domingo, 4 de abril de 2021

EL VALOR SUPREMO DE LA VIDA


Mar 8:31  Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.

Mar 8:32  Esto les decía claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a reconvenirle.

Mar 8:33  Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

Mar 8:34  Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

Mar 8:35  Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.

Mar 8:36  Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

Mar 8:37  ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Mar 8:38  Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.

 

       Las palabras de nuestro Señor Jesucristo en este pasaje son muy solemnes y de mucho peso. Quiso con ellas corregir las ideas equivocadas de sus discípulos  respecto a la naturaleza de su reino. Pero contienen verdades muy profundas y muy importantes también para los cristianos de todas las épocas de la iglesia.

Todo el pasaje debe ser tema de nuestras meditaciones privadas.

Aprendamos, en primer lugar, en estos versículos, la necesidad absoluta de la abnegación, si queremos ser discípulos de Cristo y salvarnos. ¿Qué dice nuestro  Señor? "Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame...

No hay duda que la salvación es graciosa; es ofrecida gratuitamente en el Evangelio a los pecadores más endurecidos, sin dinero y sin precio. "Por gracia sois  salvos por medio de la fe, y esto no por vosotros, que es don de Dios; no por obras, para que nadie se glorié." Efes.2 : Pro_8:9. Pero todos los que aceptan esta gran  salvación deben probar la realidad de su fe cargando la cruz en pos de Cristo. No deben imaginarse que entrarán en el cielo sin disgustos, dolores,  sufrimientos, y conflictos aquí en la tierra. Deben contentarse con cargar la cruz de la doctrina, y la cruz de la práctica, la cruz de sostener una fe que el mundo  desdeña, y la cruz de llevar una vida que el mundo ridiculiza como demasiada estricta y rigorosa. Deben querer sacrificar la carne, mortificar el cuerpo,  batallar diariamente con el diablo, separarse del mundo, y perder la vida, si necesario fuere, por amor de Cristo y del Evangelio. Parece esto duro pero no hay  evasión posible. Las palabras de nuestro Señor son claras y distintas; si no cargamos con la cruz, no ceñiremos nunca la corona.

Que el miedo de la cruz no nos aleje de servir a Cristo, que por pesada que parezca, Jesús nos dará gracia para llevarla. "Puedo hacerlo todo por Cristo que me  da fuerzas." Flp_4:13. Millares de millares la han cargado antes que nosotros, y han encontrado el yugo de Cristo fácil y su carga ligera. Nada bueno se logra  en la tierra sin trabajo, y no podemos esperar que sin luchas se pueda entrar en el reino de Dios. Avancemos valientemente y que ninguna dificultad nos  detenga. La cruz durante el viaje es por pocos años, y la gloria que se obtiene en su término es eterna.

Preguntémonos con frecuencia si nuestro Cristianismo nos cuesta algo. ¿Nos impone algún sacrificio? ¿Está marcado con el sello del cielo? ¿Carga con su  cruz? Si así no es, temblemos y temamos, que una fe que nada cuesta, nada vale. De poco nos servirá en la vida presente, y no nos guiará a la salvación  en la vida futura.

Aprendamos también en estos versículos cual es el valor indecible del alma. ¿Qué dice nuestro Señor? "¿De que aprovechará a un hombre ganar el mundo  todo, si pierde su propia alma"? Estas palabras tuvieron por objeto movernos a obrar y a sacrificarnos. Deberían estar resonando como un clarín en nuestros  oídos, por la mañana cuando nos levantamos, y de noche cuando nos retiramos al lecho. Grábense profundamente en nuestra memoria y que ni el diablo ni el  mundo pueda nunca borrarlas de ella.

Todos nosotros tenemos almas que vivirán eternamente; sepámoslo o no, todos llevamos en nosotros algo que vivirá cuando nuestros cuerpos se estén  reduciendo a polvo en el sepulcro. Todos nosotros tenemos almas por las que daremos estricta cuenta a Dios; y en verdad que es una idea terrible cuando  consideramos que poca atención presta el hombre a ninguna cosa que no sea el mundo; pero es la verdad.

Cualquier hombre puede perder su alma; no puede salvarla, que solo Cristo puede hacerlo; y puede perderla de diferentes maneras. Puede asesinarla amando  el pecado y adhiriéndose al mundo. Puede envenenarla escogiendo una religión de falsedades y creyendo en supersticiones de fábrica humana. Puede  aniquilarla con hambre despreciando los medios de gracia, y rehusando recibir el Evangelio en su corazón. Muchos son los caminos que conducen al abismo;  cualquiera que sea el que un hombre tome, él solo es responsable por ello. Por débil, corrompida, degradada e impotente que sea la naturaleza humana, el  hombre tiene poder para que las palabras destruir, arruinar y perder su alma.

La posesión del mundo entero no puede compensar al hombre por la pérdida de su alma; todos los tesoros que contiene no pueden ponerse en la balanza para  equilibrar la perdición eterna. No nos satisfacen, ni nos hacen felices mientras los poseemos; los gozamos cuando más unos pocos años y tenemos que dejarlos  para siempre. De todos los negocios ruinosos y necios que el hombre puede hacer, el peor es dar la salvación de su alma en cambio de los bienes de este  mundo. Es una especulación de que muchísimos se han arrepentido, como Esaú que vendió su primogenitura por un plato de lentejas pero de que  desgraciadamente como Esaú se han arrepentido muy tarde.

Que estas sentencias de nuestro Señor se graben profundamente en nuestros corazones, pues son inadecuadas para expresar su importancia.

Recordémoslas en la hora de la tentación, cuando el alma nos parece tan pequeña y tan insignificante, y el mundo tan grande y tan esplendente.

Recordémoslas en la hora de la persecución, cuando el miedo al hombre se apodera de nosotros, y nos inclinamos a abandonar a Cristo. En momentos  semejantes que nuestra alma evoque esa cuestión capital de nuestro Señor, y se la repita, " ¿De que servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su  alma?

Aprendamos, por último, en estos versículos, el gran peligro que se corre en tener vergüenza de Cristo. ¿Qué dice nuestro Señor? "Todo aquel que se  avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, de él también se avergonzará el Hijo del hombre cuando venga en la gloria de su  Padre con los santos ángeles...

¿Cuándo se puede decir de alguno que está avergonzado de Cristo? Somos culpables de esa falta, cuando nos avergonzamos de que se sepa que amamos y  creemos las doctrinas de Cristo, que deseamos vivir según los mandamientos de Cristo, y que ansiamos ser contados como miembros del pueblo de Cristo. La  doctrina, las leyes, y el pueblo de Cristo nunca fueron populares, y nunca lo serán. El que confiesa valerosamente que los ama, está seguro de atraerse el  ridículo y la persecución. Todo el que se retrae de hacer esa confesión por miedo del ridículo y de la persecución, se avergüenza de Cristo, y está incluso en la  sentencia que proclama este pasaje.

Hay quizás pocas sentencias de nuestro Señor que sean más condenatorias que esta. Verdad es "que el miedo del hombre nos tiende un lazo." Pro_29:25.

Hay muchas personas que le harían frente a un león, o asaltarían una brecha, si el deber se los ordenase; que nada temen, y que, sin embargo, se avergüenzan  de confesar que preferirían agradar a Cristo más bien que al hombre. ¡Que admirable es el poder del ridículo! ¡Maravilloso es como el hombre vive siervo de  la opinión del mundo! Pidamos diariamente en nuestras oraciones fe y valor para confesar a Cristo ante los hombres. Bueno es que nos  avergoncemos del pecado, de la mundanalidad y de la incredulidad, pero nunca de Aquel que murió por nosotros en la  cruz. Confesemos valerosamente que servimos a Cristo a despecho de las risas, de las burlas y de los insultos. Meditemos  con frecuencia en el día de su segunda venida, y acordémonos de lo que dice en este lugar. Es cien mil veces mejor  confesar ahora a Cristo, y ser despreciado por los hombres, que vernos negados por Cristo ante su Padre el día del juicio  final.

 

sábado, 3 de abril de 2021

EL SEÑOR JESUCRISTO HA RESUCITADO

Mat 28:1    Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.

Mat 28:2  Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.

Mat 28:3  Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve.

Mat 28:4  Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos.

Mat 28:5  Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado.

Mat 28:6  No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.

Mat 28:7  E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.

Mat 28:8  Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos,

Mat 28:9  he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.

Mat 28:10  Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.

 

 

La resurrección de nuestro Señor, tema principal de estos versículos ha sido descrita circunstanciadamente por todos los cuatro evangelistas.

Y no debemos sorprendernos de que se dé tanta importancia a ese acontecimiento, puesto que es la prueba más concluyente de que el Cristo satisfizo la deuda  que se propuso pagar por nosotros; que libró la batalla que había de librarnos del infierno; y que ha sido aceptado como Sustituto nuestro por el Padre  celestial. Si nunca hubiera salido del sepulcro frió, ¿qué seguridad tendríamos de que se habría pagado nuestro rescate? 1Co_15:17. Si nunca se hubiera  levantado después del conflicto con el postrer enemigo, ¿qué certeza tendríamos de que había vencido a la muerte y al demonio? Heb_2:14. Pero, a Dios  gracias, no se nos ha dejado en duda. Los creyentes podemos tener esa convicción y con confianza decir como Pablo: " ¿Quién es el que nos condena? Cristo es el que murió: antes el  que también resucitó." Rom_8:34. Muy agradecidos debemos sentirnos de que esta sublime verdad de nuestra fe haya sido probada con tanta claridad.

Es una circunstancia harto notable que de todos los hechos relacionados con la vida de Jesús ninguno es tan innegable bajo todo punto como el de la  resurrección. Las pruebas de su verificación son, para todo hombre imparcial, incontestables. Imposible seria convencer de cosa alguna en el mundo al que  rehusase creer que Jesús resucitó.

Notemos en estos versículos con cuanta gloria y majestad resucitó Jesús de entre los muertos. Se nos dice que hubo un gran terremoto, y que el ángel del  Señor descendiendo del cielo, había quitado la piedra de la puerta del sepulcro y se había sentado sobre ella. Por supuesto que nuestro Señor no necesitaba de  la ayuda de ningún ángel para salir del sepulcro; pero Dios quiso que la resurrección fuese acompañada de señales y maravillas. Era conveniente que la tierra  se sacudiese y un ángel glorioso apareciese cuando el Hijo de Dios se levantase victorioso.

La resurrección de nuestro Señor es un tipo, a la vez que garantía, de la resurrección de los creyentes. El sepulcro no pudo detenerlo á El después del tiempo señalado, y lo mismo sucederá con nosotros. Un ángel fue el testigo de su resurrección, y los ángeles serán los mensajeros que reunirán a los creyentes cuando  resuciten. Él se levantó con un cuerpo glorificado, y sin embargo real y material, y de la misma manera sus discípulos resucitarán con cuerpos gloriosos,  aunque físicos.

Notemos, en seguida, las palabras de consuelo que el ángel dirigió a las mujeres que habían ido al sepulcro. Les dijo: "No temáis vosotras; porque sé que  buscáis a Jesús, el que fue crucificado...

Estas palabras tienen un significado profundo: han sido trasmitidas con el objeto de recordarnos que los verdaderos cristianos no tenemos por qué alarmarnos,  cualesquiera que sean los sucesos que en el mundo se verifiquen. Revestidos de la justicia de Cristo, seremos hallados sin culpa y sin mancha. Estando a salvo en  la única arca, no nos sucederá daño alguno cuando el diluvio de la ira de Dios se desencadene sobre la tierra. Entonces se cumplirán las siguientes palabras de  nuestro Señor: "Cuando estas cosas comenzaren a hacerse, mirad y levantad vuestras cabezas; porque vuestra redención está cerca."  Luc_21:28.

Observemos, finalmente, el benigno mensaje que el Señor envió a sus discípulos después de la resurrección. Habiéndose aparecido en persona a las mujeres  que habían ido a tributar honras a su cuerpo, lo primero de que pensó fue de su pequeño rebaño. Les recomendó a aquellas que fuesen a contar a los hermanos  lo que había sucedido. "Id," les dijo, "dad las nuevas a mis hermanos...

Hay algo muy conmovedor en esas palabras, "mis hermanos." Débiles, frágiles y pecadores como eran los discípulos, Jesús  los llamó " hermanos." Les consoló como José lo hizo con los hermanos que lo habían vendido, diciéndoles: "Soy José  vuestro hermano." Aunque estaba rodeado de gloria, aunque acababa de Vencer a la muerte, el infierno y el sepulcro, el  Hijo del hombre era aún "manso y humilde de corazón...

viernes, 2 de abril de 2021

CREER EN SU NOMBRE

 

Jn 1:6  Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

 7  Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

 8  No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

  9  Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

 10  En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

 11  A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

 12  Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

 13  los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

 14  Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.   

 

       S. Juan, después de hacer una exposición de la naturaleza divina nuestro Señor, trata de su precursor, Juan Bautista. No debe pasar desapercibido el contraste  que forman los términos que se refieren al Salvador con los que se refieren al precursor. De Cristo se nos dice que era el Dios eterno, el Creador de todas las  cosas, la fuente de la vida y de la luz. De Juan Bautista se nos dice simplemente que "fue un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan..

Estos versículos nos enseñan, en primer lugar, la verdadera naturaleza de las funciones del ministro cristiano. Se desprende esto de lo dicho acerca de Juan  Bautista en el versículo séptimo.

Los ministros cristianos no son sacerdotes ni mediadores entre Dios y los hombres. Tampoco son una especie de agentes en cuyas manos los fieles  encomienden sus almas y que estén revestidos del poder delegado de practicar la religión por lo demás. No son sino testigos. Su misión es rendir testimonio a  la verdad de Dios, y especialmente a la de que Cristo es el único Salvador, la única luz del mundo. Esto fue lo que hizo S. Pedro el día de Pentecostés. "Y con  otras muchas palabras testificaba" Hechos 2.40. En esto también consistió la obra de S. Pablo, "Testificando a los judíos y también a los griegos el  arrepentimiento hacia Dios, y la fe hacia nuestro Señor Jesucristo". Hechos 20.21. Si el ministro cristiano no da un testimonio pleno y completo acerca del  Salvador, es infiel en el cumplimiento de sus sagrados deberes. En tanto que rinda este testimonio, cumple con la misión que le ha sido encomendada y  recibirá su galardón, aunque sus oyentes no crean las verdades que proclame. Pero es solo cuando creen que los oyentes reciben provecho de los trabajos del  ministro. El gran fin que debe proponerse el ministro es que por su medio crean los hombres.

Estos versículos nos dan a conocer, en segundo lugar, lo que es nuestro Señor Jesucristo respecto a la humanidad. "Aquella palabra era la luz verdadera," etc.

Cristo es para las almas de los hombres lo que el sol para el mundo. Es el centro y la fuente de toda luz espiritual, de la vida, de la animación, del crecimiento,  de la hermosura, de la fecundidad. A semejanza del sol, alumbra para bien de toda la humanidad del noble y del plebeyo, del rico y del pobre, del judío y del  griego. A semejanza del sol, todos pueden tornar hacia él los ojos para contemplarlo. Si hubiera millones de hombres que fueran tan necios que quisieran  habitar en subterráneos o vendarse los ojos, tendrían que culparse a sí mismos por la oscuridad que los rodeara y no atribuirla a defecto del sol. Del mismo  modo, si millones de hombres prefieren las tinieblas a la luz espiritual, ellos son los que tienen la culpa de su ceguedad, y no Cristo. "El necio corazón de ellos  fue entenebrecido". Rom 1.21 Estos versículos nos enseñan, en tercer lugar, cuan malo es por naturaleza el corazón del hombre.  

Jesucristo estuvo en el mundo de una manera invisible, mucho antes de haber nacido de la Virgen María. Si, estuvo desde el principio ordenando y  gobernando toda la creación. "Todas las cosas subsisten en él" Col. 1.17. A todo comunicaba vida y animación, y por mandato suyo gobernaban los reyes, y  según San Juan crecía y menguaban las naciones. Sin embargo, los mortales no lo conocían ni le rendía homenaje, más "honraban y servían a la criatura antes que al Creador"  Rom 1.25 ¡Malo por naturaleza es, a la verdad, el corazón del hombre! Más tarde el Verbo se hizo carne y apareció en el mundo de una manera visible, más no tuvo mejor acogida. Se presentó ante el mismo pueblo que había  sacado de Egipto, y había rescatado para si, esto es, ante los judíos, que había separado de las otras naciones y a quienes se había revelado por medio de los  pasajes del Antiguo Testamento que lo anunciaban, que habían visto en su templo los tipos y símbolos que lo prefiguraban, que habían, en fin, manifestado  que aguardaban su venida. ¡Y sin embargo, esos mismos hijos de Israel lo rechazaron, lo escarnecieron y lo inmolaron! ¡Perverso es, a la verdad, el corazón  del hombre! Estos versículos nos enseñan, por último cuales y cuan grandes son los privilegios que se conceden a los que aceptan a Cristo y creen en él. "A todos los que  le recibieron les dio poder de ser hechos hijos de Dios, esto es, a los que creen en su nombre..

Jesucristo siempre tiene quien lo siga. Si la mayoría de los judíos no lo reconoció como Mesías, hubo, por lo menos, unos pocos que si lo reconocieron. A  estos otorgó la gracia de ser hechos hijos de Dios, adoptándolos como miembros de la familia de su Padre y reconociéndolos como hermanos de la misma  carne y de la misma sangre. Así fueron abundantemente recompensados por lo que habían tenido que sufrir por su amor.

Téngase presente que semejantes bendiciones son concedidas en todo tiempo a todos lo que acepten a Jesucristo por medio de la fe y lo sigan como a su  Salvador. "Son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús". Gal. 3.26. Pocos como son, y despreciados como se ven por el mundo, su Padre celestial vela sobre  ellos con misericordia infinita, y les manifiesta su complacencia por amor a u Hijo. ¡Con el tiempo les suministra todo lo que pueda contribuir a su bien, y en  la eternidad les dará una corona inmarcesible de Gloria! ¿Somos nosotros hijos de Dios? ¿Hemos nacido de nuevo espiritualmente? ¿Se descubre en nosotros las señales del renacimiento tales como la conciencia  de haber pecado, la fe en Jesucristo, el amor hacia el prójimo, la enmienda de vida, la separación del mundo? No nos tranquilicemos hasta no haber contestado  satisfactoriamente estas preguntas.

¿Anhelamos ser hijos de Dios? Recibamos entonces a Cristo como a nuestro Salvador, y creamos en él de todo corazón.

 

 

 

 

jueves, 1 de abril de 2021

EL VERBO HECHO CARNE


Jn 1:1  En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Jn 1:2  Este era en el principio con Dios.

Jn 1:3  Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

Jn 1:4  En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Jn 1:5  La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

                         

El Evangelio de S. Juan, que empieza con los versículos que quedan citados, es diferente en muchos respectos de los otros tres Evangelios, pues contiene gran  número de pasajes que no se hallan en estos, al mismo tiempo que no da cabida a muchos que se encuentran en los otros. Sería fácil aducir buenas razones que  justificasen esa desemejanza; pero basta hacer presente que Mateo, Marcos, Lucas y Juan escribieron todos bajo la directa inspiración de Dios.

Respecto de estos puntos sobre los cuales solo Juan escribió, es suficiente que hagamos una sola observación, es a saber: que los pasajes que sobre ellos  versan son unas de las reliquias más valiosas que posee la iglesia de Cristo. Ninguno de los otros tres evangelistas han presentado exposiciones tan completas  de la divinidad de Jesucristo, de la justificación por medio de la fe, de las distintas funciones del Hijo, de las operaciones del Espíritu Santo, y de las  prerrogativas de los creyentes. Por de contado, Mateo, Marcos y Lucas no guardan silencio sobre ninguno de estos particulares, pero Juan los pone ante los  ojos del lector de una manera más prominente.

Juan escribió a los creyentes en todo lugar, sean o no judíos (gentiles). Como uno de los doce discípulos, Juan fue un testigo presencial, de manera que su historia es confiable. Su libro no es una biografía (como el libro de Lucas), sino una presentación temática de la vida de Jesús. Muchos de los oyentes originales tenían un trasfondo griego. La cultura griega estimulaba la adoración de muchos dioses mitológicos cuyas características sobrenaturales eran tan importantes para los griegos como las genealogías para los judíos. Juan mostró que Jesús no solo era diferente de sus dioses mitológicos, sino superior a ellos.

Los cinco versículos de que nos ocupamos contienen una exposición de sublimidad sin igual respecto a la divinidad de nuestro Señor Jesucristo. Es a él  evidentemente que S. Juan se refiere al tratar de "la palabra" No puede negarse que el pasaje en cuestión encierra verdades tan profundas que el entendimiento  humano no alcanza a sondearlas; más también es cierto que en él se descubren otras claras y sencillas, que el cristiano haría bien en atesorar en la mente.

Nuestro Señor Jesucristo es eterno. "En el principio ya era la Palabra" No comenzó a existir cuando la tierra y los cielos fueron creados; mucho menos cuando  se anunció por vez primera el Evangelio al mundo. Poseyó Gloria en unión del Padre "antes de que el mundo fuese." Juan 17.5 Existió antes de que se crease  la materia y empezase el tiempo. Existió desde la eternidad.

Nuestro Señor Jesucristo es una Persona distinta de Dios Padre, y sin embargo forma con él un solo ser. El Padre y la palabra, aunque dos personas distintas,  están aunados por medio de una unión inefable. Donde quiera que estuviese Dios Padre por toda la eternidad, allí estuvo también la Palabra o sea Dios Hijo: iguales en Gloria, co-eternos en majestad, uno en esencia divina. ¡Este es, a la verdad, un gran misterio! ¡Feliz el que pueda recibirlo como un niño sin  pretender explicarlo! Nuestro Señor Jesucristo es verdadero Dios: "Dios era la Palabra" No es meramente un ángel creado, o un ser inferior a Dios Padre, y que ha recibido de él  poder para redimir a los pecadores. No es nada menos que Dios perfecto igual al Padre en cuanto a la divinidad Hijo co eterno y de la misma sustancia del  Padre antes de que los mundos existiesen.

Nuestro Señor Jesucristo es el Creador de todas las cosas. Véase el versículo 3. Lejos de ser criatura de Dios, como afirman alguno herejes, es el Ser que hizo  todos los mundos y todo lo que estos contienen. "Él mandó, y fueron creados" Salmo 148.5 Finalmente, nuestro Señor Jesucristo, es la fuente de la vida y la luz espirituales: "En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres." Toda la vida y la  luz espirituales que Adán y Eva poseían antes de la caída, habían emanado de Cristo. La emancipación del pecado y de la muerte, y la iluminación de la  conciencia han provenido también de Cristo. Cierto es que la mayor parte del género humano, en todos los siglos, en todas las edades, se ha olvidado de la  caída y se ha negado a reconocer la necesidad que el hombre tiene de un Salvador; la luz ha estado resplandeciendo en la tinieblas; y los más de los hombres  no la han comprendido.

Más si algunos individuos de los millones innumerables de la humanidad han gozado de vida y luz en lo espiritual, es el Hijo de Dios quien así los ha  bendecido.

Lo que precede es una ligera reseña de las principales lecciones que se desprenden de estos admirables versículos. No hay duda de que muchas de las verdades  que contienen están fuera del alcance de la razón; pero no hay una sola que se oponga a ella. Además, es preciso tener presente, que del pasaje pueden hacerse  deducciones prácticas y sencillas que debemos examinar con cuidado y retener con firmeza.

¿Queremos apercibirnos de la excesiva gravedad del pecado? Leamos con frecuencia los cinco primeros versículos del Evangelio de S. Juan, y notemos de  qué naturaleza ha de ser el Redentor de los pecadores. Si el que nos libre del pecado tiene que ser nada menos que el Dios eterno, el Creador y Preservador de  todo lo que existe, entonces el pecado debe ser más execrable a los ojos de Dios de lo que generalmente se cree.

¿O es que queremos saber cuan sólido es el cimiento sobre que estriban las esperanzas del cristiano? Examinemos una y otra vez los cinco primeros versículos  del Evangelio de S. Juan, y reparemos que el Salvador en quien el creyente ha de confiar es nada menos que el Dios eterno, el Ser que puede salvar para  siempre a los que acudan al Padre mediante su intercesión. El Ser que estaba con Dios y era Dios, es también Emmanuel, o sea Dios con nosotros "El que  creyere en Jesucristo no será confundido" 1 Pedro 2.6

Puede que nos parezca extraño que Juan haga tanto hincapié en la manera que se creó el mundo; y puede que también nos lo parezca el que conecte tan definidamente a Jesús con la obra de la creación. Pero tenía que hacerlo a causa de ciertas tendencias que había en el pensamiento de su tiempo.

En los días de Juan había una herejía que se llamaba el gnosticismo. Su característica era que se trataba de un enfoque intelectual y filosófico al Cristianismo. A los gnósticos no les era suficiente con las creencias sencillas de cualquier cristiano corriente. Trataban de construir un sistema filosófico del Cristianismo. Tenían problemas con la existencia del pecado y el mal y el dolor y el sufrimiento del mundo, así que diseñaron una teoría para explicarlo. Esa teoría era como sigue.

En el principio existían dos realidades: la una era Dios, y la otra la materia. La materia había existido siempre, y fue la materia prima de la que se construyó el universo. Los gnósticos insistían en que esa materia era defectuosa e imperfecta. Podríamos decir que el mundo se inició mal desde el principio. Estaba hecho de unos materiales que ya contenían el germen de la corrupción.

Los gnósticos llegaban más lejos. Dios, decían, era espíritu puro, y como tal no podía tocar la materia, y menos aún una materia imperfecta. Por tanto, era imposible que Dios llevara a cabo la obra de la creación por Sí mismo. Lo que hizo fue producir una serie de emanaciones, cada una de las cuales estaba más lejos de Dios que las anteriores; y, cuanto más se alejaban de Dios, menos le conocían. Hacia la mitad de camino de la serie de emanaciones había una que no sabía nada en absoluto de Dios. A partir de ésa, las emanaciones empezaban a ser, no sólo ignorantes, sino hostiles a Dios. Por último había una emanación que estaba tan lejos de Dios que le ignoraba totalmente y le era totalmente hostil, y ésa fue el poder que creó el mundo; porque ya estaba tan lejos de Dios que podía tocar esta materia defectuosa y mala. El dios creador estaba totalmente distanciado y enemistado con el Dios real.

Los gnósticos dieron otro paso más: identificaron al dios creador con el Dios del Antiguo Testamento; y sostuvieron que el Dios del Antiguo Testamento era completamente distinto y distante del Dios y Padre de Jesucristo, del que era enemigo.

En los tiempos de Juan (como en la actualidad) se había extendido mucho esta clase de creencia. La gente creía que el mundo era malo, y que lo había creado un dios malo. Para combatir esta creencia, Juan establece aquí dos verdades cristianas básicas. De hecho, la relación de Jesús con la creación es algo que se repite en el Nuevo Testamento precisamente por este trasfondo intelectual que divorciaba a Dios y al mundo en que vivimos. En Col_1:16 , Pablo escribe: " Porque en Él fueron creadas todas las cosas, en el Cielo y en la Tierra... todas fueron creadas por Él y para Él.» En 1Co_8:6  escribe del Señor Jesucristo «por medio del Cual son todas las cosas.» El autor de Hebreos habla de Uno que era el Hijo, «por medio de Quien Dios hizo el universo» (1:2). Juan y los otros autores del Nuevo Testamento que escribieron estas cosas estaban subrayando dos grandes verdades.

(i) El Cristianismo siempre ha creído en lo que se llama la creación partiendo de la nada. No creemos que en Su creación del mundo Dios tuviera que usar una materia ajena y mala. No creemos que el mundo empezara ya con un defecto de fabricación, ni que tuviera su origen en Dios y en algo más. Nuestra fe es que detrás de todo está Dios, y sólo Él.

(ii) El Cristianismo siempre ha creído que este mundo es de Dios. Lejos de estar tan desconectado del mundo que no puede tener nada que ver con él, Dios está íntimamente comprometido con el mundo. Los gnósticos trataban de echarle la culpa al creador del mal que hay en el mundo. El Cristianismo cree que lo que no está como es debido en el mundo se debe al pecado humano. Pero, aunque el pecado ha causado destrozos en el mundo y le ha impedido llegar a ser lo que hubiera podido ser, no debemos nunca despreciar el mundo, porque es esencialmente de Dios. Si creemos esto, nos da un nuevo sentido del valor del mundo y de nuestra responsabilidad hacia él.

Se cuenta de una niña de los suburbios de una gran ciudad, que la llevaron a pasar un día en el campo. Cuando vio las margaritas en el bosque, preguntó: «¿Cree usted que a Dios le importará que coja unas pocas de Sus flores?» Este es el mundo de Dios; por eso, nada en él está fuera de su control; y por eso, debemos usar todas las cosas dándonos cuenta de que pertenecen a Dios. El cristiano no le hace de menos al mundo creyendo que el que lo hizo era un dios ignorante y hostil, sino que lo glorifica recordando que Dios está en todas partes, detrás de todo y en todo. Cree que el Cristo que recrea el mundo fue el colaborador de Dios cuando, el mundo fue creado al principio y que, en la obra de la redención, Dios está tratando de recuperar algo que fue siempre Suyo.


martes, 30 de marzo de 2021

VISIÓN AMPLIADA CON MAYOR CLARIDAD

 

 

Mat 16:13  Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?

Mat 16:14  Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.

Mat 16:15  El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Mat 16:16  Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Mat 16:17  Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Mat 16:18  Y yo también te digo, que tú eres Pedro,[a] y sobre esta roca[b] edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

Mat 16:19  Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

Mat 16:20  Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.

 

 Aquí tenemos el relato de otra vez que Jesús Se apartó de la gente. Su fin estaba muy próximo, y Jesús necesitaba todo el tiempo con que pudiera contar para estar a solas con Sus discípulos. Le quedaba mucho qué decirles y que enseñarles, aunque todavía ellos no parecían estar preparados para recibirlo o entenderlo.

Con ese fin Se retiró con ellos a la región de Cesarea de Filipo. Cesarea estaba a unos cuarenta kilómetros al Nordeste del Mar de Galilea. Estaba fuera del dominio de Herodes Antipas, que era el gobernador de Galilea, y dentro del área del tetrarca Felipe. La población era principalmente gentil, así es que Jesús podría tener allí paz para enseñar a los Doce.

 

Jesús se enfrentaba entonces con un problema supremo y perentorio. Le quedaba poco tiempo; Sus días en la carne estaban contados. El problema era: ¿Había alguien que Le hubiera entendido? ¿Alguien que Le hubiera reconocido como el Que era? ¿Había personas que, cuando Él ya no estuviera en la carne, pudieran continuar Su obra, y trabajar para Su Reino? No cabe la menor duda de que ese era un problema crucial, que implicaba la supervivencia de la fe cristiana. Si no había nadie que hubiera captado, ni siquiera intuido, la verdad, entonces toda Su obra se había perdido; si había algunos pocos que se daban cuenta de la verdad, Su obra estaba a salvo. Así es que Jesús decidió hacer la prueba en intensidad, y preguntarles a Sus seguidores quién creían que era Él.

Es del máximo interés dramático ver dónde escogió Jesús hacerles la pregunta clave. Puede que hubiera pocos lugares en Palestina que tuvieran más asociaciones religiosas que Cesarea de Filipo.

(i) Toda la zona estaba jalonada con templos del dios sirio Baal. Thomson, en La Tierra y el Libro, enumera no menos de catorce tales templos que había en los alrededores. Aquella era una zona cuya atmósfera era el aliento de la antigua religión, que estaba toda ella a la sombra de los dioses antiguos.

(ii) Pero no eran los dioses de Siria los únicos que se adoraban allí. En las proximidades de Cesarea de Filipo se erguía una gran colina en la que había una profunda caverna que se decía que había sido el lugar de nacimiento del gran dios Pan, el dios de la naturaleza. Hasta tal punto estaba identificada Cesarea de Filipo con ese dios que su nombre original había sido Paneas, y hasta hoy en día se la conoce como Bániyás. Las leyendas de los dioses de Grecia se concentraban en torno a Cesarea de Filipo.

(iii) Además, esa cueva se decía que era donde nacía el río Jordán. Josefo escribió: «Hay una cueva muy hermosa en la montaña bajo la cual hay una gran cavidad en la tierra; y la caverna es abrupta, y prodigiosamente honda, y llena de agua en calma. Sobre ella se eleva una gran montaña, y por debajo de la caverna surge el río Jordán.» La sola idea de que ese era el nacimiento del río Jordán haría que rezumara todas las memorias de la historia de Israel. La antigua fe del judaísmo estaría en el aire para cualquier judío devoto y piadoso.

(iv) Pero había allí algo más. En Cesarea de Filipo había un gran templo de mármol blanco dedicado a la divinidad del césar. Lo había construido Herodes el Grande. Josefo dice: "Herodes decoró el lugar, que ya era sobresaliente, aún más con la edificación de este templo dedicado a César.» En otro lugar, Josefo describe la cueva y el templo: «Y cuando César le concedió a Herodes otro país más, construyó también allí un templo de mármol blanco, cerca de las fuentes del Jordán. El lugar se llama Panium, donde hay una montaña de altura inmensa, en cuya ladera, por debajo de ella o en su base, se abre una cueva oscura; allí hay un horrible precipicio que se proyecta abruptamente a una gran profundidad. Contiene una inmensa cantidad de agua estable; y cuando se hace bajar algo para medir a qué profundidad está el fondo, no se puede alcanzar este.» Más tarde Felipe, el hijo de Herodes, hermoseó y enriqueció aún más el templo, cambiándole el nombre al lugar por el de Cesarea -es decir, la Ciudad de César-, y añadiéndole su propio nombre Philippi, que quiere decir de Felipe-, para distinguirla de la Cesarea que está en la costa del Mediterráneo. Aún más tarde, Herodes Agripa había de llamar al lugar Neroneas, en honor del emperador Nerón. Cuando se miraba Cesarea, aun desde una distancia considerable, se veía la mole de mármol reluciente y se pensaba en el poder y en la divinidad de Roma.

Este fue el dramático escenario. En él se encuentra un Carpintero galileo sin dinero y sin hogar, con doce hombres corrientes a Su alrededor. Ya entonces, los judíos ortodoxos están programando y conspirando para destruirle como hereje peligroso. Se encuentra en un área jalonada de templos de dioses sirios, en un lugar bajo la sombra de los dioses griegos, en el que también se daba cita toda la historia de Israel, en el que el esplendor de mármol blanco de la sede del culto al césar dominaba el paisaje y sojuzgaba la vista. Y allí, tenía que ser precisamente allí, ese extraordinario Carpintero se dirige a los otros hombres y les pregunta quién creen que es Él, esperando la respuesta: «¡El Hijo de Dios!» Es como si Jesús Se colocara contra el trasfondo de las religiones del mundo con toda su historia y esplendor, y demandara que se Le comparara con ellas y recibir un veredicto a Su favor. Habrá pocas escenas en las que brille con luz más deslumbradora la conciencia que Jesús tenía de Su propia divinidad.

 

Así es que en Cesarea de Filipo Jesús decidió demandar el veredicto de Sus discípulos. Tenía que saber, antes de ponerse en camino a Jerusalén y a la Cruz, si alguien había captado, aunque fuera ligeramente, Quién y qué era él. No hizo la pregunta directamente; la fue delineando. Empezó por preguntar lo que la gente decía de Él y por quién Le tomaban.

(i) Algunos decían que era Juan el Bautista. Herodes Antipas no era el único que creía que Juan el Bautista era una figura tan extraordinaria que bien podía haber vuelto a la vida.

(ii) Otros decían que era Elías. De esa manera estaban diciendo dos cosas acerca de Jesús: Que era tan grande como el mayor de los profetas, porque consideraban a Elías la cima y el príncipe de la línea profética; y también que Jesús era el precursor del Mesías. Según Malaquías, Dios había prometido: "Yo os envío al profeta Elías antes que venga el día grande y terrible del Señor» (Mal_4:5 ). Hasta hoy día los judíos siguen esperando la vuelta de Elías antes de la venida del Mesías, y dejan una silla vacante para él cuando celebran la Pascua. Así es que algunos veían en Jesús al heraldo del Mesías y el precursor de la directa intervención de Dios.

(iii) Otros decían que Jesús era Jeremías. El profeta Jeremías ocupaba un lugar importante y curioso en: las expectaciones del pueblo de Israel. Se creía que, antes de que el pueblo fuera al exilio, Jeremías había tomado el arca y el altar del incienso del templo y los había escondido en una cueva solitaria del monte Nebo; y que, antes que viniera el Mesías, volvería a recuperarlos, para que volviera a brillar l gloria de Dios sobre Su pueblo otra vez (2 Macabeos 2:1-12),1 En 2 Ezr_2:17  se presenta otra promesa de Dios: "En tu ayuda mandaré a mis siervos Isaías y Jeremías.»

Hay una extraña leyenda de los días de las guerras de los  Macabeos. Antes de la batalla con Nicanor, en la que el general judío fue el gran Judas Macabeo, Onías, el hombre bueno que -había sido sumo sacerdote, tuvo una visión cuando estaba orando por la victoria: «Hecho esto, se le apareció la semblanza de un hombre de pelo blanco y sumamente glorioso, de excelente y extraordinaria majestad. Entonces Onías se dijo: "Este es uno que ama a los hermanos, que ora mucho por el pueblo y por la santa ciudad, es decir, Jeremías, el profeta de Dios." A lo cual Jeremías, tendiéndole la mano, le dio a Judas una espada de oro, y al dársela le dijo: "Toma esta espada santa, un don de Dios, con la que herirás a los enemigos de Mi pueblo Israel"» (2 Macabeos 15:1-14). Jeremías había de ser también el precursor de la venida del Mesías, y el ayudador del pueblo de Israel en tiempos de angustia.

Cuando la gente identificaba a Jesús con Elías y con Jeremías, según la luz que habían recibido, estaban haciéndole un gran elogio y colocándole en un nivel muy alto, porque Jeremías y Elías eran nada menos que los esperados precursores del Ungido de Dios. Cuando ellos se presentaran, el Reino de Dios había de estar ya muy cerca.

Cuando Jesús oyó los veredictos de la multitud, les dirigió a Sus discípulos la preguntó:-más importante: "Y vosotros, quién decís que soy?» Puede que se produjera un instante de silencio, mientras pasaban por las mentes de los discípulos pensamientos que casi les daba miedo expresar en palabras; y entonces Pedro hizo el gran descubrimiento y la gran confesión; y Jesús supo que Su obra estaba a salvo, porque había por lo menos uno que comprendía.

Es interesante comprobar que cada uno de los evangelios sinópticos nos da su versión particular del dicho de Pedro. Mateo dice: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.» Marcos es el más breve: "Tú eres el Cristo» (Mar_8:29 ). Y Lucas, el más claro: "Tú eres el Cristo de Dios» Luc_9:20 ).

Jesús sabía entonces que había por lo menos alguien que Le había reconocido como el Mesías, el Ungido de Dios, el Hijo del Dios viviente. Las palabras Mesías, en hebreo, y Cristo, en griego, quieren decir lo mismo, Ungido. Los reyes empezaban a reinar cuando eran ungidos, como aún sucede en muchos países. El Mesías, el Cristo, el Ungido, es el Rey de Dios sobre la humanidad.

En este pasaje hay dos grandes verdades:

(i) En esencia, el descubrimiento de Pedro fue que las categorías humanas, hasta las más elevadas, son inadecuadas para describir a Jesucristo. Cuando la gente describía a Jesús como Elías o Jeremías u otro profeta creían que estaban colocándole en la más alta categoría que existe. Los judíos creían que hacía cuatrocientos años que la voz de la profecía estaba callada; pero que en Jesús se había vuelto a escuchar la voz directa y auténtica de Dios. Estos eran grandes elogios; pero no bastaban para contener toda la verdad, porque no hay categorías humanas que sean adecuadas para describir a Jesucristo.

Una vez Napoleón dio su veredicto acerca de Jesús: «Yo conozco a los hombres, y Jesucristo es más que un hombre.» Sin duda Pedro no sabía exponer teológicamente ni expresar filosóficamente lo que quería decir cuando dijo que Jesús era el Hijo del Dios viviente; de lo único que Pedro estaba completamente seguro era que ninguna descripción puramente humana era adecuada para aplicarse a Jesús.

(ii) Este pasaje enseña que el descubrimiento de Jesucristo tiene que ser un descubrimiento personal. La pregunta de Jesús fue: «Vosotros, ¿qué pensáis vosotros de Mí?» Cuando Pilato le preguntó a Jesús si era el rey de los judíos, Jesús le contestó: " ¿Dices eso por ti mismo, o te lo han dicho otros de Mí?» (Jn_18:33  s).

Nuestro conocimiento de Jesús no debe ser de segunda mano. Puede que uno sepa todo lo que se ha dicho acerca de Jesús, que conozca todas las cristologías que se han enseñado y que sea capaz de hacer un resumen de lo que han dicho los grandes teólogos acerca de Jesús... y, sin embargo, no ser cristiano. El Cristianismo no consiste en saber acerca de Jesús, sino en conocer a Jesús. Jesucristo demanda un veredicto personal. No solo a Pedro, sino igualmente a cada uno de nosotros: «Tú, ¿qué piensas tú de Mí? »

Este pasaje Mateo 16; 18-19 es uno de los centros neurálgicos de la interpretación del Nuevo Testamento. Desde la Reforma, siempre ha sido difícil enfrentarse con él tranquilamente y sin prejuicios, porque para la Iglesia Católica Romana es la base de su posición acerca del Papa y de la Iglesia. La Iglesia Católica Romana interpreta que se le dieron a Pedro las llaves para admitir o excluir a las personas del Cielo, y para absolver o no a las personas de sus pecados. Además, la Iglesia Católica Romana deduce que Pedro, con este tremendo derecho, llegó a ser el obispo de Roma; y que este poder se transmitió a todos los obispos de Roma, y que está personificado hoy en el Papa, que es el cabeza de la Iglesia y el obispo de Roma.

Es fácil comprender que tal doctrina es inaceptable para un creyente protestante; y también que, tanto protestantes como católicos Romanos, se acercan a este pasaje, no tanto con un deseo sincero de descubrir su significado, sino con la firme voluntad de no ceder nada de su propia posición; sino, si les es posible, destruir la posición del otro. Hagamos un esfuerzo sincera y honradamente para descubrir el verdadero sentido de este pasaje.

Aquí hay un juego de palabras. En griego Pedro es Petros, y una roca es petra. La forma aramea del nombre de Pedro era Kefa, que significa en arameo una roca. En las dos lenguas hay aquí un juego de palabras. Pedro es la palabra griega “petros”, un NOMBRE MASCULINO. Se relaciona con una pequeña roca que se desprende de otra mayor. ¡En gran parte de su vida fue simplemente una “roca”!

- “…esta piedra” Es la palabra griega “petra”, un NOMBRE FEMENINO. Se refiere a la roca base. Ambas palabras (petros y petra) no pueden relacionarse gramaticalmente por su GÉNERO. Los discípulo no lo entendieron como la

superioridad de Pedro, ya que seguían argumentando quién era el mayor (Mt 18:1, 18; Juan 20:21). Los términos se relacionan mínimamente en griego. Es obvio que aquí hay un juego de ideas entre la fe de Pedro y la de los apóstoles. Sin embargo, en el arameo sólo existe un vocablo “kepha” (Cefas, Juan 1:42; 1ra. de Corintios 1:12; 3:22; 9:5; 15:5) que equivale a “roca” en los vocablos griegos. Jesús habló arameo, peo Sus discursos fueron narrados por escritores griegos inspirados; por tanto, debemos analizarlo como un texto griego, no como una afirmación aramea. En cuanto Pedro hizo su gran descubrimiento y su confesión, Jesús le dijo: «Tú eres petros, y sobre esta petra edificaré Mi Iglesia.»

En primer lugar, esto era un elogio tremendo. Es una metáfora en nada extraña ni inusual al pensamiento judío.

Los rabinos le aplicaban la palabra roca a Abraham. Tenían el siguiente dicho: «Cuando el Dios Santo vio que Abraham iba a levantarse, le dijo: "Mira, he descubierto una roca (petra) para edificar el mundo encima." Por tanto, Dios llamó a Abraham roca (tsúr), como está escrito: "Mirad a la roca de la que fuisteis cortados, al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados"» (Isaías 51:1). Abraham era la roca en la que se fundaban la nación y el propósito de Dios.

Pero con mucha más frecuencia se le aplica la palabra roca (tsúr) a Dios mismo. "Él es la Roca, Cuya obra es perfecta» (Deu_32:4 ). «Porque la roca de ellos no es como nuestra Roca» (Deu_32:31 ). "No hay roca como nuestro Dios» (1Sa_2:2 ; R-V.- «refugio»). "El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi libertador» (2Sa_2:22 ). La misma frase aparece en Salm_18:2 . «¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios?» (Salm_18:31 ). La misma frase está en 2Sa_22:32 .

Una cosa está clara. El llamar a alguien roca era el más grande de los elogios; y ningún judío que conociera el Antiguo Testamento podía usar nunca la frase sin que su pensamiento se volviera hacia Dios, Que era la única Roca de su defensa y salvación. Entonces, ¿qué quiso decir Jesús cuando usó la palabra roca en este pasaje?  Por lo menos cuatro contestaciones se han propuesto a esta pregunta.

(i) Agustín tomó que la roca se refería a Jesús mismo. Es como si Jesús dijera: " Tu eres Pedro; y en Mí mismo como la Roca fundaré Mi Iglesia; y llegará el día en que, como recompensa por tu fe, serás grande en la Iglesia.»

(ii) La segunda explicación es que la roca es la verdad de que Jesucristo es el Hijo del Dios viviente. A Pedro le había sido revelada divinamente esa gran verdad. El hecho de que Jesucristo es el Hijo de Dios es sin duda la piedra fundamental de la fe de la Iglesia; pero esta interpretación apenas saca a luz el juego de palabras que hay aquí.

(iii) La tercera explicación es que la roca es la fe de Pedro. En la fe de Pedro está fundada la Iglesia. Su fe fue la chispa que inflamó la fe de la Iglesia Universal. Fue el impulso inicial que habría de llamar a la existencia un día a la Iglesia Universal.

(iv) La última interpretación es la mejor. Es que Pedro mismo es la roca, pero en un .sentido especial. No es la roca en que se funda la Iglesia; esa Roca es Dios. Pedro es la primera piedra de toda la Iglesia. Pedro fue la primera persona que descubrió Quién era Jesús; la primera persona que dio el salto de la fe y vio en Jesús al Hijo del Dios viviente. En otras palabras: Pedro fue el primer miembro de la Iglesia y, en ese sentido, toda la Iglesia se construyó sobre él. Es como si Jesús le dijera a Pedro: " Pedro, tú eres la primera persona que ha comprendido Quién soy Yo; por tanto, tú eres la primera piedra, la piedra fundamental, el verdadero principio de la Iglesia que Yo estoy fundando.» Y a partir de entonces, todos los que hacen el mismo descubrimiento que Pedro son piedras vivas añadidas al edificio de la Iglesia de Cristo.

 

Hay dos cosas que nos ayudarán a clarificar la idea.

(i) A menudo la Biblia usa imágenes para poner algo en claro. No hay que fijarse mucho en los detalles de la imagen; solo hay una enseñanza principal. En relación con la Iglesia, el Nuevo Testamento usa repetidas veces la imagen del edificio, pero la usa en muchos sentidos y desde muchos puntos de vista. Aquí Pedro es la piedra fundamental, en el sentido de que él es la primera persona sobre la que se ha seguido construyendo toda la Iglesia, porque él fue la primera persona que descubrió Quién era Jesús. En Efs_2:20 , los profetas y los apóstoles se dice que son el fundamento de la Iglesia. Fue sobre su trabajo, testimonio, fidelidad, sobre lo que depende, humanamente hablando, la Iglesia de la Tierra. En ese mismo pasaje, se dice que Jesucristo es la principal piedra angular; Él es la fuerza que mantiene unida a la Iglesia. Sin él, todo el edificio se desintegraría y derrumbaría. En 1Pe_2:4-8 , todos los cristianos somos piedras vivas que se van usando en la edificación de la fábrica de la Iglesia. En 1Co_3:11 , Jesús es el único fundamento, y nadie puede poner otro. Está claro que los autores del Nuevo Testamento tomaron la imagen del edificio, y la usaron de muchas maneras. Pero detrás de todas ellas está siempre la idea de que Jesucristo es el verdadero cimiento de la Iglesia, y el único poder que la mantiene unida. Cuando Jesús le dijo a Pedro que edificaría Su Iglesia sobre él, no quiso decir que la Iglesia dependiera de Pedro, porque depende del mismo Jesucristo y de Dios como su Roca. Lo que sí quiso decir era que la Iglesia empezó con Pedro; en ese sentido Pedro es la piedra fundamental de la Iglesia, y ese es un honor que nadie le puede quitar. (Piedra fundamental: La primera que se pone en los edificios. D R.A E.).

(ii) El segundo punto es que la misma palabra Iglesia (ekklésía) en este pasaje nos despista un poco. Propendemos a pensar en la Iglesia como una institución y una organización con edificios y oficinas, cultos y reuniones, y organizaciones y toda clase de actividades. La palabra que usaría Jesús probablemente sería qahal, que es la se usa en el Antiguo Testamento para la congregación de Israel, la asamblea de todo el pueblo del Señor. Lo que Jesús le dijo a Pedro fue: «Pedro, tú eres el principio del Nuevo Israel, el nuevo pueblo del Señor, la nueva compañía de todos los que creen en Mi nombre.» Pedro fue el primero de la congregación de los creyentes en Cristo. No fue una iglesia en el sentido corriente, y menos en el de una denominación, lo que empezó con Pedro, sino la comunión de todos los creyentes en Jesucristo, que no se identifica con ninguna iglesia, ni se limita a ninguna iglesia, sino que abarca a todos los que aman al Señor.

Así que podemos decir que la primera parte de este pasaje controvertido quiere decir que Pedro es la piedra fundamental de la Iglesia en el sentido de que él fue el primero de esa gran compañía que confiesa gozosamente su descubrimiento de que Jesucristo es el Señor; pero que, en última instancia, es Dios mismo la Roca sobre la que está edificada la Iglesia.

Jesús prosigue diciendo que las puertas del Hades no prevalecerán contra Su Iglesia. ¿Qué quiere decir esto? La idea de puertas que prevalecen no es precisamente una figura corriente o fácil de entender. De nuevo nos encontramos con más de una posible explicación.

(i) Puede que se trate de la figura de una fortaleza. Esta sugerencia puede que encuentre apoyo en el hecho de que en la cima de la montaña que dominaba Cesarea de Filipo se encuentran hoy las ruinas de un gran castillo que puede que se irguiera allí en toda su gloria en tiempos de Jesús. Puede que Jesús estuviera pensando en su Iglesia como una fortaleza, y en las fuerzas del mal como una fortaleza contraria; y que lo que quisiera decir fuera que el poder del mal nunca prevalecería contra la Iglesia.

 

(ii) Richard Glover presenta una explicación interesante. En el Oriente antiguo, la puerta era tradicionalmente el lugar en que los ancianos y los gobernantes se reunían para dirimir las causas y dictar justicia, especialmente en los pueblos pequeños y en las aldeas. Por ejemplo: la Ley establecía que, si un hombre tenía un hijo rebelde y desobediente, que le trajera «ante los ancianos de su ciudad, a la puerta del lugar donde viva» (Deu_21:19 ), y allí se haría juicio, se dictaría la sentencia. En Deu_25:7 , se dice que, cuando un hombre se niega a cumplir la ley del levirato, «irá entonces su cuñada a la puerta donde están los ancianos.» La puerta era el lugar donde se reunían los ancianos para hacer justicia. Según esto, la puerta puede haber llegado a significar la sede del gobierno. Durante mucho tiempo, por ejemplo, el gobierno de Turquía se llamaba La sublime porte (porte es la palabra francesa para puerta). Así que esta frase podría querer decir: Los poderes, el gobierno del Hades, no prevalecerán nunca contra la Iglesia.

(iii) Existe una tercera posibilidad. Supongamos que volvemos a la idea de la Roca en la que está fundada la Iglesia, y que Jesús es el Hijo del Dios viviente. Ahora bien, el Hades no era el lugar de castigo de los condenados, sino donde, según las creencias judías primitivas, se encontraban todos los muertos. Obviamente, la función de las puertas es mantener algo dentro, confinarlo, encerrarlo, controlarlo. Hubo una Persona Que las puertas del Hades no pudieron retener, y fue Jesucristo. Él rompió las ligaduras de la muerte. Como el autor de Hechos dice: «Era imposible que fuera retenido por la muerte... No dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que Tu Santo vea corrupción» (Hch_2:24; -27 ). Así que esta puede ser una referencia triunfal a la próxima Resurrección. Jesús puede que estuviera diciendo: "Tú has descubierto, Pedro, que Yo soy el Hijo del Dios viviente. Pronto llegará el momento en que Yo sea crucificado, y las puertas del Hades se cerrarán tras Mí. Pero no podrán retenerme; las puertas del Hades no tienen poder contra Mí, el Hijo del Dios viviente.»

Como quiera que tomemos esta frase, expresa triunfalmente la indestructibilidad de Cristo y de Su Iglesia.

 

Ahora llegamos a dos frases en las que Jesús describe algunos privilegios que se le concedieron a Pedro y algunas obligaciones que se le impusieron.

(i) Dice que Él, Jesús, le dará a Pedro las llaves del Reino. Esta es una frase indiscutiblemente difícil; haremos bien en empezar por establecer las cosas de que podemos estar seguros acerca de ella.

(a) Esta frase siempre significa alguna especie de poder especial. Por ejemplo, los rabinos tenían un dicho: " Las llaves del nacimiento, de la lluvia y de la resurrección de los muertos pertenecen a Dios.» Es decir: sólo Dios tiene poder para crear la vida, para enviar la lluvia y para hacer que los muertos vuelvan otra vez a la vida.  

(b) En el Nuevo Testamento esta frase se refiere regularmente a Jesús. Es en Sus manos, y no en las de ningún otro, donde están las llaves. En Apoc_1:18 , el Cristo Resucitado dice: " Yo soy el Viviente. Estuve muerto, pero vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.» De nuevo, en Apocalipsis 3: 7, el Cristo Resucitado se describe como " el Santo, el Verdadero, el Que tiene la llave de David, el Que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre.» Hay que interpretar esta frase en referencia a un derecho divino; y cualquiera que fuera la promesa que recibió Pedro, no se puede tomar como, la anulación, o la infracción, de un derecho que solo pertenece a Dios y al Hijo de Dios.

(c) Todas estos usos y figuras del Nuevo Testamento se remontan a una alegoría que se encuentra en Isa_22:22 , en la que el Señor dice que Eliaquim llevará al hombro la llave de la casa de David, y será el único que la cierre y abra.

Ahora bien: Eliaquim había de ser el mayordomo fiel de la casa. Es el mayordomo el que lleva las llaves de la casa, el que abre la puerta por la mañana, y la cierra por la tarde, y es el que introduce a los visitantes a la presencia real. Así que lo que Jesús le está diciendo a Pedro es que, en -días por venir, él será el mayordomo del Reino. Y en el caso de Pedro, su misión consistiría en abrir, no en cerrar la puerta del Cielo.

Eso se cumplió sin dejar lugar a dudas. En Pentecostés, Pedro abrió la puerta a tres mil almas (Hch_2:41 ). Más tarde le abrió la puerta al centurión gentil Cornelio, con lo cual hizo que la puerta girara sobre sus goznes para admitir al gran mundo gentil (Hechos 10). Hechos 15 nos cuenta cómo se abrió la puerta de par en par al mundo gentil en el Concilio de Jerusalén, y que fue el testimonio de Pedro lo que hizo posible aquella decisión emblemática (Hch_15:14 ; Simeón es Pedro). La promesa de que Pedro usaría las llaves del Reino quería decir que él sería el encargado de abrir la puerta de Dios a miles y miles de personas en los días por venir. Pero en este sentido no es solamente Pedro el que tiene las llaves del Reino; cualquier cristiano las puede usar también para abrirle la puerta del Reino a otras personas, entrando así a participar de la gran promesa de Cristo.

(ii) Jesús le prometió a Pedro además que lo que él atara, quedaría atado, y lo que él desatara, quedaría desatado. Richard Glover toma esto en el sentido de que Pedro expondría los pecados humanos, los ataría, a las conciencias de las personas, y que luego las desataría de sus pecados notificándoles el amor y el perdón de Dios. Ese es un pensamiento precioso, y sin duda cierto, porque tal es el deber de todo predicador y maestro cristiano; pero aquí hay todavía más que eso.

Desatar y atar eran palabras que se usaban corrientemente con sentido figurado entre los judíos. Se referían frecuentemente a las decisiones de los grandes maestros y de los grandes rabinos. El sentido corriente que cualquier judío reconocería era permitir y prohibir. Atar algo era declararlo prohibido; desatar era declararlo permitido. Eran expresiones corrientes en relación con la ley. Era de hecho lo único que podían querer decir en ese contexto. Así que lo que Jesús le estaba diciendo a Pedro era: «Pedro, vas a tener responsabilidades graves y pesadas sobre ti. Vas a tener que hacer decisiones que afectarán al bienestar de toda la Iglesia. Serás el guía y el director de la joven Iglesia. Y las decisiones que harás serán tan importantes que afectarán a las almas de las personas en el tiempo y en la eternidad.»

El privilegio de las llaves quería decir que Pedro sería el mayordomo de la casa de Dios, abriéndoles la puerta a las personas para que entraran en el Reino. El deber de atar y desatar quería decir que Pedro tendría que hacer decisiones sobre la vida y la práctica de la Iglesia que tendrían las consecuencias más amplias. Y por supuesto, cuando leemos los primeros capítulos de Hechos, vemos que eso fue precisamente lo que tuvo que hacer Pedro en Jerusalén.

Si parafraseamos este pasaje que ha causado tantas discusiones y controversias vemos que trata, no de formas eclesiásticas, sino de cosas que corresponden a la Salvación. Jesús le dijo a Pedro: «Pedro, tu nombre quiere decir roca, y tu destino será ser una roca. Eres la primera persona que Me ha reconocido como el Que soy, y por tanto eres la primera piedra del edificio de la comunión de los Míos. Contra esa comunión, las aguerridas fuerzas del mal no podrán prevalecer, como tampoco Me podrán mantener cautivo en el reino de la muerte. Y en días por venir serás el mayordomo que abrirá las puertas del Reino para que entren los judíos y los gentiles; pero debes ser un sabio administrador y guía que resuelva los problemas y dirija la obra de la Iglesia naciente y creciente.»