domingo, 22 de abril de 2018

22 Abril: Meditando la Palabra de Dios en la Biblia.



   Hebreos 4; 13
Y no hay cosa creada oculta a su vista, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.

Los versículos 12 y 13 de este capítulo recuerdan al lector de lo serio del caso, pues toda incredulidad y resistencia a la Voluntad de Dios es cosa bien sabida por él y no escapará de su juicio y castigo.
La lección de este pasaje es que la Palabra de Dios ha venido al mundo, y es tal que no se puede ignorar. Los judíos tenían siempre una idea muy especial acerca de las palabras. Una vez que se decía una palabra, tenía una existencia independiente. No era simplemente un sonido con un cierto significado; era un poder que se liberaba y producía resultados. Isaías Le oyó decir a Dios que la Palabra que salía de Su boca no sería nunca ineficaz, sino que realizaría aquello para lo que Él la destinaba.
Podemos entender algo de esto si pensamos en la importancia tremenda que han tenido las palabras en la Historia. Un líder acuña una frase, y ésta se convierte en un toque de trompeta que mueve a las personas a sacrificios y hazañas. Algún gran hombre envía un manifiesto, y éste produce un efecto que puede hacer o deshacer naciones. Una y otra vez en la Historia la palabra que ha dicho algún líder o pensador ha salido y ha obrado grandes cosas. Si así sucede con las palabras humanas, cuánto más con la Palabra de Dios.
  Dice que todo está descubierto para Dios y no puede por menos de encontrarse ante Sus ojos. Usa dos palabras interesantes. La palabra para desnudo es gymnós. Lo que quiere decir es que, como personas humanas, solemos ocultarnos bajo un disfraz exterior; pero ante Dios estas cosas desaparecen y tenemos que enfrentarnos con Él tal como somos. La otra palabra es aún más gráfica: tetrajélismenos. No es una palabra corriente, y su significado no se conoce con absoluta certeza. Parece que se usaba de tres maneras diferentes.
(i) Es un término técnico de la lucha, y quiere decir agarrar al contrario de tal manera que no se puede mover. Puede que creamos que hemos conseguido evitar a Dios por un cierto tiempo; pero llega el momento en que nos agarra de tal manera que ya no podemos evitar encontrarnos cara a cara con Él. Llega el momento en que no podemos evadirnos más de Dios.
(ii) Es la palabra que se usaba con el sentido de despellejar animales. Éstos se colgaban, y se les quitaba la piel. La gente puede que nos juzgue por nuestra conducta y apariencia exteriores, pero Dios ve lo más secreto de nuestro corazón.
(iii) Algunas veces, cuando se llevaba a un criminal a juicio o a ejecución se le ponía un puñal con la punta debajo de la barbilla para obligarle a mantener la cara levantada para que todos pudieran ver su deshonra. Cuando se le hacía eso se decía que el hombre estaba tetrajélismenos. A fin de cuentas tenemos que enfrentarnos con la mirada de Dios. Tal vez nos podamos esconder de las personas a las que nos daría vergüenza enfrentarnos; pero no podremos evitar mirar a Dios cara a cara.    
 A todas las personas les llega el- momento en que tienen que encontrarse con ese Dios ante Cuyos ojos nada se puede ocultar.



Proverbios 5; 21

Pues los caminos del hombre están delante de los ojos del SEÑOR, y El observa todos sus senderos.

El v. 21 muestra la soberanía de Dios y su autoridad real como juez (ver 16:1–3, 9). Además se nota la omnipresencia de Dios. Ciertamente su poder es ilimitado. El engaño y el lugar oculto no tienen peso con él.
 Debemos recordar siempre que aunque los pecados secretos puedan escapar de los ojos de nuestros congéneres, no obstante los caminos del hombre están ante los ojos del Señor que no solamente los ve, sino pondera todas sus andanzas. Los que son tan necios que escogen el camino del pecado, son justamente dejados por Dios a sí mismos para que sigan adelante por el camino que lleva a la destrucción. Sin poder esconderse de Dios, al impío le espera un triste fin.

La razón; el ojo de Dios está sobre ti  y Él hará que el pecado imponga su propio castigo por haberla rechazado   Job_13:18; Heb_11:24

¡Maranata!¡Ven pronto mi Señor Jesús!




viernes, 20 de abril de 2018

21 Abril: Meditando la Palabra de Dios en la Biblia.



  Juan 1; 11-12
A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
   Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre,

Un modismo (hebraísmo) que significa que vino a su casa; probablemente significa que vino a su pueblo, el pueblo escogido de Dios (Deu_7:6), o sea, los que lógicamente deberían recibirlo. Mat_15:24.
           El tema de esta línea es el rechazo. No lo recibieron en su propia casa. No le dieron la bienvenida. No aceptaron o no reconocieron que Él era la persona que profesaba ser.  Jesús fue aceptado por los samaritanos (Jn_4:1-54), buscado por los griegos, pero rechazado por los representantes de su propio pueblo. Estos decían que eran hijos de Dios sin Cristo.  
         Cuando algún discípulo o iglesia de Cristo comete pecado, Cristo está a la puerta y llama (Apo_3:20-21). Los que no se arrepienten no le reciben.
No todos lo rechazaron, porque algunos le recibieron; Mat_10:41; Hch_13:48.
Los que reciben a Cristo creen en Cristo; los que creen en Cristo son los que lo reciben. ¿Qué significa la frase creen en su nombre? "En ti confiarán los que conocen tu nombre" (Sal_9:10), es decir, los que conocen la verdadera naturaleza de Dios. "Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria" (Sal_20:7). Confiamos en Dios porque sabemos quién es y cómo es. Creer en el nombre de Cristo significa creer en su naturaleza, aceptar que Él es Dios y someternos a su divina voluntad. Creer o creer en su nombre significa que el hombre es justificado por la fe sola, equivale a nacer del agua y del Espíritu. Significa obedecer al evangelio (como se ve claramente a través del libro de Hechos). "Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos" (Gál_3:26-27).
         ¿Qué dirán los que no creen en El? ¿Que solamente era un buen hombre? Si no es Dios, no es buen hombre porque dice que es Dios. Los que no creen en Cristo están obligados a explicar la evidencia presentada por Juan y los otros escritores que claramente prueba la deidad de Jesús.

No todos rechazaron a Jesús cuando vino; hubo algunos que sí Le recibieron y Le dieron la bienvenida, y a esos les dio Jesús el derecho de llegar a ser hijos de Dios.
Hay un sentido en el que una persona no es hija de Dios por naturaleza, sino que tiene que llegar a serlo. Tenemos que pensarlo en términos humanos porque son los únicos de que disponemos.
Hay dos clases de hijos. Están los que jamás hacen nada más que aprovecharse de su hogar. A lo largo de su juventud se apropian de todo lo que el hogar les ofrece sin dar nada a cambio. Puede que sus padres trabajen y se sacrifiquen para darles la mejor oportunidad posible en la vida, y lo toman todo como un derecho, sin darse cuenta nunca de lo que están recibiendo, y sin hacer el menor esfuerzo por merecerlo o compensarlo. Cuando se marchan de la casa paterna no hacen el menor esfuerzo para mantenerse en contacto. El hogar ha cumplido su misión, y ahí termina la cosa. No reconocen ningún lazo que tengan que mantener, ni ninguna deuda que tengan que pagar. Son los hijos de sus padres, y a ellos les deben la existencia y lo que son; pero no reconocen ningún vínculo de amor o intimidad. Sus padres se lo han dado todo por amor, pero los hijos no les han dado nada a cambio.
Por otra parte hay hijos que siempre son conscientes de lo que sus padres han hecho y hacen por ellos, y aprovechan todas las oportunidades que se les presentan para demostrarles su agradecimiento y tratar de ser la clase de hijos que sus padres querían que fueran. A medida que pasan los años están cada vez más cerca de sus padres, con los que desarrollan una relación de confianza y amistad. Hasta cuando salen del hogar el vínculo permanece, y son conscientes de una deuda que nunca podrán pagar.
En el primer caso, los hijos cada vez están más lejos de los padres; en el segundo, cada vez más cerca. Todos son hijos, pero de manera diferente. Los del segundo grupo llegan a ser hijos de una manera que los otros no alcanzan.
Podemos ilustrar esta clase de relación desde otro punto de vista, distinto pero parecido. A un famoso profesor le mencionaron el nombre de un joven que se presentaba como discípulo suyo. Este dijo: «Puede que asistiera a mis clases, pero no era uno de mis estudiantes.» Hay un mundo de diferencia entre asistir a las clases de un profesor y ser uno de sus estudiantes. Puede haber contacto sin comunión; puede- haber relación sin comunicación. «Todos somos hijos de Dios», se oye decir con frecuencia, y con razón si nos referimos a que todos Le debemos a Dios que nos haya creado y nos conserve la vida; pero sólo algunos llegan a ser hijos de Dios con la profundidad e intimidad de la verdadera relación entre Padre e hijos.
Juan proclama que sólo podemos entrar en esa relación real y verdadera de hijos con Dios por medio de Jesucristo. Cuando Juan dice que esto no viene de la sangre, está expresando la convicción judía de que un hijo nacía de la unión de la simiente del padre con la sangre de la madre. Esta condición de hijos no es el resultado de ningún impulso o deseo humano, ni de ningún acto de la voluntad humana; procede exclusivamente de Dios. No podemos hacernos a nosotros mismos hijos de Dios; tenemos que entrar en la relación con Dios que Él nos ofrece. Nadie puede entrar nunca en una relación de amistad con Dios por su propia voluntad y capacidad; hay una gran sima entre lo humano y lo divino. El hombre sólo puede entrar en amistad con Dios cuando Dios mismo le abre el camino por medio de Su Hijo Jesucristo.
Pensemos otra vez en términos humanos. Un plebeyo no puede acercarse a un rey para ofrecerle su amistad; si ha de producirse tal amistad tendrá que ser el rey el que la inicie y establezca. Eso es lo que sucede entre nosotros y Dios: no podemos entrar en relación con Él por nuestra voluntad o méritos, porque somos seres humanos y Él es Dios. Sólo puede ser cuando Dios; en Su gracia que no podemos merecer de ninguna manera, condesciende a abrirnos el camino.
Pero esto tiene también su lado humano. Lo que Dios ofrece, el hombre se lo tiene que apropiar. Puede que un padre humano le ofrezca a su hijo su amor, su consejo y su amistad, y que el hijo no los acepte y siga su propio camino. Así sucede con Dios: Él nos ofrece el derecho de llegar a ser hijos, pero no nos obliga a aceptarlo.
Como lo aceptamos es creyendo en el nombre de Jesucristo. ¿Qué quiere decir eso? El pensamiento y el lenguaje Hebreos usaban el nombre de una manera que nos resulta extraña. Con esa expresión los judíos no se referían tanto al nombre propio de una persona como a su naturaleza en tanto en cuanto era revelada o conocida. Por ejemplo, en el Sal_9:10  el salmista dice: «En Ti confiarán los que conocen Tu nombre.» Está claro que eso no quiere decir «los que saben que Te llamas Jehová,» sino los que conocen el carácter de Dios, Su naturaleza, cómo es Dios; ésos son los que están dispuestos a poner su confianza en Dios para todo.   Está claro que esto no quiere decir que hacemos alarde de que Dios se llama Jehová. Quiere decir que algunos ponen su confianza en medios materiales, pero nosotros la ponemos en Dios porque sabemos cómo es.
Confiar en el nombre de Jesús, por tanto, quiere decir poner nuestra confianza en lo que Él es. Él era la encarnación de la amabilidad y del amor y de la ternura y del servicio. La gran doctrina central de Juan es que en Jesús vemos la misma Mente de Dios, Su actitud para con los hombres. Si de veras creemos eso, entonces también creemos que Dios es como Le vemos en Jesús: tan amable y amoroso como era Jesús. Creer en el nombre de Jesús es creer que Dios es como Él; y es sólo cuando, creemos eso cuando podemos someternos a Dios y llegar a ser Sus hijos. A menos que hayamos visto en Jesús cómo es Dios, nunca nos atreveríamos a creer que podemos llegar a ser Sus hijos. Es lo que es Jesús lo que nos abre la posibilidad de llegar a ser hijos de Dios.

¡Maranata!¡Ven pronto mi Señor Jesús!

20 Abril: Meditando la Palabra de Dios en la Biblia.


 Juan 14; 1
No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí

Al cabo de muy poco, se les iba a hundir la vida a los discípulos de Jesús. Su mundo se les iba a colapsar, y el caos los iba a cercar. Entonces no les quedaría más que aferrarse desesperadamente a Dios con entera confianza. Como había dicho el salmista: «¡Si no creyese que tengo de ver la bondad del Señor en la tierra de los vivientes!»  Sal_27:13.  «Pero mis ojos miran hacia Ti, oh Señor Dios; en Ti busco refugio, ¡no me dejes indefenso!» (Sal_141:8).
Hay momentos en que tenemos que creer y aceptar aunque no podamos entender nada. Si, en la hora más oscura, creemos que, de alguna manera, hay un propósito en la vida, y que es un propósito de amor, hasta lo insoportable se hace soportable, y hasta en lo más denso de las tinieblas hay un rayo de luz.
Jesús añade algo. No dice solamente: «Creed en Dios.» Dice también: «Creed en Mí.» Si el salmista podía creer en la bondad final de Dios, mucho más nosotros. Porque Jesús es la prueba de que Dios está dispuesto a dárnoslo todo. Como decía Pablo: «Si Dios mismo no escatimó ni el dar a Su propio Hijo, sino que Le entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo vamos a pensar que no nos dará generosamente con El todas las cosas?» (Rom_8:32). Si creemos que tenemos el retrato de Dios en Jesús, entonces, a la vista de un amor tan maravilloso, llega a ser, no fácil, pero sí posible, aceptar hasta lo que no podemos entender, y mantener una fe serena en medio de las tormentas de la vida.

Juan 20; 31
pero éstas (señales) se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre.

No hay pasaje en los evangelios que resuma mejor que este el propósito del que lo escribió.
  Está claro que los evangelistas no se propusieron darnos un relato completo de la vida de Jesús. No Le siguen de día en día, sino hacen una selección. Nos dan, no un relato exhaustivo de todo lo que Jesús hizo y dijo, sino unos ejemplos que nos muestran cómo era y la clase de cosas que hacía y decía.
  Está claro que los evangelios no se proponían ser biografías de Jesús, sino invitaciones a tomarle como Salvador, Maestro y Señor. Su objetivo no era, dar información, sino dar vida. Era presentar un retrato de Jesús que permitiera al lector ver que la Persona que hablaba y enseñaba y obraba así no podía ser más que el Hijo de Dios; y que en esa fe encontrara el secreto de la vida real y verdadera.
Cuando nos ponemos a leer los evangelios como si fueran historia o biografía estamos adoptando una actitud equivocada. Debemos leerlos, no como si fuéramos estudiantes de historia que buscan información, sino como hombres y mujeres que buscan a Dios.
Para comprender la vida y misión de Jesús con mayor amplitud, todo lo que tenemos que hacer es estudiar los Evangelios. Juan nos dice que en su Evangelio hay solo algunas de las muchas señales que hizo Jesús en la tierra. Pero lo que está escrito es todo lo que nos hace falta saber para creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, por medio del cual recibimos vida eterna.

¡Maranata!¡Ven pronto mi Señor Jesús!

jueves, 19 de abril de 2018

LA LEY O LA FE



  Gálatas 5; 2-4
Mirad, yo, Pablo, os digo que si os dejáis circuncidar, Cristo de nada os aprovechará.
   Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a cumplir toda la ley.
   De Cristo os habéis separado, vosotros que procuráis ser justificados por la ley; de la gracia habéis caído.


La postura de Pablo era que el camino de la Gracia y el de la Ley se excluían mutuamente. El camino de la Ley hace que la salvación dependa exclusivamente del esfuerzo humano; el que toma el camino de la Gracia simplemente se abandona incondicionalmente a la misericordia de Dios. Pablo pasa a exponer que si uno acepta la circuncisión, que es una parte de la Ley, lógicamente tiene que aceptar toda la Ley. Desde luego, no se refiere a la circuncisión del niño judío que se circuncidaba al octavo día, ni tampoco a la circuncisión del judío adulto como en el caso de Timoteo (Hch_16:3), sino a la circuncisión de los hermanos gentiles con el propósito de obtener salvación (Hch_15:1; Hch_15:5).
         Antes de venir Cristo los gentiles que querían ser hijos de Dios se circuncidaban. Así pues, después de venir Cristo, si todavía tenían que circuncidarse, entonces Cristo no contaba para nada. Todo seguía igual porque, según los judaizantes, antes y después de venir Cristo era necesario circuncidarse para justificarse.
"Todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos". Al bautizarse en Cristo se comprometieron a someterse a la "perfecta ley de la libertad" de Cristo (Stg_1:25), pero al circuncidarse el gentil se hizo judío, miembro del pacto de la ley de Moisés, y puesto que la circuncisión era prenda del pacto, se comprometió a guardar toda la ley.
         Pero al hacerlo cayeron bajo maldición, porque nadie (con la excepción de Jesús) guardó la ley sin pecar (Rom_3:10; Rom_3:23). Esto quiere decir, pues, que al someterse a la ley de Moisés los gálatas no solamente iban a perder los beneficios del evangelio, sino que iban a caer bajo maldición. ¿Explicaron esto los judaizantes a los hermanos gálatas?

Supongamos que una persona desea llegar a ser ciudadana naturalizada de un país, y cumple rigurosamente todas las reglas y normas de ese país que se refieren a la adquisición de la nacionalidad. No puede pararse ahí, sino que está obligada a aceptar todas las otras leyes y disposiciones también. Así demostraba Pablo que, si un hombre se circuncidaba, adquiría el compromiso de cumplir toda la Ley a la que la circuncisión era la entrada; y, si aceptaba ese camino, le había vuelto la espalda automáticamente al camino de la Gracia y, por lo que a él le concernía, Cristo podría no haber muerto nunca por él.
Para Pablo, lo único que importaba era la fe que actúa por medio del amor. Esa es sencillamente otra manera de decir que la esencia del Cristianismo no es la Ley, sino una relación personal con Jesucristo. La fe cristiana no se basa en un libro, sino en una Persona; su dinámica no es la obediencia a ninguna ley, sino el amor a Jesucristo.
Antes, los Galátatas habían sabido eso; pero ahora estaban volviendo a la Ley. «Un poco de levadura -decía Pablo leuda toda la masa.» Para los judíos, la levadura representaba casi siempre una mala influencia. Lo que Pablo quiere decir es: «Este movimiento legalista puede que no haya llegado todavía demasiado lejos, pero tenéis que desarraigarlo antes de que destruya toda vuestra vida espiritual.»
Pablo acaba con un dicho muy atrevido. Galacia estaba cerca de Frigia, y el gran culto de esa parte del mundo era el de la diosa Cibeles. Los sacerdotes y los adoradores realmente devotos de Cibeles tenían la costumbre de mutilarse mediante la castración. Pablo dice: " Si seguís por el camino que empieza en la circuncisión, bien podéis acabar castrándoos como esos sacerdotes paganos.» Es una ilustración hosca que hace que una sociedad cortés frunza las cejas; pero todo sería inmensamente real para los Galátatas, que sabían todo eso acerca de los sacerdotes de Cibeles
Los judaizantes enseñaban que era necesario no solamente ser bautizados para perdón de pecados sino también ser circuncidados para lo mismo (Hch_15:1; Hch_15:5).
-- de la gracia habéis caído. -- Probablemente esto sorprendió a los hermanos gálatas, porque ellos querían mantener su relación con Cristo. Ellos no renunciaron a Cristo y su cruz ni la importancia de obedecer al evangelio, sino que después de hacerlo algunos se sometían también a la ley de Moisés. Querían someterse a las dos leyes, pero Pablo enfatiza que el resultado de tal proceder es caer de la gracia y completamente perder a Cristo.
           Todos los que verdaderamente se convierten a Cristo perseverarán:   (1) El hombre nace pecador
 (2) Dios incondicionalmente elige a los que serán salvos
 (3) por éstos Cristo murió
(4) el Espíritu Santo los llama  
y (5) no pueden caer. Según esta teología todo depende de Dios y el hombre no es responsable; la única cosa que el hombre hace es creer y aun esto es don de Dios (Efe_2:8).

         Jua_5:24, "El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida".
 El Sr. Sam Norris que era el "Pastor" de la Primera Iglesia Bautista de Stamford, Texas, escribió, "Tomamos la posición de que los pecados del cristiano no condenan su alma. La manera en que el cristiano vive, lo que diga, su carácter, su conducta, o su actitud hacia otros no tienen nada que ver con la salvación de su alma... Todas la oraciones que el hombre ore, todas las Biblias que lea, todas las iglesias a que pertenezca, todos los servicios que asista, todos los sermones que practique, todas las deudas que pague, todas las ordenanzas que observe, todas las leyes que guarde, todos los actos de benevolencia que haga no harán más segura su alma; y todos los pecados que cometa, desde la idolatría hasta el homicidio, no someterán a más peligro su alma... La manera en que el hombre viva no tiene nada que ver con la salvación de su alma" (de su folleto Do a Christian's Sins Damn His Soul? (¿Condenan su alma los pecados del cristiano?).
         Pero Jesús promete que "no vendrá a condenación" si sigue creyendo. Esta promesa no es incondicional. Si fuera incondicional, entonces Jn_3:36 también sería incondicional: "el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida" (aunque después se arrepintiera).
         Jn_10:28, "Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano".
Dijo otro pastor bautista: "Si yo matara a mi esposa y madre y asaltara a mil mujeres no podría ir al infierno; en realidad yo no podría ir al infierno aunque yo quisiera. Si en el día de juicio me diera cuenta que mis seres queridos estuvieran perdidos, y si yo perdiera todo deseo de ser salvo y si yo rogara a Dios que me enviara al infierno con ellos, El no lo podría hacer, y si lo hiciera sería mentiroso porque Él dijo que 'nadie las arrebatará de mi mano'" (Bill Foster, The Weekly Worker, 12 de marzo de 1959).

         Pero Jn_10:2 7 dice, "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen". El ver. 28 no dice que las ovejas de Jesús no pueden dejar de oír su voz. No dice que no pueden dejar de seguirle. Esta promesa es condicional. Se basa en dos cosas: (1) que oigan su voz y (2) que le sigan. Al seguir cumpliendo estos dos requisitos "no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano".
         Rom_8:38-39, Estas cosas no podrán separarnos del amor de Dios, pero voluntariamente nosotros mismos podemos separarnos de Dios. No nos pueden separar del amor de Dios, pero tenemos que "conservarnos" en el amor de Dios, Jud_1:21. La iglesia de Efeso dejó "su primer amor" (Apo_2:4)
         1Jn_2:19, "Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros".
Este texto se usa para probar que si alguien se aparta de la fe, en realidad nunca era cristiano, pero Juan dice, "Salieron de nosotros". Estos habían estado con los apóstoles y otros hermanos fieles, porque no es posible que alguien salga de algún lugar si nunca estuvo en ese lugar. Es imposible llegar a ser cristiano y estar con los apóstoles y otros hermanos fieles sin creer que el Cristo había venido en carne. Pero no eran de "nosotros" (hermanos fieles) cuando salieron porque habían rechazado la verdad acerca de Cristo aunque al principio la habían aceptado. No se puede probar que estos nunca fueron convertidos. Dios juzga los corazones pero nosotros no podemos hacerlo. (Para no reconocer que Judas cayó dicen que él no era discípulo verdadero, pero Mat_10:1 dice, "Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos". Por eso, si Judas no era un verdadero discípulo de Jesús, era siervo de Satanás y cuando él echó fuera los espíritus inmundos Satanás echó fuera a Satanás, Mat_12:26).

         Aquí mismo en Gál_5:1 Pablo dice claramente que los gálatas habían gozado de libertad: "Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres". ¿Cómo podían estar firmes en la libertad si nunca fueron libres? ¿Cómo podrían estar otra vez sujetos al yugo de esclavitud si no habían salido de la esclavitud? ¿Cómo podían desligarse de Cristo si nunca habían estado ligados a Cristo? ¿Cómo podían caer de la gracia si nunca habían estado en la gracia?  
          El caso de los gálatas se puede comparar con los de Hch_20:30, "de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos". No se puede probar que estos nunca fueron convertidos. Eran discípulos pero "naufragaron en cuanto a la fe" (1Ti_1:19).
         Tal vez el texto más citado sobre el tema es 1Co_10:12, "el que piensa estar firme, mire que no caiga". Muchos textos nos dicen lo que debemos hacer para no caer. 1Co_9:27; 2Pe_1:5-10; 2Pe_3:18.
          

19 Abril: Meditando la Palabra de Dios en la Biblia.



 1 Pedro 1; 18-19
sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecederas como oro o plata,
   sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo.

Pedro tiene un curso de pensamiento que es general en todo el Nuevo Testamento. Jesucristo no es sólo el Cordero que fue sacrificado: es también el Resucitado y el Triunfador a Quien Dios dio la gloria. Los pensadores del Nuevo Testamento rara vez separan la Cruz de la Resurrección; rara vez piensan en el sacrificio de Cristo sin pensar en Su triunfo.  Hay algo equivocado sutil y trágicamente en cualquier énfasis que se haga en la agonía de la Cruz que pudiera nublar la gloria de la Resurrección, cualquier sugerencia de -que lo que aseguró la salvación del mundo fue el dolor soportado pacientemente más bien que el amor triunfador de la vida y de la muerte.  Dónde concentran la mirada los creyentes desde el principio de la cuaresma, qué es lo que más vemos.  ¿Es la oscuridad que cubrió la Tierra al mediodía, rodeando el dolor y la angustia de la Cruz? ¿O es la deslumbradora misteriosa brillantez del amanecer que irradió desde la tumba vacía?  Hay formas de predicación evangélica seria y devota, y de obras teológicas que dan la impresión de que, de alguna manera, la Cruz ha ensombrecido la Resurrección, y que todo el propósito de Dios se cumplió en el Calvario. La verdad, que se nubla a nuestro grave riesgo espiritual, es que la Crucifixión no se puede interpretar ni entender más que a la luz de la Resurrección.

Con Su muerte Cristo emancipó a la humanidad de la esclavitud al pecado y la muerte; pero con Su Resurrección le da una vida gloriosa e indestructible como la Suya. Su Resurrección nos da fe y esperanza en Dios.

En este pasaje vemos a Jesús como el gran Emancipador al precio del Calvario; vemos en Jesús el eterno propósito redentor de Dios; vemos a Jesús como el Vencedor glorioso de la muerte y Señor de la vida, el dador de la vida que la muerte no puede tocar, y de una esperanza que nada puede arrebatar.


Efesios 2; 8-9
Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios;
no por obras, para que nadie se gloríe.

La fuente, la base, de la salvación es Dios, no los hombres. Dios provee la salvación, cosa que el hombre no puede hacer, porque no puede proveerse un salvador (no puede morir por sus propios pecados). Ninguna filosofía, ningún código de preceptos morales, ninguna ley humana puede efectuar nuestra salvación.
Pablo insiste en que es por gracia como somos salvos. No hemos ganado la salvación ni la podríamos haber ganado de ninguna manera. Es una donación de Dios, y nosotros no tenemos que hacer más que aceptarla. El punto de vista de Pablo es innegablemente cierto. Y esto por dos razones.
Dios es la suprema perfección; y por tanto, solo lo perfecto es suficientemente bueno para él. Los seres humanos, por naturaleza, no podemos añadir perfección a Dios; así que, si una persona ha de obtener el acceso a Dios, tendrá que ser siempre Dios el Que lo conceda, y la persona quien lo reciba.
Dios es amor; el pecado es, por tanto, un crimen, no contra la ley, sino contra el amor. Ahora bien, es posible hacer reparación por haber quebrantado la ley, pero es imposible hacer reparación por haber quebrantado un corazón. Y el pecado no consiste tanto en quebrantar la ley de Dios como en quebrantar el corazón de Dios.
Esto quiere decir que las obras no tienen nada que ver con ganar la salvación. No es correcto ni posible apartarse de la enseñanza de Pablo aquí -y sin embargo es aquí donde se apartan algunos a menudo. Pablo pasa a decir que somos creados de nuevo por Dios para buenas obras. Aquí tenemos la paradoja paulina. Todas las buenas obras del mundo no pueden restaurar nuestra relación con Dios; pero algo muy serio le pasaría al Cristianismo si no produjera buenas obras.
No hay nada misterioso en esto. Se trata sencillamente de una ley inevitable del amor. Si alguien nos ama de veras, sabemos que no merecemos ni podemos merecer ese amor. Pero al mismo tiempo tenemos la profunda convicción de que debemos hacer todo lo posible para ser dignos de ese amor.
Así sucede en nuestra relación con Dios. Las buenas obras no pueden ganarnos nunca la salvación; pero habría algo que no funcionaría como es debido en nuestro cristianismo si la salvación no se manifestara en buenas obras. Como decía Lutero, recibimos la salvación por la fe sin aportar obras; pero la fe que salva va siempre seguida de obras. No es que nuestras buenas obras dejen a Dios en deuda con nosotros, y Le obliguen a concedernos la salvación; la verdad es más bien que el amor de Dios nos mueve a tratar de corresponder toda nuestra vida a ese amor esforzándonos por ser dignos de él.
Sabemos lo que Dios quiere que hagamos; nos ha preparado de antemano la clase de vida que quiere que vivamos, y nos lo ha dicho en Su Libro y por medio de Su Hijo. Nosotros no podemos ganarnos el amor de Dios; pero podemos y debemos mostrarle que Le estamos sinceramente agradecidos, tratando de todo corazón de vivir la clase de vida que produzca gozo al corazón de Dios.
¡Maranata!¡Ven pronto mi Señor Jesús!


miércoles, 18 de abril de 2018

18 Abril: Meditando la Palabra de Dios en la Biblia.



Gálatas 1; 3-4
 Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo,
   que se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre,
   
 La palabra griega cáris  es traducida gracia. Tiene la idea de la bondad o el favor inmerecido que Dios tiene hacia el pecador. El hombre no tiene méritos para agradar a Dios fuera de Cristo. La paz  es el estado de vida que una persona tiene cuando deposita su fe en Jesucristo. Los originadores de la gracia y la paz son Dios Padre y Jesucristo.

La gracia y la paz de Dios se muestran en la muerte de Cristo. Jesús se dio a sí mismo por nuestros pecados. El énfasis del evangelio no está en lo buena que es la humanidad sino en el sacrificio de Cristo. En su gracia, Él pagó a la justicia de Dios por nuestros pecados. La salvación de Dios no se puede comprar con obras porque Cristo ya la pagó; el regalo de la salvación es recibido cuando es aceptado; el resultado de la salvación son las buenas obras. La voluntad de Dios en la salvación se manifiesta en librarnos de la presente época malvada. El tema del evangelio no es simplemente justificación por la fe sino también santificación. El creyente es salvo para caminar en santidad, en hacer aquello que agrada a Dios; ésta es la voluntad de Dios. En otras palabras, Jesucristo rompió las cadenas del pecado. Él nos compró para servirle, somos libres para servir a Dios. Este concepto es diferente al de los judaizantes, que enseñaban la justificación por hacer las obras legalistas. El hacer el bien en Cristo Jesús (no para ser salvos sino porque somos salvos) es la voluntad de Dios para el creyente.

1 Tesalonicenses 4; 16
Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero.

La voz de Cristo siempre es con autoridad. Podemos verlo en  Jn_11:43, “¡Lázaro, ven fuera!”. La misma voz que resucitó a Lázaro nos resucitará a nosotros. “Todos los que están en los sepulcros oirán su voz” (la voz de Cristo) (Jn_5:28).
      
         Recuérdese el propósito de Pablo. Está consolando a los hermanos con respecto a los que duermen. Para hacerlo enseña que los muertos resucitarán antes de la transformación de los vivos; por eso, en cuanto a la venida de Cristo, los muertos serán bendecidos antes que los vivos.
Aquí hay consuelo para los parientes y amigos de los que mueren en el Señor. La pena por la muerte de amigos es lícita; podemos llorar nuestra propia pérdida, aunque sea ganancia para ellos. El cristianismo no prohíbe nuestros afectos naturales y la gracia no los elimina. Pero no debemos exagerar nuestros pesares; esto es demasiado parecido a los que no tienen esperanza de una vida mejor. La muerte es desconocida y poco sabemos del estado después de morir, pero las doctrinas de la resurrección y de la segunda venida de Cristo son remedio contra el temor a la muerte, y contra la pena indebida por la muerte de nuestros amigos cristianos; tenemos la plena seguridad de estas doctrinas.
Será felicidad que todos los santos se junten y permanezcan juntos para siempre, pero la dicha principal del cielo es estar con el Señor, verle, vivir con Él, y gozar de Él para siempre. Debemos apoyarnos unos a otros en los momentos de tristeza; sin mortificar los espíritus unos a otros ni debilitarnos las manos de unos y otros. Esto puede hacerse porque hay muchas lecciones que aprender sobre la resurrección de los muertos y la segunda venida de Cristo. ¡Qué consuelo para el hombre cuando se le diga que va a comparecer ante el trono del juicio de Dios! ¿Quién puede ser consolado con estas palabras? Sólo el hombre a cuyo espíritu da testimonio Dios que sus pecados han sido borrados y los pensamientos de su corazón son purificados por el Espíritu Santo, de modo que puede amar a Dios y magnificar dignamente su nombre. No estamos en estado seguro a menos que esto sea así en nosotros o que deseemos que así sea.

¡Maranata! ¡Ven pronto mi Señor Jesús!

martes, 17 de abril de 2018

17 Abril: Meditando la Palabra de Dios en la Biblia.



    
 Proverbios 4; 23
Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida.

Valora y protege tu mente, emociones y voluntad. ¡Cómo se hubiera beneficiado Salomón si hubiera seguido su propio consejo!
Nuestro corazón, nuestros sentimientos de amor y deseos, dicta en gran manera cómo vivimos debido a que siempre encontramos el tiempo para hacer lo que disfrutamos. Salomón nos dice que tengamos cuidado con nuestros afectos, que nos aseguremos y concentremos en esos deseos que nos mantendrán en el buen camino. Asegúrate de que tus afectos te lleven hacia la dirección correcta. Pon  límites a tus deseos: no vaya detrás de todo lo que veas. Mira hacia adelante, mantén  tus ojos fijos en la meta, Cristo;  no te desvíes en lo que te puede conducir a perdición.
Guarda tu corazón con toda diligencia. Debemos poner estricta vigilancia a nuestras almas; impedir que nuestros corazones infieran dolor y sean heridos. Se da una buena razón: porque de ahí surgen los asuntos de la vida. Por sobre todo, debemos buscar del Señor Jesús el agua viva, el Espíritu santificador, que brota para vida eterna. Así seremos capacitados para eliminar una boca perversa y labios pervertidos; nuestros ojos serán vueltos de contemplar la vanidad, mirando derecho adelante y andando por la regla de la palabra de Dios, yendo en los pasos de nuestro Señor y Amo. Señor, perdona el pasado y capacítanos para seguirte más de cerca durante el tiempo venidero.

Salmo 37; 3

Confía en el SEÑOR, y haz el bien; habita en la tierra, y cultiva la fidelidad.


La vida del hombre no consiste en su abundancia, sino en tener el alimento suficiente para ti. Esto es más de lo que merecemos y basta para el que va al cielo.
Deleitarse en Dios es tanto un privilegio como un deber. Él no ha prometido complacer los apetitos del cuerpo y los humores de la fantasía, sino los deseos del alma renovada y santificada. ¿Cuál es el deseo del corazón de un hombre bueno? Es conocer y amar y servir a Dios.


Salmo 37; 7
Confía callado en el SEÑOR y espérale con paciencia; no te irrites a causa del que prospera en su camino, por el hombre que lleva a cabo sus intrigas.


El creyente que espera en el Señor no tiene nada que temer ni nada que envidiar.
Satisfagámonos con que Dios hará que todo obre para nuestro bien. No nos agitemos por lo que vemos en este mundo. Un espíritu afanoso, descontento está expuesto a muchas tentaciones. Porque en todos los aspectos, lo poco que se asigna al justo, es más consolador y provechoso que todas las riquezas mal obtenidas y engañosas de los impíos. Viene de una mano de amor especial. Dios provee abundantemente y bien, no sólo para sus siervos que trabajan, sino para sus siervos que esperan. Tienen lo que es mejor que la riqueza, paz mental, paz con Dios, y entonces, paz en Dios; esa paz que el mundo no puede dar y el mundo no puede tener. Dios conoce los días del creyente. Nada de la obra de un día quedará sin recompensa. Su tiempo en la tierra se cuenta por días, que pronto terminará la cuenta; pero la felicidad celestial será para siempre.

Salmo 25; 20
Guarda mi alma y líbrame; no sea yo avergonzado, porque en ti me refugio.
El salmista concluye, como empezó, expresando dependencia de Dios y deseo de Él. Bueno es esperar así y aguardar calladamente la salvación del Señor. Y si Dios se vuelve a nosotros, no importa quien se vuelva de nosotros. Él alega su propia integridad. Aunque culpable ante Dios, para sus enemigos tenía el testimonio de conciencia de no haberles hecho mal. A la larga Dios dará a Israel descanso de todos los enemigos que le rodean. El Israel de Dios será perfectamente redimido en el cielo de todo problema. Bendito Salvador, nos has enseñado bondadosamente que sin ti nada podemos hacer. Enséñanos a orar, a comparecer delante de ti en la manera que elijas, y a elevar nuestro corazón y todos nuestros deseos hacia ti, porque tú eres el Señor, nuestra justicia.

Juan 14; 21
El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre; y yo lo amaré y me manifestaré a él.

El que tiene mis mandamientos, y los guarda (no solamente sabe hablar de ellos, sino que los guarda en su corazón y los practica en su vida), ése es el que me ama. Esta es la evidencia verdadera del amor a Cristo: guardan su enseñanza. Este amor obediente y confiado conduce a dos cosas. La primera, a la seguridad absoluta. El día del triunfo de Jesús, los que hayan estado unidos a Él por el amor obediente estarán a salvo en un mundo que se hunde. La segunda, a una Revelación cada vez más plena. La Revelación de Dios es algo costoso. Siempre tiene una base moral; es a la persona que cumple Sus mandamientos a la que Se revela Cristo. Una persona mala jamás podrá recibir la Revelación de Dios. Puede que Dios la use; pero no puede tener comunión con Él. Dios sólo se revela a los que Le buscan. Y es sólo a la persona que, a pesar de sus fracasos, se eleva hacia Dios, a la que Dios desciende. La comunión con Dios y la Revelación de Dios dependen del amor; y el amor depende de la obediencia. Cuanto más obedecemos a Dios, mejor Le entendemos; y la persona que anda por Sus caminos no puede por menos de caminar con Él.

Esto no significa obediencia perfecta (Flp_3:12; 1Jn_1:8-10), porque acerca de sus apóstoles Jesús dijo al Padre, "me los diste, y han guardado tu palabra", aunque tuvieran sus debilidades. Todos debemos orar, "perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores" (Mat_6:12).
Dios ama a todo el mundo, pero no de la manera que ama al verdadero discípulo de Cristo. El cristiano ama aun al enemigo (Mat_5:44), pero este amor no es lo mismo que el amor que tiene por su hermano en Cristo.
Manifestar, exhibir a la vista... metafóricamente, de que Cristo daría evidencia por la acción del Espíritu Santo en las almas de los discípulos que El (Cristo) vivía en el cielo"  
         Algunos creen que Jesús "se manifiesta" a ellos, y dicen que sienten su presencia en su corazón, que sienten que Él está muy cercano, que tienen sentimiento de gran fuerza por la presencia del Espíritu Santo, etc., pero tales conceptos son subjetivos y peligrosos porque no son bíblicos sino humanos.

¡Maranata!¡Ven pronto mi Señor Jesús!