martes, 13 de diciembre de 2016

EL QUE HA NACIDO DE DIOS NO PUEDE VIVIR EN PECADO

(Estudio bíblico familiar para 13 diciembre 2016)

1 Juan 3:9  Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios

Juan asocia ahora la idea del versículo 6 con el motivo de "haber nacido de Dios», y la encarece hasta el punto de darle la formulación más chocante de que el que es hijo de Dios no puede pecar. ¿Cómo es posible esta intensificación? La segunda mitad del versículo 9 no nos ofrece, aparentemente, sino una repetición de la proposición que hay que demostrar, y no añade nuevo contenido: «porque ha nacido de Dios». Ahora bien, en la primera mitad encontramos, en paralelismo con ello, una idea que -evidentemente- tiene el mismo significado, pero que es nueva: «... porque el germen de Dios permanece en él». Esta breve frase ¿nos pondrá quizás en la pista de lo que el texto quiere decir realmente?

Si la «unción», de que se habla en 2,20.27, pudimos interpretarla aplicándola al Espíritu Santo, este «germen» de que aquí se habla, ¿no podría ser también el Espíritu Santo? De hecho, tal afirmación la podemos dar no sólo como probable sino también como segura.

Si alguien se halla muy familiarizado con el mundo del pensamiento joánico y ha leído y releído -en pausada meditación- cada una de las frases de esta carta, verá que es obvio lo que acabamos de decir. Pero nosotros necesitamos las «muletas» de la exégesis comparada. Tendremos que examinar bien dónde hay proposiciones parecidas, en esta misma carta, compararlas y comprobar si tienen el mismo sentido. Y puesto que cada una de las afirmaciones paralelas se halla dentro de un contexto diferente y tiene acentos distintos, la comparación nos hará adquirir nuevos conocimientos.

El hecho de que el «germen» de Dios se refiere aquí al Espíritu Santo, nos lo sugiere ya la estructura idéntica del lugar paralelo 2,27: en ambos casos la «unción» o el «germen» «permanece» en los cristianos. En otros dos lugares paralelos más, que mencionan expresamente al Espíritu de Dios, ocurre lo mismo: en 3,24 y en 4,13 sabemos que permanecemos en Dios y que Dios permanece en nosotros. Y lo sabemos por una cosa: porque Dios nos ha dado su Espíritu, es decir porque su Espíritu «permanece» en nosotros. Asimismo, una ojeada a Juan 3:6: «Lo que nace del Espíritu, espíritu es», nos ayudará a conocer que el nacer de Dios (= «el nacer de lo alto») es algo que se lleva a cabo por medio del Espíritu.

Precisamente esta afirmación de que el Espíritu es el «germen» de Dios, hace que sea más comprensible la expresión de que «hemos nacido de Dios». O más exactamente: nos introduce más hondamente en el misterio que en ella se enuncia. El término «germen» pertenece por completo al marco de la terminología de la generación: el «germen», con el que Dios engendra a sus hijos -concediéndoles graciosamente la fe y el bautismo-, es su Espíritu, el Espíritu de Dios. Pero el pensamiento joánico deja relegada por completo cualquier comparación biológica. Toda mala interpretación como si se tratara de una generación física, queda excluida ya por el hecho de que se dice que este «germen» «permanece». No se trata de una emanación, de un efluvio -concebido físicamente- del ser divino. En tal caso, este germen que emanase de la divinidad, se convertiría cada vez en hijo de Dios. No; este «germen» no se convierte, sino que sigue siendo lo que (sin imagen) es: el Espíritu mismo de Dios. No hay mezcla alguna con la materia, como supusieron los gnósticos de entonces o de época posterior. Y por eso, precisamente, es posible el llamamiento de «permaneced en él» (Juan 2:27).  

    Este versículo está erizado de dificultades; y sin embargo está claro que es de primera importancia el descubrir lo que quiere decir.
En primer lugar, ¿qué quiere decir Juan con la frase: «Porque Su simiente mora en él»? hay tres posibilidades.
(i) La Biblia usa corrientemente la palabra simiente queriendo decir la familia y los descendientes de un hombre. Abraham y su simiente han de guardar el pacto de Dios (Génesis 17:9). Dios hizo Su promesa a Abraham y a su simiente para siempre (Lucas_1:55). Los judíos pretenden ser la simiente de Abraham (Juan 8:33; Juan 8:37). En Gálatas 3, Pablo habla acerca de la simiente de Abraham (Gálatas 3:16; Gálatas 3:29). Si tomamos la palabra simiente en ese sentido aquí, tenemos que tomar él como refiriéndose a Dios, y entonces obtenemos un sentido muy bueno: "Cualquiera que es nacido de Dios no peca, porque la familia de Dios mora constantemente en Dios." La familia de Dios vive tan cerca de Él que puede decirse que habita en Él. El hombre que vive así tiene una fuerte defensa contra el pecado.

(ii) Es la simiente humana la que produce la vida humana, y el hijo se puede decir que tiene la simiente de su padre en sí. Ahora bien, el cristiano es nacido de nuevo mediante Dios, y por tanto tiene la simiente de Dios en sí. Esta era una idea con la que los del tiempo de Juan estaban muy familiarizados. Los gnósticos decían que Dios había plantado semillas en este mundo, y por la acción de estas semillas el mundo se iba perfeccionando, y pretendían que eran los gnósticos verdaderos los que habían recibido estas semillas. Algunos gnósticos decían que el cuerpo del hombre era algo material y vil; pero en algunos cuerpos la Sabiduría había sembrado secretamente semillas, y los hombres verdaderamente espirituales tenían estas semillas de Dios por almas. Esto estaba íntimamente relacionado con la creencia estoica de que Dios era un Espíritu de fuego, y el alma humana, lo que le daba la vida y la razón, era una chispa de ese fuego divino que había venido de Dios para residir en un cuerpo humano.

Si tomamos las palabras de Juan en este sentido quieren decir que todo nacido de nuevo tiene la simiente de Dios en él, y que, por tanto, no puede pecar. No cabe duda de que los lectores de Juan conocerían esta idea.

(iii) Hay una idea mucho más sencilla. Por lo menos dos veces en el Nuevo Testamento la Palabra de Dios es la que se dice que produce el nuevo nacimiento. Santiago escribe: " Él, de Su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de Sus criaturas» (Santiago 1:18). La Palabra de Dios es como la simiente de Dios que produce nueva vida. Pedro expresa esta idea aún más claramente: «Pues habéis nacido de nuevo, no de simiente corruptible, sino incorruptible: la Palabra de Dios, que vive y permanece para siempre» (1 Pedro 1:23). Aquí la Palabra de Dios se identifica claramente con la simiente incorruptible de Dios. Si lo tomamos en este sentido, Juan quiere decir que el que es nacido de Dios no puede pecar porque tiene la fuerza y la dirección de la palabra de Dios en su interior. Este tercer sentido es el más sencillo, y en general el mejor. El cristiano está protegido del pecado por el poder de la palabra de Dios que mora en él.

En segundo lugar, este versículo nos presenta un problema cuando lo comparamos con algunas otras cosas que ya ha dicho Juan acerca del pecado.  

       Tomándolo en su valor facial, esto quiere decir que es imposible que peque el que es nacido de Dios. Ahora bien, Juan ya ha dicho: "Si decimos que no hay pecado en nosotros, nos engañamos a nosotros mismos y en nosotros no está la verdad;» y «Si decimos que no hemos hecho nunca nada malo, Le dejamos a Él por mentiroso;» y nos exhorta a confesar nuestros pecados (1 Juan 1:8-10). Luego pasa a decir: «Si pecamos, tenemos un abogado con el Padre en la persona de Jesucristo.» Según parece, aquí hay una contradicción. En un lugar, Juan está diciendo que el hombre no puede ser nada más que pecador, y que hay una expiación por su pecado. En el otro lugar está diciendo, lo mismo de claro, que el hombre que es nacido de Dios no puede pecar. ¿Cuál es la explicación?

(i) Juan pensaba en categorías judías, porque no podía hacer otra cosa. Ya hemos visto que conocía y aceptaba el esquema judío de las dos edades, esta edad presente, y la edad por venir. Ya hemos visto también que Juan creía que, fuera como fuera el mundo, los cristianos, en virtud de la obra de Cristo, ya habían entrado en la nueva edad. Era precisamente una de las características de la nueva edad el que los que vivieran en ella estarían libres del pecado.  
«Entonces también se concederá sabiduría a los elegidos, y vivirán todos sin pecar jamás otra vez, ni por ignorancia ni por orgullo». 
Si eso es cierto de la nueva edad, debería ser verdad de los  cristianos que ya estamos viviendo en ella. Podríamos entonces decir que en este pasaje Juan está estableciendo el ideal de lo que debería ser, y en los otros dos pasajes reconoce la actualidad tal como es. Podríamos decir que conoce el ideal y confronta con él a 'los hombres; pero también encara los Hechos, y ve la cura que hay en Cristo para ellos.

(ii) Eso puede que sea así; pero hay más en ello. En el original griego hay una diferencia sutil en los términos que introduce una gran  diferencia en el sentido. En 1 Juan 2:1, la exhortación de Juan es que no pequéis. En ese versículo pecar está en el tiempo aoristo, que indica un hecho particular y definido. Así que lo que Juan .está diciendo claramente es que los cristianos no deben cometer pecados concretos; pero si resbalan en algún pecado, tienen en Cristo un abogado Que defiende su causa, y un sacrificio que les otorga el perdón. Por otra parte, en este pasaje, pecar está en el presente, e indica una acción habitual.

Lo que Juan está diciendo se puede colocar en cuatro etapas. (a) El ideal es que en la nueva edad el pecado haya desaparecido para siempre. (b) Los cristianos deben tratar de hacer eso realidad, y con la ayuda de Cristo luchar para evitar actos individuales de pecado. (c) De hecho todos tenemos recaídas, y cuando nos sucede esto debemos humildemente confesárselo a Dios, Que siempre perdonará al corazón contrito y humillado. (d) A pesar de eso, ningún cristiano debe ser un pecador deliberado y constante. Ningún cristiano debe vivir una vida en la que el pecado domine sus acciones.

Juan no está colocando delante de nosotros un perfeccionismo aterrador; pero está demandando una vida que esté siempre vigilante contra el pecado, una vida en la que el pecado no sea normalmente aceptado, sino que se produce a veces en un momento anormal de debilidad. Juan no está diciendo que el que mora en Dios no pueda pecar; pero está diciendo que el que habita en Dios no puede seguir siendo un pecador consciente y voluntario.


¡Maranatha!

lunes, 12 de diciembre de 2016

12 Diciembre LA BUENA SEMILLA

 Apocalipsis 6; 16-17
Al ver a Dios sentado en el trono, todos los seres humanos, grandes y pequeños, se aterrorizarán y clamarán que las montañas caigan sobre ellos de modo que no tengan que enfrentarse al juicio del Cordero. Esta vívida escena no tiene la intención de asustar a los creyentes. Para nosotros, el Cordero es un Salvador tierno. Pero los generales, emperadores o reyes que antes no mostraron temor de Dios y con orgullo ostentaron su incredulidad, hallarán que estaban equivocados, y en aquel día deben enfrentarse a la ira de Dios. Nadie que haya rechazado a Dios podrá sobrevivir el día de su ira, pero los que pertenecen a Cristo recibiremos una recompensa y no un castigo. 
A ti que estás leyendo esta meditación, me permites que te pregunte ¿Perteneces a Cristo? Si es así, no tienes por qué temer a esos últimos días. Mas si estás jugando a ser religioso, te enfrentarás a la Ira de Dios en aquel día no muy lejno.
Quienes creemos en el «rapto previo al estallido de la ira» veremos cumplirse la promesa de 1Tesalonicenses_4:17 y Apocalipsis 4:10 inmediatamente antes de este acontecimiento. La Iglesia es «apartada» de esta hora de la consumación del juicio sobre la tierra, pero está presente durante los primeros momentos de la gran tribulación (Apocalipsis_6:1-12), de acuerdo con las palabras de Jesús en Mateo_24:29-31.
El terror pánico que se ha apoderado de los hombres cuando han visto su mundo desquiciado y hecho astillas, domina a todos sin excepción; se enumeran doce grupos (símbolo de la totalidad), desde la más alta clase social hasta el estrato más bajo de la sociedad. La sensación de impotencia frente a una naturaleza, cuyas leyes habían explorado y a la que de esta manera creían tener, en cierto modo, sujeta en sus manos, lleva a los hombres a una franca desesperación; todo orgullo se ha desplomado en un terror sin remedio. Tratan de escapar, pero no hay escondrijo para su mala conciencia y para ocultarse de los ojos del Cordero que viene a juzgar; el día de su ira pondrá de manifiesto que el Salvador del mundo es también su juez.
Las visiones de los sellos hacen tabla rasa de la utopía de que el progreso de la humanidad significa a la vez progreso en lo humano, que paralelamente a él corre un proceso progresivo de humanización. Las imágenes de la apertura de los sellos han descubierto por el contrario el progresivo proceso de maduración del mal en la historia y el correspondiente crecimiento del caos y de la anarquía. Luego, al fin, la desintegración incluso del orden de la naturaleza indica al hombre aterrorizado lo que él mismo ha causado al abandonar los órdenes que habían sido confiados a su responsabilidad, con ello ha minado las bases de su misma existencia. Lo que de su mundo se ofrece todavía a sus ojos pasmados es el espantoso vacío de la nada, que no deja ya ninguna salida más que la ruina y el fin de todo. La enorme angustia existencial que por esto asalta a todos, está expresada de manera impresionante con la psicosis de fuga y de búsqueda de un escondrijo; en la total inconsistencia del hombre en medio de un mundo que él creía haberse apropiado y puesto a su disposición, vuelve a mostrársele con tenue resplandor la conciencia de la responsabilidad moral, pero sólo ya como miedo del juicio. 
Una generación de la humanidad será la última; lo que ésta experimentará exteriormente se anuncia aquí sólo en figuras simbólicas; no sabemos por tanto cómo será la realidad; ahora bien, el objetivo de la pintura apocalíptica es éste: poner drásticamente ante los ojos el estado interior y la reacción de aquellos últimos hombres ante el juicio final de Dios. Las catástrofes en la historia y en la naturaleza referidas en las visiones de los sellos se interpretan finalmente en el sentido de que son un anuncio de la «ira del Cordero», del día de su juicio.
Si aún no eres de Cristo, tienes la oportunidad, quizás la última de rendirle tu vida, confesar tus pecados, arrepentirte y aceptar a Jesucristo, el Hijo de Dios, como único y suficiente Salvador y Señor. Habrás pasado de la condenación del infierno, a la vida eterna en Su Gloria.
¡Maranatha! ¡Sí, ven Señor Jesús!


domingo, 11 de diciembre de 2016

11 Diciembre LA BUENA SEMILLA


Lucas 21; 33
Por mucho que se extienda el período que va de la ascensión a la venida de Jesús, esta generación, el género humano, experimentará todo lo que entraña la plena realización del plan divino, la manifestación del Hijo del hombre, la plena liberación y redención y el perfecto reinado de Dios. Todo se cumplirá sin género de duda. Las palabras tan encarecidas de Jesús no pretenden fijar un tiempo, sino asegurar el cumplimiento de su predicción. Cuando se designa a todo el género humano como esta generación, quiere con ello recordarse que es mala y que no puede sostener el juicio de Dios. Tiene necesidad de recapacitar sobre la venida de los acontecimientos finales. La proclamación escatológica es también en todo caso predicación de penitencia y conversión. 
A veces podría parecer que las promesas de Dios son meras palabras de consuelo. En todo tiempo se han quejado los creyentes de que Dios hace esperar su ayuda. 
¿No habrá que decir lo mismo de esta promesa, la mayor de todas? Se hace duro perseverar con paciencia cuando la espera no tiene fin. Contra toda apariencia de inseguridad, de cosa poco de fiar, está la seguridad de las palabras de promesa de Jesús. El universo, que parece imperecedero, perecerá, todo pasará; las palabras de Jesús conservan su vigencia. Vienen los acontecimientos finales. Estos iluminan nuestra vida presente. Es indiferente cuándo han de venir, pero no lo es el hecho de que han de venir. 
Los que nunca han buscado a Cristo, que ahora vayan a Él; los que nunca se han humillado por sus pecados, que empiecen ahora; los que ya han empezado, que sigan y se conserven humildes. Por tanto, velemos y oremos siempre. 
Estemos alerta contra el pecado; alerta en todo deber, y aprovechar al máximo toda oportunidad de hacer el bien. Oremos siempre: seremos tenidos por dignos de vivir una vida de alabanza en el otro mundo los que vivimos una vida de oración en este mundo. Empecemos, empleemos y concluyamos cada día atendiendo a la palabra de Cristo, obedeciendo sus preceptos, y siguiendo su ejemplo, para que cuando Él llegue nosotros seamos hallados velando y no seamos consumidos con los hipócritas.
2 Corintios 6; 2
Dios ofrece salvación a todo el mundo. Mucha gente aplaza su decisión por Cristo, pensando que vendrán tiempos mejores, pero pueden perder la oportunidad para siempre. No hay tiempo como el presente para recibir el perdón de Dios. A ti que lees esto te digo: No permitas que cualquier cosa te dificulte venir a Cristo.No dejes que tus planes se interpongan. Cuantos durante el día de hoy dejaran de respirar; y ya no tendrán oportunidad de arreglar cuentas con Dios antes de partir de este mundo. ¡Que tristeza!
Que triste afanarse por las cosas temporales de esta corta vida y perder de vista aquellas que tendrán validez en la eternidad.
En las palabras del profeta Isaías percibe Pablo la advertencia de que Dios da a los hombres un tiempo de gracia, que ya no retorna. Ahora es el tiempo de que habla el profeta. Pablo da un paso más. Isaías habla de un tiempo favorable; Pablo dice que es un tiempo sumamente favorable. Con la venida de Cristo y la obra redentora efectuada por él, Dios ofrece al mundo su salvación. Con el repetido uso de la palabra “ahora”, Pablo enfatiza en su predicación la importancia de tomar una decisión por Cristo ahora mismo, no mañana que tal vez para ti no llegue.
Aquí tenemos el privilegio más honroso del cristiano y su responsabilidad más sobrecogedora. El honor de Cristo y de Su Iglesia están en sus manos. Con sus palabras y con sus acciones puede hacer que se estime -o desestime- a su Iglesia y a su Soberano.
Por eso todo nacido de nuevo debe ser íntegro, genuino y no un veleta hipócrita. El testimonio personal fiel, en la medida que nos ha sido dada, será lo que Jesucristo evalúe de cada uno de nosotros. Por eso conviene examinarnos cada día, si en verdad dejsmos que nuestra vida sea gobernada por Dios, dependiendo más y más de Su auxilio por medio del Espíritu Santo, para vivir mostrando los frutos que demanda de sus hijos.
Que el Señor bendiga Su Palabra en la Biblia y nos ayude a desarrollar las virtudes que necesitamos para asemejarnos a Su Hijo Jesucristo.

¡Maranatha! ¡Si, ven Señor Jesús!

sábado, 10 de diciembre de 2016

10 Diciembre LA BUENA SEMILLA

   
Salmo 102; 25-27
El escritor de este salmo sentía el rechazo y el abandono por sus grandes problemas. Los problemas y las angustias pueden abrumarnos y hacernos sentir que Dios nos ha olvidado. Aun aquellos creyentes que se llenan la boca de "amor al hermano" son los que menos dispuestos están a ayudar. El infierno está lleno de almas que se quedaron en buenas intenciones, palabras y nada más.
Pero Dios nuestro Creador está eternamente junto a nosotros y cumplirá todas sus promesas, aun cuando nos sintamos solos.
Tú que lees esto ¿has experimentado alguna vez esa sensación de soledad? ¿has pasado por momentos donde te ha defraudado la familia de la fe?
Qué tristeza sientes ¿verdad? Pero al mismo tiempo sabes que esa prueba ha puesto en evidencia la madurez espiritual y la fe de muchos; sientes tristeza por ellos porque viendo están ciegos, no ven las oportunidades que Dios les presenta para llevar a cabo. Pero eso saldrá en el día de dar cuentas a Cristo.
El mundo perecerá, pero El Señor permanecerá.
Hebreos 1:10-12 cita estos versículos para mostrar que Jesucristo, el Hijo de Dios, también estaba presente y activo en la creación del mundo.
El salmista vuelve a su situación personal y se queja a su Dios de que su vida se acorte, cuando aún podía esperar largos días. Confiado en el poder sobrenatural de su Dios, suplica que le permita continuar normalmente su vida. Esta, en comparación con la existencia de los cielos y de la tierra, resulta ridícula; pero la permanencia de éstos frente a la eternidad de Dios resulta también efímera. Jehová, en su omnipotencia, cambia los cielos y la tierra con la facilidad con que se muda un vestido. Los cielos y la tierra se gastan como una prenda de vestir; en cambio, Dios permanece para siempre: es siempre el mismo. Los años no dejan huella en su existencia.
Las dolencias corporales debilitan prontamente nuestra fuerza, entonces, ¿qué podemos esperar sino que nuestros meses sean cortados en la mitad? ¿Qué haremos, sino proveer adecuadamente?
A veces las personas que dicen no creer, reaccionan ante las necesidades urgentes de creyentes y los socorren; lo digo para verguenza y escarnio de muchos "cristianos" apagados, eclipsados por sus bienes materiales, que miran para otro lado. ¡Hipocritas! bien dijo Jesús : de labios me honran pero su corazón no siente lo que dicen (parafraseado) Las congregaciones, las iglesias están llenas de religiosos que adsptan lo que les conviene de la Palabra de Dios en la Biblia a sus vidas, y mismo se emocionan...pero sus frutos ¿Acaso un mal árbol puede dar fruto bueno? Si no ha sido "injertado" pueden pasar años sin dar fruto comestible. Lo mismo los creyentes si no han "nacido de nuevo" no puede dar fruto espiritual. Puedes decirle explicarle versículo por versículo, entra por un oído y sale por el otro, sin retener nada. Otros han cauterizado su conciencia de tal modo que ya no les advierte y llaman bueno a lo malo y viceversa. Sólo el Espíritu Santo puede poner orden antes de que venga el Señor. Solo podemos orar que obre y aparte de nosotros tanto cabrito disfrazado de oveja.
Debemos reconocer la mano de Dios en ello; y tenemos que reconciliar esto con su amor, porque, a menudo, los que han usado bien su fuerza la ven debilitada; y aquellos que, como según pensamos, difícilmente son pasados por alto, ven acortados sus días. Muy consolador es, respecto de todos los cambios y peligros de la iglesia, recordar que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Respecto a la muerte de nuestros cuerpos y la partida de amigos, consuela recordar que Dios es el Dios eterno.
No pasemos por alto la seguridad contenida en este salmo sobre el final feliz de todas las pruebas del creyente. Aunque todas las cosas estén cambiando, muriendo, pereciendo, como una vestimenta que se muda y rápidamente se deteriora, no obstante, Jesús vive y todo está seguro, porque dijo: Porque yo vivo vosotros también viviréis.
En este Salmo apreciamos más la verdad de que Jesucristo es Señor de todo lo creado; él puede cambiar las cosas, pero él no cambia. Por eso podemos confiar en él; esto da seguridad a los que pertenecen a Dios.

¡Maranatha! ¡Si, ven Señor Jesús!

UN POCO DE LEVADURA LEUDA TODA LA MASA


 Gálatas 5:2-6  He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo.
   Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley.
   De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.
    Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia;
   porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.

Pablo utiliza todo el peso de su autoridad apostólica para explicar a los gálatas, en concreto, lo que significaría buscar la circuncisión. ¡Mirad! Así les hace prestar atención al significado decisivo de sus palabras. Soy yo, Pablo, el que os lo digo; tras él está la responsabilidad apostólica y la autoridad del enviado de Cristo, que antes esperaba también la justificación de la ley.

Procurar ser salvos por guardar la ley y ser salvos por gracia son dos formas diferentes de acceso. "De nada os aprovechará Cristo" significa que la provisión de Cristo para nuestra salvación no servirá de nada si procuramos salvarnos a nosotros mismos. Obedecer la ley no le hace las cosas más fáciles a Dios para salvarnos. Una persona que decide ser justificada por la ley tiene que seguirla perfectamente toda su vida y si en un caso quebrantare un punto de la ley es culpable de toda la ley. Alguien puede decir entonces: ¿Por qué Dios dio la ley que nadie puede seguir? Tenemos que tener en mente que el propósito de la ley no fue de salvar al hombre sino de mostrar lo pecador que él es. Esta es la razón por la que Pablo se opone rotundamente a las enseñanzas de los judaizantes.
Todo lo que podemos hacer es aceptar su regalo de gracia por medio de la fe. Nuestras obras de servicio nunca pueden ser utilizadas para tratar de ganar el amor de Dios o su favor.
Al que se circuncida, Cristo no servirá de nada. Si los gálatas eligen la circuncisión como camino para salvarse, se engañan. No progresan hacia un cristianismo pleno, sino que hacen que la obra salvadora de Cristo sea inútil para ellos. Los gálatas no han llegado aún a una decisión, pero, en caso de que se decidan por la circuncisión, la sentencia de Cristo en el juicio no será de justificación. La circuncisión era un símbolo que indicaba el origen adecuado y que se hacía todo lo que la religión requiere. Ninguna cantidad de trabajo, disciplina o conducta moral puede salvarnos. Si una persona contaba con encontrar el favor de Dios por medio de la circuncisión, debería también obedecer el resto de todas las leyes de Dios. Si tratamos de salvarnos a nosotros mismos guardando todas las leyes de Dios sólo nos separaremos más de El.
Cuando una persona confía en la ley y piensa que su labor en ella trae salvación entonces es desligada de Cristo. Lo que Pablo dice es que el hombre que busca la justificación por la ley no está viviendo en la esfera de Cristo. Así que el sacrificio perfecto de Cristo no es suficiente para la salvación. El hacer las obras de la ley basados en méritos de esfuerzos humanos, no deja cabida para la gracia (que es el regalo inmerecido de Dios por medio de Jesucristo). Pablo no está hablando de perder la salvación sino del método de salvación que los gálatas estaban escogiendo. Los que enseñan que hay que hacer algo más que el solamente aceptar a Cristo están en realidad diciendo que el sacrificio de Cristo no fue completo y así se divorcian del sacrificio completo y también de la gracia de Dios. El cristiano hace buenas obras pero no para salvación sino porque ama a Cristo y tiene el Espíritu Santo, por lo tanto produce frutos, obras.

¿Por qué no puede ser Cristo quien traiga la salvación al cristiano no judío que se circuncide? Pablo testifica solemnemente a todo hombre que se circuncida, es decir, a todo étnico cristiano que, al circuncidarse, se coloca en el camino de la justificación por la ley, que está obligado a cumplir toda la ley. Para los judíos, la circuncisión es el principio de una vida que quiere llegar a la justificación por medio de la ley, cumpliéndola (1Corintios_5:4). Quien, sometiéndose a la circuncisión, se pasa al orden, ya caducado y superado, de la ley, debe cumplirla atendiendo a sus preceptos, debe cumplir toda la ley.

Esto, seguramente, no se lo han dicho a los gálatas los adversarios de Pablo. No habrán presentado la ley como un yugo, sino que habrán ensalzado la circuncisión como camino para llegar a la auténtica filiación de Abraham y a la herencia del tiempo mesiánico. Pablo, en cambio, muestra a los gálatas que la ley es un yugo y que hay que cumplir todas sus exigencias . Ni siquiera los falsos maestros que, como judíos cristianos, ensalzan la ley como camino hacia la justificación, cumplen todo lo que la ley exige.

Quien, siendo cristiano, se pasa, circuncidándose, al camino de la justificación mediante la ley, queda privado de la ayuda de Cristo y a merced de la maldición de la ley; queda arrancado a la influencia de Cristo. Está desligado de toda vinculación con Cristo, se ha apartado de Cristo, «en quien» estaba por su bautismo. La palabra que Pablo usa para designar el «arrancarse» a la influencia de Cristo significa también perderse y aniquilarse. Quien quiere justificarse mediante la ley ha sellado su propia perdición. Ha caído fuera de la gracia. Está desgajado de aquel que le ha llamado a la gracia. Quien permanece en el Evangelio, se encuentra dentro del ámbito de la gracia divina; quien, en cambio, se pasa a un Evangelio falso, cae fuera de la gracia. El hombre tiene acceso a la gracia en virtud de la fe, y cuando se bautiza pasa a estar en estado de gracia. ¿Quién quiere pasar del reino de la bendición al de la maldición?

Los verdaderos creyentes aguardan, por el Espíritu, el ser aceptados por Dios gracias a la fe, no a la Ley. La referencia alude al final de los tiempos, cuando Dios pronuncie su absolución final sobre los cristianos, y estos experimenten las bendiciones de la eternidad  (Romanos 8:23).

 Somos salvos por la fe, no por las obras. Por lo tanto, el amor por otros y por Dios es la respuesta de aquellos que han sido perdonados. El perdón de Dios es completo y Jesús dice que aquellos que han sido perdonados mucho amarán mucho más (Lucas 7:47). Ya que la fe se expresa a través del amor, usted puede examinar su amor por otros que actúa como reflejo de su fe.
¿Cómo esperamos nosotros, los cristianos, la justificación?  Lo primero que es digno de notar es que la esperamos. Proviene de Dios como un don, un regalo inmerecido, no de nosotros mismos, de nuestras obras. Es un patrimonio que esperamos. Ni siquiera el cristiano creyente y bautizado ha llegado ya a la justificación. El juicio final y la plenitud final no han llegado todavía. Pero el bautizado no espera sin más, no espera algo incierto. Tiene una esperanza fundada: si permanece en la gracia, si se mantiene en la libertad que Cristo nos ha traído, Dios consumará en él la justificación. La plenitud cristiana no es obra nuestra. Es un regalo que Dios nos hará al final, pero para eso hemos de permanecer en la libertad del Evangelio y en la gracia.

La fe es el punto de partida del camino hacia la justificación, camino que hemos de recorrer en el Espíritu. Por eso la vida y la ética cristianas consisten en vivir de la fe. La fe actúa a través del amor. La vida moral del bautizado consiste en vivir la fe y, por tanto, en vivir en el Espíritu, pues el Espíritu de Dios es quien da fuerza para vivirla y llegar así a la justificación.

El contraste con las enseñanzas legalistas era el caminar por el Espíritu. Los cristianos (Pablo usa nosotros para referirse a todos los que participan en la esfera de Cristo) esperan con gran anticipación, por fe, la esperanza de la justicia. Es importante ver que la fe está en contraste con la ley. La circuncisión está basada en la carne pero la fe está basada en la esfera del Espíritu. La fe espera en la esperanza de justicia. Pablo no quiere decir la justicia que fue imputada cuando una persona cree en Cristo sino cuando la justicia de Dios sea completamente realizada en su venida  (1Pedro 1:3-4, 1Pedro 1:13). Es cuando, en la venida de Cristo, el creyente será totalmente conformado a la voluntad perfecta de Dios. Será entonces cuando la justicia interna que comenzó en la salvación se manifestará por completo en esa segunda venida de Cristo. Podemos decir que hay tres cosas que continúan en el cristiano cuando acepta a Cristo y son: La vida cristiana es vivida en el poder del Espíritu Santo; el cristiano ejercita su fe en Cristo y tiene la esperanza en la glorifiación futura de su vida en vez de la ansiedad que ocurre porque no hay seguridad de la salvación.
Pablo da una vez más las razones de su afirmación. Muestra por qué nosotros, los cristianos, estamos en lo cierto cuando esperamos la justificación de la fe y por qué aquel que quiere ser justificado por la ley ha caído fuera de la gracia. En Cristo Jesús sólo hay una cosa que conduzca a la justificación: la fe. En el nuevo orden salvífico que ha comenzado con Cristo, la distinción entre circuncisión e incircuncisión ha perdido su fuerza; ya no significa nada en orden a la salvación del hombre. Esta distinción, que en el ámbito de la ley representaba una oposición infranqueable, ya no cuenta en Cristo.
Pablo expresa el mismo pensamiento cuando dice: Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas (Efesios 2:10).
 Las obras de la ley son como una camarera en un restaurante. Ella trata de agradar a su cliente por la propina que él dejará, su sonrisa y buen servicio es algo externo y con un propósito egoísta. A diferencia de la camarera de un restaurante está la dueña de casa. Ella prepara una comida para su esposo y lo recibe con alegría porque está enamorada. Sus obras son producto del amor que tiene para su marido y lo que hace es para agradarlo. Así también el cristiano, sus obras son por amor y por la relación íntima que tiene con Cristo.
     Lo que cuenta es la fe, que actúa a través del amor. Quien cree que la fe es lo que justifica y lo que salva no queda por eso condenado a la inactividad. La fe actúa en el amor. Para el bautizado en Cristo la fe y el amor están íntimamente unidos. No se puede separar la fe del amor; es éste quien la hace activa, quien la traduce en algo real. Y tampoco es posible el amor sin fe, porque la fe es la fuerza inicial de la nueva vida del bautizado. La fe tiene fuerza justificadora.
Santiago 2:17 llama fe «muerta» a la que no se ejerce en obras. La fe, pues, de la que Pablo habla en Gálatas 5:6 puede calificarse, usando el vocabulario de la carta de Santiago, de fe «viva».


¡Maranatha!

viernes, 9 de diciembre de 2016

CRISTO NOS HA LIBERADO, PERO NO PARA UNA NUEVA ESCLAVITUD


Gálatas 5:1 

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud

  Con estas palabras empieza Pablo esta nueva sección de su carta. Cristo nos ha liberado para el estado de libertad. No se ha limitado a descargarnos por un momento el fardo de la esclavitud; nos ha colocado en estado de libertad. En ella estamos ahora. La «poseemos» en Cristo. Cristo no sólo nos ha liberado de las prescripciones rituales de la ley, sino en rigor de toda ley externa; esta podrá servir al hombre de indicador del camino a seguir, pero la motivación radical y última, el principio interno y dinámico de toda obra para el cristiano tiene que ser el amor a Dios y el amor al prójimo.
Cristo murió para libertarnos del pecado y de una lista interminable de leyes y regulaciones. Cristo vino para liberarnos, no para hacer lo que queramos, lo que nos llevaría nuevamente a la esclavitud de nuestros deseos egoístas. Si no que, gracias a Cristo, somos libres y ahora estamos en condiciones de hacer lo que antes era imposible: vivir libre del egoísmo. Aquellos que apelan a su libertad para hacer lo que gusten o ser indulgentes con sus deseos, están cayendo en las garras del pecado.  

Cristo nos ha liberado para la libertad, en la que hemos sido constituidos por la muerte redentora de Cristo en la cruz; ahora estamos en ese estado, a merced de la libertad. Se trata de la libertad de la ley, a la que los gálatas querían renunciar sometiéndose a la circuncisión. Pero, puesto que Pablo usa aquí la palabra «libertad» en sentido amplio, incluye también la libertad del pecado. En el ámbito de la ley, ésta despliega y robustece el pecado. La ley es «la fuerza del pecado» (1Corintios 15:56). Quien ha escapado a ella ha escapado también al pecado. El que ha sido liberado por Cristo está también libre de la muerte, que es consecuencia del pecado (Romanos 5:21) y de la que éste es aguijón.

Quien goza de esta libertad en virtud de Cristo debe mantenerse firme en ella; se quedará en ella. Querrá conservar su estado de libertad. Será consciente de su dignidad. Pero a quien se deje apresar por el yugo de la esclavitud le vacilarán las rodillas. Gemirá bajo la esclavitud de la ley, porque no será capaz de soportarla. Esto es lo que les sucederá a los gálatas si retornan a la legalidad en que vivían antaño (1Corintios 4:9). No deben volver a ella. Lo mismo nosotros.
Cristo no será el Salvador de nadie que no lo reciba y confíe en Él como su único Salvador. Prestemos oído a las advertencias y las exhortaciones del apóstol a estar firmes en la doctrina y la libertad del evangelio. Todos los cristianos verdaderos que son enseñados por el Espíritu Santo, esperan la vida eterna, la recompensa de la justicia, y el objeto de su esperanza, como dádiva de Dios por fe en Cristo; y no por amor de sus propias obras.
El convertido judío puede observar las ceremonias o afirmar su libertad, el gentil puede desecharlas o participar en ellas, siempre y cuando no dependa de ellas. Ningún privilegio o profesión externo servirá para ser aceptos de Dios sin la fe sincera en nuestro Señor Jesús. La fe verdadera es una gracia activa; obra por amor a Dios y a nuestros hermanos. Que estemos en el número de aquellos que, por el Espíritu, aguardan la esperanza de justicia por la fe.
El peligro de antes no estaba en cosas sin importancia en sí, como ahora son muchas formas y observancias. Pero sin la fe que obra por el amor, todo lo demás carece de valor, y comparado con ello las otras cosas son de escaso valor.
 ¡Maranatha!





9 Diciembre LA BUENA SEMILLA


2 Corintios 13; 4
El apóstol se configura, en poder y debilidad, de acuerdo con la imagen de su Señor Cristo. También Cristo fue débil, cuando fue crucificado. Pero después el poder de Dios le resucitó y glorificó, y ahora vive y domina con poder como el Señor ascendió al cielo. El Apóstol está en Cristo. Estar en Cristo significa ser débil con él y participar en su pasión y muerte. Pero significa también que, por concesión divina, el apóstol participa en la vida y el poder del Resucitado. Esta vida no es sólo ni primariamente la vida futura de la eternidad. Actúa ya ahora en los nacidos de nuevo, y poderosamente en el momento presente del apóstol y actuará, también con poder cuando se presente en Corinto dentro de poco.
En el Nuevo Testamento se citan con frecuencia, una junta a otro, la debilidad y el poder de Cristo, como contrastes que se complementan. Se trata de una antigua fórmula, ya acuñada con anterioridad a Pablo. Es una antigua y breve confesión con la que la fe y la predicación superaban el escándalo de la cruz. Nunca podía anunciarse la cruz aislada y sola. Hubiera sido únicamente el anuncio de un final horrible. Por eso debía ir siempre unida al anuncio de la resurrección, por la cual la cruz se revelaba como tránsito a la vida.
Cristo en su crucifixión parecía solamente un hombre débil e indefenso, pero su resurrección y su vida demostraron su poder divino. Así los apóstoles, por más viles y despreciables que parecieran ante el mundo, como instrumentos manifestaban, no obstante, el poder de Dios.
Prueban ellos sus temperamentos, conducta y experiencia, como el oro es probado o ensayado por la piedra de toque. Si podían demostrar que no eran réprobos, que no eran rechazados por Cristo, confiaba que sabrían que él no era un réprobo ni un desconocido de Cristo. Debían saber si Cristo Jesús estaba o no en ellos, por la influencia, la gracia y la morada de su Espíritu, por su reino establecido en sus corazones. 
Preguntemos a nuestras almas ¿somos cristianos verdaderos o somos engañadores?. A menos que Cristo esté en nosotros por su Espíritu, y el poder de su amor, nuestra fe está muerta, y aún estamos reprobados por nuestro Juez.
1Corintios 1;24
«Los griegos buscan sabiduría.» No esperan intervenciones extraordinarias de lo alto. Se enfrentan con lo perceptible, con lo científico, y esperan poder entender aquellos conceptos en los que están encerradas las cosas divinas. Conocen las grandes posibilidades de la razón, los esfuerzos que exige, pero también la satisfacción que experimenta el pensador y conferenciante que conduce a sus oyentes por los altos caminos del pensamiento. Pero lo que Pablo tiene que decir como mensajero del crucificado equivale a una bofetada en el rostro contra estas pretensiones. Y, con todo, se da la maravilla de que algunos, de una y otra cultura, reconocen y experimentan a este Cristo así predicado como la esencia de una revelación mucho más alta del poder y de la sabiduría de Dios. Que este nuevo espacio se abra cuando toda posibilidad humana parece cerrada y sin salida es algo que se debe al «llamamiento de Dios» que por un lado es suave y como solicitador pero por otro es victorioso y soberano. El Dios que llama, que envía a sus mensajeros como desvalidos, está seguro de su causa. Y así, esta teología de la cruz del Apóstol desemboca en una frase triunfal, en la que se sabe sin ningún género de duda que, en definitiva y propiamente, la sabiduría y el poder están de parte de Dios, aunque la conducta divina pueda parecer a los hombres desamparada y necia.
Lucas 24; 26
Cristo entró en su gloria a través de la pasión. La gloria es poder divino, esplendor divino, modo divino de ser. Lo que en la transfiguración se hizo visible por breves momentos (Hechos_9:32), lo ha recibido ahora Jesús para siempre por medio de su pasión; en esta gloria se ha de manifestar visiblemente: «Verán al Hijo del hombre venir en una nube con poderío y gran majestad» (Hechos_21:27). La transfiguración es la anticipación del tiempo final; en el tiempo intermedio está todavía oculta la gloria del Hijo del hombre, aun cuando Jesús la posee ya. Como Jesús, después de su muerte, entra en su reino (Hechos_23:42), así entra también en su gloria. El Padre le ha destinado esta gloria, porque él ha recorrido el camino de las pruebas y de los sufrimientos (Hechos_22:29). «Dios ha hecho Señor y Mesías a Jesús, a quien crucificaron los judíos» (Hechos_2:36).
Tu que lees esto ¿Eres de Cristo, estás en Cristo, vives en Cristo?
Si no es así, vives todavía esclavo de Satanás y bajo su poder.
Jesucristo tiene poder para liberarte de las garras de Satán para siempre. ¡Ven a Cristo! ¡Enganchate a Jesús!

¡Si, ven Señor Jesús!

jueves, 8 de diciembre de 2016

UN LLAMADO VITAL PARA TODOS LOS NACIDOS DE NUEVO



2 Corintios 13:5  Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?

A los corintios se les pidió que se examinaran y probaran a sí mismos. Así como nos sometemos a un control médico, Pablo nos urge a que nos sometamos a un control espiritual. Debemos velar por un crecimiento en la presencia y el poder de Cristo en nuestras vidas. Sólo así podremos deducir si somos cristianos verdaderos o impostores. Si no estamos dando pasos concretos para crecer más cerca de Dios, estamos alejándonos de Él. Dice el Apóstol que, en vez de andar pidiéndole a él pruebas, lo mejor sería que ellos mismos se pusiesen a prueba, para ver si Jesucristo está verdaderamente en ellos y son auténticos cristianos; si no lo encuentran, es señal de que están “reprobados” o, como hoy diríamos, descalificados, pues no han resistido la prueba.
 A lo largo de una serie de ideas coherentes y escalonadas (Romanos 13:5-10) exhorta Pablo a la comunidad a que se examine a sí misma, para que su fe y su vida sean auténticas y el apóstol pueda ahorrarse, en su visita, la tarea de tener que montar un tribunal de castigo. En vez de querer comprobar si Cristo actúa en el apóstol (Romanos 13:3), sería mejor que los corintios se probaran a sí mismos. La comunidad conoce la realidad de Cristo en la lglesia. Sabe que los cristianos están en Cristo y Cristo en los cristianos. Los corintios no pueden olvidar esta realidad, sino que la deben hacer efectiva en su vida de fe. Sólo la fe vivida y realizada es fe verdadera. Si no lo supieran y no actuaran en consecuencia, serían suspendidos y desaprobados. Y en tal caso, Pablo teme que tampoco podrían afrontar el juicio futuro.
Existen varios pasos en el proceso de una autoevaluación que llevaría a los corintios, y a nosotros, a una valoración de la calidad espiritual de nuestra vida. “Si estáis firmes en la fe” es una frase que señala el primer paso. Hay que reconocer que “en la fe” es un giro que puede tener varios significados. Previamente Pablo había exhortado a los corintios a estar firmes en la fe (1Corintios_16:13). Esa exhortación implicaba una aceptación del kerugma  el mensaje básico del cristianismo. Otro sugiere que la fe conlleva la idea de cierta confianza del lado humano y mucha fidelidad de parte de Dios. Un concepto más sencillo es ver “la fe” como una relación genuina con Cristo ¡por supuesto!. En nuestro texto “la fe” puede implicar todas estas ideas mencionadas, y aún más, una nueva situación y una nueva existencia como cristiano. Finalmente, Pablo les advertirá en cuanto “en la fe”, significando adherencia a su evangelio en contraposición con “el evangelio diferente” de sus opositores.

Esta frase es tan crucial que debemos hacer una pausa y preguntarnos “¿Cuál es esa ‘fe’ en la que los corintios fueron exhortados a permanecer firmes?”. La fe se expresa mejor con la palabra kerugma. Pablo usa esta palabra cuando escribe en 1Corintios_1:21: “A Dios le pareció bien salvar a los creyentes por la locura de la predicación”. Un predicador era un heraldo (kerux) que levantaba su voz y anunciaba buenas nuevas. En ese pasaje Pablo no está diciendo que la salvación se hace posible porque los hombres predican, es decir, por el acto de predicar, sino por lo que se predica (el contenido). En la predicación de los primeros años del NT, kerugma llegó a significar las creencias centrales acerca de la revelación de Dios en Cristo. Es el evangelio (las buenas nuevas) a ser proclamado al mundo no creyente. El primer sermón cristiano que se registró fue el de Pedro en Hechos_2:14-40. Otros sermones se encuentran en Hechos 3:12-26; 5:29-32; 10:34-43. El esbozo básico de estos sermones es:
 (1) Dios ha cumplido sus promesas hechas en el AT y trajo salvación a su pueblo (Hechos_2:16, 2:21-23; 3:18, 3:24; 10:43).
 (2) Esto se realizó a través del ministerio, muerte y resurrección de Jesús (Hechos_2:22-24; 3:13-15; 10:37-39).
 (3) Jesús ha sido exaltado como Señor y Cristo (Hechos 3:26).
 (4) El Espíritu Santo en la iglesia es la señal del poder y la gloria presente de Cristo (Hechos 2:33; 5:32).
(5) La salvación alcanzará su conclusión con la segunda venida de Cristo para juzgar a los vivos y a los muertos (Hechos_3:21; 10:42).
(6) Habiendo sido escogidos para proclamar las buenas nuevas (Hechos 2:32; 10:40-41) terminaban su predicación con un llamamiento al arrepentimiento y ofrecían el perdón del pecado y el don del Espíritu Santo a quienes creyeran (Hechos_2:38-39; 3:25-26; 5:31; 10:43).

Las verdades arriba mencionadas constituyen “la fe” que los corintios y nosotros somos llamados a afirmar y vivir. Permanecer fieles a las verdades del evangelio de Cristo Jesús es fundamental. Adherirse al kerigma debe resultar en un estilo de vida que es moralmente sano, éticamente correcto y prácticamente eficaz como testimonio de un compromiso espiritual que refleja el amor de Dios en Cristo Jesús.

Pablo confronta a los corintios con la necesidad de cambiar, de arrepentirse, como consecuencia de su fe. Les ha asegurado que si las condiciones indicadas no son encaradas y cumplidas, él tratará con ellos severamente. Solo una actitud de arrepentimiento que resultara en un cambio de perspectiva y de conducta sería aceptable. De otra forma, no será indulgente con ellos.

La pregunta: “¿no conocéis… que Jesucristo está en vosotros?” señala una prueba muy básica. Ellos afirman ser de Cristo, pero ¿pasan el examen de que él en realidad está en ellos y entre ellos? Si el resultado es positivo, ellos reconocerán total y completamente que Cristo está entre ellos y que son verdaderos miembros del cuerpo de Cristo. Pablo espera que fijen sus ojos críticos hacia ellos mismos y honestamente averigüen si están “en Cristo”. Irónicamente, Pablo añade: “a menos que ya estéis reprobados”. La naturaleza de la frase no es poner en tela de duda la experiencia o la validez de su salvación. En varias ocasiones Pablo siempre ha expresado en sus escritos a los corintios la autenticidad de su fe.
Pablo termina la carta severa con cuatro cosas.
(i) Termina con una advertencia. Va a ir a Corinto otra vez, y ésta no habrá tiempo para andarse por las ramas. Lo que se diga se atestiguará y decidirá definitivamente. Tendrá que haber una confrontación. No se debe permitir que la situación se haga crónica. Pablo sabía muy bien que hay un momento en el que hay que dar cara a las situaciones desagradables.
(ii) Termina con un deseo. Su deseo es que los corintios actúen como es debido. En ese caso, él no tendrá que imponer su autoridad, y eso no será ningún chasco para él sino una gran satisfacción y alegría. Pablo no quería imponer su autoridad sólo por hacer gala. Lo hacía todo para construir, y no para destruir. La disciplina debe tener siempre como objetivo el levantar a las personas, y no el hundirlas.
(iii) Termina con una esperanza. Espera tres cosas de los corintios.
 (a) Espera que sigan adelante hacia la perfección. No debe haber parones en la vida cristiana. El que no avanza, se queda atrás. Los cristianos siempre vamos de camino hacia Dios; por tanto cada día, por la gracia de Cristo, debemos estar un poco más listos para enfrentarnos con el escrutinio de Dios.
 (b) Espera que escuchen la exhortación que les ha dirigido. Hay que ser una persona como Dios manda para prestar atención a consejos difíciles. Estaríamos mucho mejor si dejáramos de una vez de hablar de lo que queremos y empezáramos a escuchar a los sabios, y especialmente a Jesucristo. (c) Espera que vivan en armonía y en paz. Ninguna congregación puede dar culto al Dios de la paz con un espíritu de amargura. Tenemos que amarnos unos a otros para que el amor de Dios tenga realidad entre nosotros.
(iv) Por último, acaba con una bendición. Después de la severidad, de la lucha y del debate, llega la serenidad de la bendición. Una de las mejores maneras de hacer la paz con nuestros enemigos es orar por ellos; porque nadie puede odiar a una persona y orar por ella al mismo tiempo.

La prueba de un cristiano no es si ha pasado ciertas ceremonias y asumido ciertos votos, sino si se ha encontrado con Cristo cara a cara. Un antiguo sacerdote judío llamado Ebed-Tob decía de su ministerio: " No fue mi padre ni mi madre quien me instaló en este puesto, sino el brazo del Dios todopoderoso.»
(ii) La verdadera causa de la capacidad de Pablo para bregar y sufrir era que estaba seguro de que su misión le había sido encomendada por Dios. Consideraba todos los esfuerzos que se le exigían como privilegios que Dios le concedía.
No son solamente personas como Pablo las que reciben de Dios sus responsabilidades; Dios les da su tarea a todas las personas. Puede que sea uno a quien todos los demás conozcan y reconozcan y la Historia recuerde, o puede que sea uno de quien nadie sepa nada.  

Muchas tareas humildes son un apostolado divino


La tarea que Dios le dio a Pablo fue la evangelización del mundo; para la mayor parte de nosotros será sencillamente hacer felices a unas pocas personas en el pequeño círculo de los que nos son más queridos.

 ¡Maranatha! ¡Sí, ven Señor Jesús!

8 Diciembre LA BUENA SEMILLA


Lucas 15; 20
La reflexión se traduce en acción. La conversión interior reclama «frutos de arrepentimiento», ruptura con la vida pasada, retorno a Dios. El hijo pródigo se levantó y no se detuvo hasta que llegó a su casa. 
Así, el pecador arrepentido deja resueltamente la atadura de Satanás y sus lujurias, y regresa a Dios por medio de la oración, a pesar de sus temores y desalientos. El padre sale al encuentro a su hijo. El amor y la nostalgia del hijo aguza su vista. Se siente hondamente conmovido cuando ve su miseria. Corre a su encuentro, cosa nada corriente e indigna para los antiguos orientales. El padre olvida su dignidad y le prodiga todas las muestras de su amor paterno. Besándolo en la mejilla lo acoge como hijo antes de que él haya podido pronunciar sus palabras de arrepentimiento. Comienza la «frasecita» de confesión, pero no la termina. El padre no aguarda para perdonar a que se cumplan todos los requisitos del arrepentimiento. A través de la imagen de este padre se nos presenta la imagen del Padre celestial, que nos ama anticipadamente. De la misma manera, el amor de Dios es persistente y fiel. Dios nos buscará y nos dará oportunidades para responder, pero no nos obligará a ir a Él. Como el padre, nos espera con paciencia y desea que recobremos nuestros sentidos.
Nuevamente, la recepción del pecador humillado es como la del pródigo. Es vestido con el manto de la justicia del Redentor, hecho partícipe del Espíritu de adopción, preparado por la paz de conciencia y la gracia del evangelio para andar en los caminos de la piedad, y festejado con consolaciones divinas. Los principios de la gracia y la santidad obran en él, para hacer y para querer.
Isaías 44; 22
Vuélvete a mí. Es la gran preocupación de los que se han descarriado de Dios, como los judíos de antes, para apresurar su retorno a Él. La obra de redención hecha a nuestro favor por Cristo, exhorta a tener esperanza de todas sus bendiciones.
Nuestras transgresiones y nuestros pecados son como una nube espesa entre cielo y tierra: los pecados nos separan de Dios; amenazan una tormenta de ira. Cuando Dios perdona, borra el pecado, disipa la nube, esa nube densa, de modo que el camino al cielo quede abierto otra vez. La nube la dispersa el Sol de justicia; se va completamente. El consuelo que fluye al alma cuando el pecado es perdonado, es como luz clara después de las nubes y la lluvia.
Mientras hay aliento hay espeeanza. Mientras hay vida tenemos la oportunidad de arrepentirnos. ¡Cuántos quisieran unos minutos más de vida para arrepentirse! Pero los hay qué, como los fariseos y los escribas por su conocimiento, creen estar en ventaja sobre los demás, y es cierto, pero la emplean para imponerse y no para servir a los demás. Olvidan el ejemplo de Jesús, que siendo Rey vino a servir, vino a ser la única solución posible para restaurar al pecador con Dios.
¡Cuánto nos queda por morir! ¡Cuán hipócritas somos! Somos peor que los fariseos, pues conociendo la verdad, o decimos conocerla, pero nuestra vida ¿Cuánto tiene de cristiana genuina? Esa es la pregunta y respuesta de porqué se va la juventud al mundo. Quizás no vean más que hipocresía en su hogar y sea el modo de revelarse; quizás bajaron a las aguas pero fue un acto externo, sin un nuevo nacimiento interno. Pero como el pródigo, si son de Cristo volverán cuando recobren el sano juicio.
Y tú que lees esto ¿qué haces con tu vida de testimonio cristiano? ¿Eres luz en tu hogar o sólo finges ser luz exteriormente? Jesús dijo: por sus frutos los conoceréis. Y muchos después de décadas siguen sin dar fruto digno. ¡Cuidado! no sea que ese árbol sea cortado cuando se colme la paciencia de su Dueño.

¡Maranatha! ¡Sí, ven Señor Jesús!