sábado, 8 de abril de 2017

EL SERMÓN DEL MONTE 30


Mateo 6:22-24  La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será luminoso;
   mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así que, si la lumbre que hay en ti son tinieblas, ¡cuántas serán las mismas tinieblas!
   Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se llegará al uno y menospreciará al otro; no podéis servir a Dios y a las riquezas.
(La Biblia de Casiodoro de Reina 1569)

Jesús sigue hablando de las riquezas. Las palabras "bueno" y "malo" tienen que ver con la actitud del hombre hacia las riquezas.
 Jesús nos enseña tres lecciones fuertes sobre la necesidad de confiar en Dios y no en las riquezas:   las posesiones terrenales no duran, y no es nada sensato poner la confianza en algo tan pasajero;   si ponemos la confianza en las riquezas, esto significa que nuestro ojo no es bueno (claro o singular) y toda la vida está llena de tinieblas; y ( los que ponen su confianza en las riquezas en lugar de confiar de todo corazón en Dios son idólatras (se somete al dios "Mamón", el dios de riquezas).
Jesús vuelve a partir de una experiencia.  La luz entra a través del ojo. El ojo no es el origen de la luz, sino la ventana por la cual la luz entra al cuerpo (la vida). El "ojo"   corresponde al "corazón". El ojo es al cuerpo lo que el corazón es al alma. El "ojo" tiene que ver con nuestro concepto de nuestra mayordomía de las cosas materiales. El ojo bueno es el ojo sano. El que tiene "ojo bueno" tiene visión espiritual. Ve claramente. No ve "doble". No ve dos imágenes del objeto -- como lo hace el avaro -- sino solamente una; es decir, su concepto de Dios, de la vida, del deber personal, y sobre todo del uso correcto de sus bienes materiales, es claro y correcto. Compárese una ventana limpia: si el vidrio es claro y limpio, deja entrar la luz y la casa queda El ojo sano o enfermo (incluso ciego) hace que todo el cuerpo resplandezca o esté en tinieblas. Ahora bien, las dos expresiones se matizan mutuamente: el ojo (del corazón) sano es, al mismo tiempo, el ojo bueno, y el ojo enfermo es, al mismo tiempo, el ojo perverso. El ojo corporal es una imagen del corazón, hay que pensar en los dos simultáneamente. En el ojo se refleja todo el hombre, sus pensamientos y reflexiones, la pureza o corrupción de su vida. El ojo es la lámpara del cuerpo, el espejo infalible del alma. Si esta lámpara es luminosa y nítida, entonces también lo es el cuerpo y todo el hombre. Pero si el ojo es malo, corrompido y perverso, si mira con astucia y concupiscencia entonces todo el cuerpo está en tinieblas. Es un lenguaje en imágenes, que requiere una explicación. Jesús la da en la última frase: Y si la luz que hay en ti son tinieblas, ¡qué densas serán las tinieblas! ¿Qué significa esta frase? El corazón debe estar enteramente dirigido a Dios, vivir en los tesoros del cielo. Entonces todo el hombre está sano. Si el corazón se ha disipado en los bienes terrenos, se ha vuelto espiritualmente ciego, y todo el hombre está en tinieblas. No ve el verdadero bien y anda a tientas. Pero Dios es la luz, hace resplandecer al hombre, que debe brillar ante los ojos de Dios. El hombre enteramente dedicado a Dios, y que es limpio de corazón, ahora ya es un reflejo de la divina claridad. En su tiempo «verá a Dios»  con el ojo del cuerpo alumbrado por el amor y la pureza. «Todos vosotros sois hijos de la luz» (1Te_5:5), hijos de Dios, que «os llamó de las tinieblas a su maravillosa luz» (1Pe_2:9).
  Es interesante comparar otros textos que usan esta misma palabra (HAPLOUS): en Mat_6:22 se traduce "bueno"; en 2Co_8:2 se traduce "generosidad"; en 2Co_11:3 se traduce "sincera fidelidad"; y en Efe_6:5 se traduce "sencillez".
              Se refiere, pues, al corazón generoso. Hay relación estrecha entre estos términos porque la idea básica es "sencillo" o "singular". Los que tienen ojo bueno tienen corazón singular y sincero; por lo tanto, son generosos, como el buen samaritano (Luc_10:33-35), y los de Mat_25:35-36; Hch_2:45; Hch_4:32-37; 2Co_8:1-5, etc. Cada uno de estos tenía "ojo bueno".
              El que tiene ojo bueno tiene sus tesoros en el cielo. Tiene un solo propósito en esta vida. Busca primeramente el reino de Dios y su justicia. Busca una sola cosa. Sal_27:4; Luc_10:42. Tiene su mira en las cosas de Dios (Col_3:1-3).

El contraste siempre varía y se llama al discípulo para que tome siempre la misma decisión: tesoros en la tierra, tesoros en el cielo; tinieblas, luz; riqueza, Dios. También aquí penetra una experiencia natural en el ámbito del espíritu. Cada uno en realidad sólo puede servir con todas sus fuerzas a un señor. Pero esto con pleno sentido sólo puede decirse de Dios, que pide todo el hombre y no tolera ningún compromiso. Solamente en Dios tiene validez la alternativa en el pleno sentido; el hombre sabe que sólo Dios puede darnos la salvación...

En todas partes en que se pone en discusión el derecho señorial de Dios, se oculta el maligno. El demonio conoce múltiples formas de oposición y enemistad. De una forma especialmente alevosa se escuda detrás de Mammón  éste representa la propiedad terrena, la acumulación de bienes y tesoros, y de toda clase de posesiones. Pero también conocemos por la experiencia el disimulado poder del oro, el brillo fascinante y la magnificencia cautivadora de los objetos terrenales de gran valor. Para Jesús la riqueza siempre es «injusta», un poder casi demoníaco, que gana el corazón y lo tiene encadenado. El que es víctima de la riqueza, también lo es del diablo. Solamente se puede servir de veras a uno: a Dios, que es la luz de nuestra vida, y en quien están bien guardados los verdaderos tesoros y nuestro corazón.


               Por lo tanto, mira las cosas correctamente; sabe el camino y no tropieza. El hombre que tiene ojo bueno sabe distinguir entre las cosas más importantes y las cosas menos importantes. Da primer lugar a las cosas más importantes. Da prioridad a lo primero.
  Somos peregrinos (viajeros) y, por eso, no queremos “comprar el hotel” porque "no puede el mundo ser mi hogar". Tampoco llevamos mucho equipaje. Solamente necesitamos dinero para gastos.
  Sabe usar bien el dinero. Entiende que debe usar el dinero para la obra de Dios, para promover la obra de evangelizar el mundo. Está consciente de los multiplicados millones que no han oído el evangelio, y sabe que cuesta dinero enviar obreros, publicar literatura, etc. También se acuerda de los pobres y necesitados (Gál_2:9).
  Gana amigos por medio de las riquezas (Luc_16:9-13), para que cuando falten aquí le recibirán en las moradas eternas. El que tiene ojo bueno tiene su corazón iluminado y reconoce que pronto faltarán las riquezas.
No está engañado por las riquezas, Mat_13:22.
 No vive afanoso,  Flp_4:6; Heb_13:5-6.
Entiende cuáles son las riquezas verdaderas: la vida, la salud, el cuerpo, la mente, el alma, la conciencia, la familia, la iglesia, el tiempo que Dios nos da para prepararnos, la verdad, la influencia, y toda bendición de Dios tanto material como espiritual; es decir, el que tiene ojo bueno tiene un concepto claro de todas estas cosas. Sabe apreciar el valor de cada bendición de Dios y aprovecha cada una de ellas.
Por lo tanto, su vida está llena de luz. ¡Su camino está bien iluminado!

  El ojo malo es el ojo enfermo. Es el opuesto del ojo bueno. El que tiene ojo malo no ve claramente. Ve "doble". Por ser avaro ve dos imágenes. Su concepto de Dios, de la vida, del deber personal, y sobre todo su concepto del uso correcto de sus bienes materiales es confuso y chueco (por lo tanto "malo").
  Recordemos la ilustración de la ventana: si está sucia y opaca, no deja entrar la luz. Lo que opaca la ventana es el amor al dinero. La ventana mala tergiversa y tuerce la imagen y causa confusión.
Tal persona tiene "doble ánimo" (Stg_1:8; Stg_4:8). Tiene dos "ánimos" (dos corazones, dos afectos). Es como el hombre que ama a dos mujeres; siempre tiene problemas. Así eran algunos corintios (2Co_11:2-3). Dice Santiago que "El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos". Quiere ir al cielo, pero quiere acumular riquezas "para sí" aquí en la tierra (Luc_12:15-21). ¡Una mano se extiende hacia los cielos y la otra se mete en lodo!
  Todo tu cuerpo estará en tinieblas, todo lo contrario de la bendición de tener el cuerpo lleno de luz . Es hombre ciego. El egoísta (el avaro) piensa solamente en sí mismo y no en otros. Es materialista y mundano. Ama el dinero. Los fariseos eran avaros (Luc_16:14). No podían objetivamente escuchar la enseñanza de Jesús y, por lo tanto, seguían en las tinieblas.
  Ninguno puede servir a dos señores porque la palabra "servir" significa "ser esclavo de", y el esclavo tenía un solo amo. Jesús habla de dos servicios conflictivos: el uno de luz y el otro de tinieblas, el uno de humildad y el otro de orgullo, el uno por fe y el otro por vista, el uno con la mira en el cielo y el otro con la mira aquí en la tierra.
 Cuando los efesios se convirtieron, quemaron sus libros sobre la magia (Hch_19:19). Pablo se refiere a lo que él personalmente había dejado como "basura" (Flp_3:8). Judas amó al dinero; por eso aborreció a Jesús. Si servimos a Mamón, descuidaremos la obra de Dios. Satanás acepta con todo gusto una parte de nuestro servicio, porque sabe que si le damos una parte de nuestro servicio, Dios nos rechazará. Por lo tanto, el servicio parcial para Satanás es servicio total para él.

  Es necesario, pues, escoger. Josué_24:15; 1Reyes_18:21; Mat_12:30.

sábado, 1 de abril de 2017

EL SERMÓN DEL MONTE 29



Mateo 6:19-21  No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan;
   sino haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan:
   Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.
(La Biblia de Casiodoro de Reina 1569)

Este texto (Mateo_6:19-21) nos enseña a poner nuestra confianza en Dios, y no en cosas terrenales (materiales). En un mundo materialista, que nos bombardea constantemente con su propaganda, uno puede caer fácilmente en la trampa de acumular tesoros en la tierra, si no fija claramente la prioridad del reino. Jesús advierte que tal práctica no es aconsejable.
La manera más corriente y normal de organizar la vida consiste sencillamente en dar prioridad a las cosas que duran. Sea que nos estemos comprando ropa, o un coche, o una alfombra, o muebles, es de sentido común mirar más allá de las apariencias y comprar cosas que se han hecho con solidez y buena técnica para durar. Eso es exactamente lo que Jesús nos está diciendo aquí. Nos dice que nos concentremos en las cosas que duran.
Jesús se refiere a tres cosas de las que dependía la riqueza en Palestina.
  Les dice a Sus seguidores que no consideren su tesoro cosas que la polilla puede destruir.
En Oriente, una parte importante de la riqueza de una persona consistía en ropa fina y elaborada. Cuando Guiezi, el criado de Eliseo, quería sacarle algo de provecho al general sirio Naamán, que se había curado de la lepra siguiendo las instrucciones de Eliseo, le pidió un talento de plata y dos vestidos de gala nuevos (1Reyes_5:22 ).  
Pero tales cosas eran indignas de que se hiciera consistir en ellas el tesoro de una persona, porque las polillas las podían destruir, y su valor y belleza desaparecerían totalmente. No eran posesiones duraderas.


  El "corazón" del asunto es el corazón (así como en todo el Sermón del Monte). Si tenemos "limpio corazón", buscaremos tesoros celestiales.
 El afán de poseer es propio de nuestra naturaleza. El hombre dirige su pensamiento y su acción a producir bienes, a adquirirlos y aumentarlos. Pero aquí no se habla solamente de bienes, de cualquier clase de propiedad, sino de tesoros. Con esta palabra se alude a una grande y valiosa propiedad, a extensas fincas, a casas bien construidas, a preciosos ornamentos y a la acumulación de dinero. Por muy seguro y estable que pueda parecer todo eso ¡cómo está amenazado y cuán huera es su supuesta estabilidad! Minúsculos animales pueden destrozar el más rico valor. La polilla roe el precioso vestido de seda, y la carcoma ahueca el armario de excelente madera. Hay quienes se vuelven envidiosos y ávidos, y buscan medios para adueñarse de tales bienes: los ladrones perforan las paredes y roban. Como se gana, así se pierde. Jesús se refiere sobriamente a esta experiencia, que cualquiera puede sufrir. ¡Cuán inútil y sin valor es este afán, cómo se despilfarran las fuerzas por causa de bienes sumamente inciertos e inestables...! Os muestro otro objetivo que es digno del empeño de todas las fuerzas y asegura la estabilidad del valor: Atesorad tesoros en el cielo. Allí se colocan los valores en lugar seguro, ni los insectos destructores ni los ladrones perniciosos pueden hacerles nada. «En el cielo» quiere decir en Dios. Lo que es invertido en Dios, retiene su valor duradero. ¿Qué clase de tesoros son? Ciertamente en primer término la entrega del corazón a Dios. Pero luego también todo lo que el discípulo hace con la intención de servir realmente a Dios. Las «buenas obras» (Apocalipsis_5:16), la justicia sobreabundante hasta llegar al amor del enemigo (Apocalipsis_5:21-48), también los «ejercicios piadosos» (Apocalipsis_6:8), todo eso puede convertirse en el tesoro, si se hace con el debido espíritu. La frase final de nuevo es de una sencillez estupenda: Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón. Jesús conoce este profundamente arraigado afán de riqueza y valor, en los cuales se busca la felicidad. El corazón, el hombre interior, siempre está interesado en ellos. Si el corazón se queda con los tesoros terrenos y es absorbido por ellos, entonces corre el mismo riesgo de ser destruido que las cosas terrenas. Pero si pasa a los tesoros celestiales y vive con ellos, entonces tiene la perspectiva de estar a salvo con Dios para siempre. Parece casi natural, parece una consecuencia lógica; pero cuán poco natural es pensar y proceder así.

              Entre las riquezas materiales mencionadas en la Biblia, frecuentemente se menciona la ropa. Josue_7:21, "un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro". 2Reyes_5:22, "un talento de plata, y dos vestidos nuevos". Santiago_5:2, "Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla".  Isaías_51:8, "Porque como a vestidura los comerá polilla, como a lana los comerá gusano; pero mi justicia permanecerá perpetuamente, y mi salvación por siglos de siglos". Salmo_102:26, la tierra y los cielos "perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidurase envejecerán".   Una gran parte del tesoro terrenal de mucha gente (aun de hermanos en Cristo) es la ropa. Es increíble que hermanos gasten tanto dinero en ropa y en otras cosas para adornar el cuerpo (joyería, cosméticos, perfumes). 1Pedro_3:3-4. Cuestan mucho dinero los zapatos para damas, como también para caballeros (especialmente las botas), pero aunque los precios sean exagerados, muchos hermanos con gusto siguen comprándolos. No están contentos si no tienen un buen surtido de zapatos.  El problema ahora no es tanto la polilla, ni tampoco de que se envejezcan, sino el fastidio. La ropa, la joyería, los zapatos, etc. pierden su atracción después de usarse unas cuantas veces, y hay que comprar más. Los israelitas tenían que llevar su ropa durante cuarenta años (Deuteronomio_8:4), pero hay hermanos (¡y mayormente hermanas!) que no quieren llevar la misma ropa ni cuarenta días sin aburrirse de ella (no sé lo que habrían hecho si hubieran vivido en el desierto por cuarenta años). Es verdad que muchos regalan ropa a otros, pero no por ser benévolos, sino para tener excusa para comprar estilos nuevos. ¡Donde esté la moda, allí estará el corazón!
 El orín (la herrumbre) corrompe (destruye). Todos los productos metálicos (automóviles, aparatos eléctricos, maquinaría, último moóvil) con el tiempo se quiebran, se acaban o quedan enmohecidos, oxidados, arruinados.
 Los ladrones literalmente "minaban" las casas de adobe para robar. En Palestina, las paredes de muchas casas estaban hechas de adobes, y se podían perforar fácilmente; aunque las de los ricos, que es de las que se habla aquí, eran más sólidas, y requerirían más industria en los ladrones. Aquí se hace referencia al que ha almacenado en su casa cosas de valor, y descubre al volver un día que los ladrones han hecho un butrón y se han llevado su tesoro. No eran posesiones duraderas si estaban a merced de la intervención de cualquier ladrón emprendedor.
Ahora se usan cadenas, chapas, candados, y toda clase de seguros. Muchas personas instalan en sus automóviles sistemas de seguridad que suenan alarmas de varias clases, y los ladrones se divierten robando tales sistemas de los automóviles para venderlos (junto con el auto, o por separado) a otros. Es bueno cerrar con llave el coche y está bien "asegurar" con rejas las puertas y ventanas del negocio y de la casa, pero ¿quién cree que tales cosas en verdad "aseguran" nuestros tesoros terrenales?
 Ratas, ratones, y termitas. Se puede agregar a lo que Jesús dice una lista larga de otros "destructores": los diluvios, incendios, y tormentas destruyen propiedades que valen millones (o billones) de euros. Las ratas y ratones destruyen el grano. Las termitas (hormiga blanca) son cien veces más destructivas que los incendios y tormentas, pues en poco tiempo destruyen casas de madera casi nuevas. Parece que para este insecto toda especie de madera es sabrosísima y la come con un apetito insaciable . Lo más probable es que represente algo así: en Oriente, mucho de la riqueza de una persona consistía en cereales almacenados en grandes silos. Pero a ese grano podían atacarlo gusanos y ratones y ratas dejando el depósito contaminado y destruido. Lo más probable es que esta frase se refiera a estos y otros parásitos que se podían introducir en un granero y destruir o comer el contenido. No eran posesiones duraderas.

Las quiebras. Otra cosa que Jesús no menciona es la falta de seguridad en los bancos y otras casas financieras. Muchísimas instituciones de esta clase han caído en bancarrota. ¡Cuántas personas pierden los ahorros en esta manera! Y desde luego muchas empresas quiebran, y la consecuencia es desastrosa para los ricos (pierden su inversión) y para los pobres (pierden su empleo). Una causa mayor de las quiebras son el fraude y la corrupción.
Hay muchas otras cosas destructivas. Todos los placeres puramente físicos tienen la característica de desgastarse. Cada vez que se disfrutan, satisfacen menos que la anterior. Se necesita más para producir el mismo efecto. Son como las drogas, que pierden su efecto inicial y se hacen cada vez menos efectivas. Uno tendría que ser estúpido para buscar su sumo bien en cosas que cada vez resultan menos rentable. Con las cosas mencionadas aquí no se termina la lista de fuerzas destructivas. Una persona cuya felicidad dependa de cosas así, está condenada a una desilusión trágica. Cualquier persona cuyo tesoro consista en cosas, está abocada a perderlo, porque las cosas no son estables, ni duran para siempre.
La conclusión de todo esto es que los tesoros de la tierra no duran, son muy pasajeros. ¿Qué tan inteligente es, pues, dedicar la vida a acumular cosas de tan poca duración? Además, aunque se guardaran muchas posesiones por cien años o más, "¿qué aprovecha al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?"  
  ¿Y al morir qué pasa? "Tendré que dejar a otro" todo aquello que haya hecho o acumulado. El hombre trabaja con sabiduría, y con ciencia y con rectitud para "dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello... ¿Qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol?" (Eclesiastés_2:17-22). El hombre trabaja como esclavo, se vuelve casi loco con afán, y ¿para qué? Para dejar todo a otro que no trabajó nada por ello. (Por ejemplo, el rico acumula una fortuna, y cuando muere, su viuda se casa con otro que solamente tiene que entrar en la casa, colgar su sombrero y disfrutar del trabajo de otro). Así es la locura (la vanidad) de acumular bienes aquí en la tierra.

              ¿Cómo afecta el corazón el acumular tesoros?

  Dios quiere el corazón. El primer mandamiento es "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón" (Mateo_22:37). El corazón incluye el intelecto, la voluntad, las emociones y la conciencia. Requiere mucho tiempo, trabajo, y atención personal para acumular tesoros en la tierra. Por eso es muy peligroso hacerlo, porque esto significa que el corazón, que debe pertenecer a Dios, pertenece más bien a lo terrenal. Podemos saber si estamos trabajando para fines terrenales o para fines celestiales, porque es cuestión de simplemente observar cómo se usa el tiempo, de qué se habla (Mateo_12:34), cómo se usan los recursos (Proverbios_3:9 ; Lucas12:18), etc. ¿Qué nos anima, las cosas de Dios o los negocios (para acumular más bienes materiales, segundas viviendas)? ¡Cuántos hermanos se ven aburridos en los cultos, pero al hablar de su trabajo y sus negocios están muy animados! (Dios se fija en esto). ¿Dónde está el corazón? No es difícil saber.
 1Timoteo_6:6-10; 1Timoteo_6:17-18 es un comentario claro sobre este tema. Debemos leerlo con frecuencia, y con mucha meditación. La piedad con contentamiento es gran ganancia. El corazón contento es corazón agradecido. No hay ganancia material que se pueda comparar con el contentamiento. Filipenses_4:11-12; Hebreos_13:5-6. Los soldados preguntaron a Juan, "Y nosotros, ¿qué haremos?... contentaos con vuestro salario" (Lucas_3:14). ¡Cuántos hombres buscan pero no hallan el contentamiento! ¿Qué posesiones trajimos al mundo cuando nacimos? ¿Qué posesiones llevaremos al partir de este mundo? Esto indica la gran vanidad de vivir en este mundo con el propósito de acumular bienes materiales. "Así que, teniendo sustento (qué comer) y abrigo (con qué cubrirnos), estemos contentos con esto". ¿Cuántos hermanos están verdaderamente contentos con solamente las cosas básicas de la vida? ¿Por qué debemos estar contentos con esto? "Porque los que quieren enriquecerse (acumular bienes materiales) caen en tentación y lazo, y en muchas codicias (deseos) necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición". ¿Por qué hay tantos hermanos que no escuchan esta advertencia? Porque creen que "a mí no puede suceder tal cosa, porque tengo cuidado y evito tales problemas. Otros sí caen, yo no. Soy muy inteligente, muy capacitado para siempre superar dificultades". ¡Así pensaba Sansón! Obsérvemos con cuidado que Pablo no habla solamente de los ricos, sino de todos los que quieren enriquecerse. El hombre más pobre puede ser muy avaro, y por eso idólatra (Colosenses_3:5).
 "Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores". No se puede nombrar un solo pecado que no se haya cometido por el amor al dinero. El amor al dinero ha motivado a los hombres (y mujeres) a cometer todo pecado que haya en el mundo. ¡Este pensamiento es alarmante! Nos debe despertar y hacernos conscientes del peligro de querer acumular bienes materiales.
 ¿Cuál es el remedio? No poner "la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos". Dijo Job, "Si puse en el oro mi esperanza, y dije al oro: Mi confianza eres tú; si me alegré de que mis riquezas se multiplicasen, y de que mi mano hallase mucho... habría negado al Dios soberano" (Job_31:24-28). Salmos_52:7, "He aquí el hombre que no puso a Dios por su fortaleza, sino que confió en la multitud de sus riquezas, y se mantuvo en su maldad". Salmos_62:10, "Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas". Marcos_10:24, cuando el joven rico se fue triste "porque tenía muchas riquezas", Jesús dijo: "¡Cuán difícil les es entrar en el reino de Dios a los que confían en las riquezas!"
  El corazón está ligado al tesoro, y no puede estar en dos lugares. Si los tesoros están en la tierra, el corazón estará aquí; si los tesoros están en el cielo, el corazón estará allí.
 Jesús concluye esta sección afirmando que, donde esté el tesoro de una persona, allí estará también su corazón. Si todo lo que valora y aprecia una persona está en la Tierra, no tendrá ningún interés en un mundo más allá de este; si a lo largo de toda su vida ha tenido los ojos puestos en la eternidad, valorará poco las cosas de este mundo. Si todo lo que una persona aprecia y valora está en este mundo, entonces saldrá de él a regañadientes; pero si sus pensamientos se han mantenido en el mundo más allá, saldrá de este con alegría, porque va por fin a Dios.

  Debemos ser generosos, dadivosos, Lucas_6:30 -38. Recordemos siempre que Dios dice, "Mía es la plata, y mío es el oro" (Hageo_2:8). Debemos siempre servir a Dios con "nuestros" bienes materiales, porque en realidad son de El (Proverbios_3:9; 1Crónicas_29:14). ¡Somos solamente mayordomos! Si tenemos las escrituras de alguna propiedad (casa, empresa, etc.) recordemos que un día muy pronto tales escrituras están en manos de alguien más; la propiedad tendrá otro "dueño".
  1Timoteo_6:17-18, "Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna".
  Hechos_2:44-45; Hechos_4:32-37, estos hermanos acumulaban tesoros en el cielo. Ese era el principio de la Iglesia Cristiana en sus primeros días. La Iglesia Primitiva siempre se cuidaba amorosamente de los pobres, los enfermos, los abatidos, los indigentes y todos los que no le importaban a nadie.
  1Corintios_16:1-2, cada primer día de la semana tenemos la oportunidad de acumular tesoros en el cielo.
  Mateo_25:35-40; Gálatas_2:10; Gálatas_6:10; Santiago_1:27. Acumulamos tesoros en el cielo si ayudamos a los pobres, a los hambrientos, a los sedientos, a los encarcelados, a los huérfanos y a las viudas, etc.
 Filipenses_4:14-18, los que ayudan económicamente a los evangelistas acumulan tesoros en el cielo. Es fruto que abunda en " vuestra cuenta", en el cielo, en el banco celestial. Dios nos permite depositar dinero en su banco. (Muchos hermanos no creen en imitar a los filipenses en ayudar a los evangelistas y esta deficiencia impide la obra del evangelismo).
  2Corintios_8:2-5, los macedonios acumulaban tesoros en el cielo, aún más allá de sus fuerzas, porque primeramente a sí mismos se dieron al Señor.

  Los tesoros guardados en el cielo no se destruyen. Ni la polilla ni el orín corrompen, y ladrones no minan ni hurtan. 1Pedro_1:4, "una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros".
              Hebreos_11:26, Moisés tenía "por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón". Sabía que las riquezas de Egipto no duraban.
  Por lo tanto, seamos ricos "para con Dios" (Lucas_12:21) en lugar de hacer tesoro para nosotros mismos.
           
Jesús no dijo nunca que este mundo no tenía importancia; pero dijo explícita e implícitamente muchas veces que su importancia no está en sí mismo, sino en aquello a lo que nos conduce. Este mundo no es un fin en sí mismo, sino una etapa en el camino; y, por tanto, una persona no debe rendirle su corazón a este mundo y a lo que hay en él, sino debe tener los ojos puestos en la meta más allá.
La mentalidad mundana es síntoma fatal y corriente de la hipocresía, porque por ningún pecado puede Satanás tener un soporte más seguro y más firme en el alma que bajo el manto de una profesión de fe. Algo tendrá el alma que mirar como lo mejor aquello en lo cual se complace y confía por encima de todas las demás cosas. Cristo aconseja que hagamos como nuestras mejores cosas a los goces y las glorias del otro mundo, las cosas que no se ven, que son eternas y que pongamos nuestra felicidad en ellas. Hay tesoros en el cielo. Sabiduría nuestra es poner toda diligencia para asegurar nuestro derecho a la vida eterna por medio de Jesucristo, y mirar todas las cosas de aquí abajo como indignas de ser comparadas con aquellas y a estar contentos con nada menos que ellas. Es felicidad superior y más allá de los cambios y azares del tiempo, es herencia incorruptible.

El hombre mundano se equivoca en su primer principio; por tanto, todos sus razonamientos y acciones que de ahí surgen deben ser malos. Esto se aplica por igual a la falsa religión; lo que es considerado luz es la oscuridad más densa. Este es un ejemplo espantoso, pero corriente; por tanto, debemos examinar cuidadosamente nuestros principios directrices a la luz de la Palabra de Dios, pidiendo con oración ferviente la enseñanza de su Espíritu.

EL SERMÓN DEL MONTE 28


Mateo 6:16-18  Y cuando ayunéis, no seáis como los hipócritas, austeros; porque ellos demudan sus rostros para parecer a los hombres que ayunan; de cierto os digo, que ya tienen su pago.
   Mas tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro;
   para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te pagará en público.
 (La Biblia de Casiodoro de Reina 1569)

En el tiempo antiguo el ayuno era para todo el pueblo. Hasta este día, el ayuno es una parte esencial de la vida religiosa en Oriente. Los musulmanes observan rigurosamente el ayuno en el mes de ramadán, que es el noveno mes del año musulmán, en el que se conmemoran las primeras revelaciones que recibió Mahoma. Ese ayuno se mantiene desde la salida del sol -cuando hay bastante luz para distinguir un hilo blanco de uno negro- hasta la puesta del sol. En ese tiempo está prohibido comer, beber, bañarse, fumar, oler perfumes, y cualquier cosa que no sea esencial. Las mujeres que están criando o esperan bebés están exentas. Los soldados en campaña y los que están de viaje también pueden dejar de cumplirlo, pero comprometiéndose a ayunar en otro tiempo durante un número equivalente de días. Si una persona tiene que tomar alimento por razones de salud, debe compensar el haber quebrantado el ayuno dando limosnas a los pobres.
Las costumbres de ayuno de los judíos eran exactamente las mismas. Hay que advertir que  el ayuno duraba desde la salida hasta la puesta del sol; fuera de ese tiempo se podía comer normalmente. Los judíos de tiempos de Jesús, como en nuestros días, no tenían más que un ayuno obligatorio: el del Día de la Expiación. Ese día, todos los hombres tenían que «afligir sus almas» (Levítico_16:31). La ley tradicional estipulaba: "El Día de la Expiación está prohibido comer, beber, bañarse, ungirse, llevar sandalias, y hacer uso del matrimonio.» Hasta los niños tenían que ser entrenados en cierta medida de ayuno el Día de la Expiación para que, cuando fueran mayores, estuvieran preparados para cumplir el ayuno nacional.
Pero, aunque sólo había un día de ayuno general obligatorio, los judíos practicaban corrientemente los ayunos privados.
  Estaba el ayuno que se relacionaba con el luto. Entre la muerte y el entierro de un ser querido, los que estaban de duelo se tenían que abstener de carne y de vino.
  Estaba el ayuno que se hacía para expiar un pecado. Se decía, por ejemplo, que Rubén ayunó siete días por su responsabilidad en la venta de José: "No bebió vino ni ninguna otra bebida alcohólica; no probó la carne ni ninguna otra cosa apetitosa» Los pecados que se han hecho en Israel, no sólo son faltas personales de individuos, sino culpa que grava todo el pueblo. Todos deben ayunar para dolerse de los pecados y hacer penitencia. Hay ciudades prontas para la penitencia, que aceptaron el llamamiento y se convirtieron, como incluso la ciudad pagana de Nínive por la predicación del profeta Jonás (Jonás 3). La caída de Jerusalén, asaltada por el ejército babilónico es un castigo del pueblo que se ha negado a hacer penitencia.
El individuo también podía ayunar privadamente por sus propios pecados o en representación del pueblo por los pecados del mismo. El primer sentido de nuestra cuaresma es que todo el pueblo de Dios ayuna para hacer penitencia, como señal de arrepentimiento y en representación de los demás. Los fariseos tenían una alta estima del ayuno voluntario, y lo practicaban con diligencia. Pero por otra parte ¡qué trastorno del verdadero sentido del ayuno! Quieren hacer penitencia ante Dios y mostrarle su disposición a convertirse.
Pero lo que debe dirigirse solamente a Dios se convierte en espectáculo ante la gente. Todos deben ver cómo se consumen de pena y se contristan. Ponen una cara de santurrón y desfiguran el rostro, cubren de ceniza la cabeza, van dando vueltas con vestidos gastados: una exhibición que no puede ser más ridícula. Puesto que esperan la alabanza de la gente, han recibido ya su recompensa y no tienen que esperar ninguna otra.
Jesús no reprueba el ayuno, ni tampoco el que se practica voluntariamente. Puede ser expresión auténtica del deseo de hacer penitencia. Pero el que ayuna debe ungirse la cabeza y lavarse la cara. La gente no debe notar lo que él hace. Exteriormente debe aparecer con un aspecto normal, con un exterior aseado y con semblante alegre. Entonces está garantizado que la dirección hacia Dios no está desbaratada por la dirección hacia los hombres. Lo que así permanece oculto, será visto y recompensado por Dios, porque Dios también contempla lo que está escondido, conoce los deseos del corazón, la pureza de intención y la renuncia a la ostentación externa. Estos versículos sobre el ayuno valen para el tiempo en que Jesús, el esposo, está separado de nosotros. Mientras vive con los discípulos y lleva a término la obra de Dios en la tierra, es tiempo de alegría, ya que «el esposo está con ellos. Tiempo llegará en que les quiten al esposo y entonces ayunarán» (Mateo 9; 15). Entonces empezará un nuevo ayuno, con la esperanza del regreso del esposo: Es tiempo de tristeza por la separación, pero también es tiempo para prepararse, tiempo de reparación por los pecados propios y por todos los pecados del mundo, tiempo de la espera vigilante y del humilde servicio del esclavo, hasta que de hecho se celebren las bodas del Cordero con su esposa, la Iglesia (Apocalipsis_22:3  ss).
 Nuestro ayuno conoce formas distintas de las que eran usuales entre los judíos de aquel tiempo, entre los antiguos cristianos y también en la edad media. La índole adecuada al tiempo, de nuestro ayuno, también debe medirse con esta instrucción de Jesús. También aquí está al acecho, precisamente entre los «piadosos», el peligro de la hipocresía y de servir a los hombres. Solamente podemos estar seguros de ayunar ante Dios, si evitamos cualquier mirada de soslayo al prójimo y nos gusta quedar ocultos.

  La ley de Moisés especificó un solo ayuno para ser observado anualmente en el día de la expiación. Levítico_16:29-34, "En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas". Salmos_35:13, "afligí con ayuno mi alma".
La tradición inventó muchos ayunos. Lucas_18:12, "ayuno dos veces a la semana". Los judíos ayunaban cuando había peligros y problemas de cualquiera clase, en tiempo de luto, y para manifestar el arrepentimiento. Creían que el ayuno intensificaba el pesar por el pecado.
  Los discípulos de Juan ayunaban. Mateo_9:14.
 Jesús no requiere ni prohibe el ayunar. Sus discípulos, por ser judíos, ayunaban. Era práctica religiosa bien establecida. Jesús enseña sobre el tema para condenar la hipocresía, y para enfatizar la necesidad de servir a Dios con corazón sincero. Otra vez El habla del mal ejemplo de los hipócritas. Mateo_5:20, "Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos". No habrá hipócritas en el cielo.
  No fingir la tristeza. Los hipócritas no sentían tristeza por sus pecados, sino que solamente fingían la humildad y la tristeza. En lugar de poseer y demostrar la verdadera piedad, solamente la fingían. Tal "humildad" falsa (fingida) es más bien soberbia. "Ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan". Demudaban o desfiguraban sus caras. No se lavaban, no se peinaban, no se ungían y se cubrían de ceniza, para indicar una devoción profunda. Querían indicar con este "disfraz" que estaban muy afligidos por Dios. Era "otra cara"; no la cara natural. Por eso, eran hipócritas (palabra que viene de la práctica de los actores griegos y romanos de usar máscaras). Isaías_58:3-11 y Zaccarías_7:1-7 denuncian los ayunos falsos y engañosos. Isaías explica bien el ayuno verdadero que Dios acepta.

              En realidad tales hombres eran incrédulos. El pueblo escogido de Dios no creía en El. Si hubiera creído en Dios, habría sabido que Él es omnisciente y que no le podían engañar. La verdad es que no le tomaban en cuenta. Sus actos religiosos eran para los ojos (la atención y el aplauso) de los hombres y no para los ojos de Dios.
  ¿Qué aprendemos de esto nosotros? No hay peligro de que algún hermano literalmente practique el ayuno hipócrita que los judíos practicaban, pero este texto es otro ejemplo del peligro de participar en actos religiosos para ser vistos de los hombres (para impresionarles y recibir su alabanza).
             
              Presupone que ellos sí ayunaban, y que seguirían ayunando. El orar, el dar limosna y el ayunar eran prácticas comunes.  La apariencia debe ser normal. "Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará" , es decir, ser normal en su apariencia, como si no ayunara, que no haya diferencia en su apariencia si ayuna o si no ayuna. Seguir su actividad normal, trabajando, yendo al centro, paseándose sin mostrar o exhibir en forma alguna el hecho de estar ayunando.
 (A veces parece que algunas personas llevan por un tiempo excesivo el vestido negro para manifestar su tristeza por algún ser querido).
 1Corintios_7:29-30, "Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta pues, que los que... lloran (sean) como si no llorasen".
 Esta conducta es lo opuesto de la práctica de los hipócritas. Ellos, no estando afligidos, daban la apariencia de aflicción. Jesús enseña que, estando verdaderamente afligidos, que no se dé la apariencia de aflicción.
Hay dos recompensas:
ser alabados por los hombres, o   ser aceptados y bendecidos por Dios.
              
              Jesús no requiere que ayunemos, ni tampoco lo prohíbe  Mateo_6:16-18 condena la hipocresía. El ayunar -- un acto que debe ser para agradar a Dios -- no debe practicarse para impresionar a los hombres.
  Mateo_9:15, el ayunar tiene que ser apropiado. "¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán". Hay tiempo apropiado para ayunar. Debe ser expresión natural de los sentimientos el alma. Es por esto que el Señor no lo manda. La persona que verdaderamente se siente afligida ayuna (la tristeza le obliga a ayunar), pero ¿cuántas personas podrían verdaderamente sentirse afligidas dos veces por semana como cosa obligatoria y rutina?
             
    Sin duda alguna, el ayunar ha beneficiado (y sigue beneficiando) a muchas personas, pero no tiene valor en sí como ceremonia espritual. Nos engañamos si creemos que somos más espirituales simplemente porque ayunamos cada mes, o cada semana o dos veces por semana. Como ya hemos visto, el ayuno es la expresión natural y normal del alma.
  Acompaña la oración, Hechos_13:3; Hechos_14:23. El ayunar suprime el apetito físico para dar énfasis a la alimentación del alma en comunicación con Dios. Es muy posible que la pura intensidad de las cosas espirituales nos haga descuidar los apetitos del cuerpo. En los dos textos citados los apóstoles y otros hermanos estaban ocupados en obra supremamente importante. Juan_4:31-32, los discípulos se preocupaban porque Jesús no había comido. "Rabí, come. Él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis". El ayunar se puede comparar con el abstenerse de otras cosas físicas, por ejemplo, el acto sexual. De esto habla Pablo en 1Corintios_7:5, "No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia". La esencia de ayunar aceptablemente es que el alma reciba más atención mientras que el cuerpo reciba menos.
 ¿Tiene valor espiritual, pues? Si el ayunar ayuda en obedecer los textos que requieren la abnegación de sí ( Mat_16:24; Rom_12:1; 1Co_9:27), entonces se puede decir que es muy provechoso ayunar. Si te ayuda, hazlo.
              Pero lo que Dios quiere no es el ayunar mismo, sino lo que el ayunar debe producir, es decir,  el verdadero arrepentimiento y cambio de carácter, la transformación del hombre en la imagen de Cristo. El ayunar es bueno, pues, si ayuda en la lucha contra la carne.
             Sin embargo, es necesario advertir que en todas las cartas que hablan tanto de la lucha entre la carne y el espíritu (  Rom_8:1-11; Gál_5:16-24; Efe_4:21-32; Col_3:1-12, etc.), nunca se enseña que el ayunar es un medio efectivo para ganar la victoria sobre la carne.
  Los ayunos de Pablo (2Co_6:5; 2Co_11:27) no eran voluntarios, sino privaciones que sufría en la obra.
             
              Jesús ni manda ni prohibe el ayunar, sino incluye el tema en su denuncia de la hipocresía de los que hacían su justicia para ser alabados por los hombres. Enseña Jesús que el ayunar debe ser cosa privada, hecha en secreto, y no en manera ostentosa. El ayudar debe ser un acto completamente normal, la expresión natural del alma. Debe haber una razón para ayudan; no debe ser fingido.
   El ayunar no es mandamiento del Nuevo Testamento. No hay texto que especifique algún ayuno, especificando quiénes deben ayunar, cuándo deben ayunar, qué tan frecuente, de cuánta duración, etc., sino que es necesario que el ayuno sea de beneficio para el alma. Está en la misma categoría con todos los demás actos de abnegación de sí.
 También debe ser compatible con la buena salud. El cristiano bien puede sufrir físicamente por Cristo (Mat_5:10-12), pero no hay texto alguno que indique que el cristiano debiera perjudicar su salud física o mental para controlar sus apetitos. (1Co_9:27, Pablo no dio golpes literales a su cuerpo).
              Todos debemos humillarnos y arrepentirnos cuando pecamos. Si el ayunar, o vestirse de cilicio y ceniza, etc. nos ayuda a afligirnos, entonces son cosas buenas. Debemos ser pobres en espíritu (Mat_5:3), y llorar por los pecados (Mat_5:4), como la mujer de Luc_7:37-38, para producir el arrepentimiento genuino, 2Co_7:10.
           
           


EL SERMÓN DEL MONTE 27


Mateo 6:14-15  Porque si soltareis a los hombres sus ofensas, os soltará también a vosotros vuestro Padre celestial. Mas si no soltareis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os soltará vuestras ofensas.
(La Biblia de Casiodoro de Reina 1569)

Aquí se formula como una ley lo mismo que antes se había manifestado en la tercera petición. El lenguaje es el que se usa en las leyes. Los pensamientos están ensamblados con rigor y se excluyen unos a otros.   Las dos veces se hace depender la acción de Dios de la nuestra. No hay ningún hueco ni ninguna excepción.   Los labios de Jesús pronunciaron pocas palabras tan inflexibles y terminantes como éstas. Una comunidad no puede vivir de forma realmente cristiana, si esta ley no está profundamente grabada en el corazón de ella y si no determina su acción. No podemos abrir la boca para pedir perdón a Dios, si todavía estamos endurecidos con otra persona y no nos hemos reconciliado con ella.

Jesús nos pone en alerta en cuanto al perdón se refiere: si no queremos perdonar a los demás, tampoco Dios nos perdonará. ¿Por qué? Porque cuando no perdonamos a otros estamos negando lo que tenemos en común como pecadores necesitados del perdón de Dios. El perdón de Dios no es el resultado directo de nuestro acto perdonador hacia otros, sino que está basado en nuestro entendimiento del significado del perdón (Efesios_4:32). Es fácil pedir a Dios su perdón, pero es difícil darlo a otros. Cuando pidamos a Dios que nos perdone, debemos preguntarnos: "¿He perdonado a las personas que me han herido o agraviado? ¿He pedido perdón a todas las que he herido? Y no sólo eso sino qué ¿He restaurado, arreglado, devuelto, reparado el daño producido? Aquí, Jesús enfatiza un asunto que evidentemente pesaba mucho en su mente y debe pesar en la nuestra. Es casi una redundancia, como aparece frecuentemente para recalcar una verdad importante. El elemento nuevo que aparece en este pasaje es el uso del término “ofensas”, o más concretamente “transgresiones”.
Los que desean hallar misericordia de Dios deben mostrar misericordia a sus hermanos. Cristo vino al mundo como el gran Pacificador no sólo para reconciliarnos con Dios sino los unos con los otros.

En la doctrina sobre la oración el Señor destaca la sencillez y la veracidad con que debemos dirigirnos a Dios: «Nuestra mente debe estar en conformidad con lo que dicen los labios». Esta es la única aseveración que respecto de nosotros hacemos en toda la oración, y la única parte que nuestro  Señor explicó y reiteró al fin. Con ella se nos recuerda que no podemos esperar que nuestros ruegos por el perdón sean atendidos, si en tanto que los  enunciamos se anida en nuestro pecho la malicia y el rencor para con los demás. Orar en tales circunstancias es una mera fórmula y un acto de horrible  hipocresía. Es peor que hipocresía. Escomo si dijésemos: "No me perdones." Sin caridad nuestras oraciones son nulas. El perdón es una nece­sidad social si la sociedad no quiere verse pa­ralizada por una acumulación de agravios de unos contra otros.
Tú que lees esto, no podrás tener excusa alguna en el día del juicio, cuando seas juzgado según tu misma sentencia y cuando tú mismo sufras lo que has hecho con otros.



¡Maranatha!

lunes, 27 de marzo de 2017

SALMO 90


Salmo 90:1-17 Oración de Moisés Varón de Dios. Señor, tú nos has sido refugio en generación y en generación.
   Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, y desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.
   Vuelves al hombre hasta ser quebrantado, y dices: Convertíos, hijos de los hombres.
   Porque mil años delante de tus ojos, son como el día de ayer, que pasó, y como la vela de la noche.
   Los haces pasar como avenida de aguas; son como sueño; a la mañana está fuerte como la yerba,
   que a la mañana florece, y crece; a la tarde es cortada, y se seca.
   Porque con tu furor somos consumidos, y con tu ira somos conturbados.
   Pusiste nuestras maldades delante de ti, nuestros yerros a la lumbre de tu rostro.
   Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira; acabamos nuestros años según la palabra.
   Los días de nuestra edad son setenta años; y de los más valientes, ochenta años, y su fortaleza es molestia y trabajo; porque es cortado presto, y volamos.
   ¿Quién conoce la fortaleza de tu ira? Que tu ira no es menor que nuestro temor.
   Para contar nuestros días haznos saber así, y traeremos al corazón sabiduría.
   Vuélvete a nosotros, oh SEÑOR: ¿hasta cuándo? Y aplácate para con tus siervos.
   Sácianos de mañana de tu misericordia; y cantaremos, y nos alegraremos todos nuestros días.
   Alégranos conforme a los días que nos afligiste, y los años en que vimos el mal.
   Aparezca en tus siervos tu obra, y tu gloria sobre sus hijos.
   Y sea la hermosura del SEÑOR nuestro Dios sobre nosotros; y enderezca sobre nosotros la obra de nuestras manos, la obra de nuestras manos enderezca.

                                                                                   (La Biblia de Casiodoro de Reina 1569)

Éste Salmo es una oración de Moisés  contrastando las flaquezas del hombre con la eternidad de Dios, el escritor lo llora como el castigo del pecado, e implora el retorno del favor divino. No hay situación que encaje mejor con este Salmo que la de Moisés durante los años agobiantes de alejamiento divino (Números 14:34). Es un Salmo hermoso, conmovedor y realista, que encara nuestras inseguridades y nos ofrece una solución y una esperanza.
Estos versículos comienzan con una referencia al tiempo en que se fija la vida humana, de generación en generación, y termina con la extensión eterna de la vida de Dios desde la eternidad hasta la eternidad. Con este panorama del tiempo y la eternidad contamos con una dirección fija. El “ha probado ser nuestra morada”. Unidos a él, gozamos de permanencia. ¡Con cuánto sentimiento pudiera Moisés haber dicho esto!
 El favor y la protección de Dios son el único reposo y consuelo seguro del alma en este mundo vil. Cristo Jesús es el refugio y la morada en la cual podemos recogernos.
Somos criaturas moribundas, todas nuestras consolaciones en el mundo están moribundas, pero Dios es el Dios eterno y los creyentes lo hallan como tal. La mente humana no alcanza la trascendencia ilimitada de Dios tanto en tiempo como en poder y en espacio. Este es el Dios que ha sido fiel en nuestra experiencia y a través de generaciones.
Durante 40 años Moisés observó con tristeza cómo el tiempo, cual arroyo que constantemente se lleva el agua, se ha ido llevando a todos sus hijos (Números 14:23, 29; Deuteronomio. 2:14–16) y reconoció detrás de lo que vio la temible realidad de la ira de Dios contra el pecado. Pero la verdad que expresó se aplica a toda la humanidad: amenazada por la inestabilidad  y destrozada por la ira. Es por la acción de Dios que sufrimos la inseguridad de lo transitorio. Es por su mandato (Génesis 3:19) que volvemos al polvo, un destino inescapable, pues  aun los que vivían cerca de un milenio (Génesis. 5) morían como los demás y para todos por igual el pasto nuevo de la mañana es la vegetación seca del atardecer.
 ¿Por qué debe ser así? ¿Por qué una especie destinada a comer del árbol de la vida y vivir para siempre (Génesis. 2:16; 3:22) se deshace en polvo y duerme en la muerte? El porque al principio del versículo 7 da la respuesta: ¡furor … ira divina contra maldades …  pecados secretos, ira! ¿Es sencillamente el producto de un espíritu incurablemente melancólico decir que la vida termina con un suspiro  y que la prolongación de la vida sólo significa la prolongación del mal, de las aflicciones? Por supuesto que hay otros aspectos de la vida, pero cuando nos detenemos a analizar, el común denominador de la humanidad es la triste realidad de vidas arruinadas por el pecado, que deben ineludiblemente rendir cuentas al Dios que odia el pecado Se muestra el gran contraste entre Dios y el hombre.

En comparación con el poder de Dios, el hombre es un granito de arena, y asimismo en cuanto a durabilidad. Pero la gran masa de seres humanos no se da cuenta de lo pasajero que son porque están tan ocupados con este mundo. Si pueden levantar la vista a una perspectiva más amplia cambiarán sus valores. 2Pedro 3:8; sencillamente muestra el gran contraste entre Dios y el hombre. No es que Dios no tenga consciencia del tiempo o de la sucesión de hechos, el salmista dice que nuestros tiempos están en su mano; él está consciente de nuestro tiempo. Las aflicciones de los santos suelen provenir del amor de Dios, pero los reproches para los pecadores y los creyentes por sus pecados deben considerarse procedentes del desagrado de Dios. Los pecados secretos son conocidos por Dios, y serán tratados. Véase la necedad de quienes tratan de tapar sus pecados, porque no pueden hacerlo.
Cuando pasan nuestros años no pueden recordarse más que las palabras que hablamos. Toda nuestra vida es extenuante y problemática, y quizá sea cortada en medio de los años que contamos. Por todo esto se nos enseña a permanecer reverentes. Los ángeles que pecaron conocen el poder de la ira de Dios; los pecadores en el infierno la conocen, pero, ¿quién de nosotros puede describirla plenamente? Pocos la consideran con la debida seriedad. Quienes se burlan del pecado y toman a Cristo a la ligera, con seguridad no conocen el poder de la ira de Dios. ¿Quién de nosotros puede habitar con ese fuego consumidor?
El problema del hombre no consiste solamente en su debilidad, sino también en su enemistad con Dios. El salmista reconoce que toda la humanidad cae bajo la ira de Dios porque todos han pecado.
Es por medio de la oración que podemos vencer el poder desintegrador del pecado, por medio de la oración que volamos al Dios a quien hemos ofendido, por medio de la oración hacemos nuestro refugio  en él. Esta era la manera de actuar de Moisés (Éxodo 15:25; 17:4; 32:31, 32; Números 13–19). Existen cuatro aspectos de la oración para preservar la especie en peligro de extinción: reconocer lo limitado de nuestro tiempo de manera que lo usemos con sabiduría; clamar pidiendo la compasión de un Dios reconciliado; contrarrestar el marchitarse de la vida con una nueva mañana llena de su misericordia que no cambia en todos nuestros días; esperar en Él para que llene la vida de alegría que de otra manera hubiera sido de aflicción. Estos son los cuatro muros fuertes de nuestro refugio eterno en Dios: él es nuestra sabiduría (1 Corintios 1:30), nuestro perdón (Isaías. 55:7), nuestra estabilidad a lo largo de nuestros días, nuestra renovación.

Cuando, por enfermedad u otras aflicciones, Dios lleva a los hombres a la destrucción, los llama a que vuelvan a Él, arrepintiéndose de sus pecados y viviendo una vida nueva.  El castigo de Dios sobre la humanidad debe dirigir a los seres humanos hacia el temor de Dios
Mil años nada son para la eternidad de Dios: entre un minuto y un millón de años hay cierta proporción; entre el tiempo y la eternidad no la hay. Todos los sucesos de mil años, sean pasados o venideros, son más presentes para la mente eterna que lo hecho en la hora recién pasada para nosotros. Moisés nos recuerda que mil años son como un día para el Señor. El tiempo no limita a Dios. Es muy fácil desalentarse cuando pasan los años y el mundo no mejora. Debido a que no podemos ver hacia el futuro, a veces nos preguntamos si Dios lo puede ver. Pero no cometa el error de suponer que Dios tiene las mismas limitaciones que nosotros. A Él no lo limita el tiempo de ninguna manera. Podemos depender de Dios porque Él es eterno. Dios conoce nuestros pecados como si los tuviera extendidos ante El, incluso los pecados secretos. No necesitamos ocultar nuestros pecados ante Él porque podemos hablarle abierta y sinceramente. Pero aun cuando conoce toda esa terrible información de nosotros, sigue amándonos y quiere perdonarnos. Esto, en lugar de asustarnos y llevarnos a encubrir nuestros pecados, nos debería alentar a acercarnos más a Él.

 En la resurrección, el cuerpo y el alma regresarán ambos y volverán a unirse. 
Pero muy pocos han aprendido a “contar sus días”, y no se dan cuenta de lo efímero de su vida. Hoy pueden medir la distancia al sol y la luna y a las estrellas y la cantidad exacta de tiempo para que la luz llegue de ellas, pero no han aprendido a contar sus propios días. Solamente Dios puede dar la sabiduría para contar, o evaluar, o juzgar, nuestros días; sólo Dios puede hacernos entender la realidad. Percatarnos de que la vida es corta nos ayuda a utilizar el poco tiempo que tenemos de una manera sabia. Nos ayuda a centrarnos en usar la vida para un bien eterno. Dedique tiempo para contar sus días al preguntar: "¿Qué quiero que suceda en mi vida antes de morir? ¿Qué pequeño paso puedo dar hoy hacia ese propósito?"

El tiempo pasa sin que lo notemos, como los hombres dormidos; cuando es pasado, ya es como nada. Es una vida corta y velozmente pasajera como las aguas de la inundación. El hombre solo florece como la hierba, que se marchita cuando llega el invierno de la vejez, pero puede ser cortado por la enfermedad o el desastre.
la mañana es tradicionalmente el tiempo para buscar a Dios. El salmista dice que si Dios, al principio del día, nos inunda con su misericordia, podemos cantar y alegrarnos, pues sólo Dios puede dar una base para gozo verdadero.
Quienes aprenden la sabiduría divina deben orar por la instrucción divina, deben implorar que el Espíritu Santo les enseñe; y por el consuelo y el gozo en las retribuciones del favor de Dios. Oran por la misericordia de Dios, porque no pretenden alegar méritos propios. Su favor será una fuente plena de goces futuros. Será una compensación suficiente por las penas anteriores. La gracia de Dios en nosotros produzca la luz de las buenas obras. Las consolaciones divinas pongan alegría en nuestros corazones y resplandor en nuestro semblante. La obra de nuestras manos confirma; y para eso, confírmanos en ella. En lugar de desperdiciar nuestros preciosos días pasajeros persiguiendo fantasías, que dejan a los poseedores por siempre pobres, busquemos el perdón de pecados y una herencia en el cielo. Oremos que la obra del Espíritu Santo pueda manifestarse en la conversión de nuestro corazón y se vea en nuestra conducta la belleza de la santidad.

El salmista no apela a ninguna justicia propia, reconoce que necesita la misericordia de Dios. Pero sabe que cuando se manifieste la obra de Dios en tus siervos el resultado será gozo, firmeza y el establecimiento de la obra de nuestras manos.
Aunque mucho del Salmo tiene tono triste, empieza y termina con confianza en Dios. Se destaca el contraste entre la eternidad de Dios y lo pasajero del hombre.

El propósito es que Dios tenga misericordia, que no olvide que el hombre es tan pasajero, que actúe ahora. Porque nuestros días están contados, queremos que nuestro trabajo cuente. Queremos ser eficaces y productivos. Deseamos ver revelado ahora el plan eterno de Dios y que nuestra obra refleje su permanencia. Si nos sentimos insatisfechos con esta vida y todas sus imperfecciones, recuerda que nuestro deseo de ver nuestra obra establecida está delante de Dios. Pero nuestro deseo puede satisfacerse únicamente en la eternidad. Hasta entonces debemos seguir amando y sirviendo a Dios.


El Salmo finaliza como comenzara refiriéndose al Señor, “el Soberano”  y a las generaciones que van pasando. Empezó afirmando que podemos encontrar permanencia refugiándonos en Él; termina orando que visite a nuestros hijos en su esplendor y a nosotros en su “hermosura”. No sólo se brinda Él a nosotros; se da a sí mismo a nosotros. Nosotros que estamos atrapados en el pasar de las generaciones, en lo transitorio de la vida, en los sombríos vaivenes de la ira divina, somos hechos partícipes de la naturaleza divina (2 Pedro 1:2–4) en toda su gloria y hermosura.