lunes, 6 de mayo de 2024

DOCTRINAS FUNDAMENTALES (2)


1: Depravación Total


 Como hay muchas ideas equivocadas respecto a la depravación total, es necesario ante todo establecer lo que no es la doctrina; y luego, en segundo lugar, explicar lo que es.


 I. LO QUE NO ES


A. No es depravación absoluta


 A veces la palabra depravación unida a la palabra total da la impresión de que el hombre es todo lo malo imaginable, todo lo malo que puede ser, algo así como el diablo. Pero depravación total no es lo mismo que depravación absoluta. Depravación absoluta significa que una persona expresa su depravación siempre a la enésima potencia. No sólo sus pensamientos, palabras y acciones son pecaminosos, sino que lo son en grado sumo. Ser totalmente depravado, sin embargo, no significa que una persona es lo peor posible en forma intensiva, sino lo más mala posible en forma intensiva. No es que no pueda cometer un crimen peor que el que ha cometido; antes bien, es que nada de lo que hace es bueno. El permea todas las facultades de su alma y todas las esferas de su vida. Es incapaz de hacer una cosa que sea buena. Ilustrémoslo. Cuando el niño miente, a menudo dice mentiras pequeñas. Estas mentiras podrían ser mucho peores. Sin embargo en sí mismas ya son malas. Ese mentir es malo. En consecuencia, el niño es malo. Pero no tan malo como podría serlo. O, cuando los niños se pelean, a menudo lo hacen mofándose el uno al otro o dándose golpes a empujones; pero podrían hacerlo sacándose los ojos con tijeras o poniendo alfileres debajo de las uñas. Unos adultos llaman a otros “estúpido” y “miserable”; pero en vez de insultarse podrían quitarse la vida. Hitler fue un criminal vicioso; sin embargo incluso el perdonó a algunos pueblos franceses ante los ruegos de un sacerdote. Kitty Genovese fue dejada a morir en Nueva Cork a la vista de veintiocho personas. Esta apatía, este no querer mezclarse en un asunto así, es abominable; y sin embargo los veintiocho hubieran podido ayudar a matarla. Y no lo hicieron. No eran todo lo malos que podían ser. Durante el reinado del rey Saúl hubo un periodo transitorio: “El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.” (1Samuel 16.14). En otras palabras, en la primera parte de su reinado no actuó en forma tan mala como lo hizo en la segunda parte. Incluso los que están cometiendo el pecado imperdonable (Hebreos 6:4-8 Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5  y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, 6  y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. 7  Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; 8  pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada.) [Aquí se alude a la caída que significa renunciar abierta y claramente a Cristo por enemistad de corazón contra Él, Su causa y pueblo, de parte de los hombres que en sus mentes aprueban los actos de Sus asesinos, y todo esto después que ellos han recibido el conocimiento de la verdad y saboreado algunos de sus consuelos. De ellos se dice que es imposible renovarlos otra vez para el arrepentimiento. No porque la sangre de Cristo sea insuficiente para obtener el perdón de este pecado sino que este pecado, por su misma naturaleza, se opone al arrepentimiento y a toda cosa que a ese conduzca.] no actuaron en otro tiempo todo lo mal que hubieran podido, sino que “una vez fueron iluminados y buscaron el don celestial y fueron hechos participantes del Espíritu Santo”. Siempre ha habido hipócritas en la iglesia: los que tienen apariencia de santidad, pero niegan el poder de Dios (2 Timoteo 3.5  que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.), e incluso predican y realizan milagros, como en el caso de Judas. Estos hipócritas incluso hubieran podido prescindir de las apariencias de caridad y perseguir directamente a la gente pero no lo hicieron. Los pecados del hombre no solo son tan malos como podrían ser, sino que tampoco son tan amplios como podrían ser. Un hombre determinado no comete todos los pecados posibles. Todos nosotros violamos de pensamiento los mandamientos de Dios, pero no todos los violamos de hecho. Todos sentimos odio, por ejemplo, pero no todos cometemos homicidios. Casi todos tenemos deseos lujuriosos, pero no todos hemos cometido adulterio de hecho. La explicación de esta moderación en el pecado está en que Dios, por medio de su gracia común (es decir la gracia que se da a los no creyentes), refrena a las personas para que no hagan el mal que podrían hacer. Por ejemplo, en Génesis 20 leemos que el rey Abimelec no pecó tanto como podría haberlo hecho, porque Dios le impidió que cometiera adulterio con Sara, esposa de Abraham. Y Pablo escribe a los Tesalonicenses que “Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio.” (2Tesalonicenses 2.7), pero a este espíritu malo le hace frete alguien “quien al presente lo detiene”

 

B. No es una ausencia completa de bien relativo

No sólo es cierto que el no regenerado no comete los peores pecados posibles, no todas las clases de pecado, sino que también es cierto que es capaz de hacer algún bien si se entiende adecuadamente la palabra bien. El Catecismo de Heidelberg ofrece una definición muy clara de bien. En respuesta a la pregunta 90. Pregunta: ¿Qué son las buenas obras?  Respuesta: Únicamente aquellas que se realizan con fe verdadera, conforme a la Ley de Dios, y se aplican solamente a su gloria; y no aquellas que están fundadas en nuestras buenas intenciones o sobre instituciones humanas.

Así pues según el Catecismo, hay tres elementos indispensables para que las obras sean verdaderamente buenas: fe verdadera, conformidad con la Ley de Dios y motivación adecuada. Por otra parte una obra relativamente buena en lo exterior quizá puede parecer bIen y sin embargo puede no haber nacido de verdadera fe ni ser para la gloria de Dios, Los no cristianos, aun siendo totalmente depravados pueden realizar obras relativamente buenas. Supongamos, por ejemplo, que un no creyente roba  5.000 € de un banco y luego escribe un cheque por 1.000 € para la Cruz Roja, a fin de que lo alaben. Este donativo en lo exterior está conforme a la ley de Dios; pero como NO nace de la fe y como carece del motivo de glorificar a Dios, es pecaminoso. Es una acción sólo relativamente buena.

 Albert Schweitzer es ejemplo de alguien que negó el Cristianismo Bíblico y sin embargo avergonzó a muchos cristianos ortodoxos con su amor y amabilidad. Sacrificó tres carreras brillantes y renunció a la cultura de Europa para ir a trabajar y a sufrir con los negros de África. Como filosofo experto en el nuevo testamento y organista de fama mundial, se sentía como Dives, vestido de púrpura y lino fino, lleno de lujos, en tanto que había tanto lazaros en África cuyas heridas lamían los perros. Se dedicó en una forma sacrificada al cuidado de los enfermos en el corazón de África, viviendo una vida ejemplar de bien relativo. Sus acciones externas se conformaban a la ley del amor; pero no creía en el Dios trino y no lo guiaba el motivo justo de la gloria de Dios; sus acciones se podrían llamar verdaderamente buenas sólo en un sentido relativo.

Tomemos otros ejemplos de bien relativo. Consideremos al soldado no cristiano que en el combate es modelo de valor y amor al lanzarse sobre una granada para salvar a sus compañeros. O al no cristiano que arriesga la vida al arrojarse frente a un camión para rescatar la vida de un niño. O al pagano blasfemo que ayuda al mendigo. O al judío que dona su amplia propiedad para que se utilice como parque público. O al unitario que da 100.000€ para construir unos laboratorios en la universidad. O al anciano que vive al otro lado de la calle y no quiere saber nada de la iglesia. Es respetable, cuida muy bien de su casa, arregla el jardín, ama a su esposa, da caramelos a los niños del vecindario, y no jura. En todos estos ejemplos están ausentes dos ingredientes necesarios de las buenas obras: fe en Jesucristo y el motivo de hacerlo todo para la gloria del Dios trino. Por esta razón se las puede llamar obras relativamente buenas.

El título del Artículo XIV de la Confesión Belga (Creemos, que Dios ha creado al hombre del polvo de la tierra, y lo ha hecho y formado según Su imagen y semejanza, bueno, justo y santo; pudiendo con su voluntad convenir en todo con la voluntad de Dios. Pero cuando anduvo en honor, no lo entendió él así (Salmos 49:20), ni reconoció su excelencia, sino que por propia voluntad se sometió a sí mismo al pecado, y por ende a la muerte y a la maldición, prestando oídos a las palabras del diablo. Pues transgredió el mandamiento de vida que había recibido, y por el pecado se separó de Dios que era su vida verdadera; habiendo pervertido toda su naturaleza; por lo cual se hizo culpable de la muerte física y espiritual. Y habiéndose hecho impío, perverso y corrompido en todos sus caminos, ha perdido todos los excelentes dones que había recibido de Dios, no quedándole de ellos más que pequeños restos, los cuales son suficientes para privar al hombre de toda excusa; ya que toda la luz que hay en nosotros, se ha trocado en tinieblas, como nos enseña la Escritura, diciendo: " La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella" (San Juan 1:5); aquí San Juan llama tinieblas a los hombres. Por lo cual rechazamos todo lo que contra esto se enseña sobre el libre albedrío del hombre, toda vez que el hombre no es más que un esclavo del pecado, y no puede aceptar ninguna cosa, si no le es dado del cielo (San Juan 3:27). Porque, ¿quién hay que se gloríe de poder hacer algo bueno como de sí mismo, dado que Cristo dice "Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere" (San Juan 6:44)? ¿Quién sacará a relucir su voluntad, puesto que ésta comprende que "la mente carnal es enemistad contra Dios" (Romanos 8:7)? ¿Quién hablará de su ciencia, siendo así que "el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios" (1 Corintios 2:14)? Para abreviar, ¿quién sugerirá idea alguna, si comprende que "no somos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios" (2 Corintios 3:5)? Y por eso, lo que dice el apóstol, con razón debe tenerse por cierto y seguro, esto es, que "Dios es el que en nosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Filipenses 2:13). Porque no hay entendimiento ni voluntad conformes al entendimiento y la voluntad de Dios, si Cristo no los ha obrado en el hombre; lo cual nos lo enseña Él diciendo: "Porque separados de mí nada podéis hacer" (San Juan 15:5).) menciona lo “verdaderamente bueno” cuando habla de la “incapacidad” del hombre caído “para hacer lo que es verdaderamente bueno”.

 Los Cánones de Dort (III-IV,3). hablan de “Artículo 3: Incapacidad total

Por tanto, todos los seres humanos son concebidos en pecado y nacen como hijos de ira, inclinados a la maldad, muertos en sus pecados y esclavos del pecado. Sin la gracia regeneradora del Espíritu Santo, no están dispuestos ni son capaces de volver a Dios, ni de reformar su naturaleza distorsionada, y ni siquiera de disponerse a tal reforma.” Artículo 4: La insuficiencia de la luz natural

Es innegable que hay cierta luz de la naturaleza que todavía permanece en toda la humanidad después de la caída, en virtud de la cual ésta retiene algunas nociones en cuanto a Dios, las cosas naturales y la diferencia. entre lo que es moral e inmoral, y demuestra cierto anhelo de virtud y de buena conducta exterior. Pero esta luz natural está lejos de habilitar a los humanos a llegar al conocimiento salvador de Dios y la conversión a Dios –al grado de que no la usan correctamente, incluso en materias de la naturaleza y de la sociedad. Más bien, de varias maneras distorsionan completamente esta luz, cual sea su carácter preciso, y la suprimen en injusticia. Al actuar así, toda la humanidad queda sin excusa delante de Dios. Estos términos pueden ser engañosos porque incluso las acciones del regenerado no son “verdaderamente buenas”, ya que ni su fe ni el motivo que lo guía son completamente perfectos. Ninguna persona en la tierra ama a Dios con todo el corazón, la mente y el alma. Y sin embargo, las acciones del Cristiano regenerado son de una índole completamente diferente de las del incrédulo. La fe y la motivación adecuada están presentes, aunque en una forma imperfecta. Tampoco es correcto hablar del “bien que salva”, puesto que el Cristiano no se salva por las buenas obras, sino por Cristo.  

 De Joas la Biblia dice que “hizo lo recto ante los ojos de Jehová” (2 Reyes 12.2), y el escritor repite las mismas palabras en el caso del rey Amazías. Así pues, estos reyes hicieron cosas agradables delante de Dios, si bien, en último término, se perdieron.

En el Nuevo Testamento Cristo afirma el hecho de que los réprobos hacen el bien cuando mandan a los discípulos que amen no sólo a sus amigos sino también a sus enemigos. Dijo así: “Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo.” (Lucas. 6.33). En otras palabras, Cristo dice que los no elegidos hacen el bien. También aquí no se puede interpretar esto en el sentido de que hacen lo que es verdaderamente bueno, sino un bien relativo. Y Pablo escribe a los Romanos (2.14) que “Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos,”. No conocen a Jesucristo, no poseen la ley del Antiguo Testamente, sin embargo hacen cosas que en lo externo están de acuerdo con la ley de Dios cosas que son agradables a Dios en un sentido relativo,

Vemos, pues, que la depravación total no significa que los hombres sea el epítome del diablo. Porque, de hecho, el hombre no comete todos los pecados posibles; y los pecados que comete no siempre son todo lo malo posible. Además, vemos que él puede incluso realizar una cierta cantidad de bien relativo. ¡Cuán agradecidos podemos estar a Dios por el ejercicio de su gracia común, con la cual no sólo refrena del mal al no regenerado, sino que también lo capacita para hacer este bien relativo!


II. LO QUE ES DEPRAVACIÓN TOTAL


A. Positivamente: sólo pecar y siempre pecar


 Aunque afirmamos que el hombre natural, el que no ha sido regenerado por el Espíritu Santo, puede hacer el bien relativo, es necesario volver a insistir en que incluso este bien no es fundamentalmente “verdadero bien” a los ojos de Dios. La razón de esto es, como dice la Confesión Belga, que están ausentes la motivación del amor y la fe. De hecho, ese bien relativo no es otra cosa, en el sentido más profundo, que pecado y maldad. La depravación total significa que el hombre natural nunca puede hacer ningún bien que sea fundamentalmente agradable a Dios, y, de hecho, hace siempre el mal. Este es el testimonio diáfano de la Escritura. En Génesis 6.5 se nos dice “que la maldad de los hombre era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. Fijémonos cuidadosamente en la descripción de la   maldad. Era mucha. Llegaba hasta lo más recóndito del hombre. No sólo a su corazón, no sólo a los pensamientos de su corazón, sino también al designio de los pensamientos del corazón. Estas actitudes íntimas, según la Biblia, eran sólo el mal y lo eran de continuo siempre. Génesis 8.21(Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho.) añade que esto era así, no solo cuando el hombre ya era maduro, sino desde la juventud. Jeremías dice que “engañoso es el corazón más que todas las cosa, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (17.9). El testimonio de la mayoría de los Cristianos concuerda con el de Jeremías. Incluso después de que una persona HA SIDO REGENERADA, y por consiguiente conoce mejor las cosas, resulta aterrador comprobar cuán hipócrita, engañador, y malo es su corazón. El salmista dice que esta depravación se aplica incluso en el caso del recién nacido: “He aquí, en maldad he sido formado y en maldad me concibió mi madre” (Salmo 51.5). Esto no significa que el acto sexual sea malo, sino que desde la concepción, el nacimiento el hombre está contaminado con el pecado debido a la caída de Adán. En forma inequívoca Pablo, citando los Salmos 14 y 53, dice “No hay justo, ni aun uno, no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno… No hay temor de Dios delante de sus ojos (Romanos 3.10-18). Esta depravación es, pues, extensiva más bien que intensiva. El hombre no peca en todas las formas posibles, ni en la forma peor posible, puede incluso hacer algún bien relativo, pero peca en todo lo que hace. No hace ni una sola cosa que sea completamente agradable a Dios.


 B. Negativamente: incapacidad total


 Otra forma de describir la depravación total es llamarla incapacidad total, de hecho, muchos prefieren ese término al de depravación total, ya que éste conduce a pensar que el hombre es todo lo malo que puede ser: El término incapacidad total, sin embargo, tiene el defecto de ser demasiado negativo. Sugiere que la condición pecadora del hombre es una carencia más bien que una característica positiva. Pero el término es muy útil para hacer entender el hecho de la incapacidad del hombre para hacer, entender, e incluso desear el bien. Examinemos esta triple incapacidad del hombre.

1. El hombre no puede hacer el bien. La confesión Belga es muy bíblica cuando afirma la “incapacidad” del hombre natural “para hacer lo que es verdaderamente bueno”. Los Cánones de Dort son también bíblicos cuando confiesan que “todos los hombres son… incapaces del bien que salva” Al hablar de la total incapacidad moral del no regenerado para hacer el bien, Jesús en cierta ocasión pregunto: “¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?” Su respuesta fue: “todo árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos” Mateo 7.17-18). En otras palabras, el no regenerado no puede hacer lo que es verdaderamente bueno. Pablo en cierta ocasión dijo, escribiendo en una forma semejante: “Nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor sino por el Espíritu Santo” (1Corintios 12.3). En otra ocasión Jesús dio el secreto de la vida cristiana: la unión con Cristo (Juan. 15). Utilizó la metáfora de la vid y los pámpanos. Al hablar de la incapacidad para hacer buenas obras, dijo: “como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, sino permanecéis en mí… Separados de mí nada podéis hacer” (Juan. 15.4-5). Esto es incapacidad total. Con afirmaciones igualmente amplios, Pablo niega la incapacidad del no cristiano para hacer el bien cuando escribe: “La mente carnal (es decir, no regenerada) es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de dios, ni tampoco puede; y los que viven según la carne (es decir los no regenerados) no pueden agradar a Dios” (Romanos 8.7-8). Lea de nuevo esta descripción triple de la depravación total o incapacidad total: el no cristiano es enemigo de Dios, y le resulta imposible hacer el bien y agradar a Dios.

2. El hombre no puede entender el bien. El hombre no sólo es incapaz de hacer el bien por si mismo; ni siquiera puede entender el bien. Esta ciego como Cíclope, con su único ojo quemado. Lidia por ejemplo, oyó a Pablo predicar a Cristo a orillas del río en Filipos. Sólo después de que el Señor abrió su corazón pudo comprender lo que Pablo decía (Hechos. 16.14 Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.). Hasta ese momento su comprensión estaba entenebrecida, para emplear la descripción que Pablo hace de los gentiles en Efeso (Efesios 4.18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón). O, para emplear otra ilustración paulina, el velo que tenía sobre el corazón le impedía ver la verdad (2 Corintios 3.12-18). Pero cuando Dios actuó en su corazón espiritual, pudo responder a la predicación de Pablo. Durante el ministerio de Jesús, los judíos lo rechazaron. “a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron (Juan. 1.11). El problema no estuvo en la presentación de la verdad. La verdad estaba allí. Jesús era el Hijo de Dios encarnado. La Luz brillo en la oscuridad, pero la oscuridad no pudo comprenderla. El Hijo realizó milagros y predicó a los judíos, pero éstos blasfemaron de Él. En cierta ocasión Jesús preguntó: “¿Por qué no entendéis mi lenguaje?” Él mismo dio la respuesta: “porque no podéis escuchar mi palabra” (Juan. 8.43). Sin duda que los judíos oían a Jesús con sus oídos físicos. Pero Jesús hablaba acerca de sus oídos espirituales. Como dijo en otra ocasión, “De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis y no percibiréis” (Mateo 13.14). Esto explica por qué algunos teólogos y estudiosos de la Biblia pueden dedicar la mayor parte de la vida a estudiar la Biblia y sin embargo rechazan a Jesucristo como su Dios, Señor y Salvador. La causa del rechazo no está en el testimonio claro de la Palabra de Dios. Antes bien, está en la ceguera, tinieblas y dureza de su corazón. Si el hombre no está regenerado, no puede entender. Uno de los pasajes más claros que enseñan la incapacidad del hombre natural para entender las cosas de Dios es 1 Corintios 1 y 2. Pablo dice que la palabra de la cruz (es decir, el mensaje central del cristianismo) es locura para los que se pierden (1 Corintios 1.18). Con su propia “sabiduría” no llegan a conocer a Dios (v.21). Si pudieran conocer a Dios con su sabiduría natural, entonces muchos sabios serían cristianos. Pero no ocurre así. La razón de que mentes brillantes no acepten el cristianismo es que todas las mentes son ciegas, a no ser que estén regeneradas. Porque como afirma Pablo, “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2.14). En otras palabras, sin el Espíritu Santo uno no puede entender las cosas de Dios.

3. El hombre no puede desear hacer el bien. El no cristiano no sólo es incapaz de hacer nada que sea verdaderamente bueno, no solo es incapaz de entender el bien, sino, peor todavía, ni siquiera puede desear el bien. Una cosa es tener un objetivo bueno y no poder alcanzarlo. Esta incapacidad de alcanzar un objetivo bueno es parte de la depravación del hombre. Otra cosa es tener un objetivo bueno, pero no poder siquiera entender lo que es ese objetivo. Esta falta de comprensión también es parte de la depravación del hombre. Pero el colmo de la depravación total es que el hombre natural ni siquiera desea un objetivo bueno. No le preocupa en lo más mínimo. Esta última afirmación no es exacta. Sí le preocupa: odia el bien y la fuente del mismo, a saber, Dios. Esta falta de deseo de Dios es a la vez el abismo y el epítome de la depravación total del hombre natural. Esta incapacidad de desear el bien, y especialmente a Jesucristo, la expresa Jesús mismo con vigor en otra de sus frases definitivas expresadas en forma negativa (Mateo.7.18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos ; Juan. 3.3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.; 8.43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.; y 15.4-5  Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5  Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.). Dijo “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.” (Juan. 6.44). Poco después repitió el mismo pensamiento con palabras diferentes: “Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.” (Juan. 6.65). He aquí la depravación total: el hombre no puede escoger a Jesús. Ni siquiera puede dar el primer paso para acudir a Jesús, a no ser que el Padre lo atraiga. Y esta depravación es universal. “ninguno” puede venir; dice Jesús. No sólo algunos no pueden, sino que nadie puede. Esta es incapacidad universal y total. La prueba más poderosa de que el hombre no puede ni desear el bien se encuentra en las ilustraciones bíblicas que hablan del efecto de la acción inicial del Espíritu Santo: corazón de carne, nacimiento, creación y resurrección. Estas   expresiones demuestran con claridad que un niño puede entender la incapacidad moral total del hombre. Por ejemplo, en el Antiguo Testamento se describe al no regenerado como poseedor de un corazón que esta hecho de piedra (Ezequiel 11.19 Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne,). El corazón de piedra no tiene vida. Está muerto no puede hacer nada. Esta es la incapacidad total. Pero Dios dice que regenerará a su pueblo. Pondrá un Espíritu nuevo en ellos, y entonces tendrá un corazón de carne, que está vivo. Entonces poseerán la capacidad de seguir a Dios. Jesús utilizó la analogía del nacimiento: “el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan. 3.3). El bebé nunca desea o decide nacer. Nunca contribuye ni en un ápice a su propio nacimiento. En todo el proceso, desde la concepción hasta el nacimiento, está completamente pasivo y es completamente incapaz de controlar su propio nacimiento. De forma semejante, el no creyente no puede dar un solo paso hacia su nuevo nacimiento. Lo debe generar el Espíritu Santo.

Los arminianos enseñan el concepto antinatural de que alguien que espiritualmente está muerto puede desear nacer, puede creer en Cristo y entonces nacer de nuevo. Pero un “no ser” no existe, un muerto no puede hacer nada y por consiguiente no puede tener deseos de ir a Cristo. Pablo usa la ilustración de la creación. Dijo que si alguien está en Cristo es una criatura nueva (2Corintios 5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas, Gálatas 6.15 Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación.). Lo que no existe-la nada-nunca se puede producir a sí mismo. El concepto mismo de creación implica necesariamente pasividad e incapacidad totales por parte del objeto que va ser creado. Lo que es cierto en el terreno físico lo es también en el espiritual: las personal son totalmente incapaces de hacerse a sí mismas criaturas nuevas en Cristo. Pablo también utilizó la analogía de la resurrección cuando en Efesios 2.1 escribió, “Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.” En Efesios 2; 5  dice: “  aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),” (Colosenses  2.13 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados,).

Algunos cristianos arminianos interpretan estos versículos en el sentido de que el hombre está herido o enfermo, pero no muerto, porque dicen que el hombre sigue teniendo la capacidad de pedir la ayuda de Dios para su salvación. El hombre tiene poder para creer o no creer. No está realmente muerto; porque si lo estuviera, no podría pedir ayuda. Sólo está enfermo. Sí lleno de pecado, enfermo con el pecado, pero aun así puede pedir al doctor que lo ayude. Pero el calvinista sostiene la enseñanza clara de la Biblia y dice: “No, está muerto. Ni siquiera puede abrir la boca. Ni siquiera tiene deseo alguno de llamar al doctor para que lo ayude. Está muerto.”

El arminiano compara al no regenerado con alguien que se arroja por la ventana de un segundo piso, se rompe tres costillas, y una pierna, pero sigue viviendo. El hombre sabe que está gravemente herido y por tanto necesita un doctor. De hecho, puede pedir ayuda de algún transeúnte o arrastrarse hasta el teléfono para llamar al doctor. Desea sanar.

El calvinista, sin embargo, compararía al hombre con alguien que salta del último piso de un rascacielos y se aplasta en la calle. Incluso si quedara algo sano en él después de llegar al suelo, no sabría que necesita ayuda, y mucho menos la podría pedir. El hombre está muerto –sin vida- y ni siquiera puede desear sanar. O, para utilizar otro ejemplo: La postura que da al hombre algo de crédito por su salvación al otorgarle la capacidad de creer, describe al hombre como ahogándose. Éste agita la cabeza dentro del agua y mueve vertiginosamente los brazos, tratando de mantenerse a flote. Si alguien no lo ayuda, morirá. Quizá ya se le han medio llenado de agua los pulmones; incluso puede haber perdido el conocimiento por unos momentos, pero sigue teniendo suficiente presencia de ánimo y capacidad para moverse y gritar para que lo salven. Si llama al salvavidas, éste lo salvara.

La descripción bíblica, sin embargo, es la de un hombre que está en el fondo del océano, a más de mil metros de profundidad. El peso de agua es de seis toneladas por centímetro cuadrado. Ha estado ahí durante mil años y los tiburones han devorado su corazón. En otras palabras el hombre está totalmente muerto y es totalmente incapaz de pedir a nadie que lo salve. Para que se salve tiene que ocurrir un milagro. Alguien tiene que sacarlo de la superficie y devolverle la vida, y entonces podrá pedir al salvavidas que lo rescate. Esta es la descripción del pecador. Está muerto en sus pecados y transgresiones (Efesios 2;1-5 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2  en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3  entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. 4  Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5  aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Crist (por gracia sois salvos),). No desea sanar. Está muerto.

 Cuando Cristo le grito a Lázaro que saliera del sepulcro, éste no tenía vida como para oír, incorporarse, y salir. No había en él ni un hálito de vida  para poder oír a Jesús quien lo instaba a salir, éste tuvo que devolverle la vida. Jesús lo resucitó y entonces Lázaro pudo responder. Estas ilustraciones ponen de manifiesto el punto básico de la discrepancia entre los arminianos y los calvinistas, lo que Martín Lutero afirmó que era el eje en torno al cual giró toda la Reforma.

 El arminiano y nos referimos a él con cordialidad aunque no es bíblico en este punto cree que Cristo murió por el pecado y que nadie puede contribuir a lo más mínimo a pagar por sus propios pecados. Hasta aquí todo está bien. “Jesús pagó por todo, todo se lo debo a él”.   La esclavitud de la voluntad, por Martín Lutero. El título de este libro es otra buena descripción de la depravación completa y de la incapacidad total. La voluntad no es libre: está en esclavitud, sometida al diablo. Es “como un animal que se encuentra entre dos jinetes. Si lo monta Dios, quiere lo que Dios quiere y va donde Dios desea…Si lo monta Satanás, quiere lo que quiere Satanás y va donde Satanás desea. Tampoco puede escoger al jinete; son los mismos jinetes los que luchan para decidir quién lo va a conseguir.” Este excelente libro de Lutero contra las ideas no bíblicas de Erasmo muestra lo buen calvinista que era Lutero.   Pero la entraña del problema está en que el arminiano va todavía más lejos y afirma que el no salvo puede, puede por su propia fuerza y con ayuda del Espíritu Santo, pedir a Jesús que lo salve. Y una vez que lo pide, entonces nace de nuevo.

El “calvinista” bíblico, sin embargo dice no. El arminiano ha empezado la casa por el tejado. El hombre está muerto en sus pecados y delitos, no sólo enfermo o herido, pero todavía con vida. No, el no salvo, el no regenerado, está espiritualmente muerto (Efesios 2) Es incapaz de pedir ayuda a no ser que Dios cambie su corazón de piedra por un corazón de carne y lo haga vivir espiritualmente (Efesios 2.5). Entonces, una vez que ha nacido de nuevo, puede por primera vez acudir a Jesús para expresar pesar por sus pecados y pedirle que lo salve. La pregunta es: ¿Es Dios el autor sólo de la redención o también de la fe? ¿Pone Dios de parte suya el sacrificio vicario de Cristo, y el hombre su fe? ¿O es la fe también don de Dios (Efesios 2.8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;)? ¿Depende la salvación parcialmente de Dios (dar a Cristo en la cruz) o totalmente de Dios (dar a Cristo para que muera por nosotros además de darnos la fe)? ¿Se queda el hombre con un poquito de la gloria-la incapacidad de creer? ¿O pertenece toda la gloria a Dios?

 La enseñanza de la depravación total es que Dios es merecedor de toda la gloria y el hombre no es digno ni de una mínima parte de ella.


 Conclusión:

De la enseñanza bíblica acerca de la depravación total del hombre se puede sacar tres lecciones:

 1. La depravación total explica los problemas de nuestro mundo El odio congénito hacia Dios y al hombre constituye la raíz de las violencias estudiantiles, de las protestas sangrientas, de las anarquías, de las huelgas egoístas, del tráfico de drogas, de los crímenes y del caos general hacia el cual se encamina el mundo. Sin querer ser simplistas ni ingenuos, se puede afirmar que la sociedad no resolverá estos problemas básicos hasta que las personas nazcan de nuevo y se vuelvan a Jesucristo. Porque la Biblia nos dice que el hombre no está vivo espiritualmente, y la consecuencia es “que no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Romanos 3.12-18). Y todo empeorará antes de mejorar, según las profecías de la Biblia. En los últimos tiempos, Satanás quedará en libertad por un tiempo, y parecerá como si las fuerzas del mal se hubieran desencadenado. Esto no significa que la conversión del mundo entero resolvería todos los problemas. Porque los cristianos nacidos de nuevo siguen siendo pecadores, aunque básicamente han sido cambiados. El mundo necesita más que la conversión: necesita que los cristianos apliquen los principios cristianos a la política, al trabajo, a la economía y a la sociedad general. Pero esta enseñanza de la depravación total debe poner sobre aviso al cristiano para que no se sorprenda ante la mentalidad destructora rebelde, anárquica y llena de odio del mundo presente; y nos debería indicar la necesidad que se tiene del evangelio para resolver estos problemas.

 2. El conocimiento de la depravación total debería también enseñarnos que somos totalmente malos y estamos en una situación terrible a no ser que Dios nos ayude. Cuando alguien se entera por la Biblia de la enormidad de su pecado, debería querer acudir a Dios para pedirle, “Ayúdame, Jesús, Soy malo y pecador. He obrado mal. No soy bueno. Sálvame Jesús.” Cuando lo hace, se sigue una tercera verdad.

3. El conocimiento de la depravación total le enseñará al hombre Que si desea pedir a Dios que lo ayude, lo hace sólo porque Dios mismo pone en él el querer y el hacer según su buena voluntad (Filipenses 2:12.13) Sabrá que Jesús no sólo murió por sus pecados, sino que Dios incluso puso en su corazón la capacidad de creer en Jesús. Entonces exclamará, “¿Hasta dónde llega la bondad de Dios?” No sólo envía a Cristo para que cargue con el castigo que a mí me correspondía, sino que incluso hace que yo, quien en realidad no amo a Jesús, desee amarlo y creer en él. ¡Qué Dios tan bueno!

domingo, 5 de mayo de 2024

DOCTRINAS FUNDAMENTALES (1)

 

 

Mientras existen otras doctrinas de gran importancia, estas cinco son las básicas para su desenvolvimiento como cristiano frente a Dios y el mundo. Al no conocerlas no sólo en forma intelectual sino también en su propia vida, ellas amoldarán su manera de pensar como también servirán de base para las demás doctrinas bíblicas.

La primera doctrina se enfoca sobre la condición del hombre, es decir, su depravación total. Actualmente escritores en las ciencias humanas tratan de describir lo que es el hombre dentro de su realidad actual. Para Freud, el problema del hombre está al nivel sexual. Para Marx, la realidad socioeconómica amolda al hombre. Él es nada más o menos que el reflejo de su realidad. La palabra de Dios entra en juicio sobre el hombre por su estado de rebelión frente a Dios, y su degeneración personal y social. La Biblia nos presenta un retrato completo del estado del hombre – su depravación total.

 La segunda doctrina nos presenta un Dios de amor y misericordia. Un Dios que incondicionalmente elige del fango del mundo, a su pueblo, para rescatarlo, regenerarlo y restaurarlo a la plenitud de vida. Mientras Dios ama a todas sus criaturas, El antes de la fundación del mundo, se fijó en su pueblo preferido. Un pueblo que en si no tuvo nada de qué jactarse. Un pueblo sin valor antes de que Dios extendiera su amor en elección. Un amor que ha elegido personas de toda tribu, nación y lenguaje para compartir en su pueblo. Una amor que ha elegido “una gran multitud, la cual nadie podrá contar” (Apocalipsis 7.9).

La tercera doctrina nos muestra cómo Dios salvó a su pueblo. La salvación para su pueblo se consiguió en la Cruz del Calvario. Cristo murió en la cruz en el lugar del pecador, aquella persona que Dios el Padre eligió en su amor. Cristo tomó sobre sí, el castigo que el pecador merece para que él recibiera la justicia de Cristo, Ahora el pecador, conoce perdón de pecados, restauración con Dios y la gracia de Dios sobre su vida. Cristo en verdad murió por su pueblo para que sea verdaderamente un pueblo de Dios.

La cuarta doctrina nos señala la obra del Espíritu Santo al atraer el pecador a Cristo. Él es el que da la nueva vida que hace posible escuchar y entender el  mensaje del Evangelio. Él es el que convencerá al pecador de su pecado y su situación trágica. Él es el que da fe al pecador para confiar en el Señor como también arrepentirse. Sin la obra del Espíritu Santo eficazmente atrae al Señor en una forma suave y dulce, a los pecadores elegidos al señor.

 La quinta doctrina da mucha confianza como también esperanza al verdadero cristiano, elegido por el amor de Dios, justificado por la muerte de Cristo en la Cruz y la regeneración por el Espíritu Santo. Es la doctrina que nos muestra el verdadero cristiano es salvo para siempre. Su salvación verdaderamente es asegurada, no sobre cualquier esfuerzo humano, sino por la intervención constante del poder de Dios. El que Dios el Padre ama, le protege. El que Dios el Hijo rescató, le sostendrá. El que Dios el Espíritu Santo regeneró, le santificará. Todo viene al cristiano por la gracia no merecida de Dios para con él. ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque de Él, y por El y para El son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.

"Conferencias sobre el calvinismo" por Abraham Kuyper (13)

 

La soberanía en la iglesia


Como tercera y última parte de esta exposición, nos queda discutir una pregunta aún más difícil que la anterior: cómo debemos entender la soberanía de la Iglesia en el Estado. Lo llamo un problema difícil, no porque estuviera en duda acerca de las conclusiones, ni porque dudaría de vuestro consentimiento con estas conclusiones. Porque en cuanto a la vida americana (en Estados Unidos), toda incertidumbre se acaba con lo que vuestra Constitución declaró originalmente y que más adelante fue modificado en vuestras Confesiones acerca de la libertad del culto y la coordinación de Iglesia y Estado. Y en cuanto a mi persona, hace más de cuarto siglo escribí sobre mi revista semanal el lema: "Una iglesia libre en un Estado libre". La dificultad de este problema está en otro lado. La dificultad está en la hoguera de Serveto. Está en la actitud de los presbiterianos contra los independientes. Está en las restricciones de la libertad del culto y en las "incapacidades civiles" bajo las cuales aún en Holanda sufrieron los católicos romanos. La dificultad está en que un artículo de nuestra antigua Declaración de Fe calvinista encarga al gobierno con la tarea "de defender en contra de, y de extirpar, toda forma de idolatría y de religión falsa, y de proteger el servicio sagrado de la Iglesia."

La dificultad está en el consejo unánime y uniforme de Calvino y de sus seguidores, que exigieron la intervención del gobierno en los asuntos de la religión. Entonces, sería natural acusarnos de que al defender la libertad religiosa, no nos estamos poniendo del lado del calvinismo, sino que lo oponemos directamente. Para protegerme contra esta sospecha, voy a adelantar la regla de que un sistema no se distingue por lo que tiene en común con los sistemas precedentes; sino que se distingue por aquello en que difiere de estos sistemas precedentes.

El deber del gobierno de extirpar toda forma de religión falsa e idolatría, no es un hallazgo del calvinismo, sino data desde Constantino, y fue la reacción contra las persecuciones horribles de sus antecesores paganos contra los cristianos. Desde aquel día, este sistema fue defendido por todos los teólogos romanos y fue aplicado por todos los príncipes cristianos. En los tiempos de Lutero y Calvino, fue una convicción universal de que este sistema era el verdadero. Todos los teólogos famosos de aquel período, Melanchthon como primero, aprobaron la muerte de Serveto; y el patíbulo que fue erigido por los luteranos en Léipzig para Krell, el calvinista convencido, era mucho más repudiable desde un punto de vista protestante. Pero mientras los calvinistas, en la época de la Reforma, fueron víctimas, por decenas de miles, de sus perseguidores (las víctimas de los luteranos y de los católicos romanos ni valen la pena contarlas), la historia fue culpable de esta injusticia de echarles siempre en su cara esta única ejecución por fuego de Serveto, como un crimen nefandum. Con todo esto, yo desapruebo completamente aquella ejecución, pero no como si fuera una expresión de una característica especial del calvinismo, sino al contrario, como el efecto tardío de un sistema antiguo que existía antes del calvinismo, bajo el cual había crecido el calvinismo, y del cual todavía no se había liberado completamente.

Si yo quiero saber qué conclusiones sacar al respecto desde los principios específicos del calvinismo, entonces tengo que hacer una pregunta muy diferente. Entonces tenemos que ver y reconocer que este sistema de traer diferencias religiosas bajo la jurisdicción criminal del Estado, resultaba directamente de la convicción de que la Iglesia de Cristo en la tierra podía expresarse en una sola forma y bajo una sola institución. Esta única iglesia, en la Edad Media, era considerada la Iglesia de Cristo, y todo lo que se veía diferente, fue considerado enemigo de esta única iglesia. El gobierno, por tanto, no fue llamado a juzgar o decidir por sí mismo. Había una sola Iglesia de Cristo en la tierra, y era la tarea del gobierno proteger esta Iglesia de las divisiones, herejías y sectas. Pero rompamos esta Iglesia en fragmentos, admitamos que la Iglesia de Cristo puede manifestarse en muchas formas, en diferentes países; incluso dentro del mismo país en una multiplicidad de instituciones; e inmediatamente desaparece de la vista todo lo que fue deducido de aquella unidad de la iglesia visible. Y por tanto, si no podemos negar que el mismo calvinismo ha roto la unidad de la Iglesia, y que en los países calvinistas se manifestó una amplia variedad de todos tipos de iglesias, entonces concluimos que no debemos buscar la verdadera característica calvinista en lo que retuvo, por un tiempo, del sistema antiguo, sino en lo que salió, nuevo y fresco, de su propia raíz. Los resultados demostraron que aun después de tres siglos, en todos los países distintivamente católicos, aun en las repúblicas sudamericanas, la iglesia católica romana es y permanece la Iglesia Estatal; igualmente como lo es la iglesia luterana en países luteranos. Y las iglesias libres florecieron exclusivamente en aquellos países que recibieron el aliento del calvinismo, o sea, en Suiza, Holanda, Inglaterra, Escocia, y los Estados Unidos. En los países católicos romanos, se sigue manteniendo la identificación de la iglesia invisible y visible, bajo la unidad papal. En los países luteranos, con la ayuda del "cuius regio eius religio", la confesión del gobierno ha sido impuesta monstruosamente sobre el pueblo como la confesión del país; allí se trató duramente a los calvinistas, fueron exiliados y perseguidos como enemigos de Cristo. En la Holanda calvinista, al contrario, todos los que fueron perseguidos por causas religiosas encontraron refugio. Los judíos fueron recibidos amablemente; los luteranos eran honrados; los menonitas florecieron; y aun a los arminianos y a los católicos romanos se les permitía el libre ejercicio de su religión en casa y en iglesias apartadas. Los independientes, cuando fueron expulsados de Inglaterra, encontraron descanso en la Holanda calvinista; y desde este mismo país, la "Mayflower" viajó con los Padres Peregrinos a su nueva tierra. Entonces, no estoy buscando subterfugios, sino estoy apelando a hechos históricos. Y repito, la característica básica del calvinismo no debemos buscar en lo que adoptó del pasado, sino en lo nuevo que creó. Es notable, en este respecto, que desde el mismo inicio, nuestros teólogos y abogados calvinistas defendieron la libertad de la conciencia contra la inquisición. Roma percibió muy claramente como la libertad de la conciencia iba a sacudir los fundamentos de la unidad de la iglesia visible, y por tanto se opuso a ella. Pero por el otro lado, tenemos que admitir que al exaltar a voz alta la libertad de la conciencia, el calvinismo abandonó por principio toda característica absoluta de la iglesia visible. Tan pronto como dentro de un mismo pueblo, la conciencia de una mitad testificó contra la otra mitad, se hizo una brecha. Tan temprano como en 1649, se declaró que la persecución por causas de la fe era "un asesinato espiritual, un asesinato del alma, una rabia contra Dios mismo, el más horrible de los pecados." Y es evidente que Calvino mismo escribió las premisas de la conclusión correcta cuando reconoció que contra los ateos, incluso los católicos son nuestros aliados; cuando reconoció abiertamente la iglesia luterana; y todavía más enfáticamente en su declaración: "Scimus tres esse errorum gradus, et quibusdam fatemur dandam esse veniam, aliis modicam castigationem sufficere, ut tantum manifesta impietas capitali supplitio plectatur." (Existen tres grados de desviaciones de la verdad cristiana: una leve, que debemos dejar sola; una moderada, que es restaurada por un castigo moderado; y solo la impiedad manifiesta debe recibir la pena capital.) Admito que esta es una decisión severa; pero sin embargo una decisión donde se abandonó el principio de la unidad visible; y donde esta unidad es quebrantada, la libertad amanecerá en el curso natural de los eventos. Es que aquí está la solución: En Roma, el sistema de persecución surgió de la identificación de la iglesia visible con la iglesia invisible. De esta línea peligrosa, Calvino se apartó. Pero él todavía defendía la identificación de su Confesión de la verdad con la Verdad absoluta; y solo con más experiencia salió a la luz que también esta proposición (tan verdadera como sea en nuestra convicción personal) nunca se debe imponer a la fuerza sobre otras personas.

Hasta aquí los hechos. Ahora probaremos nuestra teoría y examinaremos sucesivamente los deberos de los gobernantes en asuntos espirituales:

1. hacia Dios,

2. hacia la iglesia,

y 3. hacia las personas individuales.

En cuanto al primer punto, los gobernantes son y permanecen "los siervos de Dios". Ellos tienen que reconocer a Dios como el gobernante supremo, del cual ellos derivan su poder. Ellos tienen que servir a Dios, gobernando al pueblo según Sus ordenanzas. Ellos tienen que restringir la blasfemia donde adquiere directamente el carácter de una afrenta contra la Majestad Divina. Y se debe reconocer la soberanía de Dios al confesar Su nombre en la Constitución como fuente de todo poder político, al mantener el día de reposo, al proclamar días de oración y de acción de gracias, y al invocar Su bendición divina. Por tanto, para que gobiernen según Sus ordenanzas santas, cada gobernante es obligado a investigar las leyes de Dios, tanto en la vida natural como en Su Palabra. No para sujetarse a alguna iglesia, sino para que él mismo, como gobernante, reciba la luz que necesita para conocer la voluntad de Dios. Y en cuanto a la blasfemia, el derecho del gobierno para restringirla descansa sobre la conciencia de Dios que es innata en cada hombre; y el deber de ejercer este derecho fluye del hecho de que Dios es el gobernador supremo y soberano sobre todo estado y toda nación. Pero por esta razón, el hecho de blasfemia se establece solamente cuando la intención es aparente, de afrentar esta majestad de Dios como gobernante supremo del Estado. Entonces, lo que se castiga no es la ofensa religiosa, ni el sentimiento impío, sino el ataque contra el fundamento de la ley pública, sobre el cual descansan el Estado y su gobierno. En este respecto existe una diferencia notable entre estados que son gobernados por un monarca, y estados que son gobernados de manera constitucional, y más todavía repúblicas que son gobernadas por una asamblea extensa. En el monarca absoluto, la conciencia y la voluntad personal son una, y por tanto, esta única persona es llamada a gobernar su pueblo según su propio concepto personal de las ordenanzas de Dios. Cuando, al contrario, operan la conciencia y la voluntad de muchos, se pierde esta unidad, y el concepto subjetivo de las ordenanzas de Dios, en estos muchos, se puede aplicar solo indirectamente. Pero sea que se trate de la voluntad de una sola persona, o de la voluntad de muchos que llegan a una decisión por votación, el gobierno debe siempre juzgar y decidir de manera independiente. No como un apéndice de la iglesia, ni como su alumno. La esfera del Estado está directamente bajo la majestad del Señor. Entonces, en esta esfera se mantiene una responsabilidad hacia Dios independiente. La esfera del estado no es "profana". Pero ambos, la iglesia y el estado, tienen que obedecer a Dios y servir Su honor, cada uno en su propia esfera. Y para este fin, en cada esfera tiene que gobernar la Palabra de Dios, pero en la esfera del Estado solamente por medio de la conciencia de las personas en autoridad. Lo primero es que todas las naciones deben ser gobernadas de una manera cristiana; o sea, de acuerdo con los principios que fluyen desde Cristo para toda política. Pero esto se puede realizar solamente por medio de las convicciones subjetivas de aquellos en autoridad, según sus percepciones personales de las exigencias de este principio cristiano en cuanto al servicio público.

El segundo asunto es muy diferente, la relación entre el gobierno y la iglesia visible. Si hubiera sido la voluntad de Dios mantener la unidad formal de la iglesia visible, entonces tendríamos que dar una respuesta muy diferente de lo que es ahora el caso. Es natural que al principio se buscaba esta unidad. La unidad religiosa tiene gran valor para la vida de un pueblo y es atractiva. También se puede entender que al inicio se establecía esta unidad. Lo más bajo que una nación se encuentra en la escala del desarrollo, menos diferencias de opinión se manifiestan. Por tanto, vemos que casi todas las naciones empiezan con una unidad religiosa. Pero es igualmente natural que esta unidad se divide donde la vida individual, en el proceso del desarrollo, gana fuerza, y donde la multiformidad se hace necesaria para un desarrollo más avanzado. Entonces nos enfrentamos al hecho de que la iglesia visible es dividida, y que en ningún país se puede seguir manteniendo la unidad absoluta de la iglesia visible. ¿Cuál es entonces el deber del gobierno? ¿Tiene que hacer un juicio individual, para determinar cuál de las muchas iglesias es la verdadera? ¿Y tiene que mantener a ésta en contra de las demás? ¿O es el deber del gobierno suspender su juicio propio y considerar que el complejo multiforme de todas estas denominaciones es la totalidad de la manifestación de la Iglesia de Cristo en la tierra? Desde un punto de vista calvinista, tenemos que decidir en favor de la última sugerencia. No por una falsa idea de neutralidad, ni como si el calvinismo tuviera que ser indiferente en cuanto a lo que es verdadero y lo que es falso; pero porque el gobierno no tiene los datos para un tal juicio, y porque todo juicio gubernamental aquí infringe la soberanía de la iglesia.

De otra manera, si el gobierno fuera una monarquía absoluta, tendríamos el "cuius regio eius religio" de los príncipes luteranos.

Como tercera si el gobierno descansa en una pluralidad de personas, la iglesia que ayer fue considerada la falsa, hoy se considera la verdadera, según la decisión por voto; y así se pierde la continuidad de la administración del estado y de la posición de la iglesia. Por tanto, los calvinistas han siempre luchado tan orgullosa y valientemente por la libertad, o sea, por la soberanía, de la iglesia dentro de su propia esfera; en distinción contra los teólogos luteranos. En Cristo, dijeron ellos, la Iglesia tiene su propio Rey. Su posición en el estado no es asignada por el gobierno, sino iure divino. La iglesia tiene su propia organización. Tiene sus propios oficiales. Y tiene sus propios dones para distinguir la verdad. Por tanto, es su privilegio, y no del estado, determinar sus propias características como iglesia verdadera, y proclamar su propia confesión como la confesión de la verdad. Si en esta posición se le oponen otras iglesias, entonces luchará contra ellas su batalla espiritual, con armas espirituales y sociales; pero niega el derecho de cualquiera, incluso del gobierno, de sentarse como un poder por encima de estas diferentes instituciones y de forzar una decisión entre ella y sus iglesias hermanas. El gobierno lleva la espada con heridas; no la espada del Espíritu que decide en asuntos espirituales. Y por esta razón, los calvinistas siempre han rehusado asignar al estado una patria potestad. Por cierto, un padre gobierna en su familia sobre la religión de su familia. Pero cuando se organizó el gobierno, la familia no fue puesta a un lado; y el gobierno recibió solamente una tarea limitada, que es definida por la soberanía en la esfera individual, y por la soberanía de Cristo en Su Iglesia. Solo cuidémonos aquí contra un puritanismo exagerado y no rehusemos, por lo menos en Europa, reconocer los efectos de las condiciones históricas. Es algo muy diferente si alguien levanta un edificio nuevo sobre un terreno vacío, o si uno tiene que restaurar una casa que ya existe. Pero esto no puede quebrantar la regla fundamental de que el gobierno tiene que honrar el complejo de iglesias cristianas como la manifestación multiforme de la Iglesia de Cristo en la tierra. Que el gobierno tiene que respetar la libertad, o sea, la soberanía, de la Iglesia de Cristo en la esfera individual de estas iglesias. Que las iglesias florecen más cuando el gobierno les permite vivir en sus propias fuerzas por el principio de voluntarios. Y que por tanto ni el cesaropapismo del Zar de Rusia, ni la sujeción del Estado bajo la Iglesia que enseña Roma, ni el "cuius regio eius religio" de los abogados luteranos, ni el punto de vista neutral irreligioso de la Revolución Francesa, pero solo el sistema de una iglesia libre en un estado libre, puede ser honrado desde un punto de vista calvinista. La soberanía del estado y la soberanía de la iglesia existen lado a lado, y se limitan mutuamente. De una naturaleza muy diferente es la última pregunta que mencioné, el deber del gobierno en cuanto a la soberanía de la persona individual.

En la segunda parte de esta exposición, ya indiqué que el hombre desarrollado posee también una esfera individual de vida, con una soberanía en su propio círculo. Aquí no me refiero a la familia, pues este es un lazo social entre varios individuos. Me refiero a lo que expresa el profesor Weitbrecht: "Por medio de su conciencia, cada uno es un rey, un soberano, por encima de toda responsabilidad." O lo que Held formuló de esta manera: "De cierta manera, cada hombre es un soberano, pues cada uno debe tener y tiene una esfera propia, en la cual él es superior." Con esto no quiero sobreestimar la conciencia, pues a cada uno que quiere liberar la conciencia aun de Dios y de Su Palabra, yo me le opondré. Pero aun así mantengo la soberanía de la conciencia como fortaleza de toda libertad personal, en este sentido: que la conciencia nunca es sujeta a un hombre, sino siempre y solamente al Dios Todopoderoso. Esta necesidad de la libertad de la conciencia, sin embargo, no se manifiesta inmediatamente. No se expresa con énfasis en un niño, sino solamente en un hombre maduro; y de la misma manera, está dormitada en pueblos no desarrollados, y es irresistible solo entre naciones muy desarrolladas. Un hombre maduro en su desarrollo preferirá ir al exilio, sufrir el encarcelamiento, incluso sacrificar su vida, a tolerar restricciones en cuanto a su conciencia. Y la repugnancia contra la inquisición, que duró tres largos siglos, vino de la convicción de que sus prácticas violaban y asaltaban la vida humana en el hombre. Esto impone al gobierno una doble obligación. En primer lugar, tiene que hacer que la iglesia respete esta libertad de la conciencia, y en segundo lugar, el mismo gobierno tiene que dar lugar a la conciencia soberana. En cuanto a lo primero, la soberanía de la iglesia encuentra su límite natural en la soberanía de la persona libre. Soberana dentro de su propio dominio, no tiene poder sobre aquellos que viven afuera de esta esfera. Y dondequiera que ocurriera una transgresión de su poder, en violación de este principio, el gobierno tiene que proteger a cada ciudadano. La iglesia no puede ser obligada a tolerar entre sus miembros a alguien a quien se siente obligada expulsarlo; pero por el otro lado, ningún ciudadano del estado puede ser obligado a permanecer en una iglesia la cual su conciencia le obliga abandonar. Lo que el gobierno exige de parte de las iglesias en este respecto, lo tiene que practicar él mismo, dando a cada ciudadano la libertad de conciencia, como el primer e inajenable derecho de todos los hombres.   Ha costado una lucha heroica, arrancar esta libertad humana más grande de las manos del despotismo; y ríos de sangre humana han sido derramados antes que la meta fue alcanzada. Pero por esta misma razón, cada hijo de la Reforma pisotea la honra de sus padres, si no defiende diligentemente y sin retractarse esta fortaleza de nuestras libertades. Para poder gobernar a hombres, el gobierno tiene que respetar este poder ético más profundo de nuestra existencia humana. Una nación que consiste en ciudadanos con una conciencia quebrantada, es ella misma quebrantada en su fuerza nacional. Y aun si estoy obligado a admitir que nuestros padres, en la teoría, no tenían la valentía de llegar a las conclusiones que siguen de esta libertad de la conciencia: la libertad de la expresión, y la libertad del culto; aun si estoy consciente de que ellos hicieron un esfuerzo desesperado para impedir la propagación de literatura que no les gustaba - todo esto no anula el hecho de que la libre expresión del pensamiento, por la palabra hablada y escrita, alcanzó su victoria por primera vez en la Holanda calvinista. Cualquiera que estaba restringido en otro lugar, pudo por primera vez disfrutar de la libertad de las ideas y de la prensa en suelo calvinista. Entonces, el desarrollo lógico de lo que contiene la libertad de la conciencia, y esta misma libertad, bendijeron al mundo por primera vez desde el lado del calvinismo. Es cierto que en los países católicos, el despotismo espiritual y político ha sido vencido finalmente por la Revolución Francesa, y que esta revolución también empezó promoviendo la causa de la libertad. Pero si nos enteramos de la historia de que la guillotina, en toda Francia, por años y años no pudo parar de ejecutar a aquellos que tenían una mente diferente; si nos recordamos cuan cruelmente se mató al clero católico romano porque rehusaron violar su conciencia con un juramento impío; y si conocemos, como yo mismo por una triste experiencia, la tiranía espiritual que el liberalismo y el conservadurismo han aplicado en el continente europeo, y siguen aplicando - entonces tenemos que admitir que la libertad en el calvinismo y la libertad en la Revolución Francesa son dos cosas muy diferentes. En la Revolución Francesa es una libertad civil para cada cristiano estar de acuerdo con la mayoría incrédula; en el calvinismo, una libertad de la conciencia, que permite a cada hombre servir a Dios de acuerdo con su propia convicción y el dictado de su propio corazón.  

jueves, 2 de mayo de 2024

"Conferencias sobre el calvinismo" por Abraham Kuyper (12)


La soberanía en la sociedad


Llegamos ahora a la soberanía en la esfera de la sociedad. Con esto entendemos, en un sentido calvinista, que la familia, los negocios, la ciencia, las artes etc. son todas esferas sociales, que no deben su existencia al estado, y que no derivan la ley de su vida de la superioridad del estado, sino que obedecen a una autoridad superior dentro de su propio seno; una autoridad que gobierna, por la gracia de Dios, igual como lo hace la soberanía del estado. Esto involucra la antítesis entre Estado y sociedad, pero bajo la condición de que no entendemos esta sociedad como un conglomerado sino analizada en sus partes orgánicas, para honrar en cada una de estas partes el carácter independiente que les pertenece. En este carácter independiente, necesariamente está involucrada una autoridad superior especial, y esta autoridad la llamamos la soberanía en las esferas sociales individuales, para expresar decididamente que estas esferas de la vida social no tienen nada por encima de ellas excepto Dios, y que el Estado no puede intervenir aquí, y no tiene nada que mandar en estos dominios. Como Uds. sienten de una vez, este es el asunto interesante de nuestras libertades civiles. Aquí es sumamente importante tener en mente la diferencia entre la vida orgánica de la sociedad y el carácter mecánico del gobierno. Cualquier cosa entre los hombres que se origina directamente de la Creación, contiene todos los datos para su desarrollo en la naturaleza humana como tal. Uds. pueden ver esto en la familia y en la conexión de los lazos sanguíneos. De la dualidad de hombre y mujer surge el matrimonio. De la existencia original de un solo hombre y una sola mujer, surge la monogamia. Los niños existen a causa del poder innato de reproducción. Naturalmente, los niños están conectados entre ellos como hermanos y hermanas. Y cuando estos hijos, con el tiempo, se casan también, todas estas conexiones surgen de la relación de sangre y otros lazos que dominan la entera vida familiar. En todo esto no hay nada mecánico. El desarrollo es espontáneo, como el del tronco y las ramas de una planta. Es cierto, el pecado tuvo aquí también una influencia destructora y distorsionó en una maldición mucho de lo que fue creado para ser bendición. Pero este efecto fatal del pecado fue detenido por la gracia común. El "amor libre" y el concubinato pueden tratar de disolver el lazo más sagrado; pero para la gran mayoría de nuestra raza, el matrimonio sigue siendo el fundamento de la sociedad humana, y la familia mantiene su posición como esfera primordial en la sociología. Lo mismo podemos decir de las otras esferas de la vida. Aunque la naturaleza que nos rodea haya perdido la gloria del paraíso por causa del pecado, aunque la tierra produzca cardos y espinos para que comamos nuestro pan en el sudor de nuestra frente, sin embargo la meta principal de todo esfuerzo humano permanece lo que era antes de la caída: el dominio sobre la naturaleza. Y este dominio no lo podemos obtener excepto ejerciendo los poderes que están innatos en la misma naturaleza, por las ordenanzas de la Creación. En consecuencia, toda ciencia es solamente la aplicación al cosmos, de los poderes de la investigación y del pensamiento que Dios creó en nosotros; y las artes no son otra cosa que la productividad natural de las potencias de nuestra imaginación. Cuando admitimos entonces que el pecado, aunque detenido por la "gracia común", ha causado muchas modificaciones de estas distintas expresiones de la vida, modificaciones que se originaron solamente después de que el paraíso fue perdido, y que desaparecerán otra vez con la llegada del Reino de gloria - entonces siempre sostenemos que el carácter fundamental de estas expresiones permanece tal como era originalmente. Todas ellas juntas forman la vida de la creación, en acuerdo con las ordenanzas de la creación, y por tanto se desarrollan orgánicamente. Pero el caso es completamente diferente con los poderes del gobierno. Aunque podemos admitir que aun sin el pecado, hubiera sido necesario combinar las muchas familias en una unidad superior, esta unidad hubiera sido internamente envuelta en el Reino de Dios, quien hubiera gobernado directa y armoniosamente en los corazones de todos los hombres. Entonces no hubieran existido estados, sino un solo imperio mundial orgánico, con Dios como su Rey; exactamente lo que es profetizado para el futuro que nos espera, cuando todo pecado haya desaparecido. Pero es exactamente esto lo que el pecado ahora ha eliminado de la vida humana. Esta unidad ya no existe. Este gobierno de Dios ya no prevalece. Un imperio mundial no puede ni debe establecerse. Este mismo deseo contumaz llevó a la construcción de la torre de Babel. Así surgieron pueblos y naciones. Estos pueblos formaron estados. Y sobre estos estados, Dios puso gobiernos. Y así, si me permiten la expresión, no es una cabeza natural que haya crecido orgánicamente desde el cuerpo de los pueblos, sino una cabeza mecánica, que desde afuera fue puesta sobre el tronco de la nación. Solo un remedio para una condición equivocada. Un palo puesto al lado de la planta para mantenerla parada, porque sin este palo caería al suelo por su debilidad. La característica principal del gobierno es el poder sobre vida y muerte. Según el testimonio apostólico, el gobierno lleva la espada, y esta espada tiene un triple significado. Es la espada de la justicia, para ejercer el castigo corporal sobre el criminal. Es la espada de la guerra para defender la honra, los derechos y los intereses del estado contra sus enemigos. Y es la espada del orden, para contrarrestar cualquier rebelión. Lutero y sus co-reformadores señalaron correctamente que la institución propia, y la investidura plena del gobierno con poder, surgieron solamente después del diluvio, cuando Dios ordenó que la pena capital caiga sobre aquel que derramase sangre humana. El derecho de quitar una vida pertenece solamente a Aquel que puede dar la vida, o sea, a Dios; y por tanto nadie en la tierra tiene esta autoridad, excepto Dios mismo se la haya dado. En esta perspectiva, el derecho romano que concedió el derecho sobre vida y muerte al padre y al amo de esclavos, está a un nivel mucho inferior a la ley de Moisés, que no conoce la pena capital excepto por orden del gobierno. El deber supremo del gobierno entonces es la justicia, y en segundo lugar tiene que cuidar al pueblo como una unidad; en el interior, para que esta unidad se refuerce y no sea rota; y en el exterior, para que la existencia nacional no sufra daño. La consecuencia de todo esto es que por un lado, en una nación surge todo tipo de vida orgánica, desde sus esferas sociales; pero que muy por encima de estas, se observa la fuerza mecánica unificadora del gobierno. De allí surge toda fricción y conflicto. Pues el gobierno siempre se inclina a invadir la vida social con su autoridad mecánica, a sojuzgarla y a arreglarla mecánicamente. Pero por el otro lado, la vida social siempre se esfuerza para sacudir la autoridad del gobierno, como al presente donde estos esfuerzos culminan en la democracia social y en el anarquismo, que ambos no son otra cosa que la subversión total de la institución de la autoridad. Pero dejando de lado estos dos extremos, podemos decir que toda vida saludable de pueblos o naciones era siempre la consecuencia histórica de la lucha entre estos dos poderes. Fue el "gobierno constitucional" que intentó más firmemente reglamentar la relación mutua entre los dos. Y en esta lucha, el calvinismo fue el primero al asumir su posición. En la misma medida como honró la autoridad del gobierno, instituido por Dios, exaltó también esta segunda soberanía, que fue implantada por Dios en la esfera social, en acuerdo con las ordenanzas de la creación. El calvinismo exigió para ambos la independencia en su propia esfera y una reglamentación de la relación entre ambos, no por el ejecutivo, sino bajo la ley. Y con esta exigencia seria, el calvinismo generó la idea fundamental de la ley pública constitucional. El testimonio histórico es irrefutable, que la ley constitucional no floreció en estados católicos romanos ni en luteranos, sino entre las naciones calvinistas. La idea fundamental es que la soberanía de Dios, al descender sobre los hombres, se separa en dos esferas. Por un lado, la esfera mecánica de la autoridad del Estado, y por el otro lado la esfera orgánica de la autoridad de los círculos sociales. Y en estas ambas esferas, su autoridad inherente es soberana, o sea, no tiene nada encima de sí excepto Dios. Ahora, en cuanto a la autoridad del gobierno, no necesitamos más explicación; pero sí en cuanto a la autoridad orgánica social. En ningún lugar podemos discernir más claramente el carácter dominante de esta autoridad social orgánica, que en las ciencias. En la introducción a una edición de las "Sentencias" de Lombardo y de la "Suma Teológica" de Tomás Aquino, el tomista erudito escribió: "La obra de Lombardo gobernó ciento cincuenta años y produjo a Tomás, y después de él, la "Suma" de Tomás ha gobernado todo Europa durante cinco siglos y ha generado a todos los teólogos subsecuentes." - Aun admitiendo que este lenguaje es demasiado audaz, la idea que se expresa es correcta. El dominio de hombres como Aristóteles y Platón, Lombardo y Tomás, Lutero y Calvino, Kant y Darwin, se extiende, para cada uno de ellos, sobre épocas. El genio es un poder soberano; forma escuelas; reclama para sí los espíritus de los hombres, con una fuerza irresistible; y ejerce una influencia inmensurable sobre toda la condición de la vida humana. Esta soberanía del genio es un don de Dios que uno puede tener solo por Su gracia. No es sujeto a nadie y es responsable solo ante El mismo. El mismo fenómeno se observa en la esfera de las artes. Cada maestro es un rey en el Palacio del Arte, no por la ley de la herencia ni por elección, sino solamente por la gracia de Dios. Y estos maestros también imponen autoridad, y no son sujetos a nadie, sino gobiernan sobre todo y al fin reciben homenaje de todos por su superioridad artística. Y lo mismo podemos decir del poder soberano de la personalidad. No hay igualdad de personas. Hay personas débiles, con la mente estrecha, cuya envergadura no es mayor que la de un gorrión común; pero hay también caracteres amplios, imponentes, que vuelan como águilas. Ellos gobiernan en su propia esfera, no importa si la gente se aleja de ellos o los sabotea, al contrario, crecen más grandes por más oposición que tienen. Y este proceso se lleva a cabo en todas las esferas de la vida. En el trabajo del mecánico, en la tienda, en el comercio, en alta mar, en la esfera de caridad y filantropía. En todo lugar, uno es más poderoso que el otro, por su personalidad, su talento y las circunstancias. En todo lugar se ejerce dominio; pero es un dominio que trabaja orgánicamente, no por investidura del Estado, sino por la soberanía de la vida misma. En relación con ello, y sobre el mismo fundamento como la superioridad orgánica, existe también la soberanía de la esfera.

La universidad ejerce un dominio científico; la academia de bellas artes tiene poder sobre las artes; las corporaciones ejercen dominio técnico; las empresas gobiernan sobre el trabajo - y cada una de estas esferas es consciente del poder de juicio independiente exclusivo, y de acción autoritativa, dentro de su propia esfera de operación. Detrás de estas esferas orgánicas, con soberanía intelectual, estética y técnica, se abre la esfera de la familia, con su derecho del matrimonio, paz doméstica, educación y posesión; y también en esta esfera la cabeza natural es consciente de que ejerce una autoridad inherente - no porque el gobierno lo permite, sino porque Dios lo impuso. La autoridad paternal está arraigada en la misma sangre de la vida, y es proclamada en el quinto Mandamiento. Y finalmente podemos comentar también que la vida social de ciudades y pueblos forma una esfera de existencia que surge de las mismas necesidades de la vida, y que por tanto tiene que ser autónoma.

En muchas diferentes direcciones vemos entonces que la soberanía en la propia esfera de uno, se afirma:

 1. en la esfera social, por superioridad personal,

2. en la esfera corporativa de universidades, asociaciones, etc.

3. en la esfera doméstica de la familia y vida marital,

 Y 4. en la autonomía comunal.

En todas estas cuatro esferas, el gobierno del Estado no puede imponer sus leyes, sino tiene que reverenciar la ley innata de la vida. Dios gobierna en estas esferas, por sus "virtuosos" escogidos, tan supremo y soberano como Él ejerce dominio en la esfera del Estado por sus magistrados escogidos. Obligado por su propio mandato, entonces, el gobierno no debe ignorar ni modificar ni irrumpir en el mandato divino bajo el cual están las esferas sociales. La soberanía del gobierno, dada por la gracia de Dios, es aquí puesta de un lado y limitada, por causa de Dios, por otra soberanía que es igualmente divina en su origen. Ni la vida de la ciencia ni de las artes, ni de la agricultura, ni de la industria, ni del comercio, ni de la navegación, ni de la familia, ni de las relaciones humanas, deben ser forzadas a acomodarse a la gracia del gobierno. El Estado no debe nunca convertirse en un pulpo que ahoga la vida entera. El Estado tiene que ocupar su propio lugar, sobre su propia raíz, entre todos los otros árboles del bosque, y así tiene que honrar y mantener toda forma de vida que crece independientemente en su propia autonomía sagrada. ¿Significa esto que el Estado no tiene ningún derecho en absoluto de interferir en estas esferas autónomas de la vida? De ninguna manera.

El Estado tiene el triple derecho y deber:

1. donde diferentes esferas entran en conflicto, de obligarlas a respetar mutuamente sus límites;

2. de defender a los individuos y a los más débiles, en estas esferas, contra el abuso de poder de los demás,

Y 3. de obligar a todos a llevar cargas personales y financieras para el mantenimiento de la unidad natural del Estado.

Sin embargo, en estos casos, la decisión no puede tomarla unilateralmente el gobierno. La Ley tiene que indicar los derechos de cada uno; y el derecho de los ciudadanos sobre sus propios bolsillos tiene que permanecer como fortaleza invencible contra el abuso de poder de parte del gobierno. Y exactamente aquí está el punto de partida para esta cooperación de la soberanía del gobierno con la soberanía de la esfera social, que es reglamentada en la Constitución. Según el orden de las cosas en su tiempo, esto era para Calvino la doctrina de los "magistrados inferiores". La institución de la caballería, los derechos de la ciudad, los derechos de las corporaciones y mucho más, llevó al establecimiento de "estados" sociales, con su propia autoridad civil. Por eso, Calvino deseaba que la ley sea elaborada en cooperación entre estos y los magistrados superiores. Desde aquel tiempo, estas relaciones medievales se han vuelto totalmente anticuadas. Estas corporaciones u órdenes sociales ya no tienen el poder de gobernar. Su lugar ha sido tomado por el parlamento o una institución parecida de representantes. Ahora es el deber de estas asambleas, de mantener los derechos y libertades populares, de todos y en el nombre de todos, con el gobierno y si es necesario en contra del gobierno. El parlamento debe ser una defensa unida, mejor que la resistencia individual, para simplificar la construcción y operación de las instituciones del Estado y para acelerar sus funciones. Pero en cualquier modificación, es esencialmente el antiguo plan calvinista, asegurar que el pueblo tenga en todas sus clases y órdenes, en todos sus círculos y esferas, en todas sus instituciones corporativas e independientes, una influencia legal y ordenada en la elaboración de la ley y en el rumbo del gobierno, en un sentido democrático saludable. Y la única diferencia de opinión consiste en la pregunta importante si debemos continuar con la solución presente de los derechos especiales de estas esferas sociales en el derecho de voto individual, o si se debe poner a su lado un derecho de voto corporativo, que permitiría a los diferentes círculos presentar una defensa separada. En el presente, surge una nueva tendencia de organización en las esferas de comercio e industria, y también en el trabajo, y aun desde Francia se escuchan voces que claman por conceder un derecho al voto a estas organizaciones. Personalmente estaría a favor de un tal cambio, con tal que su aplicación no sea parcial ni mucho menos exclusiva; pero no quiero perderme en estos asuntos marginales. Que sea suficiente haber demostrado que el calvinismo protesta contra la omnipotencia del Estado; contra el concepto horrible de que no existe ningún derecho por encima y más allá de la ley existente; y contra el orgullo del absolutismo que no reconoce ningún derecho constitucional excepto por un favor del príncipe. Estos tres conceptos, que encuentran tanto suelo fértil en la ascendencia del panteísmo, son la muerte para nuestras libertades civiles. Y es el mérito del calvinismo haber levantado un dique contra este río absolutista, no apelando a la fuerza popular, ni a la alucinación de la grandeza humana, sino deduciendo estos derechos y estas libertades de la vida social desde la misma fuente de donde fluye la autoridad del gobierno: de la soberanía absoluta de Dios. Desde esta única fuente, en Dios, se deriva la soberanía en la esfera individual, en la familia y en todo círculo social, tan directamente como se deriva de ella la autoridad del Estado. Entonces, estos dos tienen que llegar a una comprensión, y ambos tienen la misma obligación sagrada de mantener su autoridad soberana dada por Dios y servir con ella a la majestad de Dios. Por tanto, una nación que entrega a la soberanía del Estado los derechos sobre la familia, o una universidad que le entrega los derechos sobre la ciencia, es igualmente culpable ante Dios como una nación que se levanta contra la autoridad del gobierno. Y por tanto, la lucha por la libertad no solo es permisible, sino es incluso un deber para cada individuo en su propia esfera. Y esto no de la manera como se hizo en la Revolución Francesa, donde se puso a Dios de un lado y se puso al hombre sobre el trono de la omnipotencia de Dios; sino al contrario, haciendo que todos los hombres, incluido los gobernantes, se inclinen en la humildad más profunda ante la majestad del Dios Todopoderoso.