miércoles, 7 de diciembre de 2016

MANTENGÁMONOS PUROS

  (Estudio bíblico familiar 7 diciembre 2016)

1Juan 3:3-8  Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.
   Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley.
   Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.
   Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.
 Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo.
El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.

Juan acaba de decir que el cristiano está de camino hacia ver a Cristo y ser como El. No hay nada que ayude tanto a una persona a resistir la tentación como un gran objetivo. Cierto novelista traza el retrato de un joven que siempre se negaba a tomar parte en los placeres más bajos a los que sus camaradas le invitaban a menudo y hasta le desafiaban. Su explicación era que algún día algo maravilloso iba a entrar en su vida, y que debía mantenerse preparado para ello. El que sabe que Dios está esperándole al final del camino hará que toda su vida sea una preparación para ese encuentro.

Este pasaje se dirige contra los falsos maestros gnósticos. Como ya hemos visto, presentaban más de una razón para justificar el pecado. Decían que el cuerpo era malo de todas maneras, y que por tanto no había ningún peligro en satisfacer sus deseos, porque lo que sucediera con el cuerpo no tenía importancia. Decían que el hombre realmente espiritual estaba tan pertrechado por el Espíritu que podía pecar todo lo que le diera la gana sin sufrir ningún daño. Hasta decían que los verdaderos gnósticos tenían la obligación, tanto de escalar las alturas como de sondear las simas, para así poder decir que conocía todas las cosas. Por detrás de la respuesta de Juan hay una especie de análisis del pecado.

Empieza por insistir en que no hay nadie que esté por encima de la ley moral. Nadie puede decir que no corre riesgos al permitirse ciertas cosas, aunque sean peligrosas para otros. " La prueba del progreso está en la obediencia.»
Los hijos de Dios sabemos que nuestro Señor es de ojos muy puros que no permiten que nada impío e impuro habite en Él. La esperanza de los hipócritas, no la de los hijos de Dios, es la que permite la satisfacción de deseos y concupiscencias impuras. Seamos sus seguidores como hijos amados, mostrando así nuestro sentido de su indecible misericordia y expresemos esa mentalidad humilde, agradecida y obediente que nos corresponde.
El pecado es rechazar la ley divina. En Él, esto es, en Cristo no hubo pecado. Él asumió todas las debilidades, pero sin pecado, que fueron consecuencias de la caída, esto es, todas esas debilidades de la mente o cuerpo que someten al hombre a los sufrimientos y lo exponen a la tentación. Pero Él no tuvo nuestra debilidad moral, nuestra tendencia al pecado.
El que permanece en Cristo no practica habitualmente el pecado. Renunciar al pecado es la gran prueba de la unión espiritual con el Señor Cristo, y de la permanencia en Él y en su conocimiento salvador. Cuidado con engañarse a uno mismo. El que hace justicia es justo y es seguidor de Cristo, demuestra interés por fe en su obediencia y sufrimientos. Pero el hombre no puede actuar como el diablo y ser, al mismo tiempo, un discípulo de Cristo Jesús. No sirvamos ni consintamos en aquello que el Hijo de Dios vino a destruir. Ser nacido de Dios es ser internamente renovado por el poder del Espíritu de Dios.
 La vida cristiana es un proceso que consiste en ser cada vez más semejante a Cristo (Romanos_8:29). Ese proceso no será completo hasta que lo veamos cara a cara (1Corintios_13:12; Filipenses_3:21), pero saber que es nuestra meta final debe motivarnos a purificarnos. Purificar significa guardarnos en lo moral, libres de la corrupción del pecado. Dios también nos purifica, pero hay algo que debemos hacer para permanecer moralmente idóneos (1Timoteo_5:22; Santiago_4:8; 1Pedro_1:22).

Otra vez el pensamiento se convierte en llamamiento para nuestra vida concreta. El motivo más intenso para «santificarse a sí mismo» (permanecer en Cristo) es esta «esperanza», y precisamente cuando la filiación divina se contempla en la dimensión en que la esperanza la arrebata y eleva hasta lo que «todavía no se ha manifestado». «Esta esperanza» es la esperanza en la grandeza de Dios, que es luz y amor. Porque incluso nuestra consumación, lo que nosotros esperamos, no se proyecta desde nosotros, sino desde Dios. Y esta esperanza puede y debe consolidar y animar la conducta (el «caminar») del cristiano. Quien tiene esta esperanza, se prepara a sí mismo, haciéndose igual (en lo que ahora es posible) al «santo» y al «justo», a Cristo. Y se hace semejante a él por medio de la guarda de sus mandamientos, haciendo de la conducta de Cristo la norma para su propia conducta.

Tal vez podamos comprender más claramente lo que se nos quiere decir en 3,3, si invertimos la frase. Y lo mejor es ponerla en forma interrogativa: ¿Qué es lo que puede atrofiar la intensa fuerza impulsiva de esta esperanza? Sin esta esperanza, ¿puede darse la santificación, la práctica de la justicia? Una fe atrofiada, una fe que no esté abierta hacia esta esperanza, ¿será capaz de inspirar el «caminar en la luz», la vida cristiana, tal como está proyectada por Dios?
La afirmación central y problemática sobre la carencia de pecado en el cristiano, es una afirmación que se hace dos veces: en primer lugar, en relación con el «permanecer en él" (en Cristo); y, en segundo lugar, en relación con lo de «haber nacido de Dios».
a) Comunión con Cristo y «pecado»: «Quien permanece en Cristo, no peca».
Hay una diferencia entre cometer un pecado y permanecer en pecado. Aun los creyentes más fieles a veces cometen pecados, pero no aman un pecado en particular ni deciden cometerlo. Un creyente que comete un pecado se arrepiente, confiesa y es perdonado. Una persona que permanece en pecado, por el contrario, no siente preocupación por lo que hace. Por lo tanto, nunca confiesa y nunca recibe perdón. Dicha persona está en contra de Dios, sin importar cuán religiosa diga ser.

  El progreso no nos confiere el privilegio de pecar; cuanto más avanzado esté un hombre, tanto más disciplinado será su carácter. Juan pasa a deducir ciertas verdades básicas acerca del pecado.

(i) Nos dice lo que es el pecado. Es quebrantar conscientemente una ley que se conoce. El pecado es obedecerse a uno mismo en lugar de obedecer a Dios.

(ii) Nos dice lo que hace el pecado. Deshace la obra de Cristo. Cristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan_1:29). El pecado vuelve a traer lo que Él vino al mundo a abolir.

(iii) Nos dice el porqué del pecado. Viene de no conseguir permanecer en Cristo. No tenemos por qué pensar que esta es una verdad solamente para los místicos avanzados. Quiere decir sencillamente esto: siempre que recordemos la presencia continua de Jesús con nosotros, no pecaremos; es cuando olvidamos esa presencia cuando pecamos.

(iv) Nos dice de dónde procede el pecado. Procede del Diablo, y el Diablo es el que peca, como si dijéramos, por principio. Es probable que sea ese el sentido de la frase desde el principio. Nosotros pecamos por el placer que suponemos que nos producirá; el Diablo peca por cuestión de principio. El Nuevo Testamento no trata de explicar el origen y la naturaleza del Diablo; pero está completamente convencido  y es un hecho de la experiencia universal- de que hay en el mundo un poder hostil a Dios; y pecar es obedecer a ese poder en lugar de a Dios. La otra cara de esta moneda es que el que practica el pecado es del diablo. Habla de una práctica habitual; Juan escribe sobre la tendencia habitual de la vida. Esta oposición aparece subrayada por el hecho de que la razón (para esto) de la venida de Cristo fue para deshacer las obras del diablo. La oposición es ahora completa. Deshacer no resulta muy específico; es decir, nos dice que Jesús vino para eliminar al diablo, pero no dice cómo lo hará. Pero es obvio que el creyente no debe practicar las obras del diablo. El seguidor de Jesús debe aliarse con el que vino a destruir al diablo.

(v) Nos dice cómo se conquista el pecado. Se conquista porque Jesucristo, ha destruido las obras del Diablo. El Nuevo Testamento presenta a menudo al Cristo que se enfrentó con los poderes del mal y los conquistó (Mateo_12:25-29 ; Lucas_10:18 ; Colosenses_2:15 ; 1Pedro_3:22 ; Juan_12:32 ). Él ha quebrantado el poder del Diablo, y con Su ayuda esa misma victoria puede ser nuestra.


 Cristo es la antítesis, lo opuesto al «pecado» («en él no hay pecado»), él es «justo». Esta oposición absoluta ha afectado también a la finalidad de su manifestación: Cristo se manifestó para quitar los pecados, es decir, para destruir las «obras del diablo». Aquí tenemos la formulación negativa de la finalidad hacia la que estaba orientada la manifestación de Cristo. Pero la carta conoce, además, una formulación positiva de esta finalidad. Según 4,14, el Padre envió al Hijo como Salvador del mundo. Y, por el contexto, se deduce allí que el envío -la misión- del Hijo revela el amor del Padre.

El pensamiento de 3,5a 8b ¿será que el Hijo de Dios «destruye» precisamente lo que está en oposición al amor del Padre? ¿Permitiría esto sacar una conclusión retrospectiva acerca de la índole de este pecado?

En el enunciado de 2,29, que es programático para nuestra sección, se habla de Cristo como del «justo» («si sabéis que él es justo. . . »). Lo que leemos en 3,5.7.8b, forma parte de un movimiento que orienta esta idea hacia la meta que el autor se ha señalado. No nos cansemos de esta repetición de ideas variantes sobre Cristo y su obra de salvación. Esas ideas sólo llegan a impresionarnos, cuando logramos detenernos un poco en ellas para dirigir realmente la mirada de nuestro corazón hacia Jesús y hacia su obra. Entonces es cuando tales ideas cumplen plenamente la función debida, dentro de la marcha del pensamiento de la sección.

La cuestión de qué es lo que se quiere decir con lo del "pecado»: ese pecado que el que permanece en Cristo no practica, esa cuestión se deja sentir aquí con el mayor apremio. Seguramente, perderemos el sentido de estas dos proposiciones, si entendemos la palabra "pecado» en nuestro sentido habitual (pecado = todo lo que va contra alguno de los mandamientos). Y entonces tenemos que debilitar el sentido del enunciado, como si la carta no quisiera decirnos realmente que el cristiano "no peca», sino que aquí se expresara con especial viveza la simple exigencia de evitar el pecado, o como si tales declaraciones hubieran podido ser realidad únicamente en la era ideal de los albores del cristianismo (¡si es que hubo jamás tal era ideal!). Pero el autor quiere decir exactamente lo que dice.

Dejemos las frases en su sorprendente carácter absoluto: quien permanece en Cristo (¿no se referirá con eso a cualquier cristiano?) no comete el pecado al que aquí se alude. Por tanto, no se afirma aquí la perogrullada de que el que guarda todos los mandamientos, no puede pecar -al mismo tiempo- contra esos mandamientos.

Esto se aplica también al v. 7b, que al parecer tiene la misma significación que el v. 6a: El que practica la justicia (es decir, el que -por la práctica de los mandamientos- permanece en Cristo) es "justo» (¿está libre del pecado simplemente o sólo de determinado pecado al que aquí se hace referencia?), como Cristo es justo.

Y la inversión del aserto acerca de la impecabilidad del cristiano, en el v. 6s, es -en el fondo- tan asombroso y problemático: "Quien peca, no lo ha visto ni lo ha conocido.» Esto quiere decir: esa persona no tiene ni fe en Cristo ni amor conocedor de Cristo. Ahora bien, ¿no es un hecho de experiencia el que, en una misma y sola persona, puedan darse al mismo tiempo, y se den de hecho, el pecado y la fe en Cristo, más aún, el amor a Cristo? La carta misma ¡lo presupone en 1,8s! ¿O no tiene razón san Agustín con su opinión (apenas defendida por los exegetas modernos, o no defendida de manera tan consecuente) de que aquí la carta se está refiriendo al pecado contra el amor?

Ahora bien, estas cuestiones y preguntas, que ya se plantearon con ocasión del v. 4, haremos bien en seguir planteándolas hasta el v. 9. Y aunque permanezcan abiertas, nosotros podemos y deberíamos plantear y responder ya a otra pregunta, que seguramente tiene la misma importancia (sobre todo, si queremos referir a nosotros mismos estas proposiciones acerca de la impecabilidad del cristiano): ¿Qué es lo que el autor pretende conseguir en sus lectores (y en nosotros), al hacer una afirmación que corre tanto peligro de ser entendida mal? No pretende, ciertamente, hacer el juego a los visionarios gnósticos, y corroborar la tentación de que no conozcamos nuestros pecados y de que nos imaginemos que estamos libres de pecados. El pasaje de 1Juan_1:8s muestra bien a las claras que el autor no piensa, ni de la manera más remota, en consolidar la presunción gnóstica de la carencia de pecado, en consolidarla con un dogma sobre la impecabilidad de los cristianos.

Lo mejor será preguntarnos, en seguida, cuál es el objetivo, la finalidad que se propone toda la carta. Porque a la luz del objetivo total es cuando aparecerá debidamente el sentido de nuestro pasaje. El lugar donde esa finalidad se nos ha mostrado, hasta ahora, de la manera más clara e impresionante, ha sido la séxtuple y gran interpelación de 2,12-14. En efecto, lo que el autor anuncia allí a sus lectores es que ellos poseen ya la remisión de los pecados, el conocimiento de Dios (es decir: la comunión con Dios) y la fuerza victoriosa, más aún, que ellos, por gracia (por el poder de Dios) han vencido ya al maligno. La finalidad de 1Jn es suscitar y consolidar en los lectores la alegre certidumbre de su salvación, y la alegre confianza en la gracia de Dios, que les ha sido ya concedida (y que es perfectamente compatible con la incesante lucha contra el pecado). Este gran objetivo hallaremos aún con alguna frecuencia (en el hermoso pasaje de 3,19s). Sobre todo, 5,13 nos va a mostrar que la finalidad principal de la carta es comunicar a los lectores la certidumbre de que poseemos vida eterna (es decir, la salvación). Porque allí comienza la sección final de la carta. Y cuando un autor quiere sintetizar en alguna parte la finalidad de su escrito, lo hace precisamente en tal lugar.
La persona regenerada no puede pecar como pecaba antes de nacer de Dios, ni como pecan otros que no son nacidos de nuevo. Existe esa luz en su mente que le muestra el mal y la malignidad del pecado. Existe esa inclinación en su corazón que le dispone a aborrecer y odiar el pecado. Existe el principio espiritual que se opone a los actos pecaminosos. Y existe el arrepentimiento cuando se comete el pecado. Pecar intencionalmente es algo contrario a él.
Los hijos de Dios y los hijos del diablo tienen sus caracteres diferentes. La simiente de la serpiente es conocida por su descuido de la religión y por su odio a los cristianos verdaderos. Sólo es justo ante Dios, como creyente justificado, el que es enseñado y dispuesto a la justicia por el Espíritu Santo. En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del diablo. Los creyentes en el Evangelio de Jesús debemos tomar muy a pecho estas verdades y probarnos a nosotros mismos por ellas.





EL LUGAR DE PEDRO


Mateo 16; 17-19

   Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca  edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.  Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

Este pasaje es uno de los centros neurálgicos de la interpretación del Nuevo Testamento. Desde la Reforma, siempre ha sido difícil enfrentarse con él tranquilamente y sin prejuicios, porque para la Iglesia Católica es la base de su posición acerca del Papa y de la Iglesia. La Iglesia Católica Romana interpreta que se le dieron a Pedro las llaves para admitir o excluir a las personas del Cielo, y para absolver o no a las personas de sus pecados. Además, la Iglesia Católica Romana deduce que Pedro, con este tremendo derecho, llegó a ser el obispo de Roma; y que este poder se transmitió a todos los obispos de Roma, y que está personificado hoy en el Papa, que es el cabeza de la Iglesia y el obispo de Roma.
Es fácil comprender que tal doctrina es inaceptable para un creyente protestante; y también que, tanto protestantes como católicos Romanos, se acercan a este pasaje, no tanto con un deseo sincero de descubrir su significado, sino con la firme voluntad de no ceder nada de su propia posición; sino, si les es posible, destruir la posición del otro. Hagamos un esfuerzo sincera y honradamente para descubrir el verdadero sentido de este pasaje.
Aquí hay un juego de palabras. En griego Pedro es Petros, y una roca es petra. La forma aramea del nombre de Pedro era Kefa, que significa en arameo una roca. En las dos lenguas hay aquí un juego de palabras. En cuanto Pedro hizo su gran descubrimiento y su confesión, Jesús le dijo: «Tú eres petros, y sobre esta petra edificaré Mi Iglesia.»
En primer lugar, esto era un elogio tremendo. Es una metáfora en nada extraña ni inusual al pensamiento judío.
Los rabinos le aplicaban la palabra roca a Abraham. Tenían el siguiente dicho: «Cuando el Dios Santo vio que Abraham iba a levantarse, le dijo: "Mira, he descubierto una roca (petra) para edificar el mundo encima." Por tanto, Dios llamó a Abraham roca (tsúr), como está escrito: "Mirad a la roca de la que fuisteis cortados, al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados" (Isaías 51:1). Abraham era la roca en la que se fundaban la nación y el propósito de Dios.
Pero con mucha más frecuencia se le aplica la palabra roca (tsúr) a Dios mismo. "Él es la Roca, Cuya obra es perfecta(Deuteronomio 32:4). Porque la roca de ellos no es como nuestra Roca(Deuteronomio 32:31). No hay roca como nuestro Dios” (1Samuel 2:2). "El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi libertador(2Samuel_2:22). La misma frase aparece en Salmo 18:2  “¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios?(Salmo_18:31).  
Una cosa está clara. El llamar a alguien roca era el más grande de los elogios; y ningún judío que conociera el Antiguo Testamento podía usar nunca la frase sin que su pensamiento se volviera hacia Dios, Que era la única Roca de su defensa y salvación. Entonces, ¿qué quiso decir Jesús cuando usó la palabra roca en este pasaje
  Es que Pedro mismo es la roca, pero en un sentido especial. No es la roca en que se funda la Iglesia; esa Roca es Dios. Pedro es la primera piedra de toda la Iglesia. Pedro fue la primera persona que descubrió Quién era Jesús; la primera persona que dio el salto de la fe y vio en Jesús al Hijo del Dios viviente. En otras palabras: Pedro fue el primer miembro de la Iglesia y, en ese sentido, toda la Iglesia se construyó sobre él. Es como si Jesús le dijera a Pedro: " Pedro, tú eres la primera persona que ha comprendido Quién soy Yo; por tanto, tú eres la primera piedra, la piedra fundamental, el verdadero principio de la Iglesia que Yo estoy fundando.» Y a partir de entonces, todos los que hacen el mismo descubrimiento que Pedro son piedras vivas añadidas al edificio de la Iglesia de Cristo.
(Esta opinión no es nueva ó peculiar de la iglesia protestante. Muchos siglos ha fue emitida y defendida por Crisóstomo. También lo fue por Tero, célebre orador católico romano de la orden de franciscanos, en Maguncia, en el siglo 16. Será bueno, además, observar  en este lugar, que es un error el suponer que puedan interpretarse las Escrituras en armonía con lo que se llama "el acuerdo unánime de los Padres de la Iglesia." Tal y como repiten en la Iglesia Católica Romana.  Tal  acuerdo no existe; y la frase con que se le designa no pasa de ser una combinación de palabras altisonantes que no estriba en hechos verdaderos.)
Hay dos cosas que nos ayudarán a clarificar la idea.
1)                 A menudo la Biblia usa imágenes para poner algo en claro. No hay que fijarse mucho en los detalles de la imagen; solo hay una enseñanza principal. En relación con la Iglesia, el Nuevo Testamento usa repetidas veces la imagen del edificio, pero la usa en muchos sentidos y desde muchos puntos de vista. Aquí Pedro es la piedra fundamental, en el sentido de que él es la primera persona sobre la que se ha seguido construyendo toda la Iglesia, porque él fue la primera persona que descubrió Quién era Jesús. En Efesios 2:20, los profetas y los apóstoles se dice que son el fundamento de la Iglesia. Fue sobre su trabajo, testimonio, fidelidad, sobre lo que depende, humanamente hablando, la Iglesia de la Tierra. En ese mismo pasaje, se dice que Jesucristo es la principal piedra angular; Él es la fuerza que mantiene unida a la Iglesia. Sin Él, todo el edificio se desintegraría y derrumbaría. En 1Pedro 2:4-8, todos los cristianos somos piedras vivas que se van usando en la edificación de la fábrica de la Iglesia. En 1Corintios 3:11, Jesús es el único fundamento, y nadie puede poner otro. Está claro que los autores del Nuevo Testamento tomaron la imagen del edificio, y la usaron de muchas maneras. Pero detrás de todas ellas está siempre la idea de que Jesucristo es el verdadero cimiento de la Iglesia, y el único poder que la mantiene unida. Cuando Jesús le dijo a Pedro que edificaría Su Iglesia sobre él, no quiso decir que la Iglesia dependiera de Pedro, porque depende del mismo Jesucristo y de Dios como su Roca. Lo que sí quiso decir era que la Iglesia empezó con Pedro; en ese sentido Pedro es la piedra fundamental de la Iglesia, y ese es un honor que nadie le puede quitar.
 (Piedra fundamental: La primera que se pone en los edificios. D R.A E.).
2) El segundo punto es que la misma palabra Iglesia (ekklésía) en este pasaje nos despista un poco. Tendemos a pensar en la Iglesia como una institución y una organización con edificios y oficinas, cultos y reuniones, y organizaciones y toda clase de actividades. La palabra que usaría Jesús probablemente sería qahal, que es la se usa en el Antiguo Testamento para la congregación de Israel, la asamblea de todo el pueblo del Señor. Lo que Jesús le dijo a Pedro fue: “Pedro, tú eres el principio del Nuevo Israel, el nuevo pueblo del Señor, la nueva compañía de todos los que creen en Mi nombre.” Pedro fue el primero de la congregación de los creyentes en Cristo. No fue una iglesia en el sentido corriente, y menos en el de una denominación, lo que empezó con Pedro, sino la comunión de todos los creyentes en Jesucristo, que no se identifica con ninguna iglesia, ni se limita a ninguna iglesia, sino que abarca a todos los que aman al Señor.
Así que podemos decir que la primera parte de este pasaje controvertido quiere decir que Pedro es la piedra fundamental de la Iglesia en el sentido de que él fue el primero de esa gran compañía que confiesa gozosamente su descubrimiento de que Jesucristo es el Señor; pero que, en última instancia, es Dios mismo la Roca sobre la que está edificada la Iglesia.

Jesús prosigue diciendo que las puertas del Hades no prevalecerán contra Su Iglesia. ¿Qué quiere decir esto? La idea de puertas que prevalecen no es precisamente una figura corriente o fácil de entender
  En el Oriente antiguo, la puerta era tradicionalmente el lugar en que los ancianos y los gobernantes se reunían para dirimir las causas y dictar justicia, especialmente en los pueblos pequeños y en las aldeas. Por ejemplo: la Ley establecía que, si un hombre tenía un hijo rebelde y desobediente, que le trajera «ante los ancianos de su ciudad, a la puerta del lugar donde viva» (Deuteronomio 21:19), y allí se haría juicio, se dictaría la sentencia. En Deuteronomio 25:7, se dice que, cuando un hombre se niega a cumplir la ley del levirato, “irá entonces su cuñada a la puerta donde están los ancianos.” La puerta era el lugar donde se reunían los ancianos para hacer justicia. Según esto, la puerta puede haber llegado a significar la sede del gobierno. Durante mucho tiempo, por ejemplo, el gobierno de Turquía se llamaba La sublime porte (porte es la palabra francesa para puerta). Así que esta frase podría querer decir: Los poderes, el gobierno del Hades, no prevalecerán nunca contra la Iglesia.
  Supongamos que volvemos a la idea de la Roca en la que está fundada la Iglesia, y que Jesús es el Hijo del Dios viviente. Ahora bien, el Hades no era el lugar de castigo de los condenados, sino donde, según las creencias judías primitivas, se encontraban todos los muertos. Obviamente, la función de las puertas es mantener algo dentro, confinarlo, encerrarlo, controlarlo. Hubo una Persona Que las puertas del Hades no pudieron retener, y fue Jesucristo. Él rompió las ligaduras de la muerte. Como el autor de Hechos dice: “Era imposible que fuera retenido por la muerte... No dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que Tu Santo vea corrupción”. Así que esta puede ser una referencia triunfal a la próxima Resurrección. Jesús puede que estuviera diciendo: "Tú has descubierto, Pedro, que Yo soy el Hijo del Dios viviente. Pronto llegará el momento en que Yo sea crucificado, y las puertas del Hades se cerrarán tras Mí. Pero no podrán retenerme; las puertas del Hades no tienen poder contra Mí, el Hijo del Dios viviente.”
Como quiera que tomemos esta frase, expresa triunfalmente la indestructibilidad de Cristo y de Su Iglesia.

      Ahora llegamos a dos frases en las que Jesús describe algunos privilegios que se le concedieron a Pedro y algunas obligaciones que se le impusieron.
1) Dice que Él, Jesús, le dará a Pedro las llaves del Reino. Esta es una frase indiscutiblemente difícil; haremos bien en empezar por establecer las cosas de que podemos estar seguros acerca de ella.
     a) Esta frase siempre significa alguna especie de poder especial. Por ejemplo, los rabinos tenían un dicho: " Las llaves del nacimiento, de la lluvia y de la resurrección de los muertos pertenecen a Dios.» Es decir: sólo Dios tiene poder para crear la vida, para enviar la lluvia y para hacer que los muertos vuelvan otra vez a la vida. Esta frase siempre indica un poder especial.
    b) En el Nuevo Testamento esta frase se refiere regularmente a Jesús. Es en Sus manos, y no en las de ningún otro, donde están las llaves. En Apocalipsis 1:18, el Cristo Resucitado dice: " Yo soy el Viviente. Estuve muerto, pero vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.  De nuevo, en Apocalipsis 3: 7, el Cristo Resucitado se describe como " el Santo, el Verdadero, el Que tiene la llave de David, el Que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre.” Hay que interpretar esta frase en referencia a un derecho divino; y cualquiera que fuera la promesa que recibió Pedro, no se puede tomar como, la anulación, o la infracción, de un derecho que solo pertenece a Dios y al Hijo de Dios.
(c) Todas estos usos y figuras del Nuevo Testamento se remontan ¿una alegoría que se encuentra en Isaías 22:22 , en la que el Señor dice que Eliaquim llevará al hombro la llave de la casa de David, y será el único que la cierre y abra.
Ahora bien: Eliaquim había de ser el mayordomo fiel de la casa. Es el mayordomo el que lleva las llaves de la casa, el que abre la puerta por la mañana, y la cierra por la tarde, y es el que introduce a los visitantes a la presencia real. Así que lo que Jesús le está diciendo a Pedro es que, en  días por venir, él será el mayordomo del Reino. Y en el caso de Pedro, su misión consistiría en abrir, no en cerrar la puerta del Cielo.
Eso se cumplió sin dejar lugar a dudas.. En Pentecostés, Pedro abrió la puerta a tres mil almas (Hechos 2:41). Más tarde le abrió la puerta al centurión gentil Cornelio, con lo cual hizo que la puerta girara sobre sus goznes para admitir al gran mundo gentil (Hechos 10). Hechos 15 nos cuenta cómo se abrió la puerta de par en par al mundo gentil en el Concilio de Jerusalén, y que fue el testimonio de Pedro lo que hizo posible aquella decisión emblemática (Hechos 15:14; Simeón es Pedro). La promesa de que Pedro usaría las llaves del Reino quería decir que él sería el encargado de abrir la puerta de Dios a miles y miles de personas en los días por venir. Pero en este sentido no es solamente Pedro el que tiene las llaves del Reino; cualquier cristiano las puede usar también para abrirle la puerta del Reino a otras personas, entrando así a participar de la gran promesa de Cristo.

2) Jesús le prometió a Pedro además que lo que él atara, quedaría atado, y lo que él desatara, quedaría desatado. Debemos entender esto en el sentido de que Pedro expondría los pecados humanos, los ataría, a las conciencias de las personas, y que luego las desataría de sus pecados notificándoles el amor y el perdón de Dios. Ese es un pensamiento precioso, y sin duda cierto, porque tal es el deber de todo predicador y maestro cristiano; pero aquí hay todavía más que eso.
Desatar y atar eran palabras que se usaban corrientemente con sentido figurado entre los judíos. Se referían frecuentemente a las decisiones de los grandes maestros y de los grandes rabinos. El sentido corriente que cualquier judío reconocería era permitir y prohibir. Atar algo era declararlo prohibido; desatar era declararlo permitido. Eran expresiones corrientes en relación con la ley. Era de hecho lo único que podían querer decir en ese contexto. Así que lo que Jesús le estaba diciendo a Pedro era, parafraseando: «Pedro, vas a tener responsabilidades graves y pesadas sobre ti. Vas a tener que hacer decisiones que afectarán al bienestar de toda la Iglesia. Serás el guía y el director de la joven Iglesia. Y las decisiones que harás serán tan importantes que afectarán a las almas de las personas en el tiempo y en la eternidad.”
El privilegio de las llaves quería decir que Pedro sería el mayordomo de la casa de Dios, abriéndoles la puerta a las personas para que entraran en el Reino. El deber de atar y desatar quería decir que Pedro tendría que hacer decisiones sobre la vida y la práctica de la Iglesia que tendrían las consecuencias más amplias. Y por supuesto, cuando leemos los primeros capítulos de Hechos, vemos que eso fue precisamente lo que tuvo que hacer Pedro en Jerusalén.
Si parafraseamos este pasaje que ha causado tantas discusiones y controversias vemos que trata, no de formas eclesiásticas, sino de cosas que corresponden a la Salvación. Jesús le dijo a Pedro: “Pedro, tu nombre quiere decir roca, y tu destino será ser una roca. Eres la primera persona que Me ha reconocido como el Que soy, y por tanto eres la primera piedra del edificio de la comunión de los Míos. Contra esa comunión, las aguerridas fuerzas del mal no podrán prevalecer, como tampoco Me podrán mantener cautivo en el reino de la muerte. Y en días por venir serás el mayordomo que abrirá las puertas del Reino para que entren los judíos y los gentiles; pero debes ser un sabio administrador y guía que resuelva los problemas y dirija la obra de la Iglesia naciente y creciente.”

Pedro había hecho el gran descubrimiento; y a Pedro se le concedió un gran privilegio y una gran responsabilidad. Es un descubrimiento que cada persona ha de hacer por sí misma; y cuando lo haya hecho, se le impondrán el mismo privilegio y la misma responsabilidad que a Pedro.

7 Diciembre LA BUENA SEMILLA


Jeremías 12; 3
Cuando estemos más en tinieblas acerca de las dispensaciones de Dios, pensemos en forma justa de Dios, creyendo que Él nunca hizo el menor mal a ninguna de sus criaturas. Cuando encontramos difícil entender sus tratos con nosotros, u otros, debemos mirar las verdades generales como nuestros primeros principios y permanecer en ellas: el Señor es justo. El Dios con quien tenemos que ver, sabe cómo es nuestro corazón para con Él. La actitud de los creyentes debe ser dejarlo todo en manos de Dios, especialmente sus propias vidas. Conoce la culpa del hipócrita y la sinceridad del justo.
Jeremías sabía que al final llegaría la justicia de Dios, pero él se impacientaba debido a que quería que la justicia llegara pronto. Dios no da una respuesta doctrinal, en vez de eso nos hace un desafío: Si Jeremías no pudo resolver esto, ¿cómo enfrentaría las injusticias venideras? Es natural que demandemos un juego justo y que clamemos por justicia en contra de los que se aprovechan de los demás. Pero cuando pidamos justicia, debemos darnos cuenta que nosotros mismos estaremos en grandes dificultades si Dios nos da a cada uno lo que realmente merecemos.
Juan 16; 27
Jesús habla de una nueva relación entre el creyente y Dios. Antes, la gente se acercaba a Dios a través de los sacerdotes. Después de la resurrección de Cristo, cualquier creyente podía acercarse a Dios directamente. Ha nacido un nuevo día y ahora todos los creyentes son sacerdotes, hablan con Dios personal y directamente (Hebreos_10:19-23). Nos acercamos a Dios, no por mérito propio, sino porque Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, nos ha hecho aceptos a Dios.
Pedirle al Padre muestra la percepción de las necesidades espirituales, y el deseo de bendiciones espirituales con el convencimiento de que deben obtenerse sólo de Dios. Pedir en el nombre de Cristo es reconocer nuestra indignidad para recibir favores de Dios, y demuestra nuestra total dependencia de Cristo como Jehová justicia nuestra.
Nuestro Señor había hablado hasta aquí con frases cortas y de peso o con parábolas, cuya magnitud no captaban plenamente los discípulos, pero después de su resurrección tenía pensado enseñarles claramente cosas referidas al Padre y del camino a Él, por medio de su intercesión. La frecuencia con que nuestro Señor pone en vigencia la ofrenda de peticiones en su nombre, señala que el gran fin de la mediación de Cristo es imprimir en nosotros el profundo sentido de nuestra pecaminosidad y del mérito y poder de su muerte, por lo cual tenemos acceso a Dios.
Con el mensaje de Jesús acerca de Dios, como Padre, se abrió una nueva experiencia divina, que se caracteriza, sobre todo, por una nueva relación con Dios de confianza y amor. 
Los cristianos somos una nueva familia de Dios, a ello alude, sobre todo, el hecho de que los miembros de la comunidad cristiana nos tratemos como hermanos y hermanas. Aunque a veces no sean más que palabras.
La primitiva fraternidad cristiana es un fenómeno escatológico, que no cabría imaginar en modo alguno sin la idea de la paternidad de Dios, tal como la había proclamado Jesús. No se trata de un fervor entusiástico, sino que es más bien la idea que la comunidad tiene de sí misma, sacada de la tradición de Jesús como «el primogénito entre muchos hermanos» (Romanos_8:29). María Magdalena recibe del Resucitado este encargo: «Vete a mis hermanos y diles: Voy a subir a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios» (Juan_20:17).

Ojalá fuera la familia de la fe tal y como el Señor demanda. Su testimonio seria luz para los incrédulos. Pero ¿qué ejemplo puede dar una familia dividida, donde priman los clanes, los intereses familiares, la división y la falta de perdón? ¿Estará Dios de acuerdo con esa imagen que damos? Mientras el Señor por medio de Su Espíritu Santo no ponga orden y a cada uno en su sitio, será muy tenue la luz e incluso ocurra como a la Iglesia de Sardis donde estaban muertos espiritualmente. Se creían vivos, muy activos, pero al Señor nadie puede engañar. Nadie es imprescindible, todos somos prescindibles, pero cuando un individuo o individuos se otorgan un cargo para el cual no tienen la excelencia moral demandada, ocurre lo mismo que en la curia romanista donde reina la corrupción.
Sin arrepentimiento no hay perdón. Y todo lo que se haga en el nombre de Dios es puro teatro, pues ahí no está Dios; donde hay pecado no está Su Presencia.
¡Maranatha! ¡Si, ven Señor Jesús!

martes, 6 de diciembre de 2016

6 Diciembre LA BUENA SEMILLA


Mateo 9; 13
Este versículo sigue cimentando la justificación de Jesús. Sólo san Mateo cita en este pasaje las palabras del profeta Oseas. El evangelista quiere decir que cuanto hace Jesús no es una intrusión arbitraria en las disposiciones de Dios. No sólo se funda en su propia manera de ver, sino en el mismo Dios. Así lo demuestra la Escritura. Por medio del profeta dijo Dios que, ante todo, exigía a los hombres no sacrificios, sino la misericordia humana. La verdadera adoración de Dios tiene que mostrarse en la misericordia compasiva, en la solicitud por los débiles y postrados, en la bondad y el amor.
Al visitar a Mateo, Jesús dañaba su reputación. Mateo había estado engañando a la gente pero Jesús lo encontró y lo cambió. No debemos temer llegar a aquellos que tienen un estilo de vida diferente, porque el mensaje de Dios puede cambiar a cualquiera. El que se autojustifica no puede salvarse porque el primer paso para seguir a Jesús es reconocer nuestra necesidad y aceptar que no tenemos todas las respuestas. Los fariseos trataban con frecuencia de atrapar a Jesús y pensaron que su relación con esta "gente de baja vida" era la oportunidad perfecta. Se preocupaban más de las apariencias de santidad que de ayudar a la gente, de criticar más que de estimular, de la respetabilidad externa más que de la ayuda práctica. Pero Dios está interesado en todos, incluyendo a los que son pecadores y a los que sufren. ¡La vida cristiana no es contienda de popularidad! Al seguir el ejemplo de Jesús, debiéramos anunciar las buenas nuevas a los pobres, solitarios y repudiados, no solo a los buenos, talentosos y populares.
Mateo 7; 21
No interesan las palabras, sino los hechos; Tampoco interesan las palabras de confesión y de elogio. Señor, Kyrie, es la antiquísima invocación de Jesús, con la cual la fe en el ensalzamiento encontró su vigorosa expresión. Pero a esta confesión verbal de Jesús como Señor tiene que corresponder la confesión de los hechos. Y las obras no deben estar dirigidas a otra cosa que a cumplir la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Aquí tenemos la unidad de la antigua y de la nueva alianza: la voluntad de Dios -dada a conocer en la antigua alianza y «cumplida» por Jesús-, la confesión de Jesús como «Señor». Jesús no ha defendido doctrinas particulares; tampoco pueden hacerlo los maestros y profetas cristianos. La voluntad de Dios es para todos el objetivo que indica la dirección. Estas palabras podrían ser para los judíos un puente que los condujera a Cristo...
Jesús desenmascaró a las personas que aparentaban ser religiosas pero no tenían una relación personal con El. En el Día del Juicio, solo nuestra relación con Cristo, nuestra aceptación de El cómo Señor y Salvador y nuestra obediencia a Él, será tomada en cuenta. Muchas personas piensan que si son "buenas" y aparentan religiosidad serán premiadas con la vida eterna. La fe en Cristo es lo que se tendrá en cuenta en el juicio.
Hay tanto pecado sin perdonar  entre los creyentes que a lo largo de los años han cauterizado sus conciencias. Han enfriado el Espíritu Santo y el gozo de la salvación. Pero en su hipocresía, enmascaran y miran para otro lado o tapan con saludos fríos ritualistas, forzados, indolentes, aquello que debiera ser el verdadero perdón para saldar las rencillas sin explicar. Otros se empecinan en su testarudez, ellos tienen la razón; su orgullo evidencia la carencia de humildad y sometimiento a la Palabra de Dios en la Biblia; manipulan el significado de la misma para arrimar “el ascua a su sardina” y rechazar a quienes piden cuentas  de su permisividad y desvaríos.
No me gustaría estar en su piel cuando lleguen a la presencia del Señor. ¿Qué mal testimonio han dado? Han sido piedra de tropiezo con su falta de amor fraternal. Habiendo dos varas de medir para un mismo pecado son peor que los fariseos, que conocedores de la verdad no movían ni un dedo para obedecerla. Mientras hay aliento hay vida, y tiempo para arrepentimiento. Es mejor reconocer, aclarar y reconciliarse con el hermano aquí en esta vida, que no llegar a la otra y salga todo a la luz.
¡Maranatha! ¡Sí, ven Señor Jesús!

lunes, 5 de diciembre de 2016

5 Diciembre LA BUENA SEMILLA


Jeremías 2; 28

A pesar de todas sus ventajas, Israel se había vuelto como la vid silvestre que da fruto venenoso. El pueblo se compara a animales que buscan pareja en tiempos de celo. Con desenfreno, corren hacia el poder, el dinero, las alianzas con potencias extranjeras y a otros dioses. Los ídolos no buscan a nadie. La gente busca a los ídolos y luego corre con ligereza en pos de ellos. Después se siente tan cómoda en su pecado que no puede pensar en renunciar a él. Su única vergüenza es que la atrapen. Si deseamos algo a tal punto que estamos dispuestos a hacer cualquier cosa para conseguirlo, esta es una señal de que somos adictos a ella y estamos fuera de sintonía con Dios.

La apostasía de Israel es un mal negocio, pues le va a acarrear la confusión y el deshonor como ladrón sorprendido “in fraganti”. La infidelidad ha comenzado por las altas clases, que tenían especial obligación de velar por los intereses religiosos de su pueblo. Los reyes, príncipes, sacerdotes y profetas son los principales culpables de la idolatría; Tú eres mi padre, dicen a un simple leño. Alusión a los cultos de árboles sagrados. Aún hoy día entre las gentes incultas beduinas se cree que los árboles tienen especiales geniecillos y poderes. Son restos de la religión animista.
En el culto cananeo se daba mucho realce al árbol como símbolo de la fecundidad; y aun se daba culto a leños secos llamados asera, relacionándolos con Astarté, la diosa de la fecundidad. Además, estaba el culto a la piedra o estela llamada massebah. Los templos cananeos eran al aire libre: bosques naturales o artificiales (troncos dispuestos verticalmente) o piedras en forma de menhires; por eso aquí se dice que el devoto dice a una piedra: Tú me engendraste. Quizá en estas expresiones del profeta sólo haya una simple alusión al material de que estaban hechos los ídolos en general. La ironía es sangrante: los hombres reconociendo como progenitores suyos a los seres inanimados, la vida proporcionada por objetos que no la tienen. Isaías desarrolla esta idea del modo más sarcástico. Los israelitas abandonan al Dios-Jehová, trascendente, santísimo, que los ha elegido como pueblo, para entregarse a la más crasa idolatría. No cabe mayor degradación religiosa.

Romanos 1; 16

Pablo no se avergonzaba porque su mensaje era el mensaje de Cristo, las buenas nuevas. Era un mensaje de salvación por fe en Jesucristo, poderoso para cambiar vidas y para todos. Cuando se sienta tentado a avergonzarse, recuerde que las buenas nuevas se refieren a todo esto. Si se centra en Dios y en lo que hace en el mundo, antes que en sus limitaciones, su vergüenza pronto desaparecerá.
¿Por qué el mensaje fue antes a los judíos? Por más de dos mil años fue un pueblo especial para Dios, desde que Dios escogió a Abraham y le prometió grandes bendiciones a sus descendientes. Dios no los escogió porque lo merecieran (Deuteronomio_9:4-6), sino porque quiso mostrar su amor y misericordia a través de ellos, enseñarles y prepararles para la venida del Mesías al mundo. Los escogió no porque tenga favoritos, sino para que el mundo conociera su plan de salvación.
Por siglos los judíos aprendieron acerca de Dios mediante la obediencia a sus leyes, celebrando sus fiestas y viviendo de acuerdo a sus principios morales. A menudo olvidaban las bendiciones de Dios y sufrían la disciplina, pero aun así poseían la herencia preciosa de poder creer y obedecer al único Dios verdadero. De entre todos los habitantes de la tierra, los judíos debían haber sido los primeros en recibir al Mesías y comprender su mensaje y misión, y así sucedió con algunos ( Lucas_2:36-38). Por supuesto, los discípulos y el gran apóstol Pablo fueron judíos fieles que reconocieron en Jesús al don más precioso de Dios dado al género humano.

 ¡Maranatha! ¡Sí, ven Señor Jesús!




4 Diciembre LA BUENA SEMILLA

  
Salmo 36; 7

La fidelidad, justicia y juicios de Dios contrastan con los hombres malvados y sus planes perversos que terminan en el fracaso. El amor de Dios es más grande que los cielos. Su fidelidad va más allá de las nubes. Su justicia es tan sólida como una montaña. Sus juicios están tan llenos de sabiduría como los océanos de agua. Necesitamos no temer a los hombres  malvados porque sabemos que Dios nos ama, juzga el mal y nos protegerá para siempre.
 La bondad de Dios no es impersonal y lejana, está disponible para los hijos del hombre, pueden “refugiarse” en Dios mismo, porque Dios se interesa en y se compadece de cada uno. Lo que comparte Dios generosamente con sus hijos, se explica con figuras de abundancia, paz y satisfacción.
Dios es la fuente de vida en todo sentido, material y espiritual. Él nos creó, y creó y sostiene todo aquello de lo que depende la vida. En lo espiritual, Él es la única fuente; el salmista sabe que no hay ningún sustituto para la comunión con Dios. La luz sugiere gozo, pureza y verdad. Dios comparte lo que Él es con los que tienen comunión con Él.

Efesios 5; 8-9

Como hijos de luz nuestras acciones debieran reflejar nuestra fe. Debiéramos llevar vidas morales de modo que reflejemos la bondad de Dios en favor de otros. Esto es lo que destacó Jesús en el Sermón del Monte.
Pablo hace un contraste entre la luz y las tinieblas. Sabemos que la luz ilumina y purifica, mientras las tinieblas producen el menoscabo y el desarrollo de los microbios. La mayoría de los trabajadores del mundo trabajan de día, cuando hay luz, porque pueden rendir más. En cambio, la mayoría de los crímenes se cometen durante la noche. Los clubes nocturnos y otros lugares de diversión carnal atienden a la mayoría de los clientes de noche. Pablo dice que los frutos de la luz son bondad, justicia y verdad. Después, dice que ni quiere mencionar los frutos de las tinieblas, pero podemos saber que está refiriéndose a la maldad y los vicios que producen el engaño, la injusticia y la mentira.
Pablo apela a que seamos hijos de luz, para arrojar la luz del evangelio a todas las personas que andan en las tinieblas. Cristo es la luz del mundo, pero tenemos que esparcir esa luz por medio de nuestro testimonio y vida.

 ¡Maranatha! ¡Sí, ven Señor Jesús!






3 Diciembre LA BUENA SEMILLA



Isaías 2; 4

Dios le otorgó a Isaías el don de ver el futuro. Aquí Dios muestra a Isaías lo que a la larga le sucedería a Jerusalén. Apocalipsis 21 describe el glorioso cumplimiento de esta profecía en la nueva Jerusalén, donde se les permitirá entrar solo a los que sus nombres aparezcan escritos en el libro del Cordero. Dios hizo un pacto (promesa) con su pueblo y nunca lo quebrantará. La fidelidad de Dios nos da esperanza para el futuro.

 Aquí se nos habla de un futuro maravilloso de paz, cuando instrumentos de guerra se convertirán en instrumentos de labranza. Cuando se nos enseñarán las leyes de Dios y las obedeceremos. Sabemos que un día Dios quitará todo el pecado que ocasiona guerras, conflictos y otros problemas. Aun así no debemos esperar para obedecer a Dios. A Judá y a nosotros se nos habla que debemos caminar a la luz de Dios ahora. Aunque nos aguarda nuestra recompensa eterna, ya podemos disfrutar de los muchos beneficios de la obediencia a medida que aplicamos la Palabra de Dios a nuestras vidas.

Colosenses 1; 20
La muerte de Cristo abre un camino para que todos puedan venir a Dios. Puso a un lado al pecado que nos impedía disfrutar de una relación correcta con nuestro Creador. Esto no significa que todos han sido salvos, sino que el camino ha sido abierto para todo aquel que confíe en Cristo para ser salvo. Podemos tener paz con Dios y reconciliarnos al aceptar a Cristo, que murió en nuestro lugar.
A ti que lees esta meditación te pregunto ¿Hay entre tu Creador y tu alguna distancia? Reconcíliate con Dios. Acércate a Él a través de Jesucristo.

 ¡Maranatha! ¡Sí, ven Señor Jesús!

viernes, 2 de diciembre de 2016

2 Diciembre LA BUENA SEMILLA

 Estuve durante días convaleciente de una bronquitis aguda y me ha servido para reflexionar y meditar cada día en la Palabra de Dios en la Biblia. Como cada día desde hace más de un año, dedico un tiempo en la madrugada para leer los versículos del calendario LA BUENA SEMILLA. Después comparto en Facebook con las "amistades" dicha reflexión, meditación y estudio de la Biblia. He pensado que también puedo compartirlo en este pequeño blog, pues de lo que se trata es de dar a conocer la Palabra de Dios en la Biblia, y sea conocida la obra de Salvación a través del único Hijo de Dios, Jesucristo.

Lucas 23; 41-43
«En aquella noche (de la venida del Señor), dos estarán a la misma mesa: el uno será tomado, y el otro dejado» (1Corintios_17:34).
 Junto a la cruz de Jesús se diseña ya esta hora final. Los dos ladrones, que estaban crucificados con Jesús penden de la cruz como él , junto con Jesús, y sin embargo es muy diferente el desenlace de su vida. Ambos están con él, pero uno sólo exteriormente, el otro también interiormente, con la fe. Ni siquiera el estar con él aprovecha, si falta la decisión personal en su favor.

El uno toma parte en las burlas. Si Jesús fuese el Cristo, el ungido de Dios, el Mesías, se salvaría y salvaría a sus dos compañeros de suplicio. Exige que Jesús aporte la prueba de su mesianidad mediante la salvación. Sus palabras son una blasfemia, puesto que hacen mofa de los planes salvíficos de Dios, que se realizan en Jesús. El otro malhechor sigue el camino de la fe, que comienza con el temor y veneración de Dios, se somete al designio y a la sabiduría de Dios, en la que cree, y reconoce también al Crucificado como al Mesías. El que se convierte, reconoce su culpa y la justicia del castigo con que Dios lo visita. El ladrón arrepentido considera su crucifixión como castigo que ha merecido con sus fechorías. Llega a reconocer su culpa gracias a la mirada de Jesús, del que está convencido de que pende de la cruz injustamente. A él se le perdonan los pecados, porque da gloria a Dios, renuncia a justificarse, muriendo reconoce por justo el juicio de Dios, y acepta la muerte con obediencia a la voluntad de Dios y como compañero de Jesús.

Un arrepentimiento y conversión constructiva suponen la confianza y seguridad de que Dios está dispuesto a perdonar. El ladrón arrepentido cifra su esperanza en Jesús. En el ve al Salvador. Cree que el Padre da el reino a Jesús, porque sigue este camino de la cruz. Jesús da el reino a los que hacen suyo su camino. El ladrón pone su destino futuro en manos de Jesús.   El ladrón ora a Jesús pidiéndole que se acuerde de él. La súplica del ladrón es acogida por Jesús. El hoy con la promesa de salvación empieza en aquel mismo instante. Jesús, después de su muerte, penetra en el paraíso; el Padre le otorga el reino, el poder y la gloria. El ladrón arrepentido está con él. Dios otorga el paraíso a Jesús, y él lo da a los suyos. La promesa hecha al ladrón creyente y convertido sienta las bases de la participación en el paraíso de Jesús. Estar con él es el paraíso mismo. Esteban exclamará: «Señor Jesús, acoge mi espíritu» (Hechos_5:59), y Pablo: «Aspiro a irme y estar con Cristo» (1Tesalonicenses_4:17).

Jesús es hasta la muerte el libertador y salvador de los pecadores. Como en casa del fariseo salió en defensa de la pecadora, ahora, cuando se promete al ladrón la salvación en la última hora, halla remate y coronamiento lo que Jesús contó en las parábolas (oveja perdida, hijo pródigo, dracma perdida), así como la bondadosa acogida que dispensó al jefe de los publicanos, Zaqueo. Lo más hondo de la misericordia divina se revela en la cruz de Cristo, que da la vida en forma vicaria por los muchos.  Jesús es Siervo de Dios y mártir.

Este relato nos dice, entre otras cosas importantes, que nunca es tarde para reconocer a Jesús como nuestro Rey y Salvador. Hay otras posibilidades de las que tenemos que decir: «Eso ya no es posible. He perdido la oportunidad.» Pero eso no se puede decir de volver a Cristo: mientras late el corazón, sigue en pie la invitación. Aunque sea «puesto ya el pie en el estribo», como decía Cervantes refiriéndose a su próxima muerte, es literalmente cierto que «mientras hay vida, hay esperanza». Pero, también «Sabemos de un caso de alguien que se convirtió a las puertas de la muerte, para que nadie desespere; pero es un solo caso, para que nadie se confíe.» 
¡Gracias Dios mio porque falta un día menos para la Segunda Venida de Tu Hijo Jesucristo!
¡Maranatha!