lunes, 21 de diciembre de 2020

LA ELECCIÓN DE LOS DOCE


 Mar 3:13  Sube luego al monte, llama junto a sí a los que quería, y ellos acudieron a él.

Mar 3:14  Escogió doce, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar,

Mar 3:15  con poder para arrojar los demonios.

Mar 3:16  Escogió, pues, a los doce: Simón. a quien puso el sobrenombre de Pedro;

Mar 3:17  Santiago, el de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a quienes puso el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno;

Mar 3:18  Andrés y Felipe, Bartolomé y Mateo, Tomás y Santiago, el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo

Mar 3:19  y Judas Iscariote, el que luego lo entregó.

  

Jesús había llegado a un momento muy importante de vida y obra. Se había presentado con Su mensaje; había seguido Su método; había recorrido Galilea predicando y sanando. Para entonces ya había hecho un impacto considerable la opinión pública. Ahora tenía que enfrentarse con dos problemas muy prácticos. En primer lugar, tenía que encontrar, manera de hacer que permaneciera Su mensaje en caso de algo Le sucediera a Él, y que ese algo había de sucederlé no lo dudaba. Segundo, tenía que encontrar la manera de extender Su mensaje; y en una edad en que no había tal cosa como periódicos o libros, ni ninguna manera de alcanzar grandes audiencias a la vez, esa no era una tarea fácil. No había nada más que una forma de resolver los dos problemas: tenía escoger algunas personas para escribir Su mensaje en corazones y vidas, y que salieran de Su presencia para decirlo a los cuatro vientos. Eso exactamente es lo que Le vemos hacer aquí.

Es significativo que el Cristianismo empezó con un grupito. La fe cristiana es algo que estaba diseñado desde el principio que se había de descubrir y vivir en compañía. La esencia de la manera de vivir de los fariseos era que separaba a los hombres de su entorno. El mismo nombre de fariseo quiere decir separado; la esencia del Cristianismo es que vincula a cada uno con sus semejantes, y le presenta la tarea de vivir en compañía con los demás.

Además, el Cristianismo empezó con un grupo muy heterogéneo. En él se encontraban los dos extremos: Mateo era cobrador de contribuciones, y por tanto un marginado; era un renegado y un traidor a sus compatriotas; y Simón el Cananeo, al que Lucas llama correctamente el Celota; y los zelotes eran una pandilla de nacionalistas ardientes y violentos que se comprometían hasta a cometer crímenes y asesinatos para librar a su país del yugo extranjero. El hombre que había perdido totalmente el sentido de patriotismo y el patriota fanático estaban juntos en aquel grupo, y sin duda habría entre aquellos dos extremos toda clase de trasfondos y opiniones. El Cristianismo empezó insistiendo en que las personas más diferentes deben vivir juntas, y ofreciéndoles la oportunidad de hacerlo conviviendo con Jesús. A juzgar por los baremos del mundo, los hombres que escogió Jesús no tenían ninguna cualificación especial. No eran ricos, ni tenían una posición social especial, ni tenían una cultura elevada, ni tenían preparación teológica, ni tenían una posición elevada en la iglesia. Eran doce personas normales y corrientes. Pero sí tenían dos cualificaciones especiales. La primera: habían sentido la atracción magnética de Jesús. Había algo en Él que les había hecho querer tenerle por Maestro. Y la segunda: tenían el coraje de mostrar que estaban de Su parte. No nos equivoquemos: aquello requería coraje. Ahí estaba Jesús, pasando tranquilamente por alto normas y reglas; ahí estaba Jesús siguiendo un camino que conducía inevitablemente a una colisión con los líderes ortodoxos; ahí estaba Jesús, ya marcado como pecador y como hereje; y sin embargo tuvieron el coraje de asociarse con Él. Ningún grupo de hombres lo arriesgó todo nunca antes ni después a una esperanza trasnochada como aquellos galileos, y ninguna banda de hombres lo hizo ni lo haría nunca jamás con los ojos más abiertos que ellos. ¿Por qué Jesús escogió doce hombres? El número doce corresponde a las doce tribus de Israel (Mat_19:28), con lo cual se muestra la continuidad entre el antiguo sistema religioso y el nuevo basado en el mensaje de Jesús. Muchos seguían a Jesús, pero los doce recibieron la preparación más intensa. Podemos ver el impacto de estos hombres en el resto del Nuevo Testamento. Aquellos Doce tenían toda clase de faltas; pero dijérase lo que se dijera de ellos, amaban a Jesús y no tenían miedo de decirle al mundo que Le amaban -y eso es ser cristianos.

Jesús los eligió con dos propósitos. Primero, los eligió para que estuvieran con Él; los eligió para que fueran Sus constantes y fieles compañeros. Otros podrían ir y venir; la multitud podría estar allí un día y no al siguiente; otros puede que fluctuaran y cambiaran en su relación con Él; pero estos Doce habían de identificar sus vidas con Su vida y vivir con Él todo el tiempo. Segundo, los eligió para enviarlos. Quería que fueran Sus representantes; que les hablaran a otros de Él. Ellos mismos habían sido ganados para que pudieran ganar a otros.

Para la tarea, Jesús los equipó con dos cosas. En primer lugar, les dio un mensaje. Habían de ser Sus heraldos. Un sabio dijo una vez que nadie tiene ningún derecho a ser maestro; a menos que tenga una enseñanza propia que ofrecer, o la enseñanza de otro que desee apasionadamente propagar. La gente siempre escuchará al que tenga un mensaje. Jesús les dio a Sus amigos algo que decir. Segundo, les dio un poder. También habrían de echar demonios. Porque estaban en Su compañía, algo de Su poder se reflejaba en sus vidas.

Si queremos aprender lo que es el discipulado, haremos bien en fijarnos en estos primeros discípulos.

 

Sabemos por los otros Evangelios que Jesús subió al monte a orar porque debía tomar una decisión muy importante. El mismo Hijo de Dios necesitaba hallar un lugar donde pudiera estar a solas con Dios, ya que no había silencio en ninguna otra parte. Jesús nos ha enseñado a buscar la soledad para orar si es posible (Mat. 6:6).

 

Cuando Jesús nos llama a responder, su amor nos obliga a seguirle. Estos doce eran el “equipo” de Jesús señalados para trabajar con él y unos con otros. El hace alusión en términos de su familia más amplia en los versúclos. 31-35. Mar. en ningún lugar los denomina “apóstoles”, aunque este es el nombre por el que fueron conocidos más tarde. Por esta razón algunos traductores omiten esta palabra aquí. Pero, si usamos el nombre o no, ellos fueron los misioneros de Jesús; y el misionero Marcos lo sabía muy bien. Podemos observar lo que significa “apóstol” en el v. 14. Jesús escogió a estos va rones para enviarlos a predicar las buenas nuevas, al igual que lo estaba haciendo él. Sin embargo, antes de que estuvieran listos ara predicar las buenas nuevas tendrían que pasar tiempo con Jesús para aprender a modelar la vida de ellos por la de él. Si no seguimos el ejemplo de ellos, nuestra predicación será como altoparlantes propagando fuertemente algo sin sentido.

 

Además, tuvieron que demostrar el poder de Jesús y el Espíritu conquistando al enemigo, como lo había hecho Jesús. Él les había dado su poder para echar fuera los demonios (Mat. agrega el poder para sanar enfermedades en su nombre). Ambas cosas eran señales de la llegada del reino de Dios. Es importante tomar nota de que Jesús compartió su poder con humanos muy imperfectos, como nosotros. En realidad, Marcos, en todo su Evangelio, enfatiza las imperfecciones de los doce y en particular las de Pedro, quien de muchas maneras era el líder. Al hacerlo, Marcos simplemente estaba estableciendo los hechos; no estaba procurando minimizar a los apóstoles, como algunos han sugerido. Hace que la gracia de Dios sea tanto más maravillosa (como lo vio Pablo; 2 Cor. 4:7) ya que no hay superhombres ni supermujeres en el NT, solamente pecadores salvos por gracia. Los demás evangelistas querían mitigar el impacto de algunos de los relatos, pero Marcos quiere mostrarnos que los apóstoles eran humanos tal como nosotros, con todas nuestras debilidades. Los “santos” del NT no tienen aureolas relucientes en derredor de sus cabezas; ¡esto fue una invención de la iglesia romanista más adelante!

Nunca se podrá encarecer demasiado lo importante de esta regla para los intereses de la verdadera religión. No serán nunca demasiado estrictos y minuciosos  los ministros de la iglesia en las indagaciones que hagan respecto al carácter espiritual de los candidatos para órdenes. Un ministro no convertido es  completamente incapaz de ejercer su misión. ¿Cómo podrá hablar con experiencia de la gracia que nunca ha sentido? ¿Cómo recomendará a su congregación  ese Salvador que el mismo no conoce sino de manera intelectual nada más? ¿Cómo presentará a las almas la necesidad urgente de la conversión y del nuevo nacimiento, que él no ha  experimentado? ¡Qué miserablemente se equivocan los padres que persuaden a sus hijos para que se dediquen al ministerio, tan solo para obtener una buena  ofrenda, o escoger una profesión respetable! ¿Qué otra cosa es eso sino persuadirlos a que digan lo que no es verdad, y a que tomen el nombre del Señor en  vano? Los ministros no convertidos, los ministros mundanos son los que más daño hacen a la causa del cristianismo. Son apoyo de los infieles, alegría del  diablo y ofensa a Dios.

Otro detalle que recalca lo “común” de los apóstoles era que la mayoría tenía sobrenombres, algunos dados por Jesús mismo. En la mayor par te del mundo, las personas son conocidas por sus sobrenombres que describen su manera de ser en vez de sus verdaderos nombres. Estos discípulos eran gente real. Así que tenemos a Simón, a quien Jesús le dio el sobrenombre de “Pedro” o “la roca”; luego Jacobo y Juan, a quienes denominó hijos del trueno (o “Rayos y Centellas”, como decimos hasta hoy). Tomás fue llamado “el mellizo”, y otro Simón fue llamado “el Zelote” que puede haber sido una referencia a su “celo” por la causa nacionalista de Israel. El sobrenombre de Judas, “Iscariote” también puede haber estado conectado con el mismo movimiento. Cuando recordamos al jactancioso Simón, quien negó a Jesús, a Tomás quien dudó de él, a Jacobo y Juan quienes fueron ambiciosos, y a todos los demás discípulos, quienes salieron corriendo asustados cuando Jesús fue detenido, no estamos glorificando sus flaquezas, sino al Dios que puede usar a gente débil como ellos, y como nosotros (2 Cor. 12:9).

 

Los doce apóstoles de nuestro Señor eran, sin duda alguna, una clase  distinta de hombres. Cuando murieron, no tuvieron sucesores, así que estricta y literalmente no se puede decir que hay sucesión apostólica. A nadie puede  llamarse realmente "sucesor de los apóstoles", si no hace milagros, como ellos, y como ellos es infalible en su enseñanza. Pero, a pesar de esto, no debemos  olvidar que en muchas cosas los apóstoles fueron elegidos para servir de modelos y de ejemplos a todos los ministros del Evangelio. Teniendo esta  circunstancia presente podemos deducir lecciones muy útiles de este pasaje en referencia a los deberes de un fiel ministro.

Un ministro fiel debe, como los apóstoles, mantenerse en íntima comunión con Cristo. Debe estar mucho "con El" Debe frecuentar la compañía "del Hijo," y  morar en El. Debe separarse del mundo, y sentarse diariamente, como María, a los pies de Jesús para oír su palabra. Debe estudiarlo, copiarlo, asimilarse su  Espíritu, seguir sus huellas. Debería empeñarse en adquirir la facultad de decir, cuando sube al púlpito, "lo que hemos visto y oído, eso mismo os declaramos"  1Juan 1.3 El ministro fiel debe ser predicador como los apóstoles. Este debe ser su principal trabajo y en el concentrar sus pensamientos. Debe considerar la predicación  como muy por encima de la administración de los sacramentos. 1 Cor. 1.17. Un ministro que no predica no sirve de mucho a la iglesia de Cristo; es un faro sin  lámpara, un trompetero silencioso, un vigilante dormido y un fuego pintado.

Un ministro fiel debe oponerse como los apóstoles a todas las obras del diablo. Aunque no llamado en el día a lanzar los espíritus malos del cuerpo, debe de  estar siempre dispuesto a resistirse a los planes del diablo, y a denunciar los lazos que le tiende al alma. Debe manifestar las consecuencias que producen el  gusto por las carreras de caballos, los teatros, los bailes, el juego, la borrachera, la profanación del día del Señor, y todos los placeres sensuales. Cada época  tiene sus tentaciones especiales, pues muchas son las tratas de Satanás; pero cualquiera que sea el camino que haya escogido el diablo para urdir sus engaños,  allí debe estar dispuesto y preparado el ministro a oponérsele y a hacerle resistencia.

¡Cuán grande es la responsabilidad de los ministros! ¡Cuán trabajosa su obra, si cumplen con su deber! ¡Cuánto necesitan de las plegarias de todos los que  oran para robustecer y sostener sus manos! No es de admirarse que S. Pablo diga con tanta frecuencia a las iglesias, "Orad por nosotros.

 

 


viernes, 18 de diciembre de 2020

JESÚS EN MEDIO DE LAS MULTITUDES


 Mar 3:7  Jesús con sus discípulos se retiró a la orilla del mar. Grandes multitudes de Galilea lo siguieron. También acudieron a él, al oír las cosas que hacía, numerosas gentes de Judea,

Mar 3:8  de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán y de los contornos de Tiro y Sidón.

Mar 3:9  Entonces dijo a sus discípulos que por causa de la muchedumbre le dispusieran una barquilla para que no lo apretujaran;

Mar 3:10  porque, como curaba a tantos, todos los que tenían alguna enfermedad se le echaban encima para tocarlo.

Mar 3:11  También los espíritus impuros, cuando lo veían, se postraban ante él gritando: «Tú eres el Hijo de Dios.»

Mar 3:12  Pero él severamente les encargaba que no lo divulgaran.  

 

 Aunque Jesús era blanco del fuego de los líderes religiosos, seguía ganando popularidad entre el pueblo. Algunos eran curiosos, otros buscaban sanidad, otras evidencias para usarlas en su contra y otros querían saber si en realidad era el Mesías. La mayoría no entendía la verdadera dimensión de lo que ocurría entre ellos. A pesar de que los maestros religiosos lo habían rechazado, las multitudes no; a veces las personas comunes pueden ver las cosas espirituales antes que los teólogos “ciegos” que no ven. Las multitudes siguieron acudiendo a Jesús, probablemente buscando sanidad en la mayoría de los casos.  

Hoy en día, la gente sigue al Señor por idéntica variedad de razones. A menos que Jesús quisiera verse involucrado en una colisión frontal con las autoridades, tenía que dejar de utilizar las sinagogas. No es que se retirara por temor a las consecuencias; sino que Su hora no había sonado todavía. Le quedaba todavía mucho por hacer y por decir antes que llegara el conflicto mal.

 

Así que se retiró de las sinagogas y salió a la orilla del lago y al aire libre. Hasta allí Le siguieron en tromba las multitudes viniendo desde lejos. Procedían de toda Galilea; muchos habían recorrido más de ciento cincuenta kilómetros desde Jerusalén y otros lugares de Judasa para verle y escucharle. ldumea era el antiguo reino de Edom, en el extremo Sur, entre la frontera de Palestina y Arabia. También venían del Este del Jordán; y hasta de territorio extranjero, de las ciudades fenicias de Tiro y de Sidón en la costa del Mediterráneo al Noroeste de Galilea.

Tan numerosas eran las multitudes que la cosa se puso peligrosa, y había que tener una barca dispuesta cerca de la orilla en caso de que el gentío estuviera a punto de aplastarle. Las curaciones Le atraían aún más número; aún más peligro, porque los enfermos ni siquiera esperaban a que los tocara, sino se lanzaban a tocarle ellos.

Para entonces tenía que enfrentarse con un problema especial: el de los que estaban poseídos por demonios. Recordemos que, sea cual sea nuestra opinión acerca de ese asunto, aquellas personas estaban convencidas de que estaban poseídas por un poder malo ajeno a sí mismos. Aquellos llamaban a Jesús Hijo de Dios. ¿Qué querían decir con eso? Seguramente no usaban la expresión en lo que podríamos llamar un sentido teológico. En el mundo antiguo, hijo de Dios no era un título infrecuente. Los reyes de Egipto se autoproclamaban hijos de Ra, su dios. Desde Augusto en adelante, muchos de los emperadores Romanos se describen en las inscripciones como hijos de Dios. El Antiguo Testamento tiene cuatro maneras de usar esta expresión.

(i) Los ángeles son los hijos de Dios. La antigua historia de Gen_6:2  dice que los hijos de Dios vieron a las hijas de los hombres y se sintieron fatalmente atraídos por ellas. Job_1:6  nos habla del día cuando los hijos de Dios vinieron a presentarse delante del Señor. Era un título corriente para los ángeles.

 (ii) El pueblo de Israel era el hijo de Dios. Dios llamó a Su hijo para que saliera de Egipto Ose_11:1 ). En Exo_4:22  Dios dice de la nación: «Israel es mi primogénito.»

 (iii) El rey de Israel era el hijo de Dios. Samuel 7:14, la promesa que se le hace al rey es: «Yo seré  su Padre, y él será Mi hijo.»

 (iv) En los libros posteriores, que escribieron entre los dos Testamentos, un hombre bueno es' hijo de Dios. Para Sirá, la promesa que se le hace al que bueno con los huérfanos es:

Así llegarás a ser un hijo del Altísimo, y ÉL te amará más que tu propia madre. (Eclesiástico 4:10)

 

En todos estos casos el término hijo describe a alguien que` está especialmente cerca de Dios. Tenemos paralelos de ello en el Nuevo Testamento que nos muestran algo de su significado. Pablo llama a Timoteo su hijo (1 Timoteo_1:2 ; 1 Timoteo_1:1  Timoteo no era ni siquiera pariente de Pablo; pero no había otro, como Pablo les dice a los Filipenses (2:19-22), que conociera y estuviera de acuerdo con él tanto como Tiimoteo. Pedro llama a Marcos su hijo (1Pe_5:13 ), porque no había otro que pudiera interpretar su pensamiento tan bien como Marcos. Cuando nos encontramos este título en la sencillez la historia evangélica no tenemos que pensar en términos teología o en la doctrina de la Trinidad; tenemos que verlo como una manera de expresar el hecho de que la relación de Jesús con Dios era tan íntima que ninguna otra palabra podría describirla nada más que Hijo. Ahora bien, aquellos poseídos por demonios sentían que había en ellos un espíritu malo independiente; y se daban cuenta de alguna manera de que Jesús estaba cerca y muy próximo a Dios; se daban cuenta de que en la presencia de esa proximidad a Dios los demonios no podían vivir, y por tanto tenían miedo.

Debemos preguntarnos: «¿Por qué les ordenaba Jesús tan seriamente que guardaran silencio? La razón era muy sencilla y necesaria. Jesús era el Mesías, el Rey Ungido por Dios; pero Su idea del mesiazgo era totalmente diferente de la idea popular. Él veía en el mesiazgo un camino de servicio, de sacrificio y de amor, con una Cruz al final de él. La idea popular del Mesías era como un Rey conquistador que barrería a los romanos y conduciría a los judíos a un dominio universal con sus poderosos ejércitos. Por tanto, si se difundía el rumor de que el Mesías había llegado, la consecuencia inevitable serían rebeliones y levantamientos, especialmente en Galilea, donde la gente estaba dispuesta a seguir a cualquier líder nacionalista.

Jesús pensaba en el mesiazgo en términos de amor; el pueblo, en términos de nacionalismo judío. Por tanto, antes de que pudiera haber ninguna proclamación de Su mesiazgo, Jesús tenía que enseñarle al pueblo el verdadero sentido que tenía para El. En aquella etapa, sólo daño y problemas y desastres serían la consecuencia de la proclamación de que el Mesías había llegado. Sólo habría desembocado en una guerra inútil y en un baño de sangre. Lo primero que todos tenían que aprender era la verdadera idea de la misión y el carácter del Mesías; un anuncio prematuro podría haber sido la ruina de toda la misión de Jesús.

 

miércoles, 16 de diciembre de 2020

POSTURAS IRRECONCILIABLES

 

 

 Mar 3:1  Entró de nuevo en la sinagoga. Había allí un hombre que tenía una mano seca,

Mar 3:2  y estaban espiando a Jesús a ver si lo curaba en sábado, para poder acusarlo.

Mar 3:3  Dice entonces al hombre que tenía la mano seca: «Ponte aquí delante.»

Mar 3:4  Luego les dice: «¿Qué es lícito en sábado, hacer bien o hacer mal; salvar una vida o dejarla perecer?» Pero ellos guardaban silencio.

Mar 3:5  Y mirándolos en torno con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano.» Él la extendió, y la mano se le quedó sana.

Mar 3:6  Los fariseos, apenas salieron, junto con los herodianos, en seguida acordaron en consejo contra Jesús la manera de acabar con él.

 

 

Este es un incidente crucial en la vida de Jesús. Ya estaba claro que Él y los líderes ortodoxos de los judíos tenían actitudes incompatibles. Para Él, el volver a la sinagoga era dar muestras de un valor extraordinario. Era la acción de un Hombre que rehusaba buscar Su seguridad, y que estaba decidido a arrostrar una situación peligrosa. En la sinagoga se encontraba una delegación del Sanedrín. Eran inconfundibles, porque los primeros asientos eran los sitios de honor, y allí se encontraban. Uno de los deberes del Sanedrín era descubrir y pararle los pies a cualquiera que pudiera descarriar al pueblo apartándolo del camino correcto. Y eso era precisamente lo que aquella delegación consideraba que estaba haciendo Jesús. Lo que menos les interesaba era el culto o la predicación de la Palabra de Dios. Estaban allí para investigar las acciones y las palabras de Jesús con la intención de eliminarle.

En la sinagoga había un hombre con un brazo paralizado. La palabra griega indica que no era una incapacidad de nacimiento, sino el resultado de alguna enfermedad o accidente.  Si Jesús hubiera sido cauto y astuto habría evitado encontrarse con aquel hombre en público; porque Él sabía muy bien que el curarle en sábado era buscarse problemas. Estaba prohibido hacer ningún trabajo en sábado, y curar a un enfermo era un trabajo. La ley judía era definida y detallada en este punto. La atención médica se podía otorgar solamente si había peligro de muerte. Para dar algunos ejemplos: Se podía ayudar el sábado a una mujer que estuviera de parto; se podía tratar una infección de garganta; si se le caía un muro encima a alguien, se le podía descubrir lo suficiente para ver si estaba vivo; si estaba vivo, se le podía ayudar; pero si estaba muerto, se dejaba allí el cuerpo hasta el día siguiente. No se podía entablillar una fractura. No se podía echar agua fresca en una mano o en un pie dañado. Se podía vendar un corte con un vendaje sencillo, pero no se podía poner ungüento. Es decir: que como mucho se podía procurar que el enfermo o herido no se pudiera peor, pero no que se pusiera mejor.

Nos es sumamente difícil comprender una actitud así. Lo mejor que podemos hacer para comprender aquel punto de vista tan estricto acerca del sábado es recordar que un judío ortodoxo rehusaría defender su vida en sábado. En las de los Macabeos, cuando se inició la resistencia, algunos' los rebeldes judíos se refugiaron en cuevas. Los soldados s' los persiguieron. El historiador judío Josefo nos dice que  ofrecieron que se rindieran, pero ellos se negaron; «así que atacaron en sábado, y los abrasaron cuando se encontraban en las cuevas sin que ellos ofrecieran la menor resistencia siquiera para impedirles la entrada en las cuevas. Se negaron a defenderse a sí mismos aquel día porque no estaban dispuestos a quebrantar el honor que debían al sábado ni siquiera para salvar sus vidas; porque nuestra Ley nos manda descansar e día." Cuando el general romano Pompeyo estaba sitiando Jerusalén, los defensores se refugiaron en el recinto del templo. -Pompeyo se puso a construir una empalizada hasta la altura conveniente desde la que pudiera atacarlos. Conocía las costumbres de los judíos, y construía en sábado; y los judíos no movieron ni una mano para defenderse o para impedir la construcción, aunque sabían que con su inactividad sabática estaban firmando su propia sentencia de muerte. Los romanos que tenían servicio militar obligatorio, tuvieron que acabar por eximir de él a los judíos, porque se negaban a pelear en sábado: La actitud judía ortodoxa para con el sábado era totalmente rígida e inflexible.

Jesús lo sabía. La vida de aquel hombre no corría peligro en absoluto. Físicamente no estaría peor si se le hacía esperar hasta el día siguiente. Para Jesús esto era una prueba, y Él se enfrentó con ella limpia y claramente. Le dijo al hombre que se levantara y se pusiera donde todos le pudieran ver. Probablemente eso lo hizo por dos razones. Una sería, para despertar la compasión de los presentes hacia aquel desgraciado mostrándoles a todos su desgracia. Y también porque Jesús quería dar aquel paso de tal manera que nadie pudiera por menos de verlo.

Entonces les hizo a los maestros de la Ley dos preguntas: "¿Qué es conforme a la Ley, hacer una buena obra en sábado o hacer un*mala obra?" Jesús los puso en un aprieto. Estaban obligados a admitir que era legal hacer el bien, y era una buena obra lo que Él se proponía hacer. Estaban obligados a negar que fuera legal hacer mal; y sin embargo, seguramente no cabía duda que era una mala obra dejar a un hombre en una situación lastimosa cuando se tenía la posibilidad de ayudarle. Y entonces les preguntó: «¿Es legal salvar una vida o destruirla?" Aquí Jesús estaba poniendo el dedo en la llaga. Él estaba haciendo lo posible para salvarle la vida a aquel hombre; ellos estaban programando acabar con Él. Se mirara como se mirara, no cabía duda de que era mejor pensar en ayudar a un hombre que pensar en matar a un hombre. ¡No nos sorprende que no pudieran contestarle!

Entonces Jesús, con una palabra de poder, sanó al hombre; y los fariseos salieron y trataron de urdir un complot con los herodianos para matarle. Esto muestra hasta dónde estaban dispuestos a llegar los fariseos. Ningún fariseo tendría nada que ver con un gentil o con un hombre que no guardara la Ley. Tales personas eran inmundas. Los herodianos eran los funcionarios de Herodes. Estaban relacionados permanentemente con los romanos. En todos los sentidos normales los fariseos los consideraban inmundos; pero ahora estaban dispuestos a entrar con ellos en lo que siempre les habría parecido una alianza impía. Tenían tal odio en el corazón que no se paraban ante nada.

Este pasaje es fundamental, porque muestra la colisión entre dos conceptos de religión.

(i) Para los fariseos religión era ritualismo. Consistía en obedecer ciertas reglas y normas. Jesús quebrantaba aquellas reglas, y ellos estaban genuinamente convencidos de que era una mala persona. Eran como el que cree que -la religión consiste en ir a la iglesia, leer la Biblia o rezar, dar gracias a Dios antes de las comidas, hacer el culto familiar o rezar el rosario, y llevar a cabo todos los actos externos que se consideran religiosos, y que sin embargo nunca está dispuesto a hacer nada por nadie, que no siente nunca compasión ni tiene ningún deseo de sacrificarse por nadie; que tiene bastante con su religiosidad, y que es sordo a la llamada de la necesidad ' ciego a las lágrimas del mundo.

(ii) Para Jesús religión era servicio. Era amar a Dios y a las personas. El ritual era irrelevante comparado con el amor en acción. Para Jesús la cosa más importante del mundo no era llevar a cabo correctamente un ritual, sino la respuesta espontánea al clamor de la necesidad humana.

Oímos lo que se dijo mal y vemos lo que se hizo mal, pero Cristo mira a la raíz de amargura del corazón, su ceguera y dureza y se entristece. Tiemblen los pecadores de corazón duro al pensar en la ira con que los mirará dentro de poco tiempo, cuando llegue el día de su ira. Jesús se enojó al ver la actitud despiadada de los fariseos. Enojarse, en sí mismo, no es malo. Depende de lo que nos hace enojar y lo que hacemos con el enojo. Con mucha frecuencia expresamos nuestro enojo de manera egoísta y perjudicial. Jesús en cambio expresó su enojo corrigiendo un problema: sanó la mano al hombre.  

El gran día de sanidad es ahora, el día de reposo, y el lugar de sanidad es la casa de oración, pero el poder sanador es de Cristo. El mandato del evangelio es como el registrado aquí: aunque nuestras manos estén secas, aun así, si no las extendemos, es nuestra falta que no seamos sanados. Pero si somos sanados, Cristo, su poder y gracia, deben tener toda la gloria.

Los fariseos eran un grupo religioso que con celo seguía la Ley del Antiguo Testamento así como sus tradiciones. Eran respetados en la comunidad, pero odiaban a Jesús porque se enfrentó a sus orgullosas actitudes y a sus poco honorables motivaciones.

Los herodianos eran un partido político judío que esperaba restaurar en el trono la línea de Herodes el Grande. Jesús era una amenaza para ellos porque desafiaba sus ambiciones políticas. Fariseos y herodianos, por lo general enemigos, unieron sus fuerzas en contra de Jesús porque este los desenmascaraba y socavaba su poder y reputación.

martes, 15 de diciembre de 2020

PIEDAD, VERDADERA Y FALSA

 

 

Mar 2:23  Un día de sábado iba él atravesando un campo de mieses, y sus discípulos, según pasaban, se pusieron a arrancar espigas.

Mar 2:24  Y le decían los fariseos: «Oye, ¿por qué hacen éstos en sábado lo que no está permitido?»

Mar 2:25  Y él les contesta: «¿Es que nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre, él y los suyos:

Mar 2:26  que entró en la casa de Dios, en tiempos del pontífice Abiatar, y comió los panes ofrecidos a Dios, los que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y los repartió también entre sus compañeros?»

Mar 2:27  Y añadió: «El sábado se instituyó para el hombre, no el hombre para el sábado.

Mar 2:28  Así pues, también del sábado es señor el Hijo del hombre.»

 

Una vez más Jesús entró en conflicto con las reglas y normas de los escribas. Cuando Él y Sus discípulos iban pasando por unos trigales en sábado, Sus discípulos se pusieron a arrancar espigas y a comerse los granos. Cualquier otro días de la semana aquello estaba totalmente permitido (Deuteronomio 23:25). Siempre que el viajero no usara una hoz, podía arrancar las espigas. Pero esto lo hicieron un sábado, y el sábado estaba terminantemente prohibido hacer ningún trabajo: Los trabajos se clasificaban en treinta y nueve categorías diferentes, que se llamaban " los trabajos padres,» cuatro de los cuales eran segar, aventar, trillar y preparar una comida. Con su acción, los discípulos eran culpables de haber quebrantado estas cuatro prohibiciones. A nosotros nos parecerá algo fantástico; pero para los rabinos judíos era una cuestión de pecados mortales y de vida o muerte.

 

Los fariseos aprovecharon inmediatamente la ocasión para acusar a los discípulos de Jesús de quebrantar la Ley. Sin duda esperaban que Él los parara inmediatamente. Pero Jesús les contestó en su propio lenguaje. Citó la historia que se cuenta en 1Sa_21:1-6. David iba huyendo para salvar la vida; llegó al tabernáculo de Nob; pidió algo de comida, y no había más que los panes de la proposición. Exo_25:23-30  nos dice lo que era este pan. Consistía en doce panes que se colocaban en una mesa de oro de un metro de longitud por medio de anchura y medio de altura. La mesa estaba en el tabernáculo delante del lugar santísimo, y los panes eran una especie de ofrenda a Dios. Se cambiaban una vez por semana; los que se retiraban podían comerlos los sacerdotes, pero nadie más (Lev_24:9). Sin embargo entonces, en su necesidad, David y sus amigos comieron de aquel pan. Jesús mostró que la misma Escritura contiene un precedente de que la necesidad humana tiene prioridad aun sobre la Ley divina.

" El sábado -les dijo- fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado.» Era evidente: El ser humano fue creado antes de que se promulgaran las elaboradas leyes del sábado. El ser humano no fue creado para ser la víctima y el esclavo de las reglas y .normas sabáticas, que se hicieron en un principio para hacerles la vida mejor y más fácil a las personas. El hombre no debe ser un esclavo del sábado, que existe realmente para su bien.

Este pasaje nos enfrenta con algunas verdades esenciales que sería peligroso olvidar.

(i) El Cristianismo no consiste en cumplir normas y reglas. Vamos a referirnos a un asunto parecido al de este pasaje evangélico. La observancia del Día del Señor -es lo que quiere decir la palabra domingo- es importante; pero si el Cristianismo consistiera en no trabajar e ir a misa o al culto el domingo, rezar o leer la Biblia y abstenerse de ciertas cosas, ser cristiano sería muy fácil. Siempre que nos olvidamos del amor y del perdón y del servicio y de la misericordia que son el corazón del Cristianismo, y los sustituimos por el cumplimiento de reglas y normas, el Cristianismo ha perdido su esencia. Cristianismo siempre ha consistido mucho más en hacer cosas que en abstenerse de hacer cosas.

(ii) La primera obligación es la de atender a la necesidad humana. Hasta todos los catecismos y las confesiones  admiten que es perfectamente legal en el Día del Señor cumplimiento del deber y la práctica de las buenas obras y misericordia. Si la religiosidad de una persona no la mueve a ayudar a los que están en necesidad, su religión no merece nombre. La gente importa más que los sistemas; las persona son mucho más importantes que el ritual; la mejor manera honrar a Dios es ayudar a nuestros semejantes.

(iii) La mejor manera de usarlas cosas santas es usarlas para ayudar a nuestros semejantes necesitados. En realidad, esa es la única manera de dedicarle las cosas a Dios.

Una de las historias más encantadoras es la de El Cuarto Rey Mago. Se llamaba Artabán. Había decidido seguir la estrella, y llevaba un zafiro, un rubí y una perla de precio incalculable como regalos para el Rey. Iba cabalgando a toda prisa para encontrarse en el lugar convenido con sus, tres amigos Melchor, Gaspar y Baltasar. Iba con el tiempo justo; le dejarían atrás si llegaba tarde. Pero de pronto vio una figura confusa en el suelo por delante de él. Era otro viajero, que había contraído unas fiebres. Si Artabán se detenía a ayudarle, perdería a sus amigos. Y se detuvo a ayudar al necesitado hasta que se puso bueno. Pero ahora estaba solo. Necesitaba amellos y mozos que le ayudaran a cruzar el desierto, porque había perdido a sus amigos y su caravana. Tuvo que vender el zafiro para cubrir sus necesidades; Le dio pena que esa preciosa joya no fuera para su Rey.

Siguió su viaje, y a su debido tiempo llegó a Belén; pero de nuevo era demasiado tarde. José y María y el Niño se habían ido. Entonces llegaron los soldados para cumplir las crueles órdenes de Herodes y matar a todos los niños. Artabán estaba en una casa en la que había un niño. Los soldados llegaron a la puerta. Se oía a las otras madres llorar su desconsuelo. Artabán se puso a la puerta, alto y oscuro de piel como era, con el rubí en la mano, y sobornó al capitán para que no entrara. Así se salvó el niño de la casa, y la madre estaba gozosa; pero Artabán ya no tenía el rubí para su Rey.

Durante años vagó por todas partes buscando en vano a su Rey. Más de treinta años después llegó a Jerusalén. Había una crucifixión aquel día. Cuando Artabán se enteró de que era a Jesús al Que iban a crucificar, comprendió que era su Rey, y se dirigió a toda prisa al Calvario. Podría ser que su perla, la más maravillosa del mundo, pudiera comprar la vida del Rey.

Calle abajo corría una joven huyendo de un grupo de soldados. "¡Mi padre tiene deudas -gritaba-, y me van a vender como esclava para pagarlas! ¡Sálvame!» Artabán vaciló un instante; pero en seguida sacó la perla, y se la dio a los soldados para comprar la libertad de la joven.

De pronto los cielos se oscurecieron. Hubo un terremoto, y una piedra volante le golpeó a Artabán en la cabeza. Cayó medio inconsciente en el suelo, y la chica le sujetó la cabeza en su regazo. De pronto, él empezó a mover los labios: "No, Señor, ese no puedo ser yo; porque ¿Cuándo Te he visto hambriento y te he dado de comer? ¿O sediento y Te he dado de beber? ¿Cuándo Te he recibido cuando eras forastero? ¿O desnudo y Te he vestido? ¿Cuándo he sabido que estabas en la cárcel y he ido a visitarte? Llevaba treinta y tres años buscándote; pero no había visto nunca Tu rostro, ni Te he prestado ningún servicio, mi Rey." Y entonces se oyó una voz, como un susurro que llegara de muy lejos: "De cierto te digo, que en cuanto lo has hecho con Mis hermanos necesitados, Me lo has hecho a Mí." Y Artabán sonrió al morir, porque supo que el Rey había recibido sus dones.

La mejor manera de consagrarle cosas a Dios es usándolas para ayudar a los necesitados. Se ha sabido de niños a los que no se permitía entrar en una iglesia porque era un monumento y estaba llena de cosas valiosas. Desgraciadamente puede que una iglesia esté más preocupada por la solemnidad de su ritual que de ayudar a los humildes y aliviar a los pobres. Pero las cosas realmente sagradas se deben usar para remediar el dolo y la necesidad. Los panes de la proposición no fueron nunca tan sagrados como cuando se usaron para alimentar a un hambriento. El sábado no fue nunca tan sagrado como cuan se usó para ayudar a los necesitados. El árbitro final acerca de uso de todas las cosas es el amor y no la ley.

ENTENDER CON MENTE NUEVA

 

 

Mar 2:21  Nadie echa un remiendo de paño sin encoger en un vestido viejo; porque, si no, el remiendo nuevo tiraría de lo viejo y el desgarrón se haría mayor.

Mar 2:22  Tampoco echa nadie vino nuevo en odres viejos; porque, si no, el vino rompería los odres, y el vino y los odres se perderían. [El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos].»

 

Jesús sabía muy bien que había venido con un mensaje alucinantemente nuevo; y también sabía que su manera de hablar era alucinante, diferente de la de un rabino ortodoxo. También sabía lo difícil que les era a las mentes aceptar y retener una verdad nueva; y usa aquí dos ilustraciones para mostrar lo necesario que es tener una mente nueva.

Nadie tuvo jamás un don comparable al de Jesús descubrir y utilizar ilustraciones hogareñas. Una y otra encuentra en las cosas sencillas caminos e indicadores apuntan a Dios. No ha habido nadie tan experto en guiar «aquí y ahora» al «allí y entonces.» Para Jesús " la Tierra es henchida de Cielo.» Jesús vivía tan cerca de Dios que todo hablaba de Dios.

Dondequiera que Jesús fijaba la mirada veía un destello de Dios.

(i) Jesús nos habla aquí del peligro de coser un remiendo de tela nueva en una ropa vieja. La palabra que se usa aquí quiere decir que la tela nueva no se había lavado nunca, y por tanto no había encogido; así que, cuando la ropa se mojó por la lluvia o por lo que fuera, el remiendo encogió, y como era mucho más fuerte que la tela vieja, la rasgó todavía más. Llega un momento cuando ya no se pueden seguir poniendo parches y hay que plantearlo todo de nuevo. En los tiempos de Lutero ya no era posible remendar más los abusos de la Iglesia Católica Romana. Había llegado el momento de la Reforma. En tiempos de John Wesley, por lo menos para él, el tiempo de remendar la Iglesia de Inglaterra había pasado. No quería salirse, pero al final tuvo que hacerlo, porque sólo una nueva manera de vivir la vida cristiana podía bastar. Puede ser que haya veces que tratemos de  poner parches, cuando lo que se necesita es prescindir totalmente de lo viejo y aceptar totalmente lo nuevo,

 

(ii) El vino se guardaba en odres. Cuando los odres eran nuevos tenían una cierta elasticidad; pero al hacerse viejos se ponían duros y no cedían. El vino nuevo está todavía fermentando; produce gases; estos gases producen presión; si el odre es nuevo cede a la presión, pero si es viejo y duro y seco se revienta, y el vino y el odre se pierden irremisiblemente. Jesús estaba recomendando una cierta elasticidad de mente. Es fatalmente fácil plantarse en las cosas viejas.

Lo que quería decir era que cuando nuestras mentes se fijan y establecen y adoptan posturas inmovilistas, cuando se vuelven incapaces de aceptar nuevas verdades y de contemplar nuevas posibilidades, puede que estemos físicamente vivos, pero estamos mentalmente muertos.

Conforme nos vamos haciendo más viejos, casi todos desarrollamos un rechazo instintivo de todo lo que es nuevo y no nos resulta familiar. Nos volvemos reacios a hacer cualquier ajuste en nuestros hábitos y formas de vida.

Lesslie Newbigin, que estuvo implicado en las discusiones que dieron origen a la Iglesia Unida de la India del Sur, nos cuenta que una de las cosas que más detenían las cosas era que algunos no hacían más que preguntar: «Pero, si hacemos eso, ¿adónde vamos a parar?» Al final, alguien tenía que decir tajantemente: "El cristiano no tiene derecho a preguntar adónde va.» Abraham salió sin saber adónde iba (Heb_11:8 ). Hay un gran versículo en ese mismo capítulo de Hebreos: «Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José y adoró apoyado sobre el extremo de su bastón» (Heb_11:21 ). Con el aliento de la muerte ya sobre él, el viejo viajero todavía tenía el bordón de peregrino en la mano. Hasta el fin del día, con el ocaso a la vista, seguía dispuesto a emprender el camino. Si vamos a ponernos de veras a la altura del desafío cristiano debemos conservar la mente aventurera.  

martes, 8 de diciembre de 2020

GOZOSA COMPAÑIA

 

 

Mar 2:18  Los discípulos de Juan y los fariseos estaban guardando un ayuno. Vienen y le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no ayunan cuando están ayunando los discípulos de Juan y los de los fariseos?»

Mar 2:19  Jesús les respondió: «¿Acaso van a ayunar los invitados a bodas mientras el novio está con ellos? Es natural que no ayunen mientras lo tienen en su compañía.

 Mar 2:20  Tiempo llegará en que les quiten al novio y entonces, en aquel día, ayunarán. 


           Muchos hombres de fe miraban a Jesús con simpatía. ¡Cómo les gustaba que renovara el fervor de su pueblo! Pero la misión de Jesús no era de reorganizar el culto y llenar las sinagogas.   Los fariseos ayunaban. El ayuno, signo de penitencia y de tristeza, apoyaba las súplicas dirigidas a Dios para que viniera a salvar a su pueblo. Pero precisamente Dios viene en Jesús conviene más la alegría que el ayuno.   Los profetas habían anunciado las bodas de Dios con su pueblo cuando viniera a visitarlos (Is 62,4-5). Por eso al presente, en esta ocasión, como el novio Jesús da a entender quién es él.   ¿Qué es el vino nuevo? El Evangelio, por supuesto, y la embriaguez del Espíritu Santo que lleva a los discípulos a cualquier locura para dar a conocer el amor del Padre y la libertad que ellos mismos han conseguido. Para entenderlo, leamos los Hechos de los Apóstoles y la vida de los Santos, de los verdaderos, desde luego, no de los santos tristes y fingidos.

Entre los judíos más estrictos, el ayuno era una práctica regular. En la religión judía había solamente un día de ayuno obligatorio, el del Día de la Expiación. El día que la nación entera confesaba su pecado y recibía el perdón era El Ayuno par excelencia. Pero los judíos estrictos ayunaban dos días por semana, los lunes y los jueves. Conviene notar que el ayuno no era tan serio como parece, porque duraba desde las 6 de la mañana hasta las 6 de la tarde, y después se podía comer normalmente. El AT prescribe el ayuno sólo en el Día de la Expiación (Lev_16:29), pero los fariseos lo hacían los lunes y jueves (Lc 18:12). Aparentemente los fariseos ayunaban dos veces por semana pero en una forma externa e hipócrita (Mt 6:16–18). Idealmente el ayuno permite concentrarse en lo espiritual y no en las necesidades físicas (Neh 1:4; Hch 13:2, 3; 14:23). Jesús no estaba en contra del ayuno como tal. En el Sermón del Monte lo incluyó entre los pilares de la piedad juntamente con la oración y la limosna (Mat_6:1-18 ).

   Hay muy buenas razones para practicar el ayuno. Uno puede abstenerse de cosas que le gustan por mor de la disciplina personal, para estar seguro de que las domina, y no ellas a él; para estar seguro de no llegar a depender de ellas tanto como para no poder vivir sin ellas. Puede negarse por algún tiempo comodidades y cosas agradables para poder apreciarlas aún más. Una de las mejores maneras de aprender a apreciar nuestros hogares es tener pasar algún tiempo fuera de ellos; y una de las mejores maneras de apreciar los dones de Dios es prescindir de ellos por un tiempo.

Estas son buenas razones para ayunar. Lo malo de fariseos era que en demasiados casos ayunaban por exhibicionismo, para llamar la atención de la gente a su piedad. Llegaban hasta pintarse la cara de blanco y salir descuidados con vestidos los días de ayuno para que no se pudiera por menos de notar que estaban ayunando, y para que todos observaran y admiraran su devoción. Era para llamar la atención de Dios a su piedad. Creían que ese acto especial de piedad extra haría que Dios se fijara en ellos. Su ayuno era un rito y un ritual exhibicionismo. Para tener algún valor, el ayuno no debe ser rito; debe ser la expresión de un sentimiento del corazón.

Jesús usó una alegoría gráfica para decirles a Sus objetos por qué Sus discípulos no ayunaban. Después de una boda judía, la pareja no se iba para la luna de miel, sino se queda en casa. Durante una semana o así mantenían su casa abierta y estaban de fiesta y de celebración. En un tiempo en que vida era tan dura, la semana de la boda era la más feliz de la vida de una persona. Los más íntimos amigos y amigas de los novios estaban invitados aquella semana; y se los llamaba " los hijos del tálamo nupcial.» Jesús comparó Su pequeña compañía con los hijos del tálamo nupcial, los huéspedes especiales en una fiesta de bodas. Había una disposición rabínica concreta que decía: «Todos los que están al servicio del novio queda relevados de todas las prácticas religiosas que hubieran reducido su alegría.» Los invitados a una boda estaban exentos de ayunar.

Este incidente nos dice que la actitud característicamente cristiana en la vida es la alegría. El descubrir a Cristo y el estar en Su compañía es la clave de la felicidad.

Hubo un famoso criminal japonés llamado Tockichi Ishii. Era un despiadado total y bestial. Había asesinado brutalmente a hombres, mujeres y niños en su carrera de crímenes. Le detuvieron y metieron en la cárcel. Dos señoras canadienses le visitaron en la prisión. No consiguieron hacerle hablar; solamente las observaba con un gesto de fiera. Cuando se marcharon le dejaron un ejemplar de la Biblia con la esperanza de que la leyera. Él la leyó, y la historia de la Crucifixión de Jesús le hizo un hombre cambiado. “Más tarde, cuando llegó el carcelero a llevar al condenado a la ejecución, no encontró al bruto endurecido y hosco que esperaba, sino a un hombre con una sonrisa radiante. Porque el asesino había nacido de nuevo.» La señal de su nuevo nacimiento era una sonrisa radiante. La vida que se vive en Cristo no puede ser más que una vida de alegría.

Pero el pasaje termina con un presagio nebuloso. Sin duda cuando Jesús habló del día en que se les había de arrebatar el novio, sus amigos no Le entendieron en aquel momento. Pero aquí, tan al principio de Su carrera, Jesús ya veía la Cruz que Le esperaba. La muerte no Le pillaría desprevenido; ya Él había contado el precio y escogido el camino. Aquí tenemos el verdadero coraje en acción; aquí tenemos la figura de un Hombre que no se aparta del camino aunque al final de él Le espere una Cruz.

viernes, 4 de diciembre de 2020

SI ERES PECADOR, JESÚS TE LLAMA

 

 

Mar 2:15  Estando luego a la mesa en su casa, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa con Jesús y con sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían.

Mar 2:16  Los escribas fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: «¿Pero es que come con publicanos y pecadores?»

Mar 2:17  Cuando Jesús lo oyó, les dice: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

 

 

Una vez más Jesús está lanzando el guante del desafío a los escribas y los fariseos.

Cuando Mateo se entregó a Jesús, Le invitó a su casa. Le parecía lo más natural, una vez que había descubierto a Jesús por sí mismo, el compartir su gran descubrimiento con sus amigos -y sus amigos eran como él. No podían ser de otra  manera. Mateo había escogido un trabajo que le excluía de la sociedad de todas las personas ortodoxas y respetables, y había tenido que buscar sus amigos entre los marginados como él. Jesús aceptó encantado aquella invitación; y aquellos marginados de la sociedad decente buscaron Su compañía.

No hay nada que pueda mostrar mejor la diferencia que había entre Jesús, y los escribas y los fariseos y las buenas personas ortodoxas de Su tiempo. Estos no eran la clase de gente cuya compañía habría buscado un pecador. Le habrían mirado con una actitud de condenación y de superioridad erogante. Se le habrían helado hasta los huesos en tal compañía aun antes de ser admitido en ella.

Había una clara diferencia entre los que guardaban la Ley y los que aquellos llamaban la gente de la tierra, que eran las personas corrientes que no cumplían todas las reglas y normas de los escribas. Los primeros tenían prohibida toda relación con los segundos en absoluto. No debían hablar con ellos, ni hacer un viaje con ellos. El casar a una hija con uno de ellos les parecía tan horrible como entregársela a una fiera. No debían aceptar hospitalidad de ninguno de ellos ni ofrecérsela. Por el hecho de ir a la casa de Mateo y sentarse a la mesa en compañía de aquella gente, Jesús estaba desafiando los convencionalismos ortodoxos de Su tiempo.

No tenemos que suponer ni por un momento que todos esos fueran pecadores en el sentido moral de la palabra. La palabra pecador (hamartólós) tenía dos significados. Quería decir una persona que quebrantaba la Ley moral; pero también querían decir una persona que no cumplía la ley de los escribas. El hombre que cometía adulterio y el que comía cerdo eran pecadores los dos; el que era culpable de robo o asesinato y el que no se lavaba las manos todas las veces que requería el ritual eran ambos pecadores. Entre los invitados de Mateo probablemente habría muchos que habían quebrantado la Ley moral y que iban por libres en la vida; pero sin duda se incluían muchos cuyo único pecado era que no observaban las reglas y normas de los escribas.

Cuando acusaron a Jesús de conducta escandalosa, Su respuesta fue muy sencilla: " Un médico -dijo- va donde se le necesita. La gente que goza de buena salud no le necesita, y sí los enfermos. Eso es lo que hago Yo: voy a los que están enfermos del alma y más Me necesitan.»

El versículo 17 está muy concentrado. A primera vista parece como si Jesús no tuviera interés en las buenas personas; pero el detalle es que la única persona por la que Jesús no puede hacer nada es la que se considera tan buena que no necesita nada de Él; y la única persona por la que Jesús puede hacerlo todo es la persona que es y se sabe pecadora, y anhela de corazón la cura. No tener ningún sentido de necesidad es haber erigido una barrera entre nosotros y Jesús; tener un sentimiento de necesidad es poseer el pasaporte a Su presencia.

La actitud de los judíos ortodoxos para con los pecado se componía realmente de dos cosas.

(i) Se componía de desprecio. «El hombre ignorante de Ley -decían los rabinos- no puede nunca ser piadoso.» El filósofo griego Heráclito era un aristócrata arrogante. Escitino se propuso poner en verso los discursos de Heráclito para que la gente menos intelectual pudiera leerlos y entenderlos. La reacción de Heráclito se plasmó en un epigrama: "Heráclito soy. ¿Por qué me arrastráis arriba y abajo, vosotros ignorantes? No fue para vosotros para los que yo trabajé, sino para los que me entienden. Uno de ellos a mis ojos vale treinta mil, mientras que las hordas innumerables no valen mas que uno de ellos.» La masa no le inspiraba más que desprecio.

Los escribas y los fariseos despreciaban a las personas corrientes; Jesús las amaba. Los escribas y los fariseos se colocaban en sus pequeños pedestales de piedad ritualista, y miraban por encima del hombro al pecador; Jesús se acercaba a él, y sentarse a su lado le elevaba.

(ii) Se componía de miedo. Los judíos ortodoxos le tenían un miedo terrible al contagio del pecado; tenían miedo de que se les pegara algo malo del pecador. Eran como un médico que se negara a tratar un caso de enfermedad infecciosa no fuera que la contrajera. Jesús era Uno que se olvidaba de Sí mismo en Su gran deseo de salvar a otros.

C. T. Studd, el gran misionero de Cristo, tenía un epigrama de cuatro versos que le encantaba citar:

 

Hay quienes quieren vivir en el radio

que alcanzan las campanas de su iglesia;

yo tengo mi servicio de rescate

a un palmo del infierno.

 

El que tiene desprecio y miedo en el corazón no puede ser nunca pescador de hombres.

jueves, 3 de diciembre de 2020

DILE SÍ A JESÚS

 

 Mar 2:13  Salió de nuevo a la orilla del mar. Todo el pueblo acudía a él, y él los instruía.

Mar 2:14  Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en su despacho de cobrador de impuestos, y le dice: «Sígueme.» Y él se levantó y lo siguió.   

 

Cautelosa e inexorablemente la puerta de la sinagoga se le iba cerrando a Jesús. Los guardianes de la ortodoxia judía le habían declarado la guerra. Ahora Jesús enseñaba, no en la sinagoga, sino a la orilla del lago. Su iglesia estaría al aire libre sin más techumbre que el cielo azul, y con la colina o la barca de pesca como púlpito. El Hijo de Dios fue excluido de lo que se consideraba la casa de Dios.

Jesús iba paseando por la orilla del lago y enseñando. Esa era una de las maneras más corrientes de enseñar que tenía los rabinos. Cuando los rabinos judíos iban de camino de un lugar a otro o se daban un paseo al aire libre, sus discípulos se agrupaban a su alrededor andando con ellos y escuchando la que les decían. Jesús estaba haciendo lo que cualquier rabino.

Galilea era uno de los grandes centros de comunicaciones del mundo antiguo. Se ha dicho que " Judasa no estaba de camino a ningún sitio; Galilea estaba de paso a todo el mundo." Palestina era una tierra puente entre Europa y África; todo el tráfico terrestre tenía que pasar por ella. La gran carretera del mar iba desde Damasco, pasando por Galilea, por Cafarnaum, por debajo del Carmelo, a lo largo de la llanura de Sarón, pasando por Gaza y hacia Egipto. Era una de las grandes carreteras del mundo. Otra carretera iba desde Acre en la costa, atravesaba el Jordán y seguía hacia Arabia y las fronteras del imperio, una carretera transitada constantemente por regimientos y caravanas.

Palestina estaba dividida por aquel tiempo. Judasa era una provincia romana bajo un procurador romano; Herodes Antipas, uno de los hijos de Herodes el Grande, gobernaba Galilea; el territorio hacia el Este que incluía Gaulonítida, Traconítila y Batanea, era gobernado por Felipé, otro de los hijos de Herodes. De camino entre el territorio de Felipe y el de Herodes, Cafarnaum era la única población que encontraba el viajero. Por tanto, era como un pueblo fronterizo; y de ahí que fuera también un centro aduanero. En aquellos días se pagaban impuestos de importación y exportación, y Cafarnaum tiene que haber sido un lugar donde se cobraban. Allí era donde trabajaba Mateo. Es verdad que él no estaba, como Zaqueo, al servicio de los romanos; era un funcionario de Herodes Antipas; pero era igualmente un odiado publicano. (La versión Reina-Valera sigue usando esta palabra heredada de la Vulgata via Biblia del Oso y otras traducciones de la Reforma. Publicano, del latín publicanus, era centro los Romanos, arrendador de los impuestos o rentas públicas y de las minas del estado», como dice el D R.A E.).

Esta historia nos revela algunas cosas tanto de Mateo como de Jesús.

(i) Mateo era un hombre muy odiado. Los cobradores de impuestos nunca son populares en ninguna comunidad, pero en el mundo antiguo eran odiados. La gente no sabía nunca exactamente cuánto tenía que pagar; los cobradores de impuestos les sacaban todo lo que podían y se forraban los bolsillos con el extra que les quedaba después de pagar al estado la parte convenida. Hasta un escritor griego como Luciano asocia a los cobradores de impuestos con «adúlteros, alcahuetes, aduladores y sicofantas.» Jesús quiso al que nadie quería. Le ofreció Su amistad al que todos se habrían avergonzado de considerar su amigo.

(ii) Mateo tiene que haber sido en aquel momento un hombre con un gran vacío en el corazón. Tiene que haber oído acerca de Jesús, o probablemente había escuchado Su mensaje desde el borde de la multitud; y algunas veces tiene que haberle vibrado el corazón. No podría haberse dirigido a los buenos ortodoxos de su tiempo. Para ellos era  inmundo y se habrían negado a relacionarse con él.

Hugh Redwood nos cuenta la historia de una mujer que vivía en el distrito de los astilleros de Londres, que venía a la reunión de señoras. Había estado viviendo con un chino, y tenía un bebé mestizo que llevaba con ella. Le gustaba la reuníón y volvía una y otra vez. Entonces el pastor se dirigió a ella le dijo: " Debo pedirle que no vuelva por aquí.» La mujer le devolvió la pregunta con la mirada; y él le contestó: "otras mujeres dicen que dejarán de venir si usted continua viniendo.» Ella se le quedó mirando con una sorpresa dolorida y le dijo: «Señor, ya sé que soy una pecadora; ¿pero no hay ningún sitio adonde pueda ir una pecadora?» Afortunadamente el Ejército de Salvación encontró a aquella mujer y la rescató para Cristo.

Eso era precisamente lo que Mateo tenía que arrostrar hasta que encontró a Uno que vino al mundo a buscar y a salvar lo que se había perdido.

(iii) Esta historia nos dice algo acerca de Jesús. Fue cuando iba paseando por la orilla del lago cuando llamó a Mateo. Decía un gran profesor: «Hasta cuando estaba dándose un paseo estaba buscando oportunidades.» Jesús no estaba nunca fuera de servicio. Si podía encontrar a una persona para Dios mientras se estaba dando un paseo, la encontraba.

¡Qué cosecha podríamos reunir si buscáramos gente para Cristo cuando vamos andando por ahí!

 (iv) De todos los discípulos, Mateo fue el que renunció a más. Literalmente lo dejó todo para seguir a Jesús. Pedro y Andrés, Santiago y Juan podían volver a la pesca. Siempre habría peces que pescar y siempre podrían volver a su antiguo trabajo; pero Mateo quemó las naves definitivamente. En una sola acción, en un momento del tiempo, con una rápida decisión, se excluyó de su trabajo para siempre; porque una vez que se dejaba el trabajo de cobrador de impuestos, ya no se podía recuperar. Requiere un gran hombre el hacer una gran decisión; y sin embargo, a toda vida le llega el momento de decidir.

Cierto hombre famoso tenía la costumbre de darse largos paseos por el campo en Dartmoor. Cuando llegaba a un arroyo demasiado ancho para cruzarlo fácilmente, lo primero que hacía era tirar la chaqueta al otro lado. Así se comprometía a no darse la vuelta. Hacía la decisión de pasar al otro lado, y se aseguraba de no claudicar. Mateo fue un hombre que se lo jugó todo por Cristo, y no se equivocó.

(v) De su decisión sacó Mateo por lo menos tres cosas.

(a) Salió con las manos limpias. Desde aquel momento podía mirarle a la cara a todo el mundo. Puede que fuera mucho más pobre, y que la vida le resultara mucho más dura, y que se le acabaran los lujos y las comodidades; pero desde aquel momento tuvo las manos limpias; y, porque tenía las manos limpias, tenía la mente en paz.

(b) Perdió un trabajo, pero consiguió otro mucho mejor.

Se ha dicho que Mateo lo dejó todo menos una cosa: la pluma. Los investigadores no creen que el Primer Evangelio, tal como lo tenemos ahora, sea obra de Mateo; pero sí creen que incorpora uno de los más importantes documentos de toda la Historia, el primer compendio escrito de las enseñanzas de Jesús, y que ese documento sí fue escrito por Mateo. Con su mente ordenada, su manera metódica de trabajar, su familiaridad con la pluma, Mateo fue el primer hombre que le dio al mundo un libro de las enseñanzas de Jesús.

(c) Lo curioso es que la decisión repentina de Mateo le proporcionó la única cosa que estaría buscando -le trajo una fama inmortal y universal. Todo el mundo conoce el nombre de Mateo como el de uno que hizo posible que se conociera la historia de Jesús. Si Mateo se hubiera negado a aceptar la llamada de Jesús, se le habría recordado localmente por un cierto tiempo como seguidor de una profesión despreciable que todos odiaban; al aceptar la llamada de Jesús ganó una fama internacional como el hombre que nos dejó el primer compendio de las enseñanzas de Jesús. Dios nunca se queda corto con el que se lo juega todo por Él.