lunes, 5 de febrero de 2018

DIOS PADRE NOS HA HECHO NACER DE NUEVO


1Pedro 1:3-5 

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos,
   para obtener una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los cielos para vosotros,
   que sois protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo.

    ¿Necesitas  aliento? Las palabras de Pedro ofrecen gozo y esperanza en tiempos de problemas, y él basa su confianza en lo que Dios está haciendo por nosotros en Jesucristo. Se nos llama a una esperanza viva de la vida eterna. Nuestra esperanza no es solo futurista; la vida eterna empieza cuando creemos en Dios y nos unimos a su familia. Por mucha aflicción o prueba que estemos pasando en la vida, sabemos que no es nuestra experiencia definitiva. Finalmente viviremos con Cristo para siempre.

"Bendito... Jesucristo". Así se expresó Pablo (2Co_1:3; Efe_1:3). La palabra "bendito" viene de la griega de la cual tenemos en español "elogiar" y "elogio". Se deben muchas gracias a Dios por lo que ha hecho en la elección. Le debemos alabar. Los cristianos no oramos a un Dios distante y desconocido, sino al Dios que es como Jesús, y a Quien, por medio de Jesucristo, podemos acudir con confianza filial.

  
            El Padre es el Dios de Jesucristo también (Jn_20:17). Al mismo tiempo son uno (Jn_1:1; Jn_10:30; Jn_17:21). No hay contradicción en esta gran verdad.
              La razón por qué Dios ha hecho posible la salvación del hombre es su grande misericordia, o amor o bondad o gracia (Tit_2:11; Tit_3:4-5).
             De Dios vienen solamente dádivas buenas y dones perfectos, entre ellos el renacimiento (Stg_1:17-18). Sin él no hay entrada en el cielo (Jn_3:5). El hombre tiene que nacer de lo alto, o ser regenerado. Esto sucede en el bautismo bíblico (Tit_3:5; Rom_6:4).
      Este pasaje empieza con la idea del nuevo nacimiento; el cristiano es una persona que ha nacido de nuevo, engendrado otra vez por Dios para vivir una nueva clase de vida. Entre otras cosas esto quiere decir que, cuando nos hacemos cristianos, se produce en nuestra vida un cambio tan radical que de la única manera que se puede describir es diciendo que la vida ha empezado para nosotros completamente otra vez. Esta idea del nuevo nacimiento recorre todo el Nuevo Testamento.
 (i) El nuevo nacimiento cristiano sucede por la voluntad y la acción de Dios (Jn_1:13; Stg_1:18). No es algo que hace la persona, como no lo fue tampoco su nacimiento físico.

(ii) Otra manera de expresarlo es decir que este nuevo nacimiento es la obra del Espíritu Santo (Jn_3:1-15). Le sucede a una persona, no por su propio esfuerzo, sino cuando se entrega a que tome posesión de ella el Espíritu Santo y la cree de nuevo interiormente.

(iii) Sucede por la Palabra de la Verdad, es decir, por el Evangelio (Stg_1:18; 1Pe_1:23). En el principio, fue la Palabra de Dios la Que creó el Cielo y la Tierra y todo lo que hay en ellos. Dios habló, y el caos se convirtió en el universo, y el universo se equipó para y con la vida. Es la Palabra creadora de Dios en Jesucristo lo que produce este nuevo nacimiento en la vida humana.

(iv) El resultado de este nuevo nacimiento es que la persona que lo experimenta llega a ser primicia de una nueva creación (Stg_1:18). La eleva de este mundo de espacio y tiempo, de cambio y caducidad, de pecado y derrota, y la pone en contacto aquí y ahora con la eternidad y la vida eterna.

(v) La persona nace de nuevo a una esperanza viva 1 Pedro 1:3). Pablo describe el mundo gentil como algo sin esperanza (Efe_2:12).
Sófocles escribió: «No nacer en absoluto es con mucho la mejor fortuna; lo segundo mejor es, tan pronto como se nace, regresar rápidamente allá de donde se vino.» Para los gentiles, el mundo era un lugar en el que todo se aja y decae; podría ser suficientemente agradable en sí, pero no conduce más que a la oscuridad sin fin. Para el mundo antiguo la característica cristiana era la esperanza, que procedía de dos cosas. (a) El cristiano percibía que había nacido; no de simiente corruptible, sino incorruptible (1Pe_1:23). Tenía en sí mismo algo de la misma naturaleza de Dios; y, por tanto, tenía una vida que ni el tiempo ni la eternidad podrían destruir. (b) Aquello procedía de la resurrección de Jesucristo (1 Pedro 1:3). El cristiano tiene para siempre a su lado a este Jesucristo Que ha conquistado aun la muerte y, por tanto, no hay nada a lo que deba tener miedo.

(vi) El nuevo nacimiento del cristiano le introduce en la integridad (1Jn_2:29 ; 1Jn_3:9 ; 1Jn_5:18). Por este nuevo nacimiento es purificado de sí mismo, de los pecados que le encadenaban y de los hábitos que le dominaban; y recibe un poder que le permite caminar en integridad. Eso no es decir que el nacido de nuevo ya no peca más; pero sí que cada vez que caiga recibirá poder y gracia para levantarse otra vez.

(vii) El nuevo nacimiento del cristiano le introduce en el amor (1Jn_4:7). Como el Don de Dios está en él, es limpiado de toda la amargura del resentimiento esencial de la vida egocéntrica, y hay en él algo del amor sacrificial y perdonador de Dios.

(viii) Por último, el nuevo nacimiento del cristiano le introduce en la victoria ( Jn _5:4 ). La vida deja de ser derrota y empieza a ser victoria sobre el yo y el pecado y las circunstancias. Como la vida de Dios está en el cristiano, aprende el secreto de la vida victoriosa.


  La esperanza del cristiano no es una solamente de forma, o de especulación humana; ¡es viva! o vital; salva (Rom_8:24).
        Lo que da vida a la esperanza del cristiano fiel es la resurrección de Jesucristo de los muertos. La resurrección de él asegura la del cristiano (1Co_15:12-22; 1Ts_4:14).
Siendo hijos de Dios, los cristianos van a heredar de su Padre (Rom_8:17; Hch_20:32). Esta herencia es imperecedera, inalterable e incorruptible. No está sujeta a las contaminaciones de esta vida material. En el cielo no entrará ninguna cosa contaminada (Apo_21:27). El sol seca a la planta y le quita su vigor, pero nada puede alterar la herencia del cristiano.

         El cielo es un lugar preparado para quienes hagan los preparativos en esta vida. Su "ciudadanía está en los cielos" (Flp_3:20), de donde Cristo "aparecerá por segunda vez... para salvar a los que le esperan" (Heb_9:28).  Además, el cristiano ha recibido una gran herencia (kléronomía). Aquí tenemos una palabra con una gran historia, porque es la palabra que se usa corrientemente en Antiguo Testamento griego para la herencia de Canaán, la Tierra Prometida. Una y otra vez se habla en el Antiguo Testamento de la tierra que Dios le ha dado a Su pueblo por heredad para que la tome en posesión (Deu_15:4 ; Deu_19:10 ). Para nosotros herencia tiende a querer decir algo que será nuestro en el futuro; pero la Biblia usa esta palabra en el sentido de una posesión segura. Para los judíos, la gran posesión definitiva era la Tierra Prometida, convicción que no ha dejado de producir problemas hasta el tiempo presente.

Pero la herencia cristiana es algo aún mayor. Pedro usa tres palabras que presentan tres cualidades que la describen. Es imperecedera (afthartós). Esta palabra quiere decir imperecedera, pero también indestructible por ejércitos invasores. Muchas veces Palestina había sido arrasada por ejércitos extranjeros, que habían guerreado para conquistarla, o despojarla, o destruirla. Pero el cristiano posee una paz y un gozo que ningún ejército invasor puede asolar ni destruir. Es incorruptible. La palabra original es amíantos, y el verbo miainein del que deriva quiere decir contaminar con impureza impía. Muchas veces Palestina había sido corrompida por el culto falso a dioses falsos (Jer_2:7; Jer_2:23; Jer_3:2; Eze_20:43). Las cosas que contaminaban habían dejado su impronta en la Tierra Prometida; pero el cristiano tiene una pureza que no puede infectar el pecado del mundo. Es inmarcesible (amárantos). En la Tierra Prometida, como en cualquier otra, hasta la florecilla más preciosa se aja y muere. Pero el cristiano ha sido elevado a un mundo en el que no hay cambio ni caducidad, y en el que su paz y gozo están fuera del alcance de las suertes y las fases de la vida.

¿Cuál es, entonces, esa heredad que posee el cristiano nacido de nuevo? Puede que haya muchas respuestas secundarias a esa pregunta, pero sólo una primaria: la heredad del cristiano es Dios mismo. El salmista lo dijo: " El Señor es la porción de mi herencia y de mi copa... y es hermosa la heredad que me ha tocado» (Sal_16:5 s). Dios era su porción para siempre (Sal_73:23-26). «Mi porción es el Señor, dijo mi alma; por tanto, en Él esperaré» (Lam_3:24 ).

Porque el cristiano es la posesión de Dios y Dios es la posesión del cristiano, éste tiene una herencia imperecedera, incontaminable e inmarcesible.

 Los cristianos son guardados en su lucha contra el mal, como si estuvieran en una fortaleza de Dios. (La palabra griega para decir en este caso "guardados" tiene un sentido militar). Se emplea también en 2Co_11:32; Gál_3:23; Flp_4:7.
            Lo que los guarda es el poder (dunamis; de esta palabra griega tenemos "dinamita" y "dinámico") de Dios. El cristiano fiel confía en Dios, y no en las armas carnales (Sal_20:7-8).
            Los calvinistas se valen de este versículo para afirmar su doctrina de "la perseverancia de los santos", o "la imposibilidad de apostasía". Pero este versículo enseña lo contrario; la protección de Dios ¡es condicional! El cristiano tiene que ejercer su fe. Pedro dice "mediante la fe".  Dios en sus Escrituras dice que la fe viene por el oír  Rom_10:17; Hch_15:7). El cristiano tiene que perseverar, edificarse, orar, y conservarse en el amor de Dios (Jud_1:20-21). Las promesas de Dios se extienden a quienes venzan (Apo_2:7; Apo_2:11; Apo_2:17; Apo_2:26; Apo_3:5; Apo_3:12; Apo_3:21). La victoria que vence al mundo ¡es la fe! (1Jn_5:4; 1Jn_2:14). Sí, Dios es poderoso para guardar al cristiano para que no caiga (Jud_1:24), pero guarda solamente al que cree, al que ejercita su fe.
  La salvación está preparada, y está reservada en el cielo, pero no será revelada hasta el final de esta dispensación en la cual ahora vivimos. Los "postreros días" (Hech 2:17; Heb_1:2) o el "tiempo postrero" es el tiempo del evangelio de Cristo. Terminará cuando él venga la segunda vez. Entonces será manifestado lo que el cristiano ha de ser (1Jn_3:2).
            Dios protege a los suyos mientras se espera el día final del tiempo postrero, pero ellos tienen que poner su parte, que es la de andar siempre por fe, obedeciendo la Voluntad de Cristo. Dios es fiel (1Co_10:13), pero la fe del hombre puede fallar (Luc_22:32).
La heredad del cristiano, la plenitud del gozo de Dios, le espera en el Cielo; y de esto tiene Pedro dos grandes cosas que decir.

(i) En nuestro viaje a través del mundo hacia la eternidad somos protegidos por el poder de Dios mediante la fe. La palabra que usa Pedro para proteger (frurein) es una palabra militar. Quiere decir que nuestra vida está guarnecida por Dios, y que Él es el centinela que nos guarda todos nuestros días. El que tiene fe, nunca duda, aunque no pueda verle con los ojos de la cara, que Dios está presente entre las sombras, montando la guardia sobre los Suyos. No es que Dios los libre de los problemas y los dolores de la vida, sino que nos capacita para que los conquistemos y sigamos adelante.

(ii) La Salvación final se revelará al final del tiempo. Aquí tenemos dos concepciones que están a la base del pensamiento del Nuevo Testamento. En él se habla frecuentemente del último día o de los últimos días o del tiempo del fin. Por detrás de todo esto está la manera en que los judíos dividían la Historia en dos edades: la presente, que está totalmente bajo el dominio del mal, y la por venir, que será la edad de oro de Dios. Entre las dos vendría el Día del Señor, cuando el mundo sería destruido y rehecho y tendría lugar el Juicio Final. Ese tiempo intermedio es el de los últimos días o el tiempo del fin en que el mundo tal como lo conocemos llegará a su fin.

No se nos ha concedido saber cuándo llegará ese tiempo ni qué pasará entonces; pero podemos reunir lo que el Nuevo Testamento nos dice sobre este tema.

(i) Los primeros cristianos creían que ya estaban viviendo en los últimos días. " Hijitos, ya es el último tiempo» -les dice Juan a los suyos (1Jn_2:18). El autor de Hebreos habla de la plenitud de la Revelación que ha venido a la humanidad en Cristo " en estos postreros días» (Heb_1:2). Los primeros cristianos veían que Dios había invadido ya el tiempo, y el fin era inminente.

(ii) Los postreros días habría un derramamiento del Espíritu de Dios sobre las personas (Hech_2:17). Los primeros cristianos vieron el cumplimiento de esa esperanza el día de Pentecostés, y a la Iglesia llena del Espíritu Santo.

(iii) Era la convicción normal de la Iglesia Primitiva que, antes del fin, los poderes del mal lanzarían un último ataque, y que surgirían toda clase de falsos maestros (2 Timoteo_3:1; 1Jn_2:18; Jud_1:18).

(iv) Los muertos resucitarían. Jesús prometió que al final resucitaría a los Suyos (Jn_6:39 s, Jn 44, 54; Jn 11:24).

(v) Inevitablemente, habría un tiempo de juicio cuando la justicia de Dios se impondría, y Sus enemigos recibirían su justa condenación y castigo (Jn_12:48 ; Stg_5:3 ).

Tales son las ideas de los autores del Nuevo Testamento cuando hablan del tiempo del fin o de los últimos días.

Sin duda para muchos ese sería un tiempo de terror; pero para los cristianos no era de terror, sino de liberación. La palabra sózein quiere decir salvar en mucho más que un sentido teológico. Es la palabra corriente para rescatar de un peligro y sanar de una enfermedad. sózein, salvar, y sótéría, salvación, tienen cuatro campos de significación diferentes pero íntimamente relacionados. (a) Describen liberación de un peligro (Mat_8:25). (b) Describen liberación de enfermedad (Mat_9:21). (c) Describen la liberación de la condenación de Dios (Mat_10:22; Mat_24:13). (d) Describen liberación de la enfermedad y el poder del pecado (Mat_1:21). La Salvación es una realidad que tiene muchos aspectos: liberación de peligro, de enfermedad, de la condenación y del pecado. Es eso, y nada menos que eso, lo que el cristiano espera en el tiempo del fin.


¡Maranata! ¡Sí, ven Señor Jesús!

5 Febrero: Meditando la Palabra de Dios en la Biblia.


 Romanos 9; 5
  de quienes son los patriarcas, y de quienes, según la carne, procede el Cristo, el cual está sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén. (LBLA)

“Cristo, el cual es Dios.” Cristo, según la carne, era judío, ¡la gloria más grande de los judíos! Sin embargo, le crucificaron. Este pasaje afirma la Deidad de Cristo: “Cristo es Dios.”

            La Versión Nuevo Mundo, de los Testigos de Jehová, cambia el sentido del pasaje, para negar esta verdad, porque ellos niegan que Cristo es Dios. Dice, “a quienes pertenecen los antepasados y de quienes (provino) Cristo según la carne: Dios, que está sobre todos, (sea) bendito para siempre. Amén.”
            Por medio del uso de signos de puntuación, su versión cambia el sentido, haciendo una división entre Cristo y Dios. Su versión da a entender que Cristo provino según la carne, y que Dios que está sobre todos sea bendito, como si Cristo no era Dios.
            Debe notarse que su Interlineal no sigue la misma puntuación. No pone dos puntos después de la palabra, “carne” (cosa que hace separación de sentido), sino una coma (cosa que indica que algo adicional a lo anterior se agrega), como es correcto. Es un cambio muy sutil, pero logra su propósito diabólico.
            Los Testigos de Jehová no quieren admitir que Jesucristo es nuestro gran Dios. (Para ellos Jesucristo es un ser creado). No pueden admitir que se haga aquí referencia a una sola persona. Su Interlineal tiene un solo artículo definido, pero en la traducción se ponen dos, “del Dios y (del) Salvador”. La Versión Nuevo Mundo dice, “del gran Dios y de nuestro Salvador Cristo Jesús”, dejando la impresión de que se hace referencia a dos personas.  

 Este pasaje presenta claramente la deidad de Jesús; ¡es Dios! ¡Es nuestro gran Dios! El texto griego emplea en esta frase un solo artículo definido, diciendo, “la gloria del gran Dios y Salvador de nosotros, Cristo Jesús”. No dice, “…del gran Dios y del Salvador…”, como si se hiciera referencia a dos personas.  
            Los siguientes pasajes prueban la Deidad de Cristo: Gén_1:26 (“hagamos, nuestra”); Gén 11:7 (“descendamos y confundamos”); Isa_6:8 (“Dios” está en plural, “nosotros”); Isa_7:14 (el Señor y Emanuel = Dios con nosotros); Isa 9:6 (el Cristo = Padre eterno); Miq_5:2 (Cristo es eterno, atributo que sólo toca a Dios); Mat_1:23; Jn_1:1; Jn_8:58 (Éxo_3:14); 20:28; Flp_2:6-11 más Isa_45:22-23; Heb_1:3; Heb_13:8 más Apo_1:17; Apo_1:8; Isa_48:12; Heb_1:8 y Heb  9,10; Sal_102:24-27; Col_2:9.

1Timoteo 2; 5
Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre, (LBLA)
    Se da una razón. El ofrecimiento de la salvación para todos los hombres (pues son de origen común, Hch_17:26) es basado en el hecho de la unidad de Dios (Rom_3:29-30).

   La salvación es una (universal, para todos los hombres) porque Dios es uno.   1Co_8:6; Gál_3:20; Efe_4:6. Pablo concluye con la afirmación de las grandes verdades de la fe cristiana.
  Hay un solo Dios. No vivimos en un mundo como el que los gnósticos inventaron con sus teorías de dos dioses hostiles entre sí. No vivimos en un mundo como el que suponían los paganos con su horda de dioses, a menudo rivales entre sí. Los misioneros nos dicen que uno de los grandes alivios que trae el Cristianismo a los paganos en la convicción de que no hay más que un solo Dios. Viven constantemente aterrados con los dioses y es para ellos una emancipación el descubrir que no hay más que un solo Dios cuyo nombre es Padre y cuya naturaleza es amor.


 y un solo mediador entre Dios y los hombres      para esta salvación única y universal. Esta es otra razón de por qué orar por todos los hombres; pues todos tienen un solo mediador para con Dios.   Heb_8:6; Heb_9:15; Heb_12:24 Aun los judíos habrían dicho que hay muchos mediadores entre Dios y el hombre. Un mediador es uno que se coloca entre dos partes y actúa como intermediario.  .
El hombre no tenía acceso directo a Dios, ni según el pensamiento judío ni según el griego. Pero por medio de Jesucristo, el cristiano tiene ese acceso directo, que nada puede interrumpir. . Además, no hay más que un solo mediador.
            La Virgen María, y los llamados santos, del catolicismo romano, no son intercesores entre Dios y alguien. Uno solo es el Mediador, Jesucristo. Hacer de una mujer (un ser humano) Intercesora y Corredentora entre Dios y los hombres es negar la enseñanza de este pasaje inspirado. La llamada "invocación de los santos" y la mediación de un humano en la salvación de los demás seres humanos, es invención de la iglesia apóstata.
Esta voluntad salvífica de Dios se expone, en forma de tríptico, con las palabras de una fórmula cristiana primitiva de profesión de fe. El Dios único es creador de todos los hombres, vela como Padre por todas sus criaturas y quiere la salvación de todos los hombres. Entre Dios y la humanidad sólo hay un mediador, que anuncia a los hombres la voluntad de Dios, los reconcilia con Dios y establece la paz entre Dios y los hombres: «el hombre Cristo Jesús». Puede ser mediador porque, como Hijo de Dios, tiene poder para desempeñar este papel de mediador y, como hombre, pertenece al género humano y puede, por tanto, mediar.

Y, ¿qué hizo este mediador? Entregó su vida, como representante, para expiar por todo el género humano que estaba muerto por el pecado. «El Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (Mar_10:45). La muerte de Jesucristo en la cruz por todos los hombres es el testimonio que Dios da de que ha llegado el tiempo establecido -«cuando llegó la plenitud del tiempo» (Gal_4:4)- para el cumplimiento de sus promesas; es el mensaje que el mismo Dios manifestó a los hombres. En esta fe en el único Dios y en el único mediador Jesucristo radica el fundamento de la obligación que la comunidad cristiana tiene de hacer oración por todos los hombres, sin límites. Ahí está también el fundamento último de la esperanza y de la audaz confianza de los cristianos, que incluyen a todos los hombres en su oración para que «lleguen al conocimiento de la verdad».


Jesucristo hombre. No dice, "Jesucristo, el judío", como si Dios quisiera la salvación de los judíos solamente. No dice, "Jesucristo, el gentil", como si deseara la salvación de los gentiles solamente. Dice, "Jesucristo, hombre", representando a la humanidad total, pues Dios quiere que todos los hombres se salven.
            No dice, "Jesucristo, un hombre", sino "hombre"; es decir, en naturaleza (se hizo) hombre, igual que todos los hombres por los cuales debemos orar.
            Esta frase no niega la deidad de Jesús (Jn 1:1; Jn_20:28; Rom_9:5; Heb_1:8; 1Jn_5:20), como tampoco dichos textos niegan su humanidad. El Verbo se hizo hombre (Jn_1:14; Flp_2:5-7; Heb_2:14; Heb_10:5). Vino a hacerse hombre para poder morir como hombre y por el hombre (Jn_10:17-18; 2Co_5:14-21; Gál_3:13; Efe_1:3-14; Heb_9:11-28; Heb_12:24). Pablo pasa a llamar a Jesús el Que dio Su vida en rescate por todos. Eso quiere decir simplemente que Le costó a Dios la vida y la muerte de Su hijo el recuperar para Sí a los hombres.



 ¡Maranata! ¡Sí, ven Señor Jesús!

domingo, 4 de febrero de 2018

CREER, BAUTIZARSE...Y NO SER SALVO



Hechos 8; 9-24

Y cierto hombre llamado Simón, hacía tiempo que estaba ejerciendo la magia en la ciudad y asombrando a la gente de Samaria, pretendiendo ser un gran personaje;
y todos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención, diciendo: Este es el que se llama el Gran Poder de Dios.
Le prestaban atención porque por mucho tiempo los había asombrado con sus artes mágicas.
Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba las buenas nuevas del reino de Dios y el nombre de Cristo Jesús, se bautizaban, tanto hombres como mujeres.
Y aun Simón mismo creyó; y después de bautizarse, continuó con Felipe, y estaba atónito al ver las señales y los grandes milagros que se hacían.
Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan,
quienes descendieron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo,
pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; sólo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús.
Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.
Cuando Simón vio que el Espíritu se daba por la imposición de las manos de los apóstoles, les ofreció dinero,
diciendo: Dadme también a mí esta autoridad, de manera que todo aquel sobre quien ponga mis manos reciba el Espíritu Santo.
Entonces Pedro le dijo: Que tu plata perezca contigo, porque pensaste que podías obtener el don de Dios con dinero.
No tienes parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.
Por tanto, arrepiéntete de esta tu maldad, y ruega al Señor que si es posible se te perdone el intento de tu corazón.
Porque veo que estás en hiel de amargura y en cadena de iniquidad.
Pero Simón respondió y dijo: Rogad vosotros al Señor por mí, para que no me sobrevenga nada de lo que habéis dicho.

Cuando los cristianos se diseminaron, Felipe, que había sido elegido como uno de los Siete, llegó a Samaria y se puso a predicar el Evangelio. Este acontecimiento es especialmente sorprendente porque era un hecho que los judíos no se trataban con los samaritanos (Jn_4:9).
La desavenencia entre los judíos y los samaritanos era una antigua cuestión histórica. En el siglo VIII a C., los asirios conquistaron el Reino del Norte, cuya capital era Samaria. Siguiendo la costumbre que ellos mismos habían implantado, deportaron a la mayor parte de la población e importaron allí a otros de otras naciones. En el siglo VI a C., los babilonios conquistaron el Reino del Sur, cuya capital era Jerusalén, y deportaron a la mayor parte de sus habitantes a Babilonia; éstos se propusieron no perder su identidad, y siguieron siendo judíos a machamartillo. En el siglo V a C. se les permitió volver con Esdras y Nehemías, y reconstruir su capital arruinada. Mientras tanto, los del Reino del Norte que se habían quedado en Palestina se habían mezclado con los extranjeros que los asirios habían traído de otros lugares y razas. Cuando los del Sur volvieron y se pusieron a reconstruir Jerusalén, los de Samaria les ofrecieron ayuda; pero aquellos la rechazaron despectivamente, considerando que los samaritanos no eran ya israelitas puros. Desde aquel momento siempre ha existido una rotura y aun un odio implacable entre judíos y samaritanos.
El hecho de que Felipe predicara el Evangelio de Jesucristo en Samaria es una prueba de que la Iglesia estaba dando uno de los pasos más importantes de su historia, tal vez inconscientemente, y descubriendo que Jesús es el Salvador de todo el mundo. Sabemos muy poco de Felipe; pero él fue uno de los artífices de la Iglesia Cristiana.
Debemos fijarnos en lo que el Cristianismo aportó a aquella gente: (i) Le trajo la historia de Jesús, el mensaje del amor de Dios revelado en Jesucristo. (ii) Les trajo sanidad. El Cristianismo no ha sido nunca algo exclusivamente de palabras. (iii) Les trajo, como una consecuencia natural, una alegría que los samaritanos no habían experimentado nunca antes. Es un cristianismo descafeinado el que produce una atmósfera lúgubre; el Evangelio irradia alegría.

8:9 -- Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande. (Dice LBLA, había estado... asombrando a la gente). 

 Toda forma de magia, hechicería, adivinación, etc. se condenó. Éxo_22:18; Deu_18:10-12; Isa_47:12-14; Gál_5:19-21. Este es el primero de los encuentros entre el evangelio y los magos, adivinos y hechiceros. Estos son algunos de los medios más efectivos que Satanás emplea para estorbar la predicación del evangelio.
            Todo el propósito de Simón era exaltarse a sí mismo y ganar dinero. Simón no era un tipo tan raro en el mundo antiguo. Había muchos astrólogos, adivinos y magos, y en una época tan crédula ejercían una gran influencia y se ganaban la vida cómodamente. No hay nada de sorprendente en esta historia, cuando aun en nuestros tiempos no se han acabado los adivinos y los astrólogos, como se puede ver en muchas revistas populares. No hay que pensar que Simón y sus congéneres eran timadores profesionales. Muchos de ellos se habían engañado a sí mismos y creían en sus poderes antes de engañar a otros. En los días de la iglesia primitiva, los hechiceros y magos eran numerosos e influyentes. Hacían maravillas, efectuaban sanidades y exorcismos, y practicaban la astrología. Sus magias quizás eran simples trucos o los hechiceros recibieron algún poder de Satanás (Mat_24:24; 2Ts_2:9).
Simón realizó muchas maravillas al grado que hasta algunos pensaban que era el Mesías, pero sus poderes no venían de Dios.
No fue así con Felipe quien exaltó a Cristo (2Co_4:5). Los que se exaltan a sí mismos serán humillados. Así fue con Simón.

8:10 -- A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios.  

Le "prestaban atención" porque creían que era un gran instrumento de Dios. Le "prestaban atención", pero ahora están escuchando a Felipe. Felipe tuvo que remover este obstáculo para poder convertir a los samaritanos. Pablo tuvo que eliminar un obstáculo semejante en Chipre (Hch_13:3-12). Esto bien ilustra la necesidad de destruir la confianza de la gente en falsos maestros para poder enseñarles la verdad. Los católicos, evangélicos y otros religiosos confían en sus maestros y líderes (sacerdotes, pastores, evangelistas) y a menos que el error de los tales sea expuesto, la gente no prestará atención a la verdad.

8:11 -- Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado (asombrado, LBLA) mucho tiempo. -- La gente que no conoce a Dios es engañada por los obreros de las tinieblas. Todas las naciones que no estudian la Biblia están llenas de superstición y hechicería.

8:12 -- Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio (Rom_10:17) del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. -- Vieron el gran contraste entre el poder de Simón y el poder de Dios demostrado por Felipe. (Lo mismo se puede decir de los llamados "milagros" modernos; la diferencia es muy grande entre estos y los verdaderos milagros hechos en el primer siglo por Jesús y sus siervos. Siempre los verdaderos milagros hechos por los siervos de Dios estaban en conflicto con la magia, la hechicería, etc. de los siervos de Satanás. Con las artes mágicas los hombres engañan al pueblo y sacan provecho personal (dinero, influencia), pero a través de los verdaderos milagros de Dios el evangelio se confirmó como mensaje divino, para el beneficio del pueblo.
            Al comparar el ver. 5 con el ver. 12 se observa que predicar a Cristo incluye la predicación del reino de Dios y el nombre de Jesús" (Mat_28:18; Hch_4:12). Los que no predican el reino no predican a Cristo. Los que son trasladados al reino (Col_1:13) se añaden a la iglesia (Hch_2:47) y se bautizan en el cuerpo (1Co_12:13). Todas estas expresiones se refieren a la misma cosa: los salvos se reciben en la familia de Dios. Los cristianos son miembros del cuerpo, son piedras vivas en su templo, son ciudadanos de su reino, son ovejas de su redil, etc. ¡Es imposible predicar el evangelio del reino de Dios sin predicar lo que la Biblia dice acerca de la iglesia! En Efe_1:19-23 Pablo habla enfáticamente acerca del reinado de Cristo y concluye diciendo, "y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo".
            La predicación de Cristo también incluye la predicación de los mandamientos de Jesús, por ejemplo, el bautismo (Hch_2:38-41). Los que no predican el bautismo para la remisión de pecados (Hch_2:38) no predican a Cristo.  
            El libro de Hechos registra varios casos de conversión. El ver. 12 presenta otro caso. El evangelio se predicó primeramente en Jerusalén, luego en Judea y ahora en Samaria (1:8). Los samaritanos creyeron porque escuchaban atentamente las cosas que Felipe decía (Rom_10:17). En todo caso de conversión se observa que la gente oía, creía y era bautizada (Hch_18:10).
             

8:13 -- También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.
Pero lo sorprendente y lo que sobre todo importa en el relato es el hecho de que incluso el mismo Simón abrazó la fe y se bautizó. Parece que los móviles que indujeron a Simón a creer no procedieron de un claro deseo de obtener la salvación. Simón creyó; esto indica que sabía cómo él ejercía la magia, pero él comprendía que el poder de Felipe era poder genuino y no engañador. Simón "estaba atónito al ver las señales" hechas por Felipe, como antes de esto el pueblo estaba atónito al ver la magia de él. Para entender lo que pretendía Simón tenemos que comprender algo del ambiente y de la práctica de la Iglesia Primitiva. La venida del Espíritu Santo sobre una persona se relacionaba con ciertos fenómenos visibles y audibles, sobre todo con el don de lenguas (Hch_10:44-46). En el judaísmo, la práctica de la imposición de manos era bastante corriente, y con ella se creía que se transferían ciertas cualidades de una persona a otra. No tenemos que pensar que esto representara un punto de vista materialista de la comunicación del Espíritu Santo; más bien se pone el acento en el carácter del que impone las manos. Los apóstoles eran respetados hasta tal punto que el mero hecho de sentir el contacto de sus manos era una profunda experiencia espiritual.  
Lo que sí podemos decir con seguridad es que Simón representaba una espiritualidad falsa, y aquí se revela claramente su engaño. La verdadera religión del Espíritu se distingue de la espiritualidad fingida. Este Simón creyó y fue bautizado. El aceptó el hecho de los milagros obrados por Felipe y el hecho del poder detrás de los milagros. Sin embargo, Simón no fue convertido. Su motivación básica, antes y después de su creencia, era egoísta. Simón estaba impresionado por los efectos visibles de la imposición de manos y trató de comprar la habilidad para hacer lo que los apóstoles podían hacer. No estaba interesado realmente en darle el Espíritu a otros; sólo le interesaba el poder y el prestigio que adquiriría con él. Esta exaltación del yo es siempre un peligro para el predicador y para el maestro. Simón se olvidó de que hay ciertos dones que dependen del carácter. El dinero no puede comprarlos. Aun en la religión él buscó adelantar sus intereses egoístas; y eso es sólo un síntoma del corazón y su depravación. El no conocía nada de la cruz, con su sacrificio. No mostró ninguna disposición de ser crucificado con Cristo.

8:14-17 -- Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.   

¿Qué recibieron los samaritanos en esta ocasión?
            No fue el bautismo con el Espíritu Santo, porque esta promesa fue solamente para los apóstoles y para Cornelio y su casa. El poder bautismal del Espíritu Santo no se recibió a través de la oración y la imposición de manos.
            No fue "el don del Espíritu Santo" prometido el día de Pentecostés ("Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo"), porque esta bendición no vino a través de la oración y la imposición de manos. Cuando los samaritanos fueron bautizados, recibieron el don del Espíritu Santo, porque esta bendición es para todos los que se arrepienten y se bautizan para perdón de pecados. Se debe recalcar que cuando los samaritanos fueron bautizados fueron salvos, porque "El que creyere y fuere bautizado será salvo" (Mar_16:16).
            Lo que los samaritanos recibieron no tuvo nada que ver con la remoción del supuesto pecado original. El pecado no es algo que se herede sino la transgresión de la ley (1Jn_3:4).
            Lo que los samaritanos recibieron no tuvo nada que ver con la supuesta segunda obra de gracia (una teoría errónea de algunos evangélicos que significa la completa santificación, o sea,  que con esta bendición no se vuelve a pecar).
            Entonces ¿qué recibieron los samaritanos? En este texto (8:14-17) Lucas se refiere al poder milagroso del Espíritu Santo. Los apóstoles testificaban y hablaban la palabra de Dios (8:25), confirmaban las iglesias (14:22), escogían ancianos en cada iglesia (14:23), etc., y también impartían dones espirituales a los nuevos conversos.  Rom_1:11; Pablo quería ir a Roma para impartirles algún don espiritual. El libro de Hechos es un libro de ejemplos, es decir, tenemos el relato de algunos casos que representan muchos otros casos. Lo que los apóstoles hicieron en esta ocasión representa una práctica común. En estos primeros años de la iglesia no existía el Nuevo Testamento escrito. Por varios años no hubo ningún libro escrito del Nuevo Testamento. Desde luego, Pablo no podía comenzar a escribir cartas a las iglesias antes de establecerlas.
            Lo que los samaritanos recibieron cuando Pedro y Juan les impusieron las manos fue algo que Simón podía observar ("Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero", ver. 18). Este poder fue semejante al poder que Felipe tenía (y semejante al poder recibido por los efesios cuando Pablo les bautizó y les impuso las manos, 19:6).
            Felipe podía hacer milagros pero no podía impartir este poder a otros. Solamente los apóstoles podían impartir este poder a otros (Rom_1:11; 2Ti_1:6   Hch_6:6). El caso de Saulo no es una excepción. Tampoco el caso de Timoteo (1Ti_4:14). Dice este texto, "No descuides el don que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio". Timoteo no recibió el don de Dios por la imposición de las manos de los ancianos (esto fue hecho de Pablo), sino que le fue dado un don con la imposición de las manos del presbiterio. (Hch_13:3; 1Ti_5:22, la práctica de imponer las manos para seleccionar o encomendar a cierta persona para algún trabajo).  
  oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo   
Los apóstoles no podían impartir el poder del Espíritu Santo por su propia voluntad, sino que oraron a Dios para que los samaritanos recibiesen este poder. No fue necesario que los apóstoles oraran para recibir ellos mismos el bautismo con el Espíritu Santo (1:4, 8); tampoco fue necesario que oraran para que los bautizados recibieran el don del Espíritu Santo (2:38).
             Lucas nos dice (Luc_9:54) que un una ocasión cuando los samaritanos no recibieron a Jesús y sus apóstoles, Jacobo y Juan dijeron, "Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?" Ahora con toda gratitud algunos samaritanos reciben a Pedro y Juan.

8:18-19   Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo.   

¿Qué vio Simón? Cuando impuso las manos sobre los efesios (19:6) "hablaban en lenguas y profetizaban". Otros obraban milagros, sanaban enfermos, etc. Simón observó tales cosas hechas por los samaritanos.
       El "viejo hombre" de Simón le venció. Al ver este fenómeno solamente podía pensar en la gran posibilidad de obtener nuevos poderes, nuevos secretos que otros no sabían, para agregar a su inventario de artes mágicas. Fue cegado por la tentación fuerte de ganar más poder, más fama, y más dinero (2Co_4:4). A Simón le impresionaban los efectos visibles de la imposición de manos, e intentó comprar la capacidad para hacer lo que hacían los apóstoles. Del nombre de Simón nos ha quedado la palabra simonía, que quiere decir la compra y venta indigna de dignidades eclesiásticas. Simón tenía dos faltas:
(i) No estaba tan interesado en que la gente recibiera el Espíritu Santo como en el poder y prestigio que eso le reportaría a él. Esta exaltación del ego es un peligro que acecha especialmente al pastor, al predicador, al anciano. Es verdad que deben irradiar luz; pero también lo es que no se puede demostrar que uno es maravilloso y que Cristo es poderoso para salvar.
(ii) Simón olvidó, o no sabía, que ciertos dones dependen del carácter. No se compran con dinero. También aquí deben tener cuidado los predicadores, los pastores y los ancianos. «La predicación es la comunicación de la verdad por medio de la personalidad.» Para comunicar a otros el Espíritu hay que ser, no un hombre rico, sino un hombre controlado por el Espíritu.

 Dice Pablo (Gál_5:20) que la hechicería es una obra de la carne, un deseo que lucha contra el Espíritu (Gál_5:17).  Los magos y hechiceros se compraban secretos y artes de magia los unos de los otros. Tenían que aprender medios nuevos para asombrar (engañar) a la gente para ganar dinero y fama.


            8:20 -- Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero.

Esta denuncia significa que Simón estaba otra vez en pecado y, por eso, condenado.
             La palabra «simonía», la compra y venta de oficios e influencia eclesiástica, tiene aquí su  origen. "comercio ilícito de las cosas espirituales" (sobre todo se refiere a la práctica de comprar puestos en la Iglesia Católica Romana, y elementos religiosos)
"Todo tiene su precio" parece ser cierto en nuestro mundo de sobornos, riqueza y materialismo. Simón pensó que podía comprar el poder del Espíritu Santo, pero Pedro lo censuró con dureza. La única manera de recibir al Espíritu Santo es hacer lo que Pedro dijo a Simón: arrepentirse del pecado, pedir perdón a Dios y ser lleno con su Espíritu. Ninguna cantidad de dinero puede comprar la salvación, el perdón de pecado ni el poder de Dios que se obtienen mediante el arrepentimiento y la fe en Cristo como Señor y Salvador.

8:21 -- No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. –

  Si Simón hubiera seguido como fiel discípulo, posiblemente los apóstoles le habrían impartido algún don, pero debido a su actitud no tenía parte ni suerte en el asunto de impartir el poder de Dios.

El corazón es la fuente de toda maldad (Mat_12:34; Mat_15:19; Pro_4:23; Stg_1:14). Esto quiere decir que el problema de Simón no era simplemente una deficiencia de entendimiento, sino que todavía quería satisfacer los deseos carnales (Gál_5:16), que no los había crucificado (Gál_5:24). El bautismo mismo no es algo mágico que quite tales deseos. La verdadera conversión requiere que se deje el amor al pecado, que haya cambio de corazón, y que se resuelva de todo corazón a crucificar los deseos carnales. "Despojaos del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos engañosos" (Efe_4:22); "Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros" (Col_3:5).
            Felipe hizo milagros para confirmar la Palabra (Mar_16:20; Hch_14:3; Heb_2:2-3) y de esa manera la obra avanzaba, pero el corazón de Simón no era recto sino egoísta, pues él solamente quería beneficios personales.

8:22 Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón;
Dios estaba dispuesto a perdonarle pero Pedro se refiere a lo difícil que resultaba el arrepentirse en este caso.  Este caso es un ejemplo para todo discípulo de Cristo cuando peca. Debe arrepentirse y rogar a Dios que le perdone (1Jn_1:8-9). Podemos leer  también Stg_5:16, "confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho".

8:23 -- porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. --

El pecado de Simón indicó que era esclavo de la avaricia. Según la doctrina bautista Simón no se convirtió, que nunca fue salvo, porque según esta doctrina es imposible caer de la gracia, pero si Simón nunca se hubiera convertido, Pedro le habría dicho, "arrepiéntete y bautízate para perdón de pecados" (2:38). No dijo eso, sino "arrepiéntete... y ruega a Dios". Dice Lucas que "creyó Simón mismo y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe" (ver. 13), es decir, como los otros samaritanos creyeron y se bautizaron (ver. 12), así también Simón. El problema fue que al bautizarse "estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito" y fue vencido por su vida pasada y cayó en pecado.

8:24 -- Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí. 

De esta manera el relato termina, indicando que Simón sintió la necesidad de la oración de Pedro y los otros hermanos. Al pedir la oración de otros posiblemente reconozcamos la culpa y busquemos el perdón de Dios, o tal vez solamente tengamos el deseo de escapar el castigo. No sabemos el pensamiento de Simón.
Hay mucha maldad en el pensamiento del corazón, nociones falsas, afectos corruptos, y malos proyectos de los cuales uno debe arrepentirse o estamos acabados. Pero al arrepentirnos serán perdonados. Aquí se duda de la sinceridad del arrepentimiento de Simón, no de su perdón, si su arrepentimiento fue sincero.
  Algunos preguntan, ¿fue realmente salvo Simón? «El mismo Simón también creyó» y «fue bautizado», pero el tajante rechazo de Pedro deja alguna duda en cuanto a la real posición de Simón delante de Dios. Aún más, los escritos tempranos de la historia eclesiástica continuaron considerando a Simón padre de herejías. A pesar del pedido aparentemente genuino que hizo a Pedro de que orara para que aquello no le ocurriera, Simón llegó a ser conocido luego en la tradición cristiana como el hereje arquetípico y enemigo del cristianismo.





¡Maranata! ¡Sí, ven Señor Jesús!

4 Febrero: Meditando la Palabra de Dios en la Biblia.


  Marcos 15; 34
Y a la hora novena Jesús exclamó con fuerte voz: ELOI, ELOI, ¿LEMA SABACTANI?, que traducido significa, DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUE ME HAS ABANDONADO? (LBLA)

 Este versículo nos lleva a la última escena, una escena tan terrible que el mismo cielo se oscureció inexplicablemente y parecía que hasta la naturaleza no podía soportar el ver lo que estaba sucediendo. Profirió el terrible grito: "¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué Me has abandonado?" Hay un misterio en ese grito que no podemos sondear. Puede que fuera que Jesús había tomado sobre Sí esta vida nuestra; había realizado nuestro trabajo, y arrostrado nuestras tentaciones, y soportado nuestras luchas; había sufrido todo lo que la vida puede imponer; había conocido el fallo de Sus amigos, el odio de Sus enemigos, la malicia de Sus adversarios; había experimentado el dolor más agudo que la vida pueda ofrecer. Hasta este momento Jesús había pasado por todas las experiencias de la vida excepto una: no había conocido las consecuencias del pecado. Ahora bien, si hay algo que haga el pecado es separarnos de Dios. Pone entre nosotros y Dios una barrera realmente infranqueable. Esa era la única experiencia humana por la que Jesús no había pasado nunca, porque Él fue sin pecado.
Puede ser que en este momento Le sobreviniera esa experiencia -no porque hubiera pecado, sino porque, a fin de identificarse totalmente con nuestra humanidad, tenía que pasarla. En este momento inflexible e inexorable Jesús Se identificó real y totalmente con el pecado humano. Aquí tenemos la paradoja divina: Jesús supo lo que era ser un pecador, y esta experiencia debe de haber sido incalculablemente agonizante para Jesús, porque Él nunca había conocido lo que era estar separado de Dios por esta barrera.
Jesús no hizo esta pregunta sorprendido ni desesperado. Citaba la primera estrofa del Salmo 22. Este salmo es una profecía acerca de la profunda agonía del Mesías al morir por el pecado del mundo. Jesús sabía que esta separación temporal de Dios llegaría en el momento en que echara sobre sí los pecados del mundo. Esta separación fue lo que lo aterrorizó, según oró en Getsemaní. La agonía física fue horrible, pero la separación espiritual de Dios fue la tortura mayor.
En una fuerte voz de agonía Jesús expresa el peso del pecado que siente sobre sí mismo y el abandono del Padre para que él muera con esa carga puesta en él (Isa_53:4-6; Isa_53:10; Isa_53:12;1Pe_2:24; 2Co_5:2; Gál_3:13). La pregunta de Jesús no pide información, sino es un reconocimiento de que Dios, para ser justo, tiene que demandar la muerte por el pecado (Rom_6:23), y siendo Dios justo, no deja que el inocente muera por pecados no cometidos. Para que muera el inocente por el pecado, Dios tiene que abandonar al tal, y así aceptar la muerte del inocente por la muerte del culpable. Jesús dio su vida en rescate por muchos (Mat_20:28). Al “abandonar” a Jesús, Dios manifestó su amor hacia el mundo pecador (y al mismo tiempo su justicia, Rom_3:26; Rom_5:8-11; Rom_8:32).

Por eso Él puede comprender tan bien nuestra situación. Por eso no tenemos por qué tener nunca miedo de acudir a Él cuando el pecado nos deja incomunicados con Dios. Porque Él lo ha pasado, puede ayudar a los que lo estén pasando. No hay sima de experiencia humana que Cristo no haya sondeado. Hubo un gran grito. Tanto Mateo (27:50) como Lucas (23:46) se refieren a él. Juan no lo menciona, pero nos dice que Jesús murió después de decir: «¡Consumado es!" (19:30). En el original eso sería una sola palabra; y esa única palabra fue el gran grito: «¡Consumado!» Jesús murió con el grito de triunfo en Sus labios, Su tarea cumplida, Su misión realizada, Su victoria ganada. Después de la terrible oscuridad se hizo de nuevo la luz, y Jesús volvió a Dios como el Cristo.

¡Maranata! ¡Sí, ven Señor Jesús!