viernes, 22 de enero de 2016

ROMANOS 5:1-21



5.1 Ahora tenemos paz con Dios, que no necesariamente equivale a sentimiento de paz como la calma y la tranquilidad. Paz con Dios significa que nos hemos reconciliado con El. No hay más hostilidad entre nosotros, ningún pecado bloquea la relación con El. La paz con Dios es posible solo porque Jesús con su muerte en la cruz pagó el precio de nuestros pecados.
 Este pasaje es la introducción de una sección que contiene algunos conceptos difíciles. Para comprender los próximos cuatro capítulos, es bueno tener presente la realidad de los dos lados de la vida cristiana. Por un lado, estamos completos en Cristo (que somos aceptos en El, es seguro); por otro lado, crecemos en Cristo (llegamos a ser cada vez más semejantes a El). A la vez tenemos categoría de reyes y responsabilidades de esclavos. Sentimos la presencia de Cristo y también la opresión del pecado. Disfrutamos la paz que viene como resultado de estar en buenas relaciones con Dios, pero aún enfrentamos problemas cotidianos que nos ayudan a crecer. Si recordamos estos dos lados de la vida cristiana, no nos desalentaremos al enfrentar las tentaciones y los problemas. En su lugar, aprenderemos a depender del poder de Cristo que está a nuestro alcance, porque El vive en nosotros en la persona del Espíritu Santo.

5.2 Pablo establece que, como creyentes, ahora estamos en un lugar muy privilegiado ("esta gracia en la cual estamos firmes"). No solo Dios nos declara sin culpa, sino que nos lleva cerca de El. En lugar de enemigos, ahora somos amigos; y más aún, somos sus hijos (Juan 15:15; Galatas 4:5).

  Como Pablo afirma con claridad en 1Corintios 13:13, la fe, la esperanza y el amor son la esencia misma de la vida cristiana. Nuestra relación con Dios empieza con la fe que nos ayuda a aceptar que la muerte de Cristo nos salva de nuestro pasado. La esperanza crece a medida que nos enteramos de todo lo que Dios tiene en mente para nosotros, de sus promesas en cuanto al futuro. Y el amor de Dios llena nuestras vidas y nos capacita para alcanzar a otros.

5.3, 4 Para los cristianos del primer siglo, el sufrimiento era la regla más que la excepción. Pablo nos dice que en el futuro vamos a triunfar, pero por ahora tenemos que luchar. Esto significa que experimentaremos dificultades que nos ayudarán a crecer. Nos regocijamos en las tribulaciones, no porque nos guste el dolor que nos causan, sino porque sabemos que Dios usa las dificultades de la vida y los ataques de Satanás para edificar nuestro carácter. Los problemas que encontramos acrecientan nuestra paciencia, la que a su vez fortalece nuestro carácter, profundiza nuestra confianza en Dios y nos da gran seguridad acerca del futuro. Gracias a Dios por estas oportunidades de crecer y por permitirnos enfrentarlas con su fortaleza (Santiago 1:2-4; 1Pedro 1:6-7).

5.5, 6 Los tres miembros de la Trinidad participan en la salvación. El Padre nos amó de tal manera que envió a su Hijo para que se convirtiera en puente (Juan 3:16). El Padre y el Hijo enviaron al Espíritu Santo para llenar nuestras vidas con amor y permitir que vivamos por su poder (Hechos 1:8). Con todo este cuidado amoroso, ¡cómo podemos hacer menos que servirle completamente!

 Eramos débiles e incapaces de salvarnos. Alguien tuvo que venir a rescatarnos. Cristo no solo vino en un buen momento de la historia, sino a su debido tiempo, de acuerdo al plan del Padre. Dios controla la historia, y controló la ocasión, los métodos y los resultados de la muerte de Jesús.

5.8 Siendo aún pecadores son palabras maravillosas. Dios envió a Jesucristo para que muriera por nosotros, no porque seamos buenos, sino porque nos ama. Cuando no nos sinytamos seguros del amor de Dios, recordemos: si El nos amó cuando aún eramos rebeldes, puede sin duda fortalecernos ahora que le corresponde.

5.9, 10 El amor que motivó a Cristo a morir es el mismo que envió al Espíritu Santo a vivir en nosotros y a guiarnos cada día. El poder que levantó a Cristo de la muerte es el mismo que nos salva y está a nuestro alcance en la vida diaria. Asegúrese de que, habiendo empezado una vida con Cristo, tiene una reserva de poder y amor que puede usar todos los días al enfrentar cada desafío o problema. Podemos orar pidiendo el poder de Dios y su amor cada vez que lo necesitemos.

5.11 Dios es santo y no se asocia con el pecado. Todos los seres humanos son pecadores y por lo tanto están separados de Dios. Además, cada pecado merece castigo. En lugar de castigarnos con la muerte merecida, sin embargo, Cristo cargó nuestros pecados y pagó el castigo muriendo en la cruz. Ahora nos "gloriamos en Dios". Mediante la fe en la obra de Cristo, nos podemos acercar a Dios en vez de ser enemigos y parias.

5.12 ¿Cómo pueden declararnos culpables por algo que Adán hizo miles de años atrás? Muchos piensan que no es justo que Dios nos juzgue por el pecado de Adán. Sin embargo confirmamos nuestra solidaridad con Adán cada vez que pecamos. Estamos hechos del mismo material, con tendencia a rebelarnos, y los pecados que cometemos nos condenan. Debido a que somos pecadores, no necesitamos imparcialidad sino misericordia.

5.13, 14 Pablo nos muestra que guardar la Ley no salva. Aquí añade que quebrantarla no es lo que trae la muerte. La muerte es el resultado del pecado de Adán y de los pecados que ahora cometemos aunque no se parezcan a los de Adán. Recuerda a sus lectores que durante miles de años la gente moría aunque la Ley aún no se había dado explícitamente. La Ley se introdujo, explica en el 5.20, como una ayuda para que la gente viera su pecaminosidad, para que notaran la seriedad de sus ofensas y para guiarlas a Dios en busca de misericordia y perdón. Esto fue así en los días de Moisés y lo es todavía hoy. El pecado constituye una gran discrepancia entre lo que somos y lo que fuimos al ser creados. La Ley pone de manifiesto nuestro pecado y coloca la responsabilidad exactamente sobre nuestros hombros, sin que la ley ofrezca algún remedio. Cuando estemos convencidos de que hemos pecado, debemos buscar a Jesucristo para recibir sanidad.

  Adán es una figura, la contrapartida de Cristo. Así como Adán representa a la humanidad creada, Cristo representa a la nueva humanidad espiritual.

5.15-19 Todos nacemos como parte de la familia física de Adán, del linaje que conduce a muerte segura. Todos cosechamos los resultados del pecado de Adán. Heredamos su culpa, una naturaleza pecaminosa (la tendencia a pecar) y el castigo de Dios. Sin embargo, por la obra de Cristo, podemos cambiar juicio por perdón. Podemos cambiar nuestro pecado por la justicia de Jesús. Cristo nos ofrece la oportunidad de nacer en su familia espiritual: del linaje que empieza con perdón y conduce a la vida eterna. Si no hacemos algo, nos espera la muerte mediante Adán, pero si acudimos a Dios por la fe, tenemos vida a través de Cristo. ¿A qué linaje pertenecemos nosotros?

  ¡Qué gran promesa para los que aman a Cristo! Podemos reinar sobre el poder del pecado, sobre la amenaza de la muerte y los ataques de Satanás. La vida eterna es nuestra ahora y por siempre. Podemos vencer la tentación en el poder y la protección de Jesucristo. 

5.20 Como pecadores, separados de Dios, nosotros vemos la Ley desde abajo, similar a una escalera que debe subirse para llegar a Dios. Quizás hemos intentado subirla en más de una oportunidad, solo para caer al piso cada vez que alcanzábamos uno o dos peldaños. O a lo mejor nos parecía tan abrumadora la escarpada escalera que nunca nos decidimos siquiera a iniciar su ascenso. En cualquier caso, ¡qué alivio debe ser  ver a Jesús con los brazos abiertos ofreciéndonos pasar  por encima de la escalera de la Ley y llevarnos directamente a Dios! Una vez que Jesús nos eleva hasta la presencia de Dios, somos libres para obedecer: por amor, no por necesidad, y mediante el poder de Dios, no el nuestro. Ahora sabemos que si se tambaleamos, no caeremos al suelo. Los brazos amorosos de Cristo no nos dejarán caer y  nos sostendrán.









LO QUE TENEMOS COMO HIJOS





Lo que tenemos como hijos de Adán
Bajo la ira 5.9
Pecado 5.12, 15, 21
Muerte 5.12, 16, 21
Separación de Dios 5.18
Desobediencia 5.12, 19
Juicio 5.18
Ley 5.20

Lo que tenemos como hijos de Dios
Rescate 5.8
Justicia 5.18
Vida eterna 5.17, 21
Relación con Dios 5.11, 19
Obediencia 5.19
Absolución 5.10, 11
Gracia 5.20





Romanos 4; 1-25


4.1-3 Los judíos se sentían orgullosos de llamarse hijos de Abraham. Pablo mencionó a Abraham como un buen ejemplo de alguien salvo por fe. Si las obras fueran la base de la justificación de Abrahán, tendría de qué gloriarse; pero por cuanto es absolutamente cierto que ninguna de ellas tiene valor ante los ojos de Dios, se sigue que Abrahán no podría haber sido justificado por obras.Para recalcar la fe, Pablo no dice que las leyes de Dios sean menos importantes  pero es imposible ser salvos simplemente por obedecerlas. 
Los expositores romanistas y protestantes arminianos hacen que esto signifique que Dios aceptó el acto de creer de parte de Abrahán, como substituto de la completa obediencia. Pero tal cosa está en contradicción con todo el espíritu y la letra de la enseñanza del apóstol. Al través de todo su argumento, la fe está contrapuesta directamente a las obras, en el asunto de la justificación—y asimismo en los dos versículos siguientes. El sentido, pues, no puede ser que el mero acto de creer—el cual en sí es tanto una obra como cualquier otro caso de obediencia exigida (Juan_6:29; 1Juan_3:23) fuera imputado a Abrahán como equivalente a toda obediencia. El sentido claramente es, que Abrahán creyó en las promesas que comprendían a Cristo (Gen_12:3; Gen_15:5,) así como nosotros creemos en Cristo mismo; y en ambos casos, la fe es tan solamente el instrumento que nos pone en posesión de la bendición gratuitamente impartida.


4.4 Este versículo significa que si una persona pudiera ganarse el favor de Dios siendo buena, la concesión de este regalo no sería voluntaria, sino obligatoria. La autoconfianza en este sentido es vana: todo lo que podemos hacer es cobijarnos con la misericordia y la gracia de Dios.

4.5 Cuando algunas personas se enteran de que Dios nos salva mediante la fe, empiezan a inquietarse. "¿Tengo suficiente fe?", se preguntan. "¿Es mi fe suficientemente sólida para salvarme?" Están confundidas. Jesucristo es el que nos salva, no nuestros sentimientos ni nuestras obras. Por débil que sea nuestra fe, El es suficiente para salvarnos. Jesús nos ofrece la salvación gratuitamente porque nos ama, no porque la hayamos ganado mediante una fe poderosa. ¿Cuál es entonces el papel de la fe? Fe es creer y confiar en Jesucristo y aceptar el don maravilloso de la salvación. El creyente  se arroja en brazos de la misericordia de Aquel que justifica a los que merecen sólo la condenación.

4.6-8 ¿Qué hacemos con la culpa? El rey David cometió pecados terribles: adulterio, homicidio, mentiras, y aun así experimentó el gozo del perdón. Nosotros también podemos experimentarlo cuando:
(1) dejamos de negar nuestra culpabilidad y reconocemos que hemos pecado
(2) reconocemos nuestra culpa ante Dios y pedimos su perdón
(3) desechamos la culpa y creemos que Dios nos ha perdonado.
Esto puede ser difícil, sobre todo cuando el pecado ha echado raíces y se ha enraizado por años, cuando es muy serio o cuando involucra a otro. Debemos recordar que Jesús quiere y está dispuesto a perdonar todos los pecados. Si tomamos en cuenta el alto precio que El pagó en la cruz, es arrogancia pensar que algún pecado nuestro sea demasiado grande para que El lo perdone. Aunque nuestra fe sea débil, nuestra conciencia sea sensible y los recuerdos nos atormenten, la Palabra de Dios declara que pecado confesado es pecado perdonado (1 Juan 1:9). (Salmos_32:1-2.) David aquí canta en términos que expresan solamente “las transgresiones perdonadas, el pecado encubierto, la iniquidad no imputada”

4.10 La circuncisión era una señal externa de que los judíos eran el pueblo escogido de Dios. La circuncisión de todos los niños judíos marcaba su separación de las naciones que adoraban a todo tipo de dioses. Era una ceremonia muy importante. Dios bendijo y le ordenó esta ceremonia a Abraham (Genesis 17:9-14). “No debe decirse que todo esto se refiere a los circuncidados, y que por tanto no hay evidencia alguna de una manera general de parte de Dios de justificar a los hombres; porque la justificación de Abrahán se efectuó muchísimo tiempo antes de que fuera circuncidado, y no pudo haber tenido dependencia alguna de aquel rito; más bien, “la señal de la circuncisión” le fué dada como “sello” de la justicia (justificadora) que tenía antes que fuera circuncidado, a fin de que se destacara en todas las edades como el padre de los creyentes—el hombre modelo de la justificación por la fe—conforme a cuyo tipo, como el primer ejemplo público de ello, habían de ser amoldados, fuesen judíos o gentiles, todos los que desde entonces creyesen para vida eterna.”


4.12 Los ritos no le aportaron recompensa alguna a Abraham, Dios le bendijo antes de implementarse la ceremonia de la circuncisión. Abraham halló el favor de Dios por la fe solamente, antes de ser circuncidado. Genesis 12:1-4 nos relata que Dios llamó a Abraham a los setenta y cinco años de edad; la ceremonia de la circuncisión comenzó cuando tenía noventa y nueve (Genesis 17:1-14). Las ceremonias y rituales sirven de recordatorio de nuestra fe e instruyen a los nuevos y jóvenes creyentes.
No debiéramos pensar que nos conceden algún mérito especial delante de Dios. Son señales externas de un cambio interno de corazón y actitud. El centro de nuestra fe debe ser Cristo y su obra salvadora, no las obras nuestras.

4.16 Pablo explica que Abraham agradó a Dios solo por la fe, cuando ni siquiera había oído de los rituales que serían tan importantes para el pueblo judío. Nuestra salvación es solo por fe. No es por amar a Dios ni hacer buenas obras. No es por fe más amor, ni tampoco por fe más las buenas obras. Somos salvos solo mediante la fe en Cristo, confiados en que El nos perdona todos nuestros pecados. 

4.17 La promesa (o pacto) que Dios le dio a Abraham afirmaba que sería padre de muchas naciones (Genesis 17:2-4) y que todo el mundo recibiría bendición a través de él (Genesis 12:3). Esta promesa se cumplió en Jesucristo. Jesús era de la descendencia de Abraham y en verdad el mundo entero recibió bendición mediante El. Tenemos aquí un resumen general que significa que: “La justificación es por la fe, a fin de que su carácter puramente de gracia sea revelado, y que todos los que siguen en las pisadas de la fe de Abrahán—sean o no de su simiente natural—estén seguros de la misma justificación de que gozó el padre de los creyentes”.

4; 18 La naturaleza y la grandeza de aquella fe de Abrahán que hemos de emular están aquí notablemente descritas. Siendo superior a la naturaleza lo que él debió creer, su fe tuvo que asirse del poder que Dios tiene para superar la incapacidad física a fin de crear lo que entonces no existía. Pero por cuanto Dios hizo la promesa, Abrahán creyó a pesar de estos obstáculos. Esto está ilustrado aun más en lo que sigue.


4.21 Abraham nunca dudó de que Dios cumpliría su promesa. Su vida estuvo marcada con errores, pecados y fallas así como con sabiduría y bondad, pero siempre confió en Dios. Su vida es un ejemplo de fe en acción. Si hubiera puesto los ojos en sus recursos para sojuzgar Canaán y fundar una nación, hubiera caído en la desesperación. Pero puso sus ojos en Dios, le obedeció y esperó a que El cumpliera su palabra. He aquí la aplicación de todo el argumento acerca de Abrahán: “Estas cosas no están escritas como meros datos históricos, sino como ejemplos para todos los tiempos, del método de Dios para la justificación por la fe.”

4.25 Cuando creemos, ocurre un cambio. Damos a Cristo nuestros pecados y El nos da justicia y perdón (2Corintios 5:21). No hay nada que podamos hacer para ganarlo. Solo a través de Cristo recibimos la justicia de Dios. ¡Qué oferta más increíble para nosotros! Muchos aún no la toman en cuenta y siguen "disfrutando" su pecado. Los que confiamos en aquel que ha hecho esto, así como Abrahán creyó que Dios despertaría simiente en la cual todas las naciones serían bendecidas. Los que confiamos en aquel que ha hecho esto, así como Abrahán creyó que Dios despertaría simiente en la cual todas las naciones serían bendecidas. Fue entregado por [a causa de] nuestros delitos—a fin de expiarlos por su sangre.
Ya que su resurrección fué la divina garantía de que él había “quitado el pecado por el sacrificio de sí mismo,” y la coronación de toda su obra, nuestra justificación se relaciona propiamente con acto tan glorioso.
Repasemos:
(1)   La doctrina de la justificación por las obras, por cuanto genera el ensalzamiento egoísta, es contraria a los principios más sobresalientes de toda religión verdadera.

(2)   El método usado para la justificación del pecador ha sido el mismo en todo tiempo, y el testimonio del Antiguo Testamento sobre el particular es el mismo que el del Nuevo

(3)   La fe y las obras, en el asunto de la justificación, son opuestas e irreconciliables, así como la gracia y la deuda son contrarias. Si Dios “justifica al impío,” no pueden las obras, en ningún sentido ni en ningún grado, ser la base de la justificación. Por la misma razón, el primer requisito para la justificación, debe ser (bajo la convicción de que somos “impíos”) el perder toda esperanza de lograrla por medio de las obras; y el segundo, “creer en aquel que justifica al impío,” es decir, en aquel que tiene una justicia justificadora que impartir, y está pronto para impartirla a aquellos que, sin merecerla, están dispuestos a aceptarla así.


(4)   Los ritos de la iglesia nunca se destinaron ni fueron establecidos con el fin de conferir gracia, ni las bendiciones propias de la salvación, a los hombres. Su debida función es el poner un sello divino en un estado ya existente, presuponiendo así que ellos (los ritos) no crearon este estado. Así como la circuncisión meramente “selló” la aceptación de Abrahán, ya existente de parte de Dios, así también los ritos del Nuevo Testamento desempeñan esta misión.

(5)   Así como Abrahán es “el heredero del mundo,” al haber sido bendecidas en él todas las naciones, por medio de su simiente Cristo Jesús, y justificados solamente según el modelo de la fe que él tuvo, así la transmisión de la religión verdadera, y toda la salvación que el mundo jamás experimentará, serán trazadas con admiración, gratitud, y gozo allá hasta aquella mañana cuando “el Dios de la gloria apareció a nuestro Padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Charán,” Hechos 7:2 .


(6)   Nada glorifica a Dios más que la sencilla fe en su palabra, especialmente cuando todas las cosas parecen hacer imposible su cumplimiento.

(7)   Todos los ejemplos de la fe en las Escrituras, están escritos con el fin de engendrar y alentar fe semejante en toda edad sucesiva.


(8)La justificación, en este argumento, no puede ser entendida—como los romanistas y otros erroristas insisten—en el sentido de un cambio operado en el carácter de los hombres; porque además de eso, significa confundirla con la santificación, doctrina que tiene su debido lugar en esta epístola; y todo el argumento del presente capítulo—en casi todas sus cláusulas más importantes, expresiones y hasta en sus palabras—sería en tal caso incompatible y apto sólo para engañar. Fuera de toda duda, la justificación significa exclusivamente un cambio del estado o condición del hombre para con Dios; o en lenguaje científico, es un cambio objetivo y no subjetivo: cambio de culpa y condenación a absolución y aceptación. Y la mejor evidencia de que esto es la clave de todo el argumento, es que explica muchos de los asuntos complejos enriqueciendo así esta epístola.






ROMANOS 1; 1-17


1-1.La doctrina sobre la cual escribe el apóstol Pablo establece el cumplimiento de las promesas hechas por medio de los profetas. Habla del Hijo de Dios, Jesús el Salvador, el Mesías prometido, que vino de David en cuanto a su naturaleza humana, pero que fue declarado Hijo de Dios por el poder divino que lo resucitó de entre los muertos. La confesión cristiana no consiste en el conocimiento conceptual o el sólo asentimiento intelectual, y mucho menos, discusiones perversas, sino en la obediencia. Sólo los llamados eficazmente por Jesucristo son los llevados a la obediencia de la fe.
Aquí se expone: -1. El privilegio de los cristianos amados por Dios y miembros de ese cuerpo que es amado.
2. El deber de los cristianos: ser santos, de aquí en adelante son llamados, llamados a ser santos. El apóstol saluda a éstos deseándoles gracia que santifique sus almas y paz que consuele sus corazones, las que brotan de la misericordia libre de Dios, el Padre reconciliado de todos los creyentes, que viene a ellos a través del Señor Jesucristo.

  Pablo escribió esta carta a la iglesia en Roma. Todavía ningún líder de la iglesia (Jacobo, Pedro, Pablo) había estado allí; la iglesia se estableció con creyentes que visitaron Jerusalén durante Pentecostés (Hechos_2:10) y viajeros que oyeron las buenas nuevas en otros lugares y lo llevaron a Roma (por ejemplo, Priscila y Aquila; Hechos18:2; Rom_16:3-5). Pablo escribió la carta a los Romanos durante su ministerio en Corinto (al final de su tercer viaje misionero, antes de volver a Jerusalén; Hechos_20:3; Rom_15:25) para animar a los creyentes y para expresarles su deseo de visitarlos algún día (en un lapso de tres años lo hizo). La iglesia romana no tenía el Nuevo Testamento, porque tal vez los Evangelios no habían circulado en su forma escrita final. Por lo tanto, esta carta puede muy bien ser la primera pieza de literatura cristiana que los romanos vieron. Escrita a judíos y gentiles cristianos, la carta a los Romanos es una presentación sistemática de la fe cristiana.

  Cuando Pablo, un judío devoto que antes era un perseguidor de cristianos, creyó, Dios lo usó para esparcir el evangelio a través de todo el mundo. A pesar de su prisión, Pablo finalmente predicó en Roma (Hechos 28) quizás hasta al mismo César.  

  Pablo humildemente se autodenomina siervo (esclavo) de Jesucristo. Para un ciudadano romano (y Pablo lo era), optar por ser esclavo era inimaginable, pero Pablo escogió ser completamente dependiente y obediente a su Señor amado. ¿Cuál es nuestra actitud hacia Cristo el Señor? Nuestra obediencia a El nos capacita para ser útiles y siervos y así realizar la labor que en verdad importa.

1.2 Algunas de las profecías que predicen las buenas nuevas de Jesucristo son Gen_12:3; Salmos_16:10; Salmos_40:6-10; Salmos_118:22; Isa_11:1; Zacarías_9:9-11; Zacarías_12:10; Malaq_4:1-6.

1. 4 Pablo creía que Jesús era el Hijo de Dios, el Mesías prometido, y el Señor resucitado. Pablo llamó a Jesús descendiente del rey David para enfatizar que en verdad en El se cumplían las profecías del Antiguo Testamento en el sentido de que el Mesías vendría del linaje de David. Con esta declaración de fe Pablo manifiesta estar de acuerdo con las enseñanzas de las Escrituras y de los apóstoles.

1.5 Aquí Pablo resume las buenas nuevas de Jesucristo: (a) vino como humano, (2) era de linaje real judío, de la línea de David, (3) murió y resucitó, y (4) abrió la puerta para que la gracia y benignidad de Dios fueran nuestras. El libro de Romanos desarrolla estos temas.

1. 6 Los cristianos tenemos grandes privilegios y responsabilidades. Pablo y los apóstoles recibieron perdón (la gracia de Dios) como un privilegio inmerecido. Pero también se les asignó la responsabilidad de anunciar el mensaje del perdón de Dios a otros. Dios perdona los pecados de quienes por fe creen en El como Señor. Al hacerlo nos comprometemos a vivir una vida nueva. La nueva vida de Pablo incluyó un llamado de Dios, una responsabilidad que El le dio para testificar ante el mundo como misionero. Dios puede también llamarnos a ser misioneros en el extranjero, pero El nos llama a todos los creyentes a testificar y a ser ejemplo del cambio de vida que Jesús obra en los creyentes.

1. 7 Pablo dice que a quienes aceptan a Cristo, El los invita a: (1) ser parte de la familia de Dios, y (2) ser gente santa ("llamados a ser santos", apartados, dedicados para su servicio). ¡Qué expresión tan maravillosa de lo que significa ser un cristiano! Por haber renacido en la familia de Dios, poseemos la más grande experiencia de amor y la mayor herencia. Por todo lo que Dios ha hecho por nosotros, debemos esforzarnos por ser un pueblo santo.

  Pablo mostró amor hacia la iglesia en Roma expresando el amor de Dios por ellos y su propia gratitud y apoyo en oración. Para hacer impacto en la vida de la gente, usted necesita amarla y creer en ella. La pasión de Pablo por enseñar a esta gente y tener compañerismo con ella empieza con el amor. Dé gracias a Dios por sus hermanos cristianos y dígales cuánto le importan.

  Roma era la capital del Imperio Romano que se extendía por gran parte de Europa, el norte de Africa y el Cercano Oriente. En los tiempos del Nuevo Testamento, Roma disfrutaba su edad de oro. La ciudad era rica en el arte y las letras. Era un centro cultural pero a su vez la moral era decadente. Los romanos rendían culto a muchos dioses paganos. Incluso adoraron a algunos de los emperadores. En contraste con los romanos, los seguidores de Cristo creían en un solo Dios y vivían moralmente.

  El cristianismo era muy diferente al poderío militar de los romanos. Muchos eran simplemente pragmáticos, creían que el fin justificaba los medios. Y para los romanos, nada era mejor que el vigor físico. Confiaban en su poderío militar para protegerse contra sus enemigos. Los cristianos de todas las edades deben recordar que Dios es la única fuente de permanente seguridad y salvación y, al mismo tiempo, ¡El es nuestro Padre!

1.8 Pablo usa la frase "gracias a mi Dios mediante Jesucristo" para enfatizar que Cristo es el único mediador entre Dios y el hombre. A través de El, Dios nos envió su amor y perdón; en el nombre de Cristo expresamos nuestro agradecimiento a Dios (1Ti_2:5).

  Como los cristianos romanos se hallaban en el centro del poderío político del mundo occidental, eran sumamente visibles. Por fortuna, su reputación era excelente; su  fe sólida se daba a conocer en todo el mundo. ¿Qué dice la gente cuando hablamos acerca de nuestra congregación o denominación? ¿Son ciertos esos comentarios? ¿Qué podríamos hacer   para que noten otros aspectos? ¿Cuál es la mejor manera de que el público reconozca nuestra fe?

1.9, 10 Cuando oremos  por alguna preocupación, no nos sorprendamos  por la forma en que Dios responda. Pablo oraba por su visita a Roma a fin de enseñar a los cristianos allí. Cuando al fin llegó a Roma, fue en calidad de prisionero (Hechos_28:16). Pablo oró por un viaje tranquilo y llegó sin novedad después que lo arrestaran, abofetearan, naufragara y, entre otras cosas, lo mordiera una víbora. A menudo, la manera en que Dios responde nuestras oraciones difiere mucho de lo que esperamos. Cuando oremos, esperemos  la respuesta de Dios aunque a veces en maneras inesperadas.

1.11, 12 Pablo oraba por tener la oportunidad de visitar a estos cristianos a fin de animarlos en cuanto a sus dones y fe, y que ellos a su vez lo animaran a él. Como misionero de Dios, les ayudó a comprender el significado de las buenas nuevas de Jesús. Como pueblo santo de Dios, ellos podrían brindarle compañerismo y bienestar. Cuando los cristianos se reúnen, cada uno debiera dar y recibir. Nuestra fe en común nos da un lenguaje y propósito comunes para animarnos unos a otros.

1.13 Al final de su tercer viaje misionero, Pablo visitó Siria, Galacia, Asia, Macedonia y Acaya. A las iglesias de estas regiones se les llamaba gentiles debido a que estaban compuestas mayormente de gentiles.

1.14 Con "a griegos y a no griegos", Pablo se refiere a todos los de la cultura griega y a los que no son de esta cultura. "A sabios y a no sabios" se refiere a las personas educadas y a las analfabetas. ¿Cuál era la deuda de Pablo? Después de su experiencia con Cristo en el camino a Damasco (Hechos 9), consumió toda su vida en predicar las buenas nuevas de salvación. Su deuda era con Cristo por ser su Salvador y debía pagarla a todo el mundo. Pagó su deuda proclamando la salvación que hay en Cristo para todos, sean gentiles o judíos, sin importar barreras culturales, sociales, raciales ni económicas. Tenemos la misma deuda con Cristo porque El recibió el castigo reservado para nosotros, por el pecado. A pesar de que es imposible pagarle a Cristo por todo lo que ha hecho, podemos demostrar nuestra gratitud al dar amor a otros.

1.16 Pablo no se avergonzaba porque su mensaje era el mensaje de Cristo, las buenas nuevas. Era un mensaje de salvación, poderoso para cambiar vidas y para todos. Cuando se sienta tentado a avergonzarse, recuerde que las buenas nuevas se refieren a todo esto. Si se centra en Dios y en lo que hace en el mundo, antes que en sus limitaciones, su vergüenza pronto desaparecerá.

  ¿Por qué el mensaje fue antes a los judíos? Por más de dos mil años fue un pueblo especial para Dios, desde que Dios escogió a Abraham y le prometió grandes bendiciones a sus descendientes (Gen_12:1-3). Dios no los escogió porque lo merecieran (Deu_7:7-8; Deu_9:4-6), sino porque quiso mostrar su amor y misericordia a través de ellos, enseñarles y prepararles para la venida del Mesías al mundo. Los escogió no porque tenga favoritos, sino para que el mundo conociera su plan de salvación.
Por siglos los judíos aprendieron acerca de Dios mediante la obediencia a sus leyes, celebrando sus fiestas y viviendo de acuerdo a sus principios morales. A menudo olvidaban las bendiciones de Dios y sufrían la disciplina, pero aun así poseían la herencia preciosa de poder creer y obedecer al único Dios verdadero. De entre todos los habitantes de la tierra, los judíos debían haber sido los primeros en recibir al Mesías y comprender su mensaje y misión, y así sucedió con algunos ( Luc_2:25, Luc_2:36-38). Por supuesto, los discípulos y el gran apóstol Pablo fueron judíos fieles que reconocieron en Jesús al don más precioso de Dios dado al género humano.

  Judíos y cristianos por igual se opusieron a las religiones romanas idólatras y los funcionarios romanos a menudo confundían a ambos grupos. Esto era muy fácil que sucediera ya que la iglesia cristiana en Roma se componía de judíos convertidos que asistieron a la fiesta de Pentecostés (Hechos_2:1). Cuando Pablo escribió Romanos, sin embargo, muchos gentiles también se reunían en la iglesia. Los judíos y los gentiles necesitaban entender la relación entre el judaísmo y el cristianismo.

1.17 El evangelio muestra cómo Dios es justo en su plan para salvarnos y cómo puede hacernos aptos para la vida eterna. Al confiar en Cristo, entramos en buena relación con Dios. Del principio al fin, Dios nos declara justos por fe y solo por fe.

  Pablo cita Habacuc_2:4. Cuando Habacuc dijo "vivirá", quizás se refería solo a la vida presente, pero Pablo amplía el concepto para incluir también la vida eterna. Al confiar en Dios, obtenemos salvación; hallamos vida ahora y para siempre.


ROMANOS 3; 21-31


3.21 Después de estas malas nuevas sobre nuestra pecaminosidad (Romanos 1;18 a 3;20) y la condenación de Dios, Pablo nos da buenas nuevas. Hay una manera de declararnos inocentes: Cristo nos limpia de pecados si confiamos en El. Confiar significa tener la seguridad de que Cristo perdona nuestros pecados, nos hace justos delante de Dios y nos da el poder para vivir como El quiere que lo hagamos. Esta es la solución de Dios y está al alcance de todos a pesar de nuestros antecedentes o conducta pasada.

3.23 Algunos pecados parecen ser mucho más grandes que otros porque sus consecuencias son mayores. El homicidio, por ejemplo, nos parece que es peor que el odio, y el adulterio al parecer es peor que la lujuria. Pero esto no significa que nos merecemos la vida eterna porque nuestros pecados son de menor envergadura. Cualquier pecado nos convierte en pecadores y nos aparta de nuestro Dios santo. Cualquier pecado, por lo tanto, conduce a la muerte (porque nos incapacita para vivir con Dios) por grande o pequeño que el pecado parezca. No minimicemos los pecados "pequeños" ni valoremos con exceso los "grandes". Todos nos separan de Dios, pero también todos pueden ser perdonados.

3.24 Justificados  denota el acto de pronunciar justo, justificación, absolución; su significado preciso está determinado por el del verbo dikaioo. Significando el establecimiento de una persona como justa por absolución de culpa.
El hecho de que Dios justifica al pecador que cree sobre la base de la muerte de Cristo involucra su libre don de la vida. Una sentencia de absolución, por la cual Dios absuelve a los hombres de su culpa, bajo las condiciones: (1) de su gracia en Cristo, por medio de su sacrificio expiatorio, (2) el recibir a Cristo por la fe; un acto justo: «por un solo acto de justicia»
 De manera ideal, el total cumplimiento de la ley de Dios sería la base para quedar justificado ante Él. Pero ningún caso así ha tenido lugar en la experiencia meramente humana, y por ello nadie puede nunca quedar justificado sobre esta base 
 En base de esta presentación negativa en Romanos 3 , el apóstol prosigue para mostrar que, en consecuencia con el carácter recto de Dios, y con vistas a la manifestación de dicho carácter, él es, por medio de Cristo, como «propiciación por medio de … su sangre» (Gal_3:25), «el que justifica al que es de la fe de Jesús»   siendo la justificación la absolución legal y formal de toda culpa por parte de Dios como Juez, siendo el pecador pronunciado justo al creer en el Señor Jesucristo.
 En  3; 24: «siendo justificados» está en tiempo presente continuo, indicando el proceso constante de justificación en la sucesión de aquellos que creen y son justificados.
Cuando en la corte el juez declara inocente al acusado, se eliminan todos los cargos del acta. Legalmente, es como si la persona jamás hubiera sido acusada. Cuando Dios perdona nuestros pecados, limpia nuestros antecedentes penales. Desde su perspectiva es como si nunca hubiéramos pecado.
La justificación es primaria y gratuitamente por la fe, consiguiente y evidencialmente por las obras.

Con respecto a la justificación por las obras, la pretendida contradicción entre Santiago y Pablo existe solo en apariencia. Hay armonía entre ambas perspectivas. Pablo tiene en mente la actitud de Abraham hacia Dios, su aceptación de la palabra de Dios. Esto era algo solo conocido por Dios.
La Epístola a los Romanos se ocupa del efecto de esta actitud hacia Dios, no del carácter de Abraham ni de sus acciones, sino del contraste entre la fe y la ausencia de ella, esto es, la incredulidad, Rom_11:20. Santiago (Rom_2:21-26) se ocupa del contraste entre la fe real y la falsa fe, una fe estéril y muerta, que no es fe en absoluto.

Aún más, los dos escritores se ocupan de diferentes épocas en la vida de Abraham: Pablo, los acontecimientos registrados en Génesis 15; Santiago, los de Génesis 22: Contrástense las palabras «creyó» en Gen_15:6 y «obedeciste» en 22:18.

Además, los dos escritores usan los términos «fe» y «obras» en sentidos algo diferentes. Para Pablo, la fe es la aceptación de la palabra de Dios; Santiago la usa en el sentido de la aceptación de ciertas afirmaciones acerca de Dios, que pueden no afectar la conducta de uno.
La fe, tal como la presenta Pablo, resulta en la aceptación por parte de Dios, esto es, la justificación, y se manifiesta activamente. Si no es así, como dice Santiago: « ¿Podrá la fe salvarle?». Para Pablo, las obras son obras muertas; Santiago trata de obras vivas. Las obras de las que habla Pablo podían ser totalmente independientes de la fe; las mencionadas por Santiago solo pueden ser llevadas a cabo allí donde hay una fe real, y dan evidencia de su realidad.

Y así es con la justicia, o justificación: Pablo está ocupado con una relación correcta con Dios, y Santiago con una conducta recta. Pablo da testimonio de que los impíos pueden ser justificados por la fe, Santiago lo da de que solo el que obra correctamente justificado. 



3.24 Redención  liberar contra recepción de un rescate. Se utiliza en la voz media, significando liberar mediante el pago de un precio de rescate, redimir: en un sentido espiritual (Tito_2:14), de la obra de Cristo al redimir a los hombres «de toda iniquidad»; 1Pedro_1:18: «fuisteis rescatados», de una vana manera de vivir, esto es, de la esclavitud de la tradición. En ambos casos se afirma que el medio de la redención es la muerte de Cristo.

Se refiere a que Cristo libra a los pecadores de la esclavitud del pecado. En los tiempos del Antiguo Testamento, a una persona con deudas podían venderla como esclava. Luego el pariente más cercano podía redimirla comprando su libertad. Cristo compró nuestra libertad. El precio fue su vida.

3.25 Cristo es nuestro sacrificio expiatorio. En otras palabras, El murió en nuestro lugar por nuestros pecados. El enojo de Dios con los pecadores es legítimo. Se rebelaron contra El, se apartaron de su poder regenerador. Pero Dios declara que la muerte de Cristo es el sacrificio designado y apropiado para nuestros pecados. Cristo, pues, ocupó nuestro lugar, pagó la pena de muerte por nuestros pecados y satisfizo a plenitud las demandas de Dios. Su sacrificio otorga perdón, remisión y libertad.

3.25 ¿Qué pasó con los que vivían antes que Cristo viniera y muriera por el pecado? Si Dios los condenó, ¿fue injusto? Si los salvó, ¿fue el sacrificio de Cristo innecesario? Pablo muestra que Dios perdonó todo pecado humano en la cruz de Jesús. Los creyentes del Antiguo Testamento por fe miraban a la futura venida de Cristo y se salvaban aun sin saber el nombre de Jesús ni los detalles de su vida terrenal. Nosotros ya sabemos que Dios amó de tal manera al mundo que dio a su propio Hijo (Juan_3:16).
¿Hemos puesto nuestra confianza en El? Si es así, no dejemos que nustras sensaciones impidan gozarnos cada día de la presencia del Señor. Hoy estamos tristes, dentro de un momento alegres. Nuestra salvación no depende de lo que sintamos. Ahora bien si nuestra forma de vida no es conforme a la Plabra de Dios en la Biblia, entonces el Espíritu Santo que mora en nosotros estará triste, apagado, haciéndose evidente en nosotros de algún modo; sea tristeza, intranquilidad, miedo, inseguridad...todo por andar en pecado. Reparemos y confesemos nuestro pecado a Jesús`, para ser restaurada la comunión. No entristezcamos al Espíritu Santo.

3.27 La mayoría de las religiones prescriben ciertos deberes que deben cumplir quienes desean que Dios los acepte. El cristianismo es único al enseñar que las buenas obras no nos justifican ante Dios. No hay logro humano ni progreso en el desarrollo personal que cierre la brecha que existe entre la perfección moral de Dios y nuestra imperfecta conducta diaria. Las buenas obras son importantes, pero no compran la vida eterna. Somos salvos solo por confiar en lo que Dios ha hecho por nosotros (Efesios_2:8-10).

3.28 ¿Por qué Dios nos salva solo por fe? (1) La fe elimina el orgullo del esfuerzo humano, porque la fe no es algo que hacemos. (2) La fe exalta lo que Dios ha hecho, no lo que la gente hace. (3) La fe reconoce que no podemos cumplir con la Ley ni medir las normas de Dios, y que necesitamos ayuda. (4) La fe se basa en nuestra relación con Dios, no en lo que hagamos por Dios.




3.31 Hubo algunos malos entendidos entre judíos y gentiles cristianos en Roma. Preocupados, algunos cristianos judíos preguntaron a Pablo: "¿Desechará la fe todo lo que el judaísmo defendió?" "¿Cancela las Escrituras, pone fin a nuestras costumbres, declara que Dios ya no obra a través de nosotros?" (Esta es en esencia la pregunta con que se inicia el capítulo 3.) "¡En ninguna manera!", dice Pablo. Cuando entendemos el camino de salvación mediante la fe, comprendemos mejor la religión judía. Sabemos por qué Dios escogió a Abraham, por qué dio la Ley Mosaica, por qué fue paciente con Israel durante siglos. La fe no desecha el Antiguo Testamento. Más bien, hace más comprensible el trato de Dios con los judíos. En el capítulo 4, Pablo abundará en este tema.  

ROMANOS 1; 18 / 3; 20


1.18 ¿Por qué Dios revela su ira contra los pecadores? Porque sustituyen la verdad acerca de El con fantasías e imaginaciones .  Ahogan la verdad de Dios naturalmente revelada a todas las personas, a fin de creer cualquier cosa que sustente su estilo de vida egocéntrico. Dios no puede tolerar el pecado porque su naturaleza es moralmente perfecta. No puede pasar por alto ni condonar una rebelión tan deliberada.
 Dios quiere quitar el pecado y restaurar al pecador, y puede hacerlo en la medida que el pecador no distorsione ni rechace la verdad con obstinación. Pero su ira se revela contra los que persisten en pecar. Asegurémonos de no ir tras una fantasía en vez de ir tras el verdadero Dios. No despreciemos la verdad acerca de El por proteger nuestro propio estilo de vida.

 Romanos 1.18-3.20 desarrolla el argumento de Pablo de que nadie puede decir que por sus méritos es aceptable ante los ojos de Dios: ni las multitudes, ni los romanos, ni siquiera los judíos. Todas las personas, sin importar el lugar en que se hallen, merecen la condenación de Dios por sus pecados.

  ¿Posee alguien excusa para no creer en Dios? La Biblia responde con un enfático NO.  Dios ha revelado su existencia a través de la naturaleza. Cada persona, por lo tanto, debe aceptar o rechazar a Dios. No seamos negligentes. Cuando llegue el día en que debamos ser juzgados por lo que hayamos escogido, no habrá excusa. Empecemos a darle hoy nuestra devoción y adoración a Dios Padre por medio de su Hijo Jesucristo.

   ¿Cómo un Dios amoroso puede enviar a alguien al infierno, sobre todo a quien nunca oyó acerca de Cristo? Pablo dice que Dios se nos ha revelado ampliamente en su creación. Y la gente sigue aún rechazando este conocimiento básico de Dios. Además, cada uno sabe en su fuero interno lo que Dios demanda, pero optan por no vivir de acuerdo a ello. En otras palabras, nuestras normas morales son siempre mejores que nuestra conducta. Si la gente suprime la verdad de Dios a fin de vivir a su manera, no tiene excusa. Conoce la verdad y tiene que sufrir las consecuencias de pasarla por alto.

  Y lo que es más importante, aunque la naturaleza revela a Dios, a la gente hay que hablarle de Cristo y cómo, a través de El, pueden tener una relación personal con Dios.
No es suficiente saber que Dios existe. La gente debe aprender que Dios es amor. Debe entender lo que hizo para demostrarnos su amor. Debe mostrárseles cómo aceptar el perdón de pecados que ofrece Dios.  

  ¿Qué tipo de Dios nos revela la naturaleza? La naturaleza nos muestra un Dios poderoso, inteligente, minucioso, un Dios de orden y hermosura; un Dios que controla todas las cosas. Esta es su revelación general. A través de su revelación especial (la Biblia y la venida de Jesús), aprendemos acerca del amor, el perdón y la vida eterna que Dios ofrece. En su gracia se nos ha revelado de estas dos maneras, para que podamos creer en El.

  Dios se revela a través de la naturaleza a pesar de que este testimonio se ha distorsionado con la caída del hombre. El pecado de Adán motivó que la maldición divina cayera sobre la naturaleza (Gen_3:17-19). Los espinos y los cardos fueron los resultados inmediatos, y desde entonces y hasta nuestros días los desastres naturales han sido comunes. En Rom_8:19-21, Pablo dice que la naturaleza misma espera ansiosamente ser redimida de los efectos del pecado (Apocal._22:3).

1.21-23 ¿Cómo pueden las personas inteligentes volverse idólatras? La idolatría empieza cuando la gente rechaza lo que sabe acerca de Dios. En lugar de poner sus ojos en El, el Creador y sustentador de la vida, actúan como si fueran el centro del universo. Muy pronto inventan "dioses" que se ajustan muy bien a su egoísmo, sus planes y sus designios. Estos dioses pueden ser figuras de madera, pero también pueden ser metas o cosas que queremos tener tales como dinero, poder o comodidades. Aun podrían ser representaciones erróneas de Dios mismo en las que lo conformamos a nuestra imagen, en lugar de que sea al revés. El denominador común es: los idólatras adoran las cosas que Dios ha hecho antes que a Dios mismo. ¿Cuáles son nuestras prioridades?  ¿Rendimos culto a Dios o a ídolos  fabricados?

1.21-32  Pablo con toda claridad describe la inevitable espiral descendente del pecado. Primero, las personas rechazan a Dios; después, se hacen sus ideas de qué debe ser y hacer un dios; luego caen en pecado: pecado sexual, codicia, odio, envidia, homicidio, disensión, engaño, malicia, chisme. Por último, crece su odio hacia Dios y animan a otros a que sientan lo mismo. Dios no da inicio a esta progresión hacia el mal. Pero cuando las personas lo rechazan, les concede vivir como hayan escogido. Dios los entrega o los hace sentir la consecuencia natural de sus pecados. Una vez atrapados por la espiral descendente, no pueden librarse. Los pecadores deben confiar en Cristo solamente si han de hallar la vía de escape.
 Cuando adoramos a la criatura en lugar del Creador, perdemos de vista nuestra identidad como seres superiores a los animales, hechos a la imagen de Dios.

  Estas personas decidieron rechazar a Dios y El se lo permitió. Por lo general, Dios no interfiere en nuestras decisiones que van en contra de su voluntad. Nos permite declarar nuestra aparente independencia de El, a pesar de que sabe que en poco tiempo seremos esclavos de nuestra rebeldía, y perderemos la libertad de no pecar. ¿Tiene la vida sin Dios la apariencia de libertad para nosotros?   No hay peor esclavitud que la del pecado.

  La gente tiende a creer en mentiras que respaldan sus propias creencias egocéntricas. Hoy más que nunca debemos tener cuidado con los datos a los que permitimos moldear nuestras convicciones. A través de internet, la televisión, la música, las películas y el resto de los medios masivos de comunicación que nos presentan estilos de vida pecaminosos y valores malsanos, constantemente nos bombardean con actitudes y creencias opuestas por completo a la Biblia. Tengamos cuidado con lo que permitimos llegue a formar parte de nuestras opiniones. La Biblia es la única norma de verdad. Evalúemos las demás opiniones a la luz de sus enseñanzas.

  El plan divino en cuanto a las relaciones sexuales normales es el ideal de Dios para su creación. Es lamentable, pero el pecado distorsiona el uso natural de los dones de Dios. A menudo, el pecado no solo implica negar a Dios, sino también negar la forma en que nos hizo. Cuando una persona dice que cualquier acto sexual es aceptable siempre que no hiera a nadie, se está engañando. A la larga (y por lo general en breve) el pecado hiere a la gente: individuos, familias, sociedad. ¡Qué lamentable que la gente adore las cosas que Dios ha hecho en lugar de rendir culto al Creador, al grado que muchas veces distorsione y destruya las cosas que realmente valen! Sin embargo, es imposible comprender el plan natural de Dios sin llegar a conocer al Creador mismo.

  La homosexualidad (cambio o abandono de las relaciones sexuales naturales) se había propagado en los días de Pablo como en los nuestros. Muchas prácticas paganas lo alentaban. La voluntad de Dios es recibir a todo el que acuda a El en fe y los cristianos debemos amar a los demás sin importar su procedencia. Sin embargo, la homosexualidad está estrictamente prohibida en las Escrituras (Lev_18:22).
En el mundo de hoy, muchos consideran aceptable esta práctica, incluso algunas iglesias. Pero la sociedad no es la que establece el patrón para las leyes de Dios. Muchos homosexuales creen que sus deseos son normales y que tienen el derecho de expresarlos. Pero Dios no nos obliga ni anima a satisfacer todos nuestros deseos (aun los que son normales). Los deseos que violan sus leyes son indebidos y deben controlarse. Si tenemos estos deseos, podemos y debemos resistirlos. Conscientemente evitemos lugares o actividades que sabemos inflamarán tentaciones de esta naturaleza. No menospreciemos el poder de Satanás para tentarnos ni el potencial para causarnos un daño serio si cedemos a esas tentaciones.
Recordemos, Dios puede y perdonará pecados sexuales así como perdona otros pecados. Ríndámonos a la gracia y a la misericordia de Dios pidiéndole que nos muestre el camino para salir del pecado e ir a la luz de su libertad y amor.
La oración, el estudio de la Biblia y el firme compañerismo de los cristianos en una iglesia centrada en la Biblia pueden ayudarnos a cobrar energías para resistir estas tentaciones poderosas.  

  ¿Cómo sabía esta gente que el castigo que Dios impone a estos delitos es la muerte? Los seres humanos, creados a la imagen de Dios, tienen conciencia y naturaleza moral básica. Esta verdad se acepta más allá de los círculos religiosos. Los psicólogos, por ejemplo, dicen que la persona sin conciencia sufre un serio desorden de la personalidad que es muy difícil de tratar. Por instinto, muchas personas se dan cuenta cuando hacen algo incorrecto, pero pudiera no importarles. Algunas personas, incluso, se arriesgan a una muerte temprana por saciar sus deseos ahora. "Sé que es malo, pero lo quiero", dicen; o "Sé que es peligroso, pero correré el riesgo". Para este tipo de personas, parte de su distracción es ir contra la voluntad de Dios, las normas morales de la comunidad, el sentido común y su concepto de lo que es bueno o malo. Pero en lo profundo de su ser saben que la paga del pecado es la muerte


¿QUE ES FE?
Fe es una palabra con muchos significados. Puede significar fidelidad (Mat_24:45), confianza absoluta, como lo demostraron algunas personas que fueron a Jesús buscando sanidad (Luc_7:2-10). Puede significar una esperanza confiada (Heb_11:1). O, como Santiago menciona, creencia muerta que no se muestra en buenas obras (Santiago_2:14-26). ¿Qué quiso decir Pablo cuando, en Romanos, habla de la fe salvadora?

Debemos ser muy cuidadosos para comprender cómo Pablo usa la palabra fe debido a que la relaciona con la salvación. No es algo que debemos hacer a fin de ganar la salvación; si fuera así, la fe sería solo una obra más y Pablo establece con claridad que las obras humanas nunca podrán salvarnos (Gal_2:16). En cambio, la fe es un don que Dios nos da porque es nuestro Salvador (Efes_2:8). La gracia de Dios es lo que nos salva, no nuestra fe. En su misericordia, sin embargo, cuando El nos salva nos da fe, una relación con su Hijo que nos ayuda a ser como El. Mediante la fe que nos da, pasamos de muerte a vida (Juan_5:24).

Aun en el período del Antiguo Testamento, la gracia, no las obras, fue la base de la salvación. Como Hebreos señala: "Porque la sangre de toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados" (Juan_10:4). Dios procuraba que su pueblo, más allá de los sacrificios de animales, lo viera a El, pero a menudo ponían su confianza en el cumplimiento de las demandas de la Ley: llevar a cabo los sacrificios ordenados. Cuando Jesús triunfó sobre la muerte, canceló los cargos que existían en nuestra contra y abrió el camino al Padre (Col_2:12-15). Debido a su misericordia nos brinda fe. ¡Qué trágico que convirtamos la fe en obras y tratemos de efectuarlas dependiendo de nosotros mismos! No podemos acercarnos a Dios mediante nuestra fe, nunca más como en el Antiguo Testamento la gente se acercaba a Dios a través de sus sacrificios. En lugar de eso debemos aceptar su ofrecimiento con acción de gracias y permitirle plantar la semilla de fe en nosotros.

2.1 Cuando sintamos cólera justificada por el pecado de alguien, debiéramos tener cuidado. Debemos hablar en contra del pecado, pero debemos hacerlo con espíritu de humildad. A menudo los pecados que vemos con más claridad en otros son los que tienen raíces en nosotros. Si nos miramos con cuidado, descubriremos que cometemos el mismo pecado en las más diversas formas socialmente aceptables. Por ejemplo, un chismoso quizás critique con obstinación a otros que chismean en su contra.

   Cuando la carta de Pablo se leyó en la iglesia de Roma, sin duda muchas cabezas asintieron al condenar el culto idolátrico, las prácticas homosexuales y la violencia. Pero cuán sorprendidos se habrán sentido cuando se volvió a ellos y les dijo: "¡No tienen excusa. Ustedes son tan malos cono ellos!" Pablo afirmaba enfáticamente que nadie es suficientemente bueno para salvarse a sí mismo. Si deseamos evitar el castigo y vivir con Cristo para siempre, todos -no importa si somos homicidas, irrespetuosos, ni si somos ciudadanos honestos, trabajadores, excelentes- debemos depender por completo de la gracia de Dios.
Pablo no discute si algunos pecados son peores que otros. Cualquier pecado es suficiente para llevarnos a depender de Cristo en cuanto a la salvación y la vida eterna. No hay otro camino, aparte de Cristo, por medio del cual uno puede ser salvo del pecado y sus consecuencias, y todos hemos pecado reiteradamente.

2.4 En su bondad, Dios retarda su juicio para darle tiempo a la gente para que se arrepienta. Es muy fácil confundir la paciencia de Dios con la aprobación de la forma equivocada en que vivimos. La auto evaluación es difícil, y más difícil aún es sincerarnos con Dios y permitirle que nos diga en qué debemos cambiar. Sin embargo, como cristianos debemos orar siempre a fin de que Dios nos señale nuestros pecados y nos cure. Es lamentable, pero es más fácil sorprendernos de la paciencia que Dios tiene con otros, que humillarnos ante la que El tiene con nosotros.

2.5-11 A pesar de que por lo general no recibimos el castigo inmediato por cada pecado, el juicio final de Dios es cierto. No sabemos con exactitud cuándo ocurrirá, pero sabemos que nadie escapará del encuentro final con el Creador.  Juan_12:48 y Apocal._20:11-15.

  Pablo dice que los que con paciencia y perseverancia hacen la voluntad de Dios tendrán vida eterna. No contradice su declaración anterior de que la salvación es solo por fe (1.16, 17). Las buenas obras no nos salvan, pero cuando entregamos nuestra vida por completo a Dios, queremos agradarle y hacer su voluntad. Por lo tanto, nuestras buenas obras son una demostración de agradecimiento por lo que Dios ha hecho, no un prerrequisito para obtener su gracia.

2.12-15 La gente se condena no por lo que desconoce, sino por lo que hace con lo que sabe. Quienes conocen la Palabra escrita de Dios y su Ley serán juzgados por ellas. Quienes nunca han visto una Biblia saben diferenciar entre lo bueno y lo malo, y se les juzgará por no haber tomado en cuenta ni siquiera las normas que su conciencia les dictaba. A menudo, el juicio de Dios se ve obstaculizado por nuestro sentido moderno del proceso legal y los derechos del individuo. Pero recordemos que las personas suelen violar las normas que crearon para ellas mismas.

    Par ejemplo, todas las culturas prohíben el homicidio y aun así en todas las sociedades esa ley se quebranta. Pertenecemos a un género terco. Sabemos lo que es bueno, pero insistimos en hacer lo malo. Admitamos ante mosotros y ante Dios que encajamos en el molde humano y que a menudo no cumplimos con las normas establecidas (mucho menos con las de Dios). Ese es el primer paso hacia el perdón y la santidad.

2.17    Después de describir el fin de los incrédulos, los gentiles paganos, se ocupa de los religiosos privilegiados. A pesar del conocimiento que tienen de la voluntad de Dios, también tienen culpa por no vivir lo que creen. Quienes han crecido en hogares cristianos son los religiosos privilegiados de hoy. La condenación de Pablo es aplicable a ellos si no llegan a vivir conforme a lo que saben.

2.21, 22 Pablo indica a los judíos que necesitaban autojuzgarse por la Ley y no juzgar a otros. Conocían muy bien la Ley y sabían cómo justificar sus acciones mientras criticaban a los demás. Pero la Ley es más que la "letra". Es una pauta para vivir de acuerdo a la voluntad de Dios y también es una advertencia de que no podemos vivir rectamente sin mantener una relación con Dios. Cómo Jesús destacó, retener lo que pertenece a alguien es robar (Mar_7:9-13) y mirar a otra persona para codiciarla es adulterio (Mat_5:27-28). Antes de acusar a otros, debemos mirarnos y verificar si ese pecado, en cualquiera de sus formas, está en nosotros.

2.21-27 Estos versículos son una crítica mordaz a la hipocresía. Es mucho más fácil decir a otros cómo comportarse que vivir como es debido. Es más fácil decir las palabras buenas que permitirles que echen raíces en nosotros. ¿Aconsejamos a otros que hagan algo que no estamos dispuestos a hacer? Procuremos que nuestras palabras las avalen nuestras acciones.

  Si decimos formar parte del pueblo de Dios, nuestra vida debe reflejar a Dios. Cuando le desobedecemos, deshonramos su nombre y por ello la gente incluso puede hablar mal de Dios. ¿Qué piensa de Dios la gente al contemplar nuestra vida?

2.25-29 La palabra circuncisión se refiere a la señal del pacto de Dios con su pueblo. Se requería que todos los varones judíos se sometieran a este rito (Gen_17:9-14). Para Pablo, ser judío (circuncidado) no significaba nada si la persona no obedecía las leyes de Dios. Por otro lado, los gentiles (incircuncisos) podían recibir el amor y la aprobación de Dios si guardaban sus mandamientos. Pablo pasa a explicarnos que el verdadero judío (uno que tiene el favor de Dios) no es la persona circuncidada (un judío "exteriormente"), sino aquel cuyo corazón es recto delante de Dios y le obedece (un judío "en lo interior").
  Ser judío significaba formar parte de la familia de Dios y heredar todas sus promesas. Sin embargo, Pablo aclara que la membresía en la familia de Dios se basa en cualidades internas, no externas. Todos los que tengan corazones rectos son judíos en verdad, o sea, miembros de la familia de Dios (Gal_3:7). Así como la circuncisión no era suficiente para los judíos, tampoco lo es asistir a la iglesia, ser bautizado, confirmado o aceptado como miembro. Dios busca nuestra sincera entrega y obediencia.   (Jeremías_4:4.)

3.1  En este capítulo Pablo afirma todos somos culpables ante Dios. Pablo desmantela la excusa común de la gente que no quiere reconocerse pecadora: (1) "Dios no existe" o "Sigo mi conciencia"; 1.18-32
(2) "No le hago mal a nadie"; 2.1-16
(3) "Soy miembro de una iglesia" o "Soy una persona religiosa"; 2.17-29.
Nadie está exento del juicio de Dios por el pecado. Cada persona debe aceptar que es pecadora y por lo tanto culpable ante Dios. Solo así puede comprenderse y aceptarse ese regalo maravilloso de Dios que es la salvación.

  Todos, gentiles paganos, gente humanitaria o religiosa, estamos condenados por nuestras acciones. La Ley, que el Señor dio para mostrar el camino a la vida, saca a la luz nuestras obras malignas. ¿Hay alguna esperanza? Sí, dice Pablo. La Ley nos condena, esto es cierto, pero la Ley no es la base de nuestra esperanza. Dios mismo lo es. El en su justicia y amor maravilloso nos brinda vida eterna. Recibimos salvación no a través de la Ley, sino mediante la fe en Jesucristo. No podemos ganarla, pero debemos aceptarla como un regalo de nuestro amoroso Padre celestial.

3.2 La nación judía recibió muchos beneficios.
(1) Se le confió las leyes de Dios ("la palabra de Dios", Exodo 19-20; Deu_4:8). (2) Fue la nación a través de la cual el Mesías vino la tierra (Isa_11:1-10; Mat_1:1-17).
(3) Fue beneficiaria de los pactos con Dios mismo (Gen_17:1-16; Exo_19:3-6). Estos privilegios no la hicieron mejor que las demás. Pero debido a estos, los judíos tuvieron siempre una mayor responsabilidad en cuanto al cumplimiento de los requisitos de Dios.

3.5-8 Algunos quizás piensen que el pecado no es preocupante porque: (1) Dios está para perdonar; (2) Dios es amor y no castiga; (3) el pecado no es tan malo, nos enseña lecciones valiosas, o (4) debemos mantenernos dentro de la cultura que nos rodea. Es cierto que la gracia de Dios es inmensa, pero Dios no puede pasar por alto el pecado. Los pecadores, sin importar las excusas que expongan, tendrán que responder ante Dios por sus pecados.

3.10-12 Pablo hace referencia al Salmos_14:1-3. "No hay justo" significa "nadie es inocente". Cada persona es valiosa ante los ojos de Dios porque El nos ha creado a su imagen y nos ama, pero no hay un solo justo (o sea, no hay persona que se haya ganado el estar a bien con Dios). A pesar de ser valiosos, hemos caído en pecado. Pero Dios, a través de Jesús su Hijo, nos ha redimido y nos ofrece perdón si nos volvemos a El en fe.

3.10-18 Pablo usa estas referencias del Antiguo Testamento para mostrar que la humanidad en general, en su actual condición pecadora, es inaceptable ante Dios. ¿Hemos dicho alguna vez: "No soy tan malo. Soy buena persona"? Meditemos estos versículos y veamos si se ajustan a nosotros. ¿Hemos mentido alguna vez? ¿Hemos herido los sentimientos de alguien a través de nuestras palabras o el tono de nuestra voz? ¿Somos rudos con alguien? ¿Nos enfurecemos con nuestros contrarios? En pensamientos, palabra y obra, como cualquier persona en este mundo, tenemos culpa delante de Dios. Debemos recordar lo que somos ante El: pecadores alejados. No neguemos que somos pecadores. Más bien permitamos que nuestra gran necesidad nos guíe a Cristo.

3.19 ¿Cuál fue nuestra reacción la última vez que alguien nos acusó de hacer algo indebido? ¿Negar, discutir y defendernos? La Biblia nos dice que el mundo permanece con la boca cerrada y bajo el juicio de Dios poderoso. No cuenta con excusas ni argumentos. ¿Hemos llegado al punto con Dios en el que estamos dispuestos a dejar de defendernos y esperar la decisión divina? Si no es así, detengámonos y reconozcamos nuestros pecados delante de El. Si lo hemos hecho,  los siguientes versículos son buenísimas noticias para nosotros.

3.20 En estos versículos vemos dos propósitos en la Ley de Dios. Primero, nos muestra dónde pecamos. La ley nos enseña que somos pecadores desvalidos y debemos acudir a Jesucristo en busca de misericordia. Segundo, el código moral revelado en la ley nos puede guiar en nuestra forma de vivir sosteniendo ante nosotros las normas morales de Dios. No ganamos la salvación cumpliendo la Ley (nadie, excepto Cristo, cumplió o pudo cumplir la Ley a la perfección), sino que agradamos a Dios cuando nuestras vidas se someten a su voluntad revelada.