (1 Samuel_15:22; Salmo_40:8; Amos_5:21-24). Dios desea que nos ofrezcamos a nosotros mismos en sacrificio vivo, no animales. Cada día debemos echar a un lado nuestros deseos y seguirle, poniendo todas nuestras energías y recursos a su disposición y confiando en su dirección. Lo hacemos en gratitud porque nuestros pecados han sido perdonados.
 Dios tiene planes buenos, agradables y perfectos para sus hijos. El quiere transformarnos en un pueblo con una mente renovada, vivos para honrarle y obedecerle. Debido a que El solo quiere lo mejor para nosotros y por haber dado a su Hijo para que tengamos vida nueva, deberíamos ofrecernos con gozo en sacrificio vivo para su servicio. Es decir, en glorioso contraste con los sacrificios legales, que eran sacrificios muertos. La muerte del “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo,” ha barrido del altar de Dios todas las víctimas muertas, para dar lugar a los redimidos mismos como “sacrificios vivos” para aquel que “hizo pecado por nosotros;” mientras que toda expresión de alabanza de sus corazones agradecidos y todo acto impulsado por el amor a Cristo, es en sí un sacrificio a Dios de perfume dulce”

12.2 Los cristianos tenemos este llamado: "No os conforméis a este siglo". No hemos de estar conformes con la conducta y costumbres de este mundo, que por lo general son egocéntricas y a menudo corruptas. No por una mera desconformidad exterior para con el mundo impío, muchas de cuyas acciones podrán ser en sí virtuosas y dignas de alabanza; antes por una transformación interior espiritual tal que haga nueva toda la vida: nueva en sus motivos y fines, aun cuando las acciones en nada difieran de las del mundo; nueva, considerada como un todo, y en tal sentido, inalcanzable salvo por el poder constreñidor del amor de Cristo.
 Muchos cristianos dicen sabiamente que la conducta mundana se extralimita demasiado. Nuestro rechazo a formar parte del mundo, sin embargo, debe ir más allá del nivel de conducta y costumbres. Debe estar firmemente arraigado en nuestras mentes: "Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento". Es posible evitar muchas de las costumbres mundanas sin dejar de ser orgullosos, codiciosos, egoístas, obstinados y arrogantes. Solo cuando el Espíritu Santo renueva, reeduca y reorienta nuestra mente somos en verdad transformados.
 Pero está comprobado que la voluntad de Dios es “buena,” por cuanto demanda solamente lo que es esencial e inmutablemente bueno; es “agradable,” en contraste con todo lo que es arbitrario, por cuanto demanda solamente lo que goza de la eterna complacencia de Dios ( Jeremías_9:24); y es “perfecta,” por cuanto refleja la misma perfección de Dios. Tal es pues el gran deber general de los redimidos: LA CONSAGRACION COMPLETA, de todo nuestro espíritu, alma y cuerpo, a aquel que nos ha llamado a la comunión de su Hijo Jesucristo. Luego siguen los deberes específicos, principalmente los sociales, empezando con la humildad, la primera de todas las gracias.


12.3 Es importante tener una buena autoestima porque algunos nos tenemos muy en poco; por otro lado, algunos nos sobreestimamos. La clave de una evaluación honesta y fiel es conocer las bases de nuestra valía: nuestra nueva identidad en Cristo. Separados de El, no somos muy competentes según las normas eternas. En El, somos valiosos y capaces de un servicio digno. Cuando uno se evalúa con las normas mundanas del logro y el éxito puede dar demasiada importancia al valor que tiene ante los ojos de los demás y perder su verdadero valor ante los ojos de Dios. La fe aquí se contempla como la vía de acceso a toda otra gracia, y por tanto, como la facultad receptiva del alma regenerada. En otras palabras: “Así como Dios ha dado a cada uno la capacidad particular de recibir los dones y las gracias que Él dispone para el bien general”.


12.4  Pablo usa el concepto del cuerpo humano para enseñar cómo los cristianos deben vivir y trabajar juntos. Así como las diferentes partes del cuerpo actúan bajo la dirección del cerebro, los cristianos deben hacerlo bajo la autoridad y mandato de Jesucristo (1Corintios_12:12-31; Efesios_4:1-16). La misma diversidad y la misma unidad que hay en el cuerpo de Cristo, del que todos los creyentes son las partes generales, así las hay en el cuerpo natural.


12.5 Dios nos ha dado dones a fin de que podamos edificar la iglesia. Para usarlos con eficacia, debemos: (1) tener en cuenta que todos los dones y habilidades vienen de Dios; (2) comprender que no todos tienen el mismo don; (3) saber quiénes somos y qué hacemos mejor; (4) dedicar nuestros dones al servicio de Dios y no a nuestro éxito personal; (5) estar dispuestos a ponerlos al servicio de Dios con generosidad y sin exclusión.

12.6 Los dones de Dios difieren en naturaleza, poder y eficacia de acuerdo con su sabiduría y gracia, no de acuerdo con nuestra fe. La "medida de fe" (12.3) o la proporción de fe significa que Dios le dará el poder espiritual adecuado y necesario para llevar a cabo cada responsabilidad. No podemos por voluntad o esfuerzo propio producir más fe y llegar a ser maestros o siervos más competentes. Dios es el que da dones a su iglesia y otorga fe y poder de acuerdo con su voluntad. Nuestra función es ser fieles y buscar la manera de servir a otros con lo que Cristo nos ha dado.

12.6 El don de profecía en las Escrituras no significa siempre predecir el futuro. A menudo denota predicar el mensaje de Dios (1Corintios_14:1-3).

12. 8 Miremos esta lista de dones e imaginemos los tipos de personas que podrían poseerlos. Los profetas poseen, por lo general, denuedo y oratoria. Los que sirven (los que ministran) son fieles y leales. Los que enseñan son pensadores claros. Los que exhortan saben cómo motivar a otros. Los que reparten son generosos y confiables. Los que presiden son buenos organizadores y directores. Los que tienen misericordia son amorosos y se sienten muy felices cuando dan su tiempo a otros. Sería muy difícil que una sola persona acaparara todos estos dones. Un profeta positivo quizás no sea necesariamente un buen consejero y uno que reparte a lo mejor falla como administrador. Cuanto usted identifica sus dones (y esta lista está lejos de ser completa), pregúntese cómo puede utilizarlos para edificar la familia de Dios. Al mismo tiempo, acepte que sus dones no pueden llevar a cabo todo el trabajo de la iglesia. Sea agradecido con quienes tengan dones diferentes a los suyos. Procure que sus puntos fuertes equilibren las debilidades que otros tengan y agradezca que las habilidades de ellos le ayuden a superar sus deficiencias. Juntos pueden edificar la Iglesia de Cristo.

12.9 La mayoría hemos aprendido a fingir que amamos a los demás. Sabemos cómo hablar con bondad, evitando herir sentimientos y aparentando interés en los demás. Podemos aun fingir que nos llenamos de compasión cuando oímos de las necesidades de otros o de indignación cuando nos enteramos de alguna injusticia. Pero Dios nos llama a sentir el verdadero amor que va más allá de las emociones y conducta superficiales. El amor sincero requiere concentración y esfuerzo. Incluye hacer algo para que otros sean mejores. Demanda tiempo, dinero y participación personal. Ninguna persona tiene los recursos necesarios para amar a toda una comunidad; pero una iglesia, el cuerpo de Cristo en su ciudad, lo puede hacer. Piense en personas que necesitan su amor en acción y considere los medios que usted y los demás miembros pueden usar para unirse y mostrar amor por su comunidad en el nombre de Cristo. ¡Qué expresión tan elevada de principios y sentimientos morales! No se dice: Absteneos de lo uno y haced lo otro; ni: Apartaos de lo uno y allegaos a lo otro; sino: Aborreced lo uno, y asíos, de la manera más armoniosa, de lo otro.


12.10 Podemos honrar a los demás de dos maneras. Una encierra motivos ocultos. Honramos a nuestros jefes a fin de que después nos recompensen, a nuestros empleados para que trabajen más, a los ricos para que contribuyan a nuestra causa, a los poderosos para que utilicen su poder a nuestro favor y no en nuestra contra. La otra manera de Dios encierra amor. Como cristianos, honramos a las personas porque fueron creadas a la imagen de Dios, porque son nuestros hermanos en Cristo, porque estamos agradecidos por la forma en que contribuyen a la edificación del cuerpo de Cristo.
Mejor dicho: “En el amor fraternal sed cariñosos los unos con los otros; y en cuanto a dar honor procurando superarse los unos a los otros.” La expresión “Previniéndoos” significa “yendo a la cabeza,” esto es, “dando buen ejemplo.” ¡Cuán contrario es esto a la moral predominante en el mundo pagano! Y aun cuando el cristianismo ha cambiado el espíritu de la sociedad, de tal manera que se nota cierto desinterés y cierta abnegación de parte de algunos que están parcialmente. si acaso lo están, bajo el poder transformador del evangelio, son sólo aquellos a quienes “el amor de Cristo los constriñe a no vivir a sí mismos,” los que son capaces de obrar del todo de acuerdo con el espíritu de este precepto.
 ¿Nos parece demasiado difícil para nuestra naturaleza competitiva la manera en que Dios honra a los demáss? ¿Por qué no intentar superarnos mutuamente en cuanto a honrar a los demás? ¡Pongamos a otros en primer lugar!

12.12 “En la esperanza, regocijándoos; en la tribulación, soportándoos; en la oración, perseverando.” Cada uno de estos ejercicios ayuda al otro. Si nuestra “esperanza” de la gloria está tan asegurada que es una esperanza que causa gozo, entonces, con naturalidad poseeremos el espíritu de “la constancia en la tribulación”; pero por cuanto es la “oración” la que fortalece a la fe que engendra esperanza y la eleva hasta una expectativa segura y gozosa, y por cuanto con esto se alimenta nuestra paciencia en la tribulación, se verá que todo depende de nuestra “perseverancia en la oración.”

12.13 Ofrecer hospitalidad cristiana no es lo mismo que recibir visitas. Cuando se recibe visitas, el foco de atención es la familia anfitriona: el hogar debe estar impecable, los alimentos deben estar bien preparados y abundantes, los de la casa deben parecer descansados y de buen humor. La hospitalidad, en cambio, se concentra en los visitantes. Sus necesidades tienen prioridad: hay que darles un lugar donde estar, alimentos nutritivos, oído atento o aceptación. La hospitalidad puede brindarse en un hogar desordenado. Puede brindarse alrededor de una mesa en la que el plato principal sea una sopa. Hasta puede ser que el anfitrión y los visitantes realicen tareas en conjunto. No tema ofrecer hospitalidad porque está demasiado cansado, ocupado o pobre para atender adecuadamente a los visitantes.
Esto es, dando hospedaje a los extranjeros. En tiempos de persecución, y cuando aún no se habían generalizado las casas de hospedaje, la importancia de este precepto se entendería en seguida. En el Oriente, donde son raras tales casas, este deber se consideraba como de un carácter sagrado.

12.15 ¡Qué hermoso espíritu de simpatía ante los goces y las tristezas ajenos se presenta aquí! Pero es solamente una de las encantadoras fases del carácter abnegado que posee todo aquel que practica el cristianismo vivo. ¡Qué mundo tan feliz será el nuestro cuando éste llegue a ser el espíritu dominante en él! De las dos cosas, sin embargo, es más fácil simpatizar con las tristezas de otro que con sus goces, porque en aquel caso él necesita de nosotros; en éste no. Pero por esta razón el segundo caso es más desinteresado, y por tanto, más noble.

12.16 El sentir el vínculo común que une a todos los cristianos unos a otros, sea cual fuere la diversidad de posición social, de erudición, de temperamento, o de dones que existiere entre ellos, es la cosa de más valor. No alentéis propósitos y deseos ambiciosos. Como tal sentimiento nace de la separación egoísta de nuestros propios intereses y motivos de los de nuestros hermanos, así es bastante incompatible con el espíritu recomendado en la frase anterior.


12.17  Estos versículos resumen el meollo de la vida cristiana. Si amamos a alguien de la misma manera que Cristo nos ama, estaremos dispuestos a perdonar. Si hemos experimentado la gracia de Dios, anhelaremos que otros también la disfruten. Y recuerde, la gracia es un favor inmerecido. Cuando damos de beber a un enemigo, no excusamos sus errores. Los reconocemos, los perdonamos y amamos a la persona a pesar de sus errores, tal como Cristo lo hizo con nosotros.

12.18 Se insinúa la imposibilidad de practicarlo en algunos casos, para animar el corazón de aquellos que, habiendo hecho lo mejor posible para vivir en paz, sin tener éxito, cediesen a la tentación de creer que el fracaso fuese debido necesariamente a ellos. Pero ¡con cuánto énfasis se expresa el mandamiento de no permitir que nada de nuestra parte lo evite! ¡Ojalá que fuesen los cristianos sin culpa en este respecto!

12.19-21 En estos días de constantes pleitos e incesantes demandas en busca de derechos legales, el mandato de Pablo suena casi imposible de aceptar. Cuando alguna persona nos hiere profundamente, en lugar de reaccionar como merece, Pablo dice que hay que ser amistoso. ¿Por qué nos dice Pablo que debemos perdonar a nuestros enemigos?
(1) El perdón puede romper un ciclo de represalias y guiar a una mutua reconciliación. (2) Puede lograr que el enemigo se avergüence y cambie de conducta.
(3) Por contraste, devolver mal por mal nos hiere tanto a nosotros como a nuestro enemigo. Aunque nuestro enemigo nunca se arrepienta, al perdonarlo nosotros nos sentiremos libres del gran peso de la amargura.

  El perdón incluye tanto actitudes como acción. Si considera difícil que la persona que lo hirió le pida perdón, procure responder con acciones bondadosas. Si es apropiado, dígale que le agradaría mejorar sus relaciones. Bríndele ayuda. Envíele un regalo. Sonríale. Muchas veces descubrirá que las buenas acciones conducen a sentimientos sinceros.

  ¿Qué significa "ascuas de fuego" sobre la cabeza de alguien? Esto quizás se refiera a una tradición egipcia de llevar un recipiente de carbón encendido sobre la cabeza en señal de arrepentimiento público. En alusión a este proverbio, Pablo dice que deberíamos tratar a nuestros enemigos con amabilidad para que se avergüencen y se vuelvan de sus pecados. La mejor manera de eliminar al enemigo es convertirlos en amigos.
Resumiendo podriamos decir qué:
(1) La misericordia redentora de Dios en Cristo es, en el alma de los creyentes, la fuente viva de toda obediencia santa.
(2) Así como la redención bajo el evangelio no es por medio de víctimas irracionales, como lo era bajo la ley, sino “por la preciosa sangre de Cristo” (1Pedro_1:18-19) y por consiguiente, no es ritualista sino real, así los sacrificios que los cristianos ahora han de ofrecer son todos “sacrificios vivos;” y éstos resumidos en la consagración de la persona al servicio de Dios son “santos y aceptos a Dios,” y juntos componen “nuestro servicio racional” .
(3) En esta luz, ¿qué hemos de pensar del así llamado “sacrificio incruento de la misa, ofrecido continuamente a Dios como una propiciación por los pecados, así de los vivos como de los muertos,” el cual se enseña a los adherentes de la corrupta fe de Roma, que es el acto supremo y más santo del culto cristiano—en oposición diametral a la enseñanza sublimemente sencilla que los primeros cristianos de Roma recibieron.     (4) Los cristianos no deben sentirse libres para conformarse al mundo con sólo evitar lo que sea manifiestamente pecaminoso; antes bien, entregándose al poder transformador de la verdad como está en Jesús, debieran esforzarse por exhibir ante el mundo una entera renovación de sus vidas.
 (5) Lo que Dios quisiera que los hombres fuesen en toda su hermosura y grandeza, se aprende en verdad por vez primera cuando está “escrito no con tinta, sino por el Espíritu del Dios viviente, no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne del corazón,” 2Corintios_3:3 .
(6) La suficiencia egoísta y la sed de poder, son especialmente desagradables en los vasos de misericordia, cuyos respectivos dones y gracias son todo un legado divino en bien del cuerpo común y de la humanidad en general.
(7) Así como el olvido de esto ha sido la causa de innumerables e indecibles males en la iglesia de Cristo, el ejercicio fiel, de parte de todo cristiano, de su propio oficio y de sus dones peculiares, y el amoroso reconocimiento de ellos por sus hermanos, quienes se consideran de igual importancia en sus respectivos lugares, daría a la iglesia visible un nuevo cariz, para el vasto beneficio y consuelo de los cristianos mismos y para el mundo que los rodea.
(8) ¡Qué sería el mundo si estuviese lleno de cristianos que no tuviesen sino un objeto en la vida, y que éste fuese supremo sobre todo otro: el de “servir al Señor,” y que pusieran en este servicio alacridad en el desempeño de sus deberes, reteniendo “el calor del espíritu” !
(9) ¡Ay, cuán lejos está aún la iglesia viviente de exhibir todo el carácter y el espíritu tan hermosamente descrito en los últimos versículos de este capítulo! ¡Cuánta falta hace un nuevo bautismo del Espíritu para que esto acontezca! Y ¡Cuán hermosa cual la luna, brillante cual el sol, y terrible cual ejército abanderado,” ha de ser la iglesia, cuando sea animada y movida por el Espíritu! ¡El Señor apresure tal día!


¡Maranatha! ¡Si, ven Señor Jesús!

viernes, 12 de febrero de 2016

ROMANOS 11:1-36


11.1  En este capítulo Pablo destaca que no todos los judíos rechazaron el mensaje de salvación de Dios. Hay todavía un remanente fiel. Pablo mismo era judío, los discípulos y los primeros misioneros también lo eran. El Señor en verdad anunció que “el reino de Dios sería quitado a Israel” (Mateo_21:41); y cuando le preguntaron los once, después de su resurrección, si en aquel tiempo “restauraría el reino a Israel” su respuesta fue una admisión virtual de que Israel ya estaba, en algún sentido, fuera del pacto (Hechos_1:9). Con todo el apóstol aquí enseña que, en dos respectos, Israel no estaba “desechado;” Primero, no totalmente; Segundo, no finalmente.

11.2 Dios escogió a los judíos ("su pueblo, al cual desde antes conoció") para que a través de ellos el resto del mundo hallara salvación. Sin embargo, esto no significaba que toda la nación judía sería salva, sino que quienes fueran fieles a Dios (el remanente) se considerarían verdaderos judíos. Somos salvos a través de la fe en Cristo, no por ser parte de una nación, religión o familia. ¿De qué depende su salvación?

11.5“Así como en el tiempo de Elías la apostasía de Israel no era tan universal como parecía, ni como él profeta en su desaliento concluyó que era, así ahora, el rechazo de Cristo por Israel no es tan aterrador en extensión como uno fácilmente pensaría. Y así como entonces, ahora hay un remanente fiel; pero no de personas mejores que las incrédulas multitudes, sino de personas escogidas por gracia para la salvación.”

11.6 ¿Piensa que se le hace más fácil a Dios amar a una persona cuando es buena? ¿Piensa allá en lo íntimo que Dios lo escogió porque usted se lo merecía? ¿Cree que la conducta de algunos es tan mala que Dios no puede salvarlos? Si piensa de esta manera no ha entendido bien que la salvación es gratuita. No puede ganarse, ni toda ni en parte; solo puede aceptarse con agradecimiento y alabanza. “Ahora, si (la elección) es por gracia, ya no es por obras, porque (en tal caso) la gracia ya no es gracia; y si es por obras …” (La autoridad de manuscritos antiguos en contra de esta cláusula, como superflua y no del texto original, es fuerte, pero opinamos que no es lo suficientemente fuerte para justificar la exclusión. Tales redundancias aparentes no son raras en el apóstol.) La posición general aquí asentada es de importancia vital: Que no hay sino dos posibles fuentes de la salvación: las obras de los hombres, y la gracia de Dios; y que estas dos son tan esencialmente distintas y opuestas que la salvación no puede ser una combinación o mixtura de ambas, sino que tiene que ser o de la una o de la otra.

11.7 "Los demás fueron endurecidos" porque así los castigó Dios por sus pecados. Fue una confirmación de que eran tercos. Al juzgarlos, Dios les quitó la facultad de ver, oír y arrepentirse; así experimentarían las consecuencias de su rebelión.

11.8-10 Estos versículos describen el castigo de los corazones endurecidos que el profeta Isaías predijo (Isaias_6:9-13). Si la gente no quiere oír las buenas nuevas de Dios, al final no podrán entenderla. Pablo vio que esto sucedió en las sinagogas que visitó en sus viajes misioneros. (El versículo 8 se basa en Deuteronomio_29:4 e Isaias_29:10. Los versículos 9 y 10 son del Salmo_69:22-23). “Lo que Israel está buscando (esto es, la justificación, o aceptación con Dios, no lo halló, pero la elección (el remanente elegido de Israel) lo halló, y los demás fueron endurecidos, o sea, fueron judicialmente entregados a la “dureza de sus propios corazones.” El objeto del apóstol al poner estas citas es para demostrar que lo que se había visto obligado a decir de la condición existente de la nación y del presagio de su porvenir estaba más que confirmado por las Escrituras. Pero, en segundo lugar, vemos que Dios no ha desechado a su pueblo finalmente.

11.11  Pablo soñaba con una iglesia en la que judíos y gentiles se unieran en amor a Dios y en obediencia a Cristo. A la vez que respetaban la Ley de Dios, mirarían solo a Cristo para alcanzar salvación. La raza y el nivel social de la persona sería irrelevante ( Gálatas_3:28), porque lo importante sería la fe que depositaran en Cristo.
El sueño de Pablo aún no se ha materializado. En su tiempo muchos judíos rechazaron las buenas nuevas. Tenían la mira en su herencia étnica para obtener la salvación y no eran obedientes de corazón como los profetas del Antiguo Testamento y Pablo. Una vez que los gentiles predominaron en la mayoría de las iglesias cristianas, comenzaron a rechazar y a perseguir a los judíos. Es lamentable, pero esta práctica ha continuado a través de los siglos.
Los verdaderos cristianos no deben perseguir a nadie. Los cristianos y los judíos han hecho tanto daño a la causa de Dios a la que dicen servir que parece imposible que el sueño de Pablo se cumpla. Dios escogió a los judíos de la misma manera que a los cristianos, y sigue ocupado en la tarea de unir gentiles y judíos para formar un nuevo Israel, una nueva Jerusalén, gobernada por su Hijo ( Efesios_2:11-22).

11.12 Esto quiere decir que, “Si un acontecimiento tan nefasto como esta falta cometida por Israel fué la ocasión de tan indecible bien al mundo gentil, “¿de cuánto mayor bien podemos esperar que será productivo un evento tan bienaventurado como lo será la plena restauración de ellos?”

11.13-15 Pablo fue nombrado misionero a los gentiles. El recuerda esto a los hermanos judíos con la esperanza de que también quieran ser salvos. Los judíos habían sido rechazados, y se estaba brindando a los gentiles la salvación. Pero cuando un judío acepta a Cristo, hay gran regocijo, como si un muerto volviera a la vida. El apóstol había negado que estuviesen rechazados; aquí lo afirma. Las dos cosas son verdad: ellos fueron desechados, pero ni total ni finalmente, y es de este rechazo parcial y temporal que el apóstol habla aquí.
La recepción de toda la familia de Israel, esparcidos como están entre todas las nacionos debajo del cielo, y siendo los enemigos más inveterados del Señor Jesús, será una manifestación tan estupenda del poder de Dios sobre el espíritu de los hombres, y de su gloriosa presencia con los heraldos de la cruz, que no solamente encenderá el asombro reverente por todas partes, sino que también cambiará el modo dominante de pensar y de sentir acerca de las cosas espirituales en tal forma que se parecerá a una resurrección de entre los muertos.

11.16 Los israelitas estaban obligados a ofrecer a Dios las primicias de la tierra: tanto en la condición cruda, en el manojo de grano recién segado (Levítico_23:10-11), como en la forma elaborada, la torta amasada (Números_15:19-21), mediante lo cual toda la cosecha de la estación sería tenida por santificada. Es probable que aquí signifique la segunda forma de ofrenda, por cuanto a ésta le corresponde mejor la palabra “masa,” que se traduce como “el todo” en nuestra versión; y el argumento del apóstol es, que la separación para Dios de Abrahán, Isaac y Jacob, del resto de la humanidad, como la raíz que originó la raza, fué una ofrenda tan verdadera de primicias como las que santificaban el producto de la tierra, así, en la estimación de Dios, fué igualmente real la separación de la masa. o “del todo” de dicha nación, en todo tiempo, para Dios. La figura de la “raíz” y las “ramas” es de aplicación similar: la consagración de aquélla se extiende también a ésta.


11.17  Al hablar a los cristianos gentiles, Pablo los insta a no sentirse superiores porque Dios hubiera rechazado a algunos judíos. La fe de Abraham se asemeja a la raíz de un árbol productivo y el pueblo judío viene a ser las ramas naturales del árbol. A causa de su infidelidad, los judíos fueron las ramas desgajadas. Los creyentes gentiles se injertaron en el árbol como olivo silvestre y ahora gentiles y judíos comparten la savia basados en la fe en Dios. Ninguno de los dos puede confiar en su herencia cultural en cuanto a la salvación. “Si las ramas no deben jactarse de la raíz que las sustenta, mucho menos los gentiles deben jactarse de la simiente de Abrahán; porque ¿cuál es tu posición, oh gentil, con relación a Israel, sino la de la rama con relación a la raíz? De Israel ha venido todo lo que eres, y todo lo que tienes en la familia de Dios, porque “la salvación es de los judíos” (Juan_4:22).


11.22 "Si permaneces en esa bondad" se refiere a la firme perseverancia en la fe. La firmeza es una prueba de la realidad de la fe y una consecuencia de la salvación, no un medio que conduce a él.

11.24 Esto es precisamente lo opuesto del v. 21: “Así como la excisión de los meramente injertados gentiles por causa de la incredulidad, es cosa que con más razón se había de esperar, que la excisión del Israel natural, antes que ésta aconteciese; así la restauración de Israel, una vez que lleguen a creer en Jesús, es cosa mucho más compatible con lo que debiéramos esperar, que la admisión de los gentiles a una posición que nunca antes habían gozado.”
Esta invocación del poder de Dios para efectuar el restablecimiento de su antiguo pueblo, sugiere la vasta dificultad que hay para lograrlo: lo que han comprobado tristemente todos los que alguna vez han trabajado por la conversión de los judíos. Que expositores inteligentes piensen que esto se dijo con relación a judíos individuales, reintroducidos de tiempo en tiempo en la familia de Dios al creer en el Señor Jesús, es sorprendente; y con todo, los que niegan el restablecimiento nacional de Israel tienen que interpretar así al apóstol. Pero esto significa confundir las dos cosas que el apóstol cuidadosamente distingue. En todo tiempo son admisibles los judíos individuales, y así han sido admitidos en la iglesia por la puerta de la fe en el Señor Jesús. Ellos son el “residuo”, aun en este tiempo presente, “según la elección de la gracia,” de los que el apóstol en la primera parte del capítulo ha citado como uno. Pero es evidente que aquí habla de algo no existente entonces, pero que se había de esperar como un gran acontecimiento futuro en la dispensación de Dios, a saber, la reinjertación de la nación como tal, cuando ya “no permanezcan en la incredulidad.” Y aun cuando esto se dice aquí meramente como una suposición (de que cesara la incredulidad de ellos)—a fin de ponerla en paragón con la otra suposición, de lo que sobrevendrá a los gentiles si ellos no permanecen en la fe—la suposición se convierte en una predicción explícita en los versículos que siguen.

11.25  No la conversión general del mundo a Cristo, como muchos lo entienden, porque tal cosa parece que contradiría la última parte de este capitulo, y colocaría el restablecimiento nacional de Israel en un futuro demasiado lejano: además, en el v. 15, el apóstol parece hablar del recibimiento de Israel, no como subsecuente a la conversión del mundo, sino como que contribuyera grandemente a ella; sino: “hasta que los gentiles hayan tenido su tiempo pleno de la iglesia visible para sí solos, mientras los judíos hayan estado fuera, privilegio del cual los judíos gozaban hasta que los gentiles fueron introducidos.”

11.26 Entender esta gran declaración, como muchos la entienden aún, meramente en el sentido de la recepción gradual de judíos individuates hasta que al fin no quedara ninguno en la incredulidad, sería hacer a dicha declaración violencia así como a todo el contexto. No puede significar sino el ingreso final de Israel como nación, en contraste con el actual “residuo”. Algunos usan esta frase: "Y luego todo Israel será salvo", para dar a entender que la mayoría de los judíos en la generación final, antes de la venida de Cristo, lo buscarán para obtener salvación. Otros dicen que Pablo usa la palabra Israel para referirse a la nación "espiritual" de Israel conformada por todos, judíos y gentiles, los que han recibido la salvación mediante la fe en Cristo. Ese todo Israel (o todos los creyentes) recibirá el regalo de salvación que Dios prometió. Otros dicen que todo Israel significa que Israel en pleno desempeñará un papel en el reino de Cristo. Su identidad como pueblo no se descartará. Dios eligió la nación de Israel y nunca cambió de opinión. También escogió a la iglesia, mediante Jesucristo, y tampoco la rechazará. Esto no significa que todos los judíos ni todos los miembros de la iglesia se salvarán. Es posible pertenecer a una nación o a una organización sin haber respondido en fe. Sin embargo, porque algunos le rechacen, Dios no va a detener su obra con Israel y la iglesia. El sigue ofreciendo la salvación gratuitamente a todos. Aun otros dicen que la frase "y luego" quiere decir "en esta forma", refiriéndose a la necesidad de la fe en Cristo.

11.28- En este pasaje Pablo muestra cómo judíos y gentiles se benefician entre sí. Siempre que Dios muestra misericordia a uno de los grupos, el otro comparte la bendición. En el plan original de Dios, los judíos serían fuente de bendición a los gentiles (Genesis_12:3). Cuando los judíos descuidaron esta misión, de todas formas Dios bendijo a los gentiles mediante el Mesías judío. El sigue amando a los judíos a causa de su promesa a Abraham, Isaac y Jacob ("por causa de los padres"). Pero algún día los judíos fieles manifestarán la misericordia de Dios. Los planes de Dios no se frustrarán, El tendrá "misericordia de todos". Para un hermoso cuadro de cómo judíos y gentiles reciben juntos bendición (Isaías 60). Es decir, son irrevocables. “La vocación de Dios,” significa aquel soberano acto por el cual Dios, en el ejercicio de su libre elección, “llamó” a Abrahán, para que fuese el padre de un pueblo especial; mientras que “los dones de Dios”, aquí denotan los artículos del pacto que Dios hizo con Abrahán, los cuales constituyen la distinción real entre la suya y las demás familias de la tierra. Las dos cosas, dice el apóstol, son irrevocables; y ya que el único motivo por el cual se hace referencia a esto es el destino final de la nación israelita, es claro que lo que aquí se afirma es la perpetuidad por todos los tiempos del convenio abrahámico. Y para que nadie diga que aunque Israel, como nación, no tiene destino alguno bajo el evangelio, sino que como pueblo desapareció del escenario con el derrumbe de la pared medianera de separación, y que no obstante, el pacto abrahámico aun perdura en la simiente espiritual de Abrahán, compuesta de judíos y gentiles en una masa indistinta de hombres redimidos bajo el evangelio—el apóstol, como para excluir esta suposición misma, asevera expresamente que el mismo Israel que, tocante al evangelio, es considerado como “enemigo por causa de los gentiles,” “es amado por causa de los padres;” y en prueba de esto agrega: “Porque los dones y la vocación son sin arrepentimiento,” irrevocables. Pero ¿en qué sentido son ahora los incrédulos y excluídos hijos de Israel “amados por causa de los padres”? No meramente por los recuerdos ancestrales, así como uno mira con cariñoso interés al hijo de un amigo querido por amor a dicho amigo aunque es un pensamiento hermoso, y no ajeno a la Escritura en relación con este mismo asunto (Isaias_41:8)sino a causa de las conexiones y obligaciones ancestrales, o bien, su descendencia lineal y su unidad, con los padres, en el pacto que Dios estableció con ellos en el principio. En otras palabras, el Israel natural no el residuo de ellos según la elección de gracia,” sino LA NACION, que nació de Abrahán según la carne—son todavía un pueblo escogido, y como tales, “amados.” El mismo amor que escogió a los padres, y reposó sobre ellos como el tronco paternal de la nación, todavía reposa sobre sus descendientes en general, y todavía los ha de redimir de la incredulidad, y los restablecerá como la familia de Dios.


11.29 Los privilegios y la invitación que Dios dio a Israel nadie podrá quitárselos jamás. Aquí hay una idea del todo nueva. El apóstol hasta ahora ha subrayado la incredulidad de los judíos como el medio u ocasión para la fe de los gentiles—el rechazo de aquéllos dando ocasión para la recepción de éstos: una verdad que daba a los generosos creyentes gentiles sólo una satisfacción mixta. Ahora, presentando un aspecto más animador, habla de la misericordia dispensada a los gentiles como un medio para el establecimiento de Israel; lo que parece significar que, por la instrumentalidad de los gentiles creyentes, Israel como nación por fin ha de “mirar a aquel a quien horadaron y llorar sobre él.”

11.33  Esta doxología es una oración de alabanza a Dios por la sabiduría de su plan. Aunque el método de Dios y su significado van más allá de nuestra comprensión, El no es arbitrario. Gobierna el universo y nuestras vidas en perfecta sabiduría, justicia y amor. Pero “las riquezas de Dios es una expresión mucho menos usada por nuestro apóstol, que las riquezas de ésta o aquella otra perfección de Dios; y las palabras que inmediatamente siguen limitan nuestra atención a la inescrutabilidad de los “juicios” de Dios, lo que probablemente significa sus decretos o sus planes (Salmo_119:75), y la de sus “caminos,” o sea el método por el que los lleva a efecto.   Además, todo lo que sigue hasta el fin del capítulo parece indicar que mientras que la gracia de Dios para con los culpables en Cristo Jesús se presupone en todo el tema de este capítulo, lo que evoca la admiración especial del apóstol, después de trazar algo en detalle los propósitos y planes divinos en la impartición de esta gracia, es “la profundidad de las riquezas de la sabiduría y conocimiento de Dios” en estos propósitos y métodos. El “conocimiento”, entonces, señala probablemente la vasta extensión de la comprensión divina en esto manifestada: la “sabiduría,” aquella aptitud para lograr los fines propuestos que caracteriza todo este proceder.


11.34, 35 Lo que encierran estas preguntas es que ninguno puede comprender por completo la mente del Señor. Ninguno ha sido su consejero. Y Dios no le debe nada a ninguno de nosotros. Isaías y Jeremías hicieron preguntas similares para demostrar que no hay quien tenga capacidad para aconsejar a Dios ni para criticar sus caminos (Isaias_40:13; Jeremias_23:18). Solo Dios tiene todo poder y toda sabiduría.

11.36 En un análisis final, todos dependemos absolutamente de Dios. El es la fuente de todo, incluyendo a nosotros mismos. Es el poder que sustenta las leyes del mundo en que vivimos. Y Dios lleva a cabo todas las cosas para la gloria de El mismo. El Dios todopoderoso merece nuestra alabanza. De esta manera, dignamente, con una brevedad sólo igualada por su sublimidad, recapitula aquí el apóstol todo este asunto. “De él son todas las cosas,” como la eterna Fuente de ellas; “por medio de él son todas las cosas,” por cuanto él lleva a efecto sus eternos consejos determinados; y “para (que es la correcta traducción) él son todas las cosas,” por ser suyas propias hasta el fin; siendo la manifestación de la gloria de sus propias perfecciones, desde el principio hasta el fin, el último propósito, por ser el más sublime.
Sobre este capítulo rico en enseñanzas, aprendemos:
(1) Es un consuelo indecible saber que, en tiempos de la mayor decadencia religiosa y de la más extensiva apostasía de la verdad, la lámpara de Dios nunca se deja apagar, y que un fiel residuo siempre ha existido: residuo mayor de lo que nuestros lánguidos espíritus pueden fácilmente creer (vv. 1-5).
(2) La conservación de este remanente, así como su separación al principio, es todo como resultado de la gracia (vv. 5, 6). Cuando los individuos y las comunidades, después de muchas e infructuosas amonestaciones, son abandonados por Dios, siguen de mal en peor (vv. 7-10).
(3) Dios ha arreglado sus tratos con las grandes divisiones de la humanidad de manera “que ninguna carne se gloríe delante de él.” Los gentiles y los judíos, cada cual en su oportunidad, fueron “encerrados a la incredulidad,” para que aquéllos y éstos por turno, experimentasen la “misericordia” que salva a los peores de los pecadores (vv. 11-32).
(4) Así como somos “justificados por la fe,” así somos “guardados por el poder de Dios por la fe”—por la fe sola—para la salvación (vv. 20-32).
(5) El pacto de Dios con Abrahán y con su simiente natural, es un pacto perpetuo que tiene tanta fuerza bajo el evangelio como antes de él. Es por esto que los judíos como nación sobreviven aún, a pesar de las leyes que, en circunstancias análogas, han extinguido o destruído la identidad de otras naciones. Y es por eso que los judiós como nación aun han de ser restaurados a la familia de Dios por el sometimiento de sus orgullosos corazones a aquel que horadaron. Y como los gentiles creyentes tendrán el honor de ser los instrumentos de este admirable cambio, así el vasto mundo gentil cosechará tal beneficio de ello que será como la comunicación de la vida a ellos de los muertos.
 (6) Así pues, la iglesia cristiana tiene la razón suprema para el establecimiento y la vigorosa prosecución de misiones entre los judíos; habiendo prometido Dios no sólo que habrá un residuo de ellos que ingresará en toda edad, sino que se ha empeñado en el ingreso final de toda la nación, habiendo asignado el honor de tal ingreso a la iglesia gentil, y asegurándoles que el evento, cuando llegue, tendrá un efecto vivificador sobre todo el mundo (vv. 12-16, 26-31).
 (7) Los que piensan que en todas las profecías del Antiguo Testamento los términos “Jacob,” “Israel,” etc., han de entenderse solamente con referencia a la iglesia cristiana, parece que leen el Antiguo Testamento de una manera diferente de la del Apóstol, quien, al usar estos términos de la profecía del Antiguo Testamento, presenta argumentos para probar que Dios tiene raudales de misericordia para el Israel natural (vv. 26, 27).
(8) Las investigaciones meramente intelectuales tocante a la verdad divina en general, y la percepción de los oráculos vivientes en particular, tienen un efecto endurecedor, y son un contraste grande con el espíritu de nuestro apóstol, cuyo largo bosquejo del majestuoso proceder de Dios para con los hombres en Cristo Jesús, termina con una exclamación de admiración, que se confunde en una actitud aun más sublime de adoración (vv. 33-36).




lunes, 1 de febrero de 2016

ROMANOS 10; 1-21

  
He preferido dividir este capítulo en cuatro bloques para entender con claridad al Apóstol Pablo:

1-4.Los judíos edificaron sobre un fundamento falso y no quisieron ir a Cristo para recibir la salvación gratuita por fe, y son muchos los que en cada época hacen lo mismo en diversas formas. La severidad de la ley demostró a los hombres su necesidad de salvación por gracia por medio de la fe. Las ceremonias eran una sombra de Cristo que cumple la justicia y carga con la maldición de la ley. Así que aun bajo la ley, todos los que fueron justificados ante Dios, obtuvieron esa bendición por la fe, por la cual fueron hechos partícipes de la perfecta justicia del Redentor prometido. La ley no es destruida ni frustrada la intención del Legislador, pero habiendo dado la muerte de Cristo la satisfacción plena por nuestra violación de la ley, se alcanza la finalidad. Esto es, Cristo cumplió toda la ley, por tanto, quien cree en Él, es contado justo ante Dios como si él mismo hubiese cumplido toda la ley. Los pecadores nunca se diluyen en vanas fantasías de su propia justicia si conocieron la justicia de Dios como Rey o su rectitud como Salvador. 
 ¿Qué sucederá con los judíos que creen en Dios y no en Cristo? Si creen en el mismo Dios, ¿por qué no van a ser salvos? Si fuera así, Pablo no se hubiera sacrificado tanto por enseñarles acerca de Cristo. Ya que Jesús es la más completa revelación de Dios, sin Jesús nadie puede entender bien a Dios; ya que Dios escogió a Jesús como puente entre Dios y el hombre, no podemos dirigirnos a Dios por otro medio. Los judíos, como cualquier otra persona, pueden hallar la salvación solo a través de Jesucristo (Juan 14:6; Hechos 4:12). Como Pablo, debiéramos anhelar que todos los judíos se salvaran. Debiéramos orar por ellos y con amor anunciarles las buenas nuevas.
Cristo es "el fin de la ley" en dos sentidos. Cumplió el propósito y la meta de la Ley (Mateo_5:17) ejemplificando a la perfección los deseos de Dios en la tierra. Pero también El es el fin de la Ley porque al compararla con Cristo, la Ley es impotente para salvarnos.


5-11. Para salvarse mediante la Ley, una persona debe tener una vida perfecta, sin siquiera pecar una vez.  En lugar de vivir mediante la fe en Dios, los judíos establecieron costumbres y tradiciones (añadiduras a la Ley de Dios) en su afán de ser aceptos ante El. Pero los esfuerzos humanos, por sinceros que sean, nunca podrán sustituir la justicia que Dios nos ofrece por la fe. La única forma de ganar la salvación es ser perfectos y esto es imposible. Solo podemos extender nuestras manos vacías y recibirla como regalo.

¿Por qué Dios dio la Ley sabiendo que la gente no podría cumplirla? De acuerdo a Pablo, una de las razones por la que se dio la Ley a los hombres era mostrarles cuán culpables son (Gal_3:19). La Ley era una sombra de Cristo; o sea, el sistema sacrificial educó a la gente a fin de que al ofrecerse el verdadero sacrificio, la gente pudiera entenderlo (Heb_10:1-4). El sistema de leyes ceremoniales perduró hasta la venida de Cristo. La Ley señalaba a Cristo, y para eso se sacrificaban todos esos animales.
El pecador condenado por sí mismo no tiene que confundirse con la manera en que puede hallarse esta justicia. Cuando hablamos de mirar a Cristo, recibirlo y alimentarnos de Él, no queremos decir a Cristo en el cielo ni Cristo en lo profundo, sino Cristo en la promesa, Cristo ofrecido en la palabra. La justificación por fe en Cristo es una doctrina sencilla. Se expone ante la mente y el corazón de cada persona, dejándola así sin disculpa por la incredulidad. Si un hombre ha confesado su fe en Jesús como Señor y Salvador de los pecadores perdidos, y realmente cree en su corazón que Dios le levantó desde los muertos, para mostrar que había aceptado la expiación, debe ser salvado por la justicia de Cristo, imputada a Él por medio de la fe. Pero ninguna fe justifica lo que no es poderoso para santificar al corazón y reglamentar todos sus afectos por el amor de Cristo. Debemos consagrar y rendir nuestras almas y nuestros cuerpos a Dios: nuestras almas al creer con el corazón, y nuestros cuerpos al confesar con la boca. El creyente nunca tendrá causa para arrepentirse de su confianza total en el Señor Jesús. Ningún pecador será nunca avergonzado de tal fe ante Dios; y debiera gloriarse de ella ante los hombres. “Si confiesas que Jesús es el Señor,” es decir, “lo reconoces como tu Señor”, lo cual es la debida manifestación o evidencia de la fe” (Mateo_10:32; 1Juan_4:15). El confesar al Señor se pone primero solamente para corresponder con la cita precedente, “en tu boca y en tu corazón.” Así como en 2Pedro_1:10 “la vocación de los creyentes” se pone antes de su “elección,” como si la cosa asegurada fuese primero, aunque cronológicamente viene después.   En el versículo siguiente las dos cosas se colocan en su orden natural.
Porque con el corazón se cree para justicia [justificadora]; mas con la boca se hace confesión para salud [“salvación”] Esta confesión del nombre de Cristo, especialmente en tiempos de persecución, y todas las veces que sufran la infamia los que profesan el cristianismo, es una prueba indispensable del discipulado.


12-17. ¿Alguna vez le han preguntado cómo se hace uno cristiano? Estos versículos le dan la preciosa respuesta: la salvación está en el corazón y en la boca. La gente piensa que debe ser un proceso complicado, pero no es así. Si creemos en nuestro corazón y proclamamos con nuestra boca que Jesús es el Señor resucitado, seremos salvos.
 Habrá veces en que la gente nos defraudará y las circunstancias empeorarán. Pablo dice que Dios cumple su parte del trato: todo aquel que lo invoca será salvo. Dios siempre ha de justificar a los que creen.

  Debemos llevar a otros el gran mensaje de salvación, para que respondan a las buenas nuevas. ¿Cómo sabrán de este mensaje sus seres queridos y vecinos si nadie se lo comunica? ¿Está llamándole Dios a participar en la proclamación de este mensaje para que sea conocido en su comunidad? Piense en una persona que necesita oír las buenas nuevas e idee un plan para lograrlo. Luego póngase en acción en cuanto le sea posible.

No hay un Dios para los judíos que sea más bueno, y otro para los gentiles que sea menos bueno; el Señor es el Padre de todos los hombres. La promesa es la misma para todos los que invocan el nombre del Señor Jesús como Hijo de Dios, como Dios manifestado en carne. Todos los creyentes de esta clase invocan al Señor Jesús y nadie más lo hará tan humilde o sinceramente, pero ¿cómo podría invocar al Señor Jesús, el Salvador divino, alguien que no ha oído de Él? ¿Cuál es la vida del cristiano, sino una vida de oración? Eso demuestra que sentimos nuestra dependencia de Él y que estamos listos para rendirnos a Él, y tenemos la expectativa confiada acerca de todo lo nuestro de parte de Él.
Era necesario que el evangelio fuera predicado a los gentiles. Alguien debe mostrarles lo que tienen que creer. ¡Qué recibimiento debiera tener el evangelio entre aquellos a quienes les es predicado! El evangelio es dado no sólo para ser conocido y creído, sino para ser obedecido. No es un sistema de nociones, sino una regla de conducta. El comienzo, el desarrollo y el poder de la fe vienen por oír, pero sólo el oír la palabra, porque la palabra de Dios fortalecerá la fe.

18-21. Muchos judíos que esperaban al Mesías no quisieron creer en El cuando vino. Dios le ofreció su salvación a los gentiles ("un pueblo que no es pueblo" y "pueblo insensato"). Muchos gentiles, que ni siquiera sabían del Mesías, lo hallaron y creyeron en El. Algunos religiosos están espiritualmente ciegos, mientras que otros que nunca han ido a una iglesia son a veces los que responden de manera más positiva al mensaje de Dios. Ya que las apariencias son engañosas y no podemos ver el corazón de las personas, cuidémonos de decir de antemano quién aceptará o no al evangelio.

¿No sabían los judíos que los gentiles iban a ser llamados? Ellos podrían haberlo sabido por Moisés e Isaías. “Yo os provocaré a celos contra [aquellos que son] no una nación y contra una nación insensata os provocaré a ira” (Deu_32:21). Dios amonesta a su antiguo pueblo, que por cuanto ellos le habían provocado a celos con los que no eran dioses, y le habían enojado con sus vanidades, él en retribución, les incitaría a celos favoreciendo a una nación “que no es nación”, provocándolos a ira al adoptar una nación falta de entendimiento.
Isaías habla claramente de la gracia y el favor de Dios que avanza para ser recibido por los gentiles. A los que no preguntaban por mí—hasta que de mi parte les llegó la invitación a ellos. Que estas palabras del profeta significan el llamamiento de los gentiles (Isa_65:1), está manifiesto por lo que sigue inmediatamente: “Dije a gente que no invocaba mi nombre: Heme aquí, heme aquí” (Isa_65:1). Mas acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos—en actitud de amorosa suplicación. a un pueblo rebelde y contradictorio—Estas palabras de Isa_65:2, citadas aquí como una invitación a los gentiles, eran más que suficientes para dar a conocer a los judíos tanto el propósito de Dios de rechazarlos a ellos de los privilegios de que habían gozado, para otorgarlos ahora en favor de los gentiles, así como la causa de este rechazamiento que se originó de parte de ellos mismos.

Entendemos entonces qué: (1) Ni la mera sinceridad, ni aun el ardor en la religión, aunque pudieran ser una base de esperanza para alcanzar una liberación misericordiosa del error, no servirán de excusa ni compensarán por el rechazo expreso de la verdad salvadora, cuando en la providencia de Dios se presenta para ser aceptada. (2) La verdadera causa de semejante rechazo de la verdad salvadora, por los que en otros particulares son sinceros, es la preocupación mental en favor de nociones falsas propias suyas. Mientras que los judíos “procuraban establecer su propia justicia,” era naturalmente imposible que “se sujetasen a la justicia de Dios;” ya que cada uno de estos dos métodos está en contra del otro.
(3) Las condiciones esenciales para obtener la salvación han sido en todas las edades las mismas: se invita “a todo aquel que quiera, a tomar del agua de la vida de balde, Apocalipsis_22:17.
(4) ¡Cómo se atontecerán aquellos que perecerán lejos de la voz del evangelio, al recordar lo sencillo, lo razonable y lo gratuito que era el plan de la salvación!
 (5) ¡Cuán penetrante debiera sonar en los oídos de las iglesias aquella pregunta que se ha estado haciendo perpetuamente: “¿Cómo oirán sin haber quién les predique?” como si fuese únicamente el eco apostólico de la gran comisión que dejó el Señor: “Predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos_16:15); y cuánto carecen las iglesias del debido amor, celo y consagración, puesto que habiendo tan abundante siega, los segadores son tan pocos (Mateo_9:37-38), y el clamor de labios de hombres perdonados, dotados y consagrados: “Heme aquí, envíame a mí” (Isaias_6:8), no se oye en todas partes!
 (6) La bendición de la relación pactada entre el hombre y Dios, no es el privilegio irrevocable de ningún pueblo ni de ninguna iglesia; puede ser asegurada solamente por la fidelidad de nuestra parte, al pacto mismo.
(7) Muchas veces Dios es hallado por los que aparentemente están más lejos de él, mientras que queda sin ser descubierto por los que se creen estar más cercanos.
(8) El trato de Dios aun para con los pecadores réprobos, es uno lleno de ternura y compasión; todo el día extiende sus brazos de misericordia a los desobedientes y contradictores. De esto se darán cuenta y lo reconocerán al fin todos los que perezcan, para la gloria de la longanimidad de Dios, y para la propia confusión de ellos.

¿No fue este nuestro caso? ¿No empezó Dios con amor, y se nos dio a conocer cuando nosotros no preguntábamos por Él? La paciencia de Dios para con los pecadores provocadores es maravillosa. El tiempo de la paciencia de Dios es llamado un día, liviano como un día y apto para el trabajo y los negocios; pero limitado como el día, y hay una noche que le pone fin. La paciencia de Dios empeora la desobediencia del hombre, y la vuelve más pecaminosa. Podemos maravillarnos ante la misericordia de Dios, de que su bondad no sea vencida por la maldad del hombre; podemos maravillarnos ante la iniquidad del hombre, que su maldad no sea vencida por la bondad de Dios. Es cuestión de gozo pensar que Dios ha enviado el mensaje de gracia a tantísimos millones por la amplia difusión de su evangelio.