martes, 5 de abril de 2022

CRISTO: MEDIADOR DE UN PACTO ETERNO (II)

 

Hebreos 13:20,21   " Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, 21  os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén”.

 

  Los Salmos arrojan mucha luz sobre la vida espiritual del Mediador, y una gran bendición aprender en los Salmos que Cristo suplicó a Dios por propia liberación del sepulcro. El Salmo 88; 2-3 habla proféticamente de la pasión del Señor Jesús. Allí vemos que Jesús dice: “2  Llegue mi oración a tu presencia;  Inclina tu oído a mi clamor. 3  Porque mi alma está hastiada de males,  Y mi vida cercana al Seol.”.

Como se le habían imputado todas las transgresiones de su pueblo, aquellas “calamidades” eran los dolores y las angustias que experimentó cuando sobre él se ejecutó e infligió el castigo por los pecados de su pueblo. Su clamor prosiguió de este modo: “6  Me has puesto en el hoyo profundo, En tinieblas, en lugares profundos. 7  Sobre mí reposa tu ira, Y me has afligido con todas tus ondas.” (Salmo 88; 6,7). Aquí se concede una idea de lo que sintió el Salvador en su alma mientras estuvo bajo el castigo de Dios, soportando toda la justa y santa maldición de Dios sobre pecado. No lo podrían haber llevado a una condición más baja. Cuando Dios ocultó el rostro, el sol dejó de alumbrar sobre Jesucristo y quedó sumido en una obscuridad total. Los sufrimientos del alma de Cristo eran como la “segunda muerte.” Sufrió en toda plenitud lo que para él era, como Dios hombre, equivalente de una eternidad en el infierno. El Redentor herido prosiguió diciendo: “Has alejado de mí mis conocidos;  Me has puesto por abominación a ellos; Encerrado estoy, y no puedo salir” (Salmo 88; 8). Nadie sino el Juez podía legalmente poner en libertad a Jesús. “¿Manifestarás tus maravillas a los muertos?  ¿Se levantarán los muertos para alabarte? (Salmo 88; 10). Con todo, en mí realizarás maravillas levantando mi cuerpo del sepulcro. De lo contrario, no se podrá completar la salvación de tus elegidos, ni tu gloria podrá resplandecer plenamente en ellos. Tus maravillas no pueden ser declaradas; los elegidos no pueden levantarse para alabarte, a no ser sobre la base de mi resurrección. “Mas yo a ti he clamado, oh Jehová, Y de mañana mi oración se presentará delante de ti.” (Salmo 88; 13). Cuánta luz arroja este Salmo sobre las palabras que el apóstol refiere a Cristo: “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.” (Hebreos 5:7). En el lenguaje profético del Salmo 2:8, Dios el Padre le dice a su Hijo: “Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra.”. De la misma manera, nuestro Señor primero clamó por su liberación de la prisión del sepulcro, y luego el Padre lo  sacó” en respuesta a su clamor. Es notable cuán perfectamente el Hijo del hombre se acomoda a nuestra total dependencia de Dios. El también, aunque sin pecado, tuvo que orar por aquellas bendiciones que Dios ya le había prometido!

  En último lugar, consideremos que la gran obra de Dios de la que aquí se habla fue realizada por medio de la sangre del pacto eterno.  Se ha discutido mucho el significado exacto de estas palabras. Una lectura cuidadosa de la Epístola a los Hebreos mostrará que en ella se habla del “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (Hebreos 10:29), del “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.” (Hebreos 8:6), de “Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto” (Hebreos 8:8), y aquí Hebreos 8:13  Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer

Es obvio que Hebreos 8:6-13 “6  Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. 7  Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo. 8  Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; 9  No como el pacto que hice con sus padresEl día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto;  Porque ellos no permanecieron en mi pacto, Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor.  10  Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y sobre su corazón las escribiré; Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo;  11  Y ninguno enseñará a su prójimo,  Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; Porque todos me conocerán,  Desde el menor hasta el mayor de ellos.  12  Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.13  Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.” toma el nuevo y superior pacto hecho con el Israel espiritual (es decir, con la iglesia), y lo contrasta con el primer (7) pacto que se describe como obsoleto (13). El primer pacto fue el que se hizo con la nación de Israel en el Sinaí (esto es, con 1srael según la carne"). En otras palabras, el contraste es entre el judaísmo y el cristianismo bajo dos pactos diferentes, mientras que el “pacto eterno” es la antítesis del pacto de obras hecho con Adán como cabeza corporativa de la raza humana. Aunque el pacto de obras fue el primero en manifestarse, el pacto eterno (o pacto de gracia), fue el primero en origen. Cristo tiene que tener la preeminencia en todo (Colosenses 1: 18 y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;), por eso Dios hizo un convenio con él antes de que Adán fuese creado. Este pacto ha sido designado de varias maneras; se le ha llamado “pacto de la redención", o “pacto de gracia.” Mediante este pacto, Dios hizo todos los arreglos y provisiones para la salvación de sus elegidos. Ese pacto eterno ha sido administrado bajo diversas economías, y a lo largo de la historia humana sus bendiciones fueron concedidas a personas de todas las épocas. Bajo el antiguo pacto (judaísmo), los requerimientos y las provisiones del pacto eterno fueron tipificados o anticipados particularmente por medio de la ley moral y ceremonial; bajo el nuevo pacto (cristianismo), sus requerimientos y provisiones son determinados y proclamados por medio del evangelio. En cada generación, a los que participan de sus bendiciones se les requiere arrepentimiento, fe y obediencia (Isaías 55; 3 Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David).   De manera que tomamos la expresión 1a sangre del pacto eterno” tal con suena, como si apuntara al convenio eterno que Dios hizo con Cristo. A la  de las frases que le preceden en Hebreos 13:20 Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno,, es evidente que la “sangre del pacto eterno” tiene una triple relación.

 Primero, se conecta con el título divino usado aquí. Históricamente, Dios llegó a ser el “Dios de paz” cuando Cristo hizo propiciación y confirmó el pacto eterno con su propia sangre (Colosenses 1:2 a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.  Desde antes de la creación del mundo, Dios se había propuesto y planea lograr la paz entre sí mismo y los hombres pecadores (Lucas. 2:13,14  13  Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: 14  ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!). Cristo conseguiría esa paz. Toda cuestión que estuviese relacionada con esa paz fue convenida eternamente entre el Padre y Cristo.

Segundo, esto apunta al hecho de la muerte de Cristo. El derramamiento de la preciosa sangre de Cristo llevó justo Juez del universo a restaurarlo del sepulcro y exaltarlo poniéndolo en un lugar de supremo honor y autoridad (Mateo 28:18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.). Puesto que Fiador había ejecutado plenamente su parte del convenio, se le adeudaba por justicia que el Gobernante del universo lo librara de la prisión.

Tercero, esa bendita frase tiene relación con el oficio de Cristo. Para llegar a ser el “gran Pastor de  las ovejas", Cristo debía derramar su sangre en favor de ellas conforme a lo pactado en el convenio. Es así como nuestro Señor Jesús reunió a los elegidos de Dios para colocarlos en el rebaño, y ministrarles, proveerles protegerles (Juan. 10: 11 Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas., 15 así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.). Si Dios sacó a nuestro Señor Jesús de la muerte, no fue sólo debido convenio, sino también por sus méritos. Por tanto, la resurrección ocurre sólo a causa del “pacto” sino a causa de la “sangre” del pacto. Como Dios Hijo, no tuvo que merecer o comprar la resurrección, puesto que suyos son honor y la gloria; pero como mediador Dios-hombre se ganó la liberación del sepulcro como recompensa justa por su obediencia y sufrimientos. Además, fue liberado como persona particular sino como Cabeza de su pueblo consiguiendo así que ellos también fuesen liberados. Si Él fue restaurado del sepulcro “por la sangre del pacto eterno,” ellos tienen que ser restaurados igualmente. Las Escrituras afirman que nuestra liberación del sepulcro no solo se debe a la muerte de Cristo sino también a su resurrección: “¿Acaso creemos que Jesús murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que han muerto en unión con él” (1 Tesalonicenses 4:14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.; Romanos 4:25 el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.). De este modo se le asegura a la iglesia su plena redención final. Dios le prometió expresamente al Pastor de antaño: “Y tú también por la sangre de tu pacto serás salva; yo he sacado tus presos de la cisterna en que no hay agua. (esto es del sepulcro) (Zacarías 9:11). Cristo “y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.” (Hebreos 9:12) Es en base al valor infinito de esa misma sangre como nosotros también entramos al trono celestial (Hebreos 10: 19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, ). El mismo declaró: “Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.” (Juan. 14:19).

Las maravillosas obras de Dios en el pasado deben profundizar nuestra confianza en él e impulsamos a buscar de sus manos bendiciones y misericordias para el presente. Puesto que con tanta gracia proveyó un Pastor tan grande para las ovejas, puesto que ha sido apaciguado con nosotros (sin que quede rasgo alguno de ira en su rostro), puesto que ha exhibido tan gloriosamente su poder y su justicia trayendo a Cristo de vuelta de la muerte, con toda seguridad podemos contar con que seguirá estando a nuestro favor. Día tras día debemos esperar de él todas las provisiones de gracia que necesitamos. Aquel que resucitó a nuestro Señor es poderoso para vivificarnos a nosotros y hacernos fructíferos para toda buena obra. Por consiguiente, miremos al “Dios de paz” e invoquemos “la sangre del pacto eterno” cada vez que nos acerquemos al trono de misericordia. Dicho en forma más específica, el que Dios haya traído a Cristo de regreso de la muerte es lo que nos garantiza infaliblemente que va a cumplir todas sus promesas a los elegidos y todas las bendiciones del pacto eterno. Esto queda claro en Hechos 13:32-34, que dice: “32  Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, 33  la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.34  Y en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias fieles de David... Así se cumplieron estas palabras: [resucitándolo] Yo les daré las bendiciones santas y seguras prometidas a David”. Al resucitar a Cristo, Dios cumplió la gran promesa (que virtualmente contiene la totalidad de sus promesas) que le hizo a los santos del Antiguo Testamento, entregando así una prenda en cuando a la realización y cumplimiento de todas las promesas futuras, y dándoles vigencia. Las “bendiciones santas y seguras prometidas a David” son las bendiciones que Dios juró en pacto eterno (Isaías 55:3 Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.). El derramamiento de la sangre de Cristo ratificó, selló, estableció para siempre cada artículo contenido en ese pacto. Al traerlo vuelta de la muerte, Dios ha asegurado a su pueblo que les concede infaliblemente todos los beneficios que Cristo obtuvo para ellos mediante sacrificio. Todas las bendiciones de regeneración, perdón, limpieza reconciliación, adopción, santificación, perseverancia y glorificación fueron dadas a Cristo para sus redimidos, y en sus manos están seguras. Por su obra mediadora, Cristo ha abierto un camino mediante el cual Dios puede conceder, en armonía con toda la gloria de sus perfecciones, todas cosas buenas que fluyen de las perfecciones divinas. Así como el consejo divino determinó que era imprescindible que Cristo muriera para que los creyentes pudieran recibir aquellas “bendiciones santas y seguras”, de la misma forma estableció que su resurrección era igualmente indispensable para que, viviendo en el cielo, nos pudiera impartir esas bendiciones, que eran el fruto de su agonía y la recompensa de su victoria. Dios ha cumplido para con Cristo cada uno los artículos acordados en el pacto eterno, es decir, lo trajo de vuelta de muerte, lo exaltó a su mano derecha, lo invistió de honor y gloria, lo sentó en trono del mediador, y le dio un nombre que es sobre todo nombre. Y lo que Dios ha hecho por Cristo, la cabeza, es garantía de que cumplirá también todo lo que ha prometido a los miembros de Cristo. Es glorioso y bendito saber que todo lo nuestro, en esta vida y en la eternidad, depende totalmente de lo que ocurrió entre el Padre y Jesucristo, es decir, que Dios el Padre recuerda y es fiel a sus compromisos con el Hijo, y que nosotros estamos en su mano.

Cuando la fe realmente hace suyo ese grandioso hecho, todo temor e incertidumbre se desvanece; todo alegato y conversación acerca de nuestra indignidad es silenciada. ¡“Digno es el Cordero” se convierte en nuestro tema y en nuestro cántico!  

Cuán tranquilizante y estabilizador nos resulta considerar que nosotros tenemos un interés personal en todos los hechos ocurridos en favor nuestro, antes de la fundación del mundo, entre Dios el Padre y el Señor Jesucristo, y todo lo que fue negociado entre el Padre y el Hijo en y a través de la o mediadora que llevó a cabo en este mundo. Lo único que nos puede liberar nosotros mismos y de nuestros enemigos es la plena bendición y eficacia de salvación del pacto, las cuales se gozan por la fe. Sólo este pacto salvífico nos hará triunfar sobre nuestra presente corrupción, y pecados y miseria. Es así que sólo tiene que ver con la fe, porque las emociones jamás serán la base para la estabilidad y la paz espiritual. Estas cosas sólo se obtienen alimentándonos constantemente de la verdad objetiva, es decir, del sabio plan de la gracia divina que se da a conocer en las Escrituras. A medida que ejercitemos la fe en ellas, a medida que recibamos lo que se dice de los compromisos eternos entre el Padre y el Hijo, experimentaremos la paz y el gozo.  Cuanto más alimentemos nuestra fe con la verdad objetiva, más seremos fortalecidos en forma subjetiva, es decir, emocionalmente. La fe considera cada cumplimiento que, en el pasado, Dios hizo de sus promesas como evidencia cierta de que cumplirá, a su tiempo y a su manera, todo lo que nos ha prometido. Dios prometió resucitar a Cristo, y la fe considerará el cumplimiento de esta promesa como la mejor evidencia. ¿Es cierto que el Pastor ha sido levantado de la muerte mediante la gloria del Padre? Pues con la misma certeza todas sus ovejas serán libradas de la muerte y del pecado. Todas serán vivificadas con novedad de vida, santificadas por el Espíritu, recibidas en el paraíso, cuando su peregrinación haya terminado, y resucitadas con cuerpos inmortales en el último día.

lunes, 4 de abril de 2022

CARTA DEL APÓSTOL PABLO A LOS ROMANOS, capítulo 4; 9-17

 

Romanos 4; 9-17

9  ¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión, o también para los de la incircuncisión? Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia.

10  ¿Cómo, pues, le fue contada? ¿Estando en la circuncisión, o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.

11  Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia;

12  y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.

13  Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.

14  Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa.

15  Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.

16  Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros

17  (como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.

 

   Para comprender estos versículos tenemos que entender lo importante que era la circuncisión para los judíos. Para ellos, si uno no estaba circuncidado no era judío, aunque lo fueran sus padres y antepasados. La oración judía en la circuncisión dice: «Bendito sea el Que santificó a su amado desde el seno materno, y puso su ordenanza sobre su carne, y selló su descendencia con la señal del santo pacto.» La ordenanza rabínica establece: "No comeréis la Pascua si no tenéis el sello de Abraham en vuestra carne.» Si un gentil se convertía a la religión de Israel, no podía participar plenamente en ella hasta que hubiera cumplido tres ordenanzas: bautismo, sacrificio y circuncisión.

El objetor judío al que está contestando Pablo todo el tiempo todavía ataca por la retaguardia. «Supongamos que yo admitiera dice, todo lo que estás diciendo de Abraham, y el hecho de que fue su absoluta confianza en Dios la que le ganó la entrada en la perfecta relación con Él; pero tendrás que reconocer que fue circuncidado.» Y Pablo hace un razonamiento contundente. La historia del llamamiento de Abraham y de la bendición que Dios le dio está en Génesis 15:6 Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia; y la historia de la circuncisión de Abraham en Génesis 17: 10 Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros. No fue circuncidado realmente hasta catorce años después de haber respondido a la llamada de Dios y entrado en aquella relación exclusiva con Dios. La circuncisión no fue la puerta de acceso a la relación con Dios, sino el signo y sello de que ya había entrado. El que se le contara como justicia no tenía nada que ver con la circuncisión, sino con su acto de fe. De este hecho indiscutible Pablo saca dos conclusiones:

(i) Abraham no es el padre de los meramente circuncidados, sino de los que hacen el mismo acto de fe en Dios que él hizo. Es decir: que es el padre de todos los que en cualquier tiempo y lugar han creído la palabra de Dios como él, aunque no estén circuncidados. Esto quiere decir, además, que el verdadero judío es el que confía en Dios como Abraham, sea de la raza que sea. Todas las promesas de Dios son, no para la nación judía, sino para los que son descendientes de Abraham porque confían en Dios como él. Lo que importa no es pertenecer a una determinada nación, sino una manera de vivir y una relación con Dios. “Los descendientes de Abraham no son los que pertenecen a una nación determinada, sino los que pertenecen a la familia de Dios, sean de la nación que sean.

(ii) La inversa también es cierta. Uno puede ser judío de pura cepa y estar circuncidado, y sin embargo no ser descendiente de Abraham en el verdadero sentido. No tiene ningún derecho a llamar a Abraham su padre ni a reclamar las promesas de Dios a menos que emprenda la aventura de la fe que hizo Abraham.

Con un breve pasaje Pablo ha producido una sacudida en todo el pensamiento judío. Los judíos creían que, por el hecho de serlo, gozaban automáticamente de los privilegios de la bendición de Dios y de la inmunidad del castigo. La prueba de que se era judío era la circuncisión. Tan literalmente tomaban esto algunos rabinos que de hecho llegaban a decir que, si un judío era tan malo que Dios tenía que condenarle, había un ángel cuya misión era volverle otra vez incircunciso antes de entrar en el lugar del castigo.

Pablo ha dejado bien sentado el gran principio de que el camino a Dios no consiste en pertenecer a una cierta nación, ni en llevar en el cuerpo una señal; sino la fe que cree la Palabra de Dios, según la cual todo depende, no de los méritos del hombre, sino solamente de la Gracia de Dios.

Esta bienaventuranza, este feliz estado o condición, este estado de ser justificado por Dios, y de ser considerado como sus amigos. Esta es la suma de toda bienaventuranza; el único estado que puede ser verdaderamente declarado feliz.

 Esta promesa insinuaba que Abraham debería ser el medio a través del cual la misericordia de Dios debería ser comunicada al mundo, tanto a judíos como a gentiles; y la manera en que fue justificado, sea la regla y la manera según la cual todos los hombres deben esperar esta bendición. Aquí se representa a Abraham como poseedor de todo el mundo como herencia; porque en él son benditas todas las naciones de la tierra: esto por lo tanto debe relacionarse con que estén todos interesados en el pacto abrahámico; y toda persona, ahora que el pacto está completamente explicado, tiene el privilegio de reclamar la justificación por la fe, por la sangre del Cordero, en virtud de esta concesión original.

 Una promesa mira hacia el futuro. Su diseño y tendencia es despertar confianza y seguridad en quien lo elabora. Todas las promesas de Dios tienen este diseño y tendencia; y en consecuencia, como Dios ha dado muchas promesas, el objeto es suscitar la fe viva y constante de las personas, todo lo cual va a mostrar que en la estimación divina, la fe es de un valor inestimable. Pero si las personas son justificadas por la Ley; si se vuelven “aceptables” por conformidad a las instituciones de Moisés; entonces no pueden depender para su aceptación de ninguna promesa hecha a Abraham, o a su simiente. Se separan de esa promesa y se mantienen independientes de ella. Esa promesa, como todas las demás promesas, se hizo para estimular la fe. Si, por lo tanto, los judíos dependían de la Ley para la justificación, estaban privados de todas las promesas hechas a Abraham; y si por la Ley podían justificarse, vana era la promesa. Esto es tan cierto ahora como lo era entonces. Si las personas buscan ser justificadas por su moralidad o sus formas de religión, no pueden depender de ninguna promesa de Dios; porque Él no ha hecho ninguna promesa de tal intento. Se mantienen independientemente de cualquier promesa, pacto o pacto, y dependen de un esquema propio; un esquema que convertiría su plan en vano e inútil; lo cual haría que sus promesas, y la expiación de Cristo, y la obra del Espíritu sin valor. Está claro, por lo tanto, que tal intento de salvación no puede tener éxito.

  Mientras el hombre es caído y pecador, su tendencia, lejos de justificarlo y producir la paz, es justamente lo contrario. Condena, denuncia la ira y produce sufrimiento. La palabra "ira" aquí debe tomarse en el sentido de castigo. Romanos 2:8 pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia . Y el significado es que la Ley de Dios, exigiendo una pureza perfecta y denunciando todo pecado, condena al pecador y lo consigna al castigo. Como había probado el apóstol Romanos capítulos 1; 2; 3 que todos eran pecadores, por lo que si alguno intentaba ser justificado por la Ley, sólo estaría envuelto en condenación e ira.

Porque donde no hay ley. Este es un principio general; una máxima de justicia común y de sentido común. La ley es una regla de conducta. Si no se da y conoce tal regla, no puede haber delito. La ley expresa lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer. Si no hay mandato para seguir un curso determinado, ningún mandato para prohibir cierta conducta, las acciones serán inocentes. La conexión en la que se hace aquí esta declaración parece implicar que como los judíos tenían una multitud de leyes claras, y como los gentiles tenían las leyes de la naturaleza, no podía haber esperanza de escapar de la acusación de su violación. Como la naturaleza humana era depravada y la gente era propensa al pecado, cuanto más justas y razonables eran las leyes, menos esperanza había de ser justificado por la Ley, y más certeza había que la Ley produciría ira y condenación.

Como está escrito: Yo te he puesto por padre - Que el hecho de que Abraham sea padre de muchas naciones tiene relación con el pacto de Dios hecho con él, puede verse, Génesis 17:4-5: He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes. 5  Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes, es decir, él fue constituido cabeza de muchas naciones, el mundo gentil, en virtud del pacto que Dios hizo entonces con él.

Dios es el objeto más propio de confianza y dependencia; porque siendo todopoderoso, eterno e inmutable, puede incluso resucitar a los muertos y llamar a las cosas que no son como si fueran. Él es el Creador, dio el ser cuando no lo había; puede asegurar infaliblemente la existencia de aquellas cosas que no son, como si ya estuvieran realmente en el ser. Y, por esta razón, nunca puede dejar de cumplir todo lo que ha prometido. El apóstol evidentemente entiende que esta promesa se refiere, no solo a sus descendientes naturales, sino a la gran multitud que debería creer como él creyó.

sábado, 2 de abril de 2022

CRISTO: MEDIADOR DE UN PACTO ETERNO

 

 

Hebreos 13:20,21   " Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, 21  os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén”.

  

        Ahora tenemos que considerar cuidadosamente la obra de Dios realizada para con nuestro Salvador Y Señor Jesucristo, la que el apóstol Pablo usa aquí como la base para la petición que sigue después. En el gran misterio de la redención, Dios el Padre ocupa el oficio de Juez Supremo (Hebreos 12:23 a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,). Fue Él quien cargó sobre el Fiador los pecados de su pueblo, y quien llamó a la espada para que se levantara contra el Pastor (Zacarías  13:7 Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas; y haré volver mi mano contra los pequeñitos.). Fue él quien lo recompensó y honró en gran manera. “Por tanto, sépalo bien todo Israel, que a este Jesús a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías Hechos. 2:36;  Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos. Hechos 10:36 . Lo mismo ocurre con el texto que tenemos ante nosotros: la resurrección de Cristo no es considerada como una obra del poder divino, sino de la justicia divina. Los términos que se usan indican claramente que Dios está ejerciendo su autoridad judicial. Saldremos perdiendo si en nuestro descuido pasamos por alto o evaluamos a la ligera los casos en que la Escritura varía su lenguaje. Como dijimos, nuestro texto no dice que Dios “resucitó” a nuestro Señor Jesús, sino que lo “trajo de vuelta de los muertos” (versión King James) o que lo “sacó de la muerte” (Nueva Biblia Española). Esto nos presenta un aspecto de la verdad asombrosamente diferente y bendito, es decir, la liberación legal del cuerpo de nuestro Fiador, que estaba prisionero en la muerte.  

Cristo fue sometido a un proceso legal formal. Jehová cargó sobre él todas las iniquidades de sus elegidos. En consecuencia, la ley divina lo declaró culpable. Por lo tanto, la justicia divina lo condenó justamente y lo llevó a prisión. Como él cargaba con la culpa del pecado, Dios estaba airado con él. Dios lo castigó hasta que pagara toda la pena impuesta por la ley. Pero pagada la deuda, y habiéndosele infligido la pena establecida por la ley, se satisfizo la justicia y se aplacó a Dios. Así que, Dios el Padre llegó a ser “el Dios de paz", tanto para Cristo como para sus representados (Efesios 2:15-18 aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, 16  y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo,  matando en ella las enemistades. 17  Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; 18  porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.). Como la ira de Dios fue aplacada y su ley fue engrandecida y vindicada (Isaías 42:21 Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla.). Dios procedió a exonerar al Fiador, justificándolo y poniéndolo en libertad (Isaías. 50:8 Cercano está de mí el que me salva; ¿quién contenderá conmigo? Juntémonos. ¿Quién es el adversario de mi causa? Acérquese a mí.: 1 Timoteo 3:16 E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:

Dios fue manifestado en carne,

Justificado en el Espíritu,

Visto de los ángeles,

Predicado a los gentiles,

Creído en el mundo,

Recibido arriba en gloria.

Tal cual había sido predicho: “Fue tomado de la cárcel y del juicio: ¿y quién contará su generación? porque fue cortado de la tierra de los vivientes; por la transgresión de mi pueblo fue herido. (Isaías 53:8, He was taken from prison and from judgment: and who shall declare his generation? for he was cut off out of the land of the living: for the transgression of my people was he stricken. versión King James). James Durbam, escribió (1682) una excelente exposición de Isaías 53 -casi imposible de obtener en la actualidad. En su exposición, Durham demostró en forma concluyente que Isaías 53:8 describe la exaltación de Cristo, después de su humillación. Demostró que el término generación se usa en el sentido de duración o continuación (tal como ocurre en Josué 22:27, “los que vendrán después” en RV60). “Así como su humillación fue profunda, también su exaltación fue inefable; no puede ser declarada, ni concebida adecuadamente siendo su continuación para siempre". Condensando las palabras de Durham, su análisis de Isaías 53:8 es como sigue:

1. Aquí se afirma algo acerca de Cristo: “fue tomado (o 1evantado') de la cárcel y del juicio.” 

2. Se señala algo que no puede ser expresado: “¿quién declarará su generación [continuación]?”

3. Para ambas cosas se ofrece una razón: “porque fue cortado de la tierra de los vivientes." La cláusula “fue tomado de la cárcel y del juicio” no sólo nos recuerda que Cristo fue arrestado, mantenido en custodia y llevado a juicio ante el Sanedrín y los magistrados civiles. Ante todo, nos recuerda que los rigores de la humillación y del sufrimiento al que fue sometido Cristo, se debieron a su comparecimiento ante el tribunal de Dios en su calidad de Esposo y Fiador legal de su pueblo (sus ovejas, Juan. 10: 14,15 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, 15  así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre;(B) y pongo mi vida por las ovejas.). Legalmente estaba obligado a pagar las deudas del pecado de su pueblo (puesto que había aceptado voluntariamente ser su esposo): “Por la rebelión de mi pueblo fue herido…” (Isaías 53:8). Los envidiosos líderes judíos (y sus seguidores), que con manos impías crucificaron y golpearon al Príncipe de la vida (Hechos. 2:23 a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;  Hechos 3:15 y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.), no tenían ni la menor idea de la gran transacción habida entre el Padre y el Hijo, a la cual ellos ahora daban cumplimiento. Ellos sólo se estaban rebelando contra el Hijo de David, el popularmente aclamado Rey de Israel (Juan. 1:49 Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.; Juan 12:13 tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!), y lo hacían de modo congruente con la preservación de sus propios intereses egoístas como hombres de poder, riqueza y prestigio entre los judíos. Sin embargo, en su alta traición contra el Señor de la gloria, a quien no conocían (I Corintios 1; 18 Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.), estaban cumpliendo lo que Dios había determinado (Hechos. 2:23 a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; Hechos 4:25-28 25  que por boca de David tu siervo dijiste:

 ¿Por qué se amotinan las gentes,

 Y los pueblos piensan cosas vanas?

26  Se reunieron los reyes de la tierra,

 Y los príncipes se juntaron en uno

 Contra el Señor, y contra su Cristo.

27  Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, 28  para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.; Génesis. 50:19,20 Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? 20  Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo). Llevaron a juicio al Substituto designado como si fuese un criminal común. Se puede tomar la palabra cárcel (Isaías 53:8) en el sentido más general de  dolores y las angustias de espíritu que el Señor Jesús padeció bajo la maldición de la ley; y juicio debe apuntar a la horrenda sentencia que fue pronuncia sobre él. Cristo se refería a su inminente juicio cuando dijo: “De un bautismo ten que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!” (Lucas 12:50). Su agonía en el huerto y su grito de angustia en la cruz pueden atribuir a los dolores y confinamiento en la cárcel. Finalmente, la tumba fue su prisión.  

 En la oración “fue tomado de la cárcel y del juicio” aparece el verbo hebreo laqah, que se traduce “fue tomado”. Esta palabra a veces significa soltar libertar, como cuando se libera a un cautivo (Isaías 49:24,25 24  ¿Será quitado el botín al valiente? ¿Será rescatado el cautivo de un tirano? 25  Pero así dice Jehová: Ciertamente el cautivo será rescatado del valiente, y el botín será arrebatado al tirano; y tu pleito yo lo defenderé, y yo salvaré a tus hijos. Jeremías. 37:1 En lugar de Conías hijo de Joacim reinó el rey Sedequías hijo de Josías, al cual Nabucodonosor rey de Babilonia constituyó por rey en la tierra de Judá.; Jeremías 39:14 enviaron entonces y tomaron a Jeremías del patio de la cárcel, y lo entregaron a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, para que lo sacase a casa; y vivió entre el pueblo.). El Fiador fue tomado o liberado tanto de la cárcel como de juicio, de modo que “sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él.”  Romanos 6:9. Cristo recibió la absolución divina, así como cuando una persona es absuelta por la corte por haber cumplido su condena. Cristo no solamente recibió absolución, sino que fue concretamente librado de la prisión, habiendo paga hasta el último centavo de lo que se le había demandado. Aunque fue llevado la cárcel y a juicio, cuando cumplió con todas las demandas de la justicia, no pudo ser detenido allí por más tiempo. El apóstol Pedro lo expresó de siguiente manera: “Dios lo resucitó, librándolo de las angustias [o “cuerdas de la muerte], porque era imposible que la muerte lo mantuviera bajo dominio” (Hechos. 2:24,). Matthew Henry declara: “Por una orden extraordinaria del cielo fue sacado de la cárcel del sepulcro; un ángel fue enviado a quitar la piedra y a ponerlo en libertad, con lo cual fue anulado revertido el juicio contra él". En este sentido, Thomas Manton insiste en siguiente: “así como las palabras anteriores declaran su humillación, sufrimiento y muerte, la cláusula “y ¿quién declarará su generación?” (Isaías 53: Versión King James) significa: ¿quién declarará la gloria de su resurrección? Manton afirma correctamente: “Mientras Cristo permaneció en el estado muerte, en realidad era un prisionero, confinado por la venganza divina, pe cuando nuestro Fiador se levantó, fue sacado de la cárcel” De manera muy ilustrativa Manton explica que la fuerza peculiar de la frase “sacó de la muerte ... a nuestro Señor Jesús” (Hebreos 13:20, Nueva Biblia Española) se explica con mayor eficacia mediante el porte digno que mostraron los apóstoles cuando, en una oportunidad, fueron arrojados ilegalmente al calabozo (Hechos 16:22ss. Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas.). Al día siguiente, los magistrados enviaron alguaciles a la prisión para ordenarle al carcelero que los dejara en libertad. Pero Pablo se rehusó a ser sacado “a escondidas” (Hechos 16:37 Pero Pablo les dijo: Después de azotarnos públicamente sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos.), y permanecieron allí hasta que los magistrados mismos fueron: “Y viniendo, les rogaron; y sacándolos, les pidieron que salieran de la ciudad.” (Hechos. 16:39). Algo similar le ocurrió a Cristo. El Señor no tuvo necesidad de escaparse de la prisión. Así como Dios lo había “entregado” a la muerte (Romanos 8:32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?), así también lo “sacó de la muerte". Manton escribe: En realidad fue la absolución de nuestras deudas lo que él se dispuso a pagar. Algo similar ocurrió cuando Simeón fue puesto en libertad. Cuando se cumplieron las condiciones y José quedó satisfecho al ver a su hermano, “sacó a Simeón a ellos” (Génesis. 43:23 El les respondió: Paz a vosotros, no temáis; vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os dio el tesoro en vuestros costales; yo recibí vuestro dinero. Y sacó a Simeón a ellos ). Fue Dios quien, en su carácter oficial de Juez de todos, puso en libertad justamente a nuestro Sustituto. Aunque Cristo, como Fiador nuestro, era oficialmente culpable, siendo condenado por ese motivo, personalmente era inocente y, por tanto, fue absuelto por su resurrección (Hebreos 4:15 porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.; Hebreos 7:26-28  26  Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; 27  que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. 28  Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre. ; Hebreos 9:14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? ; 1 Pedro 1: 18,19  18  sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19  sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,).

 Al sacar a su Hijo del sepulcro, Dios estaba diciendo que este Jesús, el verdadero Mesías, no murió por causa de sus propios pecados, sino por los pecados de otros.

Ahora observemos brevemente que fue en su carácter de Dios de paz que el Padre actuó cuando “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno,” (Hebreos 13:20).

La obediencia perfecta y la oblación expiatoria de Cristo habían cumplido con todos los requerimientos de la ley, habían quitado las iniquidades de aquellos por quienes habían sido ofrecidas, y habían aplacado a Dios reconciliándolo con ellos. Mientras se mantuviera el pecado, no podía haber paz; pero cuando el pecado fue borrado por la sangre del Cordero, Dios fue hecho propicio. Cristo hizo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz” (Colosenses 1:20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.), pero mientras permaneció en el sepulcro no hubo de ello proclamación abierta. Fue cuando Dios sacó Cristo de los muertos que se dio a conocer al universo que su sacrificio había sido aceptado. Mediante la resurrección de su Hijo, Dios el Padre declaró públicamente que la enemistad había llegado a su fin y que la paz se había establecido. Allí estaba la gran evidencia y la prueba de que Dios estaba en paz con su pueblo. Cristo había conseguido una paz honorable. “con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” (Romanos 3:26). Nótese también la relación que Cristo mantenía, cuando Dios lo libró de la muerte. Dios no lo trató como a una persona particular, sino como a la cabeza corporativa de su pueblo. Lo trató como al “gran Pastor de las ovejas". Así, su pueblo fue legalmente librado junto con él, de la prisión de la muerte (Efesios 1; 5, 6, 7 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, 6  para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, 7  en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,).

viernes, 1 de abril de 2022

LA ORACIÓN AL DIOS DE PAZ

 

Hebreos 13:2,21

2  No olvidéis la hospitalidad, porque por medio de ésta algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. 3  Acordaos de los presos, como presos juntamente con ellos, y de los maltratados, como estando también vosotros mismos en el cuerpo. 4  Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho conyugal sin mancilla, porque Dios juzgará a los fornicarios y adúlteros. 5  Vuestra manera de vivir sea sin avaricia de dinero, estad satisfechos con las cosas que tenéis, porque Él dijo: No te dejaré ni te desampararé. 6  De manera que podemos decir osadamente: El Señor es mi ayudador, no temeré. ¿Qué me puede hacer el hombre? 7  Acordaos de los que os dirigen, quienes os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta e imitad su fe. 8  Jesús el Mesías es el mismo, ayer, y hoy, y por los siglos. 9  No seáis llevados por enseñanzas diversas y extrañas, pues mejor es que el corazón sea fortalecido con la gracia, no con régimen de alimentos, del que no sacaron ningún provecho los que lo observaban. 10  Tenemos un Altar, del cual no tienen derecho a comer los que sirven al Tabernáculo; 11  porque los cuerpos de los animales, cuya sangre es llevada por el sumo sacerdote al Lugar Santísimo como ofrenda por el pecado, son quemados fuera del campamento. 12  Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo por Su propia sangre, padeció fuera de la puerta. 13  Salgamos pues a Él fuera del campamento, llevando su oprobio. 14  Porque no tenemos aquí una ciudad que permanece, sino que buscamos la que está por venir. 15  Ofrezcamos siempre, por medio de Él, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, fruto de labios que confiesan su Nombre. 16  Y de hacer el bien y de la ayuda mutua, no os olvidéis, porque de tales sacrificios se agrada Dios. 17  Dejaos persuadir por los que os dirigen y sed dóciles, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que hagan esto con gozo, y no quejándose; porque esto no sería provechoso para vosotros. 18  Orad por nosotros, pues estamos confiados en que tenemos buena conciencia, deseando en todas las cosas vivir honradamente. 19  Y aún más os ruego que hagáis esto, para que más pronto os sea devuelto. 20  Y el Dios de paz, el cual, en virtud de la sangre del pacto eterno, levantó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas, 21  os perfeccione en todo lo bueno para que hagáis su voluntad, haciendo en nosotros lo que es agradable delante de Él por medio de Jesús el Mesías, a quien sea la gloria por los siglos, amén.

 

     Esta oración es un notable compendio de toda la epístola a los Hebreos, una epístola a la que todo nacido de nuevo debería dedicar especial atención. No hay nada que nuestra época necesite más que sermones expositivos sobre las epístolas a los Romanos y a los Hebreos. La primera suple el mejor material para repeler el legalismo, el antinomianismo y el arminianismo, escuelas que tan en boga están de nuevo. La segunda refuta los errores cardinales del romanismo, exponiendo las pretensiones sacerdotales de sus ministros. Hebreos provee el antídoto divino para el ponzoñoso espíritu del ritualismo que actualmente hace tan fatales incursiones dentro de muchos sectores del protestantismo decadente. El tema central de este bendito e importante tratado es el sacerdocio de Cristo, el cual encierra la substancia de lo que fue prefigurado tanto por Melquisedec como por Aarón. Hebreos demuestra que el perfecto sacrificio de Cristo, ofrecido una vez y para siempre, ha desplazado a la institución levítica y terminado con todo el sistema judaico. Aquella oblación toda suficiente del Señor Jesús hizo expiación completa por los pecados de su pueblo, satisfaciendo todos los requerimientos legales que la ley de Dios tenía sobre ellos, haciendo innecesario cualquier esfuerzo de parte de ellos para aplacar a Dios. “Porque con un solo sacrificio ha hecho perfectos para siempre a los que está santificando” (Hebreos 10: 14). En otras palabras, en forma infalible e irrevocable. Cristo ha apartado a los creyentes para el servicio de Dios. El Señor lo logró mediante la plena realización de su obra perfecta.  

 Al levantar a Cristo de los muertos y sentarlo a la diestra de la majestad en las alturas. Dios ha dado testimonio de haber aceptado el sacrificio expiatorio de Cristo. Lo que caracterizaba al judaísmo era el pecado, la muerte y el distanciamiento de Dios. Esto resultaba evidente en el perpetuo derramamiento de sangre de animales ofrecidos en sacrificio, y en que la gente estaba excluida de la presencia divina. Pero lo que caracteriza al cristianismo es un Salvador resucitado y entronizado, el cual borró de la vista de Dios los pecados de su pueblo, consiguiendo para ellos el derecho de entrar en su presencia: “Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo, por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto a través de la cortina, es decir, a través de su cuerpo. y tenemos además un gran sumo sacerdote al frente de la familia de Dios. Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad de la fe”( Hebreos 10: 19-22a). De esta manera, se nos alienta a acercamos a Dios con plena confianza en los méritos infinitos de la sangre y de la justicia de Cristo, dependiendo únicamente de ellos. En su oración, el apóstol solicita que todo lo que les expuso en la parte doctrina de la epístola sea aplicado en forma práctica al corazón de cada uno. A lo largo de esta epístola, Pablo exhorta a los destinatarios a hacer suya toda la gracia y virtud de Dios, y ahora pide que esas cosas obren poderosamente en sus vidas.

Lo que haremos a continuación es considerar el objetivo, el fundamento, la petición y la doxología de esta bendita invocación. El uso discriminado de títulos divinos. La oración se dirige al “Dios de paz". Los apóstoles no usaban al azar los diferentes títulos con los que se dirigían a la Deidad, sino que los escogieron con discernimiento espiritual. Los apóstoles no eran tan pobres en palabras como para suplicar a Dios usando siempre el mismo título, ni eran tan descuidados como para dirigirse a él usando el primer nombre que se les viniera a la mente. Por el contrario, al acercarse a Dios escogían cuidadosamente aquel atributo de la naturaleza divina o aquella relación particular de Dios con su pueblo, que fuesen más apropiados para la bendición específica que buscaban. Las oraciones del Antiguo Testamento muestran el mismo principio de discernimiento. Cuando los santos hombres de antaño buscaban fuerza, se dirigían al Poderoso. Cuando pedían perdón, apelaban a la “multitud de sus tiernas misericordias.” Cuando clamaban por liberación de manos de sus enemigos, lo hacían basándose en la fidelidad de su pacto.

El DIOS de paz.  En primer lugar, es un título distintivamente paulino, puesto que ningún otro escritor del Nuevo Testamento usa tal expresión. Su uso aquí es una de las muchas pruebas de que Pablo fue el autor de esta epístola. La expresión aparece seis veces en sus escritos (Romanos 15:33 El Dios de paz sea con todos vosotros. Amén. ; 16:20 Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás debajo de vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesús sea con vosotros.; 2 Corintios 13:11Por lo demás, hermanos, regocijaos, procurad vuestra perfección, consolaos, tened un mismo sentir, vivid en paz, y el Dios de amor y de paz estará con vosotros.  ; Filipenses 4:9 Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced, y el Dios de paz estará con vosotros.  ; 1 Tesalonicenses 5:23 Y el mismo Dios de paz os santifique completamente, y todo vuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible en la venida de nuestro Señor Jesucristo.) y aquí en Hebreos 13:20 Y el Dios de paz, el cual, en virtud de la sangre del pacto eterno, levantó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas,  La frase “El Señor de paz” aparece sólo en 2 Tesalonicenses 3:16 Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros.  Por lo tanto, es evidente que Pablo se deleitaba de manera especial al contemplar a Dios en este carácter particular. Y con razón, porque es un título extremadamente bendito e inclusivo, por ese motivo también me he esforzado, conforme a la inteligencia que me ha sido concedida, por debelar su significado. Un poco más adelante voy a sugerir por qué fue Pablo, y no otro de los apóstoles quien acuñara esta expresión.

En segundo lugar, es un título forense que ve a Dios en su carácter oficial de Juez y que nos dice que ahora está reconciliado con los creyentes. Significa que la enemistad y el conflicto que existían anteriormente entre Dios y los pecadores elegidos han llegado a su fin. Esa hostilidad había sido producida por la apostasía del hombre respecto de su Creador y Señor. La entrada del pecado en el mundo destruyó la armonía que había entre cielo y tierra, anuló la comunión entre Dios y el hombre, y sembró discordia y conflicto. El pecado despertó el justo desagrado de Dios y motivó su acción judicial. Esto produjo una alienación mutua; porque un Dios santo no puede estar en paz con el pecado sino que está “Dios es juez justo,  Y Dios está airado contra el impío todos los días.”(Salmo 7:11). Pero la sabiduría divina preparó un camino mediante el cual los rebeldes pudieran ser restaurados al favor de Dios sin la menor disminución de su honor. Mediante la obediencia y el sufrimiento de Cristo la ley quedó totalmente reivindicada, siendo restablecida la paz entre Dios y los pecadores. La gratuita operación del Espíritu de Dios vence la enemistad anidada en el corazón de su pueblo, y los suyos son traídos a una sujeción leal hacia su Dios. De este modo se ha eliminado la discordia y se ha creado la amistad.

En tercer lugar, se trata de un título restrictivo. Dios es “Dios de paz” únicamente para aquellos que están unidos a Cristo en una relación salvadora, “pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.puesto que ninguna condenación hay para aquellos que están en él (Romanos 8: 1). Pero el caso es totalmente distinto con aquellos que rehúsan inclinarse ante el cetro del Señor Jesús y buscar protección bajo su sangre expiatoria. “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan. 3:36). Notemos que no se trata de que el pecador vaya a caer bajo la ira de Dios que la ley divina menciona, sino que ya está bajo ella: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Romanos 1: 18). Además, en virtud de su relación corporativa con Adán, todos sus descendientes son “Efesios 5:6  Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.”, y llegan a este mundo como objeto del desagrado judicial de Dios. Lejos de ser -Dios de paz- para aquellos que no están en Cristo, “Jehová es varón de guerra; Jehová es su nombre.”(Éxodo 15:3) y “Cortará él el espíritu de los príncipes; Temible es a los reyes de la tierra.” (Salmos 76:12).

  En cuarto lugar, esto quiere decir que el título “Dios de paz” es un título evangélico. Las buenas nuevas que sus siervos recibieron para predicarlas a todo el mundo son anunciadas como “¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!”(Romanos 10: 15) Es muy apropiado darles ese nombre, porque así se exhibe la gloriosa persona del Príncipe de Paz. La expresión “evangelio de la paz- también pone de relieve la obra todo suficiente de Cristo, mediante la cual hizo “y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”(Colosenses 1:20). La tarea del evangelista consiste en explicar cómo es que Cristo lo logró. El Señor obtuvo la paz entrando en el espantoso abismo que el pecado había abierto entre Dios y los hombres, cargando con las iniquidades de todos aquellos que habían de creer en él, y sufriendo la pena total que merecían esas iniquidades. Cuando el que estaba libre de todo pecado fue declarado pecador por el bien de su pueblo, quedó bajo la maldición de la ley y bajo la ira de Dios. En total armonía con su eterno propósito de gracia (Apocalipsis 13:8 Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo), Dios Padre declara: “Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas; y haré volver mi mano contra los pequeñitos.”(Zacarías 13:7). Satisfecha la justicia, Dios ha sido aplacado, y todos los que son justificados por la fe tienen paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”(Romanos 5: 1).

En quinto lugar, la expresión “Dios de paz” es, por tanto, un título de pacto, pues toda la transacción entre Dios y Cristo fue hecha conforme a una estipulación eterna. “El edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos.”(Zacarías 6:13). En la eternidad se había acordado que el buen Pastor haría satisfacción completa por los pecados de su rebaño, reconciliando a Dios con ellos, y a ellos con Dios. Ese pacto entre Dios y sus elegidos es denominado expresamente “pacto de paz", y su carácter inviolable aparece en esta bendita declaración: “Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti.”(Isaías 54: 10). El derramamiento de la sangre de Cristo fue el sello o ratificación de ese pacto, tal como se deduce de Hebreos 13:20. En consecuencia, el rostro del Juez Supremo se vuelve benigna sonrisa al contemplar a su pueblo en el Ungido.

En sexto lugar, el título “Dios de paz” también es un título dispensacional, y como tal tenía un significado especial para quien lo usaba con frecuencia. Aunque judío de nacimiento y hebreo de hebreos por educación, Pablo fue llamado por Dios a “A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo,”(Efesios 3:8). Quizás este hecho indique por qué este apelativo “Dios de paz” sea característico de Pablo; porque en tanto que los otros apóstoles ministraron y escribieron principalmente a la circuncisión, Pablo fue primordialmente apóstol a la incircuncisión. Por eso él, más que ningún otro, rendía adoración a Dios por el hecho de que esa paz fuese predicada a los que estaban lejos y a los que estaban cerca (Efesios 2:13-17 13  Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. 14  Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, 15  aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, 16  y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. 17  Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca). Pablo recibió una revelación especial con respecto a Cristo: “14  Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, 15  aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, 16  y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades”(Efesios 2:14-16). Entonces, en virtud de haber recibido esta revelación especial, el apóstol a los gentiles era particularmente idóneo para invocar a Dios con este título, al elevar sus súplicas por los hebreos y por los gentiles.

Finalmente, este es un título relacional. Con esto quiero decir que está estrechamente relacionado a la experiencia cristiana. Los santos no son solamente los sujetos de esa paz judicial que Cristo hizo con Dios en favor de ellos, sino que también participan de hecho en la gracia divina. La medida de la paz divina (que gozan es proporcional a la medida en que son obedientes a Dios, porque la piedad y la paz son inseparables. La íntima conexión que existe entre la paz de Dios y la santificación de los creyentes se demuestra en 1 Tesalonicenses 5:23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo., y aquí en Hebreos 13:20,21 20  Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, 21  os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. En cada uno de estos pasajes se pide que la santidad práctica abunde, y en cada uno se Invoca al “Dios de paz.” Cuando la santidad reinaba sobre todo el universo, también prevalecía la paz. No hubo guerra en el cielo hasta que uno de los ángeles principales se convirtió en diablo y fomentó una rebelión contra el trino Dios. Así como el pecado acarrea contienda y miseria, así la santidad engendra paz de conciencia. La santidad complace a Dios, y cuando él está complacido todo es paz. Cuánto más sea ponderada esta oración, en detalle y en forma global, más se notará cuán apropiado es este título para Dios.

Nuestro fundamento: La resurrección de Cristo “Y el Dios de paz que trajo de vuelta de los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno”(Hebreos 13:20). Considero que la referencia que el apóstol hace a la liberación de Cristo de la tumba es el fundamento sobre el cual el apóstol basa la petición que sigue. Creo que este es uno de los versículos más importantes del Nuevo Testamento, así que voy a poner toda mi atención en cada una de sus palabras tanto más si se considera que en la actualidad la gente casi no entiende parte de su maravilloso contenido.

Primero observaremos el carácter con que el Señor es presentado aquí; en segundo lugar, examinaremos la obra de Dios, al levantarlo de los muertos; en tercer lugar, la conexión entre esa obra y su oficio como “Dios de paz”; cuarto, cómo es que la causa meritoria de ello fue la sangre del pacto eterno"; y quinto, la poderosa motivación que los méritos de la obra de Cristo producen, para alentar a los santos a acercarse confiadamente al trono de la gracia donde podrán obtener misericordia y hallar gracia para el tiempo de necesidad. Que el Espíritu Santo se digne ser nuestro Guía al ponderar en oración esta parte de la Verdad.

Fue muy pertinente y apropiado que una epístola que se dirige mayormente a judíos creyentes usase este título para referirse a Cristo “El gran Pastor de las ovejas”, puesto que el Antiguo Testamento les había enseñado a buscar al Mesías en esa función específica. Moisés y David, prominentes tipos de Cristo, fueron pastores. En cuanto al primero se dijo: “Condujiste a tu pueblo como ovejas por mano de Moisés y Aarón”(Salmo 77:20). Usando el nombre del segundo, Dios prometió a Israel que enviaría al Mesías: “Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David[esto es, su antitipo: Cristo],, él las apacentará, y él les será por pastor él las apacentará, y él les será por pastor”(Ezequiel 34:23). Es obvio que Pablo se refería aquí a esta profecía particular, pues más abajo Ezequiel añade: “Y estableceré con ellos pacto de paz, y quitaré de la tierra las fieras; y habitarán en el desierto con seguridad, y dormirán en los bosques.”(Ezequiel 34; 25). Las mismas tres expresiones son usadas en Hebreos 13:20, a saber: el Dios de paz, el gran Pastor y el pacto eterno. En tono con el tema de la epístola, las tres expresiones se usan para refutar el concepto erróneo que los judíos se habían formado de su Mesías. Pensaban que les aseguraría una libertad externa como la que consiguió Moisés. Pensaban que les traería un próspero estado nacional, como el establecido por David. No se imaginaban que el Cristo derramaría su preciosa sangre y que sería llevado a la tumba, aunque tenían que haberlo sabido y entendido a la luz de la revelación profética. Cuando Cristo apareció en su medio, se presentó a los judíos con ese carácter. No sólo declaró: “Yo soy el buen pastor", sino que agregó: “El buen pastor da su vida por las ovejas”(Juan. 10: 11). El precursor de Cristo, Juan el Bautista, anunció de esta manera la manifestación pública de Cristo: “Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”(Juan. 1:29). Isaías 53 había anunciado al Señor Jesucristo en términos de este doble carácter (con Ezequiel 34 como telón de fondo): “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él [es decir, en el pastor de las ovejas] el pecado de todos nosotros”(Isaías 53:6, los corchetes son míos;   Zacarias 13:7 Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas; y haré volver mi mano contra los pequeñitos. ). Ahora notemos la maravillosa concordancia que se da entre el siguiente versículo de la profecía de Isaías 53; 7  y la oración que estamos estudiando: “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca”. Notemos cómo el mismo Espíritu que inspiró a Isaías, también impulsó a Pablo a decir en Hebreos 13:20 que Dios “trajo de vuelta de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, al gran Pastor de las ovejas”. Porque el texto original no dice “resucitó, sino “sacó de entre los muertos- (Versión Nácar-Colunga). “sacó de la muerte”(Nueva Biblia Española), o: “volvió a traer de entre los muertos”(Versión Moderna). El hecho de que Dios haya traído de la muerte a este gran Pastor, significa que previamente el Padre lo había llevado a la muerte como Substituto, como cordero propiciatorio, por los pecados de sus ovejas. ¡Cuán minuciosamente adecuado es el lenguaje de la Santa Escritura y cuán perfecta es la armonía verbal entre ambos Testamentos! El Espíritu guió a Pedro a que en su primera epístola utilizara la misma maravillosa profecía referida al Señor Jesús. Primero se refiere al Señor diciendo que fuimos rescatados por un “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19  sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”(1Pedro1: 18,19), después pasa a citar algunas de las expresiones proféticas de Isaías 53, como la que habla de nosotros: quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.25  Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.”(I Pedro 2:24,25). Pedro fue guiado a hacer una exposición de Isaías, retratando al Salvador como Cordero en la muerte y como Pastor en la resurrección. Era inexcusable que los judíos no supieran del Cristo en este particular oficio. Esta ignorancia es evidencia, si se tiene en cuenta que fue uno de sus profetas el que anunció que Dios diría: “Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas; y haré volver mi mano contra los pequeñitos (Zacarias 13:7). Allí se presenta a Dios en su carácter judicial, como enojado con el pastor por amor a nosotros. Puesto que él cargó con la responsabilidad de nuestros pecados, la justicia tenía que ser satisfecha a costa suya. Ese fue “el castigo de nuestra paz” impuesto sobre él, y el buen pastor dio su vida por las ovejas para satisfacer los justos requerimientos de Dios.

Lo expuesto nos hará percibir mejor por qué el apóstol Pablo designó a Cristo como “el gran Pastor". No sólo fue anunciado por Abel, por los pastores patriarcales; no sólo fue tipificado por David, sino que las predicciones mesiánicas lo retrataron como el pastor de Jehová. Debemos notar que este título muestra sus dos naturalezas, la divina y la humana, pues dice: “Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas; y haré volver mi mano contra los pequeñitos”(Zacarias 13:7).

 Como Thomas Goodwin (1600-1680 d.C.) señaló hace algunos siglos, este título también implica todos los oficios de Cristo: su oficio profético, “Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas.Isaías 40: 11;   Jehová es mi pastor; nada me faltará. 2  En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Salmo 23:1,2; su oficio sacerdotal, “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.”(Juan. 10: 11); su oficio real, el mismo texto que lo anuncia como pastor sobre el pueblo de Dios también lo denomina “Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor. 24  Yo Jehová les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo Jehová he hablado”(Ezequiel 34:23,24). Cristo mismo señala la conexión entre su oficio real y la descripción que de él se hace como pastor: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria,32  y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.”(Mateo. 25:31,32). Ciertamente, él es el “gran Pastor,” todo suficiente para su rebaño. "Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno,”(Hebreos. 13:20). Notemos la relación entre Redentor y redimidos. Pastor y ovejas son términos correlativos: a nadie se le puede llamar pastor si no tiene ovejas. La idea de Cristo como pastor necesariamente implica la existencia de un rebaño escogido. Cristo es el pastor de las ovejas, no de los lobos (Lucas 10:3 Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.), ni siquiera de las cabras (Mateo 25:32,33 y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 33  Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.), puesto que Dios no le encomendó la salvación de ellos.

En innumerables textos a lo largo de las Escrituras se nos confronta con la verdad fundamental de la redención particular! “Cristo no entregó su vida por todo el ganado de la humanidad, sino sólo por el rebaño de los elegidos que el Padre le dio, tal como lo declaró en Juan 10: 14-16.26  14  Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, 15  así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. 16  También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. 26  pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. ”. Obsérvese también cómo este título nos sugiere su oficio de Mediador. Como Pastor no es el Señor final del rebaño, sino el Siervo del Padre que se hace cargo y cuida de él: “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Juan. 17:6. Además la siguiente frase nos mostrará qué relación tiene para con nosotros: “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eternoHebreos 13:20). Por eso, es nuestro pastor, es nuestro en su oficio pastoral, oficio que todavía desempeña; nuestro, como aquel que fue traído desde los muertos, porque nosotros resucitamos en él (Colosenses  3:1 Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios).  

 La frase “el gran pastor de las ovejas” acentúa la superioridad inconmensurable de Cristo sobre todos los otros pastores que eran sólo un tipo del que habría de venir, sobre los pastores ministeriales de Israel, así como las palabras “un gran sumo sacerdote” (Hebreos. 4:14 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.) destacan la eminencia de Cristo sobre Aarón y los sacerdotes levíticos. De la misma manera, denota su autoridad sobre los pastores que él establece sobre sus iglesias, porque él es el “Pastor supremo”( Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. 1 Pedro. 5:4) con relación a todos los pastores subordinados. Él es el Pastor de almas, y una de ellas vale mucho más que todo el mundo puesto que es el valor que les asigna al redimirlas con su propia sangre. El adjetivo gran también señala la excelencia de su rebaño: es el gran pastor de todo un rebaño indivisible, compuesto de judíos y gentiles. Por eso, declaró: “también tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”  Juan. 10: 16. Este “solo rebaño,” este solo redil, incluye a todos los santos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. La frase “el gran pastor también se refiere a sus capacidades, pues Cristo tiene un conocimiento particular de toda y cada una de sus ovejas (A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Juan. 10:3) tiene la capacidad de juntarlas, alimentarlas y curarlas (Ezequiel 34:11-16 11  Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré. 12  Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad. 13  Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas, y en todos los lugares habitados del país. 14  En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel. 15  Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor. 16  Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia.); y tiene el poder de preservarlas eficazmente: “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.Juan. 10:28. Ellos nunca perecerán - ¿Por qué? Porque oyen mi voz, y me siguen; por eso los conozco, los apruebo y los amo, y les doy vida eterna. Aquellos que continúen escuchando la voz de Cristo y siguiéndolo, nunca perecerán. Ellos se entregan a Dios - crean en Jesús que él vive en sus corazones: Dios les ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo; y el que tiene al Hijo, tiene la vida, (1Juan_5:11-12  Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo  12  El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida). Ahora bien, es evidente que sólo aquellos que tienen a Cristo viviendo en sus almas y gobernando sus almas, de modo que poseen la mente que había en él, son sus ovejas, son aquellos que no perecerán jamás, porque tienen esta vida eterna morando en ellos: por lo tanto, hablar de que un hombre es uno de los elegidos, uno que nunca perecerá, uno que tendrá vida eterna, que nunca será arrebatado de la mano de Dios, etc., mientras vive en pecado, no tiene a Cristo en su corazón, nunca ha recibido la gracia de Dios o se ha apartado de ella, es tan contrario al sentido común como a la naturaleza y los testimonios del Altísimo. La perseverancia final implica la fidelidad final - el que persevere hasta el fin será salvo - el que sea fiel hasta la muerte tendrá la corona de la vida. ¿Y tratará alguien de decir que el que no persevere hasta el fin, y sea infiel, entrará jamás en la vida?

Entonces, conociendo todas estas promesas, ¡Cuánto debemos confiar en Él, amarle, adorarle y obedecerle!