Es proclamar el Evangelio, las buenas noticias de la salvación de Dios
para el hombre mediante la muerte propiciatoria y la resurrección corporal de
Cristo. (Romanos_1:16-17 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para
salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se
revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá; 1Corintios_15:3-4 Porque
primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por
nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer
día, conforme a las Escrituras;; Efesios_1:13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de
verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis
sellados con el Espíritu Santo de la promesa, ).
El evangelio de la
salvación procede de la misericordia soberana de Dios y se experimenta sólo
mediante la fe personal en Jesucristo (Juan_3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su
Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga
vida eterna.
Juan_20:31 Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el
Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre
Hechos_16:31 Ellos dijeron: Cree en el Señor
Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.
Romanos_3:22-26 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo,
para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos
de la gloria de Dios, siendo
justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en
Cristo Jesús, a quien Dios puso como
propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a
causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su
justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe
de Jesús.
Efesios_2:8-9 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto
no de vosotros, pues es don de Dios; no
por obras, para que nadie se gloríe. ).
La fuente, la base, de
la salvación es Dios, no los hombres. Dios provee la salvación, cosa que el
hombre no puede hacer, porque no puede proveerse un salvador (no puede morir
por sus propios pecados). Ninguna filosofía, ningún código de preceptos
morales, ninguna ley humana puede efectuar nuestra salvación.
Aun la ley de Moisés,
aunque era de Dios, no podía salvar al hombre, porque "la sangre de los
toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados" (Hebreos_10:4).
Romanos 3; 21 – 26 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de
Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en
Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos
de la gloria de Dios, siendo
justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en
Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio
de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por
alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su
justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe
de Jesús. Justificar significa declarar y tratar como justo a alguien por medio
de absolución de culpabilidad. La obra redentora de Cristo provee la base justa
para la justificación de Dios a los creyentes para que reciban remisión de
pecados y una posición correcta delante de Él (Hechos_13:38-39 ; Colosenses_2:13).
La justificación es
judicial o legal, y en eso se distingue de la santificación progresiva, que es
el proceso diario por el cual el creyente está siendo hecho justo.
Hechos 1; 8 “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros
el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en
Samaria, y hasta lo último de la tierra” Los 120 reunidos en el aposento
alto recibieron el poder del Espíritu Santo para dar testimonio, no solo los
apóstoles, sino todos los discípulos incluidas las mujeres.
Hechos 11; 19-21 Ahora bien, los que habían sido
esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron
hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a
los judíos.
Pero había entre ellos unos varones de Chipre
y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los
griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús.
Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran
número creyó y se convirtió al Señor.
Los primeros predicadores del evangelio en Antioquía fueron
dispersados desde Jerusalén por la persecución; de ese modo lo que pretendía
dañar la Iglesia, se hizo que obrara para su bien. La ira del hombre se
convierte en alabanza a Dios. La persecución contra la iglesia no destruyó la
obra de Cristo, sino que la promovía. Los creyentes esparcidos al inicio de la
persecución en Jerusalén, difundían el evangelio entre los judíos en los lugares
a los que llegaban. Ahora los creyentes empezaban a anunciar activamente las
buenas nuevas con los gentiles.
Lucas no dice que gran número fueron salvos por
creer solamente, sino que gran número creyó y se convirtió al Señor.
Pedro había dicho, "Arrepentíos y convertíos". En estos textos se
puede observar que hay algo que hacer después de creer y aun después de
arrepentirse. Hechos_2:38,
"Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo
para perdón de los pecados".
¿Qué deben predicar los
ministros de Cristo sino a Cristo? ¿A Cristo, y crucificado? ¿A Cristo, y glorificado?
La predicación de ellos fue acompañada de poder divino. La mano del Señor
estaba con ellos para llevar a los corazones y a las conciencias de los hombres
lo que sólo se podía decir al oído externo. Ellos creyeron, fueron convencidos
de la verdad del evangelio. Se convirtieron desde una manera de vivir carnal e
indolente a una vida santa, espiritual y celestial. Se convirtieron de adorar a
Dios para ser vistos y por formalismo a adorarle en Espíritu y en verdad. Se
convirtieron al Señor Jesús que llegó a ser todo en todo para ellos. Esta fue
la obra de conversión realizada en ellos y la que debe efectuarse en cada uno
de nosotros. Fue fruto de su fe; todos los que creen sinceramente, se
convertirán al Señor. Cuando se predica al Señor Jesús con claridad, y conforme
a las Escrituras, Él dará éxito; y cuando los pecadores son de esta manera
llevados al Señor, los hombres realmente buenos, que están llenos de fe y del
Espíritu Santo, admirarán y se regocijarán en la gracia de Dios concedida a
ellos.
El arrepentimiento no es simplemente la tristeza por el pecado, porque
dice 2Corintios_7:10 Porque la tristeza que es conforme
a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la
salvación, sin dejar pesar; pero la tristeza del mundo produce muerte. (LBLA)
Este versículo viene a decir: El hombre que con la tristeza que es según Dios se
arrepiente, nunca tiene por qué lamentar haberlo hecho. La tristeza sentida por la persona que reconoce
que ha pecado contra Dios produce en la persona arrepentimiento, y la salvación
es el resultado del proceso, porque la persona arrepentida luego hace la
corrección requerida. Los corintios habían sentido tal tristeza y se
arrepintieron respecto al caso de fornicación en la iglesia. Tomando los pasos
necesarios, se salvaron de la condenación.
Aquí Pablo contrasta las dos clases de tristeza.
La que es según Dios resulta en salvación; la del mundo en la muerte
espiritual, pues la paga del pecado es la muerte. La tristeza de este mundo no
se dirige a Dios; no considera la voluntad de Dios. Es dirigida a consecuencias
temporales causadas por el pecado y a consideraciones puramente humanas. Esto
no produce el arrepentimiento para salvación.
Mucha gente se entristece sólo por los efectos de
sus pecados o por haber sido descubiertos ("tristeza del mundo").
Comparemos el remordimiento de Pedro y su arrepentimiento con la amargura y
suicidio de Judas. Ambos negaron a Cristo. Uno se arrepintió y fue restaurado a
la fe y al servicio; el otro se quitó la vida.
Podemos entonces darnos cuenta cuales son los
felices frutos del arrepentimiento verdadero. Donde el corazón está cambiado,
regenerado, serán cambiadas la vida y las acciones. Produjo indignación con el
pecado, consigo mismo, con el tentador y sus instrumentos. Produjo temor para
velar y un cauto temor del pecado. Produjo deseo de ser reconciliados con Dios.
Produjo celo por el deber y contra el pecado. Produjo venganza contra el pecado
y contra la propia necedad de ellos, mediante esfuerzos por satisfacer los
daños ocasionados. La humildad profunda antes Dios, el odio de todo pecado, con
fe en Cristo, el nuevo corazón y la vida nueva, constituyen el arrepentimiento
para salvación. Que el Señor lo conceda a cada uno de nosotros.
¡Maranatha!
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