domingo, 7 de enero de 2018

7 Enero 2018 Sembrando la Palabra de Dios en la Biblia.


 Salmo 107; 29-30
Cambia la tempestad en sosiego,
Y se apaciguan sus ondas.
Luego se alegran, porque se apaciguaron;
Y así los guía al puerto que deseaban.

   Los marineros tienen sus actividades en el océano tempestuoso y ahí presencian liberaciones de las cuales los demás no podemos hacernos idea. ¡Cuán oportuno es orar en esos momentos! -Esto puede recordarnos de los terrores y angustias de conciencia que muchos tienen y de aquellas escenas hondas de problemas por las cuales pasan muchos en su carrera cristiana. Sin embargo, respondiendo a sus clamores, el Señor vuelve su tormenta en calma y hace que sus pruebas terminen en alegría.
La vida marinera es una figura perfecta de nuestra experiencia en esta vida: seguir con nuestros quehaceres  cuando “de la nada”, llega la tormenta que altera todos nuestros cálculos, destruye las comodidades que valoramos, nos deja impotentes en las garras de fuerzas totalmente devastadoras. Cada tormenta es un llamado a confiar, porque no es un suceso fortuito ni una trampa satánica: es su tempestad y a su tiempo la misma mano que causó la tormenta la aquietará. Cada tormenta es un llamado a la oración que prevalecerá aun contra las fuerzas opositoras más poderosas. La puerta de la oración probará ser la entrada a la paz.  Cada tormenta es como una mente desordenada, que no puede organizar la vida de esa persona; la falta de pasión por Dios, la falta de conocerlo más a través de Su Palabra nos impide confiar en Dios. Decimos que somos sus hijos porque hemos nacido de nuevo por gracia de Dios por fe en Jesucristo, pero nos comportamos como verdaderos incrédulos porque somos desobedientes a Su Manual de instrucciones. Y así nos va. La falta de ese conocimiento embota nuestro entendimiento para poder conocer la voz de Dios para no meternos en problemas 1Samuel 13; 8-13.


Marcos 6; 50

porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!
Después de la revelación mesiánica de Jesús al pueblo con la multiplicación de los panes, se manifiesta ahora a sus discípulos de un modo directo y con una grandeza sobrehumana, en una forma que permite reconocer el misterio de su ser divino. Mateo ha explicado esto a sus lectores presentando a los discípulos arrodillados en la barca delante de Jesús y confesando: «Realmente, eres Hijo de Dios» (Mateo_14:33). Marcos, en cambio, corre un velo sobre aquella experiencia única y deja entender a través de la incomprensión de los discípulos que entonces éstos ni penetraron ni podían penetrar el sentido del acontecimiento, porque sólo habían de comprenderlo después de la resurrección de Jesús. Cualquier cavilación sobre el hecho histórico resulta tan inútil como las reflexiones acerca de las apariciones del resucitado. Sólo quien cree en la resurrección de Jesús puede afirmar el hecho de este episodio luminoso, de esta epifanía de lo divino en el marco terrestre y entender el sentido de la manifestación de Jesús. Los discípulos habían sido testigos de la tempestad calmada por Jesús, y recientemente de la multiplicación de los panes y peces, pero no se les ocurrió que lo que veían en realidad sería su Maestro.
Frecuentemente la iglesia es como barco en el mar, zarandeado por tormentas y sin consuelo: podemos tener a Cristo por nosotros, pero el viento y la marea en contra. En cuanto Jesús vio a Sus amigos en dificultad, puso a un lado Sus propios problemas; el momento de la oración había pasado; había llegado el momento de la acción; Jesús Se olvidó de Sí mismo, y acudió a ayudar a Sus amigos. Así era, y es, Jesús. Para Él, el clamor de la necesidad humana tenía prioridad sobre todos los otros compromisos. Sus amigos Le necesitaban, y tenía que acudir. Es un consuelo para los discípulos de Cristo en medio de una tormenta que su Maestro esté en el monte celestial intercediendo por ellos. No hay dificultades que puedan impedir la manifestación de Cristo a favor de su pueblo, cuando llega el tiempo fijado. Él aquietó sus temores dándoseles a conocer. Nuestros temores se satisfacen pronto si se corrigen nuestros errores, especialmente los errores acerca de Cristo. Si los discípulos tienen a su Maestro con ellos, todo está bien. Por falta de un entendimiento adecuado de las obras anteriores de Cristo, es que vemos sus obras actuales como si nunca las hubiera habido iguales. Si los ministros de Cristo pudieran ahora curar las enfermedades corporales, ¡qué multitudes se arremolinarían en torno a ellos! Triste es pensar cuánto se preocupan muchos por sus cuerpos más que por sus almas.
Hay algo en las palabras “Yo soy”, que son mencionadas en Mateo, Marcos y Juan, las cuales, habiendo sido emitidas por los labios que las pronunciaron y en las circunstancias en que fueron articuladas, expresan algo superior a lo que ningún idioma puede expresar. Aquí estaban en medio de un mar rugiente, su barquilla siendo un juguete de los elementos, y con luz apenas suficiente para vislumbrar algún objeto sobre las aguas, el cual sólo agravaba sus temores. Pero Jesús consideró que el hacerles saber que él estaba allí bastaba para disipar todos sus temores. De otros labios aquel “yo soy” sólo habría indicado que el que hablaba, era tal o cual persona; y eso hubiera ayudado muy poco para calmar los temores de aquellos hombres que pensaban a cada momento que serían sumergidos hasta el fondo. Pero pronunciado por Uno que en aquel momento caminaba sobre las ondas del mar, y que estaba a punto de calmar los rugientes elementos con su palabra, no era sino la Voz de Aquel que clamaba antiguamente en los oídos de Israel, aun desde los días de Moisés: “¡Yo soy”; “Yo, yo soy”! (Exodo_3:14; Isaías_51:12; Juan_18:5-6; Juan _8:58). Mas ahora, aquel Verbo es hecho carne, y habita entre nosotros” (Juan_1:14); y su voz se hace oír a nuestro lado en tonos familiares pues es, “¡La voz de mi Amado!”  ¿Hasta qué punto fue comprendida esta expresión por sus discípulos asustados? Había uno, sabemos, en el barco, que aventajaba a todos los demás en susceptibilidad a tales impresiones sublimes. No fue el profundo escritor del Cuarto Evangelio, quien, aunque se remontaría sobre todos los apóstoles, era todavía joven para llegar a tener alguna prominencia.  Estamos hablando de Pedro.

¡Maranata! ¡Sí, ven Señor Jesús!



sábado, 6 de enero de 2018

6 Enero 2018 Sembrando la Palabra de Dios en la Biblia.


 1 Corintios 1; 18
Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.


  Pablo hace contraste entre la sabiduría de palabra humana  y la palabra de la cruz. La palabra de la cruz es el mensaje o la doctrina concerniente a lo que Dios ha hecho por el pecador en la cruz, o muerte, de Cristo. Juan_3:14-17
El contenido del evangelio no es sencillamente una filosofía entre otras, pues ninguna filosofía puede salvar eternamente al pecador. El evangelio une a todos en Cristo para salvación, pero las filosofías humanas dividen al hombre. ¡Con razón había divisiones en la iglesia en Corinto!
Un mutuo antagonismo existe entre la sabiduría de este mundo y la sabiduría de Dios, y el conflicto se manifiesta de manera suprema en la cruz de Cristo. Dios obra más sabiamente y de manera más poderosa por vías directamente opuestas a las expectativas humanas. Aun viendo a Jesús en la cruz los, judíos pedían alguna señal de su poder (Mateo_27:40-43).  Los griegos hicieron de la búsqueda de la sabiduría un fin carente de significado en sí mismo, como descubrió Pablo en Atenas (Hechos_17:21).

Para la persona que considera al evangelio por medio de la sabiduría humana, el evangelio es locura; no tiene poder alguno. ¿Cómo puede la muerte del héroe tener poder para salvar a sus seguidores? Tal persona en el mundo, perdida en sus pecados (Juan_8:24), sigue siendo persona perdida. Sigue rechazando al evangelio. Y ¿a éstos querían algunos miembros de la iglesia en Corinto impresionar e imitar, al hacer tanto caso de hombres considerados como grandes líderes? ¿Para qué enamorarse de quienes se están perdiendo, e imitarles?
Pablo hace contraste entre “los que se están perdiendo” y “los que nos estamos salvando”, y entre la locura, según la conclusión del hombre perdido, y el poder de Dios según el caso de los corintios cristianos. Estos últimos, habiendo sido lavados, santificados y justificados por el mensaje de la cruz , demostraban el poder del evangelio. Ninguna sabiduría humana había podido lograr tal cambio en el hombre, ni puede.  2 Corintios_2:14-16.
            Por esta razón Cristo envió a Pablo a predicar el evangelio; es la única Palabra con el poder necesario para salvar al hombre perdido. Y ahora, ¿qué diremos de la iglesia en Corinto? Estaba manifestando actitudes basadas, no en este evangelio, sino en la sabiduría humana que es carnalidad; conflictos de intereses, orgullo, reconocimiento, status, categorías. Si la perdición y la locura van juntas, como la salvación y el poder, ¿eran sabios los hermanos en Corinto al hacer tanto caso de ideas filosóficas hasta causar cismas en la iglesia?  Así actúan los líderes de una iglesia,  cuando vez tras vez producen división y “salen de rositas”, ¿Qué evangelio estarán predicando para que esto se produzca?

    Si para alguien la cruz es algo despreciable e inadmisible, si estorba y se opone a la idea de lo que el hombre necesita para su más alto cultivo y expansión, si esta imagen del nombre le parece demasiado primitiva y esta imagen de Dios demasiado grosera, este aire de superioridad está ya juzgado y condenado por la misma cruz, Pablo ha reflexionado con frecuencia sobre el escándalo de un salvador crucificado. Él mismo se había pronunciado durante años en contra de él, hasta que el mismo crucificado se le apareció como resucitado por el poder de Dios y le hizo ver toda la revelación y los caminos salvíficos de Dios a partir precisamente de este punto, primero el más obscuro y luego el más brillante y luminoso. Tras esta afirmación, expuesta a modo de tesis y de una manera al parecer enteramente objetiva, se esconde la más vital y personal de las experiencias. Es preciso leerla desde esta perspectiva. Y leerla con suma atención para ver lo que dice y lo que no dice.   Lo que dice es que el hecho de que se acepte o no se acepte el mensaje del Crucificado, es decisivo para la salvación o la condenación. Pablo ha visto confirmada muchas veces en sus afanes misionales aquella fundamental experiencia por él mismo vivida, y de una manera particularmente expresiva y dolorosa en los lugares próximos a Corinto.
Pablo había sido criado en el saber judío; pero la clara predicación de Jesús crucificado era más poderosa que toda la oratoria y filosofía del mundo pagano. Esta es la suma y la sustancia del evangelio. Cristo crucificado es el fundamento de todas nuestras esperanzas, la fuente de todo nuestro gozo. Nosotros vivimos por su muerte. La predicación de la salvación de los pecadores perdidos por los sufrimientos y la muerte del Hijo de Dios, si se explica y aplica fielmente, parece locura para los que van por el camino de la destrucción. El sensual, el codicioso, el ambicioso, el orgulloso, por igual, ven que el evangelio se opone a sus empresas preferidas. Pero los que reciben el evangelio, y son iluminados por el Espíritu de Dios, ven más de la sabiduría y el poder de Dios en la doctrina de Cristo crucificado, que en todas sus otras obras.
Dios dejó a una gran parte de la humanidad librada a seguir los dictados de la razón jactanciosa del hombre, y el hecho ha demostrado que la sabiduría humana es necedad, e incapaz de encontrar o retener el conocimiento de Dios como Creador. Agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Por la locura de la predicación, no por lo que justamente podría llamarse predicación loca, sino que la Palabra predicada era locura para los hombres sabios según el mundo. El evangelio siempre fue, y será, necedad para todos los que van por el camino de la destrucción. El mensaje de Cristo, entregado con sencillez, ha sido siempre una piedra de toque por la cual los hombres pueden saber por qué camino viajan. Pero la despreciada doctrina de la salvación por fe en el Salvador crucificado, Dios en naturaleza humana que compra a la Iglesia con su sangre, para salvar a multitudes, a todos los que creen, de la ignorancia, el engaño y el vicio, ha sido bendecida en toda época. Los instrumentos más débiles que Dios usa, son más fuertes en sus efectos que los hombres más fuertes.  

Hechos 2; 36
Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

    Con este versículo final la predicación de Pentecostés alcanza su punto culminante y también su fin interno. Este versículo con su redacción concentrada y fácil de retener en la memoria lo tenemos ante nosotros como una notificación autoritaria de la Iglesia. La declaración está preparada y se funda en la exposición precedente. Sobresalen dos ideas fundamentales de la adhesión de la Iglesia primitiva a Jesús: Jesús, el Señor, y Jesús, el Cristo, el Mesías. El mensaje va dirigido a «toda la casa de Israel». Las consideraciones y pruebas precedentes también están orientadas, como vimos, hacia la manera de pensar de los judíos.  
Hechos hace hincapié en la Resurrección como la prueba definitiva de que Jesús era el Escogido de Dios. Algunas veces se ha llamado a Hechos el Evangelio de la Resurrección. Para la Iglesia Primitiva la Resurrección era de suprema importancia. Debemos tener presente que sin la Resurrección no existiría la Iglesia Cristiana. Cuando los discípulos predicaban la centralidad de la Resurrección lo hacían movidos por su propia experiencia. La Cruz los había dejado totalmente destrozados, sin esperanza ni razón para seguir viviendo.    el derramamiento del Espíritu es una señal de que Jesús ha sido exaltado a la derecha del Padre. Pentecostés es una señal de que Jesús es el Señor.
  Una de las razones por las cuales algunas iglesias están como están es la predicación ligth se habla del perdón d pecados, reconocer el pecado, la muerte y resurrección, pero no se habla de arrepentimiento, o solo se menciona,  si acaso. Todos los domingos, el primer día de la semana, son el Día del Señor, como su nombre indica. Los cristianos celebramos el domingo en vez del sábado en recuerdo de la Resurrección del Señor; y, si no es eso lo que celebramos, ¿qué es entonces? El Domingo de Resurrección en la Iglesia Oriental, cuando se encuentran dos creyentes, se saludan diciendo uno: «¡Ha resucitado el Señor!» Y el otro contesta: "¡Es verdad que ha resucitado!» Un cristiano no debe olvidarse nunca de que vive y anda con el Señor Resucitado.
Probarles solamente que Jesús era el Mesías, podía haberlos dejado a todos sin sentir conmoción de corazón. Pero convencerlos de que aquel a quien ellos habían crucificado, había sido exaltado por la diestra de Dios, y constituido el SEÑOR a quien David en espíritu adoró, ante quien toda rodilla ha de doblarse, y el mismo CRISTO de Dios, era llevarlos a “mirar a aquel a quien traspasaron, y a hacer llanto sobre él” Cristo había derramado dones milagrosos e influencias divinas sobre sus discípulos, y ellos fueron testimonio de sus efectos. Mediante el Salvador se dan a conocer los caminos de la vida y se nos exhorta a esperar la presencia de Dios y su favor para siempre. Todo esto surge de la creencia segura que Jesús es el Señor y el Salvador ungido.

¡Maranata! ¡Sí, ven Señor Jesús!


viernes, 5 de enero de 2018

5 Enero 2018 Sembrando la Palabra de Dios en la Biblia.


 1 Timoteo 2; 3-6
Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador,
el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.
Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,
el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.


        Pablo afirma insistentemente que esta oración, que abarca a todos los hombres, incluida la autoridad civil, es agradable a Dios. Dios es el «Salvador, que quiere que todos los hombres se salven» antes de que caiga sobre ellos el castigo de Dios. Aquí está, según él Apóstol, el fundamento último de la obligación de orar por todos: la voluntad salvífica universal de Dios, que quiere conducir a todos los hombres desde el pecado, la muerte y el juicio al conocimiento de la verdad  de la revelación divina, a la conversión y, por ella, a la salvación. El amor divino y la voluntad salvadora divina no tienen fronteras ni límites, tampoco la oración de la comunidad cristiana debe tener fronteras ni límites.

Esta voluntad salvífica de Dios se expone, con las palabras de una fórmula cristiana primitiva de profesión de fe. El Dios único es creador de todos los hombres, vela como Padre por todas sus criaturas y quiere la salvación de todos los hombres. Entre Dios y la humanidad sólo hay un mediador, que anuncia a los hombres la voluntad de Dios, los reconcilia con Dios y establece la paz entre Dios y los hombres: «el hombre Cristo Jesús». Puede ser mediador porque, como Hijo de Dios, tiene poder para desempeñar este papel de mediador y, como hombre, pertenece al género humano y puede, por tanto, mediar
Pablo concluye con la afirmación de las grandes verdades de la fe cristiana.
  Hay un solo Dios.
No vivimos en un mundo como el que los gnósticos inventaron con sus teorías de dos dioses hostiles entre sí. No vivimos en un mundo como el que suponían los paganos con su horda de dioses, a menudo rivales entre sí. Los misioneros nos dicen que uno de los grandes alivios que trae el Cristianismo a los paganos en la convicción de que no hay más que un solo Dios. Viven constantemente aterrados con los dioses y es para ellos una emancipación el descubrir que no hay más que un solo Dios cuyo nombre es Padre y cuya naturaleza es amor.
  Hay un solo Mediador.
 Aun los judíos habrían dicho que hay muchos mediadores entre Dios y el hombre. Un mediador es uno que se coloca entre dos partes y actúa como intermediario. Para los judíos, los ángeles eran mediadores.   Para los griegos había toda clase de mediadores.   Y, ¿qué hizo este mediador? Entregó su vida, como representante, para expiar por todo el género humano, que había incurrido en la muerte. «El Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (Marcos_10:45). La muerte de Jesucristo en la cruz por todos los hombres es el testimonio que Dios da de que ha llegado el tiempo establecido, «cuando llegó la plenitud del tiempo» (Galatas_4:4), para el cumplimiento de sus promesas; es el mensaje que el mismo Dios manifestó a los hombres. En esta fe en el único Dios y en el único mediador Jesucristo radica el fundamento de la obligación que la comunidad cristiana tiene de hacer oración por todos los hombres, sin límites. Ahí está también el fundamento último de la esperanza y de la audaz confianza de los cristianos, que incluyen a todos los hombres en su oración para que «lleguen al conocimiento de la verdad».

El hombre no tenía acceso directo a Dios, ni según el pensamiento judío ni según el griego. Pero por medio de Jesucristo, el cristiano tiene ese acceso directo, que nada puede interrumpir. Además, no hay más que un solo mediador.
 Por ejemplo, lo que los hindúes encuentran tan difícil creer. Ellos dicen: " Vuestra religión está bien para vosotros y la nuestra para nosotros.» Pero a menos que haya un solo Dios y un solo mediador no podrá haber tal cosa como fraternidad humana. Si hay muchos dioses y muchos mediadores compitiendo por la lealtad y el amor de los humanos, la religión se convierte en algo que divide a los hombres en lugar de unirlos.  
Pablo pasa a llamar a Jesús el Que dio Su vida en rescate por todos. Eso quiere decir simplemente que Le costó a Dios la vida y la muerte de Su hijo el recuperar para Sí a los hombres.
Hubo un hombre que había perdido un hijo en la guerra. Había vivido una vida de lo más descuidada y aun impía; pero la muerte de su hijo le colocó cara a cara con Dios como nada nunca antes. Llegó a ser un hombre cambiado. Cierto día estaba parado ante una lápida conmemorativa de la guerra, mirando en ella el nombre de su hijo. Y dijo muy humildemente: «Supongo que él tuvo que rebajarse hasta ese punto para elevarme a mí.» Eso es lo que hizo Jesús; dio Su vida para revelarnos el amor de Dios y traernos de vuelta a casa.
Entonces Pablo reclama para sí cuatro oficios.
  Es un heraldo de la historia de Jesucristo.
Un heraldo es uno que hace un anuncio y que dice: «¡Esto es la verdad!» Es un hombre que trae una proclamación que no es suya propia, sino que le ha encargado el rey.
  Es un testigo de la historia de Cristo.
Un testigo es el que puede decir: «Esto es verdad, y yo lo sé» y también «produce resultados». Es uno que transmite, no solamente la historia de Cristo, sino también la historia de lo que Cristo ha hecho por él.
  Es un enviado.
Un enviado es uno cuyo deber es representar a su país en tierra extranjera. Un enviado en el sentido cristiano es por tanto uno que comunica la historia de Cristo a otros. Quiere comunicar la historia a otros para que represente tanto para ellos como representa para él.
  Es un maestro.
El heraldo es la persona que proclama los Hechos; el testigo es la persona que proclama el poder de los Hechos; el enviado es la persona que recomienda los Hechos; el maestro es la persona que conduce a otros al significado de los Hechos. No basta con conocer y saber que Cristo vivió y murió; debemos pensar a fondo lo que eso quiere decir. Una persona debe no sólo sentir la maravilla de la historia de Cristo; debe pensar a fondo en su significado para sí mismo y para el mundo.
   
Es extraordinario seguir el rastro por los primeros días, días de cruel persecución, cuando la Iglesia consideraba un deber absoluto el orar por el emperador, y los reyes y gobernadores a él subordinados. «Temed a Dios -dice Pedro-. Honrad al emperador» (1Pedro_2:17). Y debemos recordar que aquel emperador era nada menos que Nerón, un monstruo de crueldad. Tertuliano insiste en que los cristianos piden a Dios para el emperador «una larga vida, un dominio seguro, un hogar pacífico, un senado fiel, un pueblo íntegro y un mundo en paz»   «Pedimos por nuestros gobernantes, escribía, por el estado del mundo, por la paz de todas las cosas y por el aplazamiento del fin». También escribía: «El cristiano no es enemigo de nadie, y menos del emperador; porque sabemos que, puesto que ha sido elegido por Dios, es necesario que le amemos, y reverenciamos, y honremos, y deseemos su seguridad, lo mismo que la de todo el Imperio Romano. Por tanto sacrificamos por la seguridad del emperador». Cipriano, escribiendo a Demetriano, habla de la Iglesia Cristiana «sacrificando y aplacando a Dios noche y día por vuestra paz y seguridad».
En el año 311 el emperador Galerio pidió expresamente las oraciones de los cristianos, y les prometió misericordia e indulgencia si oraban por el Estado. Taciano escribe: «¿Que el emperador nos manda dar tributo? Lo ofrecemos de buena voluntad. ¿El gobernador nos manda prestar servicio o servidumbre? Reconocemos nuestra servidumbre. Pero un hombre debe ser respetado como corresponde a un hombre, pero sólo hay que reverenciar a Dios».
Teófilo de Antioquía escribe: «El honor que yo le doy al emperador es tanto más grande, porque yo no le doy culto, sino oro por él. No adoro más que al verdadero y único Dios, porque sé que Él ha escogido al emperador... Los que le dan al emperador el verdadero honor son los que están bien dispuestos hacia él, a obedecerle, y que oran por él».
Justino Mártir escribe: «Adoramos solamente a Dios, pero en todas las otras cosas te servimos alegremente, estamos contentos de servirte, reconociendo a los reyes y a los gobernadores de los hombres, y orando para que sean hallados actuando conforme a la verdadera razón con su poder real»  
La más grande de todas las oraciones por el emperador se encuentra en la Primera Carta a la Iglesia de Corinto que escribió Clemente de Roma hacia el año 90 d C. cuando el salvajismo de Domiciano estaba todavía reciente en el recuerdo: «Tú, Señor y Maestro, has dado a nuestros gobernantes y autoridades el poder de soberanía en Tu poder excelente e indiscutible, para que nosotros, conociendo la gloria y el honor que Tú les has dado, nos sometamos a ellos en todo aquello que no se oponga a Tu voluntad. Concédeles, por tanto, oh Señor, salud, paz, concordia, estabilidad, para que administren sin falta el gobierno que Tú les has dado. Porque Tú, oh Dueño soberano, Rey de los siglos, das a los hijos de los hombres gloria y honor y poder sobre todas las cosas que están sobre la Tierra. Dirige, Señor, su consejo de acuerdo con lo que consideras bueno y agradable, para que, administrando el poder que Tú les has dado en paz y benevolencia con piedad, obtengan Tu favor. Oh Tú, que eres el único capaz de hacer estas cosas, y cosas incalculablemente mejores que estas por nosotros, te alabamos mediante el Sumo Sacerdote y Guardián de nuestras almas, Jesucristo, por medio de Quien la gloria y la majestad sean dadas a Ti tanto ahora como por todas las generaciones y por siempre jamás. Amén».
La Iglesia siempre consideró un deber inexcusable el orar por los que ocupaban puestos de autoridad en los reinos de la Tierra; y traía incluso a sus perseguidores ante el trono de la gracia como Jesucristo nos ha mandado: «Orad por los que os ultrajan y os persiguen» (Mateo_5:44).

Pocos pasajes de Nuevo Testamento hacen un hincapié tan claro en la universalidad del Evangelio. La oración se ha de hacer por todos los hombres; Dios es el Salvador Que desea que todos los hombres se salven; Jesús dio Su vida en rescate por todos. Esta es una nota que suena una y otra vez en el Nuevo Testamento. Por medio de Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo (2Corintios_5:18  s). De tal manera amó Dios al mundo que dio a Su Hijo Juan_3:16). Jesús tenía confianza en que, cuando fuera elevado sobre la Cruz, más tarde o más temprano atraería a todos los hombres a Sí mismo Juan_12:32).
 Se llama a este pasaje " la carta magna de la obra misionera.» Dice que es la prueba de que todas las personas son capaces de recibir a Dios. Puede que estén perdidos, pero pueden ser encontrados; puede que sean ignorantes, pero pueden ser iluminados; puede que sean pecadores, pero pueden ser salvos. George Wishart, el precursor de John Knox, escribe en su traducción de la Primera Confesión Suiza: «El fin y el propósito de la Escritura es declarar que Dios es benevolente y amigable para con la humanidad; y que ha declarado esa amabilidad Suya en y por medio de Jesucristo, Su único Hijo; la cual amabilidad se recibe por la fe.» Por eso se deben ofrecer oraciones por todos los seres humanos. Dios quiere a todas las personas; y así, por tanto, debe querer Su Iglesia.
  El Evangelio incluye a los de arriba y los de abajo.
Tanto el emperador en la cumbre de su poder como el esclavo en su indefensión están incluidos en el abrazo del Evangelio. Tanto el filósofo con su sabiduría como el hombre sencillo en su ignorancia necesitan la gracia y la verdad que el Evangelio les puede traer. En el Evangelio no hay diferencias de clase. El rey y el plebeyo, los ricos y los pobres, los aristócratas y los campesinos, el amo y el esclavo están todos incluidos en su abrazo ilimitado.
  El Evangelio incluye a buenos y malos.
Hay una extraña enfermedad que está afligiendo a la Iglesia en los tiempos modernos, que la hace insistir en que uno tiene que ser respetable antes de ser admitido, y mirar con suspicacia a los pecadores que tratan de entrar por sus puertas. Pero el Nuevo Testamento deja bien claro que la Iglesia existe, no solamente para edificar a los buenos, sino para recibir y salvar a los pecadores.
Uno de los grandes santos de los tiempos modernos, y de todos los tiempos, fue Toyohiko Kagawa. Fue a Shinkawa adonde se dirigió para buscar hombres y mujeres para Cristo, y vivió allí en los suburbios más abandonados y asquerosos del mundo.
W. J. Smart describe la situación: «Sus vecinos eran prostitutas no inscritas, ladrones que presumían de su astucia para burlar a toda la policía de la ciudad, asesinos que estaban orgullosos no solo de su ficha de crímenes sino siempre dispuestos a añadir a su curriculum nuevos delitos. Toda la gente, ya fueran débiles o retrasados mentales o criminales, vivían en condiciones de miseria abismal, en calles resbaladizas de porquería donde las ratas salían arrastrándose de las alcantarillas abiertas para morir. El aire estaba siempre cargado de hedor. Una chica idiota que vivía en la chabola de al lado de la de Kagawa tenía pinturas viles pintadas en la espalda para seducir a los hombres a su nido. Por todas partes había cuerpos humanos pudriéndose de sífilis.» Kagawa quería a las personas así lo mismo que Jesucristo, porque El quiere a todos los seres humanos lo mismo buenos que malos.

  El Evangelio abraza a los cristianos y a los no cristianos.
La oración se ha de hacer por literalmente todos los seres humanos. Los emperadores y gobernantes por los que esta carta nos exhorta a orar no eran cristianos; eran de hecho hostiles a la Iglesia; y, sin embargo; había que presentarlos ante el trono de la gracia en las oraciones de la Iglesia. Para el verdadero cristiano no hay tal cosa como un enemigo en todo el mundo. Nadie está fuera de sus oraciones, porque nadie está fuera del amor de Cristo ni del propósito de Dios, Que quiere que todos los seres humanos se salven.


¡Maranata!¡Sí, ven Señor Jesús!

jueves, 4 de enero de 2018

ORAR SOLAMENTE PARA LOS OÍDOS DE DIOS.


Mateo 6; 5-8
Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres;(B) de cierto os digo que ya tienen su recompensa.
Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta,(C) ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.
No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

Los hipócritas son los que practican sus devociones privadas en lugares públicos, pero no lo hacen para agradar a Dios (como se supondría), sino para recibir la alabanza de los hombres, creyéndoles muy espirituales. El orar debe ser acto religioso (culto a Dios), pero si es practicado con el propósito de recibir alabanza de los hombres, no es acto de culto para Dios, sino más bien un acto de hipocresía. La palabra "hipocresía" HUPOKRISIS significa "actuación dramática, referido al hablar de los actores en diálogo; de ahí pretensión" . El hipócrita es engañador. Engaña a los hombres, pero no engaña a Dios (Gálatas_6:7).
Practican orar en público sus devociones privadas. Lucas_18:11 hace claro este punto: "El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera". "Oraba consigo mismo", pero estuvo en el templo. No se minimiza en ningún sentido el orar en público. No era cuestión de dirigir la oración de la congregación en la sinagoga (ni tampoco en las esquinas de las calles), sino de ofrecer una oración privada en los lugares más públicos. ¿Oraban estos en privado o solamente en público?
Les da gusto. Les agrada. Lo que les gustaba era la alabanza de los hombres.
Jesús no condena el orar de pie. Es probable que esa postura les sirviera para ser más "públicos" (para mejor llamar la atención de la gente a sus oraciones), pero no es malo orar de pie. 
La Biblia habla de varias posturas del cuerpo para orar: de pie (1Samuel_1:26, inglés, "stood"; Marcos 11:23-25 ; Lucas 18:11; Lucas 18:13); de rodillas (2Crónicas_6:13; Daniel_6:10; Lucas_22:41; Hechos_7:60; postrado sobre el rostro (Números_16:22; Josué_5:14; Daniel_8:17; Mateo_26:39; Apocalipsis_11:16); y sentados (Mateo_26:20; Mateo_26:26-27).
¿Es siempre malo ofrecer en público una oración personal? No; véase Daniel_6:10; Daniel_6:13. Era importante que todos se dieran cuenta de que Daniel no dejaba de orar a Dios cuando se le prohibió hacerlo. Pablo dice, "orad sin cesar" (1Tesalonicenses_5:17). En cualquier momento el cristiano puede orar a Dios (por ejemplo, puede dar gracias por su comida en un restaurante). El problema no es el orar o no orar en público, sino el orar en público en lugar de orar en privado, y el orar en público para ser alabados de los hombres en lugar de agradar a Dios . Lo que se condena es el espíritu de ostentación, el deseo de exhibir la piedad. 
Lo que Jesús condena es el propósito malo. Vuelve al tema de Mateo_5:8, "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios". El corazón de ellos no era limpio, porque el propósito de su servicio no era sano. Juan_5:44, "¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?" No querían creer y no podían creer porque solamente buscaban la gloria unos de otros, y no buscaban la gloria que viene de Dios. Romanos_2:29, la alabanza del verdadero judío "no viene de los hombres, sino de Dios".

¡Qué pensamiento más alarmante! "Ya tienen su recompensa". Ya no habrá recompensa de Dios. Ya han recibido toda la recompensa, y la única recompensa, que recibirán tanto en el mundo venidero como en este mundo. Ya están pagados en total.

Mateo_25:21, El Señor dirá a los fieles, "Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor", pero los hipócritas que hacen su justicia para ser vistos de los hombres no oirán estas palabras. Mateo_25:34, "Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo". Los hipócritas no oirán esta bienvenida.
Qué oirán en aquel día? "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles" (Mateo_25:41).

Orar en privado a Dios.

  Mateo_6:6 "Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público".
  No basta con condenar el mal. Jesús no solamente condena el error de los hipócritas, sino que también enseña lo correcto con respecto a la oración.
  "Aposento, TAMEION, denota, en primer lugar, una cámara de almacenamiento, y después cualquier estancia privada o reservada". "Tu aposento" será el lugar más privado disponible para que a solas puedas orar a Dios, excluyendo el mundo entero. ¿Dónde estaba el "aposento" de Jesús? Marcos_1:35, "Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba" (la palabra "desierto" significa lugar solitario, retirado y apartado de las ciudades).  "Cerrada la puerta", como en el caso de Eliseo (2Reyes_4:32-33). Cuando oramos en casa -- aun dando gracias por los alimentos -- conviene apagar el radio, el estéreo, el televisor y aun descolgar el teléfono para evitar estorbos e interrupciones.
  "Ora a tu Padre que está en secreto". Si nuestra oración es en verdad solamente para los oídos de nuestro Padre Celestial, no usaremos palabras grandes, ni lenguaje floreciente, ni voz elocuente, para tratar de impresionar a Dios. En la forma más natural (aunque bien respetuosa) presentaremos nuestra plegaria a Él, con mucha acción de gracias en el nombre de Jesús.
  Dios recompensará. No recompensa a los que oran para ser oídos y alabados por los hombres (ya tienen su recompensa), pero a los sinceros sí. Efesios_3:20-21, "Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros... ".
   
  No usar vanas repeticiones como los gentiles.
  ¿Cuántas veces un culto de “oración” se convierte en un culto de repetición? Es cierto que se formulan retahílas de palabras que se repiten una y otra vez; o recordarle a Dios las mismas peticiones siempre, como si pensáramos que Dios se olvidó. ¿No será más bien que somos nosotros, qué al orar nos olvidamos de los atributos de Dios?
Mateo_6:7, "Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos".
  "Como los gentiles".   1Reyes_18:25-29, "invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¿Baal, respóndenos!" Es decir, toda la mañana repetían las mismas palabras, creyendo que por la mucha repetición de lo que decían su dios les escucharía. Clamaban a grandes voces, saltaban cerca del altar y aun "se sajaban con cuchillos y con lancetas... hasta chorrear la sangre sobre ellos". Siguieron "gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecer el sacrificio". Esta conducta era apropiada para ellos, porque oraban a dioses que tenían ojos que no veían y oídos que no oían, pero para orar al Dios Vivo, no es apropiada.   Hechos_19:34, "Todos a una voz gritaron casi por dos horas: ¡Grande es Diana de los efesios!" Los paganos creían que por "su palabrería" serían oídos. De esta manera implicaban consciente o inconscientemente que los dioses eran estúpidos, que tenían que decirles las mismas cosas docenas de veces, o de otro modo que estaban del todo indiferentes hacia ellos, y que tenían que moverles (fatigarles y aburrirles) por sus gritos y repeticiones hasta que les concedieran lo que pedían.   En la actualidad  los budistas y mahometanos usan vanas repeticiones. También esta enseñanza de Jesús es violada por la repetición del rosario. Los católicos creen que serán oídos por su mucha repetición del "Padre Nuestro". Jesús nos enseña como orar (Mateo_6:9-13; Lucas_11:1) para evitar vanas repeticiones. ¡Pero tanto evangélicos como católicos creen que con repetir esta oración serán oídos!   

Algunos judíos habían caído en el mismo error de creer que Dios les escucharía por sus vanas repeticiones de las mismas palabras. Dice el versículo 8, "No os hagáis, pues, semejantes a ellos".
  Jesús no condena la oración larga. Lucas_6:12, "En aquellos días fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios". Varios salmos son oraciones largas, pero muchas oraciones en la Biblia son cortas: la de Moisés, Éxodo_32:31, Éxodo_32:32; la de Salomón, 1Reyes_3:6-9; la de Elías, 1Reyes_18:36-37; la de Ezequías, 2Reyes_19:14-19; la de Esteban, Hechos_7:60.
              "Porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad antes que vosotros le pidáis".
  Dios no es como los dioses paganos que no saben nada, mucho menos de qué cosas tenemos necesidad. ¡Cuántas veces los profetas les recordaban a los israelitas de esta verdad! Era uno de los mensajes principales de ellos.
  El propósito de orar no es para informar a Dios de nuestras necesidades. Él ya sabe y, además, Él está muy dispuesto a ayudarnos (Lucas_11:13; Lucas_18:7; 1Pedro_3:12).  
  Las vanas repeticiones insultan el conocimiento y el amor de Dios, y su buena disposición de ayudarnos.
  ¿Por qué orar si Dios ya sabe todo? Algunos dicen que es para el "beneficio psicológico". No, esto no es el propósito de la oración. Oramos porque somos hijos de Dios, y los hijos se comunican con sus padres. Dios nos habla a través de su palabra, y hablamos con El en oración. Es acto de amor filial. El orar es un ejercicio de fe. Nuestra fe en Dios se expresa. Una fe que no actúa es fe muerta (Santiago_2:26). Expresamos nuestra plena confianza de que Él es nuestro Proveedor y Protector. El orar no es solamente para pedir. Hay muchos textos que nos enseñan cómo orar: Mateo 6:9-13; 1Timoteo_2:1-2. En la oración honramos y alabamos a Dios, expresamos la gratitud, gozamos de comunión con El, expresamos nuestra dependencia y nuestra sumisión, intercedemos por otros, etc.

  La oración implica comunicación con Dios en una íntima relación con Él. Es sólo en la intimidad cuando puedo escuchar su respuesta, y saber esperar, cultivando la paciencia mientras llega. La oración es una ofrenda de nuestros deseos por cosas agradables a la voluntad de Dios. Como paso preevio a la oración debemos pedir perdón de nuestros pecados. Por el hecho de no vivir en perfección significa que pecamos de algún modo, de forma consciente o inconsciente; y debemos pedir perdón por todos. Estoy convencido que es la posición correcta para comenzar esa intimidad con Dios.

También es cierto que cuando la oración es débil se debe a que tenemos poca pasión por Dios. Recuerdo cuando iba a ver a mi novia a Ourense, hoy mi esposa, tenía que ir haciendo auto-stop, y no me importaba pasar lo que fuera por estar unas horas a su lado. Mi pasión debe ser diaria por conocer más a Dios, más de Su Palabra para conocer a Cristo, y esa pasión me empuja a orar a Dios. Al mismo tiempo a través de la oración recibo el dominio sobre mi conducta, sobre mi carácter para caminar en la santificación diaria. En la oración Dios me corrige. En la oración se inicia el proceso sobre como Dios organiza mis prioridades para entrar en su presencia. La oración me cambia a mí, en la dirección que Dios quiere de mí. La oración me posiciona en un lugar de dependencia de Dios, sabiendo que NADA puedo hacer sin Él. Juan 15:5  Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.


¡Maranata! ¡Sí, ven Señor Jesús!

4 Enero 2018 Sembrando la Palabra de Dios en la Biblia.


Mateo 16; 15-16
Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

       Esta es la pregunta de todos los tiempos. ¿Quién es Jesús? Y sobre todos los doce, porque estos apóstoles serían sus testigos, sus representantes, sus embajadores; por eso, era imprescindible que ellos tuvieran el concepto correcto en cuanto a la identidad de Jesús. Ellos habían estado con El, vivían con Él, le escuchaban diariamente en conversaciones privadas como en los discursos públicos; por eso, deberían conocerle. No es una novedad que Pedro actúe como portavoz. Aquí se pregunta a todos los discípulos, pero sólo uno responde. En esta contestación no debe manifestarse el conocimiento personal y la confesión propia de Pedro, sino la opinión de los discípulos en total. Pedro confiesa que Jesús es el Mesías. Eso es lo propio y decisivo, y es lo único que se dice en  Marcos  8; 29. El Mesías es el enviado de Dios, el último enviado después de todos los profetas. Después de Él no puede venir nadie más que le supere. Su palabra es la última palabra de Dios, el Mesías según la fe de los rabinos trae la válida interpretación de la Torah. La presentación del Mesías determina el tiempo de empezar el último tiempo. Es la gran y concluyente señal que Dios pone en el mundo. A la confesión se añade: el Hijo del Dios viviente. Eso también lo hemos oído antes (Mateo 14,33), no nos sorprende en el Evangelio de  Mateo. Lo que allí resplandeció súbitamente durante la noche y lo que se dijo a propósito de la sujeción de los elementos, ahora es de dominio público y viene a ser como una confesión oficial de los discípulos. Por esta profundidad de las relaciones con el Padre, Jesús ya había dicho: "Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelárselo" (Mateo 11,27). Ahora se da la respuesta desde fuera: Tú eres el Hijo del Dios viviente.
Así es que en Cesarea de Filipo Jesús decidió demandar el veredicto de Sus discípulos. Tenía que saber, antes de ponerse en camino a Jerusalén y a la Cruz, si alguien había captado, aunque fuera ligeramente, Quién y qué era él. No hizo la pregunta directamente; la fue delineando. Empezó por preguntar lo que la gente decía de Él y por quién Le tomaban.
(i) Algunos decían que era Juan el Bautista. Herodes Antipas no era el único que creía que Juan el Bautista era una figura tan extraordinaria que bien podía haber vuelto a la vida.
(ii) Otros decían que era Elías. De esa manera estaban diciendo dos cosas acerca de Jesús: Que era tan grande como el mayor de los profetas, porque consideraban a Elías la cima y el príncipe de la línea profética; y también que Jesús era el precursor del Mesías. Según Malaquías, Dios había prometido: "Yo os envío al profeta Elías antes que venga el día grande y terrible del Señor» (Malaquías_4:5). Hasta hoy día los judíos siguen esperando la vuelta de Elías antes de la venida del Mesías, y dejan una silla vacante para él cuando celebran la Pascua. Así es que algunos veían en Jesús al heraldo del Mesías y el precursor de la directa intervención de Dios.
(iii) Otros decían que Jesús era Jeremías. El profeta Jeremías ocupaba un lugar importante y curioso en: las expectaciones del pueblo de Israel. Se creía que, antes de que el pueblo fuera al exilio, Jeremías había tomado el arca y el altar del incienso del templo y los había escondido en una cueva solitaria del monte Nebo; y que, antes que viniera el Mesías, volvería a recuperarlos, para que volviera a brillar l gloria de Dios sobre Su pueblo otra vez.  En Esdras_2:17  se presenta otra promesa de Dios: "En tu ayuda mandaré a mis siervos Isaías y Jeremías.»
Cuando la gente identificaba a Jesús con Elías y con Jeremías, según la luz que habían recibido, estaban haciéndole un gran elogio y colocándole en un nivel muy alto, porque Jeremías y Elías eran nada menos que los esperados precursores del Ungido de Dios. Cuando ellos se presentaran, el Reino de Dios había de estar ya muy cerca.
Cuando Jesús oyó los veredictos de la multitud, les dirigió a Sus discípulos la pregunta más importante: "Y vosotros, quién decís que soy?» Puede que se produjera un instante de silencio, mientras pasaban por las mentes de los discípulos pensamientos que casi les daba miedo expresar en palabras; y entonces Pedro hizo el gran descubrimiento y la gran confesión; y Jesús supo que Su obra estaba a salvo, porque había por lo menos uno que comprendía.
Es interesante comprobar que cada uno de los evangelios sinópticos nos da su versión particular del dicho de Pedro. Mateo dice: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.» Marcos es el más breve: "Tú eres el Cristo» (Marcos_8:29). Y Lucas, el más claro: "Tú eres el Cristo de Dios» Lucas_9:20).
Jesús sabía entonces que había por lo menos alguien que Le había reconocido como el Mesías, el Ungido de Dios, el Hijo del Dios viviente. Las palabras Mesías, en hebreo, y Cristo, en griego, quieren decir lo mismo, Ungido. Los reyes empezaban a reinar cuando eran ungidos, como aún sucede en muchos países. El Mesías, el Cristo, el Ungido, es el Rey de Dios sobre la humanidad.
En este pasaje hay dos grandes verdades.
(i) En esencia, el descubrimiento de Pedro fue que las categorías humanas, hasta las más elevadas, son inadecuadas para describir a Jesucristo. Cuando la gente describía a Jesús como Elías o Jeremías u otro profeta creían que estaban colocándole en la más alta categoría que existe. Los judíos creían que hacía cuatrocientos años que la voz de la profecía estaba callada; pero que en Jesús se había vuelto a escuchar la voz directa y auténtica de Dios. Estos eran grandes elogios; pero no bastaban para contener toda la verdad, porque no hay categorías humanas que sean adecuadas para describir a Jesucristo.
Una vez Napoleón dio su veredicto acerca de Jesús: «Yo conozco a los hombres, y Jesucristo es más que un hombre.» Sin duda Pedro no sabía exponer teológicamente ni expresar filosóficamente lo que quería decir cuando dijo que Jesús era el Hijo del Dios viviente; de lo único que Pedro estaba completamente seguro era que ninguna descripción puramente humana era adecuada para aplicarse a Jesús.
(ii) Este pasaje enseña que el descubrimiento de Jesucristo tiene que ser un descubrimiento personal. La pregunta de Jesús fue: «Vosotros, ¿qué pensáis vosotros de Mí?» Cuando Pilato le preguntó a Jesús si era el rey de los judíos, Jesús le contestó: " ¿Dices eso por ti mismo, o te lo han dicho otros de Mí?» (Juan_18:33  s).
Nuestro conocimiento de Jesús no debe ser de segunda mano. Puede que uno sepa todo lo que se ha dicho acerca de Jesús, que conozca todas las cristologías que se han enseñado y que sea capaz de hacer un resumen de lo que han dicho los grandes teólogos acerca de Jesús... y, sin embargo, no ser cristiano. El Cristianismo no consiste en saber acerca de Jesús, sino en conocer a Jesús. Jesucristo demanda un veredicto personal. 

No solo a Pedro, sino igualmente a cada uno de nosotros: « Y tú, ¿qué piensas de Mí?»


¡Maranata! ¡Sí, ven Señor Jesús!