Salmo 119; 105
“Lámpara es a mis pies tu palabra,
Y
lumbrera a mi camino.”
En esta vida, andamos a través
de un bosque oscuro de maldad. No obstante, la Biblia puede ser la luz que nos
muestre el camino hacia adelante para así no tropezar al caminar. Nos revela
las raíces enredadas de filosofías y falsos valores. Estudiemos la Biblia para
que podamos ver su camino con la suficiente claridad y así permanecer en la
senda correcta. No sólo nos ilumina la Palabra de Dios en el conocimiento de su
voluntad, sino que también, como lámpara en el camino de oscuridad, nos enseña
cómo seguir el buen camino y evitar el malo. La lámpara de la palabra no es el
sol. Este nos cegaría los ojos respecto de nuestro actual estado de caídos;
pero debemos bendecir a Dios por la luz que está iluminando nuestro oscuro
camino, hasta que venga el Sol de la Justicia, que entonces se nos habilitará
para verle a Él (2Pedro_1:19; Apocalipsis_22:4).
La lámpara es alimentada por el aceite del Espíritu. La alusión se hace a las
lámparas y antorchas que se llevaban de noche delante de las caravanas
orientales.
Siguiendo
la idea expresada en la estrofa anterior, el salmista declara que la ley es en su vida una lámpara que con su luz le descubre el sendero recto, guiándole de modo
seguro en medio de los peligros de una sociedad materializada. Con toda
decisión está resuelto a cumplir su juramento de ajustarse a los juicios divinos, que son siempre justos; pero ahora se halla sumido en
la aflicción a causa de la
hostilidad de sus enemigos, que conspiran contra él. Su vida está en peligro;
la metáfora tener el alma en las
palmas de las manos equivale a la nuestra “tener la vida en un hilo.”
Por eso ruega a Jehová que acepte sus ofrendas voluntarias — sus votos y plegarias —, para así contrarrestar la labor de sus
enemigos, que, como cazadores avezados, le ponen una trampa para hacerle caer en la fosa. Justamente se oponen a él
porque se mantiene incólume en su fidelidad a la ley. Pero el salmista declara que no se desviará de su conducta,
porque los testimonios de Dios
constituyen su heredad, o porción selecta que le ha caído
en suerte, y le proporcionan el mayor gozo a su corazón lacerado. Por eso
siempre está dispuesto a cumplir sus
exigencias y estatutos, ya que
son la expresión de la voluntad divina.
La Palabra de Dios nos dirige en nuestra obra y
camino, y el mundo sería indudablemente un lugar tenebroso sin ella. El
mandamiento es lámpara que se mantiene encendida con el aceite del Espíritu,
como luz que nos dirige al elegir nuestro camino y los pasos que damos en ese
camino. La Palabra de Dios nos hace sabios. Más sabios que nuestros enemigos y
que cualquier maestro que la olvida. La verdadera sabiduría va más allá de un
conocimiento acumulado, es la aplicación
de ese conocimiento para cambiar la vida. Las personas inteligentes o
experimentadas, no son necesariamente sabias. Somos sabios cuando permitimos
que nos guíe lo que Dios nos ha enseñado.
Los hipócritas no pueden decidirse entre lo bueno
y lo malo. Cuando se tiene que obedecer a Dios, no existen términos medios,
debemos decidirnos: le obedecemos o no. Hacemos lo que Él quiere o hacemos lo
que queremos. La fe cobra vida cuando aplicamos las Escrituras a las tareas y
preocupaciones diarias. Necesitamos entendimiento para discernir y también el
deseo de aplicar las Escrituras donde necesitamos ayuda. La Biblia es como una
medicina: solo actúa cuando la aplicamos en las áreas afectadas. Cuando leamos
la Biblia, estemos alerta para las lecciones, mandamientos o ejemplos que
podemos poner en práctica.
¡Maranatha! ¡Sí, ven Señor Jesús!
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