miércoles, 24 de febrero de 2016

Romanos 16:1-27



16.1, 2 Pablo encomienda a Febe a los cristianos de Roma. Corresponde a los cristianos ayudarse unos a otros en sus asuntos, especialmente a los forasteros; no sabemos qué ayuda podremos necesitar nosotros mismos. Pablo pide ayuda para una que ha sido útil para muchos; el que riega también será regado. En la parte oriental de Corinto (Hechos 18:18). No hay razón para dudar que hubiera en las iglesias primitivas diaconisas que atendiesen las necesidades de los miembros. Por lo menos, allá por el reinado de Trajano, según se traduce por la célebre carta de Plinio dirigida a aquel emperador—año 110, o 111 d. de C.—las había en las iglesias orientales. En efecto, a causa de la relación existente entonces entre los sexos opuestos, algo de esa suerte hubiera parecido ser una necesidad. Las tentativas modernas, sin embargo, por restablecer este oficio, pocas veces han resultado favorables; ya fuese debido al estado alterado de la sociedad o por el abuso del oficio, o por ambas razones.
Aunque el cuidado de todas las iglesias estaba con Pablo a diario, podía recordar a muchas personas y enviar saludos a cada una, con sus caracteres particulares y expresar interés por ellos.
Para que nadie se sienta herido, como si Pablo se hubiera olvidado de ellos, manda sus recuerdos al resto, como hermanos y santos, aunque no los nombra. Agrega, al final, un saludo general para todos ellos en el nombre de las iglesias de Cristo.
A Febe se le conoció como diaconisa (la palabra griega usada aquí a menudo se traduce "sierva") y colaboradora. Al parecer, era rica y ayudaba en el sostenimiento del ministerio de Pablo. Era muy respetada en la iglesia y quizás llevó esta carta desde Corinto a Roma. Febe nos muestra que las mujeres jugaban papeles importantes en la iglesia primitiva. Cencrea, el pueblo donde vivía Febe, era el puerto oriental de Corinto, a 10 km del centro de la ciudad.

16.3 Esto es, arriesgaron la vida por Pablo en Corinto (Hechos 18:6-10), o más probablemente en Efeso (Hechos 19:30-31;   1Corintios 15:32). Debieron haber regresado de Efeso, donde los vimos por última vez en la historia de Los Hechos, a Roma, de donde habían sido desterrados por el edicto de Claudio; y eran, sin duda, si no los principales miembros de aquella comunidad cristiana, al menos los más queridos de nuestro apóstol.  Priscila y Aquila era un matrimonio muy amigo de Pablo. Ellos, junto a los demás judíos, salieron de Roma expulsados por el emperador (Hechos 18:2-3) y se mudaron a Corinto. Allí se reunieron con Pablo y lo invitaron a vivir con ellos. Antes de conocer a Pablo, ya eran cristianos y tal vez le pusieron al tanto de la iglesia en Roma. Como Pablo, Priscila y Aquila eran misioneros. Ayudaron a los creyentes en Efeso (Hechos 18:18-28), en Roma cuando se les permitió volver y de nuevo en Efeso (2Timoteo 4:19).

16.5  Los saludos personales de Pablo fueron a romanos y a griegos, a judíos y a gentiles, a hombres y a mujeres, a prisioneros y a ciudadanos prominentes. La iglesia tenía un gran alcance: trascendía las líneas culturales, sociales y económicas. De esta lista concluimos que la iglesia era dinámica. A pesar de que Pablo aún no había visitado Roma, conoció a estas personas en sus viajes a otros lugares. La asamblea cristiana que se reunía regularmente allí para el culto. “Por su ocupación como fabricantes de tiendas, probablemetne tenían mejores comodidades para las reuniones de la iglesia que los demás cristianos.”  Es probable que este consagrado matrimonio había escrito al apóstol tocante a las reuniones regulares en su casa de tal manera que se sentía como uno de ellos. y por esto los incluía en sus salutaciones, las que sin duda serían leídas en las reuniones con especial interés. La lección correcta aquí, como aparece en los manuscritos, es: “las primicias de Asia para Cristo”—esto es, el Asia Proconsular (Hechos 16:6). En 1Corintios 16:15 se dice que “la casa de Estéfanas era las primicias de Acaya;” y aunque Estéfanas fuese uno de dicha familia, pueden reconciliarse ambas declaraciones según el texto recibido, y no hay necesidad de invocar esta suposición, puesto que aquel texto en este caso está sin autoridad. Epeneto, como el primer creyente de la región llamada el Asia Proconsular, era querido al apóstol. Oseas 9:10;  Miqueas 7:1. Ninguno de los nombres mencionados en los versículos 5 al 15 son conocidos de otra manera. Es admirable del número de ellos, puesto que el escritor nunca había estado en Roma. Pero como Roma era entonces el centro del mundo civilizado, a donde y de donde se viajaba hasta las partes más remotas, no hay gran dificultad en suponer que un misionero tan activo como Pablo, con el tiempo, sería conocedor de un número considerable de cristianos residentes en Roma.


16.7 El hecho de que Andrónico y Junias fueran "muy estimados entre los apóstoles" quizás se deba a que los distinguían como apóstoles. A lo mejor eran un matrimonio. La referencia que Pablo hace de ellos como parientes  tal vez se deba a que eran de la misma tribu que Pablo. El apóstol escribe como si les envidiara esta prioridad en la fe. Y, por cierto, si el estar “en Cristo” es la condición humana más envidiable, con cuanta más anterioridad sea la fecha de esta bendita transacción, tanto mayor la gracia de ella. Este dicho acerca de Andrónico y Junia parece arrojar luz sobre el anterior. Muy posiblemente ellos habían sido de las primicias de las labores de Pedro, convertidos a Cristo o en el día de Pentecostés o en alguno de los días subsecuentes. En ese caso, puede ser que se hubiesen granjeado la estima especial de aquellos apóstoles que residían entonces en Jerusalén o en sus cercanías; y nuestro apóstol, aunque llegó a tener contacto con los demás apóstoles más tarde, conocedor de este hecho, hubiera tenido placer en hacer referencia a ello.

16.9 Parecería, por lo que se dice luego tocante a los cristianos que vivían en casa de Narciso, que este Aristóbulo mismo no era cristiano, sino que se hace referencia solamente a los de su casa, acaso a sus esclavos.

16.12 Aquí se refiere, probablemente, no a servicios oficiales, como los que tocaban a las diaconisas, sino a servicios cristianos superiores—dentro de la competencia de la mujer—tales como los que Priscila prestó a Apolos y a otros (Hechos 18:18).

16.13 Lo que significa, no “el que es elegido,” como lo es todo creyente, sino “el electo,” o “el precioso” en el Señor. (1 Pedro 2:4; 2 Juan 1:13.) Leemos en Marcos 15:21 que Simón de Cirene, a quien obligaron a llevar la cruz de nuestro Señor, era “el padre de Alejandro y de Rufo.” De esto se entiende naturalmente que, cuando Marcos escribió su Evangelio, Alejandro y Rufo eran cristianos bien conocidos entre aquellos que debieron ser los primeros en leer su evangelio. Con toda probabilidad, éste era el mismo Rufo, y en tal caso se aumenta nuestro interés por lo que se dice a continuación acerca de su madre.  El apóstol la llama “madre mía”, no tanto en el sentido en que el Señor llama madre suya a toda creyente anciana (Mateo 12:49-50), sino en grato reconocimiento de las atenciones maternales recibidas de parte de ella, motivadas sin duda por el amor que sentía hacia su Maestro y hacia los nobles siervos de su Señor. Nos parece a nosotros del todo probable que la conversión de Simón de Cirene databa de aquel día memorable cuando al pasar (casualmente), “viniendo del campo (Marcos 15:21), le obligaron a llevar” la cruz del Salvador. ¡Dulce compulsión, si lo que él contempló entonces, contribuyó en su decisión para tomar voluntariamente su propia cruz! Es natural suponer que por su instrumentalidad, su esposa sería convertida, y que esta pareja creyente, ahora “herederos juntamente de la gracia de la vida” (1Pedro 3:7), al narrar a sus dos hijos, Alejandro y Rufo, el honor que había sido conferido a su padre, sin saberlo, en aquella hora de tanta significación para todos los cristianos, serían bendecidos en llevarlos ambos a Cristo. En tal caso, suponiéndose que el hermano mayor ya había partido a estar con Cristo, o bien, que residía en alguna parte remota, y que Rufo quedaba solo con la madre, ¡qué instructivo y hermoso es el testimonio que aquí se da de ella!

14, 15. Saludad a Asíncrito...Se ha creído que éstos son nombres de cristianos menos notables que los ya nombrados. Pero apenas se aceptará esta suposición, sin que uno observe que están divididos en dos grupos de cinco cada uno, y que después del primer grupo se agrega: “a los hermanos que están con ellos,” mientras que después del segundo grupo tenemos estas palabras: “y a todos los santos que están con ellos.” Esto apenas significa que cada uno de los cinco hermanos de cada grupo tuviese “una iglesia en su casa;” de otro modo, se hubiera dicho más expresamente. Pero al menos parece indicar que la casa de cada uno de ellos era un centro en el cual se reunían unos pocos cristianos—acaso para instrucción, o para oración, o con propósitos misioneros, o para otros fines espirituales. Estas pequeñas ojeadas en las formas rudimentarias de confraternidad cristiana practicadas por los cristianos en las ciudades grandes, aunque no se basan sino en conjeturas, son singularmente interesantes. Nuestro apóstol, según parece, era informado minuciosamente en cuanto al estado de la iglesia romana, tanto acerca de sus miembros como de sus varias actividades, probablemente por medio de Priscila y Aquila.

16. Saludaos los unos a los otros con ósculo santo1Corintios 16:20; 1Tesalonicenses 5:26; 1Pedro 5:14. La costumbre prevalecía entre los judíos, y sin duda provino del Oriente, donde aún existe. Su adopción en las iglesias cristianas, como símbolo de una comunión superior a la que jamás se expresara antes, fué probablemente tan inmediata como fué natural. En este caso el deseo del apóstol parece ser que ellos, al recibir su epístola, con las salutaciones en ella encomendadas, testificasen expresamente de esta manera su afecto cristiano. Después llegó a tener un puesto fijo en el culto de la iglesia, inmediatamente después de la cena del Señor, y siguió en uso por mucho tiempo. No obstante, antes de adoptar tales prácticas, deben estudiarse las condiciones sociales, así como las peculiaridades de las diferentes regiones.    Pero parece significar solamente que el apóstol quería asegurar a los romanos en cuánta estimación afectuosa los tenían las iglesias en general; todas las que supieron que él estaba escribiendo a los romanos pidieron expresamente que sus propias salutaciones fuesen enviadas.

16.17-  Cuando leemos libros o escuchamos sermones, debemos examinar el contenido de lo escrito o dicho y no dejarnos engañar con palabras suaves. Los cristianos que estudian la Palabra de Dios no serán engañados, aunque los oyentes superficiales caigan en sus redes. Para tener un ejemplo de creyentes que examinaron con cuidado la Palabra de Dios, Hechos 17:10-12. Los fomentadores de “disenciones” a que aquí se hace referencia, probablemente eran aquellos que estaban en contra de las verdades enseñadas en la epístola; y los que causaban “escándalos,” o “disgustos,” quienes arrogantemente desdeñaban los prejuicios de los débiles. La instrucción en cuanto a aquéllos y éstos era que fuesen vigilados, en primer término, para prevenir el mal, y luego, que se apartasen de los tales (2Tesalonicenses 3:6-14) para no tomar responsabilidad alguna por la conducta de ellos ni tampoco para parecer darles la menor aprobación.

16.19  Es como si el apóstol dijera: Vuestro buen nombre entre las iglesias porque habéis sido obedientes a la enseñanza que recibisteis, me es suficiente base para tener confianza en vosotros; pero necesitáis la sabiduría de la serpiente para distinguir entre la verdad diáfana y el error plausible, con una sencillez que instintivamente se adhiere a aquélla y rechaza a éste.”

16.20 El apóstol anima a los romanos a perseverar en su resistencia en contra de los artificios del diablo asegurándoles que ellos, como buenos soldados de Jesucristo, “pronto” estarán libres de dicha responsabilidad y tendrán la satisfacción de “poner los pies en el cuello” de aquel enemigo formidable—símbolo conocido, probablemente, en todas las lenguas, para expresar no sólo la perfección de la derrota sino también la abyecta humillación del enemigo vencido. 2Samuel 22:41; Ezequiel 21:29; Salmo 91:13. Aunque el apóstol aquí llama “el Dios de paz” a aquel que ha de quebrantar a Satanás, con especial referencia a las disenciones”  que amenazaban con perturbar la iglesia de Roma, esta sublime denominación de Dios tiene aquí un sentido más amplio, e indica que “el propósito por el cual el Hijo de Dios se manifestó, fué para destruir las obras del diablo” (1Juan 3:8)  y en verdad, esta seguridad no es sino la reproducción de la primera gran promesa, de que la simiente de la mujer quebrantaría la cabeza de la serpiente (Génesis 3:15).  La adición del “amén” aquí no tiene la autoridad de los manuscritos. Lo que sigue después de este punto, donde uno pensaría que la epístola debería concluirse, tiene su paralelo en Filipenses 4:20, etc., y siendo un hecho común de los escritos epistolares, es sencillamente una marca de la genuinidad.


16.21 Timoteo fue clave en el crecimiento de la iglesia primitiva, y participó con Pablo en su segundo viaje misionero (Hechos 16:1-3). Más tarde, Pablo le escribió dos cartas mientras trabajaba en el fortalecimiento de las iglesias en Efeso: 1 y 2 Timoteo.   La persona indicada parece ser “Lucio de Cirene,” quien estuvo entre los “profetas y doctores” en Antioquía con nuestro apóstol antes que fuese llamado a los campos misioneros.

16.22 El apóstol acostumbraba dictar sus epístolas, y por esto en Gálatas llama la atención de sus lectores al hecho de que a ellos les había escrito de su propia mano. (Gálatas 6:11.) Pero Tercio quería que los romanos supiesen que él, lejos de ser un mero escribiente, sentía sincero afecto cristiano hacia los romanos, y que el apóstol, haciendo insertar esta salutación aquí, quería hacer notorio qué clase de ayudante él empleaba.

16.23 Parece que Gayo fué una de las únicas dos personas que Pablo bautizó con su propia mano; comp. 3Juan  1:1. Su hospitalidad cristiana parece haber sido una cosa no común

16.25-26 Pablo exclama que le era maravilloso saber que el secreto de Dios, su forma de salvar a los gentiles, se da a conocer en todo el mundo. Todas las profecías del Antiguo Testamento se hicieron realidad y Dios usaba a Pablo como su instrumento para predicar estas buenas nuevas. Esto es, de conformidad con las verdades del evangelio que yo predico, y no sólo yo, sino también todos aquellos a los que ha sido encomendada “la predicación de Jesucristo” Aquí se hace referencia a aquel rasgo peculiar de la dispensación evangélica que se llevó a efecto práctico por medio de Pablo y fue revelado en su enseñanza; es decir, la introducción de los creyentes gentiles a una igualdad con sus hermanos judíos, y la nueva forma que tomó la idea del reino de Dios y que fué para los judíos bien sorprendente

  De la misma manera que Jerusalén era el centro de vida judía, Roma lo era del mundo político, religioso, social y económico. En ese lugar se tomaban las decisiones gubernamentales más importantes y desde allí el evangelio se esparció hasta lo último de la tierra. La iglesia en Roma era una mezcla de judíos, gentiles, esclavos, libres, hombres, mujeres, ciudadanos romanos y viajeros internacionales; por lo tanto, tenía potencial para ejercer gran influencia pero también para ser el origen de grandes conflictos.
Pablo aún no había visitado Roma para conocer a todos los creyentes allí y, por supuesto, aún no nos conoce a nosotros. Quizás también vivimos en un centro cosmopolita y el mundo está abierto ante nosotros. De la misma manera que ellos, tenemos el potencial para ejercer amplia influencia o involucrarnos en grandes conflictos. Debiéramos escuchar con sumo cuidado y aplicar las enseñanzas de Pablo acerca de la unidad, el servicio y el amor.
Esto lo llama aquí el apóstol un misterio, o secreto, que hasta entonces había sido encubierto o guardado, pero que ahora ha sido plenamente revelado, y cuyo sentido será manifestado en el versículo siguiente; y su oración por los cristianos romanos, en la forma de una doxología dirigida a aquél que puede hacer lo que Pablo pidió, es que ellos sean establecidos en la verdad del evangelio, no sólo en el carácter esencial de ella, sino especialmente en aquel rasgo de la misma que les autorizó como creyentes gentílicos, para ocupar un puesto digno entre el pueblo de Dios.  A fin de que los judíos no pensasen, a causa de lo que acababa de decir, que Dios hubiese obrado en su pueblo un cambio tan vasto en su condición sin darles noticia previa alguna, el apóstol aquí agrega que, al contrario, “los escritos de los profetas” contienen todo lo que él y los demás predicadores del evangelio proclaman sobre estos temas, y que, en efecto, el mismo Dios que “en las edades eternas” había guardado estas cosas encubiertas, había dado “mandamiento” que ahora, según el tenor de dichas escrituras proféticas, fuesen impartidas a todas las naciones para la aceptación de ellas por la fe.

16.27 “Al solo Dios sabio por Jesucristo a quien sea …” Vale decir: “a él digo que sea gloria …” Al comenzar la epístola, ésta es una tributación de gloria al poder que podía hacer todo esto; y al concluirla, atribuye gloria a la sabiduría que hizo los planes y preside la agrupación del pueblo redimido de entre todas las naciones. El apóstol añade un ferviente “Amén,” el que el lector—si le ha seguido con el mismo asombro y deleite del que estas palabras escribe—repetirá también con fervor.
Sobre esta sección concluyente de la epístola, podemos entender:
(1)               En las manifestaciones minuciosas y delicadas del sentimiento cristiano, así como en el vivo interés por las acciones más pequeñas de la vida que son el fruto del amor y el celo cristianos, y que se han presentado en esta epístola de manera tan inteligente e inspirada, como en verdad lo son todos los escritos de nuestro apóstol, tenemos el secreto de aquella grandeza de carácter que ha hecho que el nombre de Pablo ocupe un lugar privilegiado en la estimación del cristianismo inteligente de toda edad; y el secreto de aquella influencia que como siervo de Dios, y más que todos los demás apóstoles, él ya ha ejercido, y aun deberá ejercer sobre el pensamiento y el sentimiento religioso de los hombres. Ni puede alguien imitarle en estas peculiaridades sin ejercer también una correspondiente influencia sobre todos los que tengan contacto con él (vv. 1-16).

(2) “La astucia de la serpiente y la mansedumbre de la paloma”—al intimar las cuales nuestro apóstol no hace sino repetir la enseñanza de su Señor (Mateo 10:16)—son una combinación de cualidades que así como son raras entre los cristianos son de vasta importancia. En toda edad, ha habido en la iglesia verdaderos cristianos cuyo estudio excesivo de la sabiduría de la serpiente ha penetrado tanto en su sencillez y sinceridad que es de temerse que sean poco mejores que lobos vestidos de ovejas. Ni se puede negar por otra parte que, ya sea por su ineptitud o por la indisposición para juzgar con la debida discriminación entre lo bueno y lo malo, muchos cristianos eminentemente sencillos, espirituales, y consagrados, han ejercido en su vida poca o ninguna influencia sobre sección alguna de la sociedad en que viven. Que el consejo del apóstol bajo este tema sea recibido para estudio, especialmente por los cristianos jóvenes cuyo carácter está aún en formación, y cuya esfera permanente en la vida no está sino parcialmente determinada; y que se alisten en oración para el ejercicio combinado de estas dos cualidades. De este modo su carácter cristiano será consistente y elevado, y su influencia para bien será en proporción a su crecimiento.
(3) Los cristianos debieran animarse mutuamente en medio de las fatigas y pruebas de sus prolongadas luchas con la seguridad de que éstas pronto terminarán de una manera gloriosa. Asimismo, debieran acostumbrarse a considerar toda oposición hecha al progreso y a la prosperidad de la causa de Cristo—ya sea en sus propias almas, en las iglesias con las cuales están relacionados, o en el mundo en general—como obra de Satanás el que ha estado siempre en conflicto con el Señor de ellos; y nunca debieran dudar que el Dios de paz quebrantará presto a Satanás,” cuyo cuello él pondrá debajo de sus pies y cuya cabeza ellos aplastarán (v. 20).

(4) Como el poder divino que obra por medio del glorioso evangelio es lo único que sostiene a los cristianos y los hace perseverar, así también debieran atribuir toda la gloria de su presente estabilidad, como lo harán a aquel poder y a aquella sabiduría que los hizo partícipes del evangelio de seguro de su victoria final, (vv. 25-27).

 (5) “¿Ha mandado el eterno Dios” que el “misterio” evangélico, tanto tiempo encubierto pero ahora plenamente revelado, sea dado a conocer a todas las naciones para que obedezcan a la fe” (v. 26)? Entonces ¡Qué responsabilidad ha sido impuesta a todas las iglesias y a cada cristiano de enviar el evangelio “a toda criatura”! Y podemos estar bien seguros de que la prosperidad o el decaimiento de las iglesias y de los cristianos individuales, no tendrá poco que ver con la fidelidad o con la indiferencia respectivamente ante este imperativo deber.

¡Maranatha! ¡Sí, ven Señor Jesús!


Romanos 15:1-33



15.1 Debemos pensar menos en lo que podemos lícitamente hacer, que en la forma como nuestra conducta afectará a otros.
La libertad cristiana se permitió, no para nuestro placer, sino para la gloria de Dios y para bien del prójimo.  El que tiene madurez debe abstenerse de usar su libertad cuando pudiera causar tropiezo a otros más débiles.

15.2 Si solo nos proponemos agradar a nuestro prójimo, lo único que haremos es complacer a la gente. Debemos agradar a nuestro prójimo por el bien de su alma; no para servir su malvada voluntad, ni contentarlo de manera pecaminosa; si así buscamos agradar a los hombres, no somos siervos de Cristo.

 Pablo se opone a esto (Gálatas 1:10). Pero debemos echar a un lado la obstinación y la autocomplacencia a fin de edificar a otros para bien. Nuestras convicciones cristianas no deben ser un disfraz para ser insensibles con nuestros hermanos.

15.3 Toda la vida de Cristo fue una vida de negación y no agradarse a sí mismo. El que más se conforma a Cristo es el cristiano más avanzado. Considerando su pureza y santidad inmaculadas, nada podía ser más contrario a Él, que ser hecho pecado y maldición por nosotros, y que cayeran sobre Él los reproches de Dios: el justo por el injusto. Él llevó la culpa del pecado, y la maldición de éste; nosotros sólo somos llamados a soportar un poco del problema. Él llevó los pecados impertinentes del impío; nosotros sólo somos llamados a soportar las fallas del débil.  

15.4 El conocimiento de las Escrituras influye en nuestra actitud hacia el presente y el futuro. Cuanto más sepamos de lo que Dios hizo en el pasado, mayor será la confianza que tengamos acerca de lo que hará en los días venideros. Debiéramos leer la Biblia con diligencia para incrementar nuestra confianza en el hecho de que la voluntad de Dios es lo mejor para nosotros. Las Escrituras se escribieron para que nosotros las usemos y nos beneficiemos, tanto como para aquellos a los que se dieron primeramente. Es decir: “No penséis que por cuanto estas palabras de la Escritura tienen íntima relacion con Cristo, sean inaplicables a vosotros; porque aunque los padecimientos de Cristo, como Salvador, fueron exclusivamente suyos propios, los motives que los impulsaron, el espíritu con que los sobrellevó, y el principio general en toda su obra es decir, el sacrificio de sí mismo en bien de otros, proporcionan nuestro modelo más perfecto y más hermoso; y así, toda Escritura que se relaciona con los padecimientos de Cristo, es para nuestra instrucción; y por cuanto el deber de la tolerancia, de parte de los fuertes para con los débiles, requiere “la paciencia,” y ésta a su vez necesita “la consolación,” todas aquellas Escrituras que hablan de la paciencia y de la consolación, particularmente de la paciencia de Cristo y de la consolación que le sostuvo en sus sufrimientos, nos suministran la “esperanza” del día bendito cuando éstas no hagan falta más.
Los más poderosos en las Escrituras son los más doctos. El consuelo que surge de la palabra de Dios es lo más seguro, dulce y grandioso para anclar la esperanza. El Espíritu como Consolador es las arras de nuestra herencia. Esta unanimidad debe estar de acuerdo con el precepto de Cristo, conforme a su patrón y ejemplo. Es dádiva de Dios, y dádiva preciosa es, por la cual debemos buscarle fervorosamente. Nuestro Maestro divino invita a sus discípulos y los alienta mostrándose a ellos manso y humilde de espíritu. La misma disposición debe caracterizar la conducta de sus siervos, especialmente la del fuerte para con el débil. El gran fin de todos nuestros actos debe ser que Dios sea glorificado; nada fomenta esto más que el amor y la bondad mutuo de los que profesan la religión. Quienes concuerdan en Cristo, bien pueden concordar entre ellos.


15.5-7 Aceptar el señorío de Jesús en todos los aspectos de nuestra vida significa vivir sus valores y su perspectiva. Así como nos interesa el punto de vista de Jesús sobre la autoridad de las Escrituras, la naturaleza del cielo y la resurrección, también debemos asumir su actitud de amor hacia los demás cristianos (tener un "mismo sentir"). A medida que crecemos en fe y conocemos mejor a Jesús, llegamos a ser más capaces de mantener cada día esta actitud de amorosa unidad.  No es unanimidad en todo lo que el apóstol desea que ellos tengan, porque la unanimidad en lo malo debe ser desaprobada. Antes es “según Cristo Jesús”—según el modelo excelso de aquel cuyo deseo vehemente era “no hacer su propia voluntad, sino la voluntad de aquel que le envió” (Juan 6:38). La mente y la boca de todos dando gloria de común acuerdo a su nombre. ¿Se llegará a realizar esto en la tierra? Si Cristo nos recibió a nosotros y sobrelleva toda nuestra debilidad, nosotros podemos recibirnos mutuamente y compadecernos los unos de los otros, para que así Dios sea glorificado. Se ha dicho que la mayor enseñanza sobre la familia es, sencillamente, una aplicación de lo que significa vivir como un cristiano. Estos versículos en Romanos están dirigidos a la comunidad cristiana en general; sin embargo, con frecuencia se los usa como pasaje bíblico para ser leído en el casamiento, por cuanto estos versículos presentan una descripción bella y apropiada del matrimonio cristiano.
La palabra clave es «recibíos»  la cual significa «tomar para sí mismo». Su raíz indica que hacia nosotros se dirige una fuerte iniciativa que en Cristo, Dios vino literalmente a nosotros y se posesionó de nosotros «siendo aún pecadores». Mediante ese acto de aceptación, él puso a nuestra disposición la gracia de Dios y el poder de la redención.
Cuando a ese poder se le permite trabajar en una familia, transforma las vidas de dos personas imperfectas en una sola vida, la cual será para la alabanza de la gloria de Dios. Por ello, el Señor coloca esta palabra como un emblema sobre todo matrimonio, desde el primer día hasta el último. «Recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios». (Proverbios 13:24/Genesis 1:26-28).


15.8 Este versículo significa que Jesús vino a mostrar la verdad a los judíos y a confirmar que Dios es fiel a sus promesas. Para alentar a los creyentes judíos, a quienes podría parecer estar descuidando, y para desanimar el orgullo de los gentiles, el apóstol pone en alto la salvación de Israel como el objeto primordial de la misión de Cristo. Sigue aquí un número de citas del Antiguo Testamento para demostrar que el plan de misericordia de Dios abarcaba, desde el principio, a los gentiles juntamente con los judíos

15.12 La raíz de Isaí se refiere a Cristo, heredero de la descendencia de Isaí, padre de David (1Samuel 16:1). Ningún cristiano tiene el derecho a considerarse como un discípulo aislado del Señor Jesús, para decidir los asuntos de deber y de libertad solamente con referencia a sí mismo. Así como los cristianos son un cuerpo en Cristo, la gran ley del amor nos obliga a obrar en todas las cosas con ternura y consideración hacia los hermanos “de la común salvación”.  De este desinterés Cristo es el perfecto modelo para todos los cristianos. La Sagrada Escritura es la fuente de todo lo que incluye la vida cristiana, aun en sus fases más duras y delicadas. La glorificación armoniosa del Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo de parte de todos los redimidos, es el fruto más excelso del plan de redención, y el objeto final de Dios en dicho plan.

15.13 Cristo cumplió las profecías y las promesas relacionadas con los judíos y los convertidos gentiles no tienen excusa para despreciarlas. Los gentiles, al ser puestos en la Iglesia, son compañeros de paciencia y tribulación.
Deben alabar a Dios. El llamado a todas las naciones para que alaben al Señor, indica que ellos tendrán conocimiento de Él. Nunca buscaremos a Cristo mientras no confiemos en Él. Todo el plan de redención está adaptado para que nos reconciliemos unos con otros, y con nuestro bondadoso Dios, de modo que podamos alcanzar la esperanza permanente de la vida eterna por medio del poder santificador y consolador del Espíritu Santo. Nuestro propio poder nunca lograría esto; por tanto, donde esté esta esperanza, y abunde, es el Espíritu bendito quien debe tener toda la gloria. “Todo gozo y paz”; toda clase de verdadero gozo y paz para quitar las dudas y los temores por la obra poderosa del Espíritu Santo.

15.14-16 El apóstol estaba convencido que los cristianos romanos estaban llenos con un espíritu bueno y afectuoso, y de conocimiento. Les había escrito para recordarles sus deberes y sus peligros, porque Dios le había nombrado ministro de Cristo para los gentiles. Pablo les predicó; pero lo que los convirtió en sacrificios para Dios fue su santificación; no la obra de Pablo, sino la obra del Espíritu Santo: las cosas impías nunca pueden ser gratas para el santo Dios. La conversión de las almas pertenece a Dios; por tanto, es la materia de que se gloría Pablo; no de las cosas de la carne. Pero aunque era un gran predicador, no podía hacer obediente a ninguna alma, más allá de lo que el Espíritu Santo acompañara sus labores. Procuró principalmente el bien de los que estaban en tinieblas. Sea cual fuere el bien que hagamos, es Cristo quien lo hace por nosotros.


15.17 Pablo no se enorgullecía de lo que había hecho, sino de lo que Dios había hecho a través de él. Sentir orgullo de la obra de Dios no es pecado sino adoración. Si usted no está seguro de si su orgullo es egoísta o santo, pregúntese: ¿Me siento tan orgulloso de lo que Dios hace mediante otras personas como de lo que hace a través de mí?

15.19 Ilírico era un territorio romano en el mar Adriático que se hallaba entre lo que son hoy Italia y Grecia. Abarca casi el mismo territorio de la actual Yugoslavia. Para su ubicación, véase el mapa en Romanos 1.

15.20-29 Pablo quería visitar la iglesia en Roma, pero había postergado su visita porque había recibido muy buenos informes acerca de los creyentes romanos y sabía que les iba bien. Era más importante que predicara en regiones donde aún no se había oído el mensaje de las buenas nuevas. “No me atreveré a hablar sino de lo que Cristo ha obrado por mí”, y en este espíritu termina el párrafo. Notemos cómo Pablo atribuye todo el éxito de sus labores a la intervención del viviente Redentor, que obraba en el y por él.

  Pablo se refería a terminar su trabajo en Corinto, la ciudad desde la que tal vez escribió gran parte de esta carta. Es probable que el mayor tiempo de los tres meses que Pablo estuvo en Acaya (Hechos 20:3) los pasara en Corinto. Creía que había terminado lo que Dios deseaba que hiciera allí, y pensaba llevar el evangelio a las nuevas tierras que se hallaban al oeste de Roma. Cuando Pablo finalmente fue a Roma, llegó en calidad de prisionero bajo arresto domiciliario (Hechos 28). La tradición dice que a Pablo lo liberaron por un tiempo y que usó dicha oportunidad para ir a España para predicar las buenas nuevas. Este viaje no se menciona en el libro de Hechos. El plan de Pablo era ir a España porque estaba en el extremo occidental del mundo civilizado. Quería que el evangelio se extendiera hasta allí. Además, España poseía muchas personalidades ilustres y líderes influyentes en el mundo romano (Lucano, Marcial, Adriano) y tal vez Pablo pensó que el cristianismo podía avanzar mucho en tal ambiente.
 El apóstol buscaba las cosas de Cristo más que su propia voluntad, y no podía dejar su obra de plantar iglesias para ir a Roma. Concierne a todos hacer primero lo que sea más necesario. No debemos tomar a mal si nuestros amigos prefieren una obra que agrada a Dios antes que las visitas y los cumplidos que pueden complacernos a nosotros.
De todos los cristianos se espera justamente que promuevan toda buena obra, especialmente la bendita obra de la conversión de almas. La sociedad cristiana es un cielo en la tierra, una primicia de nuestra reunión con Cristo en el gran día, pero es parcial comparada con nuestra comunión con Cristo, prque sólo ella satisfará al alma.
El apóstol iba a Jerusalén como mensajero de la caridad. Dios ama al dador alegre.
Todo lo que pasa entre los cristianos debe ser prueba y ejemplo de la unión que tienen en Jesucristo. Los gentiles recibieron el evangelio de salvación por los judíos; por tanto, estaban obligados a ministrarles lo que era necesario para el cuerpo. Respecto de lo que esperaba de ellos habla dubitativamente aunque habla confiado acerca de lo que esperaba de Dios. ¡Qué delicioso y ventajoso es tener el evangelio con la plenitud de sus bendiciones! ¡Qué efectos maravillosos y felices produce cuando se acompaña con el poder del Espíritu!
 Si los gentiles recibieron el evangelio ("bendiciones espirituales") de Jerusalén, lo más natural era que mandaran a Jerusalén ayuda financiera ("bendiciones materiales").  

15.30-33 Demasiado a menudo vemos en la oración un tiempo de solaz, reflexión o de presentar peticiones a Dios. Pero aquí Pablo insta a los creyentes a unirse a su lucha mediante la oración. La oración es un arma que forma parte de la armadura de todos los creyentes al interceder por otros que están en lucha contra Satanás.  
 Esta frase da la impresión de ser el final del libro y de la enseñanza de Pablo. Luego concluye su carta con saludos personales y advertencias. Aprendamos a valorar la oración ferviente y eficaz del justo. ¡Cuánto cuidado debemos tener, para no abandonar nuestro interés en el amor y las oraciones del pueblo suplicante de Dios! Si hemos experimentado el amor del Espíritu, no nos faltemos en este oficio de bondad para con el prójimo.

Los que prevalecen en oración, deben esforzarse en oración. Los que piden las oraciones de otras personas, no deben descuidar sus oraciones. Aunque conoce perfectamente nuestro estado y nuestras necesidades, Cristo quiere saberlo de nosotros. Como debemos buscar a Dios para que refrene la mala voluntad de nuestros enemigos, así también debemos hacerlo para preservar y aumentar la buena voluntad de nuestros amigos. Todo nuestro gozo depende de la voluntad de Dios. Seamos fervientes en las oraciones con otros y por otros, para que, por amor a Cristo, y por el amor del Espíritu Santo, puedan venir grandes bendiciones a las almas de los cristianos y a las labores de los ministros.

lunes, 22 de febrero de 2016

REDIMIDOS Y JUSTIFICADOS

  

Levítico 16:15  Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio.

 En este versículo se tipifican los dos grandes privilegios del evangelio, el de la remisión del pecado y el acceso a Dios, los cuales debemos a nuestro Señor Jesús.   Cristo es a la vez el Ejecutor y la Sustancia de la expiación, porque es el Sacerdote, el Sumo Sacerdote, que hace reconciliación por los pecados del pueblo. Y como Cristo es el Sumo Sacerdote, también es el sacrificio con el cual se hace la expiación; porque Él es todo en todo en nuestra reconciliación con Dios. Así, Él fue prefigurado por los dos machos cabríos. El animal sacrificado era el tipo de Cristo que muere por nuestros pecados; el chivo enviado al desierto era el tipo de Cristo resucitado para nuestra justificación. Se dice que la expiación se completaba depositando los pecados de Israel sobre la cabeza del animal que era enviado al desierto, una tierra no habitada; el envío del animal representaba la remisión completa y gratuita de los pecados. Él llevará las iniquidades de ellos. Así, Cristo, el Cordero de Dios, quita el pecado del mundo llevándolo sobre sí mismo, Juan 1, 29.  La entrada al cielo, que Cristo hizo por nosotros, la tipificaba la entrada del sumo sacerdote al Lugar Santísimo.  Hebreos 9, 7. El sumo sacerdote salía de nuevo, pero nuestro Señor Jesús vive eternamente, intercede, y siempre comparece ante Dios por nosotros.
Aquí se tipifican los dos grandes deberes del evangelio, la fe y el arrepentimiento. Por la fe imponemos las manos sobre la cabeza de la ofrenda, confiamos en Cristo como el Señor nuestra Justicia, nos acogemos a la satisfacción hecha por Él, como el único capaz de expiar nuestro pecado y procurarnos el perdón. Por el arrepentimiento afligimos nuestra alma; no sólo ayunamos por un tiempo de las delicias del cuerpo, sino sintiendo interiormente pesar por el pecado, y llevando una vida de abnegación, y asegurándonos que, si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Por la expiación recibimos reposo para nuestra alma y todas las libertades gloriosas de los hijos de Dios.
Pecador, consigue que la sangre de Cristo sea eficazmente aplicada a tu alma; de lo contrario nunca verás el rostro de Dios con consuelo o aceptación. Toma la sangre de Cristo, aplícatela por fe y ve cómo hace expiación para con Dios.
Redención se refiere a que Cristo libra a los pecadores de la esclavitud del pecado. En los tiempos del Antiguo Testamento, a una persona con deudas podían venderla como esclava. Luego el pariente más cercano podía redimirla comprando su libertad. Cristo compró nuestra libertad. El precio fue su vida.
En el primer siglo referirse a la sangre de Jesús era una forma importante de hablar sobre la muerte de Cristo. Su muerte señala dos verdades maravillosas: redención y perdón. Redención era el precio pagado para obtener la libertad de un esclavo (Levítico 25:47-54). A través de su muerte, Jesús pagó el precio para liberarnos de nuestra esclavitud al pecado. El perdón se garantizaba en los tiempos del Antiguo Testamento en base a la sangre vertida de animales (Levítico 17:11). Ahora recibimos perdón en base al derramamiento de la sangre de Jesús, porque murió y fue el sacrificio perfecto y verdadero. (Romanos 5:9; Efesios 2:13; Colosenses 1:20; Hebreos 9:22; 1 Pedro 1:19.)

  La gracia es el favor voluntario y amoroso que da Dios a los que salva. No lo podemos ganar, no lo merecemos. Ningún esfuerzo moral ni religioso lo puede ganar, viene solo por la misericordia y el amor de Dios. Sin la gracia de Dios, nadie puede salvarse. Para recibirlo debemos reconocer que no podemos salvarnos a nosotros mismos, que solo Dios puede hacerlo y que solo hay un camino, el amoroso favor es a través de la fe en Cristo.
La habilidad y la sabiduría no hacen que una persona entre al reino de Dios, una fe sencilla sí lo hace. Dios lo planeó de esta manera para que nadie se gloríe de que sus logros le permitieron asegurar la vida eterna. No hay nada que podamos hacer para ganar nuestra salvación, sólo necesitamos aceptar lo que Jesús ya hizo por nosotros.

  Dios es la fuente y la razón de nuestra personal y viva relación con Cristo. Nuestra unión e identificación con Cristo nos llevó a alcanzar sabiduría y conocimiento (Colosenses 2:3), buena posición ante Dios (justicia, 2 Corintios 5:21) y santidad (1 Tesalonicenses 4:3-7), y a que Jesucristo pagara nuestras culpas (redención, Marcos 10:45).


¡Maranatha!

domingo, 21 de febrero de 2016

Romanos 14:1-23



14.1 ¿Quién es débil y quién es fuerte en la fe? Todos somos débiles en algunos puntos y fuertes en otros. Nuestra fe es sólida en un asunto si podemos sobrevivir al contacto con el pecado sin caer en él. Es débil si es necesario evitar ciertas actividades o lugares a fin de proteger nuestra vida espiritual. Es importante que nos autoanalicemos a fin de descubrir dónde somos débiles y dónde fuertes. Siempre que dudemos debemos preguntarnos: "¿Puedo hacerlo sin caer en pecado? ¿Puedo influir en otros para bien, antes que ellos influyan en mí para mal?"
En puntos fuertes, no debemos temer que el mundo nos afecte. Más bien debemos ir y servir a Dios. En los débiles, sin embargo, necesitamos actuar con cuidado. Si tenemos una fe sólida y la escondemos, no cumplimos con la obra de Cristo en el mundo. Si tenemos una fe débil y la mostramos, somos demasiado tontos.

  Este versículo da por sentado que habrá diferencias de opinión en la iglesia (asuntos discutibles de segundo orden). Pablo dice que no debemos contender sobre cosas que son cuestiones de opinión. Las diferencias no deben temerse ni evitarse, sino aceptarse y tratarse con amor. No esperemos que todos, ni aun en la mejor iglesia, estén de acuerdo en cada asunto. Al exponer nuestras ideas podemos llegar a una comprensión más amplia de lo que la Biblia enseña. Aceptemos, escuchemos y respetemos a los demás. Las diferencias de opinión no deben causar división. Pueden llegar a ser una fuente de aprendizaje y enriquecimiento en nuestras relaciones.
¿Qué es un débil en la fe? Pablo se refiere a la fe inmadura, la que no ha desarrollado aún músculos que le permitan ponerse en pie en contra de las presiones externas. Por ejemplo, si una persona que adoraba ídolos acepta a Cristo, entenderá a la perfección que el Señor la ha salvado mediante la fe y que los ídolos no tienen poder. Sin embargo, debido a sus relaciones pasadas, quizás le moleste comer carne utilizada en la adoración a los ídolos como parte de un ritual pagano. Si una persona que antes adoraba a Dios en los días solemnes requeridos de los judíos se convierte, sabe muy bien que Cristo la salvó mediante la fe, no por guardar la Ley. A pesar de todo, cuando llegan los días festivos quizás se sienta vacía e infiel si no los dedica a Dios.
Pablo responde con amor a los hermanos débiles. Actúan de acuerdo a sus conciencias, pero sus escrúpulos sinceros no deben convertirse en reglas para la iglesia. Sin duda, algunos asuntos son básicos a la fe y por ellos vale la pena luchar, pero muchos se basan en opiniones individuales y no debieran legalizarse. Alguien ha dicho que un principio general en estos asuntos es este: "En lo esencial, unidad; en lo que no es esencial, libertad; en todo, amor".

14.2 "Comer de todo" quizás se refiera a no tener restricciones dietéticas o tal vez a comer carne ofrecida a los ídolos, mientras que el débil en la fe solo come vegetales y se niega a comer carne sacrificada a los ídolos. Pero, ¿cómo los cristianos pueden terminar comiendo carne ofrecida a los ídolos? El sistema antiguo de sacrificio era el centro de la vida religiosa, social y nacional del mundo romano. Después que se presentaba el sacrificio a un dios en un templo pagano, solo se quemaba una parte de él. Lo que quedaba, a menudo, se enviaba al mercado para la venta. Para los cristianos pudo haber sido muy fácil, aun a sabiendas, comprar dicha carne en el mercado o comerla en la casa de algún amigo. ¿Debiera el cristiano preguntar acerca del origen de esta carne? Algunos pensaron que no había nada malo en comer carne ofrecida a los ídolos, ya que estos no eran dioses verdaderos. Otros con cuidado averiguaban el origen de la carne o simplemente no la usaban, para evitar una conciencia de culpa. El problema era serio sobre todo para los cristianos que alguna vez adoraron ídolos. Para ellos, el recuerdo firme de sus días paganos pudo haber debilitado su nueva fe.  

14.4“Pero será afirmado (se le hará estar en pie), porque el Señor puede afirmarlo;” esto es, justificará la posición de él, no en el día del juicio, sino en la verdadera comunión de la iglesia aquí, a pesar de tus censuras. Sobre este pasaje tocante a la observancia de días festivos, tal lenguaje no podría haberse usado si la ley sabática hubiese estado en vigencia en alguna forma bajo el evangelio. Ciertamente, no podía haberse usado si el sábado fuera meramente uno de los días festivos judaicos; pero esto no puede darse por sentado meramente porque se observara bajo el sistema mosaico. Se usó pues, porque el sábado era más antiguo que el judaísmo; y aun bajo el judaísmo, estaba incrustado entre las eternas santidades del Decálogo; y fué pronunciado, como ninguna otra parte del judaísmo, ante el temor reverente del pueblo en el Sinaí; y si el Legislador mismo dijo de él cuando en la tierra estaba: “El Hijo del hombre es Señor aun del sábado” (Marcos 2:28) será difícil probar que el apóstol hubiese querido decir que sus lectores debieran catalogarlo entre los espirados días festivos judaicos, tocante a los cuales sólo los más débiles podían imaginarse que estaban aún en vigor; nos enseña  que a esos con debilidad, los que más luz tenían debían tolerar por amor.


14.6 El uno daba gracias a Dios por la carne que el otro por escrúpulo no comía; y éste hacía lo mismo por las legumbres que, a causa de la conciencia, se limitaba a comer.

14.7-8 Ni la más vívida explicación de estas notables palabras podría hacerlas soportables al oído de cualquier cristiano, si Cristo fuese una mera criatura; ya que Cristo se presenta aquí como el Objeto supremo de la vida del cristiano, y de su muerte también. Y así es presentado por aquel hombre cuyo horror al culto a la criatura era tal, que cuando aquellos habitantes de aquella región de Asia Menor quisieron rendirle culto a él, se precipitó en medio para impedir semejante hecho, ordenándoles adorar al solo “Dios vivo,” el único legítimo Objeto de adoración (Hechos 14:15). No es el propósito de Pablo enseñar esta verdad aquí sino más bien invocarla como un hecho conocido y reconocido, del que sólo recordaría a sus lectores. Y aunque el apóstol, cuando escribió estas palabras, nunca había estado en Roma, sabía que los cristianos romanos asentirían a este concepto de Cristo ya que era la enseñanza común de todos los predicadores acreditados del cristianismo, y la común fe de todos los cristianos.

14.9 El gran propósito de la muerte de Jesús fué para adquirir el señorío de aquellos a quien Él había redimido, tanto en el vivir como en el morir, porque le pertenecían en derecho propio.


14.10-12 Cada persona es responsable ante Cristo, no ante otros. Aunque la iglesia no debe transigir en cuanto a las actividades expresamente prohibidas por las Escrituras (adulterio, homosexualidad, homicidio, hurto), tampoco debe crear reglas adicionales ni regulaciones que se consideren al mismo nivel que la Ley de Dios. Muchas veces los cristianos basan sus juicios morales en opiniones, aversiones personales y prejuicios culturales antes que en la Palabra de Dios. Cuando hacen esto, muestran la debilidad de su fe. Piensan que Dios no tiene suficiente poder para guiar a sus hijos. Cuando estemos ante la corte de justicia de Dios (el tribunal de Cristo), no tendremos que preocuparnos de lo que nuestro vecino cristiano haya hecho ( 2Corintios 5:10).  

14.13 Tanto el fuerte como el débil pueden causar tropiezo en los hermanos. El cristiano fuerte pero insensible puede alardear de su libertad y a propósito molestar la conciencia de otro. El cristiano escrupuloso pero débil puede tratar de imponer a los demás normas y regulaciones piadosas, y causar disensión. Pablo quiere que sus lectores no solo sean fuertes en la fe, sino también sensibles a las necesidades de otros. Al ser fuertes en algunos puntos y débiles en otros, necesitamos constantemente evaluar los efectos de nuestra conducta en los demás.

   Algunos cristianos sacan a relucir a un invisible hermano débil para apoyar sus opiniones, prejuicios o normas. "Debes vivir de acuerdo a estas normas", dicen, "o vas ofender al hermano débil". Muchas veces la persona que se puede ofender es precisamente la que así habla. Aunque Pablo nos urge a tener en cuenta a los débiles en todo lo que hacemos, no debemos sacrificar nuestra libertad en Cristo solo para satisfacer los motivos egocéntricos de quienes tratan de imponernos su opinión. No los tema ni los critique, sino siga fielmente a Cristo.

14.14 En el concilio de Jerusalén (Hechos 15) la iglesia judía en Jerusalén pidió a la iglesia gentil en Antioquía que no comiera carne sacrificada a los ídolos. Pablo asistió al concilio de Jerusalén y aceptó esta petición no porque pensara que esta práctica fuera en sí mala, sino porque podía afectar seriamente a muchos judíos creyentes. Pablo consideró que el asunto no tenía tanta importancia como para dividir la iglesia. Su deseo era promover la unidad.
Todo lo que tiende a hacer que uno viole su conciencia, también tiende a la destrucción de su alma; y el que facilita aquello, a sabiendas o no, es culpable también de ayudar a que esto último se realice.

14.16-17 Una división hermosa y comprensiva del cristianismo vivo. Lo primero—“la justicia”—tiene referencia a Dios, y denota aquí “la rectitud,” en su sentido más amplio (Mateo 6:33); lo segundo—“la paz”—tiene referencia a nuestros prójimos, y denota “la concordia” entre los hermanos (Efesios 4:3; Colosenses 3:14-15); lo tercero—“el gozo en el Espíritu Santo”—tiene referencia a nosotros mismos. La frase “gozo en el Espíritu Santo,” representa a los cristianos como quienes piensan y sienten bajo los impulsos del Espíritu Santo de tal modo que su gozo no se considera que es de ellos sino del bendito Consolador. (1Thimoteo 1:6).


14.20  El pecado no es solo un asunto privado. Todo lo que hacemos afecta a otros y a menudo debemos pensar en esto. Dios nos ha creado como seres interdependientes, no independientes. Los que somos fuertes en la fe, sin orgullo ni altivez, debemos tratar a otros con amor, paciencia y dominio propio. El apóstol ve en todo aquello que tiende a violentar la conciencia de un hermano, la destrucción incipiente de la obra de Dios (lo cual es todo convertido) —bajo el mismo principio, como aquél que Cristo declaró: “El que aborrece a su hermano es homicida” 1Juan 3:15

14.21 Estos tres términos, alguien ha notado, son cada uno intencionalmente más débil que el otro; como si se dijera: “Bueno es no hacer nada que haga tropezar al hermano, o que acaso obstruya su adelanto espiritual, o, aun cuando ni aquello ni esto pase, que le haga continuar siendo débil. Pero este mandamiento de abstenerse de la carne, de la bebida, y de todo lo que dañe la conciencia de un hermano, debe ser entendido debidamente. Manifiestamente, el apóstol está tratando aquí tocante a la regulación de la conducta del cristiano, con referencia a los prejuicios que tienen los débiles en la fe; y sus indicaciones no han de tenerse por prescripciones para todo el tiempo que dure nuestra vida, ni siquiera para promover el bien de los hombres en escala mayor: sino sencillamente como advertencias en contra del uso excesivo de la libertad cristiana en aquellos asuntos en que otros cristianos, por su debilidad, no están persuadidos de que tal libertad sea permitida por Dios. Hasta qué punto puede ser extendido este principio, no inquirimos aquí; pero antes de considerar dicha pregunta, es muy importante que nos demos cuenta de su extensión, y cuál es la naturaleza precisa de las ilustraciones que aquí se dan de él.

14.22  Esta es una frase importantísima. El apóstol no se refiere a la sinceridad, ni a la opinión privada, sino a la convicción tocante a lo que es la verdad y la voluntad de Dios. Si tú te has formado esta convicción delante de Dios, permanece con este criterio a los ojos de Dios. Por supuesto no se ha de insistir en esto en demasía, como si fuese malo del todo discutir tales puntos con nuestros hermanos débiles. Todo lo que aquí se condena es que el celo por causa de asuntos pequeños, haga peligrar el amor cristiano.

14.23 Como es lógico, procuramos huir de hacer cosas que las Escrituras prohíben, pero algunas veces la Biblia no dicen nada. Será necesario seguir nuestra conciencia. "Todo lo que no proviene de fe, es pecado" significa que ir en contra de una convicción dejará a una persona con conciencia de culpa o intranquila. Cuando Dios nos muestra que algo es malo para nosotros, debemos evitarlo. Sin embargo, no debemos despreciar a otros cristianos que hacen uso de su libertad en esos aspectos.
Esta es una máxima de indecible importancia en la vida cristiana.

Como resumen de este capítulo podemos decir qué:
(1) Hay algunos puntos del cristianismo que no son esenciales a la comunión cristiana; de modo que aunque uno esté en error tocante a los mismos, no por eso ha de ser excluído ni de la comunión de la iglesia, ni de la plena confianza de los que tienen mayor luz. Esta distinción entre las verdades esenciales y las no esenciales es rechazada por algunos que aparentan tener un celo extraordinario por el honor y la verdad de Dios.

(2) Nuestra aceptación delante de Dios es la única regla que nos permite participar de la comunión cristiana. A aquellos que Dios recibe, los hombres no pueden lícitamente rechazar (3, 4).

 (3) Como hay mucha tendencia a la complacencia propia al determinar los estrechos ídeales de la comunión cristiana, uno de los mejores preservativos en contra de esta tendencia, es el recordar continuamente que CRISTO es el único Objeto por el que los cristianos viven y por el cual todos los cristianos mueren. Este será un vínculo de unión tan vivo y tan noble que superará todas sus diferencias menores y poco a poco las absorberá (7-9).

 (4) El pensar en el tribunal común delante del cual tendrán que comparecer juntos los fuertes y los débiles, será otro preservativo en contra de la disposición impropia de hacerse juez el uno del otro (10-12).

(5) ¡Con cuánta claridad se presenta en este capítulo la divinidad de Cristo! La misma exposición hace inútil toda ilustración adicional.

(6) Aunque la tolerancia es un gran deber cristiano, no se fomenta aquí la indiferencia en cuanto a lo que es verdad y lo que es error. Esta última es practicada por los cristianos flacos. Pero nuestro apóstol, al enseñar que “los fuertes” deben sobrellevar a “los débiles,” repetidamente insinúa en este capítulo en lo que radica la verdad tocante a esta cuestión, y llama “los débiles” a aquellos que adoptaban el lado erróneo de ella.

(7) ¡Con qué celo santo debe guardarse la pureza de la conciencia, por cuanto toda violación deliberada de ella es perdición incipiente. ! Algunos, que parecen ser más celosos por el honor de ciertas doctrinas que por el alma de los hombres, enervan esta terrífica verdad con preguntar cómo puede estar de acuerdo con la “perseverancia de los santos;” pensando algunos de los que defienden esta doctrina que es necesario hacer a un lado lo que se quiere decir por las expresiones: “destruir la obra de Dios” ( 20), y “destruir a aquel por el cual Cristo murió” (15), por temor a las consecuencias resultantes de entenderlo tal como está escrito. Los opositores de dicha doctrina están prontos a preguntar: ¿Cómo podría el apóstol haber usado semejante lenguaje si él hubiese creído imposible tal catástrofe? La contestación correcta a ambas preguntas está en desechar las mismas como impertinentes. El apóstol está enunciando un gran principio eterno en la ética cristiana: que la violación voluntaria de la conciencia tiene en sí la semilla de la destrucción; o para expresarlo de otro modo, que para que se realice la destrucción total de la obra de Dios en el alma renovada, y consiguientemente, la perdición de aquella alma por la eternidad, no se requiere más que se lleve a pleno efecto tal violación de la conciencia. Si tales efectos en realidad ocurren, el apóstol no da aquí ni la más remota intimación; y, por lo tanto, esa cuestión tiene que ser resuelta en otro pasaje. Pero, fuera de toda duda, como la posición que hemos asentado está expresada enfáticamente por el apóstol, así los intereses de todos los que se llaman cristianos deben ser proclamados y recalcados en toda ocasión oportuna.

 (8) El celo por los puntos comparativamente pequeños de la verdad, no puede substituir a las realidades substanciales, inclusivas y perdurables de la vida cristiana (17, 18).

(9) “La paz” que gozan los discípulos de Cristo es una bendición demasiado preciosa para ellos, y muy importante como testimonio para los que no gozan de ella; por tanto, no debe ser quebrantada por bagatelas, aun cuando en ellas se encierren verdades de menos importancia (19, 20). Haciendo esto, las verdades menospreciadas no peligran, sino que son ratificadas.

(10) Muchas cosas que son lícitas, no son convenientes. En el empleo de la libertad, pues, nuestra pregunta debiera ser, no simplemente si es lícito, sino, siendo lícito, si se puede practicar sin peligro para la conciencia de algún hermano. “¿Cómo afectará al alma de mi hermano (21)?” debiera ser la pregunta de todo cristiano, y no decir como Caín: “¿Soy yo el guardador de mi hermano?” (Génesis 4:9.)

(11) Siempre que estemos en duda tocante a un punto de deber—donde la abstinencia es manifiestamente lícita, y el acceder a ello no es claramente permisible—se debe optar siempre por el camino seguro, porque el hacer lo contrario es en sí pecaminoso.

(12) ¡Cuán exaltada y excelente es la ética del cristianismo, la cual nos enseña, en pocos pero importantes principios, cómo dirigir nuestro curso en medio de las dificultades, teniendo consideración igualmente a la libertad, al amor, y a la confianza cristiana!


¡Maranatha! ¡Si, ven Señor Jesús!






lunes, 15 de febrero de 2016

A MI PADRE CELESTIAL

Hace años, allá por 1991, compuse esta pequeña poesía para mi Padre Celestial. Muchas horas al volante, viajando por toda España; contactando con nuevos clientes para comercializar las variedades de verdes decorativos que entonces comenzábamos a cultivar. Quizás la métrica y la rima no se sujete a la Academia, pero salió desde lo más profundo de mi alma, de mi corazón a modo de agradecimiento, como una alabanza al Señor por su Misericordia y sus bendiciones.
Les agradecería que si la copian, indiquen la fuente de donde procede.

Cantaré a mi Dios
Por el placer de agradecer
Su sacrificio de amor y perdón
Cantaré porque ahora está en mi corazón.

Como he podido vivir sin su calor
Que confiado iba yo a la perdición
 Siento ya la Salvación
Volveré a mi Creador.

Cantaré a mi Dios
Porque al creer me regaló
La única y posible Justificación
Cantaré todo esto en Su Honor.

Tenerlo todo al querer, sin merecer
Ir de su mano al vivir, ya sin temer
Conociendo todo lo que es por  ÉL
AMOR, JUSTICIA Y PODER.

Cantaré a mi Dios
Con la alegría de saber
Que falta poco para que le pueda ver
Cantaré para decir que ya no moriré.

El Hijo vino a morir aun al saber
Que pocos iban a querer entender
Que hay que volver a nacer
Gracia que viene por Fe.

Serviré a mi Dios
Junto a los que no puedo ver
Para presentar a mi Dios Celestial
Y lo haré con la Palabra de Verdad.

Tenerlo todo al querer sin merecer
Ir de su mano al vivir, ya sin temer
AMOR, JUSTICIA Y PODER
ESO ES ÉL, MI DIOS.