Hebreos 9; 27
Entonces, tal como está establecido
que los hombres mueran una sola vez, y después el juicio,
El autor de hebreos
traza un paralelismo entre la vida del hombre y la vida de Cristo.
El hombre muere, y después
viene el juicio. Eso ya era un golpe para los griegos, que pensaban que todo
terminaba con la muerte. El caso de Cristo es semejante al de la
humanidad en general. El hombre vive y muere una sola vez y luego es juzgado. La muerte no puede ocurrir muchas veces. El
hombre muere una sola vez, y no muchas. Así con Cristo; murió una sola vez. La muerte física no pone fin a
la existencia consciente. Hay otra vida después
de esta.
Hay una “horrenda expectativa de juicio” para
aquellos que rechazan al Hijo de Dios y su sacrificio. Pero para los que
confían en él y esperan ansiosamente su segunda venida, existe la perspectiva
de salvación, o sea el rescate del juicio y el gozo de “la promesa de la
herencia eterna”.
Los dos hechos más solemnes de nuestra existencia
están aquí relacionados con las dos verdades más preciosas de nuestra
dispensación, nuestra muerte y juicio, que corresponden en el paralelismo a la
primera venida de Cristo para salvarnos, y su segunda venida para consumar nuestra
salvación.
Juan 11; 25
Jesús le dijo: —Yo soy la resurrección y la vida. El que
cree en mí, aunque muera, vivirá.
Jesús quería que la fe de Marta aumentara, que si
ella creía en la resurrección en el día postrero debería entender que esa
resurrección sería efectuada por Cristo. Al decir "Yo soy la
resurrección" decía que Él es el poder
que la efectúa, que en su persona estaba presente la vida y la resurrección. Él
es la fuente o la causa de la vida física y de la vida
espiritual (la vida eterna).Es necesario creer no solamente en la realidad de
la resurrección como un hecho,
sino también en la persona que
hace posible la resurrección.
En Cristo los muertos viven, y los vivos no
mueren. Cristo quería llevar a Marta a un nivel más alto de fe. Quería que
comprendiera que la resurrección del cuerpo tiene su sentido verdadero en la
vida eterna que Cristo nos da.
Cuando creemos en Jesús, cuando aceptamos lo que Él nos dice acerca de
Dios y acerca de la vida y nos jugamos el todo por el todo a que es verdad,
resucitamos de veras, porque somos liberados del miedo que caracteriza a la
vida sin Dios; somos liberados de la frustración que caracteriza a la vida
sometida al pecado; somos liberados del vacío de la vida sin Cristo. La vida se
eleva de la muerte del pecado para llegar a ser algo tan auténtico que no puede
morir, y que no encuentra en la muerte más que la transición a una vida
superior.
¡Maranata! ¡Ven pronto mi Señor Jesús!
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