lunes, 12 de abril de 2021

LA GLORIA DE JESUCRISTO


Mar 9:1  También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder.

Mar 9:2  Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos.

Mar 9:3  Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.

Mar 9:4  Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús.

Mar 9:5  Entonces Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.

Mar 9:6  Porque no sabía lo que hablaba, pues estaban espantados.

Mar 9:7  Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd.

Mar 9:8  Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo.

Mar 9:9  Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos.

Mar 9:10  Y guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué sería aquello de resucitar de los muertos.

Mar 9:11  Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

Mar 9:12  Respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas; ¿y cómo está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada?

Mar 9:13  Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él

 

 No debe perderse de vista el enlace de este pasaje con el fin del último capítulo. Nuestro Señor había estado hablando de su próxima muerte y pasión, de la  necesidad de abnegación en los que quisieran ser sus discípulos, de la precisión de perder nuestras vidas si es que deseamos salvarlas; pero seguidamente pasa  á hablar de su reino futuro y de su gloria. Suaviza la "dureza de sus palabras," prometiendo la contemplación de esa gloria a algunos de los que lo escuchaban;  y en la historia de la transfiguración, que en este lugar se relata, vemos esa promesa cumplida.

Lo primero que debe fijar nuestra atención en estos versículos es la maravillosa visión que contienen de la gloria, que Cristo y su pueblo obtendrán en su  segunda venida.

No hay duda que este fue uno de los principales objetos de la transfiguración. Se propuso con ella enseñar á sus discípulos, quo aunque su Señor era ahora de  apariencia pobre y humilde, aparecería un día con la majestad real que convenía al Hijo de Dios. Se propuso con ella enseñarles que cuando su Maestro  viniera por segunda vez, sus santos, como Moisés y Elías, aparecerían con El. Fue su objeto recordarles que aunque vilipendiados y perseguidos ahora, porque  seguían a Cristo, día llegaría en que se verían revestidos de honor, y participando de la gloria de su Maestro.

Razón tenemos de dar gracias á Dios por esta visión. Nos vemos a menudo tentados a abandonar el servicio de Cristo por causa de la cruz y de las aflicciones  que trae consigo. Vemos a pocos con nosotros, y a muchos en contra nuestra; nuestros nombres despreciados como algo malo, y toda clase de calumnias  dirigidas contra nosotros, tan solo porque creemos y amamos el Evangelio. Vemos en el transcurso de los años a nuestros compañeros en el servicio de Cristo  arrebatados por la muerte, y respecto a ellos no sabemos sino que han partido para un mundo desconocido y que hemos quedado solos. Todas estas cosas son  pruebas muy duras para la carne y la sangre. No es de admirarse que la fe de los creyentes desfallezca algunas veces, y que su vista se oscurezca sin descubrir  un vestigio de esperanza.

Veamos en la historia de la transfiguración un remedio para esas dudas. La visión en el santo monte es una prenda que Dios graciosamente ha querido darnos  de las glorias que tiene reservadas a su pueblo. Sus santos vendrán todos con El, y permanecen seguros y resguardados hasta ese día feliz. Podemos esperar  pacientemente. "Cuando Cristo, que es nuestra vida, aparezca, vosotros también apareceréis entonces con El." Colos. 3:4.

Lo que debe, en segundo lugar, fijar nuestra atención en este pasaje, es la fuerza con que se expresó el apóstol Pedro, al ver a su Señor transfigurado.

"Maestro," le dijo, "que bueno es para nosotros estar aquí...

No hay duda que hay mucho en esas palabras que no puede recomendarse. Muestran la ignorancia en que estaba del verdadero objeto de la venida de Jesús á  la tierra, que era sufrir y morir. Muestran que se olvidaba de aquellos hermanos suyos que no estaban con él, así como del mundo aun cubierto de tinieblas y  que tanto necesitaba de la presencia del Maestro. Sobre todo, la proposición que hizo al mismo tiempo de " edificar tres tabernáculos," para Moisés, Elías y  Cristo, mostraba la opinión tan elevada que tenia de la dignidad de su Maestro, pero implicaba que no sabía que allí estaba uno que era, más grande que  Moisés y Elías. Bajo todos estos respectos la exclamación del apóstol es de criticarse y no alabarse.

Pero habiendo hecho estas salvedades, no dejemos de notar la alegría y la felicidad que esta visión gloriosa despertó en el corazón ardiente del discípulo.

Veamos en su fervorosa exclamación, " Que bueno es estar aquí," el consuelo y el refrigerio que la contemplación de la gloria puede proporcionar a un  creyente verdadero. Fijemos la vista en el porvenir, y procuremos formarnos una idea del placer que los santos experimentarán, cuando al fin se reúnan con el  Señor Jesús en su segunda venida, y se unan a Él para no volverse a separar. Una visión de pocos minutos fue suficiente para mover y encender el corazón,

El espectáculo de dos santos en la gloria lo vivificaba y regocijaba de tal manera, que hubiera querido continuar gozándolo. ¿Qué diremos pues cuando  veamos a nuestro Señor aparecer e en el último día con 'todos sus santos? ¿Qué diremos cuando se nos permita a todos nosotros ser partícipes de su gloria,  reunimos a esa turba feliz, y tener la convicción de que nunca más nos apartaremos del gozo de nuestro Señor? Estas son preguntas que no pueden contestarse.

La felicidad que sentiremos ese gran día en que todos nos reuniremos es tal, que no puede concebirse. Los sentimientos de que tuvo Pedro una ligera idea  anticipada, los experimentaremos entonces por completo. Cuando veamos a Cristo y a sus santos, entonces diremos todos con un corazón y con una voz, "Que  bueno es estar aquí...

Lo que debe finalmente fijar nuestra atención en este pasaje es el testimonio que en él se da al oficio y a la dignidad de Cristo, como el Mesías prometido.

Descubrimos ese testimonio primeramente en la aparición de Moisés y de Elías, representantes de la ley y de los profetas. Se presentaron como testigos de que  Jesús es Aquel de quien se habló en los tiempos antiguos, y de quien escribieron que debía venir. Desaparecieron pocos minutos después, y dejaron solo a  Jesús, como si con ello quisieran probar que no eran sino testigos, y que habiendo venido nuestro Maestro, los siervos debían cederle el principal lugar.

Vemos ese testimonio, en segundo lugar, en la voz milagrosa que del cielo se oyó, y que decía, "Este es mi amado Hijo; escuchadle. La misma voz de Dios  Padre, que se oyó en el bautismo de nuestro Señor, se volvió a oír en su transfiguración. En ambas ocasiones tuvo lugar la misma declaración solemne, "Este  es mi Hijo amado." En esta última ocasión, hubo una adición de una palabra muy importante, "Escuchadle...

Los incidentes todos que tuvieron lugar al fin de la visión fueron muy apropiados para producir una impresión duradera en el espíritu de los tres discípulos.

Les mostraron de la manera más vivida, que su Señor estaba muy por encima de ellos y de los profetas, como el amo de la casa lo está sobre sus siervos; y que  debían en todo creerlo, seguirlo, obedecerlo, confiar en Él y escucharlo.

Finalmente, las últimas palabras de la voz que se oyó del cielo deben estar siempre presentes a la memoria de todos los  cristianos verdaderos. Debemos " oír a Cristo." Es el gran Maestro; los que deseamos ser sabios debemos aprender de Él. Es la luz  del mundo; los que deseamos no equivocarnos debemos seguirlo. Es la Cabeza de la Iglesia; los que deseamos ser miembros vivos de  su cuerpo místico debemos siempre tener la vista fija en EL La gran cuestión que a todos nos interesa más no es tanto  averiguar lo que los hombres dicen, o los ministros, lo que la iglesia, o los concilios dicen, sino lo que Cristo dice.

Escuchémoslo. Moremos en ÉL Apoyémonos en Él. Fijemos nuestros ojos en Él. El y solo Él no nos faltará nunca, nunca  nos chasqueará, nunca nos extraviará. Felices los que sabemos de una manera práctica lo que significa este texto, "Mis ovejas  escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen; y Yo les doy la vida eterna; y nunca perecerán, ni ningún hombre  las arrebatará de mis manos." Juan 10;27-28

sábado, 10 de abril de 2021

LA ANSIEDAD PROHIBIDA, NO LA PREVISIÓN CRISTIANA


 

Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

S. Mateo 6; 34.

 

       Supongo que ningún pasaje de la Sagrada Escritura ha causado una perplejidad más real o más generalizada que esta. Aquí tenemos un precepto que debe mezclarse con toda la corriente de nuestra vida, debe afectar los pensamientos y las acciones de cada día y cada hora. Y, sin embargo, parece presentarnos un ideal de vida que es absolutamente inalcanzable; y que, si fuera posible, sería destructivo para la sociedad humana. Porque parece decirnos que en los asuntos de este mundo deberíamos ser indiferentes, imprudentes; que, si queremos vivir correctamente, debemos vivir juntos por el momento; que es culpable mirar hacia el futuro, culpable de prever la enfermedad y la vejez, culpable de dejar a la esposa y la familia.

 

No estoy planteando una dificultad imaginaria. Hablo de lo que sé, de lo que he experimentado a lo largo de mis 60 años. Me he encontrado con casos en los que un creyente sincero ha quedado profundamente perplejo por este precepto, tal como lo ha entendido. Ha atravesado su camino de vida, como un reproche constante para él. También he conocido casos en los que el incrédulo lo ha alegado, y (me siento obligado a decirlo) lo ha alegado con toda sinceridad, como un argumento triunfante contra la perfecta moralidad de las enseñanzas del Señor. Lo ha condenado por contradecir la mejor experiencia de los hombres, por estar en conflicto con los primeros principios de la economía política, por fatal para la civilización y subversivo de la sociedad. Y sabiendo esto, como ocurre en el pasaje del Evangelio, no pensé que podría ocupar mejor su atención en este día   que investigando su verdadero significado e importancia.

 

Ahora bien, si el pasaje significara lo que se suponía que significaba, entonces se encontraría que los extremos en la escala de creencias religiosas se encontraron de una manera inesperada. La imprudencia del epicúreo iría acompañada de la imprudencia del cristiano. 'Comamos y bebamos, que mañana moriremos' es el lema del uno; 'Descarta todo pensamiento del mañana; porque el mañana se cuidará solo, sería el eco del otro.

 

Si eso significaba, entonces todas esas medidas para prevenir y aliviar la miseria humana, que han atraído la atención del estadista, el filántropo y el párroco-clérigo, se basan en un principio absolutamente vicioso. Cajas de ahorros y sociedades de previsión y fondos de jubilación y compañías de seguros: ¿qué son todas estas sino medidas directas y deliberadas de previsión para el mañana, organizaciones sistemáticas para desestimar un precepto divino, si es que ese precepto se interpretó correctamente como una imposición de una negligencia imprudente del futuro?

 

No, seguro que no. Independientemente de lo que implique el texto, en ningún caso puede significar esto. La previsión es el vínculo mismo de la sociedad humana, lo más serio del progreso humano. La previsión es el aliento mismo de la vida cristiana. La previsión es el reflejo mismo de la Sabiduría Divina.

 

Es el vínculo de la sociedad y la garantía del progreso. ¿Qué es lo que diferencia al niño del hombre, qué es lo que separa la barbarie de la civilización, sino la capacidad de realizar la ley de la continuidad en los asuntos humanos y de prever el más allá de acuerdo con esta ley? ¿Qué es toda la educación, la educación de una nación, así como la educación de un individuo, sino un instrumento para calcular las consecuencias y una maquinaria para promover la previsión?

 

Y, además, es el aliento mismo de la vida cristiana. Una vez más, pregunto, ¿qué es lo que distingue al cristiano del incrédulo, sino que su horizonte se amplía inconmensurablemente y su previsión toma un alcance infinitamente más amplio? El cristiano es para el incrédulo lo que el hombre civilizado es para el salvaje. El salvaje vive por el momento; recoge los frutos espontáneos de la tierra; no hace provisión contra el hambre; no labra tierra, no siembra semilla, no espera cosecha. A medida que aumenta la civilización, también se desarrolla la previsión. Sus primeros esfuerzos no van más allá de las necesidades del año; recoge sus cosechas y almacena su alimento para el invierno. Pero gradualmente su rango de visión se expande. Se logra un gran avance cuando un hombre drena un pantano en el que no puede esperar cosechar el grano, o planta un huerto del que no puede vivir para arrancar el fruto. La ganancia para la sociedad en este avance es clara. Pero, ¿cuál es su significado superior? Por qué, es otro paso adelante hacia una previsión más amplia del cristiano; es un tributo inconsciente a la continuidad del ser, una confesión tartamudeante de un interés por el futuro, un reconocimiento, aunque vacilante e imperfecto, de una vida después de la muerte. En esta cuestión de previsión, el hombre civilizado se encuentra a medio camino entre el salvaje bárbaro y el sabio cristiano. El cristianismo no es la supresión de la previsión; es la educación, la extensión, el perfeccionamiento de la misma.

La previsión es el reflejo de la Divina Sabiduría. Providencia es otra palabra para previsión: providencia es prudencia escrita en grande: y así la Providencia se usa instintivamente como sinónimo de Dios. En verdad, con Dios, estrictamente hablando, no puede haber previsión; porque para él no hay antes ni después. El pasado infinito y el futuro infinito son un momento para Él. Él comprende la economía eterna del Universo de un vistazo. Es omnipresente en el tiempo, como es omnipresente en el espacio. Pero llamamos providencia a Su propósito eterno, lo llamamos previsión; porque con nuestras limitadas facultades no podemos concebirlo o hablar de ello de otra manera. Y la previsión humana es un reflejo, por débil y débil que sea, de Su gloriosa providencia. Porque es una realización del futuro como presente; es un traspaso de días, años y edades intermedias por el poder de una fe razonable; es (en la medida en que lo permitan las capacidades humanas) una aniquilación del tiempo.

 

'No te dejes engañar'. No puedes desafiar la ley de Dios impunemente. La secuencia invariable, la regla inevitable, de causa y efecto, es Su voluntad eterna tanto en las cosas naturales como en las espirituales. La ley del tiempo de la siembra y la cosecha impregna toda la economía del Universo. La previsión es el reconocimiento de esta ley. "Todo lo que el hombre sembrare, eso segará". Si siembras intemperancia y despilfarro ahora, cosecharás enfermedad y locura y mil terrores sin nombre en el futuro. Si siembras la falta de previsión en la juventud, cosecharás miseria y miseria en la vejez. Si esparces la semilla de la imprudencia, no te maravilles cuando recojas la cosecha de la desesperación. La semilla es una existencia hueca, vacía, sin propósito, indolente e insípida. Has sembrado el viento. La cosecha es un huracán palpitante y aullante, que te despoja de tu abrigo y te expone desnudo e indefenso a los elementos. Has cosechado el torbellino. En vano se escudará bajo la excusa de que se le pide que 'no se preocupe por el día de mañana'. En vano parlamentarás, cuando tu voz se ahogue en la furiosa tormenta. "Dios no es objeto de burla". Su ley se reivindicará a todos los peligros.

 

Pero, se dirá, cualesquiera que sean las consecuencias, de hecho se pueden imaginar palabras más fuertes y más explícitas que el orden de no pensar en el mañana? Para el oído, esto solo puede significar una cosa; 'Sea indiferente, sea descuidado, sea imprevisto, sobre lo que sucederá mañana'. Para el oído de hoy, sí; pero ¿cómo fue cuando se hizo esta traducción? Las palabras son las monedas de la mente. Son el medio actual del pensamiento humano. Pero las monedas, aunque en un momento dado se puede considerar que tienen un valor definido y fijo, subirán o bajarán de una época a otra. El Euro de hoy tiene un poder adquisitivo muy diferente a la peseta de hace dos décdas. Así ha sido con las palabras. La frase 'pensar', cuando entró en nuestras Biblias, expresaba una idea bastante diferente de la que transmite ahora. Por eso leí en uno de los primeros escritores que cierta persona se 'puso en problemas y murió de pensamiento'. Encuentro que se dice en otro que un "anciano por sus pensamientos y el dolor del corazón se desvaneció". Así que 'morir de pensamiento' era equivalente a 'morir con angustia mental', 'morir de un corazón roto'. Vuelvo de nuevo al Antiguo Testamento y encuentro la misma expresión que tenemos aquí. Saúl apresura el regreso de él y de su siervo a casa, 'no sea que su padre ... se preocupe por ellos', es decir, 'se angustie por ellos'. Así, entonces, "pensar" es  "sentir ansiedad", "ser acosado con cuidado"; y el precepto asume un significado completamente diferente del que generalmente se le atribuye; 'No te preocupes por el día de mañana; porque el mañana tendrá sus propias inquietudes. Suficiente hasta el día es su maldad. ' Y esto se corresponde exactamente con el significado del original. La palabra traducida como "pensamiento" no significa prudencia, ni previsión, sino ansiedad, acoso y cuidado que distrae. Así se lanza la condena, no contra una prudencia razonable sobre las medidas, sino contra una solicitud inútil por los resultados. Por lo tanto, no es una lección de temeridad, ni de indiferencia, incluso en los asuntos de esta vida, sino de paciencia, de calma, de fe firme en un poder y amor Todopoderoso, que domina todas las cosas para bien.

 

Pero, aunque nuestro Señor no condena en este pasaje en particular la previsión, sin duda, a lo largo del Sermón del Monte, busca guiarla y graduarla. En esto, como en todas las cuestiones prácticas, es necesario observar las debidas proporciones de las cosas. El carácter, las consecuencias, la duración, deben estimarse debidamente: y nuestra previsión debe medirse en consecuencia. Es esta graduación de la previsión la que forma la idea principal del contexto. Consideramos una locura culpable si un hombre sacrifica el interés de los años venideros por el disfrute del mañana y del día siguiente. Sólo es prudencia razonable, sólo sentido común, decimos, hacer provisión para el más allá. Y, sin embargo, si a los hombres se les pide que extiendan este principio, si se les dice que amplíen el horizonte de su previsión, si se les pide que pospongan los intereses más pequeños de la vida antes de la muerte a los intereses más amplios de la vida después de la muerte, del mismo modo que han pospuesto los intereses más pequeños de hoy y mañana a los intereses más grandes de los años venideros; esto es a la vez poco práctico, esto es sobrecargado, esto es fanático. Sin embargo, si se admite sólo la premisa, no hay escapatoria a la conclusión. Solo permite que el hombre esté destinado a vivir una vida inmortal (y no lo cuestiones seriamente), y entonces la vida inmortal debe ser infinitamente más importante que la mortal en razón de su duración infinitamente mayor. Permita solamente (y no negará esto) que la verdad, la justicia, el amor y la pureza son principios eternos, y luego deben tener una prioridad absoluta sobre la carne, la bebida y la ropa, sobre las cosas que 'perecen en el uso'. Siempre que haya un conflicto entre los dos, lo temporal debe entregarse incondicionalmente a lo eterno.

 

Y, sin embargo, objetas, preguntas y dudas, cuando se te dice que busques primero el reino de Dios y Su justicia, como si hubiera algo irreal, algo extravagante en la demanda. Es más, es el sentido común más verdadero, más elevado, más raro y más infrecuente el que se encarna en este precepto. ¿No da testimonio el instinto natural de su razonabilidad?   Pues, era una confesión de que hay algo mejor que la comida y la ropa, algo más elevado que esta vida frágil con sus miserables atractivos y sus placeres transitorios. Era una confesión de que la verdadera sabiduría antepone el deber a la vida: y el deber es una provincia, aunque sólo una provincia, en ese reino de Dios, que Cristo nos invita a buscar primero. Sí, el sentido instintivo de la humanidad, cuando es tomado por sorpresa y habla con la plenitud del corazón, cuando no está deformado por ninguna consideración de interés propio, ni confundido por las sutilezas de una filosofía vana: el sentido instintivo de la humanidad declara que es bueno 'buscar primero el reino de Dios y su justicia'.

 

Nuestro Señor entonces gradúa la previsión, pero condena la solicitud. Lo condena por dos motivos. Es un error práctico y es una desconfianza religiosa.

 

I. Es un error práctico. No estés ansioso por el día de mañana. El mañana traerá sus propias ansiedades. No los anticipe, sino 'actúe en el presente vivo'. Cada día tiene sus propias preocupaciones, sus propias pruebas, sus propias luchas. Son suficientes, y más que suficientes, para ese día. Es una locura acumular sobre ellos las ansiedades del mañana. Es una locura duplicar sus preocupaciones, incurriendo en ellas primero en la anticipación y luego nuevamente en la realidad. Consideramos a ese general como el hombre más feliz y sabio que, habiendo planeado cuidadosamente la estrategia del día que viene, luego la descarta de sus pensamientos y se acuesta a descansar, reclutando sus poderes de mente y cuerpo en el olvido del sueño. Así sucede en la lucha ansiosa de la vida. La anticipación del cuidado es tan inútil como imprudente. Es inútil; porque no puede cambiar lo inmutable.

 

2. Pero el error religioso, involucrado en tal ansiedad, es aún más grave. Es nada menos que una desconfianza poco filial y grosera en el amor y el poder de nuestro Padre celestial. La creencia práctica en la paternidad de Dios constituye la distinción fundamental entre religión verdadera y falsa. Esta parte del Sermón del Monte está totalmente ocupada en hacer cumplir tal creencia. La oración de oraciones comienza con la enunciación de la misma. Las palabras 'su Padre', 'su Padre', 'Mi Padre' ocurren con asombrosa frecuencia en todo el contexto. Parece como si nuestro Señor tomaría corazones por asalto y nos guiaría cautivo por este modo entrañable de dirigirse. Parece decir que esta palabra 'Padre', con todas las ideas de amor, ternura, protección y cuidado vigilante que implica, esta palabra, una vez alojada en el corazón, debe calmar todas las ansiedades y aplastar todas las dudas y sofocar todos los miedos. Si tan sólo pudiera comprender la verdad de que Él, el Omnisapiente, Todopoderoso y Omnipresente, Aquel a quien 'el cielo de los cielos no puede contener', Aquel que habita en la eternidad, a pesar de la infinitud de Su Ser, no es sólo nuestro Padre, pero mi Padre, me ama con el corazón de un Padre, vela por mí con el cuidado de un Padre, entonces nada me faltará, nada temeré; porque sabré que todas las cosas, problemas, aflicciones, necesidades, tristezas y dolores, todas las cosas trabajarán juntas para mi bien. Así como el niño, asustado por algún miedo infantil, o estallando por algún dolor infantil, huye a la presencia de su padre, se aferra a las rodillas de su padre, hunde su rostro en el pecho de su padre y todo va bien a la vez; así debe ser contigo. No hay problema tan especial, ni dolor tan privado, ni tentación tan sutil, ni aprensión tan vaga, nada tan grande ni nada tan pequeño, que no encuentre un lugar en el corazón de tu Padre. Acude a Él con la confianza de un niño. No alimentes ansiedades para mañana, pero ve a Él esta misma noche. Ábrele el dolor que está quebrantando tu corazón; lleva ante Él la angustia que está desolando tu vida; Desnúdate ante Él la tentación que roe tu conciencia; arroja delante de Él el pecado que ha matado tu alma. Porque él consolará; Él aliviará; Él fortalecerá; Él dará vida. Echa sobre Él toda tu ansiedad, sin recelo y sin reserva, échala sobre Él, 'porque Él se preocupa por ti'.

domingo, 4 de abril de 2021

EL VALOR SUPREMO DE LA VIDA


Mar 8:31  Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.

Mar 8:32  Esto les decía claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a reconvenirle.

Mar 8:33  Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

Mar 8:34  Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

Mar 8:35  Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.

Mar 8:36  Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

Mar 8:37  ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Mar 8:38  Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.

 

       Las palabras de nuestro Señor Jesucristo en este pasaje son muy solemnes y de mucho peso. Quiso con ellas corregir las ideas equivocadas de sus discípulos  respecto a la naturaleza de su reino. Pero contienen verdades muy profundas y muy importantes también para los cristianos de todas las épocas de la iglesia.

Todo el pasaje debe ser tema de nuestras meditaciones privadas.

Aprendamos, en primer lugar, en estos versículos, la necesidad absoluta de la abnegación, si queremos ser discípulos de Cristo y salvarnos. ¿Qué dice nuestro  Señor? "Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame...

No hay duda que la salvación es graciosa; es ofrecida gratuitamente en el Evangelio a los pecadores más endurecidos, sin dinero y sin precio. "Por gracia sois  salvos por medio de la fe, y esto no por vosotros, que es don de Dios; no por obras, para que nadie se glorié." Efes.2 : Pro_8:9. Pero todos los que aceptan esta gran  salvación deben probar la realidad de su fe cargando la cruz en pos de Cristo. No deben imaginarse que entrarán en el cielo sin disgustos, dolores,  sufrimientos, y conflictos aquí en la tierra. Deben contentarse con cargar la cruz de la doctrina, y la cruz de la práctica, la cruz de sostener una fe que el mundo  desdeña, y la cruz de llevar una vida que el mundo ridiculiza como demasiada estricta y rigorosa. Deben querer sacrificar la carne, mortificar el cuerpo,  batallar diariamente con el diablo, separarse del mundo, y perder la vida, si necesario fuere, por amor de Cristo y del Evangelio. Parece esto duro pero no hay  evasión posible. Las palabras de nuestro Señor son claras y distintas; si no cargamos con la cruz, no ceñiremos nunca la corona.

Que el miedo de la cruz no nos aleje de servir a Cristo, que por pesada que parezca, Jesús nos dará gracia para llevarla. "Puedo hacerlo todo por Cristo que me  da fuerzas." Flp_4:13. Millares de millares la han cargado antes que nosotros, y han encontrado el yugo de Cristo fácil y su carga ligera. Nada bueno se logra  en la tierra sin trabajo, y no podemos esperar que sin luchas se pueda entrar en el reino de Dios. Avancemos valientemente y que ninguna dificultad nos  detenga. La cruz durante el viaje es por pocos años, y la gloria que se obtiene en su término es eterna.

Preguntémonos con frecuencia si nuestro Cristianismo nos cuesta algo. ¿Nos impone algún sacrificio? ¿Está marcado con el sello del cielo? ¿Carga con su  cruz? Si así no es, temblemos y temamos, que una fe que nada cuesta, nada vale. De poco nos servirá en la vida presente, y no nos guiará a la salvación  en la vida futura.

Aprendamos también en estos versículos cual es el valor indecible del alma. ¿Qué dice nuestro Señor? "¿De que aprovechará a un hombre ganar el mundo  todo, si pierde su propia alma"? Estas palabras tuvieron por objeto movernos a obrar y a sacrificarnos. Deberían estar resonando como un clarín en nuestros  oídos, por la mañana cuando nos levantamos, y de noche cuando nos retiramos al lecho. Grábense profundamente en nuestra memoria y que ni el diablo ni el  mundo pueda nunca borrarlas de ella.

Todos nosotros tenemos almas que vivirán eternamente; sepámoslo o no, todos llevamos en nosotros algo que vivirá cuando nuestros cuerpos se estén  reduciendo a polvo en el sepulcro. Todos nosotros tenemos almas por las que daremos estricta cuenta a Dios; y en verdad que es una idea terrible cuando  consideramos que poca atención presta el hombre a ninguna cosa que no sea el mundo; pero es la verdad.

Cualquier hombre puede perder su alma; no puede salvarla, que solo Cristo puede hacerlo; y puede perderla de diferentes maneras. Puede asesinarla amando  el pecado y adhiriéndose al mundo. Puede envenenarla escogiendo una religión de falsedades y creyendo en supersticiones de fábrica humana. Puede  aniquilarla con hambre despreciando los medios de gracia, y rehusando recibir el Evangelio en su corazón. Muchos son los caminos que conducen al abismo;  cualquiera que sea el que un hombre tome, él solo es responsable por ello. Por débil, corrompida, degradada e impotente que sea la naturaleza humana, el  hombre tiene poder para que las palabras destruir, arruinar y perder su alma.

La posesión del mundo entero no puede compensar al hombre por la pérdida de su alma; todos los tesoros que contiene no pueden ponerse en la balanza para  equilibrar la perdición eterna. No nos satisfacen, ni nos hacen felices mientras los poseemos; los gozamos cuando más unos pocos años y tenemos que dejarlos  para siempre. De todos los negocios ruinosos y necios que el hombre puede hacer, el peor es dar la salvación de su alma en cambio de los bienes de este  mundo. Es una especulación de que muchísimos se han arrepentido, como Esaú que vendió su primogenitura por un plato de lentejas pero de que  desgraciadamente como Esaú se han arrepentido muy tarde.

Que estas sentencias de nuestro Señor se graben profundamente en nuestros corazones, pues son inadecuadas para expresar su importancia.

Recordémoslas en la hora de la tentación, cuando el alma nos parece tan pequeña y tan insignificante, y el mundo tan grande y tan esplendente.

Recordémoslas en la hora de la persecución, cuando el miedo al hombre se apodera de nosotros, y nos inclinamos a abandonar a Cristo. En momentos  semejantes que nuestra alma evoque esa cuestión capital de nuestro Señor, y se la repita, " ¿De que servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su  alma?

Aprendamos, por último, en estos versículos, el gran peligro que se corre en tener vergüenza de Cristo. ¿Qué dice nuestro Señor? "Todo aquel que se  avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, de él también se avergonzará el Hijo del hombre cuando venga en la gloria de su  Padre con los santos ángeles...

¿Cuándo se puede decir de alguno que está avergonzado de Cristo? Somos culpables de esa falta, cuando nos avergonzamos de que se sepa que amamos y  creemos las doctrinas de Cristo, que deseamos vivir según los mandamientos de Cristo, y que ansiamos ser contados como miembros del pueblo de Cristo. La  doctrina, las leyes, y el pueblo de Cristo nunca fueron populares, y nunca lo serán. El que confiesa valerosamente que los ama, está seguro de atraerse el  ridículo y la persecución. Todo el que se retrae de hacer esa confesión por miedo del ridículo y de la persecución, se avergüenza de Cristo, y está incluso en la  sentencia que proclama este pasaje.

Hay quizás pocas sentencias de nuestro Señor que sean más condenatorias que esta. Verdad es "que el miedo del hombre nos tiende un lazo." Pro_29:25.

Hay muchas personas que le harían frente a un león, o asaltarían una brecha, si el deber se los ordenase; que nada temen, y que, sin embargo, se avergüenzan  de confesar que preferirían agradar a Cristo más bien que al hombre. ¡Que admirable es el poder del ridículo! ¡Maravilloso es como el hombre vive siervo de  la opinión del mundo! Pidamos diariamente en nuestras oraciones fe y valor para confesar a Cristo ante los hombres. Bueno es que nos  avergoncemos del pecado, de la mundanalidad y de la incredulidad, pero nunca de Aquel que murió por nosotros en la  cruz. Confesemos valerosamente que servimos a Cristo a despecho de las risas, de las burlas y de los insultos. Meditemos  con frecuencia en el día de su segunda venida, y acordémonos de lo que dice en este lugar. Es cien mil veces mejor  confesar ahora a Cristo, y ser despreciado por los hombres, que vernos negados por Cristo ante su Padre el día del juicio  final.

 

sábado, 3 de abril de 2021

EL SEÑOR JESUCRISTO HA RESUCITADO

Mat 28:1    Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.

Mat 28:2  Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.

Mat 28:3  Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve.

Mat 28:4  Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos.

Mat 28:5  Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado.

Mat 28:6  No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.

Mat 28:7  E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.

Mat 28:8  Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos,

Mat 28:9  he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.

Mat 28:10  Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.

 

 

La resurrección de nuestro Señor, tema principal de estos versículos ha sido descrita circunstanciadamente por todos los cuatro evangelistas.

Y no debemos sorprendernos de que se dé tanta importancia a ese acontecimiento, puesto que es la prueba más concluyente de que el Cristo satisfizo la deuda  que se propuso pagar por nosotros; que libró la batalla que había de librarnos del infierno; y que ha sido aceptado como Sustituto nuestro por el Padre  celestial. Si nunca hubiera salido del sepulcro frió, ¿qué seguridad tendríamos de que se habría pagado nuestro rescate? 1Co_15:17. Si nunca se hubiera  levantado después del conflicto con el postrer enemigo, ¿qué certeza tendríamos de que había vencido a la muerte y al demonio? Heb_2:14. Pero, a Dios  gracias, no se nos ha dejado en duda. Los creyentes podemos tener esa convicción y con confianza decir como Pablo: " ¿Quién es el que nos condena? Cristo es el que murió: antes el  que también resucitó." Rom_8:34. Muy agradecidos debemos sentirnos de que esta sublime verdad de nuestra fe haya sido probada con tanta claridad.

Es una circunstancia harto notable que de todos los hechos relacionados con la vida de Jesús ninguno es tan innegable bajo todo punto como el de la  resurrección. Las pruebas de su verificación son, para todo hombre imparcial, incontestables. Imposible seria convencer de cosa alguna en el mundo al que  rehusase creer que Jesús resucitó.

Notemos en estos versículos con cuanta gloria y majestad resucitó Jesús de entre los muertos. Se nos dice que hubo un gran terremoto, y que el ángel del  Señor descendiendo del cielo, había quitado la piedra de la puerta del sepulcro y se había sentado sobre ella. Por supuesto que nuestro Señor no necesitaba de  la ayuda de ningún ángel para salir del sepulcro; pero Dios quiso que la resurrección fuese acompañada de señales y maravillas. Era conveniente que la tierra  se sacudiese y un ángel glorioso apareciese cuando el Hijo de Dios se levantase victorioso.

La resurrección de nuestro Señor es un tipo, a la vez que garantía, de la resurrección de los creyentes. El sepulcro no pudo detenerlo á El después del tiempo señalado, y lo mismo sucederá con nosotros. Un ángel fue el testigo de su resurrección, y los ángeles serán los mensajeros que reunirán a los creyentes cuando  resuciten. Él se levantó con un cuerpo glorificado, y sin embargo real y material, y de la misma manera sus discípulos resucitarán con cuerpos gloriosos,  aunque físicos.

Notemos, en seguida, las palabras de consuelo que el ángel dirigió a las mujeres que habían ido al sepulcro. Les dijo: "No temáis vosotras; porque sé que  buscáis a Jesús, el que fue crucificado...

Estas palabras tienen un significado profundo: han sido trasmitidas con el objeto de recordarnos que los verdaderos cristianos no tenemos por qué alarmarnos,  cualesquiera que sean los sucesos que en el mundo se verifiquen. Revestidos de la justicia de Cristo, seremos hallados sin culpa y sin mancha. Estando a salvo en  la única arca, no nos sucederá daño alguno cuando el diluvio de la ira de Dios se desencadene sobre la tierra. Entonces se cumplirán las siguientes palabras de  nuestro Señor: "Cuando estas cosas comenzaren a hacerse, mirad y levantad vuestras cabezas; porque vuestra redención está cerca."  Luc_21:28.

Observemos, finalmente, el benigno mensaje que el Señor envió a sus discípulos después de la resurrección. Habiéndose aparecido en persona a las mujeres  que habían ido a tributar honras a su cuerpo, lo primero de que pensó fue de su pequeño rebaño. Les recomendó a aquellas que fuesen a contar a los hermanos  lo que había sucedido. "Id," les dijo, "dad las nuevas a mis hermanos...

Hay algo muy conmovedor en esas palabras, "mis hermanos." Débiles, frágiles y pecadores como eran los discípulos, Jesús  los llamó " hermanos." Les consoló como José lo hizo con los hermanos que lo habían vendido, diciéndoles: "Soy José  vuestro hermano." Aunque estaba rodeado de gloria, aunque acababa de Vencer a la muerte, el infierno y el sepulcro, el  Hijo del hombre era aún "manso y humilde de corazón...

viernes, 2 de abril de 2021

CREER EN SU NOMBRE

 

Jn 1:6  Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

 7  Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

 8  No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

  9  Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

 10  En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

 11  A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

 12  Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

 13  los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

 14  Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.   

 

       S. Juan, después de hacer una exposición de la naturaleza divina nuestro Señor, trata de su precursor, Juan Bautista. No debe pasar desapercibido el contraste  que forman los términos que se refieren al Salvador con los que se refieren al precursor. De Cristo se nos dice que era el Dios eterno, el Creador de todas las  cosas, la fuente de la vida y de la luz. De Juan Bautista se nos dice simplemente que "fue un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan..

Estos versículos nos enseñan, en primer lugar, la verdadera naturaleza de las funciones del ministro cristiano. Se desprende esto de lo dicho acerca de Juan  Bautista en el versículo séptimo.

Los ministros cristianos no son sacerdotes ni mediadores entre Dios y los hombres. Tampoco son una especie de agentes en cuyas manos los fieles  encomienden sus almas y que estén revestidos del poder delegado de practicar la religión por lo demás. No son sino testigos. Su misión es rendir testimonio a  la verdad de Dios, y especialmente a la de que Cristo es el único Salvador, la única luz del mundo. Esto fue lo que hizo S. Pedro el día de Pentecostés. "Y con  otras muchas palabras testificaba" Hechos 2.40. En esto también consistió la obra de S. Pablo, "Testificando a los judíos y también a los griegos el  arrepentimiento hacia Dios, y la fe hacia nuestro Señor Jesucristo". Hechos 20.21. Si el ministro cristiano no da un testimonio pleno y completo acerca del  Salvador, es infiel en el cumplimiento de sus sagrados deberes. En tanto que rinda este testimonio, cumple con la misión que le ha sido encomendada y  recibirá su galardón, aunque sus oyentes no crean las verdades que proclame. Pero es solo cuando creen que los oyentes reciben provecho de los trabajos del  ministro. El gran fin que debe proponerse el ministro es que por su medio crean los hombres.

Estos versículos nos dan a conocer, en segundo lugar, lo que es nuestro Señor Jesucristo respecto a la humanidad. "Aquella palabra era la luz verdadera," etc.

Cristo es para las almas de los hombres lo que el sol para el mundo. Es el centro y la fuente de toda luz espiritual, de la vida, de la animación, del crecimiento,  de la hermosura, de la fecundidad. A semejanza del sol, alumbra para bien de toda la humanidad del noble y del plebeyo, del rico y del pobre, del judío y del  griego. A semejanza del sol, todos pueden tornar hacia él los ojos para contemplarlo. Si hubiera millones de hombres que fueran tan necios que quisieran  habitar en subterráneos o vendarse los ojos, tendrían que culparse a sí mismos por la oscuridad que los rodeara y no atribuirla a defecto del sol. Del mismo  modo, si millones de hombres prefieren las tinieblas a la luz espiritual, ellos son los que tienen la culpa de su ceguedad, y no Cristo. "El necio corazón de ellos  fue entenebrecido". Rom 1.21 Estos versículos nos enseñan, en tercer lugar, cuan malo es por naturaleza el corazón del hombre.  

Jesucristo estuvo en el mundo de una manera invisible, mucho antes de haber nacido de la Virgen María. Si, estuvo desde el principio ordenando y  gobernando toda la creación. "Todas las cosas subsisten en él" Col. 1.17. A todo comunicaba vida y animación, y por mandato suyo gobernaban los reyes, y  según San Juan crecía y menguaban las naciones. Sin embargo, los mortales no lo conocían ni le rendía homenaje, más "honraban y servían a la criatura antes que al Creador"  Rom 1.25 ¡Malo por naturaleza es, a la verdad, el corazón del hombre! Más tarde el Verbo se hizo carne y apareció en el mundo de una manera visible, más no tuvo mejor acogida. Se presentó ante el mismo pueblo que había  sacado de Egipto, y había rescatado para si, esto es, ante los judíos, que había separado de las otras naciones y a quienes se había revelado por medio de los  pasajes del Antiguo Testamento que lo anunciaban, que habían visto en su templo los tipos y símbolos que lo prefiguraban, que habían, en fin, manifestado  que aguardaban su venida. ¡Y sin embargo, esos mismos hijos de Israel lo rechazaron, lo escarnecieron y lo inmolaron! ¡Perverso es, a la verdad, el corazón  del hombre! Estos versículos nos enseñan, por último cuales y cuan grandes son los privilegios que se conceden a los que aceptan a Cristo y creen en él. "A todos los que  le recibieron les dio poder de ser hechos hijos de Dios, esto es, a los que creen en su nombre..

Jesucristo siempre tiene quien lo siga. Si la mayoría de los judíos no lo reconoció como Mesías, hubo, por lo menos, unos pocos que si lo reconocieron. A  estos otorgó la gracia de ser hechos hijos de Dios, adoptándolos como miembros de la familia de su Padre y reconociéndolos como hermanos de la misma  carne y de la misma sangre. Así fueron abundantemente recompensados por lo que habían tenido que sufrir por su amor.

Téngase presente que semejantes bendiciones son concedidas en todo tiempo a todos lo que acepten a Jesucristo por medio de la fe y lo sigan como a su  Salvador. "Son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús". Gal. 3.26. Pocos como son, y despreciados como se ven por el mundo, su Padre celestial vela sobre  ellos con misericordia infinita, y les manifiesta su complacencia por amor a u Hijo. ¡Con el tiempo les suministra todo lo que pueda contribuir a su bien, y en  la eternidad les dará una corona inmarcesible de Gloria! ¿Somos nosotros hijos de Dios? ¿Hemos nacido de nuevo espiritualmente? ¿Se descubre en nosotros las señales del renacimiento tales como la conciencia  de haber pecado, la fe en Jesucristo, el amor hacia el prójimo, la enmienda de vida, la separación del mundo? No nos tranquilicemos hasta no haber contestado  satisfactoriamente estas preguntas.

¿Anhelamos ser hijos de Dios? Recibamos entonces a Cristo como a nuestro Salvador, y creamos en él de todo corazón.

 

 

 

 

jueves, 1 de abril de 2021

EL VERBO HECHO CARNE


Jn 1:1  En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Jn 1:2  Este era en el principio con Dios.

Jn 1:3  Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

Jn 1:4  En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Jn 1:5  La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

                         

El Evangelio de S. Juan, que empieza con los versículos que quedan citados, es diferente en muchos respectos de los otros tres Evangelios, pues contiene gran  número de pasajes que no se hallan en estos, al mismo tiempo que no da cabida a muchos que se encuentran en los otros. Sería fácil aducir buenas razones que  justificasen esa desemejanza; pero basta hacer presente que Mateo, Marcos, Lucas y Juan escribieron todos bajo la directa inspiración de Dios.

Respecto de estos puntos sobre los cuales solo Juan escribió, es suficiente que hagamos una sola observación, es a saber: que los pasajes que sobre ellos  versan son unas de las reliquias más valiosas que posee la iglesia de Cristo. Ninguno de los otros tres evangelistas han presentado exposiciones tan completas  de la divinidad de Jesucristo, de la justificación por medio de la fe, de las distintas funciones del Hijo, de las operaciones del Espíritu Santo, y de las  prerrogativas de los creyentes. Por de contado, Mateo, Marcos y Lucas no guardan silencio sobre ninguno de estos particulares, pero Juan los pone ante los  ojos del lector de una manera más prominente.

Juan escribió a los creyentes en todo lugar, sean o no judíos (gentiles). Como uno de los doce discípulos, Juan fue un testigo presencial, de manera que su historia es confiable. Su libro no es una biografía (como el libro de Lucas), sino una presentación temática de la vida de Jesús. Muchos de los oyentes originales tenían un trasfondo griego. La cultura griega estimulaba la adoración de muchos dioses mitológicos cuyas características sobrenaturales eran tan importantes para los griegos como las genealogías para los judíos. Juan mostró que Jesús no solo era diferente de sus dioses mitológicos, sino superior a ellos.

Los cinco versículos de que nos ocupamos contienen una exposición de sublimidad sin igual respecto a la divinidad de nuestro Señor Jesucristo. Es a él  evidentemente que S. Juan se refiere al tratar de "la palabra" No puede negarse que el pasaje en cuestión encierra verdades tan profundas que el entendimiento  humano no alcanza a sondearlas; más también es cierto que en él se descubren otras claras y sencillas, que el cristiano haría bien en atesorar en la mente.

Nuestro Señor Jesucristo es eterno. "En el principio ya era la Palabra" No comenzó a existir cuando la tierra y los cielos fueron creados; mucho menos cuando  se anunció por vez primera el Evangelio al mundo. Poseyó Gloria en unión del Padre "antes de que el mundo fuese." Juan 17.5 Existió antes de que se crease  la materia y empezase el tiempo. Existió desde la eternidad.

Nuestro Señor Jesucristo es una Persona distinta de Dios Padre, y sin embargo forma con él un solo ser. El Padre y la palabra, aunque dos personas distintas,  están aunados por medio de una unión inefable. Donde quiera que estuviese Dios Padre por toda la eternidad, allí estuvo también la Palabra o sea Dios Hijo: iguales en Gloria, co-eternos en majestad, uno en esencia divina. ¡Este es, a la verdad, un gran misterio! ¡Feliz el que pueda recibirlo como un niño sin  pretender explicarlo! Nuestro Señor Jesucristo es verdadero Dios: "Dios era la Palabra" No es meramente un ángel creado, o un ser inferior a Dios Padre, y que ha recibido de él  poder para redimir a los pecadores. No es nada menos que Dios perfecto igual al Padre en cuanto a la divinidad Hijo co eterno y de la misma sustancia del  Padre antes de que los mundos existiesen.

Nuestro Señor Jesucristo es el Creador de todas las cosas. Véase el versículo 3. Lejos de ser criatura de Dios, como afirman alguno herejes, es el Ser que hizo  todos los mundos y todo lo que estos contienen. "Él mandó, y fueron creados" Salmo 148.5 Finalmente, nuestro Señor Jesucristo, es la fuente de la vida y la luz espirituales: "En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres." Toda la vida y la  luz espirituales que Adán y Eva poseían antes de la caída, habían emanado de Cristo. La emancipación del pecado y de la muerte, y la iluminación de la  conciencia han provenido también de Cristo. Cierto es que la mayor parte del género humano, en todos los siglos, en todas las edades, se ha olvidado de la  caída y se ha negado a reconocer la necesidad que el hombre tiene de un Salvador; la luz ha estado resplandeciendo en la tinieblas; y los más de los hombres  no la han comprendido.

Más si algunos individuos de los millones innumerables de la humanidad han gozado de vida y luz en lo espiritual, es el Hijo de Dios quien así los ha  bendecido.

Lo que precede es una ligera reseña de las principales lecciones que se desprenden de estos admirables versículos. No hay duda de que muchas de las verdades  que contienen están fuera del alcance de la razón; pero no hay una sola que se oponga a ella. Además, es preciso tener presente, que del pasaje pueden hacerse  deducciones prácticas y sencillas que debemos examinar con cuidado y retener con firmeza.

¿Queremos apercibirnos de la excesiva gravedad del pecado? Leamos con frecuencia los cinco primeros versículos del Evangelio de S. Juan, y notemos de  qué naturaleza ha de ser el Redentor de los pecadores. Si el que nos libre del pecado tiene que ser nada menos que el Dios eterno, el Creador y Preservador de  todo lo que existe, entonces el pecado debe ser más execrable a los ojos de Dios de lo que generalmente se cree.

¿O es que queremos saber cuan sólido es el cimiento sobre que estriban las esperanzas del cristiano? Examinemos una y otra vez los cinco primeros versículos  del Evangelio de S. Juan, y reparemos que el Salvador en quien el creyente ha de confiar es nada menos que el Dios eterno, el Ser que puede salvar para  siempre a los que acudan al Padre mediante su intercesión. El Ser que estaba con Dios y era Dios, es también Emmanuel, o sea Dios con nosotros "El que  creyere en Jesucristo no será confundido" 1 Pedro 2.6

Puede que nos parezca extraño que Juan haga tanto hincapié en la manera que se creó el mundo; y puede que también nos lo parezca el que conecte tan definidamente a Jesús con la obra de la creación. Pero tenía que hacerlo a causa de ciertas tendencias que había en el pensamiento de su tiempo.

En los días de Juan había una herejía que se llamaba el gnosticismo. Su característica era que se trataba de un enfoque intelectual y filosófico al Cristianismo. A los gnósticos no les era suficiente con las creencias sencillas de cualquier cristiano corriente. Trataban de construir un sistema filosófico del Cristianismo. Tenían problemas con la existencia del pecado y el mal y el dolor y el sufrimiento del mundo, así que diseñaron una teoría para explicarlo. Esa teoría era como sigue.

En el principio existían dos realidades: la una era Dios, y la otra la materia. La materia había existido siempre, y fue la materia prima de la que se construyó el universo. Los gnósticos insistían en que esa materia era defectuosa e imperfecta. Podríamos decir que el mundo se inició mal desde el principio. Estaba hecho de unos materiales que ya contenían el germen de la corrupción.

Los gnósticos llegaban más lejos. Dios, decían, era espíritu puro, y como tal no podía tocar la materia, y menos aún una materia imperfecta. Por tanto, era imposible que Dios llevara a cabo la obra de la creación por Sí mismo. Lo que hizo fue producir una serie de emanaciones, cada una de las cuales estaba más lejos de Dios que las anteriores; y, cuanto más se alejaban de Dios, menos le conocían. Hacia la mitad de camino de la serie de emanaciones había una que no sabía nada en absoluto de Dios. A partir de ésa, las emanaciones empezaban a ser, no sólo ignorantes, sino hostiles a Dios. Por último había una emanación que estaba tan lejos de Dios que le ignoraba totalmente y le era totalmente hostil, y ésa fue el poder que creó el mundo; porque ya estaba tan lejos de Dios que podía tocar esta materia defectuosa y mala. El dios creador estaba totalmente distanciado y enemistado con el Dios real.

Los gnósticos dieron otro paso más: identificaron al dios creador con el Dios del Antiguo Testamento; y sostuvieron que el Dios del Antiguo Testamento era completamente distinto y distante del Dios y Padre de Jesucristo, del que era enemigo.

En los tiempos de Juan (como en la actualidad) se había extendido mucho esta clase de creencia. La gente creía que el mundo era malo, y que lo había creado un dios malo. Para combatir esta creencia, Juan establece aquí dos verdades cristianas básicas. De hecho, la relación de Jesús con la creación es algo que se repite en el Nuevo Testamento precisamente por este trasfondo intelectual que divorciaba a Dios y al mundo en que vivimos. En Col_1:16 , Pablo escribe: " Porque en Él fueron creadas todas las cosas, en el Cielo y en la Tierra... todas fueron creadas por Él y para Él.» En 1Co_8:6  escribe del Señor Jesucristo «por medio del Cual son todas las cosas.» El autor de Hebreos habla de Uno que era el Hijo, «por medio de Quien Dios hizo el universo» (1:2). Juan y los otros autores del Nuevo Testamento que escribieron estas cosas estaban subrayando dos grandes verdades.

(i) El Cristianismo siempre ha creído en lo que se llama la creación partiendo de la nada. No creemos que en Su creación del mundo Dios tuviera que usar una materia ajena y mala. No creemos que el mundo empezara ya con un defecto de fabricación, ni que tuviera su origen en Dios y en algo más. Nuestra fe es que detrás de todo está Dios, y sólo Él.

(ii) El Cristianismo siempre ha creído que este mundo es de Dios. Lejos de estar tan desconectado del mundo que no puede tener nada que ver con él, Dios está íntimamente comprometido con el mundo. Los gnósticos trataban de echarle la culpa al creador del mal que hay en el mundo. El Cristianismo cree que lo que no está como es debido en el mundo se debe al pecado humano. Pero, aunque el pecado ha causado destrozos en el mundo y le ha impedido llegar a ser lo que hubiera podido ser, no debemos nunca despreciar el mundo, porque es esencialmente de Dios. Si creemos esto, nos da un nuevo sentido del valor del mundo y de nuestra responsabilidad hacia él.

Se cuenta de una niña de los suburbios de una gran ciudad, que la llevaron a pasar un día en el campo. Cuando vio las margaritas en el bosque, preguntó: «¿Cree usted que a Dios le importará que coja unas pocas de Sus flores?» Este es el mundo de Dios; por eso, nada en él está fuera de su control; y por eso, debemos usar todas las cosas dándonos cuenta de que pertenecen a Dios. El cristiano no le hace de menos al mundo creyendo que el que lo hizo era un dios ignorante y hostil, sino que lo glorifica recordando que Dios está en todas partes, detrás de todo y en todo. Cree que el Cristo que recrea el mundo fue el colaborador de Dios cuando, el mundo fue creado al principio y que, en la obra de la redención, Dios está tratando de recuperar algo que fue siempre Suyo.