viernes, 14 de mayo de 2021

EL CREYENTE DESCANSA EN DIOS 2

 

 

Salmo 37

9  Porque los malignos serán destruidos,

Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra.

10  Pues de aquí a poco no existirá el malo;

Observarás su lugar, y no estará allí.

11  Pero los mansos heredarán la tierra,

Y se recrearán con abundancia de paz.

12  Maquina el impío contra el justo,

Y cruje contra él sus dientes;

13  El Señor se reirá de él;

Porque ve que viene su día.

14  Los impíos desenvainan espada y entesan su arco,

Para derribar al pobre y al menesteroso,

Para matar a los de recto proceder.

15  Su espada entrará en su mismo corazón,

Y su arco será quebrado.

16  Mejor es lo poco del justo,

Que las riquezas de muchos pecadores.

17  Porque los brazos de los impíos serán quebrados;

Mas el que sostiene a los justos es Jehová.

18  Conoce Jehová los días de los perfectos,

Y la heredad de ellos será para siempre.

19  No serán avergonzados en el mal tiempo,

 Y en los días de hambre serán saciados.


          Satisfagámonos con que Dios hará que todo obre para nuestro bien. No nos agitemos por lo que vemos en este mundo. Un espíritu afanoso, descontento está expuesto a muchas tentaciones. Porque en todos los aspectos, lo poco que se asigna al justo, es más consolador y provechoso que todas las riquezas mal obtenidas y engañosas de los impíos. Viene de una mano de amor especial. Dios provee abundantemente y bien, no sólo para sus siervos que trabajan, sino para sus siervos que esperan. Tienen lo que es mejor que la riqueza, paz mental, paz con Dios, y entonces, paz en Dios; esa paz que el mundo no puede dar y el mundo no puede tener. Dios conoce los días del creyente. Nada de la obra de un día quedará sin recompensa. Su tiempo en la tierra se cuenta por días, que pronto terminará la cuenta; pero la felicidad celestial será para siempre.

Esto será un verdadero sustento para los creyentes en las épocas malas. Quienes descansan sobre la Roca de los siglos, no tienen razón para envidiar al malo su apoyo en cañas cascadas. A la larga, los que esperan en Dios verán las buenas consecuencias.

Dentro de poco; pero a veces parece largo tiempo. Sin embargo, Dios mira con mirada eterna. Los mansos heredarán es la base de la bienaventuranza de Jesús en Mat_5:5 : Bienaventurados los mansos… La mansedumbre no es debilidad, más bien requiere valentía y paciencia esperar en Dios. La mansedumbre no parece ser el arma apropiada para enfrentar enemigos. La batalla de Dios debe llevarse a cabo con una fe serena, humildad delante de Él y esperanza en su liberación. Jesús también promete una recompensa segura para los que tienen actitudes humildes

Los malvados no pueden aguantar la influencia de un creyente que irradia la luz de Cristo. A menudo trabajan en conjunto, abusan contra los creyentes. Se enojan y maquinan contra el justo, por eso cruje sus dientes (Job_35:16).

Se reirá enfatiza la vanidad del impío. Dios ve toda su historia y ve su fin; necesitamos el punto de vista de Dios. Aunque los impíos atacan a los justos, su agresión se volverá contra ellos mismos y su arco será roto.

Estos dichos de los versículos 16 y 19 son semejantes a los de Salmo15:16 y 16:8. Debemos estar satisfechos con lo que Dios nos dio y glorificarle por ello. La porción de los justos, en su mayor parte, es tener poco de los bienes de este mundo; algunos ciertamente han sido ricos, como Abraham, Lot, David, José de Arimatea y otros; pero, en términos generales, los malvados tienen la mayor parte de las cosas mundanas, y los justos muy poco, y comparativamente no tienen nada; y sin embargo su pequeño no es que un poco sea mejor que mucho, o que la pobreza sea mejor que la riqueza, o un pobre mejor que un rico; pero la comparación es entre un justo y un impío; el énfasis está ahí; y el sentido es que el "poco" de un hombre "justo" es mejor que el "mucho" de un hombre "inicuo"; los justos tienen derecho a lo que tienen, por medio de Cristo, que es heredero de todas las cosas, pero no los impíos; tienen lo que tienen en amor y con bendición, no así los malvados; están contentos en su estado y condición, cuando los malvados nunca están satisfechos; poseen y disfrutan de lo que tienen, incluso de todo lo que tienen, cuando Dios muchas veces no le da a los impíos un corazón para comer y beber de lo que poseen, sino que un extraño lo come; tienen la presencia de Dios con ellos, y eso hace un poco dulce, y para recorrer un gran camino; y viven sin ningún cuidado ansioso, angustioso u oneroso; no así los malvados; y en poco tiempo se cambiarán las tornas, y tendrán sus cosas buenas, y los impíos sus malas cosas; ver (Proverbios 16: 8 ) ( Proverbios 15:16 -17 ); por tanto, no tienen necesidad de inquietarse en las circunstancias actuales, ni envidiar la felicidad de los hombres malvados.

 

Notemos de nuevo el contraste en el verso 17. Dios sostiene a los suyos, pero ahora no sólo está roto el arco, que el impío usaba para dañar al justo, más bien sus brazos serán quebrados, ni podrá intentar atacar. Lo poco del justo es mejor que lo mucho del impío; y lo que se confirma además por lo que sigue; pero el Señor sostiene al justo; ambos de manera providencial, sosteniéndolos en su ser, supliendo sus necesidades, preservándolos de los peligros y soportándolos en todas sus aflicciones; y de una manera espiritual, manteniendo el principio de gracia y vida en ellos, proporcionándoles todas las bendiciones espirituales, sosteniéndolos en tiempos de tentación y asegurándolos a salvo de sus enemigos; sosteniéndolos para que estén ahora en la gracia de Dios, y estén de pie delante de Cristo con confianza en el más allá; y no caerá aquí definitiva y totalmente, ni en el día del juicio

Conoce los días (verso 18). “Conocer” significa “tomar interés” o “vigilar”. Dios está a cargo de nuestro tiempo; aun en tiempos de prueba (verso 19) el creyente experimenta la presencia y el sostén del Señor.

El Señor conoce los días de los rectos.

No solo cuánto vivirán, y así llenarán sus días, el número de ellos,  sino la naturaleza de sus días, ya sean prósperos o adversos; y hace que ambos trabajen juntos por su bien; y conoce el trabajo de sus días, las acciones realizadas por ellos con fe y amor, y para su honor y gloria, y que aprueba y acepta en Cristo (Salmo 1: 6 ) y su herencia será para siempre ; en el cielo, que es eterno y nunca se desvanece ( Hebreos 9:15 ) ( 1 Pedro 1: 4 ); y por tanto, no deben inquietarse ni tener envidia.

La observación de que la vida es injusta se considera ahora bajo otra perspectiva: los ateos prácticos, en su éxito se vuelven para oponerse y asaltar a los justos. Sin embargo, en esta situación de peligrosa amenaza, las cosas no son como parecen: el Señor no es un espectador pasivo; ya ha tomado partido y ha determinado la perdición de los impíos, garantizando que sus hostilidades se volverán en su contra, porque ellos son enemigos de él también y condenados a morir. Por otra parte, aun aquí y ahora el justo es más rico que el malo cuyo poder será quebrantado, pero el Señor es el poder presente de los justos; ellos están en íntima comunión con él y bajo su cuidado; ninguna calamidad terrenal los puede destruir porque tienen sus propias fuentes de satisfacción. La directiva de esta sección es que debemos practicar vivir a la luz de estas percepciones en lugar de rendirnos ante las apariencias externas de la vida.     

No serán avergonzados en el tiempo malo de la aflicción y persecución, o de la vejez, o en el día del juicio, cuando les irá mal a otros ( 1 Juan 2:28 ) y en los días de hambre quedarán saciados, ya sea que se entienda figurativamente de hambre de oír la palabra, o literalmente de una verdadera hambre de pan y agua: estos los proveerá Dios, como lo hizo con Elías, y ellos les será seguro, y por tanto, no se inquieten ni tengan envidia.

jueves, 13 de mayo de 2021

EL CREYENTE DESCANSA EN DIOS

 Salmo 37

1  El camino de los malos

  No te impacientes a causa de los malignos,

 Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.

 2  Porque como hierba serán pronto cortados,

 Y como la hierba verde se secarán.

3  Confía en Jehová, y haz el bien;

 Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.

4  Deléitate asimismo en Jehová,

 Y él te concederá las peticiones de tu corazón.

5  Encomienda a Jehová tu camino,

 Y confía en él; y él hará.

6  Exhibirá tu justicia como la luz,

 Y tu derecho como el mediodía.

7  Guarda silencio ante Jehová, y espera en él.

 No te alteres con motivo del que prospera en su camino,

 Por el hombre que hace maldades.

8  Deja la ira, y desecha el enojo;

 No te excites en manera alguna a hacer lo malo.

 

 

El tema principal se expresa en el v. 1; es una respuesta a la indignación de los justos por la prosperidad de los malos. Nunca deberíamos envidiar al malvado, aun cuando algunos quizás sean muy populares o excesivamente ricos. No importa cuánto tengan, se debilitarán y desaparecerán como la hierba que se corta y se seca. Los que siguen a Dios viven de manera diferente a los malvados y, al final, tendrán tesoros mayores en el cielo. Lo que los incrédulos obtienen puede durar lo mismo que la vida, si tienen suerte. Lo que usted obtiene al seguir a Dios perdura para siempre. Hoy también es común la tentación de pensar que a Dios no le interesa lo que sucede en la vida cotidiana de uno, o que Dios no hace diferencia entre los justos y los impíos, pues estos a menudo prosperan más que los justos. La solución que da el salmista es confiar en la justicia de Dios, pues la prosperidad de los impíos es efímera; al fin Dios enderezará las cosas, hará justicia. El Salmo es un desafío para mirar a Dios y la bendición de confiar y obedecer a él en vez de mirar la acción de los malvados y actuar acorde con ellos.

 

1. El justo descansa en Jehová

 

A veces el creyente es atraído por el aparente éxito de gente sin escrúpulos; otras veces sencillamente se enoja contra Dios o solamente dentro de sí mismo. La palabra te impacientes significa “calentarse” o “estar enojado”. El salmista exhorta al justo a no enojarse; no hace falta porque Dios hará justicia. Además, como dice Stgo_1:20 : La ira del hombre no lleva a cabo la justicia de Dios.

 

Pronto se secan, es la historia de todo lo que se basa en el tiempo y no en la eternidad. Los impíos son muy inestables; muchos personajes famosos han tenido un fin trágico. Las sentencias o dichos del Salmo muestran el contraste entre el justo que confía en Dios y el malvado que no le obedece.

 

Los versículos 3-7 dan el énfasis positivo; no hay que pensar tanto en las dificultades sino en Dios. Nótense los imperativos: confía, deléitate, encomienda, calla. El creyente debe ejercitar su fe, depositando y “arrollando” toda su ansiedad sobre Dios (1Pe_5:7). Tierra es la Tierra Prometida. Apaciéntate de la fidelidad puede tomarse como “seguir” o “interesarse en” la fidelidad, es decir, ser fiel; o puede hablar más de “vivir tranquilo” porque descansa en la fidelidad de Dios. El versículo 3 indica, como lo hace toda la Biblia, que la fe y la obediencia van juntas.

 

Deléitate en Jehová es el secreto del contentamiento y madurez cristianos. Y ¡qué promesa! Si uno vive la primera parte, sus anhelos estarán acordes con la voluntad de Dios.

 

Y él hará (v. 5). Dios hará todo. Nos enseña cómo preservar nuestras mentes en tranquilidad en medio de ansiedades, peligros y ríos de problemas. “Arrollar” todo sobre él es la esencia de la fe. David nos llama a deleitarnos en el Señor y a entregarle todo lo que tenemos y hacemos ("tu camino"). Pero, ¿cómo hacemos esto? Deléitate significa experimentar gran placer y gozarse en la presencia de alguien. Esto sucede únicamente cuando conocemos muy bien a esa persona. Por lo tanto, para deleitarnos en el Señor, debemos conocerle mejor. El conocimiento de su gran amor por nosotros nos dará deleite.

Encomienda significa confiarle todo al Señor: vida, familia, trabajo y posesiones, para su control y dirección. Encomendarnos al Señor significa confiar y creer que El cuidará de nosotros mejor de lo que nosotros pudiéramos hacerlo. Deberíamos estar dispuestos a esperar con paciencia  para que El haga lo que es mejor para nosotros. Los cristianos no somos fatalistas. La Biblia enseña que Dios actúa en respuesta a la oración con fe; cambia las cosas, las situaciones, las personas; no sólo al que ora.

 

El v. 6 muestra que el salmista está consciente de que a veces se hace injusticia a los justos. Pero insiste en que Dios vindicará al justo.

 

El v. 7 incluye una estrofa entera. La fe implica la paciencia; el creyente espera que Dios actúe. El propósito de Dios no siempre es evidente sino hasta más tarde. El consejo no te alteres cabe bien aquí porque el justo ve que muchos por su viveza logran sus deseos, aunque sea por medios deshonestos. Requiere paciencia y fe negarse estas maneras de avanzar o ganar dinero.

 

No te apasiones (v. 8) es la misma palabra que no te impacientes en el v. 1 y no te alteres en el v. 7. El salmista lo enfatiza; el enojo no conviene, pues hace que los justos se metan en el mismo camino que los impíos. La ira y el disgusto (enojo) son dos de las emociones más destructivas. Revelan una falta de fe en que Dios nos ama y está al timón de nuestras vidas. No debemos disgustarnos. En cambio, debemos confiar en el Señor, entregándonos a El para su servicio y para que nos ponga a salvo. Cuando usted se enfrasca en sus problemas, se vuelve ansioso y se enoja. Pero si se concentra en Dios y en su bondad, encontrará paz. ¿Dónde pone su atención?

Cuando miramos alrededor vemos el mundo lleno de malhechores que florecen y viven con comodidad. Así se ha visto de antaño, por lo cual no debemos maravillarnos. Por esto somos tentados a angustiarnos, a pensar que es la única gente feliz, y tendemos a hacer como ellos; sin embargo, se nos advierte en contra. La prosperidad exterior se desvanece. Si miramos adelante, con el ojo de la fe, no veremos razón para envidiar al impío. Su lloro y lamento serán eternos.

La vida cristiana es confianza proveniente de la fe en el Señor y el cuidado diligente de servirle conforme a su voluntad. No es confiar en Dios, sino tentarlo, no tomar conciencia de nuestro deber para con Él. La vida del hombre no consiste en su abundancia, sino en tener el alimento suficiente para ti. Esto es más de lo que merecemos y basta para el que va al cielo.

Encomienda a Jehová tu camino; entrega tu camino al Señor, se puede leer. Echa tu carga sobre el Señor, la carga de tu preocupación. Debemos descargarnos nosotros mismos, no afligirnos ni quedarnos perplejos con pensamientos sobre cosas futuras, sino referirlos a Dios. Presenta en oración tu caso y todas tus preocupaciones ante el Señor y confía en Él. Debemos cumplir nuestro deber y, luego, dejarlo a Dios. La promesa es muy dulce: Él hará que ocurra lo que le encomendaste, sea lo que sea.

 

sábado, 8 de mayo de 2021

EN LA ENFERMEDAD Y EN LA SALUD

 

Mar 10:1    Levantándose de allí, vino a la región de Judea y al otro lado del Jordán; y volvió el pueblo a juntarse a él, y de nuevo les enseñaba como solía.

Mar 10:2  Y se acercaron los fariseos y le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar a su mujer.

Mar 10:3  El, respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés?

Mar 10:4  Ellos dijeron: Moisés permitió dar carta de divorcio, y repudiarla.

Mar 10:5  Y respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento;

Mar 10:6  pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios.

Mar 10:7  Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer,

Mar 10:8  y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno.

Mar 10:9  Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.

Mar 10:10  En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo,

Mar 10:11  y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella;

Mar 10:12  y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.

         

    El primer versículo de este pasaje muestra la paciencia y perseverancia de nuestro Señor Jesucristo como maestro. Se nos dice que vino "a los términos de la  Judea al otro lado del Jordán; y el pueblo volvió a juntársele; y, como de costumbre, le enseñaba...

A donde quiera que nuestro Señor iba, se ocupaba siempre de los negocios de su Padre, predicando, enseñando, y tratando de hacer bien a las almas. No  perdía ninguna oportunidad. En toda la historia de su ministerio terrestre no vemos que ni un día permaneció ocioso. De Él puede en verdad decirse que  ''sembraba sobre las aguas," y que "por la mañana sembraba la semilla, y por la noche no paraba su mano." Isaías 32.20; Ecles. 11.6.

Y, sin embargo, nuestro Señor conocía los corazones de los hombres. Sabía muy bien que una gran proporción de sus oyentes era empedernida e incrédula.

Sabía al hablar que la mayor parte de sus palabras caían al suelo sin que de ellas se cuidasen ni ocupasen, y que la mayor parte de las veces vano era el trabajo  que se tomaba por la salud de las almas. Todo esto lo sabía, y, sin embargo, continuaba trabajando.

Debemos ver en este hecho un modelo perpetuo para todos los que tratan de hacer el bien, cualquiera que sea su empleo. No lo borren de su memoria los  ministros y los misioneros, los profesores, los maestros de escuelas dominicales, los visitadores domiciliarios y agentes laicales, las cabezas de familia que  presiden al culto doméstico, y las nodrizas que tienen niños a su cargo; que todos recuerden el ejemplo que les da Cristo y traten de seguirlo. No hemos de  abandonar la enseñanza porque no palpemos el bien que produce; no debemos disminuir nuestros esfuerzos porque no veamos el fruto de nuestro trabajo.

Trabajemos con constancia, teniendo siempre presente el gran principio, que nuestro es el deber, y los resultados son de Dios. Preciso es que haya aradores y  sembradores así como segadores y otros que amarren las gavillas. El amo honrado paga a sus labradores según es la obra que hacen, y no según las mieses que  crecen en sus campos. Nuestro Señor tratará de la misma manera el día final a todos sus servidores. Sabe que no llevan el éxito en sus manos; sabe que no  pueden cambiar corazones, y los premiará según haya sido su trabajo, y .no por lo que este haya producido. No es al "siervo bueno y afortunado," sino al  "siervo bueno y fiel" a quien dirá: "Entra en el gozo de tu Señor." Mat. 25.21.

La mayor parte de este pasaje tiene por objeto mostrarnos la dignidad y la importancia del matrimonio. Es sabido que las opiniones dominantes entre los  judíos respecto a este particular, cuando nuestro Señor estuvo en la tierra, eran muy laxas y vulgares en extremo. No reconocían el carácter obligatorio del  vínculo matrimonial. Permitido era y muy común el divorcio por causas ligeras y aun triviales; y como una consecuencia muy natural, no se comprendían bien  cuáles eran los deberes de los maridos para con sus esposas, ni recíprocamente los de estas para con aquellos.  

El verdadero escollo de la cuestión era la interpretación de la ley de Deu_24:1 . Allí se establece que un hombre puede divorciar a su mujer si encuentra en ella alguna cosa indecente. ¿Cómo se debía interpretar esa frase? Sobre este asunto había dos escuelas de pensamiento.

Estaba la escuela de Shammay, que interpretaba el asunto con el máximo rigor: «alguna cosa indecente» se refería al adulterio sola y exclusivamente. Aunque la mujer fuera tan mala como Jezabel, a menos que fuera culpable de adulterio no se la podía divorciar.

La otra escuela era la de Hillel, que interpretaba la frase conflictiva tan ampliamente como se pudiera imaginar. Decían los de esta escuela que podía querer decir si la mujer le estropeaba la comida, si hablaba en la calle, si hablaba con un extraño, si hablaba irrespetuosamente de los parientes de su marido en su presencia, si era pendenciera (lo que se definía como que se la oyera en la casa de al lado). Rabí Aqiba llegaba aún más lejos al decir que quería decir que un hombre podía divorciar a su mujer si encontraba otra que le pareciera más bonita que ella.

Teniendo en cuenta cómo es la naturaleza humana, está claro que fue la interpretación más laxa la que prevaleció. En consecuencia, que se llegara al divorcio por las razones más triviales o sin razón alguna era trágicamente comente. A tal punto habían llegado las cosas en tiempos de Jesús que las mujeres se resistían a casarse en vista de lo inseguro que era el matrimonio. Cuando Jesús dijo esto, Se estaba pronunciando sobre un asunto que era un tema candente, y estaba rompiendo una lanza a favor de las mujeres y tratando de restaurar el matrimonio a la posición que debería tener.

Se han de notar ciertas cosas. Jesús citó la Ley mosaica, pero dijo que Moisés había concedido aquello solamente " para salir al paso de la dureza de vuestros corazones.» Eso podía querer decir una de dos cosas. Podía querer decir que Moisés lo estableció porque era lo mejor que se podía esperar de aquellos para los que estaba legislando. O puede que quiera decir que Moisés lo estableció con la intención de tratar de controlar una situación que, aun entonces, se estaba degenerando; que de hecho no se trataba de una concesión al divorcio, sino un intento de controlarlo, de reducirlo a alguna especie de ley y hacerlo un poco más difícil.

En cualquier caso, Jesús dejó bien claro que Él consideraba que Deu_24:1  se había establecido para una situación determinada, y que no se aplicaba con un carácter permanentemente vinculante. Las autoridades que Jesús citó se remontaban a mucho más atrás que Moisés. Como Su autoridad Se remontó a la historia de la Creación, y citó Gen_1:27  y 2:24. Su punto de vista era que, según la misma naturaleza, el matrimonio era una unión permanente de carácter indisoluble de dos personas, de tal manera que el vínculo no se podía romper nunca por leyes o disposiciones humanas. Estaba convencido de que, en la misma constitución del universo, el matrimonio estaba destinado a ser una unión absoluta y permanente, y ninguna disposición mosaica que tratara de una situación temporal podría alterarlo.

La dificultad está en el relato paralelo de Mateo, en el que hay una diferencia. En Marcos, la prohibición de Jesús del divorcio y del casarse de nuevo es absoluta, mientras que en Mat_19:3-9 , Jesús aparece prohibiendo absolutamente el matrimonio posterior, pero permitiendo el divorcio sobre la única base del adulterio. Casi podemos asegurar de que la versión de Mateo es correcta, y así se implica en Marcos. Era la ley judía que el adulterio disolvía obligatoriamente cualquier matrimonio. Y lo cierto es que la infidelidad disuelve de hecho el vínculo del matrimonio. Una vez que se ha cometido el adulterio, la unidad se ha roto en cualquier caso, y el divorcio no hace más que confirmar el hecho.

La verdadera esencia del pasaje es que Jesús insistió en que la inmoralidad sexual de su tiempo tenía que corregirse. Había que recordar a los que buscaban el matrimonio solamente por el placer que el matrimonio también es responsabilidad. A los que consideraban el matrimonio simplemente como un medio de gratificar sus pasiones físicas había que recordarles que era también una unidad espiritual. Jesús estaba levantando una defensa en torno al hogar.

Nunca se podrá exagerar la importancia de la cuestión que en este lugar decide nuestro Señor. Mucho debemos agradecerle que haya sido tan explícito y tan  completo en la manifestación de su modo de pensar respecto a ella. El matrimonio es el fundamento del sistema social de las naciones; la moralidad pública, y  la felicidad privada de las familias están profundamente interesadas en la cuestión de la ley sobre matrimonios. La experiencia de todas las naciones confirma  de una manera notable lo sabio de la decisión de nuestro Señor en este pasaje. Es un hecho comprobado, que la poligamia, y el permiso de obtener divorcios  por motivos ligeros, tienen una tendencia directa a engendrar la inmoralidad. En una palabra, cuanto más se acerquen las leyes de un país sobra el matrimonio  a la ley de Cristo, resultará que es más elevado el tono moral que reine en él. Todos los que están casados, o se proponen casarse, deben meditar bien en lo que el Señor Jesucristo nos enseña en este pasaje. De todas las relaciones de la  vida ninguna debe mirarse con más reverencia, ninguna contraerse con más cautela que la de marido y mujer. En ninguna otra se puede hallar más felicidad  terrena si se contrae con discreción, cordura y temor de Dios; pero en ninguna otra tampoco pueden originarse más desgracias si se emprende ligera, necia y  desacertadamente. No hay ningún acto en la vida que tanto beneficio pueda hacer al alma, si las voluntades y las manos se unen "en el Señor;" ninguno la  perjudica más, si el capricho, la pasión, o cualquier otro motivo mundano es la única causa que produce la unión. Salomón fue el más sabio de los hombres, y  "sin embargo aún a él lo hicieron pecar las mujeres extranjeras." Neh. 13.26.

Hay desgraciadamente demasiada necesidad de imprimir estas verdades en el corazón de los hombres. Es una verdad muy  triste que pocas determinaciones se toman en la vida, con tanta ligereza, tanto capricho y tal olvido de Dios como la de  casarse. Pocos son los jóvenes que piensan en invitar a Cristo a sus bodas. Es un hecho melancólico pero cierto que los  matrimonios desgraciados son una de las principales causas de las miserias y de las desgracias que tanto abundan en el  mundo. Tarde descubren que se han equivocado, y llenan de amargura el resto de sus días. Felices los que al pensar en  casarse observan estas tres reglas:

 La primera, casarse en el Señor y después de pedir en sus oraciones la aprobación y la  bendición del. Señor ; la segunda, no esperar demasiado de su cónyuge, recordando que el matrimonio es la unión de dos  pecadores, y no la de dos ángeles ; y la tercera, empeñarse primero y antes que todo en santificarse mutuamente. Los que  más santamente se casan, son siempre los más felices: "Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para  santificarla." Ef. 5;25


LA SAL DE LA VIDA CRISTIANA

 Mar 9:49  Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.

Mar 9:50  Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros.

 

          Estos dos versículos se encuentran entre los más difíciles del Nuevo Testamento. Los comentaristas aportan docenas de interpretaciones diferentes. La interpretación resultará más fácil si recordamos algo que ya hemos tenido oportunidad de advertir. Jesús dejaba caer a menudo dichos agudos que se grababan en la memoria de los oyentes de una manera indeleble. Pero a menudo, aunque se recordaban los dichos, no se recordaba la ocasión en que se dijeron. El resultado es que tenemos a menudo una serie de dichos aislados de Jesús que se han puesto juntos porque así quedaron en la memoria del autor.

Aquí tenemos un ejemplo de eso. No descubriremos el sentido de estos dos versículos a menos que reconozcamos que aquí tenemos tres dichos de Jesús totalmente independientes, que no tienen ninguna relación entre sí. El compilador los agrupó en este orden porque todos contienen la palabra sal. Son una pequeña colección de dichos de Jesús en los que se menciona la sal de diversas maneras como metáfora o ejemplo. Es decir, que no debemos tratar de encontrar ninguna relación remota entre estos dichos; debemos tomarlos independientemente, e interpretar cada uno por sí.

(i)                          Cada uno debe ser salado con fuego.

Según el Antiguo Testamento, había que echar sal a todos los sacrificios antes de ofrecerlos a Dios en el altar Lev_2:13). La sal de los sacrificios se llamaba la sal del pacto Num_18:19; 2 Crónicas 13). Era la adición de aquella sal lo que hacía el sacrificio aceptable a Dios, y la ley del pacto la establecía como necesaria. Este dicho de Jesús querrá decir entonces: " Antes de que una vida cristiana llegue a ser aceptable a Dios debe ser tratada con fuego de la misma manera que se sazona cualquier sacrificio con sal." El fuego es la sal que hace la vida aceptable a Dios.

¿Qué quiere decir esto? En el lenguaje corriente del Nuevo Testamento el fuego se relaciona con dos cosas.

(a) Se relaciona con la purificación. Es el fuego lo que purifica los metales bajos de ley; se les separan las aleaciones, y se deja el metal puro. Así que el fuego querrá decir cualquier cosa que purifica la vida: la disciplina, por la que una persona conquista su pecado; las experiencias de la vida, que purifican y fortalecen los nervios del alma. En este caso, esto querrá decir: «La vida que es aceptable a Dios es la que ha sido limpiada y purificada mediante la disciplina de la obediencia y de la aceptación de la dirección de Dios."

(b) El fuego se relaciona con la destrucción. En este caso, este dicho tendría que ver con la persecución. Querrá decir que la vida que ha sufrido las pruebas y los peligros de la persecución es la que es aceptable a Dios. El que se ha enfrentado voluntariamente con el peligro de la destrucción de sus bienes y aun de su propia vida a causa de su lealtad a Jesucristo es el que Dios quiere.

Podríamos tomar este primer dicho de Jesús en el sentido de que la vida que se purifica mediante la disciplina, y que se ha enfrentado con el peligro de la persecución a causa de su lealtad es el sacrificio que es precioso para Dios.

 

(ii)    La sal es buena; pero, si pierde su sabor, ¿cómo se le devolverá?

Este es un dicho todavía más difícil de interpretar. No diríamos que no haya otras interpretaciones posibles, pero la que proponemos es la siguiente. La sal tiene dos virtudes características. La primera es que presta sabor a las cosas. Un huevo sin sal es una cosa insípida. Cualquiera sabe lo desagradables que son muchos platos cuando no se les ha echado la sal necesaria. Segundo, la sal fue el primero de todos los conservantes. Para evitar que una cosa se eche a perder, se le pone sal. Los griegos solían decir que la sal actuaba como una nueva alma en un cuerpo muerto. La carne muerta se echa a perder; pero sazonada con sal conserva su frescura. La sal parece que le infunde una especie de vida. La sal defiende de la corrupción.

Ahora bien, el cristiano es enviado a una sociedad pagana para hacer algo por ella. La sociedad pagana tenía dos características:

 La primera, estaba aburrida y hastiada. Los mismos lujos y excesos del mundo antiguo eran una prueba de que en su agotamiento aburrido estaba buscando alguna emoción auténtica en una vida de la que habían desaparecido todas las emociones. A ese mundo aburrido y agotado vino el Cristianismo, y la tarea del cristiano era impartir un nuevo sabor y un nuevo encanto a la sociedad, como hace la sal cuando se usa con los alimentos.

Segunda, ese mundo antiguo estaba corrompido. Nadie lo sabía mejor que los mismos antiguos. Juvenal comparaba a Roma con una atarjea asquerosa. La pureza había desaparecido, y la castidad era desconocida. A aquel mundo corrompido llegó el Cristianismo, y la tarea del cristiano era aportar un antiséptico al veneno de la vida, una influencia limpiadora a toda esa corrupción. Exactamente lo mismo que la sal derrota la corrupción que ataca inevitablemente la carne muerta, así había de atacar el Cristianismo la corrupción del mundo.

Así que en este dicho Jesús le está presentando un desafío al cristiano. «El mundo -le decía- necesita el sabor y la pureza que solamente el cristiano puede aportar. Y si el mismo cristiano ha perdido el encanto y la pureza de la vida cristiana, ¿de dónde podrá sacar el mundo estas cosas?" A menos que el cristiano, por el poder de Cristo, derrote la fatiga y la corrupción del mundo, estas florecerán sin reservas.

 

(iii)                      Haya sal en vuestra vida para vivir en paz unos con otros.

 Aquí debemos tomar la sal en el sentido de pureza. Los antiguos declaraban que no había nada en el mundo más puro que la sal, porque esta procedía de las dos cosas más puras: el sol y el mar. La misma blancura resplandeciente de la sal era una señal de pureza. Así es que esto querría decir: «Haya en vuestra vida la influencia purificadora del Espíritu de Cristo; sed purificados del egoísmo y de la codicia, de la amargura y de la ira y del rencor; sed limpiados de la irritabilidad y del mal genio y del egocentrismo, y entonces, y solamente entonces, podréis vivir en paz con vuestros semejantes.» En otras palabras, Jesús está diciendo que es solamente la persona que ha sido limpiada del egoísmo y está llena de Cristo la que puede vivir en verdadera comunión con los demás.

 

Que las palabras con que terminó su discurso nuestro Señor resuenen en nuestros oídos, al concluir este pasaje. "Tened sal  en vosotros mismos, y paz unos con otros." Tengamos la seguridad de poseer en nuestros corazones la gracia salvadora del  Espíritu Santo, que santifica, purifica y preserva todo el hombre interno le la corrupción. Conservemos vigilantes la gracia  que diariamente se nos otorga, y pidamos a Dios que nos salve del descuido y del pecado, no sea que incurramos en faltas  que manchen nuestras conciencias y desacrediten nuestra profesión cristiana. Vivamos sobre todo en paz con los demás,  no buscando grandes cosas, ni intrigando por preeminencia, sino revestidos de humildad, y amando sinceramente a todos  los que aman a Cristo. Todo esto es muy sencillo, pero su cumplimiento acarrea grandes mercedes.

jueves, 6 de mayo de 2021

LA META QUE VALE CUALQUIER PENA

Mar 9:43  Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado,

Mar 9:44  donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

Mar 9:45  Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado,

Mar 9:46  donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

Mar 9:47  Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno,

Mar 9:48  donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

 

                 Este pasaje establece gráficamente a la manera característica del Oriente la verdad fundamental de que hay una meta en la vida por la que hay que sacrificar cualquier cosa. En las cuestiones naturales puede que una persona tenga que sacrificar un miembro o una parte del cuerpo para conservar la vida. La amputación de un miembro o la escisión quirúrgica de alguna parte del cuerpo es a veces la única manera de conservar la vida. En la vida espiritual puede suceder la misma clase de cosa.

Los rabinos judíos tenían dichos basados en la manera en que las distintas partes del cuerpo se pueden prestar al pecado. «Los ojos y el corazón son los dos agentes del pecado.» «El ojo y el corazón son las dos criadas del pecado.» «Las pasiones moran solamente en aquel que ve.» " ¡Ay de aquel que va donde le llevan sus ojos, porque los ojos son adúlteros!» Hay ciertos instintos humanos y ciertas partes de la constitución física de la persona que sirven al pecado. Este dicho de Jesús no ha de tomarse literalmente, pero es una manera gráfica oriental de decir que hay una meta en la vida a la que vale la pena sacrificarlo todo.

En este pasaje se hacen repetidas referencias a la guéenna. En el Nuevo Testamento se habla de la guéenna en Mat_5:22; Mat_5:29-30 ; Mat_10:28 ; Mat_18:9 ; Mat_23:15; Mat_23:33 ; Luk_12:5 ; Stgo_3:6 . Esta palabra se traduce generalmente por infierno. Es una palabra con historia. Deriva del hebreo de Antiguo Testamento, donde aparece como gué-hinnom, que quiere decir el valle de Hinnom, que era un torrente en las afueras de Jerusalén. Había tenido un pasado deplorable.

Fue el valle en el que Acaz, en la antigüedad, había instituido el culto del fuego y los sacrificios de niños en el fuego. «Quemó también incienso en el valle de los hijos de Hinom, e hizo pasar a sus hijos por fuego conforme a las abominaciones de las naciones que el SENOR había arrojado de delante de los israelitas» (2Cr_28:3 ). Manasés siguió este terrible culto pagano (2Cr_33:6 ). El valle de Hinnom, por tanto, fue la escena de una de las más terribles recaídas de Israel en las costumbres paganas. En sus reformas, Josías lo declaró lugar inmundo. «Asimismo profanó el Tofet, que está en el valle de los hijos de Hinom, para que ninguno pasara a su hijo o a su hija por fuego como una ofrenda a Moloc» (2Rey_23:10 ).

Cuando el valle se declaró inmundo y se profanó, se dedicó a basurero e incinerador de basuras de Jerusalén. En consecuencia, se convirtió en un lugar inmundo y asqueroso, en el que unos gusanos repulsivos se criaban en la basura, y que estaba siempre ardiendo y echando humo como un gran incinerador. La frase concreta acerca del gusano que nunca muere y del fuego que nunca se apaga viene de una descripción del destino de los enemigos de Israel en Isa_66:24 .

A causa de todo esto, la guéenna (en español gehena, D R.A E.) se había convertido en una especie de figura o símbolo del infierno, el lugar donde las almas de los malvados serían torturadas y destruidas. Así se usa en el Talmud: «El pecador que se resiste a las palabras de la Ley acabará por heredar la Guéenna." Así que guéenna representa el lugar del castigo, y la palabra sugeriría a las mentes de todos los israelitas las ideas más tenebrosas y terribles.

Pero, ¿cuál era la meta por la que valía la pena sacrificarlo todo? Se describe de dos maneras. Dos veces se la llama la vida, y una vez el Reino de Dios. ¿Cómo podemos definir el Reino de Dios? Podemos encontrar nuestra definición en la Oración Dominical. En esa oración encontramos dos peticiones en paralelo. «Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad en la Tierra como en el Cielo." El recurso literario más característico del estilo hebreo es el paralelismo. En él se colocan dos frases juntas, la segunda de las cuales, o repite lo de la otra o lo amplía, explica y desarrolla. Cualquier versículo de los Salmos puede servirnos de ejemplo. Así pues, podemos considerar que en la Oración Dominical una petición es la explicación y ampliación de la otra. Cuando las colocamos juntas obtenemos la definición de que "el Reino del Cielo es una sociedad en la Tierra en la que la voluntad de Dios se hace tan perfectamente como en el Cielo." De ahí podemos pasar a decir sencillamente que el hacer perfectamente la voluntad de Dios es ser ciudadanos del Reino del Cielo. Y si lo tomamos así y lo aplicamos al pasaje que estamos estudiando ahora, querrá decir que vale la pena cualquier sacrificio y cualquier disciplina y cualquier autonegación el hacer la voluntad de Dios. Y solamente haciendo esa voluntad se posee la vida verdadera y una paz definitiva y que satisface plenamente.

Orígenes tomaba esto simbólicamente. Decía que puede que sea necesario cortar algún hereje o alguna mala persona de la comunión de la Iglesia a fin de mantener la pureza del Cuerpo de Cristo. Pero este dicho ha de aplicarse personalmente. Quiere decir que puede que sea necesario cortar algún hábito, abandonar algún placer, renunciar a alguna amistad, cortar y excluir alguna cosa que nos ha llegado a ser muy querida, a fin de ser totalmente obedientes a la voluntad de Dios. Esta no es una cuestión que ninguno puede tratar de aplicarle a otro. Es solamente un asunto de la competencia individual de cada persona; y quiere decir que si hay algo en nuestra vida que está interponiéndose entre nosotros y la perfecta obediencia a la voluntad de Dios, aunque haya llegado a ser parte de nuestra vida por hábito o costumbre, debe ser desarraigada. El desarraigo puede que sea tan doloroso como una operación quirúrgica, puede parecerse a cortar una parte de nuestro propio cuerpo, pero si hemos de conocer la vida real, la verdadera felicidad y la verdadera paz, hay que renunciar a aquello. Esto puede que suene serio y sombrío, pero en realidad consiste simplemente en enfrentarnos con los Hechos de la vida.

               Vemos además en estos versículos la necesidad en que estamos de renunciar a todo lo que se atraviesa entre nosotros y la salvación de nuestras almas. La  "mano" y el "pié" deben ser cortados y el " ojo " sacado, si ofenden, o son ocasiones de pecar. Debemos renunciar a todo lo que nos es querido, como los ojos,  los pies y las manos, y alejarlo de nosotros si daña nuestras almas, cualquiera que sea el sacrificio o el dolor que nos cause.

Es una ley esta que parece a primera vista dura y severa en extremo, pero no sin causa la promulga nuestro amoroso Maestro. Cumplir con ella es  absolutamente necesario, puesto que el infringirla es caminar de seguro al infierno. Nuestros sentidos corporales son los canales por donde se introducen en  nosotros las tentaciones más formidables. Nuestros miembros son instrumentos dispuestos al mal, aunque lentos para el bien. El ojo, el pié, y la mano son  siervos buenos cuando están bien dirigidos, pero preciso es vigilarlos de continuo, pues si no, nos conducen al pecado.

Decidámonos con la gracia de Dios a hacer uso práctico de la orden solemne que en este pasaje nos da nuestro Señor. Considerémosla como la prescripción  de un médico sabio, el consejo de un padre tierno, o el apercibimiento de un amigo. Aunque los hombres nos ridiculicen por lo estricto y cumplidos que  seamos, sea en nosotros un hábito "crucificar nuestra carne con sus afectos y concupiscencias." Neguémonos todo goce antes de exponernos al peligro de  pecar contra Dios. Sigamos las huellas de Job, cuando dice: "He hecho un pacto con mis ojos." Job 31.1. Recordemos a Pablo; dice, "Sujeto mi cuerpo, y lo  pongo en servidumbre; no sea que predicando a los otros, no me vea yo mismo reprobado." 1 Cor. 9.27.

Vemos, finalmente, en estos versículos, la realidad, el horror, y la eternidad del castigo futuro. El Señor Jesús habla tres veces del "infierno." Menciona tres  veces el "gusano que nunca muere." Tres veces dice que " el fuego no se apagará."  Estas son expresiones terribles, que invitan a reflexionar más que a explicar. Medítenlas, considérenlas y recuérdenlas todos los que profesan ser cristianos.

Poca diferencia hace que las tomemos por figuradas o emblemáticas; si lo son, una cosa por lo menos es muy clara, que el gusano y el fuego son emblemas de  realidades; que hay un infierno verdadero, y un infierno que es eterno. No es mostrar misericordia el no tocar ante los hombres la cuestión del infierno; por lo  mismo que es tan horrible y tan tremendo, debemos imprimirla en todas las almas como una de las grandes verdades del Cristianismo. Nuestro Salvador que  es tan amoroso habla frecuentemente de él, y el apóstol Juan lo describe más de una vez en el libro de la Revelación; así es que los siervos de Dios no deben  en nuestros días avergonzarse de confesar que en él creen. Si no hubiera en Cristo una misericordia infinita para todos los que en El creen, podríamos con  razón evitar la consideración de tan horrible idea. Si no tuviéramos la sangre preciosa de Cristo que lava todos nuestros pecados, bien podríamos guardar  silencio respecto a la ira venidera. Pero hay misericordia para todo el que la pide en nombre de Cristo; hay una fuente abierta para todo pecado. Aseguremos  pues franca y decididamente que hay infierno, y supliquemos a los hombres que huyan de él, antes que sea muy tarde. "Conociendo los terrores del Señor," el  gusano, y el fuego, "persuadamos a los hombres." 2 Cor. 5.11. Posible es que no se hable bastante de Cristo, pero sí es posible que se diga poco del infierno.

RECOMPENSA Y CASTIGO

Mar 9:42  Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar.

 

 La enseñanza de este pasaje es sencilla e indiscutible y saludable.

(i) Declara que cualquier amabilidad que se tenga, cualquier ayuda que se otorgue a los que son de Cristo no quedará sin su recompensa. La razón de ayudar es que la persona necesitada pertenece a Jesús. Cualquier persona en necesidad tiene un derecho a nuestra atención, porque Le es querida a Cristo. Si Jesús estuviera todavía aquí corporalmente, ayudaría a esa persona de la manera más práctica, y ahora nos ha transferido a nosotros el deber de ayudarla. Nótese lo simple que es la ayuda. Lo que se da es un vaso de agua fresca. No se nos pide que hagamos grandes cosas por los demás, cosas que estén más allá de nuestras posibilidades. Se nos dice que demos las cosas sencillas que puede dar cualquiera.

Una misionera cuenta una historia preciosa. Le había contado a una clase de alumnos de primaria en África esto del vaso de agua fría en nombre de Jesús. Estaba la misionera sentada en su terraza, y vio que llegaba a la aldea una compañía de cargueros nativos con unos bultos muy pesados. Estaban cansados y sedientos, y se sentaron a descansar un poco. Eran de otra tribu, y si le hubieran pedido a los nativos corrientes no cristianos que les dieran agua les habrían contestado que se fueran a buscarla por sí mismos, porque existe una barrera entre las tribus. Pero mientras los hombres estaban sentados allí, cansados, la misionera vio salir de la escuela una fila de chiquillas africanas diminutas, llevando en sus cabecitas cántaros de agua. Tímida y vergonzosamente se fueron acercando a los cansados cargueros, se arrodillaron y les ofrecieron sus cantarillos de agua. Sin poder casi reponerse de la sorpresa, los cargueros tomaron los cántaros, y bebieron, y se los devolvieron, y las chiquillas echaron a correr hacia la misionera. «¡Les hemos dado a los hombres sedientos agua fresca -dijeron en nombre de Jesús!» Habían tomado y cumplido la historia y la obligación literalmente.

¡Ojalá lo hiciéramos más! Es un gesto de simple amabilidad lo que se necesita. un trago de agua, el sonreír al hermano -eso también es caridad.»

(ii) Pero lo opuesto también es cierto. Ayudar es ganar una recompensa eterna. El ser la causa de que tropiece un hermano débil es ganarse un castigo eterno. El pasaje es serio a propósito. La piedra de molino que se menciona es una piedra muy grande. Había dos clases de molinos en Palestina. Estaba el molino de mano, que usaban las mujeres en la casa; y estaba el molino cuya piedra era tan grande que requería un asno para hacerla dar vueltas.

La piedra de molino que se menciona aquí es literalmente una piedra de molino de asno. El que le tiraran a uno al mar con una piedra así al cuello era no tener la más mínima esperanza de salir con vida. Este era de hecho un castigo y una forma de ejecución tanto en Roma como en Palestina.

Josefo nos cuenta que, cuando algunos galileos tuvieron éxito en una revuelta " apresaron a los que eran del partido de Herodes, y los ahogaron en el Mar» El historiador romano Suetonio nos cuenta que Augusto, " porque el tutor y los que estaban al servicio de su hijo Gayo se aprovecharon de la enfermedad de su amo para cometer actos de arrogancia y codicia en la provincia, los mandó tirar al río con grandes pesos alrededor del cuello.»

Pecar es terrible; pero inducir a otro a pecar es infinitamente peor.

O'Henry tiene una historia en la que nos cuenta que una chiquilla había perdido a su madre, y su padre solía llegar a casa del trabajo, y sentarse, y quitarse la chaqueta, y abrir el periódico, y encender la pipa, y poner los pies en la repisa de la chimenea. La chiquilla entraba, y le, pedía que jugara con ella un poquito, porque estaba solita. Él le decía que estaba cansado, que le dejara en paz, que se fuera a jugar a la calle. Ella se iba a jugar a la calle, y así se acostumbró a estar en la calle. Pasaron los años, y murió. Su alma llegó al Cielo. Pedro la vio, y Le dijo a Jesús: «Maestro, aquí hay una chica que ha sido mala. Supongo que la mandaremos derechita al infierno.» "No -dijo Jesús tiernamente-, que entre, déjala entrar. -Y entonces se Le puso la mirada seria-: Pero buscad a un hombre que se negaba a jugar con su chiquilla y la mandaba a la calle, y mandadle a él al infierno.» Dios no es duro con el pecador, pero sí es severo con la persona que hace más fácil para otros el pecar, y cuya conducta, ya sea aposta o sin querer, pone un tropiezo en el camino de un hermano más débil.

EL QUE NO ESTÁ EN CONTRA DE NOSOTROS ESTÁ A FAVOR DE NOSOTROS

 

Mar 9:38  Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía.

Mar 9:39  Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí.

Mar 9:40  Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.

Mar 9:41  Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.

 

               

           Tenemos en estos versículos la opinión de Cristo respecto a la gran cuestión de tolerancia religiosa. El apóstol Juan le dijo, "Maestro, vimos a uno que lanzaba  demonios en tu nombre, y no nos sigue: y se lo vedamos, porque no nos sigue." Esa persona estaba sin duda haciendo una buena obra; es incuestionable que  militaba bajo la misma bandera de los apóstoles; pero eso no satisfacía á Juan, porque no trabajaba en su compañía, ni combatía con ellos en el mismo cuerpo  de ejército; por tanto, Juan se lo prohibió. Escuchemos ahora lo que decide sobre este particular la gran Cabeza de la iglesia. "Jesús le dijo, No se lo impidas;  porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre que pueda hablar mal de mí. Pues que el que no está contra nosotros, con nosotros está...

Más preocupados por la posición en su grupo que por liberar a los atormentados por los demonios, los discípulos sintieron celos de un hombre que sanaba en el nombre de Jesús. Hoy en día, muchas veces hacemos lo mismo al no participar en causas dignas porque:

 (1) no son miembros de nuestra denominación,

 (2) no se relacionan con la clase de gente con la que nos sentiríamos bien,

(3) no hacen las cosas como nosotros las haríamos,

(4) nuestros esfuerzos no reciben suficiente reconocimiento.

La buena teología es importante, pero eso nunca será excusa para evitar ayudar a los que padecen necesidad.

Esta es una regla preciosa, de que está en mucha necesidad la humana naturaleza, y que con harta frecuencia se olvida. Muy dispuestos están a imaginarse los  miembros de las diferentes ramificaciones de la iglesia de Cristo que ningún bien puede hacerse en el mundo, si no lo hace su propio partido o su  denominación especial. Tienen miras tan estrechas, que no pueden concebir ni aun la posibilidad de trabajar de otra manera sino siguiendo el modelo o el  sistema que se han trazado. Convierten en un ídolo la organización eclesiástica a que pertenecen, y no pueden encontrar ningún mérito en otra alguna. Son  como el que clamaba cuando El-dad y Medad profetizaban en el campamento, "Señor Moisés, prohíbeselos...

Debemos a este espíritu intolerante algunas de las páginas más negras de la historia de la iglesia. Cristianos han perseguido repetidamente a otros cristianos  por ninguna otra razón más fuerte que la que aquí da Juan. Han dicho en realidad a sus hermanos, "nos seguís, o no trabajáis por Cristo de ninguna manera...

 

Guardémonos de este sentimiento, pues está muy cerca de la superficie de nuestros corazones. Empeñémonos en practicar el espíritu tolerante que  Jesús nos recomienda en este pasaje, y agradezcamos toda buena obra cualquiera que sea la persona que la haga y el lugar en que se realiza. Espiemos en  nosotros mismos la más ligera inclinación a paralizar y detener a otros en sus trabajos, tan solo porque no han preferido adoptar nuestros planes, ni trabajar  con nosotros. Permitido nos es considerarlos errados en algunos particulares; creer que mucho más podría hacerse por Cristo, si se hubieran unido a nosotros,  y todos trabajáramos de consuno; lamentar los males que ocasionan las luchas y divisiones religiosas; pero esto no debe ser un obstáculo a que nos  regocijemos de que las obras del demonio sean destruidas y de que las almas se salven. ¿Está mi prójimo guerreando contra Satanás? ¿Está realmente  trabajando por Cristo? Esta es la gran cuestión. Mejor es cien mil veces que otras manos hagan el trabajo antes que quede por hacer. Feliz aquel que siente en  sí el espíritu de Moisés cuando dijo: " Ojalá que todos los miembros del pueblo de Dios fueran profetas," Núm. 11.29; y el de Pablo cuando este dice: "Si  Cristo es predicado, me regocijo, sí, y me regocijaré." Filip. 1:16.