Amos 2:1-5
Amos 2:1 Así dice el SEÑOR: "Por tres
transgresiones de Moab, y por cuatro, No revocaré su castigo, Porque
quemó los huesos del rey de Edom hasta calcinarlos.
Amos 2:2 Enviaré, pues, fuego sobre Moab, Que
consumirá los palacios (las fortalezas) de Queriot, Y Moab morirá entre el
tumulto, Entre gritos de guerra y sonido de trompeta.
Amos 2:3 También exterminaré al juez de en medio de
ella, Y mataré a todos sus príncipes con él," dice el SEÑOR.
Amos 2:4 Así dice el SEÑOR: "Por tres
transgresiones de Judá, y por cuatro, No revocaré su castigo, Porque
desecharon la ley del SEÑOR Y no guardaron Sus estatutos; También les han hecho
errar sus mentiras, Tras las cuales anduvieron sus padres.
Amos 2:5 Enviaré, pues, fuego sobre Judá, Y consumirá
los palacios de Jerusalén."
Las malas pasiones del corazón surgen en varias
formas, pero el Señor mira nuestros motivos y nuestra conducta. Quienes tratan
cruelmente, serán tratados con crueldad.
Otras naciones fueron tratadas
por las injurias infligidas a los hombres; Judá es tratado por deshonrar a
Dios. Judá despreció la ley del Señor y Él los entregó justamente a fuertes
engaños; tampoco fue excusa de sus pecados que fueran las mentiras, los ídolos
tras los cuales anduvieron sus padres. Las peores abominaciones y las
opresiones más penosas han sido cometidas por algunos de los adoradores
profesantes del Señor. Tal conducta lleva a muchos a la incredulidad y a la vil
idolatría.
Los favores distintivos de Dios para nosotros, si
no refrenan el pecado no eximirán del castigo.
No podemos esperar comunión con
Dios a menos que primero busquemos la paz con Él. Donde no hay amistad no puede
haber comunión. Dios y el hombre no pueden andar juntos a menos que estén de
acuerdo. Si no buscamos su gloria, no podemos andar con Él. No presumamos de
privilegios externos sin gracia santificadora especial. Las amenazas de la
palabra y providencia de Dios contra el pecado del hombre son seguras, y
ciertamente muestran que los juicios de Dios están muy cerca. Tampoco Dios
quitará la aflicción que ha enviado hasta que haya hecho su obra.
El mal del pecado es de
nosotros mismos, es nuestra propia obra, pero el mal del trastorno es de Dios y
es su obra, no importa quienes sean los instrumentos. Esto debe comprometernos
a soportar con paciencia las pruebas y disciplinas, y estudiar para responder a
lo que Dios quiere con ellas. Lo que se logra por opresión no puede ser
disfrutado con satisfacción. ¡Qué miserables son aquellos cuya confianza en las
observancias no bíblicas sólo prueba que creen la mentira! Miremos que nuestra
fe, esperanza y adoración estén respaldadas por la Palabra divina.
La Palabra que acusa y vivifica debe ser oída y
obedecida, como también las palabras de consuelo y paz, porque sea que oigamos
o no, la palabra de Dios tendrá efecto. El Señor todavía proclama misericordia
a los hombres, pero a menudo ellos esperan liberación de las formas que se
inventaron ellos mismos y que hacen segura su condenación. Mientras rehusemos
ir y buscar misericordia en Cristo y por Él, para que podamos vivir, el fuego
de la ira divina cae sobre nosotros. Los hombres pueden hacer un ídolo del
mundo, pero hallarán que no puede protegerles.
Los que cuidan de sus cuerpos
hacen bien para sí mismos, pero aquí se
describe el orgullo, la seguridad y la sensualidad, por las cuales Dios llamará
a cuentas. Los pecadores desconsiderados corren peligro en todas partes; pero
los que están acomodados en Sion, que son estúpidos, vanamente confiados y abusan
de sus privilegios, corren el mayor peligro. Pero muchos imaginan ser pueblo de
Dios viviendo en pecado y conforme al mundo, pero los ejemplos de la ruina de
los demás nos prohíben estar seguros. Los que se establecen en sus placeres
suelen ser indiferentes a los problemas de los demás, pero esto es una gran
ofensa a Dios.
Los que pusieron su felicidad
en el placer de los sentidos, y ponen su corazón en ellos, serán despojados de
esos placeres. Quienes tratan de alejar de sí mismos el día malo, lo encuentran
muy cerca de ellos, más pronto que tarde.
Dios soporta mucho, pero no
soportará siempre a un pueblo provocador. El recuerdo de las misericordias que
antes recibimos, como el producto de la tierra de la última cosecha, debiera
hacernos sumisos a la voluntad de Dios cuando nos topamos con desengaños en el
crecimiento posterior.
El Señor tiene muchos modos de
humillar a una nación pecadora. Cualquiera sea el problema que nos agobie,
debemos ser más fervorosos ante Dios y rogar el perdón del pecado.
Dondequiera los pecadores huyan de la justicia
de Dios, los alcanzará. Los que Dios lleva al cielo por su gracia nunca serán
desechados, pero los que tratan de subir allá por la vana confianza en sí
mismos, serán derribados y llenos de vergüenza. Lo que hace imposible el escape
y segura la destrucción, es que Dios pondrá sus ojos sobre ellos para mal, no
para bien.
Si los creyentes hacen como el
mundo, Dios los nivelará con el mundo. Los pecadores que así se halagan,
hallarán que su profesión de religiosidad no los protegerá. Sus ritos,
tradiciones, grandes limosnas u obras no pueden engañar a Dios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario