sábado, 4 de diciembre de 2021

EVANGELIO DE JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS Capítulo 1; 57-66

 

 

Capítulo 1; 57-66

 57  Cuando a Elisabet se le cumplió el tiempo de su alumbramiento, dio a luz un hijo.

 58  Y cuando oyeron los vecinos y los parientes que Dios había engrandecido para con ella su misericordia, se regocijaron con ella.

 59  Aconteció que al octavo día vinieron para circuncidar al niño;(K) y le llamaban con el nombre de su padre, Zacarías;

 60  pero respondiendo su madre, dijo: No; se llamará Juan.

 61  Le dijeron: ¿Por qué? No hay nadie en tu parentela que se llame con ese nombre.

 62  Entonces preguntaron por señas a su padre, cómo le quería llamar.

 63  Y pidiendo una tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.

 64  Al momento fue abierta su boca y suelta su lengua, y habló bendiciendo a Dios.

 65  Y se llenaron de temor todos sus vecinos; y en todas las montañas de Judea se divulgaron todas estas cosas.

 66  Y todos los que las oían las guardaban en su corazón, diciendo: ¿Quién, pues, será este niño? Y la mano del Señor estaba con él.

 

 

       En Israel, el nacimiento de un niño era una ocasión festiva. Cuando se aproximaba la fecha, se reunían cerca de la casa los amigos y los músicos locales. Y cuando se anunciaba el nacimiento, si era niño, los músicos se ponían a tocar y a cantar, y todo el mundo se congratulaba y se ponía jubiloso. Si era una niña, los músicos se alejaban tristemente y en silencio. Según un dicho: "El nacimiento de un hijo varón produce alegría universal; pero el de una niña, universal tristeza.» Así es que en la casa de Elisabet había doble motivo de gozo: por fin había tenido un niño, y era varón.

A los ocho días de nacer se circuncidaba y se ponía nombre a los niños. A las chicas se les podía poner nombre en cualquier momento durante su primer mes de vida. Los vecinos de Elisabet se deben haber gozado simplemente porque ella había tenido un hijo a pesar de su previa esterilidad. El octavo día era el señalado para la ceremonia judía de la circuncisión (Lev. 12:3 Y al octavo día se circuncidará al niño.). No es lo usual que se asociara ese día con el acto de poner nombre al niño, ya que éstos eran puestos normalmente al nacer, pero la vinculación dio ocasión para la ceremonia pública en la cual los presentes fueron sorprendidos de que el niño no recibiera el nombre de su padre, sino que se le llamara Juan. Esto era practicado por todos los pueblos vecinos de Israel, con excepción de los filisteos –un pueblo griego del Egeo-. En general, para la mayoría de las culturas fue un rito que se indicaba su llegada a la etapa de hombre adulto, pero no así para los israelitas. Esta vez se trataba de un rito de iniciación y entrada al pueblo del Pacto. Era la señal de una especial relación de fe con YHWH (Génesis 17:9-14.  9  Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones. 10  Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros. 11  Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros.  12  Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones; el nacido en casa, y el comprado por dinero a cualquier extranjero, que no fuere de tu linaje.  13  Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo.  14  Y el varón incircunciso, el que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; ha violado mi pacto.).

Cada Patriarca circuncidaba a sus propios hijos (actuando como el sacerdote de su familia)

Robert Girdlestone en Sinónimos del Antiguo Testamento, p. 214, dice que el rito de la circuncisión se relacionaba con el rito del derramamiento de sangre. La sangre se identificaba con aparición del Pacto (Génesis 15:17 Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.), y la redención a través de Él (Isaías 53).

Era tan importante, que si ese día caía en sábado el ritual debía practicarse. Una sorpresa siguió a otra cuando el padre mudo confirmó la elección.

En Israel, los nombres eran descriptivos. Algunas veces recordaban algún detalle de su nacimiento, como en el caso de Esaú y Jacob (Gen_25:25-26.  25  Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú.26  Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.). Otras veces describían al bebé: Labán, por ejemplo, quiere decir blanco o rubio. A veces se le ponía el nombre del padre. A menudo el nombre describía la alegría de los padres: Samuel y Saúl, por ejemplo, querían decir pedido (a Dios). Otras veces el nombre era un testimonio de la fe de los padres: Elías, por ejemplo, quiere decir Jehová es mi Dios; en tiempos de culto a Baal, los padres de Elías confesaban su fe en el Dios verdadero.

Elisabet, para sorpresa de los presentes, dijo que su hijo se tenía que llamar Juan, y Zacarías también manifestó el mismo deseo. Juan es la forma breve de Yehojanán, que quiere decir regalo de Jehová, o Jehová es misericordioso. Era el nombre que Dios había dicho que se le pusiera al niño, y que describía la gratitud de los padres por tan precioso y ya inesperado regalo de Dios.

Todos los conocidos y los que se enteraban del maravilloso suceso se preguntaban: «¿Qué llegará a ser este niño?" Y es que cada niño es un racimo de posibilidades. Había un antiguo maestro latino que siempre hacía una profunda reverencia ante la clase antes de empezar la lección. Cuando le preguntaban por qué, él contestaba: «Porque nunca se sabe lo que uno de estos chavales va a llegar a ser.» El nacimiento de un niño en una familia representa dos cosas. La primera, es el más grande privilegio que se puede conceder a un hombre y a una mujer; algo por lo que hay que dar gracias a Dios. Segunda, es una de las más altas responsabilidades de la vida, porque ese niño es un racimo de posibilidades, y depende de los padres y de los maestros el que esas posibilidades se hagan o no realidad.

La primera palabra que sale de la  boca de Zacarías, tan pronto como le vuelve el habla, es de alabanza. Principia con la misma expresión con que S. Pablo principia algunas de sus epístolas: "  Bendito el Señor...

En nuestros días con dificultad podemos comprender la intensidad de los sentimientos de ese hombre virtuoso. Debemos colocarnos en su lugar mentalmente,  imaginarnos ver el cumplimiento de la promesa más antigua del Antiguo Testamento--la promesa de un Salvador, y que contemplamos verificarse delante de  nosotros el cumplimiento de esta promesa. Debemos procurar comprender cuan oscura e imperfecta era la idea que los hombres tenían del Evangelio antes de  la venida de Cristo, y cuando los símbolos y los tipos no habían aun desaparecido. De esta manera tal vez podemos formarnos alguna idea de lo que sintió  Zacarías cuando exclamó: "Bendito el Señor...

Hay razón para, temer que los cristianos, por lo general, no sabemos estimar en su debido valor el inmenso privilegio de vivir bajo la luz del Evangelio. Quizá  olvidamos que los estatutos del sistema Judaico eran apenas el crepúsculo del día que iba a amanecer. No cerremos los ojos ante los favores que se nos han  concedido. 

viernes, 3 de diciembre de 2021

EVANGELIO DE JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS Capítulo 1; 39-56


Capítulo 1; 39-56

 39  En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá;

 40  y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet.

 41  Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo,

 42  y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

 43  ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?

 44  Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

 45  Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor.

 46  Entonces María dijo:

 Engrandece mi alma al Señor;

 47  Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. 

 48  Porque ha mirado la bajeza de su sierva;

 Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. 

 49  Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso;

 Santo es su nombre, 

 50  Y su misericordia es de generación en generación

 A los que le temen. 

 51  Hizo proezas con su brazo;

 Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. 

 52  Quitó de los tronos a los poderosos,

 Y exaltó a los humildes. 

 53  A los hambrientos colmó de bienes,

 Y a los ricos envió vacíos. 

 54  Socorrió a Israel su siervo,

 Acordándose de la misericordia 

 55  De la cual habló a nuestros padres,

 Para con Abraham y su descendencia para siempre.

 56  Y se quedó María con ella como tres meses; después se volvió a su casa.      

 

 

                  Debemos observar en este pasaje los beneficios que resultan del trato fraterno entre los creyentes. Leemos que la Virgen María hizo una visita a su prima  Isabel. Se nos refiere de una manera notable como en esta entrevista estas dos mujeres se llenaron de júbilo, y se sintieron inspiradas de pensamientos sublimes. Sin esta visita, Isabel nunca hubiera podido estar tan llena del Espíritu Santo, como aquí se nos dice que estuvo; y María nunca hubiera podido pronunciar ese cántico de alabanza que es conocido en toda la iglesia de Cristo. Las palabras de un teólogo de otros tiempos son interesantes y ciertas: "La  felicidad comunicada se duplica. El pesar se aumenta si lo ocultamos: el gozo, si lo expresamos...

Siempre debemos mirar la comunicación con los otros creyentes como medio eminente de gracia. En nuestra larga jornada por el camino estrecho que  conduce a la vida eterna es agradable detenernos de cuando en cuando para comunicar nuestros sentimientos a nuestros compañeros de viaje. Nos alivia a  nosotros y los alivia a ellos, y así resulta en provecho mutuo. Es el contento más aproximado que podemos tener en la tierra de los goces del cielo. "Hierro con  hierro se aguza, y el hombre aguza el rostro de su amigo." Necesario es que tengamos esto presente. Este asunto no recibe la atención que merece, y a  consecuencia de esto sufren las almas de los creyentes. Hay muchos que temen a Dios y piensan en Su nombre, empero olvidan a menudo hablarse unos a  otros. Malaquías 3.16 Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre.. Procuremos ante todo ponernos en comunicación con Dios. Después de esto solicitemos la sociedad de los que aman a Dios. Si  hiciéramos esto con más frecuencia y fuésemos más cautelosos en la elección de nuestros amigos, sentiríamos más a menudo el influjo del Espíritu Santo.

Debemos observar en este pasaje el conocimiento claro y espiritual que se revela en el lenguaje de Isabel. La expresión de que hace uso con respecto a la  Virgen María, manifiesta quo había recibido luz de lo alto. Ella la llama "la madre de mi Señor...

Nuestros oídos están tan acostumbrados a las palabras "Mi Señor," que no notamos todo lo que ellas encierran. En el tiempo en que se profirieron tenían  mayor significación de lo que ahora pudiera creerse: eran nada menos que la declaración precisa de que el niño que había de nacer de la Virgen María era el  Mesías que había sido prometido desde remotos tiempos, el "Señor" de quien David en espíritu había profetizado, el Ungido de Dios. Considerada bajo este  aspecto, la expresión es un ejemplo maravilloso de fe; es una confesión digna de colocarse al lado de la de Pedro, cuando dijo a Jesús: "Tú eres el Cristo...

Acordémonos de la significación profunda de las palabras, "el Señor," y guardémonos de usarlas ligera y ociosamente. Consideremos qué, de derecho, a nadie  son aplicables sino a Aquel que fue crucificado en el Calvario por nuestros pecados. Que el recuerdo de este hecho haga que revistamos dichas palabras de  reverencia y que tengamos cuidado de qué modo las pronunciamos. Hay dos textos que tienen relación con esta expresión, y que deberíamos recordar con  frecuencia. El primero es 1 Cor. 12.3: "Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo." Es el otro Filip. 2.11: y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.  

Finalmente, debemos observar en estos versículos la alta alabanza que Isabel tributa a la fe. "Y bienaventurada," dice, "la que creyó”. No es en manera alguna extraño que esta santa mujer ensalzara así la fe. Sin duda que conocía bien las Escrituras del Antiguo Testamento, y sabía qué  prodigios había obrado la fe. ¿Qué es la historia de los hijos de Dios en todos los siglos, sino la biografía de hombres y mujeres que se distinguieron por su fe?  ¿Qué es la historia sencilla de todos desde los tiempos de Abel hasta nuestros días, sino la relación de los hechos de pecadores redimidos que creyeron, y por  ello fueron benditos? Con fe aceptaron promesas; con fe vivieron; con fe guiaron su conducta; con fe llevaron las injurias. Con fe esperaron un Salvador  invisible. Todas las promesas que aún estaban por cumplirse; con fe lucharon con el mundo, la carne y el demonio; con la fe vencieron y fueron salvos al  cielo. De esta clase de santas personas fue la Virgen María. No hay que extrañar que Isabel dijese: "Bienaventurada la que creyó...

¿Tenemos algún conocimiento de esta preciosa fe? Esta, en ilusión, es la cuestión que nos concierne. ¿Tenemos conocimiento de la fe de los elegidos de Dios,  de la fe que es obra de Dios? Tito1.2 en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos,   Col. 2.12 sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. No busquemos descanso hasta que la hayamos poseído, y una vez que la poseamos no cesemos de rogar que  vaya en aumento cada día. Mejor es mil veces ser rico en fe que en oro. El oro no tendrá valor alguno en el mundo invisible a donde todos nos encaminamos.

La fe será allí reconocida en la compañía de Dios el Padre, y de los santos ángeles. Cuando aparezca el trono blanco y se abran los libros, cuando los muertos  sean llamados del sepulcro a oír su sentencia final, el valor de la fe será al fin plenamente conocido. Los hombres aprenderán entonces, si antes no lo hubieren  aprendido, cuan verdaderas son las palabras, " Felices los que creyeron...

Esta es una maravillosa exposición lírica de la bienaventuranza de María. En ninguna vida se ve más clara que en la suya la paradoja de la bienaventuranza. A María se le concedió la bienaventuranza de ser la madre del Hijo de Dios. Bien podía llenársele el corazón de una alegría trémula y maravillada por tan gran privilegio. Y sin embargo, esa misma bienaventuranza iba a ser como una espada que le atravesara el corazón; porque conllevaba el destino de ver un día a ese hijo clavado en una cruz.

La elección de Dios quiere decir, a menudo y al mismo tiempo, una corona de felicidad y una cruz de angustia. La inquietante realidad es que Dios no escoge a una persona para darle tranquilidad y comodidad y disfrute egoísta, sino para una misión que requerirá todo lo que la mente y el corazón y las fuerzas puedan dar de sí. Dios escoge a una persona para usarla.  

Cuando somos conscientes de esta verdad, los dolores y las dificultades que conlleva el servicio de Dios dejan de ser tema de lamentaciones y se convierten en nuestra gloria, porque todo lo sufrimos por Dios.

Un gran predicador moderno decía: «Jesucristo no vino para hacer la vida fácil, sino para hacer grandes a los hombres.»

La paradoja de la bendición consiste en que le confiere a una persona al mismo tiempo la mayor felicidad y la mayor tarea del mundo.

jueves, 2 de diciembre de 2021

EVANGELIO DE JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS Capítulo 1; 26-38


Capítulo 1; 26-38

26  Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,

27  a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.

28  Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.

29  Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta.

30  Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

31  Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.

32  Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

33  y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

34  Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.

35  Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.

36  Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril;

37  porque nada hay imposible para Dios.

38  Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.         

 

          Nazaret, pueblo de José y María, estaba lejos de Jerusalén, centro de vida y adoración judías. Localizada en la ruta más transitada, visitada a menudo por mercaderes gentiles y soldados romanos. De ahí que su reputación estaba empañada entre los judíos (Jn_1:46 Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.). Jesús nació en Belén, pero creció en Nazaret. ¡Quién iba a pensar que la gente de Nazaret lo rechazaría como el Mesías! (Jn_4:22-30 22  Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 23  Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24  Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. 25  Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. 26  Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo. 27  En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella? 28  Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: 29  Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo? 30  Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.).

María era joven, pobre y mujer, características que para la gente de su tiempo la convertía en incapaz de que Dios la usara en tareas importantes. Pero Dios escogió a María para uno de los actos más grandes de obediencia que jamás haya demandado de alguien. Quizás usted considere que su capacidad, experiencia o educación lo hace un mal candidato para el servicio de Dios. No limite la elección de Dios. Puede usarlo si confía en El.

María era la prometida de José. El compromiso matrimonial duraba un año, y era tan indisoluble como el matrimonio; sólo se podía romper por la muerte o por el divorcio. Si moría el hombre que estaba prometido con una mujer, ella era viuda a los ojos de la ley.  

En este pasaje nos encontramos frente a frente con una de las doctrinas más controvertidas de la fe cristiana: el nacimiento virginal de Jesús. El nacimiento de Jesús de una virgen es un milagro que a muchos les resulta difícil aceptar. Estos tres hechos pueden ayudar nuestra fe: 

(1) Lucas era médico y sabía muy bien cómo se forman los bebés. Sería muy difícil creer en un nacimiento virginal como lo es para nosotros, pero sin embargo lo escribe como un hecho.

(2) Lucas era un afanoso investigador que basó su Evangelio en informes de testigos presenciales. La tradición dice que habló con María sobre los hechos de los dos primeros capítulos. Esta es su historia, no una ficción.

 (3) Cristianos y judíos, que adoran a Dios como Creador del universo, debieran creer que Él tiene poder para crear un niño en el vientre materno.

Notemos en estos versículos la manera reverente y discreta en que el ángel Gabriel habla del gran misterio de la encarnación. En la réplica a la interrogación  de la Virgen, " ¿Cómo será esto?" él emplea estas palabras notables: " El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra…

Bueno será que sigamos el ejemplo del ángel siempre que meditemos sobre este hecho profundo. Considerémoslo siempre con reverencia religiosa, y  abstengámonos de esas investigaciones impropias e inútiles, a que desgraciadamente muchos se han entregado. Nos basta saber que "la Palabra fue hecha  carne," y que cuando el Hijo de Dios vino al mundo, un "cuerpo real estaba preparado para él," de suerte que El "participó de nuestra carne y sangre," y fue  "hecho de mujer."

Juan 1.14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

 Heb. 10.5; Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo.

Ga 4.4. Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley,

En este punto es preciso detenernos. La manera como todo esto se efectuó se nos ha ocultado sabiamente. Si  intentamos investigar más allá de este límite, " oscureceremos el "consejo con palabras sin sabiduría," y nos precipitaremos en donde los ángeles temen poner  las plantas. En una religión que realmente ha descendido del cielo, preciso es que haya misterios. Uno de los misterios del Cristianismo es la encarnación.

Notemos, en segundo lugar, la preeminencia dada al Espíritu Santo en el gran misterio de la encarnación. Vemos que está escrito, "El Espíritu Santo vendrá  sobre ti...

Un lector versado en la Biblia no dejará de recordar, probablemente, que el honor que en este pasaje se tributa al Espíritu está en perfecta armonía con lo que  sobre el mismo asunto enseña la Escritura en otros lugares. En la grande obra dé la redención del hombre se hace a cada paso mención especial de la obra del  Espíritu Santo. ¿Murió Jesús para hacer expiación por nuestros pecados? Escrito está, que "por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios."  Heb. 9.14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?. ¿Resucitó para nuestra justificación? Escrito está, que "fue vivificado por el Espíritu." 1 Pedro 3.18 Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;. ¿Dispensa consuelo a Sus discípulos durante el  tiempo que está transcurriendo entre su primera y segunda venida? Escrito está que el Consolador que él prometió enviar es "el Espíritu de verdad." Juan  14.17. el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

Tengamos cuidado de dar al Espíritu Santo, en nuestra religión como individuos, el mismo lugar que vemos ocupa en la palabra de Dios. Acordémonos que  todo lo que los creyentes poseen, todo lo que son, y todo lo que disfrutan bajo el influjo del Evangelio, lo deben a la luz interna que emana del Espíritu Santo.

La operación de cada una de las tres Personas de la Trinidad en toda alma que se salva es absoluta e igualmente necesaria. La elección de Dios el Padre, la  sangre de Dios el Hijo, y la santificación de Dios el Espíritu Santo, jamás deben estar separadas en la religión cristiana.

Notemos, en tercer lugar, el gran principio que sienta el ángel Gabriel para imponer silencio a toda objeción que se refiera a la encarnación: "Ninguna cosa es  imposible para Dios...

La admisión sincera de esta gran verdad es de inmensa importancia en lo que respecta a nuestra paz interior. Cuestiones y dudas tienen por fuerza que surgir  en la mente del hombre sobra muchos puntos de nuestra religión. Son resultado natural del estado decaído del alma. Nuestra fe, por buena que sea es muy  débil. Nuestros conocimientos por profundos que nos parezcan son deficientes. Y pocos remedios hay más eficaces para la mente que duda, está inquieta y  cavila, que el ya mencionado--una convicción completa de la omnipotencia de Dios. Para Aquel que creó al mundo y lo formó de la nada, todo es posible.

Nada es demasiado difícil para el Señor. Todo pecado por negro que sea será perdonado. La sangre de Cristo limpia de todo pecado. No hay corazón por duro  y perverso que sea que no pueda sentir arrepentimiento. El corazón de piedra puede tornarse en corazón de carne. Para el creyente no hay obra tan difícil que  no pueda ejecutarla. Todo lo podemos si estamos fortalecidos por Cristo. No hay tribulación que no podamos sobrellevar. La gracia de Dios nos basta. No hay  promesa demasiado grande que deje de cumplirse. Las palabras de Cristo "jamás pasarán," todo lo que ha prometido puede cumplirlo. No hay dificultad, por  grande que sea, que el creyente no pueda vencer. "Cuando Dios está por nosotros, ¿Quién estará contra nosotros?" "Los montes se allanarán." Máximas son  estas que debemos siempre traer a la memoria. El remedio que ofrece el ángel es inapreciable. No se encuentra nunca la fe más tranquila y serena sino cuando  descansa en la convicción de la omnipotencia divina.

Notemos, en último lugar, la sumisión humilde y espontánea de la Virgen María a la voluntad de Dios. Dice al ángel: " He aquí la sierva del Señor; hágase en  mí conforme a tu palabra...

Hay en esta respuesta mucho que es digno de encomio y que quizá no podemos percibir a primera vista. Un momento de reflexión nos convencerá que ser la  madre de nuestro Señor de este modo extraño y misterioso no era cuestión de poca importancia. En época lejana llegó a ser un alto honor, sin duda, mas  entonces puso en peligro la reputación de María y sometió su fe a una prueba no pequeña. Una joven soltera encinta se arriesgaba al desastre. A menos que el padre de la criatura aceptara casarse con ella, había la posibilidad de que quedara sola para toda la vida. Si su padre la rechazaba, podría verse forzada a mendigar o prostituirse a fin de sobrevivir. Y María, con su historia de estar encinta por obra del Espíritu Santo, se arriesgaba también a que la consideraran demente. Con todo y a pesar de los posibles riesgos, María dice: "Hágase conmigo conforme a tu palabra". Cuando María lo afirmó, no se imaginaba la tremenda bendición que recibiría. Solo sabía que Dios le pedía que le sirviera y estaba deseosa de hacerlo. No espere ver qué bendición tendrá antes de ofrecerle su vida a Dios. Ofrézcase de buena gana, aun cuando los resultados de hacerlo parezcan desastrosos. Pero la Virgen no vaciló y se sometió voluntariamente al  peligro y a la prueba. No hizo más preguntas ni más objeciones: aceptó el honor conferido con todos los peligros e inconvenientes anexos. "He aquí," dice, "  la sierva del Señor...

miércoles, 1 de diciembre de 2021

EVANGELIO DE JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS Capítulo 1; 5-25

 

 5  Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías;(A) su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet.

 6  Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor.

 7  Pero no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada.

 8  Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase,

 9  conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor.

 10  Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso.

 11  Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.

 12  Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor.

 13  Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.

 14  Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento;

 15  porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.

 16  Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos.

 17  E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.

 18  Dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.

 19  Respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas.

 20  Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.

 21  Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaba de que él se demorase en el santuario.

 22  Pero cuando salió, no les podía hablar; y comprendieron que había visto visión en el santuario. Él les hablaba por señas, y permaneció mudo.

 23  Y cumplidos los días de su ministerio, se fue a su casa.

 24  Después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se recluyó en casa por cinco meses, diciendo:

 25  Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres.

       

           Zacarías, el personaje principal de esta escena, era sacerdote. Pertenecía a la orden de Abías. Todos los descendientes directos de Aarón, el hermano de Moisés, eran sacerdotes de nacimiento. Esto hacía que hubiera demasiados sacerdotes para todos los propósitos ordinarios.

Estaban divididos en veinticuatro órdenes o secciones. No ejercían el sacerdocio todos más que en Pascua, Pentecostés y Tabernáculos. El resto del año cada orden ministraba dos períodos de una semana cada uno. Los sacerdotes que amaban su ministerio estaban deseando que les llegara su semana de turno, que era lo más importante de su vida.

Los sacerdotes se tenían que casar con mujeres que fueran de pura raza judía, y constituía un mérito especial el casarse con una descendiente de Aarón, que era el caso de Elisabet, la mujer de Zacarías.

Había tantos como veinte mil sacerdotes en total, así es que había casi un millar en cada sección, y en ella se echaban a suerte las intervenciones de los distintos miembros.

Los sacrificios de la mañana y de la tarde se ofrecían por toda la nación. Se sacrificaba en holocausto un cordero de un año sin mancha ni defecto, con una ofrenda de comida, de harina y aceite, y de bebida, de vino. Antes del sacrificio de la mañana y después del de la tarde se quemaba incienso en el altar del incienso, para que los sacrificios se elevaran, como si dijéramos, envueltos en un aroma agradable. Era posible que a muchos sacerdotes no les correspondiera quemar incienso en toda la vida; pero si le tocaba en suerte, aquel día era el más grande de la vida de un sacerdote, el más deseado y esperado. Y aquel día le tocó en suerte a Zacarías, que estaría de lo más emocionado. .

               Pero había una tragedia en la vida de Zacarías: su esposa y él no tenían hijos. Los rabinos judíos decían que hay siete personas que están privadas de la comunión con Dios, y la lista empezaba por " un judío que no tiene esposa, o un judío que tiene esposa pero que no tiene ningún hijo.» La esterilidad era causa suficiente para el divorcio. Por tanto, no nos sorprendería que Zacarías, aun en este su gran día, estuviera pensando en su tragedia doméstica y personal y la tuviera presente en sus oraciones. Y entonces tuvo aquella maravillosa visión y recibió el gozoso mensaje de que, aunque ya había perdido toda esperanza, le nacería un hijo.

Se quemaba el incienso y se hacía la ofrenda en el atrio más interior del templo, el Atrio de los Sacerdotes. Mientras se ofrecía el sacrificio, la congregación se agolpaba en el siguiente atrio, el Atrio de los Israelitas. El sacerdote que había oficiado el sacrificio de la tarde tenía el privilegio de salir a la barandilla que separaba ambos atrios para bendecir desde allí a los presentes. La gente se sorprendía de que Zacarías se retrasara tanto. Cuando por fin apareció, no podía hablar, y la gente comprendió que había tenido una visión. Y así, en un deslumbramiento inefable de gozo Zacarías terminó su semana de servicio y se marchó a casa; y allí y entonces empezó a hacerse realidad el mensaje de Dios, y Elisabet se dio cuenta de que iba a tener un niño.

Hay un detalle que sobresale en este relato: fue en la casa de Dios donde Zacarías recibió el mensaje de Dios. Zacarías estaba en el templo sirviendo a Dios. La voz de Dios viene a los que le prestan atención, como Zacarías, en la casa de Dios.

 

  En este pasaje percibimos el poder que la incredulidad ejerce sobre un justo. Recto y santo como era Zacarías, el anuncio del ángel le parece increíble. No cree  haya posibilidad de que un anciano como él, tenga hijos. "¿En qué conoceré esto?" dice, " porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días...

Un judío de la erudición de Zacarías no debió haber suscitado semejante cuestión. Él, sin duda, se había instruido bien en las Escrituras del Antiguo  Testamento. Debió pues haberse acordado de los nacimientos maravillosos de Isaac, y Sansón, y de Samuel, en los tiempos antiguos. Debió haber tenido  presente que Dios puede repetir lo que una vez ha hecho y que para El nada hay imposible. Mas olvidando todo esto no pensó sino en los argumentos que le  sugirió su propia inteligencia. Así acontece a menudo en materias religiosas, que donde empieza la razón, termina la fe.

La falta que cometió Zacarías nos enseña una lección provechosa. A esta misma falta el pueblo de Dios ha estado lastimosamente expuesto en todas las  edades. Las historias de Abrahán, Isaac, Moisés, Ezequías y Josafat, nos enseñan que el verdadero creyente puede algunas veces ser víctima de la  incredulidad. Fue uno de los primeros pecados que hallaron cabida en el corazón del hombre el día de su caída, cuando Eva creyó al diablo más bien que a  Dios. Es uno de los pecados que se arraigan más hondamente en el corazón del justo, y de cuyo poder no puede este librarse sino hasta el fin de su vida  terrenal. Boguemos diariamente, "Señor, aumenta mi fe," y no dudemos que se cumpla lo que Dios haya prometido.

Además, en estos versículos, se nos dice de qué clase de privilegios y de galardones gozan los ángeles de Dios. Traen mensajes a la iglesia verdadera y gozan  de la presencia inmediata del Todopoderoso. El mensajero celestial que se apareció a Zacarías, le reprende diciéndole quien era: "Yo soy Gabriel, que estoy  delante de Dios, y soy enviado a hablarte...

El nombre "Gabriel," sin duda, llenó a Zacarías de humillación y abatimiento de sí mismo. El debió recordar que el mismo Gabriel fue, quien 490 años antes  había traído a Daniel la profecía de las setenta semanas, y predíjole como había de ser inmolado el Mesías. Dan_9:26. Él, sin duda, contrastó la incredulidad  lastimosa que le aquejaba cuando estaba sirviendo pacíficamente en el templo de Dios, con la fe que animaba al santo Daniel cuando permanecía cautivo en  Babilonia, y en la época en que el templo de Jerusalén estaba en ruinas. Zacarías aprendió ese día una lección que no olvidó jamás.

La relación que Gabriel da de su ministerio, debería excitar en nosotros el deseo de hacer un severo examen de conciencia. Ese espíritu poderoso, mucho más  grande que nosotros en poder e inteligencia, reputa como su más alto honor el "asistir delante de Dios" y hacer Su voluntad. Dirijamos a este minino punto  nuestras miras y aspiraciones. Procuremos vivir de tal manera, que podamos algún día presentarnos sin temor ante el trono celestial, a servir día y noche en el  templo del Altísimo. El camino que conduce a este elevado y santo lugar se abre ante nuestros pasos. Cristo lo ha consagrado con la ofrenda voluntaria de su  propio cuerpo, y de su propia sangre. Hagamos lo posible para marchar por ese camino durante el corto tiempo de la vida presente, para que así podamos  ocupar eternamente el puesto que nos corresponda con los ángeles de Dios. Dan. 12.13.

Este pasaje demuestra, finalmente, cuan malo, en extremo, es a ¡los ojos de Dios el pecado de la incredulidad!. Las dudas y preguntas de Zacarías atrajeron  sobre él un castigo severo. "Serás mudo," dice el ángel, " y no podrás hablar, por cuanto no creíste a mis palabras. “Este castigo era el que requería la ofensa  cometida. La lengua que no se prestó a pronunciar el lenguaje de sincera alabanza, enmudeció de repente. Este castigo fue de larga duración. Por nueve meses,  a lo menos, Zacarías estuvo condenado al silencio, y tuvo que recordar diariamente que su incredulidad había ofendido a Dios.

Ningún pecado  desagrada  tanto a Dios, como el pecado de la incredulidad. Ningunos, ciertamente, han hecho recaer sobre el hombre juicios tan  severos. Es una negación explícita del poder de Dios dudar si Él es capaz de hacer algo que se propone ejecutar. Es injuriar a Dios el dudar si tiene intención  de llevar a efecto algo que claramente ha prometido hacer. Los cristianos que han hecho profesión de su fe nunca deberían olvidar los cuarenta años que Israel  anduvo errante en el desierto. Las palabras de San Pablo son muy solemnes: "No pudieron entrar a causa de la incredulidad." Heb. 3.19.

Velemos y oremos todos los días para no cometer este pecado que arruina el alma. Cejar ante la incredulidad es arrebatar a los creyentes la paz  interior debilitarles los brazos para el día de la lucha, es atraer negras nubes sobre el horizonte de sus esperanzas y arrojarles sobre los hombros cargas  gravosas. En proporción a la intensidad de nuestra fe será nuestro gozo en la redención del género humano, nuestra paciencia en el día de la prueba, nuestra  victoria sobre el mundo. La incredulidad, en resumen, es la causa verdadera de mil enfermedades espirituales, y si la dejamos anidarse en nuestros corazones,  carcomerá como un cáncer. "Si no creyereis, cierto no permanecer oís." Isai. 8.8. En todo lo que toca al perdón de nuestros pecados, y a la aceptación de  nuestros corazones a los deberes y a las pruebas de nuestra vida diaria establezcamos como máxima invariable en nuestra religión la siguiente: poner fe  implícita en todas y en cada una de las palabras de Dios, y desechar la incredulidad.

EVANGELIO DE JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS Capítulo 1; 1- 4

 Capítulo 1; 1- 4

 1    Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas,

 2  tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra,

 3  me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo,

 4  para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido.

 

        El Evangelio de San Lucas contiene muchos incidentes y enseñanzas importantes que no se encuentran en los otros tres Evangelios. Tales son, por ejemplo, la  historia de Zacarías e Isabel, la de la anunciación del ángel a la Virgen María, y en breve, todo lo que contienen los dos primeros capítulos. Tales, también,  como la narración de la conversión de Zaqueo, y la del ladrón arrepentido, la jornada á Emaús, y las famosas parábolas del Fariseo y el Publicano, del Rico  y Lázaro, y del Hijo Pródigo. Partes son estas de la Escritura por cuya revelación todo cristiano bien instruido siente especial agradecimiento. De ellas somos  deudores al Evangelio de San Lucas.

El corto prólogo que dejamos arriba trascrito es una peculiaridad del Evangelio de San Lucas. Pero examinándolo detenidamente, hallaremos que está lleno de  la más útil instrucción.

En primer lugar, San Lucas nos hace un bosquejo breve, pero importante de la naturaleza del Evangelio. Él lo llama, " la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, " Es una narración de hechos referentes a Jesucristo.

El Cristianismo es una religión erigida sobre el cimiento de los hechos. Jamás perdamos esto de vista. Bajo esta forma fue que se presentó en su origen a la  contemplación del género humano. Los primeros predicadores no iban de lugar en lugar proclamando un sistema complicado e ingenioso de doctrinas  incomprensibles, o de principios profundos. Se ocuparon exclusivamente en referir a los hombres hechos grandes y a la vez sencillos. Iban por todas partes  anunciando a un mundo infiel que el Hijo de Dios había bajado a la tierra, y había vivido y muerto por nosotros, y después resucitado. El Evangelio era al  principio mucho más sencillo que lo que hoy se enseña por muchos como tal. No era ni más ni menos que la historia de Cristo.

Aspiremos pues a mayor sencillez en nuestra religión individual. Que Cristo y su Pasión formen el sol de nuestro sistema, y que el deseo más vehemente de  nuestras almas sea conocerle mejor cada día y vivir alimentados de la fe en Él. Tal fue el Cristianismo de San Pablo. "Para mí el vivir es Cristo." Filip. 1: 21.

San Lucas bosqueja, en segundo lugar, un hermoso cuadro de la verdadera posición que los apóstoles ocupaban en la primitiva iglesia. Los llama " tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra” En esta expresión se nota una humildad que bien puede servir de ejemplo. Hay absoluta carencia de ese tono de exaltación humana, que con tanta frecuencia  se ha deslizado en la iglesia. San Lucas no da a los apóstoles títulos halagüeños. No excusa en lo más mínimo a los que se refieren a ellos con veneración  idólatra, en consideración a su ministerio y a su intimidad con nuestro Señor.

Él los describe como "testigos de vista." Decían a los hombres lo que habían visto con sus ojos y oído con sus oídos. 1 Juan 1.1 los describe como "ministros  de la palabra." Eran siervos de la palabra evangélica. Hombres que reputaban como su más alta prerrogativa llevar de una parte a otra, en calidad de  mensajeros, las buenas nuevas del amor de Dios hacia un mundo pecador, y referir la historia de la cruz.

Habría sido un bien para la iglesia y para el mundo, si los ministros Cristianos nunca hubieran pretendido revestirse de dignidad y honores más altos de los  que los apóstoles exigieron para ellos mismos. Es un hecho lamentable, que hombres que han recibido tal gracia se hayan ensalzado a sí mismos y  hayan elevado su ministerio a una posición para la cual las Escrituras no dan derecho. No es menos lamentable, que el pueblo con su anuencia pasiva a las exigencias injustas haya secundado a que continúe el mal,  contentándose con una religión practicada por medio de agentes o delegados. Ha  habido faltas de ambas partes. Recordemos esto, y pongámonos alerta.

En tercer lugar, San Lucas se refiere a su propia aptitud para la empresa de escribir el Evangelio. Él dice, que "me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden...

Inútil seria investigar de donde obtuvo San Lucas los datos que nos ha trasmitido en su Evangelio. No tenemos razón fundada para suponer que presenció los  milagros de nuestro Señor, o lo oyó enseñar. Decir que obtuvo dichos datos de la Virgen María, o de alguno de los apóstoles, no pasa de ser una mera  conjetura. Bástanos saber que San Lucas escribió inspirado por Dios. Por lo que hace a los medios ordinarios de adquirir los informes necesarios no hay duda  que él no los despreció. Mas el Espíritu Santo lo guió, no menos que a todos los otros escritores de la Biblia, en la elección y disposición de la materia; de  manera que lo que San Lucas escribió no ha de leerse como la " palabra del hombre," sino como la "palabra de Dios." 1Tes_2:13.

Mantengámonos firmes en la doctrina sublime de la inspiración de todos los libros de la Biblia. No concedamos jamás que escritor alguno del Antiguo o del  Nuevo Testamento pudo cometer equivocaciones o errores cuando escribía, " siendo inspirado por el Espíritu-Santo." 2Pe_1:21. Que al leer la Biblia,  nuestra firme convicción sea que si no podemos comprender un pasaje, o conciliarlo con algún otro, esto consiste no en defecto del libro sino en ignorancia  nuestra. Al adoptar este principio asentamos los pies sobre una roca. Al abandonarlo, los asentamos sobre arena movediza, y llenamos nuestras mentes de  dudas e incertidumbres interminables.

Finalmente, San Lucas nos dice cuál fue el principal objeto que lo movió a escribir su Evangelio. Fue, para que Teófilo " para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido," Este texto no da apoyo a los que tienen fe en las tradiciones verbales, y en los preceptos de la iglesia. San Lucas sabía bien  cuan débil es la memoria humana, y cuan fácilmente una historia cambia su forma original ya por medio de adiciones ya por medio de alteraciones, cuando  pasa de boca en boca. Por esta razón ¿qué hace? tiene cuidado de escribir.

Tampoco encuentran apoyo en estas palabras de San Lucas los que se oponen a la difusión de los conocimientos religiosos, y llaman a la ignorancia "madre de  la devoción." San Lucas no quiere que su amigo permanezca en duda respecto a materia alguna de su fe. Le dice que quiere que " conozca la verdad de las  cosas de las cuales había sido enseñado...

Concluyamos el pasaje manifestándonos agradecidos de haber recibido la Biblia. Bendigamos a Dios todos los días, porque no nos ha dejado a merced de las  tradiciones humanas, y porque no estamos obligados a dejarnos extraviar por los errores de nuestros guías espirituales. Tenemos un volumen escrito que  "puede hacernos sabios para la salud, por medio de la fe que es en Cristo Jesús." 2Ti_3:15.

Comencemos el Evangelio de San Lucas animados del deseo ardiente de instruirnos más de la verdad cual está en Jesús, y de todo corazón resolvamos hacer  cuanto estuviere a nuestro alcance a fin de extender el conocimiento de esta verdad por todo el mundo.