Job 38; 1
Él no
toma en cuenta a los que se creen sabios; por eso le temen los mortales.»
Job ha hablado
demasiado audazmente sobre la justicia divina, poniendo en duda sus actos.
Ahora Dios, rodeado de majestad, le contesta desde un torbellino o nube
tempestuosa, que constituye como su pabellón regio al manifestarse a los
hombres . Las cuestiones planteadas por Dios no tienen nada que ver con el
problema concreto de la justificación de los sufrimientos de Job, sino que
tienen por finalidad deslumbrarle para que reconozca su ignorancia y falta de
capacidad para enjuiciar las obras de Dios. Dios habló desde un torbellino o
una tremenda tormenta. Sorprendentemente, no respondió ninguna de las preguntas
de Job. Las preguntas de Job no estaban en el corazón del asunto. Por el
contrario, Dios utilizó la ignorancia de Job acerca del orden natural de la
tierra para revelar su ignorancia del orden moral de Dios. Si Job no podía entender
la manera de trabajar de la creación física de Dios, ¿cómo podría comprender el
carácter y la mente de Dios? No existe un criterio o punto de vista mayor que
el de Dios por el cual se pueda juzgar. Dios mismo es el estándar. Nuestra
única opción es someternos a su autoridad y descansar en su cuidado.
Job
38; 32-33
»¿Acaso
puedes atar los lazos de las Pléyades, o desatar las cuerdas que sujetan al
Orión?
¿Puedes hacer que las constelaciones salgan a tiempo? ¿Puedes guiar a la
Osa Mayor y a la Menor?
Estas son
constelaciones estelares y están todas bajo el control de Dios.
La maravillosa regulación de los astros es
inaccesible a la humana inteligencia. Las Pléyades son pequeñas constelaciones,
cuyas estrellas parecen atadas unas a otras; y el Orion es como un tahalí
formado por tres estrellas sobre una misma línea. Por ello, Orion era el dios
de la guerra (Ninib) entre los babilonios. Las constelaciones, o “corona,” como
otros traducen, tienen especial luminosidad y se destacan como la Osa Mayor.
Todas estas estrellas arracimadas tienen su ley propia para no separarse entre
sí, ni menos chocar en sus movimientos, y tienen influjo sobre la tierra, sobre
la atmósfera y los diversos elementos de la naturaleza. El historiador no alude
aquí a concepciones astrológicas, ya que el destino de los seres humanos está dirigido exclusivamente
por Dios, y los astros son lámparas a su servicio.
El hombre no
tiene poder sobre los fenómenos atmosféricos, como los relámpagos y las nubes,
que dependen sólo de la voluntad divina.
Dios mismo es el
estándar de justicia. El usa su poder según su propia perfección moral. Así, lo
que sea que El haga es justo, aun cuando no lo entendamos. Nuestra respuesta
debe ser apelar a El directamente.
Job
42; 1
Job
respondió entonces al Señor. Le
dijo:
Job
42; 5-6
De oídas
había oído hablar de ti, pero ahora te veo con mis propios ojos.
Por tanto, me retracto de lo que he dicho, y
me arrepiento en polvo y ceniza.»
Job
responde con humildad. Compara su anterior conocimiento de Dios, que debe a
otros —de oídas te había oído—, con su conocimiento actual, superior
porque lo ha recibido directamente: mas ahora mis ojos te ven. Ahora ve
distinto a Dios porque éste se le ha revelado personalmente. El oír y el ver
muchas veces están en antítesis (Salm_29:11; Salm_18:6).
mis ojos te ven—no el rostro de Dios (Exo_33:20),
sino su presencia en el velo de una negra nube (Exo_38:1).
Job infiere también que, además de la visión literal, ahora veía
espiritualmente lo que antes había aceptado indistintamente de rumores de la
infinita sabiduría de Dios. Esto “ahora” lo prueba; había visto en un sentido literal
antes, al comienzo del discurso de Dios, pero no había visto espiritualmente
sino “ahora” a la conclusión del mismo.
Ante el
despliegue de las obras portentosas de la naturaleza — obra de Dios —, Job
reconoce su insignificancia e ignorancia, al mismo tiempo que declara la
omnipotencia divina. Hasta ahora sólo había tenido referencias lejanas de ellas
— sólo de oídas te conocía — pero ahora las ha escuchado del propio Dios, y le
ha contemplado con sus ojos. El resultado de su nueva ciencia es un profundo
sentimiento de compunción y arrepentimiento.
Abierta y
sinceramente admitió que él había sido el necio. ¿Está usando lo que no puede comprender
como una excusa para su falta de confianza? Admitamos delante de Dios que ni
siquiera tenemos la fe suficiente para confiar en Él. La verdadera fe comienza
con ese tipo de humildad.
La experiencia
personal de Dios (ahora mis ojos te ven) trasciende el sufrimiento, el
aislamiento y el sentido de injusticia tanto como trasciende la mera teoría de
Dios (de oídas había oído de ti).
Cuando el
entendimiento es iluminado por el Espíritu de gracia, nuestro conocimiento de
las cosas divinas excede en mucho al que teníamos antes, así como el ver con
nuestros ojos excede lo que se nos informa y lo que es de conocimiento común.
Por la enseñanza de los hombres, Dios revela su Hijo a nosotros, pero
por la enseñanza de su Espíritu revela a su Hijo en nosotros, Gálatas 1; 16, y nos cambia a su misma imagen, 2 Corintios 3; 18. Nos corresponde humillarnos
profundamente por los pecados de los cuales somos convictos. Aborrecerse a sí
mismo es siempre la compañía del arrepentimiento verdadero. El Señor llevará a
los que ama, a que le adoren aborreciéndose a sí mismos; mientras la gracia
verdadera siempre los llevará a confesar sus pecados sin justificarse.
¡Maranata!¡Ven
pronto mi Señor Jesús!
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